Las dos estaban muertas. Nunca pensé que en dos chicas pudiese anidar tanta locura.................... Esta historia que voy a contarles sucedió hace años. Después de mucho pensarlo decidí escribirla ya que estos recuerdos son cómo una brasa en mi interior y creo que es la hora de apagar el fuego.
Conocí a Elba en las Termas del Arapey, Uruguay. Con unos amigos habíamos planeado pasar en ese lugar del departamento de Salto la semana de turismo y allá marchamos.
Las hermosas aguas termales, el ambiente distendido y el clima cálido del otoño que recién entraba conformaban un entorno de novela.
Habíamos llegado el jueves por la mañana e íbamos a permanecer hasta el domingo.
En la madrugada del viernes fuimos a un baile con las características clásicas de un lugar cómo ése en ésa época del año. Estaba lleno de chicas y muchachos proveniente de los más diversos lugares: Argentina, Brasil, algunos de otros departamentos del interior del Uruguay y también de Montevideo.
Lo de siempre: con mis amigos comenzamos a caminar entre la gente, dando vueltas a la pista, para sondear el ambiente.
Muchas chicas nos miraban. Allí no había nada de qué preocuparse. Todos estaban de vacaciones y la inmensa mayoría dispuestos a pasarla bien en todo sentido.
Ustedes me entienden.
La gente iba y venía recibiendo los reflejos de las luces sicodélicas y en determinado momento me crucé con una chica de las tantas que allí había.
Cuando pasó a mi lado le pregunté cómo se llamaba: Elba, me dijo. Casi por instinto la invité a bailar y aceptó.
En ese momento estaban pasando temas de la década del setenta y, pese a que eran bastante movidos, muchos los bailaban lentos.
Sin preguntas previas Elba me tomó del cuello y yo a ella de la cintura para bailar pegados.
De esa forma comenzó la charla de orden: ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? ¿Vienes simpre a éste lugar etc. Luego tiene lugar la conversación algo más íntima:
¿Eres casado, casada? ¿Tienes novio, novia? etc.
Elba era delgada y algo más baja que yo que estoy alrededor de un metro ochenta. Su piel era de color trigueño y sus ojos marrones. Usaba el pelo suelto por debajo de los hombros. Tenía los senos grandes que, al bailar lento, se hundían contra mis pectorales. El tono de voz era algo ronco y su sonrisa era permanente. Era como si tuviera una alegría innata. Vestía un jean gastado y una blusa azul ajustada. No era una belleza pero desbordaba de sensualidad.
Era evidente que yo a Elba le gustaba y ella me gustaba a mi. Cuando parábamos de hablar, sin dejar de sonreir, me miraba a los ojos en forma permanente y se había acomodado para abrazarme mejor.
Como se lo pueden imaginar comenzamos a besarnos. Ella no tuvo problema alguno en abrir su boca y enroscar su lengua con la mía. El abrazó se ciñó más aún. Habían pasado quince minutos desde que la había conocido.
Les aclaro que lo que estaba haciendo no era una hazaña de mi parte. Es que en ese tipo de ambientes siempre ocurre esa clase de cosas la gente quiere liberarse y hacer lo que tal vez no haría en otros sitios.
Mi erección era tremenda y Elba lo notaba. Fue así que le dije:
_¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta?
_Vamos, contestó.
Antes de salir le hice una guiñada a uno de mis amigos para indicarle que iba a la posada en la que estábamos parando. Allí llegué con Elba.
Sin demasiados preámbulos nos metimos a la cama y pude comprobar que era cierto lo que me había imaginado. Era insaciable. Comenzó haciéndome el sexo oral con una ansiedad tal que parecía ser ella quien iba a llegar al orgasmo. Gemía mientras tenía mi pene en la boca tomado con ambas manos. Bajaba hasta los testículos y los lamía con pasión y luego volvía a subir.
Me dí cuenta que estaba cerca del clímax y no sabía si concluir en la boca de Elba o pedirle que cambiara de posición. Ella me dio la respuesta al sujetarme con fuerza mientras degustaba el esperma que manaba en forma abundante de mi miembro.
Me dejó en las nubes.
Al poco rato comenzaron los juegos otra vez. Era delicioso chuparle esas tetas enormes con pezones también grandes algo más oscuros que el resto de la piel. Ella gemía y decía todo tipo de cosas.
_Ahh, ¡Qué divino! ¡Qué divino que sos chiquito! ¡Metémela de nuevo! y todas esas cosas que hacen delirar a cualquier hombre.
Me permitió penetrarla por la cola cosa que no se obtiene de todas las mujeres y menos la primera vez.
No tenía demasiada forma en sus caderas pero no me fue difícil entrar por la puerta de servicio.
Cuando Elba tenía la totalidad mi miembro dentro del culo, estando ella boca arriba y con las piernas levantadas y echadas hacia atrás para para lograr una buena penetración, sus gemidos eran cada vez más fuertes:
_Ahhh, Ahhh, Ahhh, chiquito ¡Qué verga más divina!
De su vagina salía líquido en abundancia empapando mi vello púbico. Cuando sintió que yo estaba a punto de acabar intensificó sus movimientos y al sentir mi esperma ingresando en su cavidad anal se retorcía de placer al tiempo que gritaba enloquecida.
Volvimos a hacerlo una y otra vez.
A eso de las cuatro de la mañana retornamos al baile y nos metimos en la pista otra vez.
Ella tenía que irse de allí ya que sus parientes, que estaban de paso en Salto, seguían hacia el departamento de Artigas. Intercambiamos teléfonos y en lo que quedaba de esa semana no volvimos a vernos.
y Terminadas las vacaciones y una vez de nuevo en casa retomé de inmediato mis estudios y mi trabajo y de Elba sólo me quedó ese recuerdo. Se me ocurrió que tal vez podría volver a verla pero no lo tenía demasiado claro. Nos llamamos algunas veces y supe que estaba trabajando en Artigas y yo seguía mi vida en Montevideo. Los recuerdos se fueron diluyendo.
Un día de enero del siguiente año suena el teléfono de casa y al atender escucho una voz de mujer:
_Adivina quien soy.
_No sé. Dime tú.
_No vas a arriesgar.
_Es que no tengo idea.
_Bien, te voy a dar una ayuda.
_\"Termas del Arapey Posada Don Carlos\".
Fue así que me di cuenta que era Elba.
Me dijo que se había venido a Montevideo y que estaba arreglando todo para quedarse definitivamente ya que había conseguido un trabajo estable.
Le dije que me alegraba muchísimo de que estuviera aquí e hicimos planes para vernos de inmediato. Quedamos de encontrarnos en un bar a las ocho de la noche y no bien nos vimos, luego de los saludos de rigor, nos fuimos a un motel.
Elba no había cambiado nada en absoluto. Seguía siendo la misma mujer ardiente que conocí el año anterior. Me dijo que no había podido olvidar lo que vivió conmigo en Las Termas del Arapey.
_¿Puedo decirte algo sin que te agrandes.
_¿Qué es?
_Mejor no te digo nada porque te vas a sentir Supermán.
_Vamos dímelo te prometo que no me agrando.
_Bueno, te lo voy a decir. No veía la hora de tener tu pija en el culo. Nunca me habían hecho gozar cómo lo hiciste tú.
_Te prometo que volveré a hacerlo. Tu también fuiste algo maravilloso.
Seguía ostentando esa sonrisa cautivante.
Dos días después de ese encuentro ella debió volver a Artigas y me dijo que no bien estuviera de vuelta en Montevideo me llamaría.
Pasaron los meses y no supe nada de Elba. La llamé un par de veces pero no estaba en la casa.
Casi un año después volvió a llamarme para decirme que ahora sí se había instalado definitivamente en Montevideo.
Se había convertido en la secretaria y ama de llaves de una mujer de negocios. Vivía en la casa de ésta en pleno Carrasco, uno de los barrios más caros de Montevideo, y me invitaba a cenar esa misma noche.
Al entrar pude comprobar que la mansión era de Beverly Hill. Fastuosa por el lado que se mirara.
La decoración era súper moderna y tenía un amplísimo jardín con una enorme piscina.
Allí vivía la dueña de casa, una colombiana llamada Zully y la pareja de ésta, Alejandro, un tipo bastante más joven. Ella se dedicaba a los negocios de importanción y exportación y tenían un selecto personal. Elba era quien coordinaba todo sin duda era la que tenía mayor rango. Había cocinera, doméstica, jardinero y otros tantos.
Entre todos ellos estaba Mariana, una adolescente que provenía del interior, que era la más joven del servicio. Era baja, de piel muy blanca y saltarines ojos celestes. Se reía de continuo. Su cuerpito era grácil y por encima de sus blusas y camisas se veía un par de lindos senos en ascenso. Era delicada y agradable de ver.
Mariana provenía de una familia muy pobre y estaba bajo la protección de Zully y la dirección de Elba quien la dirigía en todo. Entre ellas se llevaban muy bien.
Fui presentado a Zully como \"alguien muy especial para Elba\". La colombiana me miraba dándome a entender que sabía todo sobre mí ya que Elba le había contado hasta el último detalle.
Fue así que me dijo:
_Pues mira, Chico Elbita me ha dicho que eres algo muy especial para ella. Tienes que saber que la quiero como si fuese mi hija y eso te vale que te diga que estás en tu casa y puedes venir siempre que quieras.
_Muchas gracias, señora, le respondí.
Así comencé a ir a ver a Elba a aquélla casa de ensueño.
Zully tenía un Mercedes Benz de lujo y se lo prestaba a Elba por lo tanto, debido a la confianza que me había dispensado, me lo ofreció para lo que pudiese necesitar.
Pero le dije que si Elba conducía no habría problemas aunque yo prefería no manejarlo. Me inisitió pero decliné. No quise líos.
Elba tenía la combinación de una caja fuerte de la que estaba autorizada a retirar dinero todas las veces que lo necesitara. Varias veces lo hizo estando yo en esa casa. Hasta que un día le dije a ella y a Zully que prefería no estar en esos momentos. La dueña de casa me dijo que confiaba plenamente en mí y que sabía qué clase de persona era yo. De todas formas le dije que no porque un buen día llegaba a haber un faltante de dinero y se acababa la simpatía. Me entendieron y con esa actitud me gané el respeto de Zully quien estaba acostumbrada a tener que soportar las embestidas de la gente por el hecho de tener mucha plata.
Sin embargo gocé de otros privilegios.
Podía quedarme a pasar la noche con Elba todas las veces que quisiera y era permanente invitado a comer.
Marianita, la tierna adolescente, hablaba mucho con Elba y le preguntaba por mí. Elba me contaba que su amiga le decía, con total inocencia, que yo le parecía muy lindo y que me cuidara. Elba me lo dijo delante de ella y Mariana se sonrojó de vergüenza. Le dije que no se preocupara que yo la entendía y que la quería mucho como si fuera una hermana menor de Elba.
Siempre me llevé bien con la chiquilla. Tenía una inocente complicidad conmigo. Inclusive me presentó a un muchachito, más o menos de su edad, que le había pedido para ser el novio. Me pidió que la aconsejara y le dije que si a ella le parecía bien y el chico la respetaba que se ennoviara tranquila.
Muchas veces, cuando me quedaba de noche en la casa, a la mañana Marianita nos golpeaba la puerta de la habitación y nos traía el desayuno.
Tras haber tenido horas de sexo y dormido poco Elba y yo estábamos desnudos cubiertos por las sábamas y dejábamos que ella pasara y nos sirviera.
_Y ¿Qué tal pasaron la noche? Preguntaba Marianita.
_Bárbaro, como siempre, respondía Elba.
p align=justify _Parece que tu novio tiene ganas de seguir durmiendo. Se vé que...hubo acción.
_Siempre hay acción, queridita mía, le decía Elba, ya te va a tocar.
p align=justify Luego de desayunar nos duchábamos juntos y cada quien se iba a sus actividades.
Zully, la dueña de casa, salía mucho más temprano a sus clases de gimnasia y de yoga.
Durante el día Elba se encargaba de administrar muchas cosas de Zully al tiempo que hacía las veces de ama de llaves.
Surgió un problema.
Zully pagó una importación con un cheque sin fondos. Era mucha plata y ella no se dio cuenta de lo que hacía. Al menos así lo alegó.
Pretendió subsanar el daño pero no tuvo cómo hacerlo. La citaron al Juzgado y yo no pude ayudarla porque aún no me había recibido de Abogado. El asunto fue que le embargaron la casa y se salvó por milagro de ir presa. Alejandro, su pareja, desapareció como por arte de magia. Elba también fue llamada a declarar. Entre ella y Zully se suscitó una crisis de confianza. La colombiana llegó a reprocharle cierta falta de dinero. Me preguntaron mi opinión y les dije que no había visto nada pero que creía en la inocencia de Elba que muy de a poco fue perdiendo la sonrisa.
La desconfianza había ganado terreno y luego de dos meses de discusiones y reproches entre Elba y Zully ambas se separaron. Elba entendió que Zully, al dudar de ella, le había fallado no sólo como patrona sino como amiga. Y en el estado de ofuscación en el que estaba entendió que yo no la había defendido como debí hacerlo. Me dijo que no quería seguir la relación y que se iba con su familia para Artigas. No hubo forma de convencerla.
De todas formas debo confesar que yo había iniciado una relación clandestina con una chica a la que conocí en una cena con compañeros de Facultad.
Elba se fue.
y Yo no tuve más motivos para ir a la casa.
De todas formas, meses más tarde, fui un día a ver a Zully quien me dijo que lamentaba lo que había ocurrido entre Elba y yo. Estaba muy desmejorada. Me recibió llorando y así estuvo casi todo el tiempo.
_No puedo concebir que ustedes que eran una pareja hermosa se hayan peleado por mis problemas, me decía.
Le respondí que las cosas eran así y que tal vez en algún momento se podrían arreglar.
Pasaron dos años. Me recibí de Abogado e instalé mi propio Estudio. Comencé a trabajar con mucho éxito.
Una tarde recibo el llamado de Zully. Me decía que los problemas se habían superado, que su empresa de importaciones estaba otra vez pujante y que necesitaba el asesoramiento de un Letrado. Me ofreció un sueldo que nadie en su sano juicio podría rechazar. Acepté.
Cuando la fui a ver me di cuenta que era la Zully que había conocido años atrás. Estaba vestida a la última moda y tenía el rubor de aquellos días.
Me recibió con un abrazo y lágrimas de emoción.
Tomé posesión de mi cargo de inmediato y al instánte me extendió un jugoso cheque \"para tus inicios\" me dijo.
Marianita, se había mantenido en su puesto a pesar de las tormentas. Estaba más linda y había crecido bastante. Ella era ahora la mano derecha de Zully por lo tanto fue quien me ayudó en todos los trámites iniciales y me puso al tanto de muchas cosas de la empresa.
Empezamos a trabajar juntos durante varias horas al día. Muchas veces compartíamos el almuerzo y la cena y hablábamos de infinidad de cosas.
También nos tocó asistir a varios eventos en los que acompañamos a Zully y, como no podía ser de otra forma, alguna madrugada nos sorprendió bailando o caminando por el parque de alguna mansión en la que se celebraba una fiesta.
Con su mirada comenzó a darme a entender muchas cosas. Hasta que un día inesperado, o tal vez muy esperado, nos encontramos a última hora de la jornada dándonos un beso en el escritorio. Zully ya se había ido. No recuerdo cómo se dieron las cosas pero la besé. Ella respondió y me preguntó:
_¿Y ahora?
_Ahora seguimos adelante, le contesté.
Al otro día Zully ya sabía lo que pasaba.
Nos dijo que se alegraba mucho y nos deseó lo mejor.
De esa forma tuve las mismas prebendas para mi relación con Mariana que las que había tenido en los tiempos de Elba.
Siempre supuse que Zully me daba la misma libertad de ir a su casa a cualquier hora y de quedarme allí con Mariana como una revancha ante la infidelidad de Elba que, según llegó a decir en alguna oportunidad, se había ido en el peor de los momentos.
Mariana y yo compartíamos la misma habitación en la que hacía dos años yo tenía un sexo espectacular con Elba.
Mariana era otra mujer. Había estado de novia con un muchacho muy bueno, pero que de tratar a una chica no sabía nada. Ella era tierna, dulce. Por supuesto que me mamaba la verga hasta hacerme eyacular y le encantaba que la penetrara por atrás. Pero todo lo hacía con más suavidad y dulzura.
Un día estalló la bomba.
Zully me llamó y me dijo que se había encontrado con Elba. Me contó que ella estaba pasando mal porque no tenía empleo y que al verla así le ofreció volver a la casa. Zully me preguntó si a mi me molestaba que ella volviese teniendo en cuenta que ahora yo estaba con Mariana.
Le dije que era su casa y que no quería influir en su decisión. Cuando Mariana lo supo puso el grito en el cielo.
_¿¡Qué?! ¡¿Elba?! Y justo ahora que tu y yo estamos juntos. Tendrías que haberle dicho rotundamente que no a Zully.
_Pero Mariana, Zully me dijo que Elba está mal y que necesita trabajar.
Discutimos un rato pero la cuestión fue que una semana más tarde elba volvió a la casa de Zully.
Volvió con la frente baja. Ya no iba a ser la mano derecha de la dueña. Ahora tenía apenas una labor de colaboración. Al enterarse de lo que pasaba entre Mariana y yo no dijo nada pero en su cara se notaba la rabia.
De todas formas las cosas siguieron con normalidad.
Elba parecía acostumbrarse a la situación y Zully estaba conforme con su tarea.
Un día, a las ocho de la mañana, golpean la puerta de la habitación que ocupábamos Mariana y yo, Creíamos que era Zully y nos llevamos una enorme sorpresa cuando ingresó Elba con la bandeja del desayuno. No supimos que decir. Nos sirvió y se retiró. Desayunamos sin mirarnos siquiera ya que no nos salían las palabras.
En aquellos días Mariana miraba a Elba como si le dijera \"viste al final te lo gané\".
Y Elba miraba a Mariana como expresándole \"yo estuve primero que tu.
Pero la situación, pese a lo alocada, no pasaba a mayores.
Una tarde Elba y Zully discutieron.
La colombiana le decía que el puesto de ella era otro por lo tanto no tenía que tomarse atribuciones.
Parecía que Elba volvía a irse de la casa por la forma en la que se dirigían pero no pasó nada.
A la mañana siguiente, cuando Elba subió a la habitación a llevarnos el desayuno, Marianita justo en ese momento salía y se la llevó por delante. Cayeron las bandejas, las galletas, las jarras con el jugo de naranja, las mermeladas todo ensuciando la ropa de Elba.
_¿!Qué haces tarada?!
_¡Perdón no te ví!
_¡Claro que me viste, imbécil! ¡¿Qué te crees que por ser la hembrita de la casa te vas a llevar el mundo por delante?!
_No me hables así. Fue sin querer.
_Mira, estúpida en esa cama en la que estás me acosté yo primero que tu.
Siguieron discutiendo y en un momento se fueron a las manos.
Elba tomó del cuello a Mariana y comenzó a agitarla en tanto la que era ahora mi mujer intentaba soltarse.
De pronto Elba se resbaló con el jugo de naranja que había caído al piso y se fue para abajo por la escalera. Eso fue lo que ví al llegar desde el cuarto para detener la pelea.
Pero ya era tarde. Elba cayo golpeando su cabeza varias veces contra la baranda de madera para terminar incrustándose uno de los conos torneados del final de la misma. Terminó en el piso con los ojos abiertos en tanto empezaba a agrandarse un charco de sangre desde su parietal derecho.
Mariana se enloqueció. Bajó las escaleras corriendo y casi se cae también. Intentó hacer reaccionar a Elba pero se dio cuenta que era tarde.
Salió corriendo en busca de ayuda y al pretender cruzar la calle no advirtió la presencia de un camión que se la llevó por delante matándola en el acto.
Todo había ocurrido en menos de dos minutos. Dentro de la casa había una mujer muerta y en la calle había otra. Varios patrulleros, ambulancias, curiosos etc, poblaron el lugar.
Zully debió estar internada durante varios días presa del shock y del estado de nervios.
Después de eso cerró su empresa y se volvió a su país. No he sabido más de ella. Sigo trabajando para el sector privado gracias a algunos contactos que hice con ella.
No sé a quien quise más si es que en realidad quise a alguna de las dos. A veces pienso que quise más a Elba. Pero en seguida creo que fue a Mariana.
En fín. Ahora estoy solo.