Hace tan sólo una semana desde la última vez que te vi. Hoy me siento en la misma mesa del mismo café de la calle Iturbe donde te conocí donde me preguntaste que hacía sola en un lugar tan oscuro. Te sonreí. Hubiera sido muy fácil alargar aquella noche, coger tu mano y llevarte conmigo a algún lugar donde no me oyeran gritar. A fin de cuentas eras uno más entre todos aquellos hombres que a las tres de la mañana sueñan con terminar su caza en un hotel de carretera, bajo unas sabanas ajenas y gastadas por las horas pagadas, deje que me pagaras una copa y que me deleitaras con tu vida agónica de falsas promesas y gloriosos,................ triunfos inventados. Es sencillo mentir a una desconocida. Ella jamás lo sabrá. Me gustó tu estilo. Aún borracho lo mantuviste, eso me agradó, quizá no eras como los demás. No lo sé. Tus mentiras de príncipe de cuento dieron paso a las verdades y poco a poco me fuiste desvelando tus debilidades.
Me dijiste que estudiabas las mentes enfermas, las mentes desviadas de aquellos que como yo no tienen nada. Te miré sorprendida por que me resultaste interesante. Pensé que seria maravilloso que alguien me analizara, que alguien pudiera decirme por que hago lo que hago. Por que me produce tanto placer follar.
Te susurré algo al oído. No recuerdo bien que fue pero aprovechaste mi roce para besarme en los labios como nunca nadie me había besado. Te odie durante breves instantes. Tan sólo unos momentos de lucidez. Tu estilo ingles superaba mi poca cordura y me deje llevar por tus mentiras sin que me importará nada.
Hoy te escribo mi historia. En un papel en blanco y con una suave pluma tan inglesa como tú. En el mismo café donde te vi nacer y donde sé que tras varios minutos de dudas, al levantarme de tu lado y huir de tu delicada figura, me seguiste.
Para que lo voy a negar, lo sé. Mis largas piernas y mi sonrisa de diva te viciaron el alma de tal manera, que no pudiste remediar tu curiosidad y te apresuraste a perseguirme por las oscuras calles de un Madrid dormido. Tras mis tacones afilados como colas de escorpiones, te aventuraste a pasear tu borrachera.
Te oía detrás de mí. Notaba como te excitaban mis movimientos de caderas y mi frialdad pausada tras un adiós repentino en aquel viejo local. Olía tus hormonas más allá de la lluvia, caía sobre nosotros al compás de un reflejo aleatorio de neones de colores.
No estaba dispuesta a darme la vuelta y sorprender tu arrogancia profanada y dejé que me siguieras. Sabía lo que querías y sabía que no tardarías en saltar sobre mí como un animal desbocado y así fue.
Te abalanzaste sobre mí. Creo recordar que sonreí en esos breves instantes. Noté tus manos agarrarme la nuca y empujarme hacía una calle donde nadie podía verte. Noté como te aferraste a mi cintura empujando con tu cuerpo mis caderas y tapaste mi boca ahogando mi gemido.
Tu respiración entrecortada y tu mirada lasciva se clavaron en mis ojos. Tus manos se deslizaron por debajo de mi falda, nerviosas por encontrar mi sexo. Te susurré que tuvieras compasión y a la vez mi cabeza suplicaba que me follaras.
Tu mirada siempre me lo dijo todo. Tus ojos depravados desde el primer momento que te vi me hipnotizaron. Note tu mano dentro de mis bragas y tu respiración entrecortada. Pasaste tus dedos por la nariz para oler la esencia que te transformaba en bestia haciéndote perder tu humanidad.
“Trátame mal “, decía mi cabeza pues a fin de cuentas soy una enferma de los hombres y tu sabías lo que yo quería y me lo ibas a dar.
Me arrastraste al final de la calle donde nadie podía vernos y me arrancaste la ropa que momentos antes había escogido especialmente para ti. Pusiste tu mano en mi boca y arrancaste mis bragas ahogando mi grito de dolor y mi corazón empezó a salirse del pecho.
Te empujé con la única finalidad de provocarte, de sacarte de tus casillas y lo conseguí. Tu mano se irguió de la nada y acabo en mi mejilla con tanta fuerza que me rompiste el labio sin compasión pero yo me reí. Me reí de tu orgullo y de mi misma .Te provocaba y lo sabías.
Ahora eras tu el que te reías de mi. Te había dado la llave de las puertas perladas y ya no necesitabas más excusas para apoderarte de mí. Me empujaste contra la pared de aquella calle de lo absurdo agarrándome del pelo.
-Voy a follarte- Me susurraste.
Apoye las manos en la pared pero empujaste mi cara contra la fría piedra separándome las piernas para poder colarte con la misma brutalidad que un animal en celo persigue a su hembra.
Note la presión en mi culo, note tus manos apresando mis pechos al compás de tus embestidas.
Me volví a reír otra vez y tus manos se aferraron a mi cuello anunciando con su presión que podrías acabar conmigo cuando quisieras.
Me diste la vuelta tras varias embestidas que me parecieron eternas y mis ojos te pidieron más. Aun agotada por tu golpe y con el labio destrozado necesitaba más.
Me miraste durante varios segundos, los suficientes para darte cuenta de tu falta de control. Volviste a cruzarme la cara tirándome al suelo y saltaste sobre mi otra vez. Te escupí y limpiándote la cara te metiste entre mis piernas agarrándome por las muñecas con fuerza.
Cedí a tu fuerza y a tu sexualidad agresiva bajo aquellas luces de Neón. Me deje llevar por tus embestidas y goce como jamas había hecho en mi vida.
Me soltaste las muñecas y me aferre con fuerza a tus caderas llevándote hacia mí una y otra vez. Tu peso me ahogaba y tu aliento me excitaba. Tu polla resbalaba dentro de mí y creí que moría cuando note que tu lengua lamía mis heridas y saboreaba el sabor de mi sangre.
Con tu boca pegada a la mía dejaste de bailar sobre mí y permaneciste inmóvil durante breves momentos que me resultaron deliciosos notando el latido de tu verga en las paredes de mi sexo latiendo con fuerza.
Sacaste tu lengua y la chupe con ansía. Presione mi sexo esperanzada de quedarme para siempre con tu polla para mi. Suspiraste y pasaste tu lengua por mi cara provocándome un espasmo de placer.
-Ahora si..- Dijiste y empezaste a moverte con fuerza a un ritmo frenético que acabo con mis fuerzas ahogándome en un orgasmo exquisito y grite.
Grite tan fuerte que tu mano volvió a escaparse para acabar en mi otra mejilla aún sin corromper.
-Shh..- Me susurraste mientras mi cuerpo se retorcía.
Agarrándome la boca con tu mano empezaste a follarme otra vez con fuerza y tu respiración entrecortada me anunciaba que no te preocuparías de nada más. Note tu sexo llenarme las entrañas mientras me mordías la lengua.
-Oh Señor..Joder. Joder. Si.. .- Te oí decir.
Te quedaste inmóvil sobre mí. Aun convulsionándote tu respiración en mi oído y el calor de tu boca rozándome la oreja me resultaba tentador. Otra vez.
Te incorporaste y tiraste de mi brazo para levantarme de aquel suelo húmedo e incomodo. Mientras te abrochabas los botones de tus pantalones y te ponías el cinturón me miraste con aquellos ojos de demente.
Pasaste tu mano por mi labio dolorido volviendo a curarlo con tu lengua y te fuiste dejándome allí.
Te gustó demasiado lo que hiciste y no dudaste en volver a nuestro mediocre local donde sabias que me encontrarías sentada en la misma butaca de terciopelo, escuchando los mismos acordes irregulares y acompasados de la improvisación de algún músico de jazz estilo Roll Morton o King Oliver. Un solista toca en el pequeño escenario ubicado al fondo del local. Yo me deleito con los ritmos acordes del saxofón y tu me observas desde un rincón de la barra esperando que en un momento de la noche me levante y desaparezca Pero estoy demasiado entretenida con la melodía de aquel hombre de color. Demasiado absorta para todo...
Hoy me siento en la misma mesa del mismo local donde te conocí y donde hoy volvemos a encontrarnos.
Eres un doctor de la locura siguiendo un perfil femenino demasiado apetitoso para dejarlo escapar. Quizás no seamos tan distintos..