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Yo, tu puta


Mi padre me puso nombre de puta. Quizá para vengarse de mi madre por sus continuas infidelidades, quizá para vengarse del mundo por no tener un hijo varón.

Me llamo Lilith tengo treinta años y esta es mi historia.

Le conocí una noche a las tres de la mañana. Nunca solía salir. Me aburría y me resultaban estúpidos la mayoría de los hombres que me podía encontrar a esas horas de la noche en cualquier local.

Siempre me excitó el sexo duro, siempre me gusto el morbo y la depravación. Nunca me reconocí........... sumisa de nadie pero desde que era muy joven, soñaba y fantaseaba con la idea de ser sometida por ellos. Tenía dudas de lo que quería pero tenía claro qué no quería.

Me aficioné a la lectura de relatos eróticos y devoraba cada noche dos o tres antes de acostarme. Me ponía cachonda en la soledad de mi casa, ver aquellos textos.

Una noche conocí a uno de los escritores que habituaba a leer. Fue pura casualidad. Solía hablar por correo electrónico con él, criticar sus puntos de vista y él los míos y en una de nuestras conversaciones a las tantas de la mañana, me comentó donde solía parar a tomar una copa antes de volver a casa cada día.

No lo dude, tenía una curiosidad terrible por aquel hombre que tantas noches había conseguido que me corriera. Su forma de escribir me atraía. Su forma retorcida de ver el sexo me apasionaba.

Llegué al local donde sabía que lo iba a encontrar. No había mucha gente y estaba segura que estaría solo. Decía que usaba ese tiempo para pensar su próximo relato.

Y allí estaba él. Sentado en uno de los taburetes de la barra. Al fondo. Pasando desapercibido y con la mirada perdida. Me atrajo, no lo voy a negar. Tenía una mirada lasciva, un rostro bonito sin resultar excesivamente guapo y era alto. Vestía un jersey de cuello de cisne negro y unos pantalones vaqueros desgastados.

No quise acercarme. Me gustaba la idea de observarlo en su mundo de papel. Me gustaba la idea de estudiar sus movimientos y él no tenía ni idea de que yo estaba allí.

Me senté al otro lado de la barra donde podía verlo bien. No podía creer que aquel hombre, con el que tantas noches había pasado estuviera delante de mí.

Pasaron los minutos y le llamé la atención. Lo sabía. Sabía que no tardaría en fijarse en mí. Conocía sus gustos y yo era de las típicas mujeres que él sí miraría.Me sonrió desde el otro lado de la barra y yo le devolví la sonrisa. Note el calor entre mis piernas y desee tenerle entre ellas.No tardó en dejar el lápiz que sujetaba con una de sus manos y el papel que tenía debajo. Garabateaba sobre él. Se acercó a mí con la copa en la mano y me sonrió.

-¿Te importa que te acompañe?- Me dijo

-Me encantaría- Le contesté.

Se sentó a mi lado y me invitó a una copa. No tardó en devorar con los ojos cada centímetro de mi cuerpo. Yo sabía que le gustaba. Me había puesto un vestido corto y unas medias por los muslos y cuando cruzaba las piernas se veía la goma de puntilla que las sujetaba a mi piel. Eso le volvía loco me había dicho una vez.

-Trátame mal-Me dije a mi misma-Trátame como siempre las tratas a ellas en tus historias.

Conversamos durante un largo tiempo.A veces me miraba extrañado, quizá por que mis expresiones le recordaban a alguien o por que cada vez le atraía más. Notaba su forma de observarme cuando hablaba. Notaba como me follaba con los ojos. Y sólo deseaba decirle \" Hazlo ya\". \"Se lo que te gusta y yo te lo puedo dar\".

Dijo que me acompañaría a casa. Tenía que ir dando un paseo y no quería dejarme sola por la ciudad. Salimos a la calle.Era más alto que yo. Me gusto. Pasó su mano por mi cintura para hacerme cruzar la calle y creí adecuado decirle la verdad.

-Soy yo- Le dije con sonrisa pícara.- Soy Lilith

Paró en la calle y me miró. Jamas sentí tantas ganas de ponerme de rodillas ante un hombre y pedirle que me follara como una zorra. No podía dejar de pensar en como sería aquello. Con él.

Pasaron varios segundos que me resultaron eternos y entonces reaccionó.

- Eres perversa- Me dijo acercándose a mí.

Ni siquiera me besó. Era demasiado sencillo para él. De pie frente a mi, metió su mano por debajo de mi falda y comprobó lo que quería de él. Noté como sus dedos separaban mis labios y se abrían paso a través de mi coño clavándose en mis entrañas.

Mi respiración se aceleró y eso le puso cachondo. Los dos de pie en la calle, solos, retándonos.

-Dilo- Me dijo

-No me des ordenes- Conteste.

Eso le provocó una risa. Por que sabía que aun molestándome, tendría lo que querría de mí. Lo sabía desde el primer momento que le dije quien era. Sabía que tipo de mujer era y lo que me gustaba. Le había confesado cada una de mis debilidades y tenía demasiado poder ya. Tenía demasiada información.

-Te voy a follar- Dijo lentamente y en ese momento mis piernas empezaron a temblar.

Seguía frente a mí, sin tocarme, mirándome con su sonrisa de hombre que lo sabe todo.

-Vives cerca de aquí, camina delante de mi- Me ordenó.

Cada paso que daba me ponía aun más nervioso y él lo sabía. Llegamos a mi casa. El pulso me temblaba y toda mi prepotencia empezó a tambalearse mientras subía los peldaños que daban a mi piso y abría la puerta de mi casa. Sabía que en mi territorio me intimidaría.

Cerró la puerta despacio. Ni siquiera me permitió encender la luz. Pasó sus manos por mis caderas colocándose detrás de mí. Me agarró las tetas apretándolas y bajo los tirantes de mi vestido dejándome en ropa interior. No pude soportar la excitación pero él se recreaba y alargaba el momento.

-¿Disfrutaste tu momento en el bar?- Me susurró- Dime, puta

Me reí y le di una razón. Me cogió de la melena y tiró con fuerza hacía atrás. Note su polla rozar mi culo por debajo de sus pantalones. Note su aliento mi oreja.

-Contéstame zorra.

-Sí, lo disfruté.

Bajo mis bragas, lentamente y las dejo a la altura de mis rodillas. Estaban empapadas de la excitación. Notaba la tela fría desprenderse de mí. Notaba como mi coño chorreaba esperando ansioso sus embestidas. Notaba mi cabeza repetir una y otra vez: Humíllame, trátame mal, se cruel conmigo, destrózame el alma… Sí…

Soltó mi sujetador con elegancia y me dejó de pie, con mis medias y mis tacones y las bragas por las rodillas. Quería humillarme ligeramente y sabía que así lo conseguiría por que me sentiría ridícula.

-Dímelo- Volvió a decirme

-No- Contesté y me dio una bofetada que me puso aún más cachonda.

Se quitó el jersey y soltó su cinturón. Pasó las yemas de sus dedos por mi coño. Metió tres dentro de golpe sin problema y yo abrí las piernas. Pasó el dedo gordo de la mano por mi culo y sin sacar los otros de mí coño lo metió en mi culo desde detrás de mí. Oleadas de placer invadieron mi cuerpo y confusa intente apartarme de él.

-NO te muevas guarra

Sacó la mano de dentro de mí y me empujó contra le mesa del salón. Por momentos perdí el equilibrio por llevar las bragas a la altura de la rodilla pero me advirtió que no las perdiera por el camino, yo sabia que le ponía cachondo verlas a media altura. Me separó las piernas con un golpe de su bota y me apoyo la frente sobre la encimera de cristal. Me dijo que no me moviera y encendió la luz.

-Quiero comprobar como tiene el coño mi zorra y saber si me gusta lo que me voy a follar.

Durante un rato, no supe que hacía. Notaba sus ojos clavándose en cada uno de mis agujeros. Me abrió los labios y observó mi sexo, me abrió las nalgas y observó mi culo.

- Vamos zorra, estas cachonda como una perra en celo.Me empapas las manos de lo cachonda que estas. Dímelo...

Respiré profundamente y note un golpe seco en mi nalga derecha. Note otro después en la izquierda. Otro en la pierna y luego otro en la otra por la cara interna de mis muslos.

-Fóllame ya- Solté desesperada-Fóllame duro, reviéntame. No lo soporto más. Necesito que me destroces... Es demasiado tiempo, no puedo soportarlo más, Por favor... Te lo suplico, te lo suplico

Su risa me humilló. Le insulté. Me cogió del pelo y me puso de rodillas delante de él. Saco su polla hinchada del pantalón y me la encajo en la boca y aquello me supo a gloria. Chupe aquella polla como si me fuera la vida. Pase mi lengua por la punta, me la metía en la boca y notaba como me cogía del pelo y me la clavaba más al fondo mientras su respiración se aceleraba.

-Cómeme los huevos, zorra- Me dijo.

Obedecí sin dudarlo, me los metí en la boca. Los absorbí, los lamí y continué comiéndole la polla hasta que el quiso que parara. Me dio la vuelta y me colocó de nuevo encima de la mesa con la frente en la mesa y mis pies en el suelo. Mi culo en pompa, como una puta esperando su recompensa, espere ansiosa su primera embestida. Vino y me taladro el alma. Metió su polla también recreándose, primero despacio, luego otra vez fuera, otra dentro. Me cogió del pelo y arqueo mi cuerpo para luego poner su pecho sobre mi espalda.

-Cuando acabe de follarte el coño. Voy a follarte ese culo estrecho- Susurró - Dímelo...

Levanté la cabeza y giré la cara buscando su boca. Mi pelo caía sobre mi cara y se me metía en la boca. Lo tenía dentro de mi, sujetándome con una mano el pelo y con la otra mi garganta. Me tenía totalmente apresada bajo él. La polla resbalaba con tanta facilidad que decidió sacarla y de una embestida me la metió por el culo sin compasión.

Dí un alarido que el me ahogo tapándome la boca. Se rió mientras seguía encajándomela hasta que note sus huevos en mis muslos y supe que la tortura terminaría rápido. Su mano pasó por delante y empezó a meterme los dedos dentro, chorreaba como una perra, me sentía una perra montada, humillada, follada como lo que era.

No tardé en notar mientras me masturbaba con la mano y me follaba el culo una oleada de placer.

- Necesito correrme- Suplique

-No- Paró. Mantuvo la polla clavada en mis entrañas y me golpeó el coño con la palma de la mano.

Sacó entonces su polla de dentro de mí, me cogió por la muñeca y tiró de mí hasta pegar su cuerpo contra el mió. Las bragas me llegaban por los tobillos y seguían molestándome para poder moverme.

No podía soportarlo más. Llevaba tanto tiempo sin follar con nadie, que las piernas me temblaban desesperada por que me siguiera follando.

-Dímelo- Volvió a decirme y me sentó encima de la mesa y me quitó las bragas de la piernas- Vamos putita, compláceme.

Lo miré, separe las piernas y sonreí.

-Soy tu puta.

Se ríe.

-¿Y qué más?

-Soy tu guarra, tu perra

-¿Y qué más?

-Soy lo que tú quieras que sea, humíllame, pégame.

-Más…

-Escúpeme, fóllame… Necesitó de ti…

A medida que iba hablando, empezó a meterme la polla entre las piernas y a bombear con fuerza. Mis palabras le desquiciaban, le volvían loco, sacaban lo más primitivo de él. Note una oleada de placer y no aguante más, aun diciéndole lo puta que era entre gemidos me corrí como una loca.

-Abre la boca, golfa, vamos. Voy a correrme y tú te lo vas a tragar.

Obedecí y me puse de rodillas. Noté como su lefa golpeaba mi garganta. Mi boca sabía a él. Después de correrse, me hizo lamerle y limpiarle la polla. Me dio las bragas y me metió en la ducha.

Cuando le miré me empecé a poner nerviosa. Sabía que no todo me iba a encantar y su expresión me lo dijo todo.

-No por favor eso no.-Le supliqué.

-Yo creo que si, zorrita, yo creo que si- Dijo irónicamente- Ponte de rodillas

-Por favor- Volví a suplicar.

-No me lo pongas difícil. Obedece

Me puse de rodillas, me levantó la cara y me hizo mirarlo. Me ordenó que abriera la boca y me negué. Me dio una bofetada y volvió a repetírmelo una vez más. Su tono me puso a cien estaba enferma. Era una maldita degenerada No podía salir de mi asombro.

- Abre la puta boca Lilith.

Obedecí y se meó sobre mí. Note el calor de su orina por mi cara, reculé cuando me entro en la boca y escupí. Era la primera vez que un hombre me hacía eso, que coño, era la primera vez que me ponía de rodillas delante de un hombre. Aquella sensación me incomodó al principio pero luego me di cuenta que aquella humillación me había gustado y como no: Él lo sabía.

Y él sonreía.

-Ahora si nena, ahora sí eres mía.Dúchate- Me ordenó saliendo del baño-Por cierto ...

Le miré.

p -Lilith es nombre de puta.



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