Hola, mi nombre es José, trabajo como asesor de ventas en una compañía que se dedica a distribuir maquinaria de construcción, agroquímicos, maquinaria agrícola, etc. Tengo 30 años y cinco de casado, soy moreno claro y me mantengo en forma ya que voy al gimnasio regularmente, ustedes saben, a los clientes les impacta más un asesor de buena presentación……………………………… Hola, mi nombre es José, trabajo como asesor de ventas en una compañía que se dedica a distribuir maquinaria de construcción, agroquímicos, maquinaria agrícola, etc. Tengo 30 años y cinco de casado, soy moreno claro y me mantengo en forma ya que voy al gimnasio regularmente, ustedes saben, a los clientes les impacta más un asesor de buena presentación.
Mi esposa es Natalie, tiene 25 años y aunque peque de falta de modestia, mantiene su cuerpo en muy buena forma, tiene unos pechos no muy grandes pero sí de un tamaño que hace que los hombres volteen a verla, en cuanto pasa con un playera o una camisa ajustada, también tiene un culo firme y unas nalgas abultadas, como a mí me gustan, además de unas piernas torneadas y delgadas, su rostro es de facciones finas y unos labios carnosos, tiene el cabello negro y largo, casi por la cintura. A ella le gusta usar faldas, no muy cortas pero tampoco de abuelita, bastante entalladas lo que hace que se le marquen perfectamente bien sus formas, es algo bajita, mide como 1.65 m.
Bueno, lo que les quiero comentar fue lo que nos ocurrió hace unos días, realmente todo empezó hace unos meses cuando, a pesar de que manteníamos relaciones sexuales más de lo que muchos matrimonios sostienen a este tiempo de casados, habíamos empezado a caer en una monotonía que comenzaba a aburrirme. No soy hombre de buscar prostitutas y tenía ya como tres años desde la última vez que tuve una amante, por lo que se imaginan que realmente, llegar a casa ya no era tan esperado como al principio. Noté también que mi esposa estaba pasando por lo mismo que yo.
Siempre hemos sido francos en los aspectos de nuestra vida sexual, habíamos practicado infinidad de poses, ya le había comprado algunos juguetes sexuales como vibradores y esas cosas pero, a pesar de todo, no había forma de que renaciera esa pasión voraz que tuvimos al principio. De novios, habíamos hecho el amor en los lugares más disparatados que se pueden imaginar pero ahora, ese aburrimiento estaba a punto de acabar con nuestro matrimonio.
Mi mejor amigo, Miguel, trabaja conmigo en la misma compañía, solo que él está encargado de las sucursales en el exterior, por lo que viaja mínimo una vez por mes y usualmente tarda unos tres días y regresa la compañía tiene sucursales en tres países centroamericanos y 2 caribeños. Él es blanco y su cabello es rubio, tiene 32 años y siete de casado, su esposa, se llama Mary, tiene 28 años, es gran amiga de la mía por lo que nos visitamos a menudo y a veces, salimos en parejas ellos tiene dos niños, nosotros todavía nos estamos esperando ya que realmente no se nos ha despertado el instinto paternal todavía.
Bueno, pues a Miguel, por ser mi mejor amigo, le comenté lo que estaba sucediendo en mi vida matrimonial y le pregunté si ellos habían pasado por eso en su matrimonio me comentó que sí pero que habían descubierto una nueva forma de ver el sexo y eso les solucionó el problema. De inmediato, le pregunté qué forma era esa, él me preguntó si había escuchado de los intercambios sexuales, le respondí que solo lo había visto en películas y en el Internet pero aquí, en nuestro país, no sabía si podría darse esa situación.
Él me respondió que sí podría darse pero que debía estar seguro que era eso lo que quería, ya que tenía que tomar en cuenta el aspecto de los celos y otros tabúes, yo le señalé que por mí, no habría problema, tal vez Natalie, por su condición de mujer, podría presentar algunos obstáculos. Él me comentó que Mary y él ya tenían más o menos dos años de haber empezado en el intercambio al principio, ella se resistió pero después, lo han llegado a disfrutar plenamente, a veces realizan cuartetos con otra pareja y en otras ocasiones, practican los tríos con otro hombre u otra mujer.
Al empezar a contarme algunas de sus experiencias, se me empezó a hacer agua la boca y le pregunté si él podría ayudarme a convencer a Natalie sin embargo, él me propuso lo siguiente: él tenía que viajar a Jamaica dentro de dos días y al regresar, nos juntaríamos en mi casa, lo invitaría a cenar, llegaría solo él y traería una sorpresa. Le contesté que aceptaba y que no habría problema alguno.
Pasaron los tres días y al regresar, él me llamó de su casa, usualmente viaja los miércoles y regresa los viernes), le comenté que ya había hablado con Natalie y que lo esperábamos a las 8:00 p. m. Mi esposa estaba vestida con un vestido de algodón de una sola pieza, ajustado en la cintura por un cinturón con un hebilla grande como sus pechos son firmes, usualmente en la casa no usa sujetador o brasiere, además tenía puesto un calzoncito tipo tanga que por detrás, hacía parecer que no llevaba nada puesto y se dejó el cabello suelto. Realmente no sé si sospechaba lo que se aproximaba pero esa noche, estaba vestida de una manera muy sensual.
Alrededor de las 8:15 p. m. tocaron el timbre, salí a abrir la puerta y como esperaba, era Miguel pero detrás de él venía un negro, el tipo era más alto que nosotros, calculé 1.85 m, más o menos, de complexión atlética, vestido con una camisa tipo hawaiana y unos pantalones de algodón amplios. Al presentarnos, le extendió su mano y él me mostró casi toda su dentadura en una sonrisa, de un blanco impecable, creo que en las personas de color como que se resalta mas por el contraste, ¿no?, ja, ja, ja su nombre era Charlie, por lo que casi desde el principio, lo empezamos a tratar como Carlos, al final, es lo mismo.
Él era uno de los asesores de la sucursal de la empresa en Jamaica, enseguida se lo presentamos a Natalie y ella, muy cortésmente, le respondió el saludo y no pude evitar observar como ella se le quedó viendo al pecho de Carlos, ya que la camisa la tenía semi abierta y se podía ver sus marcados pectorales.
Usualmente, cuando vamos a la casa de Miguel, nosotros llevamos el vino o ron que fuéramos a beber y ellos hacen lo mismo cuando vienen a nuestra casa, solo que en este caso, nos dijo Miguel que Carlos quería obsequiarnos una bebida hecha en Jamaica y nos dio una botella con una etiqueta en un idioma que no conocía y tenía un color como rosado pálido, casi traslúcido. Carlos dijo que era ron de su país, con gusto aceptamos el presente y lo colocamos en el bar, para poder disfrutarlo después de la cena.
Como la comida ya estaba lista, pasamos al comedor y empezamos a cenar, pude notar que Natalie no perdía ni un solo movimiento que realizaba Carlos y que, durante la cena, él nos demostró tener un carácter excelente y muy buen conversador. Al terminar la cena, pasamos a la sala y le pregunté a Carlos que con qué acompañábamos el ron que había traído, si con cola o con soda mineral, él me indicó que combinaba bien con cualquier cosa.
Empecé sirviendo la primera ronda del ron de Carlos, así le puse porque no entendía qué decía la etiqueta y nos sentamos en los sofás de la sala, donde tengo uno de dos lugares, otro de tres y uno de uno, que es el que más utilizo. Así pues, me senté en el sofá de uno, mi esposa en el de dos y Carlos y Miguel se sentaron juntos, en el de tres, quedando todos muy cómodos.
Empezamos a charlar, platicamos de muchas cosas y variados temas pero al ir por la tercera tanda de tragos, empecé a notar que el ron debía tener un alto concentrado de alcohol ya que con tres tragos, sentía un calor increíble y una ansiedad que crecía poco a poco por los rostros de mis acompañantes, puede notar que era algo generalizado.
Poco a poco, los temas se fueron orientando al orden sexual y tal como lo pensé, Miguel nos llevó discretamente al tema de los intercambios enseguida, puede ver que mi esposa no se impactó y hasta expresó sus opiniones, como por ejemplo, que ella no entendía cómo una mujer podría atender a más de un hombre a la vez y dejarlos satisfechos a ambos.
Luego, Carlos le dio explicación con lujo de detalles de las formas y las poses que se suelen utilizar, entonces mi esposa le preguntó si él lo practicaba y le respondió que sí, que él y su esposa practicaban los intercambios desde hacía tiempo. Seguimos platicando del tema y a la siguiente tanda de tragos, Natalie me preguntó que por qué no ponía un poco de música, que ella tenía deseos de bailar, a lo que contesté afirmativamente y puse una salsa, así que empezamos a bailar.
Después de un par de piezas, Natalie invitó a bailar a Miguel, se veía muy animada, más de lo acostumbrado, pensé que era por el ron, aunque me pareció extraño ya que Natalie bebe casi igual que yo y no le afecta tan rápido. Después de una pieza más, invitó a bailar a Carlos, él aceptó gustoso y nos brindó una clase de baile impresionante, hacía girar a mi esposa estupendamente.
Ellos bailaron un par de piezas y después, puse una balada muy tranquila y me puse a bailar con mi esposa, muy abrazados en ese momento, pude sentir que sus pezones estaban bien erectos, lo que denotaba que estaba excitada, eso provocó que mi estimado compañero de la entrepierna empezara a erguirse, buscando el lugar que tantas veces le ha otorgado placer. A través de mi pantalón, pude notar como Natalie se apretaba más al bulto que se estaba formando, a pesar de que estábamos bailando lentamente, sudábamos como si estuviéramos marchando.
De reojo, pude notar que Miguel y Carlos no nos perdían de vista y habían dejado de platicar entre ellos pero lo que más me asombro fue cuando Natalie bajó sus manos y me acarició las nalgas y me apretaba contra ella eso me disparó totalmente y empecé a acariciarle la espalda y la cintura, bajando esporádicamente a sus nalgas. En un momento dado, Miguel se paró y me tocó el hombro, como pidiéndome permiso para bailar con Natalie, ella le respondió con una gran sonrisa y pasé a sentarme a mi sofá.
Realmente, el ritmo no varió y también pude notar que Miguel la apretaba y la acariciaba de la misma forma que me vio hacerlo a mí. Después de unos minutos, Carlos repitió la misma situación al pedirle a Miguel que lo dejara bailar con Natalie e igualmente, ella aceptó con gusto al momento, pude ver que Miguel, al dirigirse al sofá, se le notaba ya el prominente bulto delatando su excitación.
Carlos empezó a acariciar a mi esposa y pude notar como ella cerraba los ojos sintiéndose muy excitada y al contrario de lo que pensé que me traicionarían los celos, la escena me excitaba mucho más. En un instante dado, Carlos bajó sus manos y apretó largamente las nalgas de mi esposa al hacer esto, él fijó su mirada en mí, como haciéndome un pregunta y lo que mis ojos le dijeron fue casi un respuesta, ya que enseguida, le dio un beso largo y apasionado a Natalie, a lo que ella respondió con la misma pasión.
Acto seguido, él desabrochó el cinturón que ceñía el vestido de mi esposa poco a poco y lentamente empezó a sacarle el vestido sobre los hombros por su parte, mi esposa se dejaba hacer con los ojos cerrados, como disfrutando el momento hasta que se lo quitó completamente, quedando ante nosotros, solo con su pequeña tanguita y sus pechos al aire. Ahí pude constatar lo que había sentido momentos antes, sus pezones estaban parados totalmente.
Pasados unos minutos, Carlos se quitó la camisa y siguieron bailando, apretando su pecho a los de ella, acariciando su cintura y sus nalgas pude ver que Miguel también ya se había quitado la camisa y luego, se levantó poniéndose detrás de Natalie y siguiendo el ritmo de la música. En ese momento, los tres estaban bailando y cada uno acariciando a Natalie, quien no había abierto los ojos para nada.
Rápidamente, yo reaccioné y me quité la camisa y el pantalón quedando solo en calzoncillo, enseguida me acerqué al grupo y Carlos me cedió su lugar, así que empecé a besarla y a acariciarle sus pechos. Ya en este punto, la única que se movía al ritmo de la música era ella, ya que Miguel y yo solo nos estábamos concentrando en acariciarle cada parte de su cuerpo.
Luego de unos instantes, Miguel se separó solo el tiempo justo para quitarse el pantalón y el calzoncillo, quedando expuesta toda su erección, yo calculé que tendría unas seis pulgadas más o menos por su parte, mi esposa se encargo de bajarme el mío y pudo ver mis siete pulgadas en toda su fuerza, fue el momento que ella abrió los ojos y me brindó una sonrisa que yo ya conocía perfectamente, una mezcla entre lujuria, alegría y placer.
A continuación, ella se arrodilló y empezó a regalarme una estupenda mamada, como hacía rato que no me daba, incluso llegaba a introducirse casi la totalidad de mi miembro y lubricándolo con mucha saliva. Cuando levanté mi vista, pude ver que Miguel se masturbaba lentamente, entonces giré la cabeza un poco y vi que Carlos ya se había quitado el pantalón y el calzoncillo de inmediato noté que realmente eso que dicen de la gente negra quedó por sentado ese día, pude calcular que por lo menos, tenía la verga de unas 8 pulgadas.
Natalie volteó a vérsela también y sus ojos brillaron lujuriosos, enseguida Carlos y Miguel se acercaron a ella y así, ella empezó a propinarles una buena mamada a cada uno por turnos y mientras se la chupaba a uno, masturbaba al otro. Entonces, yo me trasladé hacia la parte de atrás de mi esposa y la levanté por la cintura mientras ella seguía mamando sin perder el ritmo, rápidamente le saqué la tangita y me coloque atrás empezando a besarle y a lamerle su cuevita, separándole los labios vaginales y buscando su punto culminante de excitación.
En esa operación, pude sentir que le vino su primer orgasmo, después me levanté, le coloqué la cabeza de mi miembro en la entrada y le deslicé toda su longitud de un solo golpe, ella me contestó con un gemido ahogado y siguió su tarea mamatoria con más fuerza. En esa posición, empecé a pistonearla lentamente y después, acelerando el ritmo.
Luego de unos minutos, Miguel se acostó sobre la alfombra y no hubo que decir nada, estábamos como comunicándonos todos con la mente, entonces Natalie vino, se sentó encima de la verga de Miguel y empezó a cabalgarlo. En esa posición, ella seguía mamándosela a Carlos, así que yo me coloqué nuevamente por detrás de ella y empecé a lubricarle su ojo del culo con saliva, después deslicé un dedo, luego otro para ir ampliando la entrada, a lo que Natalie respondía con un cabalgado y una mamada más fuertes.
Ya que calculé que estaba dilatado, empecé a introducirle mi verga y a empujársela poco a poco y cuando empecé a metérsela, ella se quedó quieta y ellos estáticos, como esperando a que mi tolete llegara a su meta. Cuando eso sucedió, empecé a pistonearla hasta que agarramos una sincronización de miedo con Miguel, haciendo que ella se viniera como dos veces.
Llegó un punto en que ya no aguanté más y le solté toda mi leche en su culo, llenándola completamente, después me levanté y me senté en el sofá. Así, Carlos se acostó y esa fue la señal para que automáticamente, Natalie se subiera encima de él, entonces pude ver como se introducían esas ocho pulgadas de carne negra en la concha de mi mujer. Al mismo tiempo, la cara de Natalie era de película, se notaba lo que estaba experimentando, ya que alcanzó otro orgasmo con solo metérselo.
Ya cuando estuvo totalmente ensartada, Miguel se coloco detrás y empezó a metérsela por el culo, que como ya se encontraba más dilatado y lubricado con mi semen, se le fue más rápido y en segundos, ya estaban pistoneándola por los dos lados. En momentos, vi la cara de Miguel compungirse y supe que, en ese instante, estaba acabando en el culo de mi mujer, después se levantó y se sentó en el otro sofá mientras Carlos seguía su mete y saca unos momentos más.
Después de unos minutos, él se levantó y puso en cuatro patas a Natalie, enfilándole su enorme animal hacia su culito, enseguida empezó a empalarla y en pocos segundos, agarró un ritmo sorprendente. Pude notar que Natalie se vino, por lo menos, dos veces con esa cogida, momentos después, vi como él le sacaba su verga a mi esposa y le soltaba toda la leche en la espalda.
Quedamos todos como exprimidos después de esa maratónica orgía, Natalie solo se recostó en la alfombra y nosotros en el sofá, nadie decía nada hasta que Miguel me dijo que esa era la sorpresa que me había ofrecido, Carlos había sido el que los inició a Mary y a él en los intercambios. Luego, mi esposa le preguntó si a Mary también le había dado una sesión como la que le dimos a ella, Miguel le contestó que sí pero que solo habían sido Carlos y él, aunque ahora podrían dársela conmigo también, pero eso será otra historia.