Mi esposa y yo somos de Zacatelco, México, ella se llama Julia y yo Rafael, tenemos ya 9 años de matrimonio, aunque la historia que voy a contarles empezó cuando teníamos 2 años de casados. Nos hicimos novios en la universidad, como a los seis meses de noviazgo comenzamos a tener relaciones sexuales, nos casamos al año y medio ya que la embaracé. Yo fui su tercer novio de Julia, y el primero en cogérmela. Bueno a la historia. Tuve que viajar a la ciudad de México a realizar unos trámites de la empresa donde trabajo, Julia me acompañó. Optamos por alquilar un cuarto de hotel para dormir cerca de las oficinas donde haría los trámites ya que al día siguiente regresaría por............... los documentos. Solo viajamos ella y yo, mi hija se quedó con mi suegra. Después de hacer los trámites pasamos el resto del día paseando por la ciudad aprovechando la espera del día siguiente. Ya en el hotel, decidimos bañarnos antes de dormir. Yo tardo mucho en el baño, todo lo contrario a Julia, así que ella terminó primero la ducha y yo quede unos minutos más. Cuando cerré la regadera, y el ruido disminuyó, escuché una serie de quejidos y suspiros. Salí del baño dirigiendo mi vista hacia el televisor de donde provenían los sonidos. Era una película porno, aunque cueste trabajo creerlo, no había visto una película xxx con Julia. La razón: como muchos recién casados vivíamos con mis suegros, mi cuñada y dos cuñados. Así que nuestra privacidad era muy limitada. Julia estaba atenta a la película y sólo comentó: -¡mira eso!
Ahí me entró la duda si ella ya había visto este tipo de películas, por lo que se lo pregunté. Me respondió que una ocasión Eloísa, su hermana, aprovechando que se encontraban solas en casa, le dijo que una amiga le había prestado una película de esas, pero solo vieron el comienzo porque no tardaron en llegar sus hermanos. Ella me preguntó lo mismo, le dije que si había visto varias con mis amigos, pero desde que nos casamos ya no lo había hecho. Me acosté junto a ella, la abracé y me puse a ver la película. Ella estaba desnuda solo tenía la toalla de baño alrededor de su cuerpo y yo me encontraba solamente en calzoncillos. En la película se encontraba cogiendo una pareja en la sala, el tipo estaba sentado en el sofá y la chica lo cabalgaba frente a él. De repente se asoma el jardinero por una de las ventanas y los observa, éste comienza a masturbarse. Como en la mayoría de las películas porno, los tipos estaban bien dotados. Unos momentos después la chica se voltea para coger sentada sobre el tipo, quien seguía en la silla, dándole la espalda. Ahí se percata de que el jardinero está de mirón y lo llama haciendo señas con la mano. El jardinero se acerca a ellos, ella lo comienza a masturbar, sin dejar de coger al tipo sentado, y se mete el miembro del jardinero en la boca. Se lo mama hasta que él tipo se viene en su boca, casi inmediatamente el otro tipo se pone de pie y también termina en la boca de la chica.
Julia ya no continuó viendo la película, simplemente volteó hacia mí y comenzamos un agasajo tremendo. Ella estaba muy caliente. Metió su mano dentro de mi calzoncillo, ya encontró mi verga parada, comenzó a masturbarme vigorosamente. Me dijo que me quitara el calzón, cosa que obedecí de inmediato, y ella se desprendió de la toalla y se montó sobre mí. No había sentido tan caliente a mi mujer como esa vez. Mi verga entró con gran facilidad, estaba muy mojada. Tan pronto la penetré, ella suspiraba y jadeaba de una forma que no le conocía. Pensé que tal vez, como siempre cogíamos en nuestro cuarto en la casa de mis suegros, pues ella no podía hacerlo sin que fuera escuchada. Se vino muy rápido y no dejaba de moverse. La verdad es que yo también lo estaba disfrutando. ¡Que rica cogida nos estábamos dando! En eso me percate que las cortinas de la ventana de la habitación no estaban cerradas. Dado que ella estaba de espaldas a la ventana no podía darse cuenta. Le pedí que paráramos un poco.
*
¿Qué vas a hacer? – me preguntó.
*
Cerrar las cortinas– le respondí- están abiertas.
*
¡Déjalas! – me dijo presurosa- sigue cogiéndome.
*
No, nos vayan a ver y …..
*
No importa – me interrumpió, sin dejar de moverse
*
¿No te importa que nos vean? – le pregunté.
*
Ahorita no, estoy muy caliente – me dijo entre jadeos.
No puedo explicar la sensación que me produjo su respuesta. Pero no me molestó, no dije nada. La tomé de su cintura y continúe cogiéndomela con más fuerza. Mientras lo hacía, de vez en cuando miraba hacia la ventana, por esa preocupación de que alguien nos estuviera observando. Recordé que enfrente de nuestra habitación estaba un estacionamiento y luego un edificio de oficinas que tenía todas las luces apagadas por lo que a esa hora, difícilmente habría alguien mirándonos. El siguiente orgasmo de mi mujer me trajo otra vez a la acción. Ella recostó su pecho sobre el mío y nos dimos unos besos. Ella se seguía moviendo, aunque con menos intensidad, después de su orgasmo. -Ahora vente tú- me dijo, acercando su boca a mi oído. De esta forma también mi boca quedó cerca de su oreja. Le dije muy suavemente:
*
¿De veras no te importa si alguien nos está viendo?
*
No – respondió con voz muy baja. Lejos de molestarse sentí morbo.
*
¿En serio, no te importaría?
*
Creo que no…estoy muy caliente ahorita – fue su respuesta.
*
¿No te importa que te vean como te cojo?
*
No- respondió moviendo la cabeza negativamente. También note que el movimiento de su cadera comenzaba a aumentar.
*
¿No te importa que te vean como te entra y sale la verga? – ella continuo contestando que no, moviendo su cabeza y suspirando cada vez más. No tenía yo duda que la posibilidad de que alguien nos observara la estaba calentando otra vez y de paso a mí también.
¿Y si de verdad hay un hombre que nos mira?
*
No importa – respondió.
Yo llevé mis manos de su cintura a sus glúteos, desde ahí la ayudaba a que se moviera con más ganas.
*
¿Te calienta que te miren como te cojo?
*
Sí – respondió con voz apenas perceptible.
*
Entonces déjame abrirte las nalgas para que te vean por completo.
Mis manos separaron sus glúteos y así le daba unas metidas más fuertes. Ella fue incrementando también sus movimientos. Se sacaba toda mi verga y se dejaba caer con fuerza. En cada metida daba un quejido.
*
Ábreme toda… para que vean…. como me la metes!- me dijo entre suspiros y quejidos.
Yo le seguí bombeando más rápido. Sus palabras me calentaron muchísimo. Quedamos abrazados, ella con su pecho muy pegado al mío, levantando y dejando caer su cola para meterse mi verga con fuerza.
*
Si nos está viendo un hombre debe estarse masturbando– le dije muy cerca al oído.
Mis palabras provocaron algo en ella, porque sus movimientos fueron ahora acompañando de breves gritos. Ella parecía un volcán en erupción. Estaba cogiendo de forma espectacular y de paso me estaba haciendo disfrutar como nunca antes había sucedido. ¿Te calienta mucho pensar que un hombre se masturba mientras ve como te cojo?- le pregunté.
*
Sí – respondió.
*
¿Y si se le antoja cogerte?
Ella no habló nada. Sólo tenía los ojos cerrados y su respiración no podía ser más rápida. ¿Si te pidiera que lo masturbaras, lo harías? Ella siguió igual sin decir nada, pero el ritmo más rápido de su cogida me dio la respuesta. –Imagínate que lo estas masturbando – le dije. Ella seguía con sus ojos cerrados, los abrió un poco, y estaban completamente en blanco. Ella seguía gritando y suspirando.
*
¿Si ese hombre te pidiera que se la mamaras, lo harías?
*
No se…-por fin habló- …creo que eso no….
*
Entonces ¿nada más lo masturbarías?…
Ella movió su cabeza de forma afirmativa. ¿Lo masturbarías hasta que se viniera? Ella contesto de igual manera, dando un quejido profundo seguro que llegó la parte que desencadenó otro orgasmo. A mí también me calentó muchísimo imaginar que Julia masturbara a otro hombre y lo hiciera eyacular. Yo también me vine es ese momento. Los dos nos venimos de forma extraordinaria. Ahí nos quedamos abrazados en silencio y sonriendo por la cogida tan maravillosa que acabábamos de darnos. Ese fue el inicio de nuestra fantasía.
Después de esa ocasión regresamos a la rutina de nuestras relaciones sexuales un poco reprimidas por la falta de privacidad, hasta que conseguimos comprar una pequeña casa hace como tres años. Para este entonces mi mujer se había puesto más buena, ella era delgada, pero en estos últimos meses había ganado algo de peso poniéndose frondosa, con unas nalgas anchas. Julia es de estatura alta para el promedio de las mujeres de aquí (mide 1.60) un poco más bajita que yo (167) y tiene muy buena figura con cintura estrecha y cadera amplia. Se ve muy buena, sobre todo cuando usa pantalón. No es la súper belleza, pero si es muy atractiva. Sus tetas son grandes (usa copa 38 c) sobre todo sus pezones que son gruesos y muy oscuro al igual que sus areolas. Tiene el pelo largo que se lo tiñe de castaño, ella es morena clara. Como les contaba, nuestra nueva casa se encontraba dentro de un conjunto habitacional donde todas las casas eran pequeñas de dos pisos. Nuestra recamara tiene una ventana que da a la calle, y siempre tiene las cortinas abiertas porque enfrente esta la pared trasera de una bodega, así que no hay nadie que mire por ella. Una ocasión vinieron unos pintores para darle mantenimiento a la pared, para pintar la parte alta utilizaron una estructura de tubos. Ese día llegué a las 6:30 de la tarde, por ser verano, la luz del sol se mantiene cerca de las 8:00. Desde la ventana escuchamos los gritos de los pintores apresurando a otro para irse. Como no terminaron de pintar no quitaron la estructura, seguramente lo harían al día siguiente. El andamio de los pintores se podía ver desde donde estábamos acostados a través de la ventana, que esta frente a la cama por arriba del televisor.
La mayoría de las veces cuando llego de trabajar me acuesto a ver televisión en el cuarto, antes de cenar. Julia me dijo que tomaría un baño pues ese día hacía mucho calor. Julia regresó del baño sin bata, sólo con una tanga de hilo dental y una toalla enredada en el cabello. Sus tetas estaban erectas. Ella se sentó en la cama a untarse crema frente a la ventana. Me llamó la atención porque siempre y lo hace en la cama del lado en que ella duerme. No le di mucha importancia. Como aún había claridad, serían como las 7:00, le dije a Julia que si alguien subía a ese andamio la vería y quizá debíamos cerrar las cortinas. –Así déjalas – me respondió - no creo que alguien se suba ahí. Tenía razón, difícilmente alguien se subiría pues casi nadie transita esa calle.
Fui a bañarme y al regresar note que contrario a otras veces, que generalmente la encuentro acostada cubierta con las sábanas, esta vez Julia estaba viendo la televisión semi-acostada con sus piernas ligeramente encogidas pero abiertas más de lo normal. Aun tenía la toalla en el pelo. – ¡Que calor hace! – dijo para justificar porque no se había cubierto. Me puse a ver la televisión con ella. Mientras veíamos la televisión ella me dijo. – Que bueno que ya se fueron los pintores, sino yo no podría estar así – dijo refiriéndose a su desnudez casi total y posición en que estaba – para soportar el calor.
*
Tienes razón- le contesté – ni yo te iba a poder coger con la ventana abierta.
Ella rió de forma picaresca. Me acosté junto a ella y comencé a acariciar la parte interior de su muslo acercándome a su conchita. En unos momentos la punta de mis dedos recorría su sexo por encima de su tanga.
*
¿No te da temor que regrese algún pintor y vea como te estoy acariciando tu conchita? – le pregunté.
*
No va a regresar nadie – me respondió.
*
Pero no te pregunté si alguien va a regresar, sino que si te preocupa que algún pintor pudiera vernos.
Su respuesta fue pegar su boca a la mía y comenzar un rico faje. Yo continúe acariciando su conchita con más fuerza. Después de unos besos salvajes. Separé mi boca de sus labios y le dije en su oído: - Imagínate que un pintor nos estuviera viendo, seguramente se le antojaría ver tu conchita.
*
¿Tú crees? – me preguntó con voz cachonda.
*
Por supuesto, quien no quisiera ver el panochón que tienes.
Le respondí al momento que mi mano hacía a un lado su tanga para dejar su sexo descubierto, Julia abrió más sus piernas. Continuamos con nuestro faje. Después le dije que lo mejor sería que yo le quitará la tanga para que no estorbará. Ella ayudó levantando su cadera y sacando sus piernas. Sentí con mis dedos su concha como estaba escurriendo de tan mojada.
*
Deja tus piernas abiertas para que te vea bien el pintor – le dije mientras le besaba su cuello. ¿Te calienta que te vean tu panochita mojada?
*
Sí – respondió - mucho… me calienta mucho.
Volvimos a besarnos. Yo tomé una de sus tetas en mis manos y se la acariciaba. Volví a hablar en su oído: - Deberías de masturbarte para que vea como te metes el dedo.
Ella obedeció. Sin dejar de besarme ella comenzó a acariciar su concha. Después poco a poco fue introduciendo su dedo hasta meterlo todo. Se masturbaba despacio, manteniendo sus piernas completamente abiertas. Ella introducía su dedo medio completamente dentro de su vagina, descansando parte de su mano sobre su clítoris. Comenzó a dar pequeños quejidos. Le pregunté que si le calentaba sentirse observada mientras se masturbaba. Me dijo que sí. Me alejé un poco de ella para observar cómo se dedeaba. Me desvestí y también comencé masturbarme viendo a Julia. Me calentaba mucho ver a mi mujer así. Me arrodillé sobre la cama y llevé mi verga junto a su boca. Le dije: ahora que te vea el pintor como la mamas. Julia lo hizo sin chistar. Se metió la mitad de mi verga en su boca, mamándola suavemente. Fue aumentando la fuerza y velocidad de su mamada, al igual que su dedo entraba y salía de su panocha, con su otra mano apretaba una de sus tetas. Su cuerpo se retorcía y justo antes de venirse, me dijo: - Cógeme, ya no aguanto. ¡Métemela!.
Normalmente comenzamos a coger en la posición de misionero. Así que hice el intento de meterme entre sus piernas. Ella me detuvo, me dijo que ella quería estar arriba. Yo obedecí, comprendiendo que ella quería estar de espaldas a la ventana.
-¿Quieres que vea como te cojo? – refiriéndome a nuestro mirón imaginario.
- Sí – respondió rapidísimo – abre mis nalgas para que vea bien como me la metes.
Sus palabras aumentaron mi calentura. Ella se dejó caer sobre mi palo, y yo inmediatamente llevé mis manos a sus glúteos para separarlos. Ahí nuevamente caímos otra vez en la fantasía de que alguien nos estuviera observando. Era evidente que imaginar esto trastornaba a Julia. Le pedí parar de coger un momento. Ella no quería salirse pues estaba muy caliente. Le dije que había alguien en la ventana, era mentira por supuesto, ella se detuvo sorprendida. En ese momento me levanté y fui hacía la ventana. - Imagínate que soy uno de los pintores – le dije- que me estoy masturbando viendo cómo te cogen. Julia miraba como me estaba masturbando.
*
Ven –le dije- mastúrbame tú.
Ella se levantó y se dirigió sin titubeos hacía mi. Se sentó de cuclillas y comenzó a masturbarme, a los pocos segundos ella también se estaba metiendo el dedo en su panocha.
– Te vi como se la mamabas a tu marido – seguí fingiendo ser el pintor ficticio– mámamela igual que a él.
Julia tomó mi verga con firmeza y se la llevó a la boca. La empezó a besar y a mamarla muy despacio, la lamía desde la base de los huevos hasta la punta y luego le daba unas chupadas fuertes. Puso su lengua debajo de mis huevos y me lamía ahí mientras me masturbaba con su mano. Después volvía a meterla en su boca lo más profundo posible, sacándola poco a poco, apretándola con sus labios y jugueteando con su lengua sobre la cabecita. Era increíble la forma como me la estaba mamando. Me puso la verga tan parada como nunca antes. Me dieron unas ganas tremendas de cogérmela. – Déjame cogerte – le dije con la misma pretensión – te la quiero meter igual que tu marido.
Ella se levantó sin decir nada, giró su cuerpo hacia la cama, dio unos pasos para estar cerca de la cama. Estando de pie, recostó su cabeza de lado sobre el colchón en medio de sus brazos. Separó sus piernas y se paró sobre las puntas de sus pies, levantó su cola lo más que pudo y esperó ser penetrada. Me acerqué, separé un poco sus glúteos y le encajé mi miembro hasta el fondo. Julia dio un quejido cuando la penetre. Los dos comenzamos a movernos como desesperados. Ella se vino casi inmediatamente. No dejaba de suspirar y quejarse. Recargue mi pecho sobre su espalda y con mis manos tomé sus dos tetas. En medio de su venida le pregunté:
-¿Te cojo igual que tu marido?
- Sí – respondió- igual… cógeme recio.
Sus palabras me enloquecieron de lujuria, ella se sentía penetrada por otro hombre. Se la metí con tanta fuerza que sus piernas no resistieron y cayó sobre la cama, yo encima de ella. No deje de moverme, la penetraba con saña. Ella empezó a hablar: - ¡Me estoy viniendo! ¡Dame más duro! – y continuo hablando pidiendo más.
Yo puse toda la fuerza que podía. Escucharla así me hizo tener una eyaculación fuerte. – ¡Me voy a venir! – le dije- ¿te los echo dentro igual que tu marido?
*
Sí – fue su respuesta – lléname toda de tus mocos, que también me estoy viniendo.
Le aventé una cantidad de leche que no recuerdo haberlo hecho así en mucho tiempo. Los dos gemimos por el tremendo orgasmo. Ella se quedó inmóvil aunque su cuerpo se sacudía por su orgasmo. Quedé unos segundos sobre ella después de terminar de venirme, pues estaba exhausto.
Nos quedamos los dos sobre la cama, con las piernas fuera de ella. Me miró sonriente y dijo:
*
¡Ay mi amor! – dijo Julia – que cogidita nos pegamos.
*
¿Cogidita?
*
Bueno es un decir – replicó.
*
¿Te calienta mucho pensar que nos ven coger, verdad?
*
Sí, creo que sí.
*
¿Qué pasaría si alguien nos viera realmente?
*
¡No sé! – dijo ella – realmente no sé. ¿Tú lo permitirías?
La verdad es que tampoco lo sabía. Seguimos hablando sobre el tema. Reconociendo que era una fantasía que descubrimos juntos, pero veíamos lejano que se pudiera hacer realidad. Con cierta frecuencia recurrimos a esa fantasía en nuestra casa. Jamás imaginamos que pudiéramos concretar una experiencia real que superó nuestra fantasía.
Resulta que tuvimos que ir a un curso de la compañía a Guadalajara. De Tlaxcala fui yo y de Hidalgo un colega que se llama César. Julia pidió permiso a su trabajo para acompañarme. César fue solo pues su esposa no pudo acompañarlo. Estuve de tiempo completo en el seminario, así que ella anduvo sola paseando en Guadalajara esos días. La intensidad del seminario requería que por las noches leyera documentos y fue tal la cantidad que la verdad desde el lunes de esa semana no habíamos cogido. Por la noche Julia intentó tener acción pero tuve que decirle que estaba muy ocupado pero que cuando terminara el seminario le daría su ración doble.
Por fin el viernes llegó y con ello se acabó también el trabajo. Julia me dijo que esa noche sí cogeríamos, El seminario terminó como a las 19:00 y ofrecieron un coctel a las 21:00 en el mismo hotel. La mayoría de los participantes llevaron a sus parejas, cosa que también yo hice. Julia se puso de vestido largo y se veía muy elegante. Ahí cenamos y dado que se acabó la presión del trabajo, decidimos tomar algunas copas. Debo decirles que Julia casi no toma, pero cuando lo hace, es muy fácil de calentarse. Al no conocer mucha gente ahí, estuvimos echando la copa y conversando con César. Cerca de la media noche ella sugirió que fuéramos a bailar o hacer otra cosa a otro lado. Yo le respondí muy rápido insinuando doble sentido en mis palabras: -Yo prefiero "otra cosa". Julia dijo que estaba de acuerdo. Todos reímos e hicimos más bromas al respecto. Las copas nos habían puesto muy relajados. Salimos del lugar sin saber exactamente a donde ir. Decidimos tomar un taxi y ver si el chofer sugería algún lugar. Eso hicimos. El taxista nos sugirió diferentes discotecas y bares. Julia le pidió un lugar especial, sus palabras textuales fueron: "algo que nos prenda para llegar al hotel a desquitarnos". Quien sabe que haya pensado el César de nosotros. El taxista recordó que recién habían inaugurado un ‘Table dance’ y que según sabía era un buen lugar. Nos miramos los tres sin saber que decir. César dijo nunca haber ido a un sitio de esos, cosa que lo creí, siendo interrumpido por Julia: -Yo tampoco, pero creo que debo de aprovechar la oportunidad para hacerlo, puesto que voy acompañada de mi marido. Así lo hicimos.
Cuando llegamos al lugar este se encontraba casi lleno. Tuvimos que esperar para que nos sentaran; Julia y yo no éramos la única pareja, bueno al menos pensamos que las mujeres que no estaban semidesnudas no trabajaban ahí. Nos sentaron junto a una mesa donde había tres tipos mayores de edad. En la pista de baile una mujer se desprendió de su ropa, tomando posiciones muy eróticas frente a los espectadores. Cuando estuvo desnuda, sentó en el centro a unos de los clientes. Unos asistentes amarraron al tipo a la silla. La bailarina, buenísima por cierto, le bailó muy sensualmente y se sentó en sus muslos. Después le bajó los pantalones al tipo e volvió a sentarse restregando sus nalgas al miembro del tipo. Finalmente le bajó un poco el calzón y repitió el restregón. Unos minutos después, llegó una bailarina para hacer su trabajo con uno de los tipos de la mesa vecina. Julia casi no disimulaba para ver lo que la chica hacía. César y yo, no atinábamos decir algo, nada mas echábamos taco de ojo con tantas mujeres hermosas semidesnudas en el lugar. La chica de al lado tenía una tanga minúscula, casi desnuda, en varias ocasiones acarició el miembro del tipo por encima de su pantalón, con la evidente intensión de calentarlo. Al terminar la melodía del lugar, ella se retiró llevándose de la mano al tipo. Nosotros seguimos tomando la copa y cambiando impresiones. Pude observar como Julia se iba relajando más de lo normal se veía contenta. Hacía muchas bromas relacionadas al sexo y al trabajo de las bailarinas. Después de un buen rato de estar ahí, Julia se levantó para ir al baño. La acompañé. Cuando regresábamos a la mesa, vimos a una bailarina y su pareja entrar a un cuarto, casi en seguida otra pareja entró también. Julia y yo nos miramos, sin decir nada, los seguimos. Dentro de ese cuarto la había muy poca iluminación. En cuanto nos habituamos a la oscuridad, notamos que había varias mujeres bailando o frotando su cuerpo sobre los clientes, la mayoría completamente desnudas. También vimos que algunas los masturbaban y una hasta estaba haciendo sexo oral a uno de ellos. Julia apretó mi mano con fuerza, llamando mi atención a lo que pasaba ahí. Nos quedamos un rato ahí hasta que ella pegó su boca a mi oreja y me dijo: Mira a esa – refiriéndose a una bailarina- está masturbando a dos hombres. Era cierto se veía que eso hacía.
*
¿No te gustaría hacer lo mismo? -Le pregunté, no respondió.
¿No te gustaría estar en el lugar de la chica? - Insistí.
*
No creo que me atrevería hacerlo delante de tanta gente – fue su respuesta.
*
¿En privado si lo harías?
Solo respondió que ya era tiempo de salir, que ya había visto más de lo que esperaba. Su respiración que era lo único que yo podía percibir su rapidez y fuerza dejaban ver su excitación. – Estoy muy caliente - me dijo al oído – necesito que me cojas.
- ¿Aquí?
– Donde tú quieras - fue su respuesta.
Salimos del lugar y todo el trayecto al hotel hicimos bromas sobre el table. Julia seguía respirando rápido, no había duda que lo que había visto la calentó mucho. Incluso en medio de las bromas, ella me acarició varias veces el miembro con su mano, cosa que no pasó desapercibida por César, pero no dijo nada. Estábamos muy animados los tres. Cuando íbamos en el elevador, Julia propuso que tomáramos unos últimos tragos en nuestro cuarto. Así lo hicimos.
Todos estábamos eufóricos, continuamos conversando sobre el ‘table’ en eso Julia dijo que ella podía bailar igual o mejor que las chicas de allá. Yo la reté a que no las superaba. –Nada más porque me da pena por él–refiriéndose César– sino ya lo verías. A lo que él contestó que después de lo que vimos en el centro nocturno ya nada la sorprendería, es más dijo yo seré el juez calificador. Entones Julia se levantó, fue a su maleta tomó algunas cosas y entró al baño. Antes de salir me pidió apagar las luces y dejar encendidas solo las lámparas de los buros de la cama. Eso hice. Fui a sentarme junto a César en el sofá. Ella salió con el pelo suelto y despeinado, con una de mis camisas con las mangas arremangadas hasta arriba de su codo, estaba sin abotonar y amarrada por debajo de sus tetas. Era evidente que no tenía sostén. A una de sus faldas le hizo dobleces en la cintura para que quedara muy corta y se puso las zapatillas con tacón más alto. De verdad que parecía una ‘teibolera’. Nos quedamos asombrados. Ella salió haciendo movimientos de baile eróticos. Le aplaudimos y festejamos su look. Siguió bailando aunque a decir verdad estaba lejos de hacerlo como las bailarinas, pero le ponía ganas. Tomó una de sillas y la puso enfrente de nosotros. Usando la silla como apoyo se puso a bailar con poses muy eróticas. Cuando nos dio la espalda y se agachó un poco, creí ver que no tenía panty, aunque después que levantó su falda me di cuenta que tenía una tanga de hilo dental minúscula. Mi asombro fue mayor cuando se agachó más de lo esperado nos enseño sus nalgas por completo. César debió verle su culo tan sabroso porque casi se le salían los ojos.
En eso Julia me tomó de la mano ubicándome en la silla. Siguió contorneándose pegando su cuerpo al mío. Se sentó sobre mis piernas restregando sus nalgas a mi entrepierna, tal como lo hicieron las bailarinas del table. Después de volteó hacia mí, abrió con sus manos su camisa y metió mi cara dentro de sus tetas tallándolas contra mi rostro, como no tenía sostén pude sentir sus pezones completamente duros y erectos. Se levantó, tomó mi mano y estiró la otra pidiendo la mano de César, él un tanto confundido estiró su mano. Julia nos cambió de asiento. César se sentó en la silla, ella abrió las piernas de César y colocó sus nalgas entre ellas encima de su miembro. César la tomó de sus caderas, sin decir nada. Seguramente tenía la verga parada, porque al sentarse Julia cerró levemente sus ojos y movió sus nalgas sobre ella. Me excitó verla hacer eso. Para que César no pensara que yo me molestaría, le aplaudía a Julia y le decía que de veras era buena teibolera. Unos momentos después, César con el rostro muy rojo, detuvo a Julia, yo creo que lo puso al máximo, y dijo estar de acuerdo en que lo hacía bien, que como juez le daba 10. Julia se levantó diciendo que todavía faltaba más. Julia se puso frente a él y abrió la camisa, se acercó poniendo sus tetas sobre su cara, tal como lo había hecho conmigo. Julia tomó con sus manos la nuca de él y la apretó contra su pecho. César la tomó de la cintura y su cara hacía movimientos circulares. Julia cerró sus ojos y apretó con más fuerza su pecho hacía él. Cuando ella se retiró, una de sus tetas quedó fuera de la camisa, con el pezón lleno de saliva. César le había mamado su teta. Julia dejó su teta fuera, fue directo hacía mí, su rostro dejaba ver un estado de excitación máximo. Se paró frente a mí y lentamente se desprendió de su falda. La aventó sobre César. Creo que eso fue clave para que él comprendiera que ella quería llegar a más.
Julia se puso en medio de nosotros, bailando se despojó de la camisa. Sus grandes tetas quedaron al aire balanceándose con sus pezones turgentes, quedo únicamente con su tanga. Ella se dirigió a mí, se volteó lentamente, acarició mi miembro por encima de mi pantalón y se sentó él. Pegó su espalda a mi pecho, quedando mi boca junto a su cuello. Teniendo su oído muy cerca le pregunté:
*
¿Te chupó tus tetas?
*
Mmmjmm – fue su respuesta.
*
¿La tenía parada César?
*
Mmjjm
*
¿Quieres que te coja yo aquí frente a él?
*
Mmjjm – respondió de igual manera.
Julia continuó con sus movimientos eróticos. Abrió sus piernas con la intensión de que César le viera ahí. Yo adiviné sus intensiones. Pasé uno de mis brazos por debajo de su axila y tomé sus tetas en mis manos masajeándoselas y ella, apoyándose con sus manos sobre mis rodillas, continuaba restregando su culo sobre mi miembro. César ni pestañeaba viendo a Julia. Luego dirigí una de mis manos hacía la parte del frente de su tanga y con las puntas de mis dedos le di un pequeño masaje. Ella se retorció, cayó sobre mí y pegó su espalda a mi pecho abriendo más las piernas. Le comencé a dar unos pequeños besos en su cuello, y a introducir mi mano por debajo de su tanga. Ella abrió otro poco más sus piernas. Mi mano entró toda por debajo de su tanga. ¡Que bruta! ¡Estaba muy mojada! Tres de mis dedos prácticamente se hundieron en su vagina. Estaba muy resbalosa. Yo saqué mi mano y tome el otro lado de la tanga y lo jalé dejando su sexo descubierto. César casi pegó un brinco cuando vio lo que hice. Mi dedo entró en la vagina de Julia acompañado de un dedo de ella. Lo que hice fue mantener jalada su tanga con mi mano, y le dije en su oído suavemente: -Querías que te vieran masturbándote, ahora es tu oportunidad. Julia no dijo nada. Solo arqueó su cuerpo y empezó a mover su mano más rápido. Yo no podía ver bien, pero era obvio que se estaba dedeando. César no despegaba sus ojos del sexo de Julia, y mantenía sus piernas cruzadas apretándose el pene. –Ay mi amor – dijo Julia – me voy a veniiiiir….Apenas y terminó de decirlo su orgasmo apareció haciendo temblar su cuerpo. Yo apreté más fuerte sus tetas con una mano y con la otra abrí lo más que pude su tanga para que no le estorbara a su mano. Ella ya no pudo contenerse gimió largamente durante su orgasmo. Luego de unos segundos, cuando lo más fuerte de su venida pasó, se levantó y con voz muy -cachonda me dijo: - cógeme.
Yo procedí a bajar mis pantalones y calzón rapidísimo. Ignorando a César, ella hizo su tanga a un lado y se montó quedando frente a mí, comenzamos a coger sin importar la presencia de él. Ella estaba de espaldas a él, así que no veía que César se estaba apretando muy fuerte el miembro con la mano. Yo bajé un poco mi cadera, para que ella pudiera inclinarse más. Le dije que ahora nos estaban viendo coger. Ella llevó sus manos a sus nalgas y las separó. Estaba nuevamente hecho un volcán. – Vas a hacer que César se masturbe- le dije a su oído, lo cual casi era cierto. César ya tenía su mano tallando muy fuerte su verga por encima del pantalón. Julia recargó su rostro en mi hombro y daba muchos quejidos. Yo le dije más fuerte con la intensión de que César escuchara: -Vas a hacer que César se masturbe- ella no dejaba de moverse. Unos momentos más tarde César tenía en su mano su verga chaqueteándosela. Yo continué diciéndole palabras en su oído, enfatizando en lo caliente que me ponía tenerla así. César continuaba masturbándose ya sin reparo alguno. Yo le comenté a ella: - se está masturbando, deberías de ayudarle. Ella volteó un tanto incrédula, pero al ver que era cierto, se volteó hacía mi y continuó cogiendo con más ganas. –¿No quieres ayudarlo- le pregunté. Ella movió su cabeza afirmativamente. ¡Adelante! - le dije. Ella volteó hacía él diciéndole: - Ven, déjame ayudarte.
Pude ver la cara de asombro de César que temeroso camino hacia nosotros - ganó más la calentura que el temor – y se paró junto a Julia con los pantalones caídos en los pies. Julia, sin sacarse mi verga, tomó el miembro en sus manos y lo masturbó suavemente. Él puso sus manos en su cintura y hacía su cuerpo hacía adelante para facilitar la acción de Julia. Después de un rato, otro orgasmo de Julia se presentó, lo supe por los gemidos característicos que ella hace y por la forma como ella lo masturbaba. Ella no dejaba de ver como masturbaba a César, en lo más fuerte de sus gemidos yo puse mi mano en su cabeza y la empuje para acercara su cara a la verga. Ella casi no opuso resistencia, conforme su cara se acercó la verga ella abrió la boca y se introdujo casi todo el miembro. La verga de César no era muy grande por eso cupo casi toda en la boca. Julia estaba como loca cogiendo y mamando palo. Sentí que yo iba a explotar de tan caliente que me puse. Su vagina se contraía intensamente y sus gemidos eran irregulares porque tenía su boca ocupada. De repente César quitó la boca de Julia y se masturbó rápidamente. Comenzó a venirse. Sus espermas rebotaron en el hombro de Julia. Ella comenzó a moverse desesperada gimiendo. Toda esta situación fue suficiente simplemente indescriptible. Cuando yo sentí, mi eyaculación también llegó. Le tiré la leche con ganas. Ella no dejaba de moverse tratando de exprimir por completo mi palo. Los últimos borbotones de mi venida llegaron cuando ella dejó de moverse.
Yo también estaba que no podía siquiera pensar algo. César levantando sus pantalones. Me dijo: Disculpa, no pensé que fuera a ocurrir esto e hizo por salir de la habitación. Julia se me quedó viendo esperando ver que yo dijera algo. Yo sabía que ella seguía caliente. Si te quieres quedar- le dije- creo que Julia todavía no está satisfecha.
Eso lo hizo desistir de salir la habitación. Miró a Julia, ella le dijo: Si te quieres quedar otro rato no hay problema- le dijo mientras se quitaba la tanga.
César se detuvo. Quedó observando la desnudez de Julia. Ella sin recato alguno se sentó en el sofá con las piernas abiertas. Él caminó hacia ella y se bajó nuevamente los pantalones a las rodillas. Su verga se veía semierecta. Julia tomó con su mano el miembro de César para reanimarlo, en tanto, yo me desprendí por completo de mi ropa. Me paré junto a ella para que también me masturbara. Ella agarró las dos vergas masturbándolas simultáneamente.
- Hazle con la boca – le dije a Julia.
Ella obedeció, comenzó a mamármela hasta ponerla dura. Hizo lo mismo con César, a las pocas mamadas su verga se paró por completo. Ella continúo masturbando y mamando alternadamente nuestros miembros. César masajeaba una de las tetas de Julia. Llegó el momento que ella se levantó y le dijo a César que se sentara en el sofá, él obedeció de inmediato. Ella se colocó de frente a él, puso sus rodillas por fuera de los muslos de César, ella tomo la verga con su mano y se la acomodó en la entrada de su vagina, se dejó caer metiéndose todo el miembro de un jalón.
*
Cógeme – le dijo- como me coge mi marido…
César bajó un poco sus caderas para que Julia pudiera moverse mejor. La tomó de las tetas y las jaló hacia él para mamárselas. Yo fui a sentarme a la silla para quedar frente a ellos. Veía claramente como entraba y salía la verga del sexo de mi mujer. Julia comenzó a gemir y a retorcer su cuerpo. Julia se vino una y otra vez. Mi palo estaba durísimo, continúe masturbándome mientras veía como se cogían a mi mujer. Ella se levantaba y dejaba caer sobre el palo a una velocidad increíble. Volteó hacia mí preguntando:
*
¿Ves como me coge igual que tú?
Le contesté moviendo mi cabeza. Al ver, ella, que me estaba masturbando, me dijo que me acercara para darme ayuda. Me pare junto ella, me masturbó y poco después me pidió subirme al sofá para mamar mi verga. Ella lograba mamármela sin salirse de él. Me vine en la boca de ella. Julia trató de beber mi semen, aunque no logró tomarlos todos. César dijo que se iba a venir. Julia se salió y comenzó a masturbarlo diciendo que quería ver como aventaba su leche. Cuando César se vino, ella lo masturbó con más fuerza, él jaló la cabeza de Julia para que se la metiera en la boca. Ella se dejó hacer dándole unas chupadas muy fuertes a su verga. Descansamos un poco y después de unos minutos comenzamos nuevamente a cogernos a mi mujer intercambiáramos lugares y posiciones. Así lo hicimos esa noche hasta quedar agotados. Cuando despertamos César ya se había retirado de la habitación. Julia y yo nos abrazamos y sonreímos, diciendo que quizá había sido solo un sueño. Esa fue nuestra primera experiencia. En otra ocasión les contaremos lo que pasó en mi casa.