Rafo y yo llegamos a la casa. Sin decir palabra alguna, entré a la sala de TV y encendí el DVD, mi hermano entendió y cerró las puertas y ventanas.
Acomodados en la sala inició la película porno en turno casi en una oscuridad total, como en el cine. Nos acercamos y continuamos besándonos tocándonos, ahora tranquilamente. Sin quitarnos la ropa recorrí su pecho, sus muslos y la entrepierna, él mi pecho, mis piernas y mi paquete. Cuando parecía que ya.................. no pasaríamos de ahí me dijo.
-Pon pausa, voy por un refresco y a ponerme mi pijama, ya es tarde.
Accedí y subí tras él para ponerme mi short sin nada debajo, tiré mi camisa abotonada reemplazándola por un polo muy suelto, ambos de color blanco. Bajé y regresé a mi lugar. Mi hermano tardó un poco más y entró con el refresco y los vasos servidos.
Llevaba un bividi rojo sin mangas, era algo ceñido a su cuerpo, que compró en el supermercado, el cual llegaba hasta la mitad de sus muslos y translucía un poco su figura. Su pelo castaño corto lucía su bello rostro y permitía resaltar sus ojos café miel. Sus pies iban descalzos.
Bebimos para refrescarnos, se levantó y después de cerrar la puerta con seguro, volvió a apagar la luz. Quite la pausa de la película y unos segundos después retomamos posiciones.
Esta vez mientras mi hermanito me besaba, mis manos descubrieron que debajo de su bividi había un espectacular cuerpo sin nada de vellos, y no es que nunca antes lo haya visto desnudo, lo que sucedía es que mis ojos lo miraban de otra manera, podía tocar sus tersas tetillas a través de la suave tela de su prenda, sentía tocar el cielo con las manos. Sin batallar identifiqué sus pezones erectos y comencé a pellizcarlos, sin dejar de apretarlo muy junto a mi cuerpo. Sin poder evitarlo, bajé a sus piernas y las acaricié suavemente, buscando la parte final de su bividi. Al encontrarlo subí presuroso bajo la prenda rozando su blanca piel. Llegué a su ansiado pecho y repetí el manoseo esta vez directamente sin prenda alguna impidiéndolo.
Rafo me despojó de mi short y sus labios aprisionaron mi tetilla derecha. Suspendí mi tarea y lo dejé disfrutar un poco. Con su mano buscó mi paquete encontrándolo bastante erecto, lo acarició sobre el short sin poder ver nada por la prenda y lo oscuro de la sala.
Su mirada se clavó en la mía mientras acariciaba mi pene con fuerza sobre el short. Comprendiendo lo que deseaba me levanté un poco y bajé aquella prenda liberando mi erección. El short salió por mis pies y quedé completamente desnudo.
Mi hermanito acarició un poco mi pene viéndolo apenas con el reflejo de la televisión. La erección era total igual que mi excitación. Sin dudarlo mucho, Rafo se dobló hacia mis piernas y comenzó a lamer tímidamente lo largo de mi tronco y un poco la gruesa cabeza de mi pene. Casi de inmediato comenzó a chupar torpemente mi pene introduciéndolo en su boca. Los dientes me lastimaban y la fuerza con que sujetaba mi palo era mucha.
Con mi mano le hice entender que aflojara, le susurré que chupara como si fuera un helado sin morder. Enseguida obedeció y la mamada se volvió algo muy confortable. Reaccioné y jalé su bividi hacia la cabeza sin lograr sacarle, mi hermanito seguía prendido de mi pene dándome una gran mamada. Después de un rato, aflojó justo a tiempo sin saber que yo estaba próximo a venirme en su boca. Se incorporó y comenzamos a besarnos apasionadamente.
Se montó sobre mí colocando sus nalgas sobre mi pene durísimo, su bividi y su pantalón corto seguían en su lugar dificultándome cualquier intento de disfrutar su piel. Finalmente, subí su prenda y la saqué por la cabeza con ayuda de mí hermano que levantó los brazos. Su piel rebotaba sobre mi piel frente a mí, nuevamente tome sus tetillas con mis labios y los mordí hasta dejárselos bien rojitos. Ahora solo restaba retirar el short pero por más esfuerzos que hacía él no cooperaba para sacárselo.
Excitado comenzó a rozar su verga con la mía, podía sentir la prenda húmeda resbalar y la textura de sus vellos acariciarme. Ya más excitados, jalé la prenda hacia un lado y por fin mi pene rozó el suyo que estaba empapado con líquidos pre - seminales. Rafo se estremeció y se detuvo. Poco a poco retomo el movimiento de roce, mi hermano acerco su culo sobre miembro, sintiendo mi caliente palo rozar su ano. Podía escuchar el chasquido de la humedad de nuestros líquidos al vaivén del movimiento.
Nos excitamos tanto que con gran esfuerzo de mi parte arranqué el delgado short, arrojándolo al suelo. Mi hermano pareció no notarlo y siguió el delicioso movimiento que lo cautivaba.
Acaricié su cintura su espalda y sus nalgas ahora desnudas, sus muslos, sus brazos y su cuello, mientras el se masturbaba de una manera descontrolada. De pronto sentí venirme y empapé su virginal culito con fuertes chorros de semen que nos mojaron completamente. Casi de inmediato mi hermano se vino incrementando aún más los fluidos que nos mojaban.
Nos abrazamos un momento y se recargó en mi pecho satisfecho. La película hacia rato que había terminado y solo había una pantalla vacía sin ruido. Rafo se levantó y pude admirar su denso pero recortado bello púbico, el contorno de sus caderas, sus muslos y ese bello pecho. Giró y después de buscar sus prendas, caminó a la TV para apagar el reproductor de DVD.
Su culo era hermoso, carnoso, sus nalgas redonditas, su espalda esbelta con una hermosa cintura tan juvenil y llena de pecas. Al fin me daba cuenta de que a sus 15 años era un bello espécimen de chico en todo el sentido de la palabra.
Levantó su bividi y su short, se puso lo de arriba y regresó a mi lado, pasamos una larga hora abrazados.
Después regresaron las caricias y de nuevo voló la prenda que se había puesto. Nos manoseamos un buen rato y de nuevo me dio una exquisita mamada. Cuando mi erección regresó, se montó para repetir el roce culo - pene. Lo gire sentándolo en el sillón de frente a mi, me acerqué y abrí sus piernas, apenas comencé a rozar mi palo en su culito, perdió esa mirada de miedo que surgió en el cambio de posición. Era delicioso ver su culo virgen rozar mi pene duro. Lo jalé un poco para resbalar mejor. Estaba excitadísimo y disfrutaba como loco. Sin darle tiempo a reaccionar, me hinqué y comencé a lamer su delicioso ano. Sus piernas se cerraron un poco apretándome pero pronto se abrieron aún más que antes. Sus manos acariciaban nerviosamente mi cabeza mientras con mis dos brazos sujetaba ambas piernas abrazándolas.
Rafo se movía como una culebra, mientras se agarraba la pija estremeciéndose pero sin abrir los ojos. Terminó y limpié toda su descarga con mi lengua causándole algunas cosquillas.
Yo quedé excitado pero no pude venirme por segunda vez. Descansamos un rato y me vistió con mucha paciencia, igualmente le puse su bividi y subimos a nuestras habitaciones a dormir.
Me aseé un poco, me sequé con la toalla y me derrumbé en mi cama recordando cada escena ocurrida. Perdí el conocimiento en algún momento quedando perdidamente dormido y desnudo, pues así duermo yo.
Cerca de la mañana, mi hermano entra a mi cuarto despertándome con un grato beso. Su pelo húmedo evidenciaba su reciente baño y su perfume de jabón aromático lo confirmaba. Llevaba un pijama bastante conservador, yo seguía desnudo y boca arriba. Tan pronto desperté y lo vi, mi erección regresó. Rafo lo notó y en el acto se acomodó junto a mí, tomó mi pene y comenzó a mamarlo. La destreza adquirida la noche anterior se notaba, sus mamadas eran más profundas y delicadas. Me relajé y disfruté su gloriosa boca. Descansaba y volvía a mamar, parecía disfrutarlo mucho. Podía ver el hermoso rostro de mi hermano Rafo absorto en devorar mi pene, chupando con mucho cuidado, como si quisiera que durara para siempre.
Cambió y comenzó a masturbarme torpemente, lo dirigí con mi mano y mejoró, estaba por venirme y se lo hice saber. Se detuvo lo pensó un momento y comenzó a mamar suavemente, mi semen salio en torrente mientras Rafito lo devoraba casi directo. Terminé con algunos espasmos y mi hermanito limpió con su lengua hasta la última gota que pudiera escapar de su boca.
-Mmmmmmmmm estuvo delicioso hermanito, realmente me gustó.
El día inició y me duché, era muy temprano. Hice mis tareas y salí a pagar unos recibos de agua y luz al banco. Regresé y Rafo trabajaba en sus tareas y conversamos largamente como si nada hubiera pasado. Busqué algo que hacer hasta que llegó la noche. Me bañe y me vestí solo con un short, despeinado y húmedo me derrumbé en la sala. Puse una serie en la TV y sin mirarlo pensaba y pensaba en mi hermano, que había salido a la calle a hacer algunos trabajos que le habían dejado en el colegio en la casa de uno de sus amigos..
Casi oscureciendo, entró Rafo que venía de la calle, me besó la mejilla y corrió a su habitación.
Cansado por la fatiga del día, decidí acostarme temprano. Toqué a la puerta del cuarto de mi hermano para despedirme pero escuché la ducha de su habitación. Me derrumbé en mi cama, desnudo boca abajo, sin apartar de mi mente a Rafael.
En ese momento, abre la puerta de mi cuarto que siempre dejo sin seguro, da vuelta y la atranca con el cerrojo. Sin apagar la luz se despojo de su bata de baño y modelándome me muestra su desnudez. Observo su vello perfectamente rasurado, obviamente se esmeró en depilarse un poco sus vellos púbicos. Su cabello lucía arreglado y recién cepillado. Mi erección despertó junto con mi asombro y él inmediatamente lo notó.
-Hoy dormiré contigo completamente desnudo para ti, mañana tú dormirás conmigo igualmente desnudos, para mí.
Se sentó en mi cama y se recostó a mi lado. Con la luz apagada nos besamos, acariciamos nuestros cuerpos y fui yo quien le dio una mamada en la verga no tan larga, pero deliciosa que lo estremecía de placer. Lo giré boca abajo y recorrí sus muslos traseros con mi lengua mordisqueándolos un poco, llegué a sus nalgas e igualmente las mordí suavemente, recorrí su espalda, besé su cuello, metí mi lengua en sus oídos con una suave caricia, podía sentir temblar su cuerpo. Regresé a las nalgas con besos y mordiscos. Lentamente separé ambas nalgas para apreciar su rosado y estrecho ano.
Lo acaricié con mi lengua mientras sentía las contracciones que le ocasionaba mi descarada travesura. Devoré su ano, su culo y sus muslos a mi placer. Le di vuelta de nuevo poniéndolo boca arriba, mordí sus tetillas, lamí su ombligo y me concentré en su delicioso pene. Rafo tenía convulsiones de placer conforme me comía su pija. Con mis manos apartaba sus piernas que obedecían de inmediato, abierto completamente y con sus pies en el aire regresaba a comerlo. Su pene hinchadito y virgen estaba delicioso, el solo verlo me excitaba. Me acerqué y rocé mi pene con el suyo, tan pronto lo sintió (pues tenía los ojos cerrados por el placer), tuvo un espasmo y empujó su miembro contra el mío. A cada roce la excitación crecía. Él mismo con sus manos jalaba las piernas a los lados y en el aire para facilitarme el acceso a su polla.
La escena era impresionante para mí, impensable unos días atrás. Mi hermano con su blanca desnudez, su juvenil cuerpo y sus piernas abiertas, me ofrecían su virginal culo, sin defensa alguna contra cualquier intento de penetración.
La velocidad del roce aumentaba y él acompañaba las pasadas con movimientos sensuales. Me detuve un instante con la puntita apenas clavadito en la entrada de su esfínter esperando una señal. Rafo siguió sus movimientos solo presionando un poco la cabecita para que entrara, entré un poco más con claras intenciones, detuvo sus movimientos sin abrir los ojos. Inmóviles esperamos uno al otro por cualquier señal. Salí y rocé de nuevo unas cuantas veces para volver a detenerme. Mi hermanito sujetó sus piernas que ya descansaban en la cama y las abrió en señal de sumisión.
Le levante sus piernas y se las puse en mi hombro, penetré un poco y soltó un gemido, así que seguí penetrando lentamente queriendo llegar a sus entrañas. Retrocedía y volvía a meter mi pene hasta chocar su ano sin intentar romperlo. Me animé y empujé con gran fuerza, apenas resistió mi penetración. Mi pene se fue hasta el fondo de aquel delicioso culo, acabando con su virginidad. Rafo soltó un grito fuerte pero se quedó inmóvil.
Salí y penetré despacio, amoldando aquel culo al grosor de mi palo. Conforme lo penetraba, mis líquidos pre – seminales ayudados con saliva facilitaba la lubricación y disminuía cualquier dolor que sintiera. Al poco tiempo empecé a bombear y a deleitarme con aquella nueva sensación para mí, mi pene se alojaba a la perfección en aquel suave y reconfortable culito recién estrenado. Lo cálido de sus nalgas estimulaba mi excitación y aceleraba mi bombeo.
Rafo pronto se sumó al vaivén de mis embestidas, empujando para que lo penetrara hasta lo más profundo. De pronto sentí venirme y salí rápidamente para eyacular sobre su vientre, fuera de aquel delicioso lugar.
Me recosté junto a él sin decir una palabra. Con los ojos cerrados me besó y giró para quedarse dormido o al menos así lo pareció. Una media hora después acaricié su espalda desnuda, su cintura y sus nalgas. Rafael giró y me regaló una hermosa sonrisa.
Por el pequeño sangrado de su ano suspendimos cualquier acción por ese día, nos duchamos juntos y lo consentí para que descansara en mi cama junto a mi. Muy temprano llamaron por teléfono mis padres, estaban tan fascinados con la playa que hasta hablaron de regresar el año entrante. Los convencimos de que todo marchaba bien y que no se preocuparan.
En toda la mañana no dijimos una palabra, por lo menos yo no encontraba que decir, mientras desayunábamos uno frente al otro en la mesa de mi cocina. Traté de averiguar en que pensaba, como se sentía y que deseaba hacer pero no dijo casi nada, solo me pidió paciencia, tal vez la llamada de mis padres le hizo sentir algún cargo de conciencia que se comportó de una manera esquiva como si todo siguiera como antes. Pero para mí ya no era igual. Triste me aparté y le di su espacio, mientras él tomó sus llaves y salió a la calle con rumbo desconocido.
En la noche después de ducharme me recosté preocupado, sin poder borrar aquella poderosa escena de mi mente, cuando penetré por primera vez a mi hermano. Esa imagen de mi verga totalmente dentro de su culo era mágica, aquella sensación de placer, única.
En eso estaba cuando mi hermano entró, nos miramos fijamente y me dijo:
-Tengo miedo Fabián-.
-¿Miedo a qué?- Le respondí enérgicamente.
-A lo que venga más adelante, tal vez tú tengas alguna confusión con tus sentimientos, pero no quisiera seguir haciendo lo mismo. En este momento hubiera querido que me dijeras que solo fue un momento de locura y que olvidemos lo sucedido-. Saber que al menos estaba dispuesto a hablar sobre el tema hizo que me sintiera mucho más tranquilo.
-Rafo, se que la he cagado mucho, pero si te aprovecha de algo…para lo único que me han servido estos días de estar solos ha sido para darme cuenta de que siento algo por ti. Que me interesas, que no te saco de la cabeza en todo el día. Y si te parece mal quisiera que me perdones, pero no me arrepiento de nada…quiero estar contigo-. Mi hermano desvió la mirada hacia el suelo.
-¿Lo dices en serio? – me preguntó.
-Nunca he estado tan seguro de nada en mi vida. Pienso que debemos seguir hasta donde se pueda, no es algo que yo haya escogido. Se dio y ahora me siento muy involucrado contigo-.
Sin decir palabra alguna me extendió la mano. Me puse de pie y lo seguí hasta su cuarto. Cerró con llave y se despojó de su camisa y su ropa interior. Se acercó a mí y me bajó mi short dejándome igualmente desnudo. Se hincó y después de colocar un cojín bajo sus rodillas, tomó mi pene y empezó a chuparlo. Aquella imagen de pasividad y sumisión elevaron mi erección que pronto llenó su suave boca.
Mamaba cada vez mejor, me sentó en la orilla de la cama, se acercó más y siguió mamando con gran delicadeza. Una vez que se sintió satisfecho me indicó que me recostara bien y se acercó por un lado. Inmediatamente montó sobre mí y dirigió certeramente mi pene con su mano, justo hacia su culito. Penetré despacio hasta que todo estaba dentro, descansó unos segundos y comenzó a moverse hacia delante y atrás.
Con mis manos jalaba su cintura dirigiendo el ritmo de su culo para cogerlo mejor. Podía sentir como lo penetraba hasta el angosto interior de las paredes de su esfínter. Esta vez veía su mirada serena y llena de placer, su boca medianamente abierta denotaba placer y sus ojos destellaban lujuria.
Cambiamos y Rafo se colocó sobre mí en un 69. Sus piernas libraban mi cabeza y su miembro llenaba mi boca de fluidos deliciosos. Su olor a adolescente era tremendo y su perfume suave. Mientras comía aquella delicia, mi hermanito mamaba afanosamente mi pene. En algunas ocasiones se detenía levantando la cabeza para gozar de un espasmo producto de mi degustación. Se levantó un poco y de nuevo guió certeramente con sus manos, mi pene a sus nalgas. Esta vez me montó de espaldas a mí.
Podía ver su espalda bajar, su cintura redondear la carne que su culo depositaba sobre mí. Lo sujeté de esa cintura carnosa y firme y la penetración fue aún más profunda. Podía mirarlo como disfrutaba ser penetrado. Me lo cogí por varios minutos intercalando los movimientos circulares y laterales de su culo. Ambos aprendíamos el placer de culear.
Cambiamos y bajé de la cama, lo coloqué en posición de perrito en cuatro patas y a la orilla de la cama. Lo penetré, aceleré mi ritmo de bombeo excitándome al ver como su culo se estrellaba en mis testículos cuando este devoraba mi pene completamente. Entre la humedad y golpeteo, la excitación crecía.
Me contuve y lo acosté boca arriba para cogérmelo nuevamente, colocando esta vez, sus piernas en mis hombros. Su boca estaba completamente abierta, sus ojos destellaban pasión y sus gestos me indicaban que estaba por venirse. Efectivamente los espasmos y la humedad me sorprendieron y desencadenaron en mí un enorme deseo de eyaculación.
-Me vengo hermanito…-Le decía.
-No la saques esta vez amor, quiero toda tu leche dentro de mi.
Obedecí y vacié toda mi leche dentro de mi hermano, era delicioso sentir su calor interno.
Agotado me derrumbé junto a él.
-¿Te lastimé?, aún estás reciente. -No solo me arde un poquito al principio.
Se enderezó, tomó mi pene y lo chupó hasta eliminar cualquier rastro de leche o humedad.
-Descansa hermanito, por la mañana deberás alimentarme con esa deliciosa leche y por las noches cogerme, así que debes ahorrar fuerzas. Hoy dormiré con toda tu leche dentro de mí, feliz de estar contigo.
Apenas amaneció, empezó a besarme y apenas me coloqué boca arriba, se apoderó de mi pene mamándolo como prometió.
-Mmmm, aún sabe a mí culo.
Los días de vacaciones terminaron y mis padres regresaron a casa. Las cosas no volvieron a ser como antes, seguimos viéndonos de madrugada con muchísimo cuidado de mis padres. Como mi cuarto era el más alejado del de mis padres, era nuestro lugar de reunión.
Para Rafo, darme sexo oral era lo que más le gustaba, al igual que cabalgarme con mi pene totalmente dentro de él. A mi penetrarlo de perrito sujetando su cadera. La sensación de ver y escuchar cuando lo penetraba, concretamente cuando mis testículos rebotaban en su hermoso culo, me excitaba mucho. Ver su boca chupar cuidadosamente mi pene, era otra escena muy erótica para mi, pero nada igualaba la sensación de soltar mi leche dentro de él, justo cuando se venía.
Así continuamos por años, sin que nuestros padres supieran o sospecharan nada. Con el tiempo, decidimos juntos hacer nuestras vidas separados, por aquello del que dirán, yo casándome y el ennoviándose.
Claudia, mi esposa, era una chica muy dulce que congenió bien con Rafo, Norka, la novia de mi hermano, era una chica normal bastante apasionado de su profesión, la medicina. Ninguno de los dos hasta ese momento teníamos hijos, decidimos cuidarnos un tiempo.
Cada mes aproximadamente, buscábamos un punto de encuentro seguro y juntos nos trasladábamos a un departamento alquilado en las cercanías de la ciudad. Al llegar, no emitíamos sonido alguno, simplemente nos acariciábamos tiernamente.
Me gustaba acariciar su cuerpo sobre su ropa, su pecho, sus nalgas y sus piernas, como constatando que todo lo mío seguía en su lugar. Nos desnudábamos poco a poco jugando con nuestras manos hasta quedar completamente desnudos.
Rafo gustaba de besar mi cuerpo hasta llegar a mi pene. Lamía primero la cabecita y luego el largo del tronco, como reconociendo su privilegio de primer propietario, después lo introducía en su boca iniciando una mamada primero lenta y después algo rápido. Tan pronto me alborotaba un poco poniéndome bien tieso, intercambiamos la iniciativa.
Yo devoraba un poco sus tetillas, atormentándolo con mis mordiscos, lo que hacía prenderlo de inmediato, acariciaba su culo apretujando cada nalga y acariciaba sus muslos. Lo ponía de pie, de espaldas a mí, y acariciaba sus pechos con mi mano izquierda y su pija con la mano derecha. En fin era la misma historia de amor que vivíamos desde antes de tener nuestros respectivos compromisos y que aún a pesar de los años, prevalece tan firme como al comienzo.
Aunque sigo sin tener una certeza sobre lo que va a ser de nosotros después de todo lo que les he contado, sí puedo decir que me siento feliz de estar con el, con mi hermano, mi amor, mi amigo, mi amante.