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- Hola cuñadito.

- Buenas tardes María Eugenia.

Saludé con afabilidad a la hermosa hermana mayor de Olguita, que si ustedes recuerdan, amables lectores, en mi relato “UNA RELACIÓN MUY ESPECIAL”, que sugiero que lean para entender este, Olguita era la lesbiana que me tiré, a cambio de preñarla y que terminó pariendo dos hijos míos.

María Eugenia, a quien había conocido muy poco, ya que ella, al llevar su vida aparte de la de su familia, parecía no enterarse de la vida de los demás; ¡qué errado estaba!; era una mujer de acción y negocios, ella había sido quien...............

 se había echado, como se dice, al hombro, los negocios de la hacienda de Don Augusto, pues al no tener un hijo varón, claro, hasta que yo le hice el favor a mi compadre, preñando a Eugenia, su mujer, pero José Augusto, (mi hijo e hijo de mi compadre) aún era un nene, ya tenia dos añitos y su padre, más pasaba chocheando con su hijo, que criando a su heredero.

María Eugenia, entonces, era quien se encargaba, ahora y desde el compadrazgo, junto a mí, que en confianza me habían encargado, como Abogado de la familia, los asuntos legales de la hacienda, mientras María Eugenia manejaba los negocios de todas y cada una de las necesidades de la Hacienda “La Magenta”, y debo decir que lo hacía sin pecado alguno.

- Cuñadito, me dijo María Eugenia, me voy a casar dentro de poco y quiero que me ayudes con lo que respecta a mis bienes, pues como sabes, tengo los míos propios, mis negocios y aparte los de mi padre en los que participamos todas.

- Con el mayor agrado Maria Eugenia, y te agradezco que hayas recurrido a mí como Abogado; ¿Que es exactamente lo que deseas?

- Cómo varias veces me has explicado, al iniciarse el matrimonio, se inicia la Sociedad Conyugal, de la que el esposo, es el Presidente por Ley, ¿verdad?

- Pues sí, más o menos así mismo es.

- Bien, quiero que me ayudes para que mis actuales bienes, no entren a formar parte de esa sociedad, y así prevenir, cualquier eventualidad legal futura, ¿me explico?

- Sí, claro. Le dije, - Te voy a redactar algunas capitulaciones matrimoniales, a efecto de que firmadas, vayamos donde el Notario y dejes salvados esos bienes de que me hablas, déjame por favor tu cédula de ciudadanía, las escrituras de los bienes, sean estos muebles o inmuebles; y los documentos de los bienes actuales de tu futuro esposo y por favor regresa el Viernes por la tarde, para que los lean y, si están de acuerdo, firmen.

Realmente, María Eugenia era una hermosa hembra, que tal como su madre, cuidaba primeramente su figura y aspecto personal; y, aunque no tan hermosa como Eugenia, la hija arrastraba hasta un camión con lo que se veía; sus hermosas y firmes piernas; en medio ese hermoso y jugoso coño manabita que me aromatizaba desde la oficina, hasta los pulmones cuando la veía; el culo, herencia definitiva de su madre, pechos firmes y hermosos, que brotaban tras una blusa que los ajustaban y sostenían por alguna Ley física, no por su brazier; su cuerpo, tan bien estilizado, que al salir de mi oficina, me dejó con las mismas ganas que tenía al conocer a Olguita años atrás, pero como ya había dicho, “soy humano” y no voy a tirarme a todas las hembras de esa familia, al menos eso creí yo.

Por la tarde, llegó María Eugenia, acompañada de Jorge, su futuro cónyuge, que era un hombre de mediana estatura y con cara de sonso, definitivamente alguien totalmente opuesto a ella, lo que me llamó la atención y de lo que se dio cuenta María Eugenia, tanto que me dijo al oído, “luego te explico cuñadito”.

El papeleo duró algún tiempo en afinarse, entre el tira y jala del futuro esposo, y los desagrados de María Eugenia, nos hicimos dos semanas en afinar los documentos para llevarlos al Notario; en la última visita que hizo a mi estudio, María Eugenia me dijo, que tenía que hacerme algunas preguntas importantes y de índole personal con respecto a esta unión, así que me pidió que la recibiera ese viernes en mi departamento; le dije que no podía por que esa noche tenía una reunión de colegas en el “Banker’s Club”; sin darme tiempo a sacudirme, María Eugenia se invitó sola, y quedó en pasar por mi departamento, para asistir a la tal reunión.

Teniendo otro tipo de planes para estas reuniones, quería sacudirme a María Eugenia, pero cuando pasó por mí, hizo que “se me hicieran agua los helados” como decimos acá en Guayaquil; María Eugenia posee un BMW deportivo y automático, color petróleo, con todos los aditamentos propios de estos autos; y ella, se maneja un culo, automático y antideportivo, con aroma a hembra manabita, propio de las hembras de su familia; cuando la vi frente a mi puerta, quedé paralizado. venía vestida para la ocasión y la hora; llevaba puesto un hermoso vestido mini, entallado color azul profundo, que delineaba su figura, acompañada de unos sobrios zapatos cerrados en punta, tacón alto que hacían juego, medias nylon color “negro humo”, un chaquetín beige tejido, que no ayudaba a tapar nada de lo que ya estaba mostrando; el escote del vestido, que apenas sostenían sus hermosos senos en su sitio; colgantes de brillantes, maquillada, con tonos nocturnos que resaltaban sus hermosos ojos miel y caían en su bien cuidada sonrisa; su cabello castaño y ondulado, estaba sostenido con una pequeña bincha en la nuca y dejaba al descubierto su hermoso cuello, bañado en un precioso collar de brillantes, juego de los pendientes; entre sus lindas y bien cuidadas piernas, se notaba que solo usaba una tanguita para la parte de la chucha y atrás…, “Que salve Dios al intruso, pues no salía vivo”.

Estaba hermosísima, no le pedía favor a ninguna puta de las llamadas “reinas de belleza”; así da gusto salir a la calle, pues dejas babeando a cuanto cristiano se te cruce, y el orgullo de llevar del brazo a ese bombón, es algo indescriptible.

- ¿Me haces pasar o qué cuñadito?

- Ehh, sí, si, claro, pasa María Eugenia, toma asiento que ya salgo.

A mi me faltaba aún terminar de vestirme, pues estaba solo con el pantalón puesto, le dije que por favor me esperara en la sala, cuando la hice pasar; me quedó viendo y se le saltaron los ojos en mi cuerpo, solo atinó a decirme, no mienten mi madre y Olga, eres bien velludo, solo sonreí y dije en tono picaresco, esta a tus ordenes Maria Eugenia; se río y se sentó a esperarme.

Salí apropiado para este tipo de reuniones con un traje negro y corbata de juego, camisa blanca con mancuernillas doradas; zapatos “fluorshein” que son los que más me gustan, bien lustrados, Tenía que ir bien puesto, total mi acompañante opacaba hasta a la luna, y esta noche, brillaba, había luna llena.

Cuando salí para irnos, abrí la puerta de mi departamento María Eugenia se agarró de mi brazo mientras caminábamos a su auto; me entregó las llaves y en tono meloso me dijo:

- Maneja tu, cuñadito.

Le abrí la puerta del convertible y con dificultad colocó ella su monumento dentro del carro; ya me estaba enloqueciendo su perfume y aroma de hembra manabita.

Había mucha gente al llegar al Banker’s, pero definitivamente llamé la atención entre mis conocidos y desconocidos, en cuanto vieron al monumento que entraba conmigo, y como perros tras el hueso, se acercaron a saludar los babosos, para que les presente a quien y de quien era, la nueva carne dulce que traía; tras algunas presentaciones, me libre de los desconocidos y quedé solo con algunos verdaderos amigos, aunque en realidad eso no exista; a María Eugenia la dejé entre las “lobas”, mujeres de mis amigos, que se la comieron con la mirada, desde que puso el primer pie dentro del salón; pobrecita, dije para mis adentros, pero, qué equivocado estaba yo; al poco tiempo María Eugenia con su agilidad innata para los negocios, ya manejaba a sus depredadoras y ahora estaba en la tarea femenina, de obtener información; a las dos horas que volvimos a juntarnos, me dijo:

- Eres, un hijo de puta, - esa frase cariñosa me resultaba conocida; - según parece, dijo, en dos horas más tienes que estar en tu departamento o en algún Motel, culeando con Johanna, mujer de tu amigo José Enrique, ¿verdad?

Como buen Abogado, negué todo y esperé que me prueben lo antes indicado, en todo caso, esa era la verdadera razón por la que no dejaba de venir a estas insulsas reuniones, pues siempre mis amigos, se iban a chupar y dejaban en libertad a sus esposas que a veces en turno, tiraban conmigo y nos pegábamos unos riquísimos entierros, hasta la madrugada, bueno, total, soy soltero y sin compromisos.

Me quedó viendo a los ojos, y no bajó su mirada como jugando a “quién se quema primero”, pero claro, he aprendido, como abogado a mentir y sostener mis mentiras con una apariencia, que hiela la sangre.

Seguimos en la reunión; por lo pronto, me di cuenta que lo de Johanna ya no iba, así que esperé a ver que sucedía; pasaron las horas y entre la comida; el baile, en el que María Eugenia, aprovechaba para marcar territorio a las demás señoras, arrimándome su vagina y sus hermosas tetas, que me ponían arrecho y se notaba; y la bebida, llegó el momento de irnos; las señoras me vieron partir con cara de desilusión del brazo de María Eugenia; ahora yo estaba disgustado, un viernes en casa sin nada para terminar la noche. Tomamos el BM y arrancamos a mi departamento, cuando María Eugenia me dijo:

- Cuñadito, tengo algunas preguntas que quiero hacerte, sobre lo de mi boda, ¿recuerdas?

- ¿Podríamos dejarlo para mañana María Eugenia?, estaba disgustado y aguantando la fallada que me estaba haciendo pasar.

Llegamos al departamento y no aflojó prenda:

- Tienes que responderme ahora. Cuñadito.

Al ver que no iba a aceptar un, no, por respuesta, cedí. Ya dentro en la sala, María Eugenia se quitó los zapatos de tacón y se acomodó, coquetamente, con las piernas pegadas al sofá de la sala; me encanta ver a las mujeres en medias nylon sobre la alfombra, recién quitados los zapatos, las veo sexis y deseables:

- Quiero que me respondas Javier, - directamente y sin vaselina me preguntó; - ¿puedes hacerme, el mismo favor que les has hecho, a mi hermana y a mi madre?

Hice como si no hubiera entendido bien, y le pregunté si quería tomar algo mientras conversábamos; - Vino de manzana, me dijo, es muy sabroso. Me volví a paralizar; serví las copas y me senté, junto a ella y el brazo del sofá; como queriendo aclarar el sentido de su pregunta y petición, me dijo:

- Javier, el matrimonio que voy a efectuar, es solo por conveniencia, a ese pendejo de mi novio y futuro esposo, no le confiaría mi matriz para un heredero, ni aunque me pagara, pero, vamos a ser marido y mujer, y me conviene que haya uno de esa unión.

- Si es así, ¿Qué vela llevo yo en ese entierro?

- Hemos conversado, mi madre, Olga y yo, y hemos llegado a un acuerdo, de putas, pues, como de cualquier manera, está de por medio “La Magenta”, y hasta que nuestros hijos puedan manejar todos nuestros bienes, va a pasar algún tiempo; queremos que todos ellos, sean hijos de un mismo palo, así al crecer, si alguien les va con el cuento, de que son bastardos, no podrán pelearse entre ellos, ya que su padre, es el mismo, esto lo hemos decidido, sobre todo, por mi hermano, o sea tu hijo.

- ¿Y por que soy el elegido? Pregunte a María Eugenia, con tono de orgullo semental.

- Por que las putas de esta familia, ya hemos visto el producto que sale de tu verga (decía, mientras me pasaba la mano entre las piernas) y estamos convencidas que es de lo mejor para nuestra herencia; convéncete papito, no te elegimos al azar; al azar llegaste tu, por culearte a la Olga y ahora te les hiciste una necesidad a la familia; culpa tuya por dar tan buenos becerros con tu leche, ¡ah!... y todos machos (y me pegó una rica apretadita al huevo).

María Eugenia bajó la vista y la colocó sobre mi verga, que ya se estaba levantando para cumplir el llamado de la patria; - Eso quiere decir que aún no has tirado con tu novio, dije.

- Claro que sí, tonto, pero protegida con encauchado, para no quedar preñada de ese sonso; de él no queremos más que la fortuna de su familia, para acrecentar la nuestra por eso queremos dejar a salvo mis vienes y los de “La Magenta”; así, cuando ya tenga el hijo, que dentro del matrimonio se hará constar como hijo de él, clausuraré la fábrica y si acaso el sonso cachudo quiere otro; recurriré al mismo palo, como hizo la Olga.

Ya estaba arrecho, me venía a buscar, como se busca un buen semental. María Eugenia puso su delicada y bien cuidada mano entre mis piernas, agarrando todo mi paquete y poniendo erecto al máximo el pene; se me reventaba el pantalón; ya tenía ganas de mamar esa rica chucha manaba; tomó mi mano y la llevó bajo su falda, abriendo las piernas y dejándome sentir su rica rajita que estaba ya húmeda, y se sentía su calor bajo el nylon; me la hizo sobar mientras me sobaba, como masturbándome; me acercó el rostro y me plantó un beso en los labios, que conectaron nuestras lenguas de inmediato.

- Que me dices cuñadito, ¿Cerramos el trato?

Por primera vez, desde que les daba verga a las hembras de esta familia, hice una puntualización:

- Ok. Pero, tendrás que asegurarme mediante contrato, que seguiré siendo el Abogado de la firma y la Hacienda, por mucho que esta crezca o hasta que llegue su disolución, si es que llega, ¿aceptas?; se alejó un rato de mi lado, me quedó viendo a los ojos y con una mirada entre pícara y lujuriosa, se metió las manos bajo el vestido y se quitó, medias y tanga, casi de un jalón; me los puso en la nariz y me dijo:

- Acepto cuñadito tonto, total los herederos vienen de tu verga y son de tu sangre, es como si te estuvieras apropiando de “la Magenta” por tus hijos, nuestros hijos; ahora deja de hablar y empieza a culearme, para que me preñez, estoy arrecha y en días fértiles y quiero aprovecharlos para cerrar el Lunes, la negociación con el cachudo de mi futuro esposo.

Se echó para atrás, con el brazo del sofá en la cabeza, se abrió de patas invitándome a enterrar la verga en esa dulce rajita manabita, que aún no había visto; abrazándola bajé el cierre del vestido, y dejando al descubierto una hermosísima y bien depilada chucha manaba; ella me quitó las mancuernillas de la camisa, y yo le abría el pequeñísimo brazier negro tejido, que dejó al descubierto sus bellísimos senos, mezcla entre los de Eugenia y Olguita, que empezaron a bailar descontrolados en mi boca; ella me abría el cierre del pantalón, bajó mis boxers y lentamente se acercó a mi verga que ya parecía cañón de buque, le pegó una breve chupadita, para dejarla limpia de semen; me eché en medio de sus piernas a saborear su dulce jugo manabita, que manaba de su rica concha; pasé una vez mi lengua para saborearla y María Eugenia dio un salto en el sofá, le metí toda la lengua y comenzó a jadear pidiendo que la poseyera,

- Méteme la verga cuñadito, me dicen las putas estas, que es riquísima y no me quiero perder el placer de gozarla, antes que me joda para siempre.

Le metí los dedos lentamente, acariciando sus muslos y piernas con la lengua; la besaba como se besa un helado para saborearlo, y luego de a poquito, me trepaba sobre ella hasta llegar a sus hermosísimos pechos que paraditos, tenían ya, esos ricos pezones color cafecito claro, tiesos. Mis dedos jugueteaban dentro de su coño, y atrapaban su clítoris mientras sentía en mi mano correntadas de jugos vaginales que en orgasmos, María Eugenia soltaba sin pudor alguno; gritaba como lo hacia su madre y se movía como lo hace Olguita; tenía entre mis manos, en una sola puta, a las otras dos que me daban placer.

Cuando ya María Eugenia rogaba por verga, me acerqué a ella y la trepé, me coloqué sus hermosas piernas en los hombros y puse la cabecita del pene en la entrada de su mojadita vulva, empecé a introducir la verga; despacito mientras veía sus ojos, como los cerraba ante cada empujoncito de mi carne entrando en su apretadita vagina, era algo realmente fabuloso, estaba por deslecharme y tuve que contenerme hasta que le metí toda la pieza y escuché de sus labios, el mismo suspiro de dolor y placer que Eugenia, su madre emitía, cuando la estaba empalando; cuando la cabecita golpeó el cuello del útero, su rostro enrojeció, se le abrieron los ojos, cuan grandes y hermosos son, y con su mirada de miel, empezó a empujar más y más y massssss:

- Dame verga cuñadito, hazme tuya, dame verga duro amor, duro…, procrea en mí, yo también quiero un hijo hermoso como los de mami y Olga, que al crecer tengan una verga deliciosa como la tuya; dame verga, garañon, dame verga, dame, dame, daaaaameeeeeeeeeeeee,

Gritó María Eugenia mientras le enterraba el miembro en su apretadita y apetitosa vagina y le soltaba toda la leche, que al sentirla decía.

- Vamos cabrón, riégame el útero, quiero florecer, dame tu semen, dame, carajo, quiero parir un hijo tuyo, dámelo papito, dámelo por favorrrrr,

Y yo bombeaba y bombeaba, en tanto que ella, con sus labios vaginales, me exprimía la verga hasta dejármela sin jugo alguno; cuando creyó que ya no tenía nada, me empujó contra el otro lado del sofá, tomo la verga delicadamente por los huevos y se la puso en la boca; la empezó a lamer y mamar, chupándola con fuerza, hasta dejarla limpita. Me miró con sus hermosos ojos de miel y con su dulce voz me dijo:

- Queda cerrado el trato cuñadito.

Luego se me echó encima, a mamar con más fuerza la verga:

- No hay que desperdiciar, dice mamá, sacó un poquito más y dijo, tienen razón el par de putas esas, es dulcecita.

- ¡Puta!, pudiste esperar al próximo palo, que igual te la vas tomar.

- No, dijo en tono de sentencia, - vengo a salir preñada, y todas las veces que tiremos, hasta antes del matrimonio, es con ese fin; pero igual, lo voy a gozar, me encanta culear, es un placer divino, pero quiero salir preñada de ti y gozar que me claves, y no voy a desaprovechar ni una gotita de tu semen, en otro sitio que no sea mi útero, así me pierda de otras satisfacciones que me hacen gritar de placer, ¿te quedó claro?

Asentí con la cabeza, esta puta era una auténtica negociante y lo llevaba en la venas, hasta para puta negociaba bien. María Eugenia tenía la misma figura de su madre, me decía a mi mismo, que si la hubiera conocido antes, a la final me casaba con ella y me olvidaba de Olguita, pero no me arrepentía; Olguita y Eugenia, calmaban mis ansias y gozaban igual, además, así ya me he culeado a todas las putas de esa casa y sus hijos, (mis hijos) son sus herederos.

- Tienes mucho trabajo cuñadito, la boda es en tres meses y tengo que estar preñada, máximo en dos.

- No te preocupes María Eugenia, sí creo poder complacer a mi cliente en estos menesteres legales, además ya tengo un contrato por delante con vos y tengo que cumplirlo a como de lugar, sino, me quedo sin camello.

María Eugenia se reía y con su risa melosa, me excitaba, me cogía la verga y me masturbaba, se la metía a la boca, la lamía y la chupaba, yo le lamía el ano y me lo comía en sonoros besos negros, que la hacían reventar de placer; la tomé de los tobillos, le di la vuelta, como carne en palito y empecé a lamerle desde el ano a la chucha, y María Eugenia se torcía de placer sobre el sofá, le acariciaba las piernas, le lamía los pies, la hacía reír y gozar; la puse en cuatro y sin avisarle, le metí la verga por la chucha, desde atrás, y María Eugenia:

- Maldito hijo de putaaaa, te voy ahhhhhhhhhhhh, que rico mamaverga que eres, que verga tan sabrosa, definitivamente sabes manejar tu verga cuñadito, métela corazón, rómpeme la chucha y riégame otra vez, quiero tu leche en mi puta vagina, vamos hijo de puta, préñame, préñame, préñame caraaaaaaaajoooooooooooooo,

Gritaba desesperada María Eugenia, mientras le serruchaba la chepa, la torcía en el aíre y de un solo vuelco, le saqué la verga, la viré, alce sus piernas y le clavé el pene cuando ya iba a deslecharme. No tengo que decirles que la zorra, gritó como animal herido, cuando le entró de un tajo, nuevamente todo el pene; resoplaba como toro en su última faena, pero se agarró con sus hermosas y lizas piernas a mi cuerpo, y no me soltó hasta sentir que había sacado la última gotita de semen.

Traté de safarme y mi socia me dijo:

- No, cuñadito, de esta noche, hasta que el Dr. diga que estoy preñada de vos, cada gota de leche que vota esa verga, es de “La Magenta”, y solo yo, como Administradora, dispongo de ella.

- ¿O sea que no puedo darme un revolcón con ningún otra puta? Tú estas, loca.

- Si, cariño, pero loca por tu verga que me esta preñando, y sí, si puedes darte los revolcones que quieras, con esas sucias putas que deseas, pero recuerda que vendré durante todo este tiempo hasta la preñez. Ok?

La manera en que me hablaba la puta ésta, era riquísima, me dominaba solo con su vos y sus palabras, cuando terminó de hablar, me acerqué a su labios y la besé con tanto amor, que hizo que me arrechara otra vez, pero no quería tirar, quería acurrucarme entre sus brazos y sentir sus senos calientitos, que me cobijaran, esta idea lujuriosa me tenía loco, por una parte quería enterrarla viva y por otra, solo estar con ella abrazados; tenía el pene tieso y ella aprovechó para treparse como gata sobre él, empezó a masturbarse con mi verga dentro de su vagina, y saltaba de gusto, como una niña en columpio, sus tetas, iban y regresaban, parecían chupones de bebé; la tomé de la rica cinturita y la hacía cabalgar sobre mi verga, como si fuera una montura,… la puta gritaba,… sus orgasmos eran de locura, y no sentía ningún tipo de recato en gritarlos, era como su madre para la verga, totalmente desinhibida, sabía lo que tenía entre sus piernas, lo usaba, valoraba y gozaba al máximo. Me tenían loco sus gritos de sexo, quería más, igual que Eugenia quería doblarme la verga, solo que ésta puta, la doblaba sin permiso alguno, hasta que me hizo reventar en una deslechada que me hizo gritar:

- Así papito, dale leche a la puta más puta de esta familia, ¡venga!, lléname todita, vamos que esta puta esta loca por tu verga, toda amorcito, dámela toda, toda, toda, todaaaaaaaaaaa,

Y volvió a terminar cuando yo gritaba de placer llenando su útero, era una locura, como tiraba esta hembra, tenia todo para puta, solo le faltaba ejercer la profesión más antigua del mundo.

Se echó en mi pecho, arrimándome sus exquisitos y paraditos pezones, conectados por nuestros sexos, y jadeando sobre mí…

- Carajo cuñadito,… mami y Olga me contaban sobre ti, pero no les quería creer, creí que eran exageradas, pero eres un maestro culeando, me haces sentir la necesidad de tu verga y me siento tan hembra al recibirla, que no quisiera irme de donde estoy, quiero quedarme sobre tu cuerpo y dormir con tu verga en mi vientre.

- Gracias, cariño.

Era la primera vez que le dirigía una palabra de amor a María Eugenia; nos fuimos a la ducha, le dije que iba a poner música y servirnos unas copas mas de heladito vino de manzana, mientras ella, sin avisarme ya había llenado la tina y tenía listo un reparador baño caliente para los dos.

- Sé que te gusta nuestra música ecuatoriana; eres raro, decía ella como manabita, aunque era nacida acá; - los guayaquileños son muy monos, y prefieren música de gringos,… pero vos eres distinto, ¿por que?

- Soy ecuatoriano mijita, y mi música es hermosa, como son hermosas sus hembras, por ejemplo ahora estoy escuchando las creaciones de Héctor Napolitano, (sonaba en el CD “Cangrejo criminal”) y me estoy culeando una hembra ecuatoriana, que vale su peso en oro.

María Eugenia era toda una dama; ésta manabita, la madre, se había esforzado en la crianza de ellas, no solo en educación y cultura, sino también en intimidad sexual, algo raro entre las madres guayaquileñas, que hacen, con sus ideas, que las hijas piensen, que el sexo, es algo sucio, asqueroso y de obligación para procrear,.. Estas hembras, desde la madre, no piensan así, hoy me lo habían demostrado una vez más.

El dinero para ellas, era solo una parte de sus vidas, lo principal era la familia, y que ésta, fuere unida a como de lugar; si una había cometido algún error, las demás hembras, venían a su auxilio con el fin de proteger entre ellas la familia, no a la puta herida; seguro que Don Augusto debía tener otros hijos en Manabí, o sabe Dios donde, y ellas estaban asegurando su estatus y herencia, con lo único que podían y que era solo de ellas, o sea, su don de procrear; lo demás era cuestión de Leyes. Por eso de pronto se me vino a la cabeza, que el hijo que le había hecho a Eugenia, no fue al azar ni por un descuido de Eugenia;… como me dijo María Eugenia, “todo fue planificado”.

Luego de descansar media hora con mis pensamientos, dentro de la tina, salimos a la cama a desestresarnos, me estaba secando cuando vi desde el baño a María Eugenia en otro de mis gustos en una hembra, su aseo personal; con la toalla puesta en la cabeza y la otra que la cubría, como minifalda, hasta las tetas, se secaba entre los dedos de los pies, con una toallita mía, que no se de donde sacó; me hizo poner como caña la verga; me eché sobre ella, me miró a los ojos mientras lamía su cuerpo frío con algunas gotas vagando por su fina piel:

- ¿Me vas a violar Javier?

Preguntó en vos dulce y tenue, como quien no sabe, pero quiere que suceda el acontecimiento.

- Si lo hago, Qué.

- Llamo a mi Abogado para meterte Juicio por violación y encanarte.

- Yo soy tu Abogado, mi rica puta.

- Entonces Abogado, viólame, por que en realidad quiero que lo hagas.

- Lo sé, mi amor, lo sé,

Tenía la verga como cañón, las venas del pene estaban inflamadas, latía y estaba cargadita de leche; sentía el aroma de la vagina recién lavada de la puta manabita, que exudaba leche de hembra, no pude resistir y le quité la toalla con fuerza; la dejé desnudita, me paré a un costado de la cama para morbocearla y María Eugenia, sin nada puesto trataba, femeninamente (¡Que rico!), de cubrirse con los brazos, tapándose la vagina doblando las piernas; la tomé de los tobillas y empecé a lamerle sus delicados y femeninos pies; agarré sus muslos hermosos y le abrí las piernas mientras ella forcejeaba conmigo para que no la viole; me metí en su vagina y empecé a hacerle un cunilungus extraordinario que arrancaban quejidos de placer en la puta; la levanté tomándola del culo y le empecé a lamer, desde el ano hasta la vagina, María Eugenia, me bañaba en su Leche de hembra arrecha, que yo absorbía, como se toma una copa de buen vino, puse sus lindas piernas en mis hombros y empecé a juguetear con mi verga entrando y saliendo de su cueva depilada; gritaba y se sacudía; - ¡me violan, me violan!; gritaba la muy puta y luego: - ¡no me salven, no me salven! quiero que me den verga, que me gusta la de este hijo de puta; la quedé viendo mientras ella jugaba a la violación, le metí dos dedos por el ano y jugaba a sostenerla, le metí tres dedos, humedecidos en su vagina y…; - ¡Auxilio este hijo de puta me va a romper el culo!, ¡sálvenme, que tiene la verga grande!; la agarré de las caderas, sosteniéndola fuertemente y le puse la cabecita del pene en el ano. Me sostuvo la mirada en silencio, con sus hermosos ojos de miel, y como en señal de aprobación del dolor que iba a sentir, abrió más la piernas, empujé lento pero firme, y en el silencio de mi habitación, por primera vez, vi llorar a una hembra por su propio gusto; estaba distendida mientras le entraba toda la verga y siguió en silencio, llorando hasta que las bolas tropezaron con los cachetes de su hermoso culo; me miraba con ojos de dolor y agradecimiento por estar dentro de ella, y por hacerla mía.

Hice un alto mientras le daba masajes en el clítoris, para empezar a sacar y meter, cuando en sus ojos vi que ya estaba gozando, comencé a sacar el pene lentamente, casi hasta la cabecita, y se lo metí con fuerza, ahora me miró con odio, dulzura, amor y entrega de hembra:

- Dame mas fuerte papito, no me saques la verga, me encanta que me poseas, que me rompas el culo, es un placer delicioso, métela por favor, métela y no la saques mi vida, que ese dolorcito, es exquisito, métela, carajo, dame verga hijo de puta, hasta los intestinos mi amor, dame verga carajo, que me encanta.

Le daba con fuerza mientras ella jadeaba, y en cada bocanada de aire, me decía, o bien “lo hijo de puta que soy por culeárla así”, o bien “lo rico que sentía mi verga en sus intestinos”. Se la saqué de un jalón, y la tiré boca abajo contra la almohada, y en cuatro:

- ¿Que me vas a hacer, hijo de puta?

Me mantuve en silencio y le abrí los cachetes y de nuevo…, a dentro la verga entera; ahora sí gritó, lloró, pataleó; me dijo lo hijo de puta que era para culear y lo rico que estaba; me dijo que me iba mandar a matar por empalarla de esa manera. Yo le metía la mano en la chucha pellizcando su clítoris mojado y jugaba con sus tetas que colgaban, le amasaba los pezones con los dedos y le daba con fuerza por el ano; le besaba el culo y se lo mordía, sentía que se me venía la leche y no… me la aguantaba, seguía bombeando y María Eugenia gozaba con mi verga dentro, le venían orgasmos múltiples,… cuando sentí que me iba a deslechar, saqué la verga de un jalón, le di la vuelta con fuerza, le abrí las patas y le clavé la verga en el clítoris; María Eugenia volvió a gritar, maldecir, injuriar y cuando ya la bombeaba dándole mi semen, me agarró de los cabellos, me llevó hasta sus ricas tetas inflamadas de deseo y me besó dulcemente en los labios, me dijo:

- Eres el más hijo de puta de todos los machos que me han montado, y eres el que más, me ha hecho gozar papito mío; mami y Olga me dijeron que eras hasta único para romper el culo, y no les quise creer, ahora nunca voy a dejar de tirar contigo, me tienes a tu merced mi señor, méteme la verga siempre que quieras, en el lugar que quieras y cuando quieras, soy tuya.

Por contestación la tomé entre mis brazos, besé con amor sus hermosos senos y me trepé en ella para besarla mientras me terminaba de deslechar.

Nos quedamos en la cama dormidos, hasta la mañana siguiente en que me despertó Maria Eugenia, con un rico mameluco, que me exprimió los huevos; cuando le recordé lo que me había dicho la noche anterior, que solo en la chucha para preñarla, sin desperdiciar, me dijo:

- Papito; ¿tu piensas que me iba a perder de probar, un buen trago, no sorbitos, de tu rica leche, tan promocionados por mami? ¡Estas loco! En verdad que hay veces que las madres no se equivocan, esta es una de esas mijito.

Tiramos todo el fin de semana,… parecíamos marido y mujer,… muchas veces la pillé hablando con Eugenia por teléfono y contándole como me la había clavado esa noche; luego en la cama, ella me decía con vos de pilla, que tenía re-caliente a su madre y que Eugenia quería venir, pero respetaba la decisión a la que habían llegado y que esperaría.

Seguimos tirando espaciadamente, unas veces en mi departamento, otras en el de ella; me la culeaba en la cocina, en el baño, en la alfombra y hasta en el sillón de su oficina le di verga.

Al mes y medio le llegó los resultados de los primeros exámenes, estaba definitivamente preñada; ella saltaba de gusto y yo de tristeza pues no quería dejar de culear con María Eugenia,... me estaba enamorando; quizá fue mejor, por que al día siguiente de la noticia, tenía en mi cama a Olguita, consolándome sin saberlo ella.

Fui testigo de la boda civil de María Eugenia y luego padrino de un hermoso bebé muy parecido al segundo hijo de Olguita; me recuerdo haberme culeado a María Eugenia la noche de su boda con el juramento de ella, de que luego de la “luna de miel”, sería fiel puta en mi cama, como su madre y su hermana (pero eso se los contaré, algún otro momento); aún ahora me las sigo tirando a las tres y las empresas de la hacienda, marchan de maravilla, y es que con mi ayuda, todo esta en familia.

LEXO

Espero opiniones, amables lectores, gracias, su amigo Lexo.



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