Ésta, la parte final de la historia, va a ser mi última colaboración bajo este nick porque un admirador de quien fuera el personaje público del cual tomé su nombre me pidió que no lo utilizara para este tipo de literatura. Tan deseoso de respetar como de que se me respete lo he aceptado como un pedido formal.
De ahora en más mi nuevo nick va a ser jcverne, a todos aquellos que quieran seguirme les puedo asegurar que no van a quedar defraudados porque tengo muchas y buenas historias para relatarles
Hola soy Marianela y después de descubrir lo que ha escrito mi hermano Roberto, creo que tienen derecho a conocer............... mi versión.
Él dice que soy linda, y en verdad lo soy, él dice que mis tetas son hermosas, y en verdad lo son, pero no es verdad que tenga que utilizar el consolador porque no consigo una pija de verdad, no, eso es una gran mentira. El día que me sorprendió en el baño fue consecuencia de un descuido por mi parte y que el muy descolocado aprovechó. De verdad me sorprendió que actuara de esa manera porque siempre ha sido lo que se dice un chico tranquilo, y seguramente fue esa sorpresa lo que me hizo terminar con la boca llena de su semen.
Sé que él piensa que soy la más perra de las mujeres, pero les aseguro que no es así y podría demostrárselo contándoles un montón de circunstancias de mi vida que borrarían esa mala imagen, pero estoy segura que les interesa más saber como siguieron las cosas con Roberto.
Tras esa "erupción" que terminé tragándome, Roberto desapareció de casa seguramente asustado por la enormidad de lo que había hecho. De ninguna manera podía irle a mis padres con el cuento de que mi hermano me había acabado en la boca cuando me encontraba dándome máquina a mi misma con un precioso consolador recién estrenado. No, de ninguna manera podía hacerlo sin delatarme, así que decidí callar.
Al día siguiente por la tarde la madre de su amigo llamó a la nuestra y le dijo que los chicos tenían un trabajo muy importante que terminar y que Roberto se quedaría en su casa hasta que lo hicieran. Cuando mamá me contó esta conversación casi me le echo a reír en la cara, por suerte no lo hice.
Durante todo el tiempo que mi hermano estuvo ausente no pude apartar de mi mente lo sucedido y finalmente decidí que no había sido tan extremadamente malo y que seguramente sucede mucho más de lo que se conoce, así que pasé a formar parte de una estadística que no me comprometía ni me perjudicaba y que debo reconocer había encendido cierta parte de mi libido hasta ese momento desconocida. Pero creo que es el momento de aclarar que el segundo encuentro fue fruto de un paciente trabajo de preparación por mi parte.
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Aunque es una de las facetas del sexo que más gusta, la noche de nuestro segundo encuentro cierto prurito fraternal me impidió chuparle la pija, pero disfruté y mucho del calor y del sabor de su semen mientras él miraba con ojos desorbitados como me clavaba el consolador en la concha.
-No te creía tan perverso –dije tratando de provocarlo, sólo que Roberto no lo tomó de la misma manera y empalideciendo comenzó a retroceder hacia la puerta.
Olvidada de todo lo que no fuera él salí de la bañera a tiempo para sujetarlo y tras tomarlo de los brazos lo ayudé a sentarse en el inodoro. En el apuro continuaba con la pija fuera de los pantalones y yo con el consolador metido a medias en la vagina. Una situación que en cualquier otra ocasión podría resultar graciosa o erotizante, pero que en ese momento, si nuestros padres regresaban antes de tiempo podía marcar el comienzo de un escándalo familiar.
Algo recuperado, Roberto se quedó mirando fijamente el adminículo plástico que sobresalía de la parte baja de mi cuerpo e inevitablemente recuperó la erección.
-¿Y por casa como andamos? –preguntó enderezándose en su asiento.
No supe que responderle y tampoco creo que hubiera servido de mucho porque el juego había vuelto a comenzar.
Retrocedí hasta que sentí el borde de la bañera contra la parte posterior de mis piernas y estirando la mano busqué un asidero mientras posaba mis nalgas sobre la fría porcelana.
Abriendo bien las piernas busqué con dedos temblorosos el extremo de mi amigo plástico y retomé el mete y saca que tanto me gusta.
La mano de Roberto fue ganando en velocidad y la mía intentó alcanzarla, pero finalmente fue él quien llegó a la meta en primer lugar.
Los chorros de leche saltando en el aire me hicieron pensar en una fuente danzante, sólo que ésta en lugar de hacerlo al compás de alguna pieza de música lo hacía al compás de sus gemidos.
Enloquecida de la calentura caí de rodillas frente a él y busqué hambrienta las últimas gotas de su eyaculación. Los muslos me temblaban y cuando bajé el vientre para terminar de enterrarme el consolador presionando contra el piso alcancé un nuevo orgasmo.
Creo que perdí el conocimiento por algunos segundos pues cuando abrí los ojos Roberto se inclinaba sobre mí con cara de preocupación.
-Estoy bien, ahora márchate y déjame a solas –pude decirle con voz entrecortada.
Él se limitó a asentir con la cabeza y tras guardar su verga dentro de los pantalones salió cerrando la puerta con cuidado.
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Aunque no estaba arrepentida en absoluto de nada de lo que había sucedido era consciente de que si continuaba el juego con Roberto iba a terminar cogiéndomelo, y sabiendo que no me iba a conformar con una sola vez para sacarme el gusto la cuestión se complicaría sobremanera. Pero por suerte mi locura sexual tenía su parte sensata y fue ésta la que me aconsejó evitar cualquier encuentro a solas con él y continuar consolándome con mi amigo plástico, pero en mi cuarto y con la puerta cerrada con llave. Durante las siguientes dos semanas conseguí capear el temporal y cuando creía haber superado definitivamente la cuestión una invitación de mi gerente dio por tierra con mis planes.
Es verdad lo que dijo Roberto refiriéndose a lo mucho que me cuesta mantener una relación formal, no puedo evitarlo y supongo que algún día las cosas van a cambiar, pero por el momento no lo parece, así que cuando Silvana me habló de salir en pareja ese maldito orgullo que tengo y que no me sirve para nada me impidió decirle que no tenía quien me acompañara.
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Roberto me miró extrañado pero me dejó explayarme sin interrupciones.
-No creo que sea buena idea –dijo cuando terminé de explicarle mi plan- no después de…
-Está bien, no hace falta que me hagas sentir peor de lo que me siento –lo interrumpí poniéndome a la defensiva- sólo necesitaba que me ayudaras por unas pocas horas y estaba dispuesta a recompensarte por ello- agregué dirigiendo la más provocativa de mis miradas al bulto que ya destacaba en sus pantalones.
-La cosa no pasa por ahí –argumentó Roberto mintiendo descaradamente pues sus miradas eran tan intensas que me dejaban con la concha empapada y las rodillas temblequeando.
-Te prometo que nunca más voy a pedirte nada y que durante seis meses te limpio el cuarto y…
-Está bien –dijo Roberto interrumpiéndome.
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Roberto pasó a buscarme por el trabajo y cuando le presenté a Silvana esta me miró extrañada por su aspecto juvenil, aunque ya le había anticipado que me gustaban los chicos más jóvenes que yo.
Roberto respondió a su saludo y fiel al plan que habíamos trazado me abrazó y fuimos al encuentro de la cita de Silvana.
Era viernes y había cierta tradición de salir a tomar unos tragos, después de los cuales cada uno se iba para su casa, eso era al menos lo que había planeado con mi compañera de oficina y jefa.
A una cuadra de allí nos encontramos con Jorge que nos estaba esperando en su auto. Llegamos al lugar cerca de las siete de la tarde y la concurrencia era todavía escasa. Como al mediodía apenas si había comido, después del segundo trago perdí las pocas inhibiciones que tengo y mientras miraba como Jorge intentaba colar su mano entre las piernas de mi jefa coloqué la de mi hermano entre las mías.
-Tenemos que disimular –susurré en su oído.
-No te preocupes que te voy a hacer quedar muy bien –respondió Roberto.
Su comentario me hizo reír tontamente, pero sólo hasta que noté que Jorge se estaba abriendo los pantalones.
Silvana reía tan tontamente como yo -supongo que por los efectos del alcohol- pero tras una negativa puramente formal comenzó a comerse la pija de su acompañante.
-Tenemos que disimular –susurró Roberto a mi oído.
La verdad es que ni siquiera me molesté en esbozar una negativa y olvidada de antiguos pruritos comencé a comerme la pija de mi hermano.
Al volver la cabeza me encontré con la mirada de Silvana y las dos intentamos sonreír, pero las vergas que teníamos en la boca nos lo impidieron, así que nos limitamos a seguir chupándoselas.
Cuando Jorge hizo arrodillar a su compañera en el asiento, la imité y no necesité recordarle a Roberto que teníamos que disimular cuando introdujo su mano por debajo de mi falda para despojarme de la ropa interior.
Unos minutos más tarde eran tres los dedos que dilataban mi concha mientras le propinaba a Roberto la más ardiente chupada de pija que jamás haya hecho a nadie. Tragué mi primera bocanada de leche de esa noche con un placer que me llevó a la estratosfera de los sentidos.
Una vez recuperado el aliento Silvana me hizo señas de que la acompañara al toilete. Una vez allí estallamos en carcajadas, el alcohol nos había desinhibido en forma tal que ninguna de las dos se molestó en manifestar abiertamente lo que sentíamos.
-¿Piensas cogerte al niñito?
Mi cabeza se movió afirmativamente.
-Bien, yo quiero cogerme a Jorge pero tiene que ser acá, no puedo arriesgarme ir a un hotel y cruzarme con algún conocido, ¿qué te parece si nos vigilamos mutuamente mientras lo hacemos?
Otra vez asentí sintiendo que me subía una llamarada de calor por el cuello mientras la miraba refrescarse la depilada entrepierna.
-¿Nunca te has comido una de estas? –me preguntó Silvana dándose un golpecito en la vulva con la punta de sus bien manicurados dedos.
Mi cabeza se movió de lado a lado y cuando se acercó no sospeché sus intenciones hasta que me las susurró al oído.
-Dame un poco de lengua y a fin de mes tienes ese ascenso que tanto te mereces.
Si de verdad merecía ese ascenso no tendría que haberle chupado la concha a mi jefa, pero era algo que quería hacer desde la primera vez que la vi., porque aunque nunca me han gustado las mujeres la idea de tener sexo con una tan hermosa era más fuerte que cualquier razonamiento.
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El vínculo que establecimos en esos minutos nos unió en forma definitiva y cuando regresamos a nuestros asientos pusimos de inmediato manos a la obra.
Roberto se quedó sorprendido cuando me le monté a horcajadas y colocando la punta de su pija en mi concha me la tragué de un solo empujón. Por suerte la sorpresa se le pasó rápido y cogimos con todas las de la ley.
Enfrentados con la otra pareja establecimos una especie de competencia que finalizó con ciertos grititos de dolor cuando mi esfínter cedió a las presiones del sexo de mi hermano Roberto. Por suerte la verga de Jorge no era tan gruesa y cuando fue su turno de metérmela en el culo pude soportarla con entereza.
Una nueva visita al baño con Silvana culminó con su cabeza entre mis piernas y tras un beso arrancalenguas con gusto a concha mezclada con semen sellamos un pacto que nos une cada día con más fuerza.
Roberto ha perdido su timidez por completo y se ha convertido en mi cómplice. A principios del mes próximo comienza a trabajar a las órdenes directas de Silvana.
Nuestra relación se ha normalizado con la llegada de un novio para mí y una novia para él, pero cuando se presenta la oportunidad no dejamos de echarnos un polvo en recuerdo de los viejos tiempos.
FIN