Antonia y yo nos conocimos cuando éramos muy jóvenes aún, pues los dos teníamos la misma edad, o sea 16 años al empezar la relación que de novios, pasó a amantes, o como le llamamos acá en Ecuador “marinovios”.
Antonia era una hermosa y delgada niña de 16 cuando estábamos en quinto año de colegio los dos claro que ella asistía al de niñas “Dolores Sucre” y............. que para molestarla, le decía que era de avionetas, pues su uniforme, que es blanco entero, usa una especie de hombreras levantadas, muy altas, en forma de alas y que, para mantenerse, tienen que ser almidonadas y planchadas a diario en tanto que yo, más vago, como buen hombre, asistía al Colegio ”Urdesa School”, que era, por decirlo de alguna manera, donde iban a parar los aniñados vagos de los buenos colegios de Guayaquil.
En fin que teníamos muchas cosas en común entre esas, la bárbara religión que nuestros padres nos habían obligado a tener, y en la que al parecer deseaban que llegásemos puros y castos al matrimonio, me da hasta vergüenza decir que éramos “Testigos de Jehová”, pues aún me da la impresión de que alguien nos esta espiando no voy a gastar más cuartillas en esa atorrante gente, que solo malos recuerdos me trae.
Como decía, Antonia y yo, nos conocimos y nos enamoramos, como se enamoran todos los jóvenes, de casualidad, siempre no sabiendo que hacer y a escondidas de sus padres, en mi caso era peor, pues la madre de mi novia, me odiaba, no lo digo como un eufemismo, si no como una auténtica realidad la vieja bruja esa, me odiaba, y sé que aún, luego de tantos años, mi nombre sigue siendo prohibido en esa casa.
Como siempre ocurre en este tipo de relaciones, y una vez que mi novia, había roto un poco la sujeción de sus padres al concluir con honores sus secundaria, y por mí ingresó a la Universidad Laica, para estudiar, creo, Administración de Negocios o algo similar (digo por mí, pues según esa bárbara religión, (que ya no deseo mencionar) a la que nos pertenecieron nuestros padres el sistema estaba por acabarse y la consigna era: ¿para que estudiar, si viviríamos felices en un paraíso?) de cualquier manera, la hembra, que era muy inteligente, ya trabajaba en una empresa importadora y exportadora de no se que cosas con China-Taiwan, así que en corto tiempo y con algo de ayuda de sus padres en agradecimiento a lo buen alumna que fue, le ayudaron a comprar su auto de esos pequeños, SEAT, de tres puertas, parecido el modelo FIAT600 en color rojo de segunda, pero bien mantenido en realidad, para Antonia, era hasta grande, pues era muy menuda aunque tenía todo su cuerpo bien distribuido, y aún que no era muy bonita era blanca, pecosa, de ojos color miel y cabellos negros ondulados pese a su poca belleza, me tenía loco, no se si eran las hormonas o que, pero estaba enamorado de esa “pelada” (chica, muchacha, jovencita),
Antonia era, aparte de menuda, de ascendencia serrana, que ya de por sí debió haberme hecho virar la cara, pero me parece que no había nada mejor en el horizonte y total me embarqué con ella desde que se comprometió a darme clases de trigonometría en casa claro que poco aprendí, pero fue suficiente para que aprobara y la probara a ella.
Terminé mi colegio, claro que no con muy buenas notas, pero me gradué y de inmediato me matriculé en la Universidad que ella estaba, con el “sano propósito” de estar juntos, pero como ella estudiaba otra cosa que no era mi carrera, solo podíamos vernos en los descansos y a la entrada o salida de la Universidad.
Esos encuentro se ponían cada vez más y más calientes, pues nos abrazábamos, besábamos, acariciábamos con tanta pasión y en tantas partes que terminábamos totalmente mojados no se si Antonia regresara a casa y se pegaba una buena masturbada (que según nuestra religión, claro, era pecado) nunca me lo dijo, pero lo que era yo, al ir al baño antes de llegar a clases, hacía descansar a mi verga, desahogándola de tanta leche aguantada y al llegar a casa le daba su nueva ración de paja, para que la pobre llegase viva al día siguiente que teníamos que darle nuevamente a los besos, caricias y abrazos pasionales.
Para todos estos menesteres, usábamos, claro está, el asiento trasero del SEAT de mi novia y aunque algo justo para mí, sin embargo para Antonia era como si fuese su cama, pues como dije, era menuda.
Así transcurrimos casi medio año de clases, y ni ella, ni yo, soportábamos más las órdenes provenientes tanto de nuestros padres, como de los famosos, “Testigos de Jehová” (que para mí, no son más que espías de la CIA), que era lo que más pesaba en nuestras conciencias, por lo que una noche, y con algunas protestas de Antonia, que quería que la hiciera mía, pero me decía que no ante mi mirada lasciva y con algunos razonamientos que ni yo me los creía, fui bajando el calzoncito blanco de mi linda novia, mientras ella se acomodaba como podía en el asiento de su Seat rojo y como el patio de coches en la Universidad era bastante grande y abandonado de ciertas a ciertas horas fui bajando, casi sin temor lo último de impedimento que me ponía la hembra abrí su blusa blanca y cayó sus brazier, dejándome ver sus blancos, pecosos, pequeños y redonditos senos, con pezones cafecito claros y bien paraditos por la excitación la piel de Antonia era hermosa, blanca, firme y muy delicada se notaba el cuidado que desde joven daba ella a su figura de mujer sus piernas, pese a no tener la talla que me hubiera gustado, estaban siempre, muy bien depiladas y en cremadas, con aroma de frutas naturales pero el aroma que en realidad me enloquecía, provenía de entre las lindas piernas de ella, su vagina arrojaba una esencia que me enloquecía, y la tenía siempre calientita conmigo, que ya la venía acariciando desde que éramos novios luego el jean, que con un poquito de dificultad, fui bajando hasta que le llegó a los tobillos abrí sus piernas y terminé de quitarle los pantalones al abrir el ziper del mío, se veía que estaba todo manchado de leche que se me derramaba desde que nos besamos por primera vez cuando vi su conchita, era muy linda, blanquita y rosada bajo sus muy poquitos bellos parecía un coñito tímido que veía la luz por vez primera mi novia me había dicho que era virgen y no tenía por que dudarlo, al sentir ese delicioso aroma del que soy adicto en las mujeres, en el aire tibio de la cabina de su SEAT, me atrajo como un loco me tiré desesperadamente a tomar todo lo que me daba es rica vaginita que la veía gotear leche de mí hembra y luego, esperé un ratito mientras Antonia, con el juego de mi lengua, jadeaba sus tres primeros orgasmos,
Ahora, como inexperto que era, pregunté
- ¿Quieres que siga mi amor, o lo dejamos allí?
Ella se mantuvo en silencio y mirando mi pene que estaba totalmente erecto, lo tomó en su pequeñita y delicada mano, siempre llena de cremas femeninas estaba totalmente lleno de semen y Antonia temblando como una hoja en Abril, lo llevó a sus labios la muy putita, estaba que reventaba por ser poseída y yo, era su plato esperado, ya que lo prohibido, es lo que más se desea y sabe mejor en la vida. Abrió bien las piernas dejándome ver su pequeñita y estrecha vagina, a la que, en un montaje lento, fui introduciendo el glande, despacito según me dijo ella, parecía gozar mientras le iba entrando, la oía feliz, al sentir la verga de su amado novio que tantas veces había soñado en su recamara a solas, introducirse dentro de ella aunque ella estaba muy bien lubricada, le apretaba entre los labios vaginales, sobre todo por que siempre he sido de talla ancha y larga, pese a ser circuncidado a mi Antonia le dolía un poquito, pero como me dijo ella luego, era un dolor rico y que ella disfrutaba, hasta que de pronto… dio un tremendo grito que me asustó, y en realidad era de susto, no solo por el grito sino que sentí en su grito como con la cabecita del pene algo dentro de ella, primero interrumpió el camino de la verga, pero como para mí eran las primeras sensaciones de sexo en mi vida, pues no sabía que era, y de pronto, como que algo se rajó en el vientre de Antonia Sí señor, era que la Antonia, tal como ella me decía, era virgen y yo, su novio, la acababa de desvirgar en sí, los dos éramos vírgenes y esta era nuestra primera vez ella me lloraba desconsolada abrazada en mi pecho, y yo estaba asustado, pero cuando traté de quitarle la verga, abrazada a mí, me dijo.
- No amorcito, déjala… y dame despacito pero con mas fuerza.
Hablando y haciendo me dije, así que hice lo que ella me indicaba y sus lágrimas empezaron a convertirse en sollozos de placer y gozo Antonia termino dos orgasmos más que ella parecía no entender, pero que disfrutaba enormemente yo solo había leído algo y lo más era revistas pornográficas y cine xxx pero claro estaba en el momento y solo quería seguir dándole verga a mi novia, que ahora era ya, mi marinovia oficial o sea que yo me había convertido en su “novio con derechos”.
Seguimos en el asientito de atrás de su auto y terminamos tres veces yo, y ella un sin numero de orgasmos de aquellos que tenía reprimidos desde nuestro primer beso le mamaba las tetas, la hice poner, como veía en las películas porno en 4 y le metía la verga por la vagina pues aquello del chiquito, aunque lo deseaba, según esa puta religión a la que nos pertenecíamos, era “pecado mortal” y de cualquier manera podíamos pedir perdón a Dios, y llegar al paraíso prometido (jajajaja) con decirles que esa rica y deliciosa noche, hasta un cigarrillo nos fumamos, para refinar el palo claro, algo que como miembros de esa horrible secta, nos hubiera costado la “expulsión” (ojala hubiera sucedido, me hubiera casado con ella, pues la amaba realmente), aunque no se con certeza, pues era mi primer amor.
Cuando terminamos todo esa rica noche, ya era muy tarde para regresar a clases, por lo que regresando a casa, y durante todo el camino, Antonia iba llorando, no lo entendía y pensé que le había hecho mucho daño le pregunté varias veces y ella siempre me decía lo mismo, - No es nada mi amor, no es nada estábamos bañados en leche ella y yo en su rica y virginal “agua de amor” de su chuchita sabíamos que no podíamos regresar así a nuestras casas, pues las viejas, que debían haberles dado hasta por el forro, no son ningunas cojudas y conocen perfectamente el aroma a culeo por lo que a mi marinovia, se le cruzó por la mente, pasar por la casa de una amiga de ella Patricia, que vivía cerca de la Universidad, como estábamos en épocas de lluvias, entre ella y Patricia lavaron, mi pantalón, los interiores de ella, mis calzoncillos y hasta el brazier de mi marinovia, pues todo estaba salpicado de semen eran muy buenas amigas y como imaginaran, Antonia le contó todo a su amiga, sin saber que hacer, todo por la “maldita religión” las preguntas de - “¿que vas ha hacer ahora?” -eran la primeras en surgir como en casa de Patricia había una habitación desocupada y la madre de ésta era de aquellas manabitas que les gusta ayudar, pese a quien le pese la pareja de Antonio y yo, le encantaba para matrimonio, así que metió las 4 para ayudarnos.
Le pedimos permiso para dormir en su casa y la señora habló con nuestras madres para asegurarse que nada iría mal, de cualquier manera, mi madre con la vieja de mi marinovia, ni por broma se hablarían esa noche, ni nunca además, en casa de nuestra amiga Patricia, había un hermano de ella que era de mí edad, lo que haría ver como normal, que me quedase en casa de Patricia y él se apersonó a ayudarnos. De seguro ustedes sospecharán que mi Antonia y yo, dormimos juntos esa rica noche, entre miedos y el “quechu” (¡que chucha!), total ya estaba hecho y teníamos que dar la cara así que, como dice el adagio “muerto por mil, muerto por mil quinientos”, seguimos tirando toda la noche, en todas la poses y maneras posibles, Antonia era la mujer más feliz del planeta, por primera vez estábamos juntos, y no solo por ratitos y a huidas muchas veces tuve que taparle la boca a la Antonia, para que no despertara al resto de la casa, y otras veces ella hizo lo hizo conmigo, cuando ya le estaba llenando la vagina de más leche no se como no nos cobraron el uso de la habitación, aquella rica noche.
Al final, y como terminan estas cosas, por influencia de la vieja bruja de la madre de Antonia y su debilidad para decirle “ándate a la mierda”, que este ya es mi marido ella se fue a vivir a USA y se casó allá con un gringo (hermanito de la religión esa, claro) del que parió dos hijos, creo, luego se divorció y se volvió a casar.
Hace unos dos años escribió a un amigo mutuo buscando mi dirección de internet, para conversar conmigo, pero le mandé decir que agradecía y que le dijeran que aquello, fue hermoso, pero era el pasado, y que era mejor dejarlo en el “paso de los recuerdos” que además, ella tuvo su oportunidad y prefirió el consejo de la bruja de su madre así que lo nuestro era solo un hermoso recuerdo.
De toda esta historia, lo que me causa mayor hilaridad, es que la vieja puta de la madre, le hizo pasar al gringo pendejo (hermanito de su religión) a mi marinovia, como “caucho nuevo” (virgen), cuando a Antonia, desde esa noche, hasta que se acabó nuestra relación, o sea dos años después, la dejé como queso grouyer, y claro a la patucha le encantaba que le diera verga, era su primera verga y la del hombre que amaba, por tanto no quería perderla, pues ya tenía ajustada su vagina para mi pene.
Lexo
Así fue mi primera vez, espero que les haya gustado, pues a mi solo me trae recuerdos hermosos, espero sus comentarios, su amigo, Lexo