Empezaré por comentarles que la siguiente historia es totalmente real, nos sucedió hace tres años aproximadamente. Somos una pareja del D. F., con 40 años ambos, mi esposa es delgada pero de buenas formas, ya que se cuida mucho, además de que la naturaleza fue generosa con ella por mi parte, yo soy un poco robusto, sin llegar a estar gordo, con 15 años de casados. ……………………. Empezaré por comentarles que la siguiente historia es totalmente real, nos sucedió hace tres años aproximadamente. Somos una pareja del D. F., con 40 años ambos, mi esposa es delgada pero de buenas formas, ya que se cuida mucho, además de que la naturaleza fue generosa con ella por mi parte, yo soy un poco robusto, sin llegar a estar gordo, con 15 años de casados.
Mi esposa siempre ha sido muy tradicionalista en casi todos los aspectos pues así fue educada en cambio, yo soy más inquieto y constantemente, en la búsqueda de nuevas aventuras y el aspecto sexual no es la excepción.
Es cierto que no falta en casa y a pesar de los años que tenemos juntos, seguimos teniendo ricas noches de pasión y debo decir que su cuerpo me sigue enloqueciendo, es de senos más bien pequeños, piernas torneadas y linda figura pero su principal atractivo son unas ricas pompas, generosas, redonditas y paraditas, que hacen que cuando se pone pantalones ajustados, se le vean de campeonato y cuando andamos en la calle, la mayoría de los hombres no puede evitar mirarla.
Yo me doy cuenta de esto y debo admitir que me siento orgulloso de tener una esposa que esta tan “buena” pero casi nunca le hago comentarios, pues como les dije, es muy tradicionalista y tímida y no le gusta ser atracción de las miradas masculinas, de hecho, solamente se viste así a petición mía y cuando vamos juntos, ya que cuando anda sola, viste con ropa muy holgada, pues me dice que no le agrada que le estén diciendo piropos en la calle.
Un día, por cuestiones laborales, tenía que ir a la ciudad de San Luís Potosí, que está como a cuatro horas por carretera y como estaba sin ganas de manejar, decidí irme en autobús. En el camino, como es habitual, pusieron alguna película, creo que de ciencia ficción pero francamente aburrida y estábamos viéndola cuando mi compañero de asiento me dijo “hola amigo, ¿qué aburrida película, verdad?, mejor le voy a decir al chofer que ponga una que yo traigo, con esa te aseguro que todos despertaremos…”.
Me llamó la atención su comentario y la verdad, no había puesto mayor atención a mi compañero de asiento, era un muchacho de unos 35 años, que se veía muy extrovertido y le pregunté “¿pues cuál película traes?, a mí me gustan de suspenso”. Soltó una carcajada por mi comentario y me dijo “la que yo traigo es una película casera pero te aseguro que te gustaría, mira, lo que pasa es que mi esposa y yo nos gusta filmarnos, tú sabes, cuando tenemos sexo, somos muy liberales, a veces nos reunimos con otras parejas y aquí traigo un video de mi esposa cogiendo con un amigo mientras su esposa me da tremenda mamada…, ¡uuufff!, eso fue hace como un mes y estuvo de lujo”.
Yo no sé qué cara puse pero me preguntó “¿que tú no eres casado?”, le respondí “sí pero nunca hubiera pensado en hacer algo así…”. Enseguida, él aclaró “pues amigo, no sabes lo que te estás perdiendo, nosotros somos swingers” y me empezó a contar todo lo que es este movimiento. Me dijo que como pareja se han unido más, que lo han disfrutado mucho, lo malo es que en San Luis no hay lugares swingers, ya que ellos radican ahí y me explicó que hay varios sitios en el D. F.
Así transcurrió todo el viaje, platicando y debo decir que despertó en mí, cierto morbo por conocer uno de estos lugares. Total que llegando a San Luis, él me dijo “bueno amigo, luego nos vemos, ojalá algún día te animes, ya verás que es increíble”.
Yo arreglé mi asunto y regresé por la noche a casa y durante la cena, le platiqué a mi esposa todo lo sucedido, diciéndole que me parecía muy interesante que existiera eso mientras yo hablaba, ella se me quedaba viendo sorprendida de lo que le contaba y diciéndome que le parecía totalmente inadecuado e inmoral y que ella nunca haría una cosa así, además de que no podía entender cómo una pareja podía hacer eso.
Enseguida, ella me preguntó qué pensaba yo, le contesté que tanto como hacer algo así no pero que la verdad, sí me daba curiosidad ir a uno de los lugares swinger que me había platicado. Inclusive, añadí “mira, según me platicó el amigo, nadie te obliga a nada, podemos ir solo como espectadores y ya…”. Sin embargo, ella me dijo terminantemente “pues de plano, no cuentes conmigo ni para ver, si quieres ve tú solo, a mí no me atrae para nada”.
Así acabó la plática de ese día pero se quedó en mí, el deseo y el morbo por conocer uno de esos lugares, así que dejé pasar una semana y nuevamente toqué el tema, diciéndole “oye, ¿de veras no te da ni tantita curiosidad ver qué pasa en esos clubes?”, ella volvió a responderme “no, francamente no, pienso que debe ser muy desagradable y no quiero ir”. Resignado, le dije “bueno” pero empecé a preparar mi plan, pues desde que nos casamos, tenemos la costumbre de que el día de cumpleaños, salimos a cenar a algún lugar que el festejado decida y solo faltaba un mes para el mío, así que decidí esperar.
Llegado ese día, por la mañana, después de despertarme cantando las mañanitas y darme un regalo, me preguntó “¿a dónde quieres que vayamos a cenar, amor?” y fingiendo, yo le contesté “la verdad, no he pensado en eso pero te pido un favor, arréglate bonita y en la noche paso por ti para ir a algún lugar”. Saliendo de la casa, fui directamente a comprar la revista “Tiempo libre”, donde me dijeron que se anunciaban estos lugares y estuve hablando a varios, preguntando qué había hasta que me decidí por uno.
Ya en la noche, pasé por ella y le dije “vamos a ir a un lugar que tengo muchas ganas de conocer”, a lo que me comentó “claro amor, vamos a donde gustes”, así me dirigí hacia la colonia Lindavista. Ya para llegar, le confesé “mira, la verdad es que vamos a un club swinger, no te lo dije antes porque sé que te hubieras negado…”, ella se me quedó viendo un poco molesta pero dijo “ya te había dicho que no me interesa conocer estos lugares pero por ser tu día, esta bien, solo te pido que si en cualquier momento me siento incómoda, nos salgamos de inmediato”, lo que acepté y así llegamos al lugar.
Al entrar, vimos que es un lugar pequeño, para unas 20 parejas pero solamente había tres, ya que apenas eran las 10:30 p. m., entonces pedimos una mesa al fondo y lo que nos gustó fue que la luz era muy tenue, lo que te da cierta privacidad. Luego, pedimos unas copas y empezamos a platicar y a ver unos monitores con películas XXX poco a poco, el lugar se fue llenando y para las 12 de la noche, ya éramos unas 10 parejas y algunas se pararon a bailar y se empezaban a acariciar, primero disimuladamente pero después, ya abiertamente, inclusive, un tipo le sacó los senos a su esposa y se los sobaba y se besaba durante el baile.
Eso empezó a subir la temperatura del lugar, nosotros también nos paramos a bailar y aproveché para acariciarle las nalgas, a lo que puso un poco de resistencia pero luego al ver que “cada quien estaba en lo suyo”, lo fue permitiendo.
A eso de las 12 o la 1 de la madrugada, dieron la tercera llamada para el show, que fue de una chica haciendo un strip tease, posteriormente un stripper disfrazado de policía se quedó totalmente desnudo, posteriormente pasaron a las mesas los dos mientras por micrófono, decían que podías tocarlos pero mi esposa les pidió que no se acercaran a nosotros, por lo que pasaron de largo al final, los dos pasaron a la pista para dar un show de sexo en vivo.
Cuando terminó eso, todo quedó en penumbra, con música muy suave y vimos que muchas parejas se metían en un cuarto al fondo, por lo que fuimos a ver. El espectáculo fue muy impactante, a pesar de estar casi en tinieblas, con solo una pequeña luz de fondo, pues se podía distinguir a las parejas ya desnudas, teniendo sexo en diferentes posiciones y varias manos que acariciaban a las parejas de todos lados.
Así, los gemidos y los gritos sordos se mezclaban dando un panorama súper cachondo, imposible no excitarse y yo tenía una tremenda erección y estábamos como petrificados, en la puerta de aquel cuarto de lujuria. Luego, le pedí que por favor me masturbara y me contestó “sí pero yo no entro ahí, vamos afuera…” sin embargo, al salir al salón principal, había muy poca gente, además de los meseros y me dijo “no, aquí menos, todos me van a ver, mejor ya vámonos a la casa” pero le señalé “ya no aguanto, estoy muy excitado” y la empecé a acariciar, metiendo la mano en su entrepierna y sintiendo abundante humedad.
De inmediato, le señalé “por lo que veo, no soy el único…”, entonces ella me aclaró “pero es que me da pena aquí afuera y adentro del cuarto oscuro, está muy grueso”, entonces le propuse “¿qué te parece si nos ponemos en una esquina, donde nadie nos moleste?”, ella aceptó diciéndome “bueno, está bien”. Así fue como entramos a ese cuarto, mar de lujuria y sexo, entonces ella me sacó tímidamente el pene y empezó a acariciármelo suavemente, estando parados, de espalda a la pared, viendo aquel espectáculo.
Junto a nosotros, había una pareja algo mayor, de unos 50 años, ella era rubia y muy bien conservada para su edad, entonces vimos que se arrodilló y empezó a hacerle sexo oral a su marido, que estaba parado junto a nosotros. Mi esposa y yo solo los veíamos mientras continuaba masturbándome hasta que, de pronto, la rubia empezó a acariciarme los testículos, mi esposa solo volteó a verme y me dijo al oído “¿qué hacemos?”, le respondí “pues déjala, tú sigue que nunca lo había sentido y que me lo acaricien entre las dos, es fantástico, es mi mejor regalo de cumpleaños...”.
A eso, ella aceptó “bueno, está bien pero eso sí te digo, si él me intenta tocar, me salgo de inmediato” para entonces, el esposo de la rubia había notado nuestro nerviosismo y me preguntó “¿nuevos?”, le contesté “sí, es la primera vez que venimos…”. Él se sonrió y me dijo “relájate y no te preocupes, entiendo a tu esposa y dile que si no quiere, nadie la va a tocar”, entonces se agachó y algo le dijo a su esposa, esta volteó a vernos y de pronto, cambió de posición, de chupársela a su marido y acariciármelo a mí, cambió a chupármela a mí y masturbar a su esposo, diciéndome “es de bienvenida”.
No supimos qué hacer pero yo me sentía en las nubes y le pedí a mi esposa que no dejara de masturbarme mientras la rubia se pescaba de mi pene, dándome una riquísima mamada, creo que solo quien haya sentido esto me puede entender, es una sensación que simplemente no se puede explicar con palabras. Así estuve en el cielo unos dos o tres minutos hasta que la rubia se despego, dándome un rico beso en el glande de despedida y se regresó a seguir con el sexo oral a su esposo hasta que este terminó en su boca, luego se vistieron y se fueron.
Sobra decir que mi esposa y yo estábamos a mil y empezamos a darnos un faje de antología para esto, ella solo se había desabrochado el pantalón para que yo pudiera meter la mano pero no había aceptado que se lo bajara hasta ese momento, pues en menos de dos minutos y al calor del momento, le bajé el pantalón hasta las rodillas, así le masajeaba sus ricas nalgas y le desabotoné la blusa y el sostén para besarle los senos. De pronto, sin yo decirle algo, ella se fue bajando hasta hincarse y darme una de las mejores mamadas de mi vida hasta que eyaculé abundantemente en su boca y no solo se tragó todo, sino que me lo exprimía como queriendo sacarle hasta la última gota.
Después de esto, ella se fue subiendo y continuamos abrazados, entonces yo empecé a acariciarla introduciéndole mis dedos hasta el fondo, cosa que se facilitaba por su abundante lubricación. Estábamos en eso cuando vi a mi alrededor, quedaban tres parejas en el cuarto y un hombre solo, que se sentó en un sillón a un lado de nosotros, sin dejar de mirarnos, luego dos de las parejas se acercaron y los caballeros me preguntaron si podían tocarla pero de inmediato, ella les contestó que no, por lo que se alejaron y siguieron en lo suyo por su parte, el hombre solo se mantuvo a nuestro lado en silencio.
Yo le pregunté a mi esposa por qué no había aceptado que la acariciaran y me respondió “porque no me interesa que nadie me toque…, solamente tú, además, me moriría de pena y no me gustaría”. Entonces, yo le aclaré “pues yo me dejé y la verdad, no me arrepiento, estuvo riquísimo”, a lo que ella comentó “bueno pero es diferente, tú eres hombre, yo no podría hacer nada de eso”.
Queriendo no presionarla más, le dije “muy bien, como tú decidas pero creo que podrías intentarlo, si no te gusta, dices no y no pasa nada…” pero ella se mantuvo “no, definitivamente no quiero…” y continuamos acariciándonos. Ella seguía recargada de espalda a la pared, como para “protegerse” y yo la abrazaba de frente, de manera que no se le veía nada, de pronto, le dije “ahora vamos a cambiar de posición, yo me recargo en la pared y tú ponte frente a mí, así yo estoy más cómodo y sirve que los señores, aunque sea, “ven” lo que no pudieron tocar”.
En un principio, ella opuso cierta resistencia pero poco a poco, permitió el cambio siguiendo metida de lleno en el faje. En un momento dado, el hombre que estaba solo a nuestro lado, se levantó y se paró detrás ella, a unos 30 cm y me hizo señas de que si podía tocarla, yo asentí con la mirada, rápidamente la abracé contra mi pecho y le dije al oído “de verdad, es increíble que otra persona te acaricie, date la oportunidad”.
Algo me iba a decir cuando ella abrió muchísimo los ojos, se me quedó viendo y me dijo “me están tocando las pompas”, a lo que respondí “ya lo sé, es el tipo que estaba a un lado y me pidió permiso…” y añadí “mira, dale chance unos segundos y si no te gusta, le digo que se retire” pero ella insistió “pero es que no quiero, mejor vámo…”. No la deje terminar, simplemente la callé con un profundo beso y mientras jugábamos con nuestras lenguas, le acariciaba sus senos y su espalda, sintiendo como el tipo de atrás se agasajaba con sus nalgas y le acariciaba las piernas.
Así estuvimos no unos segundos sino varios minutos, haciendo un rico sándwich, con mi tímida esposa, además de que el tipo no perdía tiempo y teniéndola de espaldas, empezó a acariciarle los senos, las piernas y por supuesto, las pompas mientras él le decía “estás riquísima, qué ricura de nalgas, tienes un cuerpo precioso” y… añadió que traía un condón, que si podía ponérselo, enseguida mi esposa le dijo que no, que podía acariciarla pero no penetrarla. Así seguimos en el faje los tres, incluso el tipo le volvió a decir dos o tres veces que se moría por sentirla suya pero mi esposa estuvo repitiéndole que no y que ya no insistiera.
A continuación, él le dijo “esta bien, no quiero ser insistente pero entonces ¿podrías acariciarme un poco el pene? porque ya no aguanto” y es que hasta ese momento, nosotros habíamos recorrido todo el cuerpo a mi esposa pero ella solo me acariciaba a mí, evitando tocarlo a él. Al escucharlo, ella me preguntó al oído “oye, ¿no te molesta si lo masturbo?, para no dejarlo así y bajarle la calentura”, entonces le contesté “como tú quieras amor”, acariciándole los senos.
Ella asintió con la mirada y se volteó hacia él, dándome la espalda, solo vi que le bajó la trusa que hasta ese momento él no se había quitado y comenzó a masajearle el pene mientras yo le embarraba el mío en medio de sus pompas y le besaba el cuello, pues sé que eso la pone a mil… Yo pensé que estaríamos así hasta que el tipo eyaculara y ya nos iríamos pero para mi sorpresa, mi esposa se volteó y me dijo “amor, no sé cómo decirlo pero este tipo tiene un pene riquísimo…”.
Muy sorprendido, la cuestioné “¿qué?, ¿tú diciendo eso?”, a lo que ella contestó “es que no se lo había visto, lo tiene enorme, grueso y duro como un gran pepino…”, a lo que añadí “vaya, pues sigue masturbándolo…”. Luego de unos instantes, ella me comentó lo inesperado “es que…, la verdad, quiero que me lo meta…”, inmediatamente exclamé “¿qué?, pero si dijiste que nunca lo harías…”, a lo que ella respondió “te juro que eso pensé pero cuando se lo toqué, se me puso la piel de gallina y me muero por sentirlo hasta adentro de mí…”.
Al instante, le contesté “pues no sé…, como a ti no te gusta esto, bueno ya sé, solo si me lo pides por favor…”, ella se me quedó viendo con una mirada entre lujuriosa y suplicante y me dijo “por favor, mi amor, déjame coger con este tipo, ¿si?”. Todavía incrédulo, la cuestioné “¿de veras quieres que te la meta…?”, me respondió “¡síííí!, quiero sentirla toda adentro de mí, que me coja hasta que se canse, quiero sentirlo hasta adentro y que ponga su pene en lo más profundo de mí”.
Nunca había visto esa mirada en mi esposa, lo que me puso a mil y le contesté “muy bien, amor, cógetelo y disfrútalo pero ¿qué le vas a decir si él te ha estado pidiendo eso toda la noche y tú te has negado?”. Todo esto lo hablamos en voz muy baja al oído mientras el tipo seguía acariciando la espalda de mi esposa sin saber lo que pasaba y esperando que ella se volteara a seguir con su labor masturbatoria…
Mi esposa no me dijo nada, solo se volteó hacia él y le indicó “ponte el condón, quiero que me la metas, quiero sentirte hasta adentro”, rápidamente el tipo sacó un condón de su calcetín y se lo puso rápidamente, preguntándole “¿en qué posición te gustaría, mamacita?”, a lo que ella contestó “en la que quieras pero ya métemelo, ya no aguanto”. El tipo, que era alto, la cargó de frente recargándola contra la pared y la fue dejando resbalar abriéndole las nalgas con sus manos y penetrándola profundamente mientras mi esposa se abrazaba a su cuello, dejando salir un pequeño grito de placer y se fundieron en un profundo beso.
Yo solo veía como mi esposa abría su boca y sus nalgas, para sentirse penetrada por la lengua y por el enorme pene de ese tipo, que la bombeaba con ansias diciéndole “¡qué rica estas, mamacita!, ¡qué ricas nalguitas…!”. Yo pensé que no se me iba a hacer pero luego la escuché decirle “¡mmm!, disfrútalas y déjame disfrutarte que también tú estás riquísimo…”, incluso él le preguntó “¿te gusta mi pene?” y ella exclamó “¡me encanta!”.
Acto seguido, él me propuso “pues entonces ponte de a perrito, para que pueda abrirte bien tus nalguitas y poder entrar más profundo…”, a lo que ella contestó “sí, cógeme como quieras pero síguele dando, no me la saques”. Entonces, yo le propuse “mira amor, yo me siento aquí en este sillón, tú párate frente a mí y agáchate a chupármela pero así, sin doblar las rodillas, para que el amigo pueda maniobrar libremente”.
Así lo hicimos y mientras ella me daba una riquísima mamada, el tipo no paraba de bombearla, solo oí que le pidió que abriera un poco las piernas para entrar más profundo. Estuvimos así un buen rato, solo se oían los chupetones de mi esposa en mi pene y el golpeteo de los testículos del tipo en la puchita de mi tímida esposa, que se estaba comportando como nunca lo imaginé… pero me encantaba oírla pujar y gozar y a cada arremetida, los tres gemíamos de placer, el tipo al sentir la apretada puchita de mi esposa, ella sintiendo el tremendo pepino que le abría las entrañas con gran placer y yo, sintiendo como en cada empujón, se hundía mi pene hasta lo más profundo de su boca.
Para ese momento, los tres ya estábamos bañados en sudor y en lujuria, disfrutando al máximo los placeres de la carne, incluso desconectados del mundo, creo que los tres cerramos los ojos y solo nos dedicamos a sentir y a gozar. De pronto, mi esposa empezó a gemir y yo diría que hasta a bufar, gritando que se estaba viniendo, entonces el tipo empezó a bombearla más rápido hasta que mi esposa lanzó un alarido y le pidió que fuera más lento, pues había tenido un tremendo orgasmo que la había dejado muy sensible.
Él solo disminuyó la velocidad del bombeo pero pronto empezó a aumentar el ritmo y la fuerza de las embestidas diciendo que ya no aguantaba, por lo que mi esposa se sacó mi pene de su boca, puso su cabeza en mi pecho y se apoyó con ambas manos de los brazos del sillón, para soportar las fuertes embestidas, incluso se paró de puntitas, para levantar las nalgas lo más posible y empezó a aventarse también contra él, para que la penetración fuera hasta el fondo, no quería dejar ni un centímetro de aquel gran pene fuera de su vagina y le decía “sí, así, métemela, métemela toda”.
El tipo no aguantó más y empezó a tener una abundante eyaculación dentro de mi esposa, que gritaba y gemía de placer, sin importarle que se escucharan sus gritos en todo el lugar… Por fin, el tipo quedó quieto y exhausto y ya se lo iba a sacar lentamente a mi esposa pero ella lo detuvo tomándolo suavemente de los testículos, diciéndole “no me lo saques todavía, quédate un ratito ahí, sigo sintiendo que punza, saca hasta la última gota y mientras, acaríciame suavemente las nalgas mientras terminó con mi esposo…”.
Así, él se mantuvo adentro, acariciándole suavemente las nalgas y los senos mientras ella me decía “gracias amor, ahora tú cierra los ojos y disfruta”, yo la obedecí y sentí su tibia lengua lamiendo mi pene, primero lentamente, después cada vez más fuerte hasta que no pude más y tuve mi segundo orgasmo de la noche…, que fue delicioso. Así me mantuve unos segundos, con los ojos cerrados mientras mi esposa me limpiaba delicadamente todo el pene con la lengua.
Creí estar en el paraíso y no quería abrir los ojos para que ese momento no terminara hasta que empecé a notar cierto movimiento en mi esposa, como si la empujara suavemente el tipo que estaba a sus espaldas, aún adentro de ella. Eso me sorprendió pues estaba exhausto apenas hacía unos minutos y no podía ser que se recuperara tan rápido de un orgasmo tan intenso como el que tuvo, así que fui abriendo lentamente los ojos y cuál fue mi sorpresa al ver que teníamos público.
Seguramente, al escuchar los gritos de nuestra pasión, se acercaron cuatro o cinco parejas rodeándonos y el movimiento se debía a que por lo menos tres señores le estaban acariciando los senos y las nalgas a mi “tímida” esposa. Para entonces, el tipo de atrás ya se había salido pero seguía acariciándola y metiéndole el dedo, aprovechando la posición de “a perrito” de mi esposa.
La vi con ojos de incredulidad y sin inmutarse, ella me dijo “ya llevan un rato así, desde que te lo empecé a besar se acercaron varios a manosearme y la verdad, se siente rico pero por hoy, ya fue suficiente”. Enseguida, ella se levantó, le dio un beso en la mejilla al “amigo” y le dijo “¡gracias!, fue una velada increíble” y se sonrió, al ver que en su pene ya flácido, aún le colgaba el condón con el receptáculo lleno de esperma, prueba evidente de la intensa pasión vivida. Rápidamente nos vestimos y al salir del lugar, nos percatamos que ya eran 5:30 a. m. y estaba amaneciendo.
Así fue nuestro inicio en este ambiente y esa noche, conocí una faceta de mi tímida y recatada esposa que jamás imaginé…