Capítulo 8. El largo viaje...
Antonio al volante, Pablo de copiloto, muchos bultos en la parte trasera, carpas, cocinillas, sacos de dormir, comida, bebidas. Llegaron al hotel para despedirse de Andrés.
— Donde ubico a Andrés Polliani? , por favor — preguntó Antonio
— Por favor, sigamé— dijo amablemente el conserje.
Se adentraron por una puerta que tenía un rótulo \"sólo personal de servicio\", un par de pasillos no muy ordenados y llegaron a una estancia en que estaba el \"personal de servicio\", todos reían en torno a Andrés gritando al unísono \"Joto, joto, joto, joto, joto\"… Andrés estaba en medio riendo muy azorado… la entrada de Pablo y Antonio puso en desbandada a todos los hombres que se burlaban............. de Andrés que tenía los ojos colorados y húmedos tratando de retener las lágrimas de desesperación y rabia por las burlas crueles y despiadadas de sus compañeros de trabajo. Antonio se puso serio como alcachofa mal cocida, Pablo puso cara de furia… abrazaron al joven, se despidieron, Andrés se puso a llorar al igual que Pablo… Antonio miró al conserje y le señaló que era horrible que hicieran escarnio del muchacho… el conserje se puso serio, pero al final del discurso de Antonio un malévola y disimulada sonrisa se hizo en su cara, que no escapó a Antonio.
Antonio se despidió con un fuerte abrazo de Andrés que vestía, al igual que todos, la ropa de mono de circo, de amarillo rabioso con vivos rojos y el gorro aferrado a la garganta con un barbiquejo elástico.
Salieron Antonio y Pablo dejando al afligido Andrés.
— JOTOS…— se escuchó de fondo con voz ridícula y meliflua, en tono abiertamente burlesca.
Antonio enfurecido, se dio media vuelta, alcanzó a ver al \"mono de circo\" que miraba desafiante de uno 15 centímetros más alto que Antonio y sin duda de a lo menos 30 kilos más pesado. Antonio se sacó los lentes y se los pasó a Pablo.
—Papá…— dijo el alarmado Pablo.
— Cállate— fue la severa respuesta de Antonio.
Caminó decididamente hacia el hombre que lo miraba con cara burlesca. Pablo y Andrés se acercaron el uno al otro. — Va a quedar la cagá— susurró Pablo al oído de Andrés en todo muy chileno.
Antonio llegó a unos 50 centímetros del hombre, mirándolo directamente a los ojos, apretó los dientes..
— Que te pasa hijo de perra— le escupió Antonio en un tono casi inaudible. El hombre se abalanzó sobre Antonio para agarrarlo con ambos brazos extendidos, con un paso al lado, Antonio lo cogió de las muñecas con una habilidad asombrosa, loas torció hacia afuera y hacia arriba para llevarlas a la más antinatural de las posiciones, el crujido retumbó en toda la sala así como el ¡Ay! ahogado del mozo. En posición de tres cuartos al cuerpo masivo del sujeto, Antonio tomo el codo, volvió a levantarlo, pasó con todo su cuerpo desde detrás de la articulación del hombro, y giró con una pasmosa velocidad, dos crack, del hombro y el codo fueron seguidos por la estrepitosa caída del hombre, desmayado de dolor por luxaciones graves de ambas muñecas, codo y hombro (esta última una quebradura en verdad). La lucha no duró más de 50 segundos.
Se acercó a los muchachos, jadeando, atónitos, así como el conserje, les ordenó — Ambos, ¡ahora!, a la camioneta…— miró secamente al jefe de mozos — búsquese un nuevo empleado, acaba de perder a uno—
Con algo de lo que el conserje creyó dignidad respondió — Andrés no se puede ir, vive aquí y la ropa que lleva se la da el hotel—.
— ¡¡ANDRÉS!!! ¡VEN AQUÍ…!!!— gritó Antonio con voz inusualmente potente y más aguda de lo que él hubiera querido.
Andrés, que iba saliendo con Pablo de la habitación, se detuvo en seco, miró hacia atrás…
— VEN ACÁ— volvió a ordenar Antonio. Presurosamente Andrés se acercó a Antonio.
— Tus zapatos, QUÍTATELOS, AHORA…—Andrés lo miró extrañado. — ¡¡AHORAAAA, CHICO!!, LE DEVOLVEREMOS LAS COSAS A ESTA GENTE—
Andrés se sacó los zapatos, Antonio los cogió, se acercó al conserje, asiéndolo de una mano le puso el calzado en ella. Mirando a Andrés le ordenó secamente —DESNÚDATE— había tal fuerza en la demanda que Andrés se empezó a desnudar, cada prenda era tomada por Antonio y se la iba entregando al conserje. Finalmente sólo quedó en sus calzoncillos, que Antonio sabía no estaban muy limpios.
Pablo intervino, se acercó a Andrés, tomó las bandas elásticas de la prenda y las deslizó caderas, piernas, pantorrillas, hasta hacerlo levantar ambos pies para sacárselos totalmente, se los pasó a Antonio que, con cara furiosa aún, se acercó al conserje, tomándolo de la mandíbula le abrió la boca y sumió la prenda en ella, el hombre no hizo nada por impedir la humillación de verse con un calzoncillo sucio en la boca. Andrés estaba rojo como grana completamente desnudo. Todos sus compañeros de trabajo estaban entrando en la habitación, Andrés estaba cada vez más azorado y lloraba de humillación.
Pablo lo miró, le retiró las manos de los genitales que se cubría por la vergüenza dejándoselos libres a la vista de de todo aquel que quisiera mirar su gran belleza. Se volvió a todos los asistentes. Los miró a todos, se desabotonó la camisa y se la sacó, deshizo el cinturón de su pantalón, desabotonó el alto de la pretina, bajó el cierre y los pantalones escurrieron hasta los talones, se los sacó y finalmente se retiró su prenda interior. Ambos adolescentes quedaron completamente desnudos frente a unas 50 personas que no rieron, no dijeron nada, sólo contemplaron los cuerpos, dignos.
— Toma tus cosas Pablo, tú no tienes nada Andrés aún—
Los tres se empezaron a acercar a la puerta en que estaba la mayoría de los argentinos, que se fueron haciendo a aun lado para dejar pasar al trío de personajes que caminaban, serenos, sin desafíos, pero decididos. La primera en aplaudir fue la mujer que hacía el aseo en la habitación de Antonio y Pablo por tres días y que supo inmediatamente que eran homosexuales. La explosión de aplausos fue in crescendo, hasta que todos aplaudieron en estruendoso sonido, silbidos, gritos de ¡Hurra!, ¡preciosos!, ¡lleváme con vos Andrés!, ¡Tenés un culo precioso!, ¡Que pija te gastás, loco!... ¡chileno, quedáte, sos precioso!... el adulto, los jóvenes desnudos ante la mirada atónita de los pasajeros al salir al lobby principal del hotel, abordaron la camioneta, Antonio se le olvidó donde demonios tenía la llave de ignición, luchó con cada puto bolsillo, hasta que dio con ella, en su chaqueta, todo el personal del hotel estaba fuera aplaudiendo, gritando, Antonio salio cuan raudo pudo sin hacer daño a nadie.
Media hora después estaba en una tienda con Pablo comprando desde calcetines hasta camisas, pasando por pantalones,…
—…calzoncillos (déme seis, ¿crees que es suficiente?... ¡demás ¿ y para mi?!), cinturones, un gorro,…
…trajes de baño. — ¿Speedo o Boxer?… —
— ¡Llévale de los dos! ¿si? ¿Uno para mi?—
—Si, si, puto caliente!!!
—Desodorante… —¿Cuál? —, …
—no sé, cualquiera…—
—Cepillos de dientes dos, (por si acaso)
— ¿Por si acaso que? —
—No sé… suponte que lo pierda…
— ¿Lo crees tan huevón? (Risas).
— Oye, ¡zapatillas!..... para ambos, las tuyas están hechas mierda, compra dos pares para Andrés... y si, también para ti... eres un mierda precioso...
—Je. je, je...
Andrés estaba tapado con un plástico en la parte trasera de la camioneta, se puso la ropa recién comprada tan rápidamente como pudo, con etiquetas y todo, ya se las sacaría luego.
— ¿Algo nuevo bajo el sol, don Pablo?—
— ¿Te refieres a estar en pelotas y salir apretando cueva de un lugar como las huevas? —
— Oh, si es recurrente, además que debes pegarle a un imbécil… les prohíbo enredarse con otro adolescente caliente o me arruinarán y me dejarán de lado… ok??? AMBOS!!!! Ya Andresito… nada de andar moviendo la cola a otro tipo, sea argentino, chileno, peruano o iraní…¿¿¿ vale…???
— ¡Si, señor!—
— Andrés, cuéntanos tu historia— Pidió Antonio
Nací en Buenos Aires, en el barrio de La Boca, mi papá no era nada salvo algo de zapatero, que a su vez lo era mi abuelo de donde aprendió algo. Soy cuarta generación de italianos en Argentina, o sea soy argentino de tomo y lomo. Mi mamá se quedó embarazada a los quince años de mi… le fue como el orto a la mina, vieron!... me tuvo a mi y se murió al mes… quedé con mi \"viejo\" de 18 años, mirá vos… la voz de Andrés se hacía más entusiasta conforme narraba su vida, muy alegre de ser el centro de atención de dos personajes que eran muy importantes en su vida por el momento. Mi viejo se enredó con putas y terminó de cafiche, el más joven de todos, bravo, pero no tanto, dos puñalás se lo despacharon a los 21, cuando yo tenía tres. Mi abuelos paternos se hicieron cargo de mi hasta los catorce, la primera en irse fue la vieja, un mes después el viejo la seguía… dos tío míos se hicieron cargo de mi… me hice joto con ellos, dijo cínicamente Andrés.
Antonio detuvo el vehículo para escuchar lo que contaba divertido Andrés pero que no lo era para Pablo ni Antonio, que estaban graves y escuchaban atentamente.
— ¿Puedes explicar eso?, que te hiciste joto con ellos? —
— Y… ¿te imaginás un pendejo de catorce con la pija parada todo el día a cargo dedos hermanos de 23 y 26 años, traficantes desde carne de caballo (que pasaba por vaca argentina de Misiones) hasta pasta base boliviana?... a los tres días, entero manoseado, ya me habían cogido los dos, a gustito mío… ja, ja, ja… ¿Pero sabén? Estos me enviaron a la escuela, me cogían diá por mediu, y aún, el año pasado entré a la UBA (Universidad de Buenos Aires) a estudiar ingeniería…
Pablo dio un respingo, Antonio no expresó nada.
Ellos fueron mejores que papá y mamá, mejores que mis abuelos, la emoción se fue filtrando en Andrés. Me dieron de comer, me hicieron estudiar a punta de piñas y me llevaron a la universidad… los polis los pillaron, uno por tráfico de drogas y el otro por homicidio… me pidieron que no los fuera a ver… que cuando salieran me buscarían… me dijeron que hacían eso pa educarme… los mataron a los dos el mismo día…me quedé sólo en el mundo, entré a trabajar al puto hotel, pero no pude pagar ni un lugar para dormir…, dejé la universidad… LO QUE YO MÁS QUERÍA… rompió a llorar tan amargamente que Pablo lo siguió abrazándolo… una etiqueta de un sweater nuevo raspó la cara del chileno…
— Pero sácate las etiquetas pos weón, no vis que me raspai la cara…— dijo en perfecto chileno el joven chileno. Ambos rompieron a reír y la esquizofrenia de la risa y la pena infinita los embargó y aún invadió a Antonio, cuyos ojos se nublaron, dejando resbalar por la mejillas lágrimas, gruesa y densas que aterrizaron en su boca, las que lamió disimuladamente para no delatar la tremenda democión que le corroía el corazón. Pablo lo miró
— ¡¡No seai cínico viejo!! ¡Haciéndote el leso y todo lo que querís es llorar a gritos!! — lo increpó Pablo. Efectivamente Antonio se limpió una lágrima de la cara— ¡Este pobre bruto argentino tiene una historia peor que la mía que me creía el más desgraciado de la tierra hasta que apareció el profesor Crestovich, salvándome el culo… —
— Vos seguís hablando en ese tono, chileno boluudo, y te vuelo el orto a patadas, entendés?? — lo increpó duramente Andrés, entre serio y sonriente— además, vos sabés que te lo quito eh?... —
Pablo me miró serio — Papá, pido disculpas— dijo muy civilizadamente. Luego reaccionó violentamente, apretando la cabeza del argentino, despeinándolo con una mano, exclamó con los dientes apretados. — ¡¡¡Vos me lo vai a quitar weón!!!, ¡¡¡vós me lo vai a quitar…— Andrés agarró los costados de Pablo y le hizo cosquillas sin piedad…
— ¡¡A que te lo quito boludo!!!, ¡¡¡a que te lo quito!!! A que lo dejo usándome el culo sólo a mi…!!!
— ¿Si? Su pico es mío…
— ¿Si? Su pija es mía…
Antonio debió intervenir, las fuerzas que aplicaban el uno contra el otro se estaba saliendo de control, Pablo tenía manchas de sangre en los dientes debido a la presión que aplicaba Andrés contra la cara… el que trataba de respirar ahogadamente conforme Pablo apretaba controladamente pero de manera creciente (que había aprendido de Antonio) el hioides de Andrés. Antonio comprendió que Pablo haría desfallecer al argentino en pocos segundos. Saltó hacia atrás donde luchaban los hombres-adolescentes, les bajó los shorts nuevos que llevaban y les dio violentas bofetadas en los traseros.
— ¡Muchachitos!, ¡¡basta!!, o les saco la chucha a los dos— dijo asertivamente aunque no estaba seguro de vérselas con dos adolescentes que juntos pesaban más del doble que su propio peso. Afortunadamente los muchachos se soltaron y se abrazaron al hombre que los controlaba, ambos penes estaba erectos.
— ¿Pueden decirme qué los puso calientes a ambos? — Antonio comprendió que era el tema menos astuto que podía haber invocado para sacarlos de la emoción creciente de ambos, en que los celos estaban haciendo estragos entre ellos, pero cualquier camino era bueno para desviarlos de la vía violenta que estaban haciendo los muchachos.
— Tu ya sabes, papá, que me pegaras en el poto— dijo Pablo con una seguridad casi fuera de lugar por lo desafiante.
— ¿Algo similar te pasó a ti HIJO? — preguntó Antonio a Andrés. Y al punto comprendió que había cometido un gravísimo error.
— Si, que me ‘blanquearas’ el culo, PAPÁ…— respondió Andrés.
Pablo palideció, comprendió que Andrés estaba compitiendo haciéndose de terrenos que eran suyos, le estaban restando territorios y además se le ocurrió que Antonio se estaba dejando conquistar, los celos, el despecho, la ira, se apoderaron de él.
— Maldito, ¡te odio!, nunca debí dejar que me besaras ni que me chuparai el pico, me lo estai quitando conchetumadre!!... MI PAPA ES MIO... — Antes que Antonio pudiera reaccionar, Pablo le asestó un violento golpe de puño en la boca de Andrés, — ¡Tackk! — la sangre saltó hasta el rostro de Antonio, Andrés respondió como fiera, adelantando un puño directo a las narices de Pablo ¡Twack! Le sacudió la cabeza. La sangre inundó la camisa de Pablo.
Antonio estiró las manos directas a las gargantas de ambos jóvenes, girando las manos hacia arriba, se hizo de las articulaciones de las mandíbulas con la región temporal, apretando con brutal fuerza, ambos se sintieron con sus bocas abiertas experimentando tal dolor que no se les escapó ni un gemido, la sangre que corría de la boca de uno y de las narices del otro corrió por las tenazas que eran las manos que apretaban provocando un desmayo. El primero en desvanecerse fue Pablo, sujetado por la mano derecha de Antonio, que tenía más fuerza, luego Andrés lo miró, se le nublo la mirada y colapsó en el asiento del auto, orinándose.
Antonio estaba sentado al volante fumando mientras manejaba hacia el sur A mar del Plata. Casi simultáneamente se despertaron, en el asiento al lado del chofer, del brutal desmayo que les había ocasionado Antonio. Trataron de incorporarse, no pudieron, estaban amarrados el uno contra la espalda del otro, con los cordones de las zapatillas nuevas, desnudos, sus piernas estaban unidas por los cordones, aunque no apretados, simplemente podían sentir el trasero desnudo del uno contra el otro, lucharon contra las ataduras, lo que lograron fue dañarse.
Antonio silbaba una cancioncita folklórica mientras ambos chicos gruñían tratando no sólo de zafarse de las ataduras, sino para evitar el tocarse.
— Soltáme hijo de puta, soltáme— reclamó Andrés a Antonio, mirándolo agriamente.
— ¡Flack! — sonó el violento golpe en la nalga derecha de Andrés que tenía pegado su trasero al de Pablo.
— ¡Ahhhhgghh, eso dolió!
— Mantenga sus maneras joven Andrés— dijo Antonio.
— Papa, en serio, suéltame, no quiero sentirle el culo a este tipo pegado al mío—
— ¡Flack! — sonó el violento golpe en la nalga izquierda de Pablo... — ouchhhh!, duele!!, basta
— No, no basta... — respondió el adulto.
— ¡Soltáme, viejo choto, soltáme, no tenés derecho---
La frase fue interrumpida por un ¡FLACK!! que se desprendió desde la barbilla de Antonio, golpeando con fuerte impacto asestado con el dorso de la mano en el poto de Andrés...
— AUUUUhhhHH!!! — eso duele PAPÁ— dijo Andrés...
— ¡NO ES TU PAPÁ, MARICÓNNNNN HIJO DE PUTA!!!!!, ES MIO... es mío... es mío, —repitió Pablo, empezando a sollozar...
— ¡FLACK!! — sonó la violenta bofetada en el poto de Pablo.
— ¿Cómo le dijo al joven Andrés, Pablo? — que no respondió, sólo dejó escapar un sollozo.
Los chicos empezaron a llorar simultáneamente, desconsoladamente, no lucharon contra las cuerdas, sólo lloraron. Antonio maniobró con la camioneta hasta que la estacionó en una berma muy ancha. Se acercó a los jóvenes, los nudos se habían apretado por los esfuerzos de liberación, Antonio notó heridas en las muñecas de ambos, que habían sido atadas de tal manera que las manos estaban entrelazadas, pese a la intensa presión, no habían logrado desatarse. Antonio sacó su cortaplumas.
— Quietos el par de tontos, o los puedo cortar— un ágil y rápido tajo los liberó, otro tanto de sus caderas y aún otro más de sus talones... los puso a ambos bocabajo en el asiento estirado completamente, puso una pierna entre las de Pablo y la otra entre las de Andrés, la primera bofetada fue contra el poto de Andrés, la segunda y de vuelta fue contra el poto de Pablo... los castigó por unos buenos 30 segundos, dejándoles los traseros colorados. A cada bofetada se escapaba un ¡oucccchhh! De los chicos para terminar en un ¡Ahhhhaaahhh!
Se salió de entre los muchachos y los dio vuelta... Puso cara de sorpresa, desilusión, y sólo le quedó sonreír.
— ¡Par de degenerados!— ambos lucían rutilantes erecciones y aún escapaban líquidos de las puntas rampantes y pulsantes falos...
Se los agarró a ambos, empezó a masturbarlos lentamente, los gemidos se confundían, los ayes y oes, los mmmmmgpppphhh y los ffssshhgggsssff se alternaba sin concierto ni orden. Más aún, Antonio lo forzó a juntarlos y los chupó a ambos simultáneamente, (se sentía un viejo degenerado) siguió masturbándolos, hasta que explotaron ambos casi al unísono, Pablo unos pocos segundos después que Andrés el hombre deliberadamente dirigió los chorros de semen a las barbillas respectivas, y cada uno quedó cubierto con el semen del otro. Los tomó de las caderas a ambos y los obligó a enfrentarse vis a vis. No tardaron en besarse apasionadamente, refregando los torsos para mezclar sus jugos, Pablo estiró la mano para meterse en la partidura de Andrés, y este se hizo del falo resbaloso de Pablo que escurría líquidos.
Acezando, ambos muchachos arrastraron a Antonio entre ellos y se le estrecharon.
— ¿Pablo...?
— ¿Si?
— Me podés dejar decirle papá, sin que te enojés como hijo de puta? —
— ¡Flack— sonó la bofetada en el poto de Andrés
— Oucchhhh!
— NO le pegues Antonio, déjalo... — reclamó Pablo.
— ¿Andrés?
— ¿Si?
— Dile papá, si deseas y si él quiere...
— Ustedes están weviando... me están negociando, me siento una mercancía.
— Cállese señor Krzthjiovic, usted es adulto, deberá saber manejar la situación de hijos celosos. ¿Acepta que Andrés, sea también su hijo?
Antonio pensó rápidamente, si demoraba un solo segundo la cagaba medio a medio y para siempre. Sin titubear respondió:
— Si, obviamente que sí..., dame un abrazo hijo... — la situación era esquizofrénica, de la ira a la entrega, pero Antonio debía manejar la situación...
Andrés, que descansaba en el hombro de Antonio, se incorporó como impulsado por un resorte, se tomó las cara con las dos manos, empezó a llorar con sollozos espasmódicos, gruesa lágrimas escurrieron de sus ojos que le inundaron la cara, la barbilla y aún le corrieron por los antebrazos, tiritaba, sus sollozos era trémulos de emoción.
— Papá, papá, papá, papá, papá, papá, papá... — repitió Andrés abrazando a Antonio y a Pablo los apretó a ambos, mojándolos con sus lágrima, que se agregaban a las que vertían Antonio y Pablo...
Se durmieron abrazados en la noche argentina, que los cubrió con un manto de alegría y las perspectivas de una nueva historia. Antonio se dio cuenta que la camioneta no era el mejor lugar para pasar la noche, pero ya arreglarían un campamento.
La pampa es cálida en el día pero fría en la noche tiritando de frío se despertaron los muchachos desnudos, Antonio también rápidamente sacaron el paquete de la carpa, la armaron, extendieron los sacos de dormir, un par de pijamas salieron de las mochilas, vestidos los chicos, se metieron los tres entre ellos, dejando a Antonio entre medio, abrazadas a él, ambos, simultáneamente dirigieron sus manos al entrepiernas del adulto, no lucharon por hacerse del falo de hombre, sólo lo asieron ambos provocante la rápida reacción de Antonio que gimió pidiendo aire, ambos chicos rieron y no cejaron en acariciar la dureza que compartían como buenos hermanitos.
Ambos se fueron aquietando. Pronto ambos dormían profundamente. Antonio sintió algo de alivio, pese a su erección lo último que reflexionó antes de dormirse definitivamente fue que debía arreglar los conflictos entre ellos o no andarían bien las cosas.
Despertaron cuando el sol ya estaba muy alto... prepararon desayuno, los salvajes adolescentes hicieron tres huevos para cada uno, friéndolos en MANTEQUILLA... un litro de leche fría cada uno, cinco panes. Jugo, café, una barra de chocolate entre ambos. Antonio sólo reía y movía la cabeza de lado a lado, entusiasmado al verlos comer, cosa que él no había hecho nunca en tal cantidad.
Desarmaron el campamento, arreglaron todo, a las dos horas los acogía Mar del Plata. Recorrieron la ciudad universitaria. Pablo estaba asombrado por el tamaño de la Universidad, los jardines amplios y ordenados, los enormes árboles. Los muy pocos estudiantes que se veían eran ya muchachos terminales que ejecutaban sus tesis o sus prácticas. Antonio no encontró a su colega argentino, almorzaron una cantidad de bife chorizo que a Antonio le pareció un tantillo exagerada. En rumbo de nuevo, ambos se durmieron como sacos de papas, roncando ambos, abrazados el uno al otro, en la parte trasera de la camioneta.
La pampa se abría amplia y potente frente a Antonio que gozaba del paisaje que, aunque monótono, era atrayente.
— ¡Me duele boludo, suave! — escuchó Antonio — me diste una piña en la boca y me apretás demasiado—
— Ups! disculpa— respondió Pablo, al mirar por el retrovisor, Antonio los vio besarse tiernamente, alcanzó a ver que estiraban sus lenguas y las hacían batirse a duelo. Entre las piernas de Antonio se revolvió. La boca de Andrés estaba hinchada y la nariz de Pablo, igualmente inflamada, los hacía verse entre divertidos y patéticos.
Antonio estaba francamente cansado de manejar, ubicó un motel en la ruta sin saber dónde estaban. Antonio pagó por adelantado. En la habitación había una cama matrimonila, y dos camas más pequeñas, ambos chicos, se prepararon unos huevos (DIOS, pensó Antonio, ¡estos me van a arruinar!)
Luego de una ducha, Antonio pidió una cerveza (‘¿dos más quizás?’ dijo Pablo).
— Mmmmh, tráiganos tres por favor, ¿Quilmes?, mmm... si, gracias.
A los pocos minutos una mujer les trajo tres cervezas Quilmes de un litro cada una.
— Bien muchachos, yo me voy a descansar, quedan dueños de la situación, cierren la camioneta, arreglen el desorden que tienen dentro—
Hacía un calor sofocante, Antonio se metió a la cama matrimonial completamente desnudo, hasta el reloj le resultaba pegajoso se lo sacó, lo puso en el velador. Pensó que debía recordar dónde lo dejaba... y se durmió...
Los chicos fueron a la camioneta, Andrés de metió dentro de la cabina, empezó a recoger envases, plásticos, papeles manchados, restos de galleta, cáscaras de fruta y un sinfín de artículos, incluido la tapa de un lápiz que se le había perdido al profesor Krzthjiovic y que había lamentado sobremanera, Pablo se la echó al bolsillo para ponerla en el lápiz huérfano todos los desechos eran puestos en una bolsa de plástico.
Andrés se puso de rodillas en el piso para sacar algunas otras cosas de debajo de los asientos, a cuatro patas, sacaba cáscaras de maní y \"Pochoclo\", Pablo al verlo en esa posición, no resistió y le dio un pellizco en la nalga derecha. — ¡Oucchh!, boludo!! — exclamó con voz aguda, mientras sentía que un estremecimiento lo recorría.
— ¡Tenís buen poto! — le declaró Pablo.
— ¿Qué es ‘poto’, che? — preguntó Andrés.
— ¿...? — Pablo lo miró con cara de pregunta. Se golpeó el trasero con ambas manos, — ¿Poto?, ¡el trasero!, ¡el culo...! —
Andrés los miró desde la posición acuclillada y agachada en que estaba. Movió sensualmente su trasero de lado a lado provocando risas nerviosas de Pablo, que no perdió tiempo y se lo tocó abiertamente pasando la mano por la raja y luego con ambas manos se hizo de ambos globos de Andrés, que gimió...
— Loco, esperá..., terminemos esto... luego vemos eso del ‘poto’... —
Pocas veces una tarea había sido terminada con tal rapidez, en verdad no se terminó, un par de chorros de agua al parabrisas fue suficiente.
Se metieron a la cabaña, se besaron apasionadamente, esta vez Andrés no reclamó por la presión en su boca aún medio hinchada las manos, protagonistas principales de la acción no descansaban y se recorrían de parte a parte, arriba a bajo, ocasionaban grande perjuicios en las entrepiernas, en las rajas de los traseros-potos-culos, en las tetillas y aún en las axilas e ingles.
— Estai traspira’o como vaca de rodeo, Andrés—
— Y vos como caballo de feria, Pablote—
En la ducha ambos se jabonaron el uno al otro que era sólo una excusa para tocarse, al momento de enjuagarse, la espuma se escurrió de los cuerpos dejando las erecciones libres para que Andrés se arrodillara en la tina y se metiera la dureza en la boca arrancando del chileno suaves ayes.
Sin secarse salieron a la habitación principal y se arrojaron a una de las camas simples en el máximo silencio posible, Antonio roncaba ruidosamente, Pablo se incorporó y se fue a cerrar la habitación en que dormía el protector.
Volvió apresuradamente al campo de batalla, Andrés lo esperaba ansioso, agarrándose el pene con una erección pasmosa, Pablo lo besó hundiendo la lengua en la boca del muchacho argentino arrancando gemidos de pasión.
Pablo deshizo el beso — ¿te puedo besar el hoyo? — le preguntó ansiosamente.
— ¡Si... ssss.. Si...! lamélo... lamélo, ¿mmm... mme lo metés después?—
Pablo lo dio vuelta suavemente, como retardando el momento para hacer más duradero el sensual momento. Se arrodilló entre las lampiñas piernas del ansioso Andrés separándoselas, cogió los globos y los abrió para tener acceso al tesoro que se refugiaba entre ellos.
— Pablo, ponéme la pija entre medio del culo, ppp.. ppr favor— efectivamente Pablo, se echó sobre Andrés, lo aplastó un poco, y acomodando su duro y babeante miembro entre las nalgas de Andrés empezó a moverse.
— Te quiero argentino, te quiero, te quiero... — a cada ‘te quiero’ un leve empujón los llevaba a ambos a límites de sensualidad que no parecían haber experimentado antes.
— Andrés— le dijo Pablo mientras lo besaba en las orejas y le lengüeteaba el rostro — ¿me los harás después a mí? —
— Pppab... Pablo... no lo he metido nunca a nadie... —
— ¿En serio? —
— Si... no lo he metido nunca, ¿viste? —
— ¡First time for everything!..., como dice papá, o sea te voy a quitar la virginidad de la ‘pija’, argentino rico—.
— Quiero lamerte el hoyo, Andrés, levanta el poto—, Andrés se apoyó en los codos, recogió las piernas quedó de rodillas, exponiendo su ano a la lengua de Pablo que, sin pausa, se dirigió directamente a la pequeña boquita rodeada de arrugas que pulsaba ansiosa.
— Ffffffffffffffssshhhhhhhgghhhh!!!!! — susurró Andrés al sentir la lengua de Pablo que lo recorría por cada arruga de su apretado ano. La lengua de Pablo se adentró un par de centímetros, pero no entró más allá, dejó cuanta saliva pudo y se dirigió por el periné hasta el saco de Andrés, tomo cada redondez en su boca y finalmente chupóambos testículos arrancando de Andrés gemidos sin control. Nada podía hacer Pablo para acallar al escandaloso sujeto que gozaba de cada administración que le hacía el bondadoso chileno.
— Metélo, metélo Pablo... metémelo en el orto—
Andrés se adelantó.
— ¡Chúpalo Andrés, mójalo... dejalo mojado— el joven argentino no se hizo de rogar, se metió la verga de Pablo y la dejó llena de saliva.
Andrés se acomodó detrás de Andrés. — Andrés, te lo voy a meter ¿seguro que quieres eso?
— Si, si... lo quiero... dale, dame por le culo, ¡chileno puto! —
Pablo tomó su pene en su mano derecha, echó atrás el forro que cubría la cabeza de su pene y la apuntó a la entrada de Andrés. Un ligero empujó y las dilatadas paredes del ano de Andrés se abrieron como portones de iglesia bien lubricados, acogiendo la cabeza que sólo estuvo un segundo detenido para dejar que Pablo recuperara sólo un poca la serenidad. Otro empujón y la vara se deslizó para luchar con el obstáculo que le imponía en esfínter.
— Ohhhhh!!!! —
— Ttt... te duele? —
— No, pero esperá un poquito, por fa... por favor! — Pablo se detuvo, dejando que Andrés se acostumbrara a la dilatación que estaba provocando en su recto.
— Lo tenés, lo tenés... más grande que Antonio, rico... rico...—
Unos segundos después — Sacálo y entrás de... de nuevo Pablo, quiero sentirlo de nuevo, ¿ves? —
Pablo se echó atrás, lentamente fue adentrándose, esta vez sin pausa, hasta quedar encajado hasta la raíz.
—OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!, che, me matás... hacélo de nuevo... —
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
— ¡OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!,
Cada entrada y salida OOOOOOOOOOOOOOOoooooooooohhhhh!!!!, hasta casi aullar.
— AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaa! Del pene de Andrés se escaparon cinco potentes chorros de semen que fueron a dar a la cama, dejando un reguero plateado y mocoso. Pablo siguió por unos tres minutos más arrancando estertores cada vez más débiles de Andrés.
— Acabá, acabá Pablo, m’estás matando... me duele un poco... acabá por favorrrrrr!!!
Andrés sintió que la cosa que lo entraba sin mucha piedad se ponía más grueso, que tiritaba, o eso le pareció, un algo caliente le llenó el recto... el líquido escurrió por sus piernas, Pablo había acabado sin ningún sonido.
Cuando Andrés miró hacia su poseedor, vio a Antonio que sujetaba a Pablo de manera que le tenía la boca tapada, razón por la que el orgasmo había sido silencioso, que la garganta de Pablo estaba pálida conforme los dedos de Antonio se aferraban a ella, su primera sensación fue de alarma, pero al ver la cara de Antonio que lo miraba con una ligera sonrisa, y la cara desmayada de Pablo, la calma lo invadió. Sólo se dedicó a Gozar.
Andrés colapsó cayendo de bruces, sacando de su recto el pene de Pablo que quedó sujeto por Antonio, de rodillas y con una cara de intenso y extático placer miró a la pareja, Antonio ahogaba a Pablo como estrangulándolo, se dio cuenta que Antonio tenía dos dedos profundamente encajado en Pablo mientras eyaculaba al aire repetidos chorros en un orgasmo interminable, Andrés recibía los chorros de líquido seminal en su trasero, su espalda y aún su piernas. Cuando el último ‘chorrito’ sólo se deslizó por la punta, Antonio soltó a su presa, Pablo respiró ahogadamente, tosió, y se desplomó sobre Andrés como un muñeco desmañado. Luchó desesperadamente por aire...
— El tao del amor— dijo Antonio — si se corta el suministro de aire, el orgasmo se hace desmayante... una práctica interesante.
— Eres un bruto... — reclamó Pablo.
— Puede que si..., pero ¿bien?
— Si, pero eso fue tortura.
— ¿No me invitaron a su fiestecita privada?
— Bueno vos dormías— respondió Andrés algo azorado.
— Bueno, vale, entiendo... pero además estaban metiendo un montón de ruido. Agregó — Son lindos ustedes—, eludiendo una espiral de discusión.
Los chicos estaban demasiado cansados para hacer nada y se durmieron ante Antonio, que se vistió y salió a caminar por los alrededores, un pueblecito pequeño, aislado, del que no supo nunca el nombre. Vio gente que caminaba con mates, algunas tiendas de artesanía local que era básicamente la misma que se podía ver en Buenos Aires o Mar del Plata. Compró un facón verijero a cada chico, luego se arrepintió pensando que se agarrarían a puñaladas por cualquier cosa. Entró a un bar y pidió una cerveza, lo atendieron rápidamente, el chico que lo atendía era realmente buenmozo, pero no le dio ninguna señal equívoca, evidentemente estaba con su novia y trabajaban juntos en el bar.
Caminó por la barriada, chicos jugando, las chicas eran algunas muy lindas, exentas de todo el exotismo del gran Buenos Aires, en que lo rubio, los ojos verdes y los cuerpos esculturales habían desaparecido para dar lugar a un conjunto de personas con arraigos españoles y mapuches, tal como en Chile, de pelo oscuro, ojos café, cuerpos un poco menos estilizados.
Decidió volver, ya había llegado al final de \"ninguna parte\" aunque las boletas ‘del consumidor final’ decían \"San José de La Plata\", se hizo el propósito de buscar en un mapa el lugar... un cartel verde de tránsito le dijo que estaba a 480 km de Buenos Aires.
Pensó en los chicos, reflexionó que los celos que lo habían llevado a intervenir en el acto de amor de Pablo y Andrés era una estupidez y que el anacrónico en esta relación era él, y que debía dejar paso a los chicos y él... quizás renunciar a ellos y empujarlos a crecer, marginándose, la reflexión madura, equilibrada y racional, chocó violentamente contra los deseos más elementales que aún bullían con fuerza en sus espíritu y en su carne, si bien dura y fibrosa, nada tenía de lo que tuviera que avergonzarse, quizás menos rápido, corría poco y se cansaba pronto, el espejo devolvía una imagen con más arrugas que las que quisiera y si bien las canas lucían bien, brillantes y sanas, no dejaban de ser canas que contrastaban notoriamente contra las cabelleras lozanas, abundantes, de sus jóvenes amantes ¿ambos eran sus amantes, no?, la incerteza lo sumió en un hoyo de depresión que a lo menos le llegaba a las rodillas, y él sabía que prontamente ese pequeño averno se agrandaría hasta cubrirlo completamente. Luchó contra la sensación abrumadora de ¿pena? ¿tristeza?, ¿abatimiento?, rió y se habló, ‘no seas tonto, aún es tu tiempo’, aborrecía decir ‘en mis tiempos tal cosa’ pero era cada vez frecuente que no sólo lo decía, aino que además lo sentía. Y una cosa es decir las cosas y otra muy distinta y tremenda es sentirla. Miró un árbol grande, se veía añoso, algo retorcido de tronco, sus ramas se abrían al cielo implorando algo que no podía ser otra cosa que ... ni se le ocurrió que podía ser lo que imploraba el dichoso árbol, quizás no imploraba, sólo esperaba a darle un abrazo a algo o alguien... le pareció mañosa y poco astuta la forma de eludir la respuesta que le reverberaba en la mente... pero admitió que autoengañarse era también una forma de mantenerse vivo, se rió de sí mismo, miró atrás, y muchas de la cosas que había hecho le resultaban muy poco satisfactorias, se le ocurrió la palabra ‘cobardía’, detrás de una matas la palabra ‘tonto’ le hizo un guiño despectivo, y más allá un mujer pintarrajeada completamente que trataba de tapar su feo rostro, una prostituta vieja ya acabada en verdad, se deshizo en el aire como humo escribiendo la palabra ‘mentiroso’. Luchó desesperadamente por no caer dentro del hoyo que creyó haber dejado hace unos metros atrás, se dio cuenta que caminaba por el fondo hacia las profundidades en que la luz era sólo un recuerdo. Un horrible nudo se empezó a armar en el fondo de la garganta, trató de reír, pero de su garganta escapó algo muy parecido a un sollozo, esas risas que empiezan fingiendo serlo, pero no lo logran y poco a poco se van transformando en lo que realmente son, un llanto mal disfrazado.
Se sentó en un banquito mal iluminado plagado de graffitis los leyó e iban desde reclamos adolescentes ‘te amo maruja’, ‘la profesora de artes lo mama’, ‘Che, hasta la victoria siempre’ hasta sólo rayas que trataban de ser armoniosas. Se echo atrás apoyando la espalda en los recuerdos, el jovenzuelo de pololargo y abundante, renegrido, de pañuelo atado a la cabeza, una boina medio sucia y descuidada, corriendo delante de un carabinero que, palo en ristre, lo perseguía por la facultad... en menos de 20 segundos el policía lo perdió, corrió a tal velocidad que el esbirro del estado renunció... contaba después como un héroe orgulloso de su hazaña, la escapada de la \"represión\" en verdad lo único que lo hizo correr a tal velocidad era el inmenso terror que lo invadía, pero esa parte no la contaba nunca, y sabía que se traicionaba, que mentía... y lo peor es que se mentía a si mismo... la primera nota en la universidad ‘siempre fui buen alumno’... jejejeje... no, no siempre, es más, en verdad nunca lo fue... su primera nota ¡UN DOS! Había ostentado tanto, había sido tan soberbio, tan pedante en clases como en la cafetería del Platón de la cancioncita idiota aquella... y el pésimo rendimiento había sido una bofetada que lo delataba como un absoluto imbécil... y claro, fue buen alumno, en verdad muy bueno, pero nunca fue por un compromiso con él mismo, fue un compromiso con la imagen que quería proyectar. En término prácticos el resultado había sido el mismo, pero era sólo una imagen, no le satisfacía y en verdad pocas cosas en la vida lo habían satisfecho... ahora tampoco estaba satisfecho, sentía que era un homosexual reprimido y le daba miedo enfrentar al mundo desde su mundo. Un mundo que lo agobiaba, que le daba vergüenza, y que no había consuelo, y que jamás su esqueleto saldría del closet, donde estaba condenado a permanecer bailando haciendo sonar los huesos como triste sonaja, instrumento sólo.
Su cuerpo, bajo, delgado, su apellido impronunciable y ni siquiera él estaba muy seguro de cómo se pronunciaba, un nombre vulgar. Un tipo cobarde, que ardía en furia prontamente, sólo como un eficaz medio de defensa y de tapadera del miedo, que hablaba desafiante sólo para cuestiones efectistas. Se sentía una perfecta mentira. Le pareció que el respeto que inspiraba en medios académicos y entre alumnos, entre colegas y autoridades universitarias era sólo una parafernalia inventada, un inmenso teatro montado para salvaguardarse de los horrible que era ser como era... ¿Cómo era?... no lo sabía, y si lo sabía no se atrevía a admitirlo... no era nada, era un falsario, nunca se le había quitado lo soberbio y arrogante, y aún la imagen de modestia exacerbada de modestia que ostentaba ahora no era más que una tapadera de vuelta para concitar la admiración que lograba una admiración que lo subyugaba, que trataba de alimentar hablando leseras que no eran suyas sino que las repetía de otros que claramente eran más inteligentes que él y que a poco andar los delataba diciendo en verdad estas ideas han sido desarrolladas por... y declamaba con autoridad el nombre del personaje, que, curiosamente, provocaba aun más admiración... y él era feliz... ‘No quiero un monumento’ pero era lo que más deseaba. ‘Naaahhh... yo no soy inteligente...’ pero le encantaba que los demás lo creyeran, si se lo decían simplemente ponía colorado y le encantaba que lo vieran, así demostraba con su fisiología que ‘él es un modesto’. Y lo creía una virtud y como tal debiera ser exhibida, paradojalmente
Se levantó, no más aliviado, pero quizás con más ánimo como para acercarse al motel, temía encontrar a los chicos enzarzados en sexo... pero si era así... lo dejaría... ‘seré racional’ se declaró a si mismo son mucha convicción...
No estaban en sexo, estaban arreglando la camioneta, limpiándola, lavándola mejor que hace unas horas atrás.
— Chicos... — los saludó.
— Donde estabas, estábamos casi preocupados, son las doce y media de la noche...
— Estaba conversando con un sapo viejo, iba con una guitarra cantándole algo a la luna y a las estrellas... un sapo cancionero...
A la una los muchachos se bebieron medio litro de leche cada uno, dos sandwiches, y una botella de cerveza entre ambos.
— ¿Viejo?, ¿podemos dormir contigo hoy? Preguntó Pablo. Antonio estaba con la vista fija en una montaña de reflexiones. — ¿Algo anda mal? — preguntó inquieto Pablo.
— ‘Sho’ sé qué anda mal... — afirmó Andrés.
— ¿Vos sabés? — imitó Antonio a Andrés el acento Argentino.
— ¡Vos estás celoso, Antonio! — afirmó Andrés seriamente. Su hermoso rostro estaba serio. — ¡Mirén, ‘sho’ me via ir mañana para Mardel!, estoy de intruso acá, no debí haber venido, estoy arruinando la relación de ustedes, además, shegados a Bariloche, ¿como vuelvo acá?, debo volver a la UBA, estoy recién en primer año...
Antonio lo miró... — ¿En verdad eso quieres?, ¿quieres volver a Buenos Aires? — Andrés los miró a ambos, movió la cabeza afirmándoles.
Pablo estaba desazonado, su corazón se batía furiosamente, el argentino le había provocado primero deseo, luego ira infinita y ahora le había conquistado el corazón, no quería perderlo por nada del mundo, pero estaba enmudecido, nada podía hacer para impedir la voluntad del argentinito, al que le envidiaba la resolución que mostraba.
— Metansén a la cama ustedes, yo vi’a ocupar la otra, che, y les pido disculpas por haber intervenido... — la voz sonaba triste, desilusionada, y los ojos brillaban como estrellas en la Patagonia. Antonio se debatía entre dejar que todo acaeciera, asi podría recuperar a Pablo completamente, o reaccionar para disuadir a Andrés, dado que también sentía un fuerte flujo hacia él, y no le cabía duda que podía amar a ambos, que su triángulo podía ser armonioso, aunque estaba seguro que él sería el primero en salir del mismo.
Antonio decidió jugar la carta más riesgosa, descalificar al muchacho en sus intenciones y no dejarlo escapar, estaba convencido que lo necesitaba...
Hablando en el mas puro estilo chileno y mostrando un enojo serio e intransigente le dijo, — ¿Y vos creís, cabro weón, que me agarré a combos con un guatón y te saqué en pelota de ese lugar, pa dejarte botado en medio de la nada?... ¿aaah?... —se levantó sintiendo en verdad furia— ¿vos creís que te saqué de tu pega pa puro darte por el culo, chiquillo de mierda?... ¿tan hijo de puta me creís cabro pelotudo que te arranque para nada?... aaah?
Andrés lo miraba temeroso, Antonio se acercaba lentamente al joven argentino que palideció conforme la voz del profesor chileno dejaba a las clara el temperamento explosivo y resolutorio que lo hacía famoso entre pares y estudiantes. Lo tomó del hombro y lo dio vuelta como si fuera un muñeco... le dio una feroz palmada en el trasero.
— Aaaaaaahhhhhhhhhhhhyyyyyyyyy!!!... no me pegués vos, no tenés derecho— le reclamó Andrés con voz temerosa, en verdad asustado, francamente asustado.
— Papá— intervino Pablo — no le pegues, además no es un niño para que le pegues ni con esa fuerza ni en su trasero, lo estás humillando, y eso no corresponde, además... — La mirada que Antonio le devolvió a Pablo lo enmudeció... Aún así, Pablo se interpuso entre ambos.
— Papá, cálmate... — dijo con voz trémula, tomó a Andrés y lo puso detrás de si, sirviendo de escudo—
— ¡Pero tan irresponsable me cree ese cretino? — escupió Antonio. Se metió las manos a los bolsillos en ademán de demostrar que no las usaría más.
—Andrés, Pablo, vengan debo conversar con ustedes— Ambos chicos lo siguieron, Andrés se sobaba el glúteo derecho, nunca le habían pegado con tanta fuera, le ardía, además, como dijo Pablo, tenía más lastimado el orgullo y las lágrimas le corrían por el rostro silenciosamente. Una vez dentro de la cabaña, sacó bebidas, tres vasos, cigarrillos y dos cervezas. Mojó un paño, lo estrujó, se acercó a Andrés, — bájate el pantalón un poco— Andrés titubeó, era evidente lo que haría Antonio, pero aun así, se resistió, Antonio sólo lo miró significativamente, a lo que Andrés reaccionó, bajando los pantalones un poco, Antonio se separó la ropa interior un poco y le metió el paño húmedo entre la ropa interior y la piel, lo que hizo retorcerse a Andrés al sentir el frío contra el ardor que sentía en su nalga derecha.
— Andrés, Pablo, este era el plan que yo tenía, escúchenme, luego preguntan, iríamos en un viaje sin incidente alguno, desde Buenos Aires hasta Bariloche, allí haríamos los arreglos legales necesarios para que Andrés pasara a Chile sin problemas, tienes tu DNI ¿verdad?, pues bien, no debiera haber problema, eres adulto, en Chile, entrarías a la Universidad por algún mecanismo poco convencional pero nada ilegal..., ¿dijiste que querías llamarme Papá?, pues bien, te adoptaría, lo mismo a Pablo, en el mismo trámite, este rollo pretendía irlo desarrollando en nuestro feliz viaje al sur de tu país Andrés, pero dada las circunstancias, más vale que lo devele ahora... entonces antes de seguir debo saber si les parece este plan de viajar hasta Bariloche y que quieren ser mis hijos. No deben renunciar a sus apellidos. ¿Preguntas?
— Yo tengo una— dijo Pablo— ¿volverás a la Universidad?, recuerda que casi salimos huyendo de allí.
— Si, Pablo, volveré a la Universidad, seguiré siendo académico, la homosexualidad no es ilegal en Chile, y si debo enfrentar la situación, muy a mi pesar, lo haré...
— Tengo otra— Pablo de nuevo—
— Si...? —
— ¡De verdad estás celoso? —
— Si, estoy celoso, y si quieren que les diga, estoy celoso de ambos, es inexplicable, pero si, estoy celoso de que estén el uno con el otro, y que me excluyan, y es una estupidez, sin duda, pero los amo a ambos y no por tener sexo con ustedes, es amarlos, abrazarlos, besarlos, hacerles cariño como a cachorros que son... ya... lo dije... Si Andrés desea irse no se lo podemos impedir, me dará una inmensa pena, pero es libre...
Ambos chicos quedaron como pasmados, ambos mirando al hombre con un gesto de asombro e incredulidad. Paralizados.
— ¿Más preguntas, jóvenes?
Parecieron reaccionar... primero con movimientos de cabeza, sacudiéndola como para deshacerse de la incredulidad. Andrés se tomó el rostro, gruesas lágrimas le corrían por el rostro, hacía tremendos esfuerzos para no sollozar, sólo se sacudía, Pablo lo abrazó, con tremenda emoción, pero sin decir nada, lo abrazó fuertemente, roncos sonidos salían de la garganta de Andrés, ambos se incorporaron, abrazados se fueron acercando al hombre, ambos se agacharon y cayeron en los brazos del menudo adulto que los miró con emoción pero serenamente. (‘Tanta lágrima este viaje, y recién empezamos’ dijo para si Antonio).
— Sos un viejo de mierda, tan ... tan hermoso... — declaró Andrés.
— Gracias, pero eso no me dice si aceptas mi propuesta... —
Andrés miró a Pablo como buscando en el joven chileno una aprobación, éste entendió — Andrés, esta es una decisión de cada uno, si me pides mi aprobación, no te la diré, debes decidir por ti, déjame hablar por mi... Papá, yo acepto ser tu hijo, pero no cambiaré mi apellido... sumaré a los que tengo el tuyo, tendré tres apellidos.
— Se que decís, pero así y... y todo... quiero saber que me aceptás como hermano, que no sentís que te quito espacios, y... sé que soy un avenediso.
— ¿Me aceptás vos? — le preguntó Pablo, imitando el acento.
— ¡Si!, ¿Me aceptás vos?
— ¡Si!
— ¡Se están casando ustedes? — preguntó Antonio
— ¡Si! — fue la respuesta al unísono, se miraron y se rieron.
— ¿Nos aceptas tú? —
— Si, los acepto... — la emoción en Antonio era evidente. Se abrazaron como si no hubiera mañana.
— Escúchenme par... —
— ¿Si señor?
— Los potos de ustedes me pertenecen, para darles en ellos cuando sea necesario, no quiero peleas entre ustedes, ninguna, si hay desacuerdos, lo arreglaremos conversando, ¿vale? —
Ambos se miraron, se dieron vuelta al unísono y dejaron sus traseros al alcance de Antonio, los movieron de lado a lado.
— Nuestros potos son tuyos, no sólo para castigarnos... — dijo Pablo dejando la frase inconclusa, Antonio besó a ambos en sus traseros. Sobó a Andrés en el lugar que había bofeteado tan brutalmente, le sacó el paño húmedo, vio lo sonrosado del área del golpe, lo acarició un poco y lo cubrió de nuevo.
— Masocas— concluyó Antonio. Pablo le sacó la lengua mirándolo con picardía— sadoca—
Al día siguiente despertaron los tres en la misma cama matrimonial, la ducha fue rápida, cada una por separado, arreglaron cada uno sus cosas. Se hicieron un desayuno monumental, Antonio tomo sólo unas tostadas y algo de café, bastante lejano del que vendían en Chile, un polvo oscuro que ensuciaba el agua caliente. Los muchachos comieron tanto colesterol, en calidad de huevos, mantequilla, un litro de leche cada uno, tostadas, mermeladas, jugo, frutas, en fin... para agotar a cualquiera. Finalizada la ardua faena de darle de comer a los sacos sin fondo, dejaron los platos en el lavadero. Terminaron de vestirse. ‘¿Usarás calzoncillos?’, ‘mmmh, ¿tú?’, ‘no’, ¡okey, sin entonces’.
— En camino muchachos—
Los kilómetros de pampa era interminables conforme se dirigían al suroeste, los caminos era amplios, en lugares no muy bueno, pero en general bastante buenos. ‘¡¡Mira!! Un avestruz!!!?’, ‘¿Un avestruz?’, ‘bueno, eso parece’, ‘Un choique quizás’, pero avestruces hay en África’, ‘¿En África’?, ‘Si, pues, pero son parientes’, ‘Ah!’...
Los chicos se fueron quedando lentamente en silencio, habían cantado canciones que Antonio no había escuchado jamás, cuando los increpó a quedarse callado, puso a Vivaldi, ‘parece que eso los sedó’ pensó Antonio para si, hasta que ambos dormían plácidamente. Antonio siguió manejando devorando kilómetros interminables, las estancias se sucedían una tras otra, cada una ofrecía además de asados (todos de cordero). Escuchó que Pablo estaba teniendo pesadillas, se giró para sacudirlo y despertarlo. De pronto un animal se cruzó frente a la camioneta que iba a 100 kilómetros por hora, una violenta frenada y Antonio trató de esquivare al animal, no lo logró ‘¡pafff!’, lo lanzó lejos, matándolo instantáneamente, en menos de 30 metros Antonio logró controlar la camioneta, que se salió de la carretera sin consecuencias, salvo tumbos poco violentos. Con la frenada ambos chicos terminaron desparramados y se desplazaron contra el asiento delantero.
— ¡¡Qué mierda paso, che!! — dijo divertido Andrés.
— ¡Putas!, ¡maté un bicho que se cruzó en la carretera!, me distraje sólo un momento, de no ser por el animal que... — miró a Pablo que estaba pálido como cera, tenía las manos en la cara y la cara de terror era indescriptible...
— Che, qué te pasa, loco, si no pasó nada...!!
— ¡Silencio, Andrés... por favor! Antonio se bajó rápidamente de la camioneta y corrió hacia la puerta del lado en que estaba el aterrado Pablo, la abrió y tomó al chico, que estaba paralizado de terror, lo sacó de la camioneta, el joven cayó de rodillas con los ojos abiertos, Antonio lo abrazó.
— ¡Hijo, hijo... no ha pasado nada, todo está bien, fue sólo una frenada, no paso nada... ¿ya? —
—Papá, papá, estás enfermo papá…. ¡papito!!!! — dijo el angustiado Pablo.
— ¡Pablo, Pablo... no es eso, no es eso... eso ya pasó, ahora ha pasado otra cosa y no hay nada grave!...
Tomó mucho rato que Pablo se percatara que el \"accidente\" no era la recreación de la muerte de sus padres, aunque la circunstancias lo rememoraban, provocando en el joven un torrente de recuerdos agobiantes y aterradores. Se lo explicaron a Andrés, que de divertido en principio, pasó a preocupado, para termianr comprendiendo y abrazados los tres consolando al joven chileno que poco a poco fue recuperando la serenidad.
Se acercaron todos a ver al animal que yacía muerto al borde del camino.
— Una mara— dijo Andrés.
— Así es, y es muy grande, ¿un metro quizás? — ratificó Antonio— oye y no está machucada, parece que le di un golpe no más a la pobre, en la cabeza, ¡pobre!
Echaron el cadáver en la parte trasera de la camioneta aún con las protestas de Pablo llegaron a un lugar con un cartel que decía \"caza\", arrendaron una cabaña, muy limpia aunque nada de elegante, todo lo necesario, pero claramente de un lugar modesto, aún así estaban muy contentos, los dueños eran encantadoras, una chicas adolescentes salieron a ayudar a lo que eran evidentemente sus padres, ver a los chicos y que los ojos de las muchachas se abrillantaran como brasas, sonrisas, miradas largas y encantadas, hicieron que papá tosiera para llamar la atención de las chicas a un comportamiento más decoroso, las chicas (y los chicos) estaban en un cielo lejano y luminoso hicieron migas de inmediato, ‘¿ quieren conocer el campo?’, ‘¿un mate?’, ‘¿de dónde son?’, ‘¿A dónde van?’
Antonio miró al padre de las chicas y le hizo un gesto de ‘Nada que hacer’ que fue respondido con otro que fue entre un bufido y una aceptación.
— ¡Yo pensé que me ayudarían a hacer este bicho—
— ¡No te preocupés, sho te ashudo! — fue la amable respuesta del padre— Guishermo, pa servirlo— le estiró la nudosa mano, apretando fuerte tal como le gustaba a Antonio que respondió de la misma manera.
— Antonio, muchas gracias... —
Descueraron al animal cosa que hizo Antonio, ‘Guishermo’ retiró las vísceras (de lo que Antonio estuvo muy agradecido), lo dejaron en agua con sal y salieron al campo conversando de esta vida y de la otra, de le economía, de la historia, de O’Higgins y San Martín, de la cueca y la zamba, de los trabajos, de los estudios de los chicos y las chicas, a los que vieron a lo lejos ¡jugando futbol!, se disputaban una pelota y, claramente, las chicas tenían una estupenda ejecución con el balón, quitándoles a ambos muchachos la pelota y, obviamente, ellos debían hacer notables esfuerzos para siquiera rozarla.
— Los chicos esos jamás le ganarán a Marisela y Rosalía, ve usté, eshas son las mejores futbolistas de la provincia y están en equipo que son campiones, je, je, je, je...
Rió también Antonio, se acercaron a los chicos, todos sonrosados, traspirados, sus ojos eran luminosos, la corriente de simpatía y atracción mutua era absolutamente evidente.
— ¡Papá!! — gritaron los chicos al unísono.
— Ayúdanos con esta ‘cabras’, son demasiado buenas...
— Eh, papá, tomála, vamos... vení—
— Hijitos, les están ganando las chicas, arréglenselas solos, son grandes, además la derrota es algo que se debe aceptar cuando es inevitable... — les dijo Antonio.
Tanto el padre como las chicas miraron extrañados
— ¿...?
— Si, son mis hijos, si eso los intriga... bueno, es decir, lo serán y ya me dicen papá ambos, me gusta, Andrés es de Buenos Aires, Pablo es chileno, al igual que yo.
— Y usted es shileno, igual que el shico más bajo ¿Pablo?, Andrés también es su hijo... si me disculpa la pregunta intrusa...
— Oh, no se preocupe, es así, conocimos a Andrés en Buenos Aires, tuvo algún problemilla y se vino con nosotros, lo adoptaré en Chile grandote está ya... pero igual me gusta como hijo... — terminó Antonio manoteando zancudos que estaban bravos y cada picada era lacerante. Pronto todos estaban dándose bofetadas en la cabeza, la cara, muchos insectos...
— Ufff!, salgamos de aquí—
Llegaron a la casa, la madre de las chicas tenía prendido el fuego, la mara fue despresada evidentemente el animal no iba a ser suficiente, a lo menos medio cordero fue al fuego (Antonio se preguntó si debía pagarlo, pero era materia de postergarse). Salió vino que Antonio aceptó, al primer trago sintió que le raspaba la garganta, agradeciendo muy cortésmente, pero renunciando prontamente. Pablo se rió por lo bajo, en verdad del vino argentino era tan malo como buenas sus carnes, al revés que en Chile en que las carnes eran tan malas como buenos eran los vinos y a los que estaba acostumbrado el académico de las cosas finas (como decía sarcástico Pablo).
Rosalía y Andrés estaban absolutamente chinchosos el uno con el otro, Marisela y Pablo, aunque menos evidente, sonreían el uno al otro tiernamente poniéndose colorados Antonio se reía y Guillermo bufaba. En todo caso la cortesía nunca dejó lugar a algún reproche.
Lo primero en desaparecer bajo la voracidad de los cuatro adolescentes fue la mara que, como plato exótico aún para los argentinos, resultó muy agradable, el sabor salvaje de hierbas fue delicioso para los chilenos y aún para los locales. El cordero no corrió mejor suerte, Antonio decidió ser franco y le manifestó a Guillermo que prefería tomar cerveza que tenía en la camioneta pero... este vinito, je, je, je...
— Si, si, sha sé... hasta para nosotros es malo, es que nu es de Mendoza, ¿vio?, esoh’si son buenos— Antonio iba a argumentar que... bueno, lo dejó pasar... (tampoco le parecían buenos los vinos de Mendoza)...
Tarde ya, con canto de grillos y algún sapo atrasado en llamar hembras, previa batalla campal con zancudos a palmetazos, insecticida, y algún ungüento, los tres huéspedes se fueron a dormir, con gran desilusión de las chicas, (y también de los chicos), pero Antonio les dijo que debían dormir, que partirían temprano al día siguiente.
— ¡Sha, Sha!, ustedes también sabandijas... a la cama que bastante alboroto han armado sha... — La madre, una mujer absolutamente silenciosa que hablaba en monosílabos y respondía lo justo y necesario con gran cortesía. Antonio besó a las chicas antes de despedirse (olían a sudor). Ya en la habitación, besó a cada chico en la frente y se metió a la cama, desnudo, hacía mucho calor y además húmedo. ‘El mediterráneo, el mediterráneo’ depre