Lamento la tardanza en colgar esta segunda parte del relato, pero no lo he podido hacer antes.
Pese a que siempre se dice, ruego que se lea la primera parte del relato para evitar volver a presentar la escena. Tiene el mismo título y está en la misma categoría.
Retomando el relato por donde lo dejé, tú estabas en la ducha y yo no pude resistir la tentación de meterme contigo ya que mi excitación no me permitiría desayunar tranquilo. Sabedor de que estabas en un estado similar al mío, no me entretuve y te empecé a rozar mi duro pene contra la entrada de tu fabulosa cueva, mientras te daba un beso apasionado debajo del grifo de la ducha. Sabía que podía hacerte mal si iba demasiado rápido, sólo era tu segunda............... vez y no estabas acostumbrada, ni tan siquiera habías asimilado todavía tu nuevo estado. Por ello te di la vuelta y comencé a darte mordisquitos rápidos por todo el cuello, a la vez que te hacía sentir mi pene entre tus dos piernas. Tu excitación era máxima y me incitaste a que te poseyera, estuve a punto de hacerlo pero aún guardaba algo de sentido común. Recordé que no te tomabas la píldora y, estúpido de mí, me dejé los preservativos en la habitación. ¿Qué hacer? ¿Dejarte esperando y marchar a por ellos, o correr el riesgo y no usar? Mientras yo me daba cuenta de mi fatal error, tú habías visto mi indecisión y sin que me percatara me habías empezado a acariciar y a acercar tu boca a mi enhiesto miembro. Empezaste a acariciarlo despacio, en realidad con miedo. Sí, miedo a poder hacerme algún daño, era la primera vez que hacías algo así y no tenías ni idea de cómo hacerlo. Viendo tu inexperiencia te pedí que te detuvieras pero me dijiste que querías seguir, que sentías curiosidad. En mi estado tampoco necesitaba demasiados ruegos, y me dispuse a enseñarte.
Te induje a que empezaras a comértelo como si de un chupa-chup se tratara, o como de un helado. Pero sólo la punta, ahora despacio acaricia con una mano el resto de mi extensión. Empieza a hacer los movimientos acompasados, mueve la cabeza a la vez que la mano. No tengas prisa, intenta disfrutar de un manjar, es como si comieras en un gran restaurante, los platos parecen raros pero hasta que no los pruebas no sabes si te gustarán o no. Empezaste a mejorar, perdiste un poco el miedo, a sabiendas que yo lo estaba disfrutando. Notabas con tus labios cada palpitación de mi pene, no te molestaba en absoluto, además luego me dijiste que incluso lo habías disfrutado.
No lo pude evitar en cuanto empezaste a moverte rápidamente tal era mi excitación que me corrí, pero antes saqué mi pene de su boca. No sabía si te gustaría y supuse que no, craso error, cuando la saqué me miraste sorprendida y a la vez herida. Pensabas que lo estabas haciendo mal, pero después de correrme intentando no mancharte, te lo expliqué. Pese a que intenté no mancharte fue inevitable hacerlo, pero conseguí que no fuera mucho. Entonces te lo dije, no quería obligarte a tragártelo y por eso la saqué. Me miraste con amor y me dijiste que no tenía la más mínima importancia que aunque no te hubiera gustado lo hubieras recibido en la boca porque expresaba el placer que me habías dado. De todas formas no quiso perderse la oportunidad y probó con un dedo el poco manjar que sobre ella había caído, el resto se lo había llevado la ducha. Por la cara que puso no pude deducir nada y se lo pregunté directamente, realmente tenía curiosidad de saber si le gustaba. Sorprendiéndome me contestó que no sabía mal, que no le hubiera molestado tragárselo. Me quedé con la boca abierta, pero en ese momento me di cuenta de que estábamos en la ducha y ya nos estábamos enfriando. Acabé de ducharnos (sí, no es un error fui yo quien la bañó a ella y luego a mí) y salimos del baño.
Yo llevaba una toalla alrededor de las caderas y ella una más grande cubriéndole todo su cuerpo, le había pedido que me dejara secarla, y sabedora del placer que le produciría no pudo negarse. Empecé por secarla despacio por los hombros, noté como te estremecías pero no sé si era por el frío o porque ya habías comenzado ha sentir el placer de mis caricias. Seguí secándote la espalda con la toalla a la vez que la iba deslizando despacio por tu cuerpo. Cada centímetro de piel que acariciaba con la toalla, comprobaba que quedase totalmente seco con mis labios. Cuando tuviste la espalda seca, te di la vuelta y dejé caer al suelo la toalla, ahora directamente te sacaba con mis labios. La primera gota que sequé, escurría rápida por el valle que forman tus senos, la atrapé y absorbí, mientras tu embelesada me mirabas. No podías evitarlo yo lo noté, te estabas excitando. Decidí prolongar esta tortura, y fui secando los omoplatos pasando hacia abajo por cerca de tus enhiestos pezones, pero no los sequé y te miré. Me lo estabas rogando con la mirada tenías una mirada que te hace enloquecer, y seguí. Sequé tu ombligo mientras te obligaba a sentarte, porque ya no podías mantenerte en pie. Continué con mi exploración, sequé tus preciosas piernas que recordaba rodeándome la noche anterior. Noté tus estremecimientos cada vez que estaba próximo a tu zona de placer, pero sólo me acercaba, quería que me lo pidieras. Y lo hiciste, me rogaste que no me detuviera, que dejara de torturarte y te permitiera alcanzar el clímax. Sin necesidad de más ruegos empecé a disfrutar del manjar que era para mí tu zona erógena. Mientras con una mano rozaba ligeramente la entrada, con la boca le tiraba el aliento a tu clítoris. Así fui dándote pequeños lametones en el clítoris e introduciéndote un dedo en tu húmeda cueva del placer. Comenzaste a gemir sin control y supe que tenía que acelerar porque estabas cerca de explotar, tanta caricia te había llevado al límite y no necesitabas demasiada estimulación para llegar a la cima. Pocos instantes después de comenzar mi festín, recibí en mi boca tu orgasmo. Fue grandioso nunca había notado un clímax tan grande como el que tu sufriste en ese momento, realmente me asusté porque parecía que te hubieses desmayado, te hablaba y no me contestabas. Tu placer había sido tan grande que no eras capaz de articular palabra. Cuando te recompusiste, me dijiste que te había encantado, que había sido el mejor orgasmo que jamás habías tenido. Por eso fue que no podías articular palabra.
Caí agotado a tu lado, ya que no habíamos dormido realmente demasiado, y llevaba demasiadas experiencias en poco tiempo. No quería dormir, pero quería que tú durmieras y sabía que no lo harías si me veías despierto, por lo que cerré los ojos y me hice el dormido. Cuando noté que se regulaba tu respiración abrí los ojos y te observé. No podía creer todavía que tuviera la suerte de ser tu novio.
Recuerdo que cuando te conocí no aspiraba ni tan siquiera a ser tu amigo, eras algo imposible, casi inalcanzable. Y ahora estabas durmiendo a mi lado, después de una mágica y loca noche de pasión.
Estuve así observándote un buen rato hasta que el cansancio pudo conmigo y me dormí. Desperté mucho antes que tú ya que dormíamos en tu cama y no suelo dormir bien fuera de mi cama. Eran las doce del mediodía y decidí ir a preparar la comida mientras tu descansabas.
Mis conocimientos sobre cocina son bastante escuetos, pero busqué pasta o algo precocinado para comer. En la nevera no encontré gran cosa algún yogurt y poco más. Busqué en los armarios y cuando estaba a punto de rendirme encontré macarrones. Y me dispuse a prepararlos, mientras hervía el agua, noté como unas manos me abrazaban desde atrás. Era ella que se había despertado y me dijo que había notado que me había levantado y no pudo resistirse de ir a ver que estaba haciendo.
Comimos tranquilamente mientras veía la televisión, sí, sólo la veía yo porque a ella no le gustaba. Cuando acabamos nos sentamos en el sofá y ahí no pude resistirlo y me dormí toda la tarde en sus brazos. Cuando desperté era de noche entonces le questioné porque no me había despertado. Ambos teníamos que haber ido a la universidad por la tarde y ella no tuvo el valor de despertarme para ir. No pude menos que agradecérselo, lo necesitaba. Nuestra relación continúa igual de activa desde ese día, cada vez que podemos dormimos juntos. En realidad no hace tanto de esta noche por eso soy capaz de relatarla con tanto detalle.
Si les ha gustado el relato, sólo decirles que me he limitado ha relatar una noche de pasión de las que hemos pasado. Si quieren puedo seguir contándoles otras pero deben mostrar su opinión con respecto a mi relato. Sé que puede ser bueno pero querría mejorarlo y para el siguiente que les guste más. Normalmente un lector que no ha escrito no le da importancia a comentar. A mí me pasaba, leía lo de \"se agradecen comentarios\" y no le prestaba atención, pero realmente ayuda mucho recibir críticas, siempre que sean constructivas.