Don Alejandro un anciano flaco, Tenía 70 años y su esposa, , Doña Marta de 65 años, una viejita muy gordita y pequeñita, pero cariñosa, motivado a que sus hijos ya estaban casados y vivían en otras ciudades, ellos para su diversión y sustento se mantenían con una pequeña bodega, la cual era atendida por ellos mismos y la cual tenían en su misma residencia.
Terminada la jornada del día ya el cansancio comenzó a hacerles efecto. Eran apenas las 10 de la noche pero sus cuerpos pedían irse a descansar, así que enseguida el.............. sueño se apoderó de ellos con rapidez.
Sería la 2 de la madrugada cuando 3 hombres se introdujeron por el techo de la bodega con la intención de robar. Muy pronto unos golpes despertaron a Don Alejandro. Este se levantó y abrió la puerta de la habitación.
Nada más abrir la puerta, una pistola se colocó sobre su frente y sin que pudiera pronunciar palabra, fue obligado a salir de la habitación. En ese momento se dio cuenta de la situación. Tres encapuchados inmensos estaban dentro de su casa.
Siempre a punta de pistola, le acercaron a una silla y le ataron con las manos a la espalda a la silla
Estaban aún atando a Don Alejandro cuando Doña Marta, que también se había despertado, asomó la cabeza fuera de la habitación. De inmediato corrió la misma suerte y encañonada fue llevada a otra silla junto a su marido, atándola del mismo modo.
Fue Doña Marta la primera que habló y muy asustada dijo: Por favor, no nos hagan daño, llévense lo que quieran, no tenemos mucho pero no nos hagan nada.
Los 3 hombres se miraron y comenzaron a reírse abiertamente. La estampa que se presenciaba era patética. Don Alejandro atado y con gesto de pánico, mientras su esposa, también atada y descalza, vestida con una bata blanca larga que le cubría hasta medio muslo y únicamente debajo sus pantaletas que quedaban ocultas por la bata.
Bueno, vamos a ver, ¿qué tienen estos viejitos que podamos llevarnos? dijo uno de ellos.
En la mesita de noche está el dinero. No tenemos más cosas. Cójanlo y suéltennos, por favor. Hablo Don Alejandro.
Dos de los hombres entraron en la habitación mientras Don Alejandro y Doña Marta se miraron pensando: Con un poco de suerte ya estaba por pasar el gran susto.
Pero estaban equivocados. Al momento aparecieron aquellos hombres, con el dinero y dijeron:
Bueno, vamos a divertirnos un poco - dijo uno de los hombres.
Agarró a Doña Marta por los pelos y le preguntó.
Cuantos maridos haz tenido aparte de tu esposo. ¡¡Contesta, rápido!!
La viejita temblando de miedo le contestó.
Solo Alejandro es el único.
Todos rieron abiertamente de la respuesta de la viejita.
Alejandro se llama este viejito, bueno ahora le toca ver como gozas con tres pollas enormes viejita ja,ja,ja
Finalmente uno de los hombres, mirando a Doña Marta, dijo:
Bueno viejita, necesitamos diversión y hoy te toca a ti.
Uno de los hombres se levantó y agarró a Doña Marta por el pelo, haciéndola ponerse de pie, con los tobillos aun esposados.
El hombre se pudo detrás de ella y agarrándola la bata larga que le llegaba hasta la mitad de sus muslos, comenzó a subírsela.
Doña Marta al principio intentó tímidamente sujetar con sus manos la bata pero, por miedo, no puso mucho empeño.
El hombre la levantó la bata hasta la altura del ombligo enseñando a los otros dos hombres las pantaletas blancas de la viejita.
Y dejándola así, se sentó junto a los demás mirándola.
Queremos que te vayas desnudando tu solita. Venga, súbete más esa bata.
Doña Marta estaba paralizada de miedo y ni se movía.
Obedece !!!!, grito uno de ellos
Entonces, uno de ellos se levantó y se acercó a don Alejandro. le dio un fuerte tirón por el pelo, quedándose en las manos con un buen matojo de pelo, a la vez que el anciano dio un enorme alarido de dolor.
Se acercó a Doña Marta y tirándola los pelos a la cara la dijo:
O haces lo que te decimos o la próxima vez será peor
La viejita rompió a llorar y empezó a levantarse la bata pero al llegar a sus pechos, la vergüenza le hizo detenerse de nuevo. Aquello suponía enseñar sus pechos, que hasta ahora solo su esposo había visto, a aquellos tres hombres delante de su propio esposo que contemplaba todo horrorizado.
Esto hizo perder la paciencia a aquellos sádicos que se abalanzaron sobre su esposo y se oyó un enorme grito. Le habían cortado una oreja y, aún goteando sangre, se la mostraron ante su cara a Doña Marta, mientras don Alejandro no paraba de llorar angustiosamente.
Quítate la bata maldita vieja, volvieron a repetir los hombres
Ahora si que Doña Marta empezó a levantar su bata y sacándola por su cabeza, se cubrió con ella en las manos sus caídos pero grandes pechos.
De un tirón, arrancaron la bata de las manos de Doña Marta, que seguía tapando sus grandes tetas con sus manos.
Don Alejandro perdió los nervios y comenzó a gritar. La visión de su mujer siendo despojada de sus ropas, le habían hecho enloquecer y gritaba desesperado que dejaran a su esposa en paz. Uno de los hombres se acercó a él y propinándole un fuerte puñetazo en el estómago, le hicieron callar a la vez que perder la respiración. Volviendo frente a la viejita, le ordenaron:
Quita las manos de ahí !!!. Queremos ver tus tetas, dijeron riendo.
Doña Marta, presa del pánico, quitó temblorosamente las manos de las tetas, juntando sus manos delante de su ombligo, mientras sus lágrimas corrían por su cara.
Los 3 hombres estuvieron un rato manoseando y mordisqueando sus pezones hasta que se aburrieron. Entonces volvieron atrás, se sentaron en los sofás y la ordenaron:
Date la vuelta.
Doña Marta, se giró quedando de espaldas a aquellos hombres. Incluso se sintió aliviada al perderlos de vista, pero entonces volvieron a decir:
Ahora ve bajándote las pantaletas lentamente.
Como Doña Marta no hizo la mínima intención de empezar, uno de los hombre cogió un palo de escoba que allí había y propinó un enorme palo a la viejita en su trasero, que emitió un enorme alarido a la vez que con sus manos se tocaba su culote dolorido por encima de sus pantaletas.
Ante la amenaza de recibir otro palazo, comenzó a tirar del elástico de su pantaletas hacia abajo.
Muy lentamente fue bajando su pantaletas hasta dejar al descubierto su arrugado culote y mientras los 3 hombres lo celebraban riéndose de ella. Llegando a ese punto, Doña Marta se paró y uno de los hombres se levantó y agarrando sus pantaletas se las bajó más, dejándolas un poco por encima de sus rodillas y, aprovechando también la ocasión para tocarla y pellizcarla su trasero.
El hombre volvió a sentarse en el sofá junto a los otros dos, detrás de la viejita que seguía de pie y de espaldas con sus pantaletas bajadas.
Ahora pon tus manos sobre la cabeza, la ordenaron.
Ella, lentamente obedeció la orden.
Y ahora, date la vuelta, queremos ver tu vagina.
La viejita, ya desesperada, empezó a girarse y con enormes sollozos y sus manos sobre su cabeza, dejó ver sus bellos, mientras mantenía sus piernas lo más juntas que podía, amarradas aún por sus tobillos esposados.
Los tres hombres se abalanzaron sobre ella, quitaron las esposas de sus pies y se las pusieron en sus manos y manosearon todo su cuerpo.
Uno de ellos mientras le pellizcaba las nalgas le pregunto que si lo había hecho por el culito alguna vez.
Ella suplicó que por ahí no.
Todos reían de la respuesta de la viejita.
Luego la colocaron en el sofá y la hicieron inclinar su espalda hasta que su culito quedó en pompa. Enseguida empezó a notar como un dedo presionaba su entrada trasera y pronto como estaba dentro de ella. Sin tardar mucho, una enorme polla estaba intentando taladrar aquel agujerito.
Doña Marta había dejado ya de suplicar y de su boca sólo salían gritos de dolor y llantos. Las únicas palabras que se oían eran las súplicas de su esposo que atado contemplaba toda la escena.
Los esfuerzos del hombre para introducírsela eran en vano. Su culito era muy estrechito, pero insistía una y otra vez. Los chillidos de Doña Marta eran desgarradores. Por fin, el inicio de su polla había conseguido entrar y ya fue más fácil abrirse camino a la vez que el ano de Doña Marta se desgarraba y la sangre empezaba a gotear. Pero el hombre no se cortó y entraba y salía violentamente de aquel culito virgen al son de los gritos de la viejita.
Cuando terminó de taladrar su culo y satisfecho habiéndose corrido dentro, se retiró y dejó vía libre a sus dos compañeros, uno de ellos se dispuso a penetrar también su culito.
No le fue difícil a aquel hombre situarse entre sus nalgas e introducir el dedo en su agujerito, provocando una mueca de terror en Doña Marta. Durante un rato penetró con sus dedos. La cara de Doña Marta mostraba muy a las claras como quería morirse ante lo que estaba pasando.
Pero enseguida, la enorme polla estaba iniciando su entrada en su culito. También violentamente fue penetrada y de dos fuertes empujones, aquel hombre rompió su esfínter y la perforó a fondo. Doña Marta volvía a llorar desesperada mientras el hombre entraba y salía de ella, hasta que depositó su leche dentro de su culo.
Pero aún quedaba el otro hombre, quien la volvió a penetrar con fuerza por el culo, hasta que tras más de 5 minutos de follarla, descargó también dentro.
Doña Marta estaba destrozada, tanto física como psíquicamente. Los hombres empezaron a vestirse y procedieron a quitar las esposas a la viejita, largándose de allí apresuradamente, con lo robado, mientras Doña Marta, aunque libre en el suelo, no tenía fuerzas para levantarse y soltar a su esposo.