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Tenía 18años


Yo no pude contenerme y parece que ella tampoco........................ 

La señora Delia era sin duda alguna un encanto de persona. La conocí en mi Estudio, soy Abogado, una vez que vino a consultar por la Sucesión de su difunto esposo. Además del fallecimiento de éste la pobre mujer también tuvo que soportar la muerte de su única hija, víctima de una extraña enfermedad, de quien le quedó una nieta que es quien da origen a éste relato. La chica se llamaba Leticia y era el amor de la vida de su abuela. A los trece años tenía una figura perfecta y parecía mayor. El cabello negro ensortijado le llegaba hasta la mitad de la espalda. Sus ojos verdes irradiaban una luz increíble. Su piel era blanca y rebosante de tersura y suavidad. Tenía una simpatía innata y su sonrisa lo iluminaba todo. Con Leti se podía hablar de cualquier tema ya que con su clara inteligencia percibía las cosas cómo un adulto. Al verla me gustó: vaya si me gustó. Casi me olvido de decirles que, si bien he estado varias veces en pareja, a mis cuarenta años no me he casado. Hasta ése momento mi trato con las chicas de esa edad no pasaba de ser amable y cordial. Nunca se me había pasado por la cabeza la posibilidad de abordar a una de ellas.

Más allá de lo estrictamente profesional me hice amigo de la señora Delia y muchas veces me invitó a su casa a cenar y a compartir diversos momentos familiares. Con sumo cuidado miraba a Leticia y hablaba con ella de todos los temas habidos y por haber. Ella quería terminar los estudios secundarios, en los que tenía un brillante rendimiento, para ingresar a la Universidad. Me sentía admirado por la adolescente que me brindaba un trato especial. A esta altura les digo que la abuela de Leticia ni siquiera se sospechaba de lo que estaba pasando por mi mente.

Una noche, a eso de las dos de la mañana, suena el teléfono de mi casa y al contestar escucho la voz de Leticia ahogada por la angustia. Me decía que su abuela estaba internada ya que le había dado un ataque y me pedía que por favor la ayudara ya que estaba completamente sola. De inmediato salí hacia la clínica y por el camino pensaba que era una ocasión propicia para estar cerca de la chiquilla que había empezado a gustarme más de la cuenta. Al verme llegar Leti corrió a abrazarme y me dijo que su abuela estaba bastante mal. En esos momentos cuando ella lloraba yo la abrazaba, le daba tiernos besos en las mejillas, le enjugaba sus lágrimas etc.

Sentía un denso placer y ella, necesitada de protección, no dejaba de abrazarme permitiéndome hacerle todas esas caricias. Poco rato después llegó una enfermera a darnos la trágica noticia: Doña Delia había fallecido. Leticia se partía en llantos y me abrazaba con la desesperación de alguien que siente que se queda solo.

Estuve junto a ella durante todo el trance del velatorio y del sepelio y, cuando todo eso pasó, ella se hizo una pregunta muy lógica \"Y ahora ¿qué hago?.

De esa forma le dije algo así: \"Leti. Sé muy bien por lo que estás pasando. Y sé también que tienes una casa. Pero antes de que me digas nadas te ofrezco la mía. No me gustaría que te quedaras sola. Bien tu sabes que somos amigos y los amigos están para eso\". Me lo agradeció mucho y horas más tarde estaba en casa. Yo vivía con una tía, bastante mayor, quien se sintió encantada de tener a Leticia en casa entre ambas surgió una buena relación.

Con la forma de ser tan adulta que la caracterizaba Leti no paraba de agradecerme por todo lo que yo hacía por ella. En esos días las cosas se presentaban difusas ¿Hasta cuándo se quedaría ella en mi casa? La pregunta no tenía respuesta. Poco a poco fue tomando confianza en su nuevo hogar y yo excitándome cada día más. Una cosa estaba clara. No me podía apurar porque aún ella no había superado lo de la abuela. Sin embargo, varias veces al día, me le acercaba y le hacía los mismos cariños de siempre con el permiso de ella que parecía necesitarlos ante su situación de desamparo. A mi todo eso me provocaba una erección brutal que trataba de disimular cambiando constantemene de posición.

Era verano y organicé una corta estadía en un balneario del este de Uruguay. Íbamos a ir con mi tía y el ambiente familiar disipaba las sospechas. Pero, por lógica, la ocasión era propicia para verla en bikini. Cuándo la vi cambiada para ir a la costa, con un bikini de color rojo, casi me vuelvo loco. Apuré la ida hacia la costa porque estaba a punto de delatarme. Las olas rompían fuerte en la playa y la temperatura del mar era por demás agradable. Varias veces el intenso oleaje la empujó hacia mi y pude tomar contacto con su cuerpo de locura. Hasta ese momento ella recibía con agrado todas mis caricias pero eso no quería decir que me fuese a aceptar sexualmente. A la noche la invité a bajar a la costa para caminar un rato y de paso hablar de sus planes de futuro y de cómo habría de encaminar su vida de ahí en más. Mi tía se quedó en la casa ya que era tarde para ella. Si bien la noche estaba agradable una brisa algo fuerte y la presencia de varios nubarrones hacían presagiar que se acercaba una tormenta.

Empezamos a caminar por la arena y en ese lugar de la playa había muy poca gente. Casi al descuido le tomé la mano y ella no me dijo nada. Seguía hablando de sus cosas y recordando a su abuela.

En determinado momento me detuve y la tomé por los hombros.

\"Leticia eres una mujer hermosa. Nunca he visto en mi vida alguien tan bello como tú\". Ella, paralizada. me miraba con ojos de asombro.

Siempre supe que la historia la escriben los valientes y, si bien tenía miedo por la situación de estar con una menor, me dejé llevar y comencé a besarla. Al principio se quedó quieta pero pocos segundos después me dijo \"¡No! ¡No puedo hacer ésto! Y tú tampoco puedes hacerlo. Recuerda que estoy contigo porque ya no tengo a mi abuela. Esto está mal\".

\"No, Leti. No está mal. Con ese cuerpo tan hermoso no vas a decirme que nunca has tenido deseos de estar con un hombre\".

\"Tu te olvidas que tengo trece años\".

\"Sí. Pero eres toda una mujer...y me gustas.

No perdí más el tiempo. Empecé a besarla otra vez. Sentía en mi cara las lágrimas que derramaba tal vez por angustia, tal vez por sentirse atrapada en una situación que ni siquiera imaginó.

Continuaba rígida casi inmóvil. Me propuse hacerla mía allí mismo y, sin importarme absolutamente nada, le quité el sostén y saboreé sus duros y maravillosos pezones. Acto seguido le quité la parte baja del bikini y tras besarle el sexo la tumbé en la arena y con cuidado para no causarle dolor la fui penetrando hasta meterle todo mi pene en su vagina. Pese a lo lento que lo hice sangró bastante y no dejó de llorar. No era para menos. Le descargué un torrente de esperma que se mezcló con su fluído sanguíneo provocándome un placer enorme.

Volvimos a la casa sin hablar y mi tía estaba dormida. Al otro día Leticia apenas me miraba.

Era claro que no sabía ni siquiera que hacer. Varias sensaciones chocaban en su cerebro. Por un lado no tenía a nadie de su familia y la única persona con la que había podido contar le había hecho el amor casi a la fuerza. Tampoco tenía a nadie para decirle lo que le había pasado. Se veía obligada a fingir delante de mi tía y la miraba con vergüenza tal vez pensando que aquélla podría enterarse de lo que había pasado y reprobar su actitud. Y de pronto se podría suponer que algo le había gustado.

Cuando quise hablarle se apartó de mí. Y en otro momento en el que estaba distraída le toqué un hombro y me quitó la mano con fuerza.

Me dio la sensación que la situación no daba para más. Esa noche, cuando la casa ya estaba en silencio, me metí en su cuarto.

Leticia se sobresaltó y con voz llorosa me pidió por favor que no la tocara. No le hice caso.

Le metí el pene en la boca a la fuerza, llevándola hasta el borde del vómito, y tras manosearla y pasarle la lengua por todos lados la volví a penetrar, ésta vez con mayor fuerza que la primera, y volví a dejarle un torrente de esperma en su interior.

Se quedó desnuda arrollada en la cama llorando.

A la mañana siguiente, en el desayuno, mi tía se dio cuenta que algo le sucedía y cuando se lo preguntó le dijo que se sentía mal del estómago. Ese día no quiso bajar a la playa. No obstante llevé a mi tía a la costa y al estar ahí, a pocos metros del lugar en el que había poseído a Leti por primera vez, una idea loca se me vino a la cabeza. Se me había ocurrido que ella podía querer escaparse de mi casa. Si eso pasaba era probable que ella me denunciara. Le dije a mi tía que me esperara que iba a ver cómo estaba Leti y al llegar se confirmó mi sospecha: había alistado su bolso y estaba a punto de marcharse.

Al verme me dijo:

_\"No te acerques. Déjame ir\".

_\"No te vas a ir a ningún lado\".

Le quité el bolso y lo tiré lejos, la volví a tomar y tras arrojarla sobre un sillón, le abrí la boca y le metí el pene dentro de ella la obligué a tragarse todo el semen.

\"Hijo de puta, creí que eras otra cosa ¿Por qué me haces esto?\"

\"¿Acaso no te gusta?\"

\"Algún día me las vas a pagar\"

\"Claro que te las voy a pagar: te lo pago con leche de mi verga\"

\"Hijo de puta ¡Te odio!

\"Y ni se te ocurra decir nada ni intentar fugarte\".

Ella ya estaba entregada. No había podido escaparse y sabía que yo la iba a encontrar en cualquier parte.

Esa noche volví a entrar en su cuarto y la encontré llorando en un rincón. Le dije que me perdonara, que era un hombre y no me había podido controlar, que tenía que darse cuenta que era una belleza y que era irresistible. Me miraba de manera suplicante como si me diera a entender que quería piedad.

Volví a tomarla y esa vez con un gran esfuerzo la penetré por atrás.

Sé que a esta altura del relato todos ustedes creen que soy un animal. Y tal vez tengan razón.

Pero la cuestión fue que, muy lentamente, Leti se empezó a dar cuenta que no era tan feo lo que yo le hacía.

Como se trataba de una menor tuve que pedir su Tenencia Judicial. Me la otorgaron.

Hace diez años que vive conmigo.

Y no puede dormirse sin chuparme la verga.



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marce
Buen relato, bien llevado, deberias darle continuidad, dado que tenes tela para continuarlo
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