Bueno queridos amigos y amigas, paso a contarles mi historia que a mi parecer, es de los más ardiente y variada.
Todo esto comenzó una tarde del mes de septiembre de este año, en Santiago de Chile. En este mes se celebran las fiestas patrias de nuestro país, y usualmente se coordinan.............. eventos familiares en donde se levantan fondas, y en nuestro, caso siempre ha sido así.
Debemos vestir atuendos típicos de nuestra zona geográfica y reencontrarnos con nuestra identidad, participando activamente en los bailes, haciendo las empanadas, los asados, etc, etc.
El tema parte específicamente el día 1º. Mi abuela cita a toda nuestra familia a realizar los preparativos de la fiesta y a coordinar las parejas de baile. Mi madre con mi tío, mi hermano con una tía, y a mi me toco con una prima mas joven que yo. Ella es a partir de este momento la protagonista del relato, junto conmigo.
Debo describir las características físicas de Natalia, mi prima, ella es rubia, de ojos azules, tiene 18 años recién cumplidos, mide 1,70 metros de alto, unos pechos prominentes, piernas gruesas y un culo paradito y redondito.
Mi nombre es jorge, mi edad es 27 años, tez mate, delgado y muy activo en lo que al sexo se refiere. Aceptamos encantados el reto de tener que bailar juntos, y obviamente que la cercanía entre los dos aumentó, de acuerdo a los acontecimientos.
El primer ensayo del baile comenzó dos días después de la reunión aquella. Todos vestidos de modo informal inicialmente, danzábamos al compás de la Cueca, nuestro baile típico con mucha alegría, debido a que somos muy apegados al folclore.
Ya pasadas unas semanas, hacia el día 10º de septiembre, debíamos todos tener al día nuestros trajes y aperos para la fiesta que se realizaría el 18 del mismo mes. Yo tengo mi apero completo y estuve listo desde el comienzo, pero mi prima Natalia tuvo un contratiempo con su vestido, y me confesó que sus pechos habían crecido en forma exagerada desde el año anterior y su vestido no le cabía.
Como es muy linda y pretenciosa, me llamó al móvil muy apenada, diciendo que el arreglo que le había hecho mi tía en el vestido, era de lo más indigno. Yo usando mi espiritu crítico, le dije que me acercaria hasta su casa para constatar lo que decia por teléfono, reaccionó negativamente al comienzo, pero después con mis palabras se serenó, y acepto mi consejo.
Llegué hasta su casa y su cara no era de buenos amigos. Me aclaró que no bailaría por que el famoso vestido estaba muy feo. Le pedí que se lo colocara para ver si es que se podía arreglar, y la verdad es me costó mucho convencerla que lo hiciera. Accedió de mal modo y fue hasta su habitación a ponerse el traje.
Dijo que me pusiera cómodo y que sacara bebidas del refrigerador, para los dos. Empecé a llamar a mi tía para saludarla, y Natalia desde su cuarto me gritó que no estaba. Saqué unas cervecitas Kuntsmann de la heladera, encendí el equipo musical y me senté en el sofá esperando su reaparición.
Lo cierto es que el vestido estaba horroroso, llego con la parte de arriba sin poder hacerla caber como corresponde, y sobre su abdomen se apegaba una camiseta blanca casi transparente muy ajustada, que realzaba mucho sus pechos, haciendo que se vieran muy enormes y firmes. Esto me dejó paralizado, y ella mientras cubría su cara con ambas manos para ocultar su vergüenza, yo me deleitaba con la vista que tenía frente a mis ojos. Eran los pechos más perfectos que había visto en mi puta vida el calor del ambiente, el sudor de su frente, la blancura de sus brazos, hicieron que me despegara de la realidad por un momento, y comenzó a invadirme una incontenible excitación.
Mi verga comenzó a erectarse y acto seguido ella sacó sus manos, dejando ver un rubor intenso en sus mejillas. Le recomendé que se acercara y en una faena muy ardua, logramos hacer que entraran los brazos Con mucho esfuerzo, levanté la cremallera que está en la espalda hasta la mitad. Seguí mi intento de completar el cierre, y por la fuerza ejercida, ella se vino contra mi cuerpo, apoyando su cuerpo sobre el mío y posando sus nalgas sobre mi pene erecto.
Ella lo notó y me miró de un modo interrogativo, no supe que hacer, y se me ocurrió sacar mi móvil del bolsillo del pantalón, tratando de aludir que eso fue lo que ella sintió al apegarnos, pero el bulto que se marcaba en mis pantalones no bajaba, y ella posando su mirada en mi zona genital, provoco que mi cara se pusiera muy roja no hallando donde meterme.
Le invité una cerveza a modo de distraer la situación, ella aceptó encantada mi propuesta, y durante la conversación no dejó de mirarme le entrepierna, de reojo en primera instancia, y después de un modo mas descarado. Yo me atreví a mirar mas fijo sus pechos, y con los tragos que llevábamos en las venas, las miradas seductoras se nos estaban escapando de las manos. Mas que tonto, tratando de calmar los ánimos, me empecé a reír de lo mal que le quedaba su vestido, y de las risas volvió a la pena. Me pidió que le ayudara a bajar su cremallera para sacárselo, y sus enormes pechos se soltaron de la prisión en la que estaban, quedando sólo con su camiseta transpirada demostrando que sus pezones estaban más grandes y marcados.
Para calmar su agobio, le propuse fuéramos de compras por un vestido nuevo, que yo encantado se lo regalaría, Natalia cambió súbitamente su rostro, y alegremente se abalanzó sobre mi dándome muchos besos por mi cara y cerca de los labios, abrazándome firmemente, mas bien apasionadamente, apoyó su pecho contra el mío. El calor que sentí subir de los pies a cabeza, el olor de su piel, la forma de su cuerpo junto al mío, hizo que la tomara de sus caderas y la apegara con mas fuerza contra mi cuerpo, sintiendo que su cuerpo se apegaba a mi miembro que estaba a su máxima expresión.
Nos soltamos y dijo que iría a cambiase para salir. Fue hasta su cuarto y demoró diez minutos en volver. Se veía iluminada, su carita de niña irradiaba entre alegría y lujuria, algo que nunca ví en ella. Sus jeans ajustados, su pelo atado sobre su cabeza y esa polera blanca, me volvieron a calentar.
Una vez en el centro comercial, fuimos a almorzar, nos pusimos a beber cerveza como condenados a muerte. Cual de los dos mas duros para marearse, nos levantamos a conocer las ofertas de trajes de la mano, como dos novios, abrazados en otros momentos, apoyando reiteradamente sus pechos contra mi cuerpo. No sabia que hacer, estaba muy nervioso con el tema.
Entramos en la tienda mas exclusiva, y en ella empezó a escoger los que le agradaban, y la vendedora trajo como diez, y ella como niña chica, feliz se acerco hasta el vestidor, entrando en el.
Lució el primero, no le gustó. El segundo ni hablar, pero con el tercero se veía espectacular. Me hizo entrar en el vestidor, aludiendo que habían entrado unos tipos a la tienda, y no quería que la vieran así, me incorporé y cerró la puerta, me senté y comenzó a desfilar delante mío, bajó ella misma su cremallera, y deslizando lenta y sensualmente su vestido hasta el suelo de espaldas a mi, quedó solo con su tanguita metida hasta lo mas profundo de su culo.
Me impresionó la actitud de ella con su cuerpo doblado en 90 grados, me sobreexcitó la figura espectacular de ella tan hermosa. Se volteo hacia mi, y me pilló boquiabierto contemplando ido de este planeta. Sus pechos estaban libres de toda vestimenta. Solo tapados con su antebrazo derecho. Bajó su brazo y gritó mi nombre. Reaccioné sorpresivamente, delatando mi impresión.
Se acerco hacia mí, y me preguntó que me parecía su cuerpo. Yo solo estaba en silencio, anonadado con la bella figura de mujer que el tiempo le ha dado. No supe que hacer.
Se alejó deprimida hacia el sector donde estaba su ropa de calle, y se vistió. Optó por el tercer vestido, lo pagamos y salimos de la tienda. Ella al parecer, quería una respuesta pronta, porque de refilón, aludía ella misma a la belleza de su cuerpo.
Estaba muy inquieto, quería decirle lo mucho que me gustaba su cuerpo, que quería saborear sus pechos, pero no encontraba como. La invité a beber más cerveza, pensé que con eso se haría fácil la misión de decirle lo que me pasaba.
En el patio de comidas nos encontramos con unas compañeras de la universidad en la que ella estudia, nos acercamos hasta su mesa, y me presentó. Fui por unas cervezas al expendio, y a mi retorno me encontré con una agradable sorpresa: Natalia les dijo que yo era su novio. Ellas no creían mucho el cuento, y le pidieron una prueba más sólida. Natalia se acerco hasta mi, y me dio el mejor de los besos, muy apasionado. Ni les cuento la impresión que me lleve en ese momento, y con mucha dulzura correspondí al llamado de mi primita.
Me miró con ojitos cómplices, y me volvió a besar. Esta vez fue más apasionado que el anterior, y sus amigas creyeron lo que afirmaba.
Ya pasado un rato, le propuse: Nos retiramos, mi amor?
Ella efusivamente me dijo que si, nos despedimos y abrazados nos alejamos del lugar. Al avanzar unos cuantos metros, fuera de la vista de sus amigas, me explicó que ella les mentía con una supuesta relación que llevaba con un chico de otra universidad.
Le pregunté por que lo hacia, y me respondió que le daba vergüenza entablar hasta conversación con otros tipos, pero que conmigo se sentía mas segura. Aproveche la situación y le dije que es, y será la mujer mas bella que haya conocido. Que su cuerpo es lo más fenomenal que he visto, y que me moría por robarle un beso .
Se conmocionó con mi declaración, y muy suavemente nos besamos otra vez. Fuimos a mi auto, y partimos hacia su casa. En ella nos encontramos con mis tíos, y le mostramos la nueva adquisición de Natalia. Muy alegres, la instaron a que lo luciera, y mi primita, muy picarona y cómplice, me dijo que fuera con ella hasta su cuarto para que me vistiera con mi atuendo. Mi tío aplaudió la iniciativa de Nati, y me motivó a hacerlo. Mi tía, partió a la cocina por unos vinos y carne asada.
Llegamos hasta su dormitorio, y lo primero que hicimos fue besarnos ávidamente. Se despojó de su blusa quedando solo con su sostén. Atónito una vez mas, no sabía que hacer, era mi prima. Me llamó a su lado y le empecé a sobar sus tetas, mientras encendía el equipo musical a todo lo que da el volumen. Solté su sostén y comencé a chuparlas como loco, ella se retorcía y sus gemidos salían de su boquita como animal en celo. Baje mi mano hasta el broche de su jeans, lo aflojé y deslice su cremallera. Bajé sus pantalones hasta la mitad de sus piernas, y junté mi cara a su zona púbica por encima del calzón.
El olor de sus flujos vaginales con un poco de orina, entraron por mis fosas nasales con
una calma embriagante. La tome de las nalgas, y mordiendo la tela de su cuadro, los bajé hasta la mitad de sus muslos. La tumbe bruscamente sobre su cama, y con alevosía, separe sus piernas blancas, metiendo mis dedos en su entrepierna. Constaté que su abundancia de jugos empapaban mi mano, y suavemente los lleve a mi boca.
La besé con sus propios jugos, entre agrios y salados, y su mirada de hembra ardiente me prendió aun más. Recorrí con mi lengua desde su oreja, pasando pausadamente por su cuello, acariciando su vientre blanco y liso con mis manos e introduciendo suavemente un dedo en su entrepierna. Mi boca gozaba de la textura de sus pechos jóvenes y tersos y con mis dientes mordía en forma sutil sus pezones.
Descubrí su abdomen con mi lengua, y los temblores que embargaban su cuerpo, los contorneos animales que la poseían, aumentaban mi pasión. El aroma de su piel, el sabor de su sudor, incitaban mi fuerza masculina más allá de todo prejuicio filial. Seguí mi rumbo hacia su vagina, y con mucho deleite saboreé los jugos de ese manantial de juventud.
Presioné su clítoris dilatado, hinchado, ardiente y mojado con mis labios. Comencé mi sube y baja por su punto mas sensible y como si nunca hubiera gritado, se abrió su garganta en sonidos sensuales que se aumentaban con mis embestidas linguales. Me desplacé con la cabeza hacia adentro, y con un poco de dificultad, la despoje de sus jeans y calzones.
Levanté sus caderas tomándola de las nalgas, y abriendo lo que más pudo sus piernas, me zambullí en aquel torrente de amor. Introduje mi lengua en su cavidad vaginal que estaba muy mojada, y con fuerza retiró mi cabeza. Dijo que estaba virgen, que sentía miedo del posible dolor que esta acción le pudiera causar.
La insté a seguir, y la convencí de que nada le pasaría. Calmó su cara de incertidumbre, y con lágrimas en los ojos dio su brazo a torcer. Metí mi lengua en su cavidad nuevamente, y sentí la presión de su himen intacto. Miré sus ojos, y el nerviosismo que manifestaban aquellas lumbreras llorosas, me hicieron desistir de mi propósito.
Le pedí que se volteara que quedara como se vulgarmente “en cuatro patas” y que acercara sus rodillas al borde de su cama. Separa nuevamente sus piernas firmes y blancas, yo arrodillado en suelo, y comencé a lamer sobre sus labios vaginales con mucha dedicación, mientras con una de mis manos acariciaba sus tetas de ensueño. Acompañó el masaje en su pecho, y los movimientos de cuerpo facilitaban mi labor al separarse más sus nalgas.
Me detuve un momento y contemplé su ano cerradito, sudado y rosadito, y me atreví a tocarlo con un dedo ensalivado. Ella se incomodó un momento, e intentó parar la situación. Yo más hábil de mente, me anticipé a los acontecimientos, y posé mi lengua en su ano. Las caricias que mi lengua le hacían, hicieron que desfalleciera de placer.
Giró su cabeza para preguntar que es lo que le estaba haciendo. Yo le respondí que se relajara y que se dejara llevar. Arqueó su cuerpo hacia abajo, levantando sus piernas levemente y continué con mi trabajo La presión de mi lengua en su esfínter hizo que su ano se dilatara. Los espasmos que su cuerpo experimentaba, me indicaban que ella gozaba mucho. Incorporé mi mano en su clítoris, y con dos dedos empecé a masturbarla. Los orgasmos de ella yo los sentía por el compás de los movimientos que los acompañaban. Mi lengua pudo entrar unos centímetros en su ano ya abierto, y mis dedos no paraban de agitar aquel clítoris inyectado de sangre.
Me pidió que le frotara más fuerte y sus gritos ya eran estremecedores. Mi lengua entraba y salía en una faena ardua que hizo que los calambres no me importaran. Mi calentura y mis ganas de que ella quedara conforme, aparte del dolor de mi lengua, me motivaron tironear y masajear con fuerza su clítoris. Seguía gritándome que le diera más duro y mis fuerzas ya estaban por agotarse, cuando ella empezó a botar mucha orina que cayó en mi pecho descubierto.
Retiré mi lengua de esa cuna rosada, y continué presionando su clítoris con más atrevimiento, que se volvió a correr de un modo descomunal. Se tendió en su cama, y su cuerpo tiritaba como si de un ataque se tratara y recostándome a su lado, nos abrazamos al mismo tiempo que nuestras bocas ardientes se fundieron en un beso largo y apasionado.
La miré a sus ojos y de ellos salían sutilmente unas lágrimas brillantes, y su boca articuló la siguiente frase: ¡ GRACIAS JORGE!!!!!!!!
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