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Recuerdos de navidad


Hola a todos. Hace unas navidades se produjo un hecho trascendental en mi vida. Ahora lo quiero compartir con vosotros.

Para empezar diré que me llamo Miguel, ahora tengo 19 años, y esto sucedió hace 3. En este momento estudio en la Universidad, pero por ese entonces estaba en el instituto. Soy de estatura normal, sobre 1,74 m, moreno, normal. Estudiante correcto, apruebo pero no destaco. Soy el único hijo de una familia vamos a decir que acomodada, ya que mis padres trabajan los dos, con sueldos decentes, que hoy en día es bastante. Mi padre se llama como............... yo, ahora tiene 46 años y es funcionario de la administración autonómica. Mi madre, Lorena, dos años menor que él es maestra en un colegio. Voy a decir que somos una familia de lo más normal. Ni unos liberales ni del opus, digamos que una cosa intermedia. He visto a mis padres en ropa interior, pero no desnudos.

Como les dije los hechos sucedieron cuando yo tenía 18 años y mi padre 43 y madre 41. Como todos los años nos reuníamos a celebrar las fiestas, la Nochebuena en casa de mis abuelos paternos y la Nochevieja en la de los maternos, donde éramos más numerosos. La ventaja es que mis abuelos viven a menos de dos manzanas de casa, por lo que es una fiesta que podemos pasarnos más, ya que luego no hay que conducir de regreso. Mi madre tiene tres hermanos, un varón y dos mujeres, con hijos, por lo que nos juntábamos unos 18 a cenar. Tras la cena, que se alargaba bastante, nos comíamos las uvas viendo las campanadas por la tele y un rato de fiesta. El alcohol corría libremente. Tras el cava empezaron a correr los licores, para todos los gustos. Se puede decir que había una libertad por un día, ya que mis primos mayores y yo mismo podíamos fumarnos un pitillo y por supuesto tomarnos algún que otro cubata. Sobre las 4 de la mañana todos estábamos prácticamente pedos, algunos más que otros. Entre los que peor estaban, mi padre, el hermano de mi madre (Alberto), su mujer (Laura) y el marido de la hermana más pequeña de mi madre (Rocío), Juan Carlos. Al poco rato decidimos volver a casa, a dormirla un rato. Cogimos los abrigos y caminamos el pequeño trecho hasta nuestra casa. Yo estaba contento pero ni punto de comparación con mi padre, que tuvimos que ayudarlo a llegar a casa. Mis padres se metieron en su habitación y yo me fui al salón a ver los programas especiales de año nuevo, ya que no tenía sueño, eso si, después de ponerme el pijama por si me entraba sueño. Al rato apareció mi madre, ya en pijama y se sentó a mi lado. Estaba bastante ebria…

- ¿Qué ves, hijo?

- Bah, lo de todos los años…el programa este refrito con actuaciones musicales y de humor…lo de siempre. ¿Qué pasa…no tienes sueño?

- No, la verdad es que no…y encima tu padre…parece una locomotora y encima…te puedes creer que empezamos a jugar y se quedó dormido.

- ¿Cómo a jugar?- quise que me aclarase la cuestión

- Ay, Miguel, pareces tonto. Ya sabes, jugar, como los mayores- mi madre estaba realmente desinhibida, me contaba cosas de su intimidad, aunque yo también lo estaba, por el par de cubatas que me había tomado.

- ¿ibais a echar un kiki?- me atrevía a preguntarle a mi madre

- Eso pensaba…pero cuando me quité la ropa, apenas me tocó las tetas y ¡se quedó dormido!- mi madre parecía indignada. Muchas veces me la había imaginado como una hembra poderosa, ya que tiene un buen par de tetas, el cuerpo con algún kilo de más, pero muy apetecible…en fin se le podía hacer un favor.

- Joder, que mal rollo…quedarse con el calentón- creo que sereno no me hubiese atrevido a decir aquellas palabras.

- Ni que lo digas…lo peor es que ya va siendo costumbre…debo estar haciéndome vieja y perdiendo mis encantos- dijo mi madre poniendo cara de circunstancias.

- ¡Qué va! Estas muy bien, al menos por lo que puedo ver…- le dije a mi madre.

- ¿De verdad, tu crees? No se, a mi me parece que tengo las tetas un poco caídas. ¿A ti que te parece?

- No se, no te las he visto, pero no lo parece para nada- le dije, recalcando lo que no las había visto. No podía imaginarme lo que iba a suceder.

- Pues anda, dime si te parecen que están caídas o no- dicho esto se quitó la camiseta del pijama, dejándome ver dos tetas de muy buen tamaño, muy blancas, ya que siempre toma el sol con bikini…y bueno…caídas, digamos que la gravedad cumple su cometido, sobre todo por el tamaño. Por supuesto mi polla llegó a su máximo esplendor en menos de un segundo.

- Hombre, la verdad es que caídas…no. Es el tamaño…porque fíjate los pezones- me atrevía a tocárselos- están mirando hacia arriba.

- Es verdad, creo que tienes razón…es el tamaño. Lo cual no me quita que me he quedado más caliente que la pipa de un indio.

- ¿Y que vas a hacer?- mi atrevimiento era total.

- No lo se…supongo que usar un vibrador…porque otra cosa- mi madre no se cortaba un pelo…

- ¡¿Si te sirvo para algo?!- ya me lancé del todo.

- ¿Tú? ¡Pero si eres un niño!

- Bueno, bueno…no tanto, ya he crecido un poco- me justifiqué.

- ¿Seguro?...déjame ver tu pitirrín…a ver si es verdad que ya no eres un niño- dijo mi madre con un sonrisa.

- Mira, a ver que piensas- le dije mientras me bajaba los pantalones del pijama y los calzoncillos.

- ¡Madre mía! Es verdad que no eres un niño…vaya polla te gastas…es más grande que la de tu padre- dicho esto la cogió entre sus manos y se la llevó a la boca, empezando una mamada bestial. El problema era que como estaba tan excitado y no estaba acostumbrado a esto, me fui enseguida

- ¡Mamá…ya…me voy!- intenté avisarla, pero fue tarde…un chorro de mi semen le llenó la garganta

- ¿Qué quieres…ahogarme?- dijo con una sonrisa- anda ven aquí- me llevó al sofá y me hizo sentar. Me quitó los pantalones y ella se quitó los suyos. Se sentó sobre mi. El simple roce de mi capullo con los pelos de su coño me ponía a mil. Mi madre dirigió mi polla a la entrada de su chocho, que estaba mojado, como si se hubiera meado- así, Miguelito, métemela hasta el fondo… que bueno…no pares.

- ¡Que gusto! Eras la mejor…- le decía a mi madre.

- Muévete, así, arriba y abajo, arriba y abajo…diossss, me voy a correr…sigue así.

- ¿Así?

- ¡Así, mi amor, así…un poco más y me voy…un poco más!

- ¡Estoy a punto…me corroooo!

- ¡Y yo también mi amor!

Fue increíble mi primer polvo. Recuerdo que lo primero que escuché fueron los ronquidos de mi padre…no se había enterado de nada.

El día de año nuevo, tras levantarnos mi madre estaba seria…aunque intentaba ser normal…yo le notaba algo. Sin embargo no dijo nada…hasta el día 2 de enero, que mi padre se fue a trabajar, pero nosotros teníamos vacaciones. Nada más salir mi padre al curro me llamó mi madre.

- Miguel, ven que quiero hablar contigo un momento, ¿quieres?

- Dime, mamá.

- Esto…en fin…no es fácil. No se como empezar. Bueno lo que pasó el 31 por la noche…no se, sabes que no está bien.

- Ya bueno.

- Esto…no es fácil, de verdad que no lo es. Casi no me atrevo a mirarte a la cara…

- ¿Por qué?- sabía lo que le pasaba, pero intentaba quitarle hierro al asunto.

- Pues porque…joder, Miguel, soy tu madre y hace dos noches follamos aquí en este mismo salón y eso no está bien.

- Ya…

- Por favor, te lo pido, esto no se lo cuentes a nadie- me suplicó mi madre.

- Claro, ¿a quien quieres que se lo cuente?

- No se…por si acaso.

- Si quieres lo olvido…

- Eso es lo que quisiera…-dijo mi madre- pero yo no puedo

- ¿Y eso?

- Por favor, Miguel, entiéndeme…el otro día estaba bastante borracha…mucho- empezó a decir mi madre.

- Si, y yo, todos lo estábamos.

- Ya lo se…pero a pesar de eso…lo que recuerdo

- ¿Fue malo, no?

- Por favor, no me hagas hablar

- Bueno, dime la verdad…en fin para mi fue la primera vez…

- De verdad…no quiero hablar…

- Dímelo, en serio…no creo que pase nada…

- No, no es eso…es que…bueno…si ese fue el primero…me gustaría saber como sería el segundo. Por lo que recuerdo fue el mejor polvo de mi vida- dijo mi madre agachando la cabeza.

- ¿lo dices en serio?

- Si, hijo, si…

- Pues si quieres repetimos- me salió de forma totalmente espontánea, pero la respuesta de mi madre también fue espontánea…me dio una sonora bofetada en la mejilla izquierda.

- Lo siento, hijo…de verdad…no quería

- No pasa nada- le dije, un tanto dolorido por la torta.

- Lo siento, hijo, de verdad, lo siento- dijo mi madre mientras me daba un beso en la mejilla que me acaba de atizar- lo siento- otro beso, y otro y otro, hasta que me dio uno en la boca- ¿qué estamos haciendo?

- La cosa es si quieres o no hacerlo- le dije yo.

- Mi cabeza me dice que no, que no y que no…pero mi cuerpo me dice que si- dijo mi madre, confusa

- ¿Entonces?- quería aclararme

- A la mierda la cabeza…- lo dijo al tiempo que me besaba de nuevo en los labios y luego abría la boca para permitir que nuestras lenguas se entrelazaran- tengo tantas ganas de repetirlo…y poder acordarme de todo.

- ¿Por qué lo dices?

-Es que tengo recuerdos, unos muy claros…como por ejemplo la imagen de tu polla y otros no tanto…como en que postura lo hicimos.

- ¿Entonces?

- Vamos al dormitorio, estaremos más cómodos- dijo mi madre, levantándose del sofá del salón. Inmediatamente la imité. -¿Quieres quitarme la ropa?- preguntó mi madre, nerviosa

- ¡Claro!- le contesté, mientras me dispuse a quitarle el nudo de su bata, para luego empujarla y dejarla caer al suelo. Luego le quité la camiseta de su pijama, pudiendo ver de nuevo las tetas blancas de mamá, con unos pezones totalmente erectos…- ¿Estás nerviosa o tienes frío?-le pregunté.

- ¿Por qué lo preguntas?- dijo mi madre.

- Por esto- le dije mientras le chupaba una de sus erectos pezones.

- ¡Que bien…sigue así mi vida…como me gusta que me chupen los pezones…así, suave, mi amor!

Yo estaba como una moto y por mi se la hubiese metido en ese mismo instante, pero sabía que las mujeres necesitan un poco más de tiempo, para ponerse a tono y empezar a segregar sus fluidos. Estuve durante un buen tiempo comiéndole alternativamente sus dos tetas, mientras que con la mano le acariciaba el coño por encima del pantalón. Mi madre dejó caer la cabeza hacia atrás. Poco a poco notaba a través de la tela que el coño de mi madre se iba humedeciendo. Detuve momentáneamente mi chupada de tetas para quitarle la ropa que le quedaba y la que tenía yo puesta y seguí un rato más con el tema de sacarle brillo a los pezones de mi madre. Hasta que me fui a chuparle otra cosa que también me llamaba mucho la atención…cu coño…muy bien arreglado, con un triangulo de pelo pequeño en su monte de Venus y con un clítoris que me permitía casi morderlo, y que cuando lo chupaba con mis labios, mamá se volvía como loca…

- ¡Dios mío, ahí, justo ahí, mi amor…que rico…me muero…que rico mi amor…sigue, sigue…eso es, en la pepitilla del coño, mi amor- mi madre no dejaba que levantase la cabeza y gritaba como una posesa- No sabes el tiempo que hace que nadie me come el coño… es lo mejor…me corroooo, sigue amor, que me corroooo.

Pude notar la humedad del coño de mi madre. De verdad que segregaba fluidos vaginales. Se había dejado caer totalmente en la cama, con las piernas muy abiertas y pude comprobar como tuvo una especie de descarga eléctrica en el momento que se corrió con la comida de coño que le hice.

- Ya estoy lista, mi amor, quiero que entres en mi- dijo mi madre

- ¿Quieres que me ponga detrás o como prefieres?- le preguntaba debido a mi inexperiencia.

- Quiero la postura clásica, el misionero…para verte la cara mientras follamos. Luego si quieres me puedes follar por detrás como a una perra.- Mi madre abrió las piernas y yo cogí mi cipote y lo dirigí a la entrada de su cueva. Mamá pegó un respingó cuando la polla le entró en el coño. Me abrazó muy fuerte al tiempo que me rodeaba con las piernas.

- Así mi vida…fóllame bien el coño…me gusta tanto. Así, mi vida, así

- Mami…están tan mojada…es una pasada

- Tu haces que me ponga así…me has rejuvenecido…que gusto…así, así, no pares…hasta el fondo, mi amor

Según me dijo mi madre después, se corrió hasta tres veces antes de que yo le dijera que me venía…

- Mamá, me corro, me corro

Cogió en el último instante y sacó mi polla de su coño, dejando mi carga sobre su abdomen y el pelo de su coño. Caimos completamente exhaustos sobre la cama.

- Gracias, mi amor- dijo mamá

- ¿Por qué?

- Porque este si que ha sido el mejor polvo de mi vida- me dio un beso y cogió un cigarro de los de mi padre.

- ¿Tú no habías dejado de fumar?

- Si, lo he dejado…pero este polvo se merece un cigarrito después, ¿no crees?

- Bueno, si, creo que si…déjame a mi

- Sabes que esto es malo.

- Si, lo se…te promete que solo lo haré contigo, después de follar.

- Solo si es conmigo, ¿eh?- rió mi madre

- Claro, solo contigo, mami

Desde entonces, cada vez que podemos, mi madre y yo echamos un polvo. Cuando mi padre está en casa y nos apetece nos buscamos alguna excusa como que tenemos que ir a comprar, o al cine…incluso una vez, cuando ya tenía 18 años fuimos al cine…a una sala x y follamos allí mismo.



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