Antes de comenzar la narración me voy a presentar. Me llamo Pedro, tengo 17 años y vivo en una ciudad del norte de España. Mido un metro ochenta, soy de complexión normal, pelo castaño y ojos negros. Poco más que contar de mí. A continuación os voy a describir a la protagonista de la historia mi hermana Veronika.
Ella tiene 19 años, es de estatura media, metro sesenta y cinco, ojos verdes, pelirroja, la cara salpicada de pecas y unos labios carnosos que siempre están curvados en una sonrisa picara. Su cuerpo lleno de curvas invita............... a perderse en él, tiene un precioso trasero respingón que suele lucir con pantalones vaqueros ajustados. Sus pechos, ni muy grandes ni muy pequeños, son su más preciado tesoro, que gusta de lucirlos en sus camisetas ajustadas.
Nunca creí que fuera a sentirme atraído por mi propia hermana. Somos una familia normal compuesta por nosotros dos y mis padres. Debido a sus trabajos no suelen estar casi nunca en casa, por lo cual, mi hermana y yo somos los reyes de la casa. Nos llevamos bien, con los roces típicos de hermanos, pero nada reseñable hasta que…
Un día de primavera de hace dos años, después de una agotadora jornada de clase, llegue a casa a la hora de costumbre, las luces apagadas me hicieron creer que no había nadie en casa. Deje los libros encima de la mesa de la cocina y me dispuse a realizar mi pasatiempos favorito masturbarme. Coloqué en el video una de las películas pornográficas que usaba para excitarme y le di al play comenzando la película.
Me senté en el sofá y me bajé los pantalones, me saque la polla, la acaricié con delicadeza un momento, para después iniciar el movimiento que me llevaría a correrme. Diez minutos de paja unidos a la escena lésbica del televisor consiguieron que el semen luchase por salir, gire la cabeza en busca del papel para eyacular en él cuando vi a mi hermanita mirándome con atención. De un salto me subí los pantalones avergonzado. Con los ojos de Veronika puestos en mí apagué el televisor.
-Hola Vero, creí que no había nadie- dije ruborizado.
-Estaba estudiando en mi cuarto, tengo pronto los exámenes- comentó poniéndose roja.
Me fije bien en ella, llevaba puesto el uniforme del colegio, con la típica falda hasta la rodilla y la blusa blanca con el escudo. Como de costumbre al llegar a casa se había quitado el sujetador dejando sus tetas liberadas de su atadura. A sus 17 años su cuerpo había alcanzado todo su desarrollo, por lo cual, sus tetas eran las de una mujer. Me quedé embobado mirando uno de los botones sueltos de la blusa.
-Voy a seguir con lo que estaba haciendo- dijo cerrando el botón – tu puedes seguir con lo tuyo- con una picara sonrisa se alejó por el pasillo.
A pesar de la vergüenza que había pasado no pude evitar mirar su cuerpo cuando se marchaba. Por primera vez la vi con ojos de deseo. Admití la realidad, mi hermana estaba muy buena.
Desde ese instante la percepción de mi hermana cambió, disfrutaba viéndola por casa, la observaba cuando comía, cuando bebía, al lavarse los dientes, sentada viendo la tele, cualquier momento era bueno para intentar ver alguna parte oculta de su cuerpo, estaba empezando a obsesionarme con ella.
En algunas ocasiones conseguía mi objetivo, cuando se sentaba en el sofá con su uniforme me dejaba ver parte de sus impresionantes piernas, y en ocasiones al levantarse podía entrever sus braguitas. Cuando eso ocurría me iba rápidamente a mi cuarto a masturbarme.
Ese no era mi principal divertimento, lo que más me gustaba era buscar en el cesto de la ropa sucia, allí encontraba sus blancas braguitas con su peculiar olor. En un principio solo las olía, con el tiempo empecé a pasar mi lengua por el lugar donde había estado su chochito. Eran unas pajas magnificas.
Llegó le verano. Nos fuimos de vacaciones a nuestra casa de la playa en el mediterráneo. Normalmente odiaba ir de vacaciones, pero aquel año la perspectiva de ver a mi hermana en bikini me hizo desear ir cuanto antes.
El viaje habitualmente tedioso en el coche de mi padre se convirtió en el mejor de mi vida. Veronika llevada por el cansancio se recostó sobre la ventanilla dejándome una vista preciosa de su culo. Su faldita se levanto dejándome un panorama de su trasero realmente excitante. Mi erección se produjo al instante, trague saliva y coloqué mi mano cerca de ella. Mi corazón latía con fuerza, lo que iba a intentar era una locura.
Veronika se movió lo suficiente para que mi mano tocase ligeramente una de sus piernas. Envalentonado por su pasividad la posé en su pierna, el contacto fue electrizante.
Veronika me miró con sorpresa, fijó la vista sobre mi mano y ante mi sorpresa solo sonrió, quitó la mano con dulzura, se acercó y me besó con ternura en la mejilla, muy cerca de los labios. Notó mi turbación, bajo la mirada en mi entrepierna y soltó una risita.
-Uhmm, veo que te gusta tenerme tan cerca- me dijo al oído con voz sensual.
No dije nada solo asentí con miedo ante su posible reacción.
-Habrá que ver qué podemos hacer para bajar es inflamación- susurró mientras llevaba su mano a mi bulto. Me agarró con delicadeza la polla por encima del pantalón – van a ser unas vacaciones muy interesantes-
Continuara….
Durante todo el viaje no apartó la mano de mi polla, siempre por encima del pantalón manoseaba mi bulto. Intenté tocar de nuevo sus piernas.
-Estate quieto, que nos van a descubrir- dijo con voz insinuante
Nuestros padres ajenos a lo que sucedía detrás de ellos mantenían una conversación. Era de noche y apenas podían ver lo que ocurría entre Vero y yo.
-¿Te gusta lo que te hago?- preguntó acercando su boca a la mía, dándome un suave beso en los labios.
-Me encanta- me atreví a decir.
-Cuando lleguemos a casa te voy a chupar la…-
El sol me golpeó en la cara despertándome, aún seguíamos en el coche. Mi hermana seguía recostada sobre la ventanilla enseñándome el trasero. Estaba empezando a preocuparme, ya hasta soñaba con ella.
La casa de veraneo es de dos plantas, abajo están la cocina y la sala, y arriba se encuentran los dos dormitorios. El de nuestros padres y el que compartíamos Vero y yo. Esta situación nunca había representado ningún problema, siempre nos habíamos comportado con naturalidad, es cierto que antes no me sentía atraído por mi hermana.
Llegamos bastante cansados así que decidimos ir a dormir la siesta. Al llegar a la habitación todos mis sentidos estaban puestos en los movimientos de Veronika, se quito sin pudor alguno, estaba solo delante de su hermanito, la faldita y se quedo en bragas. Fue el momento más erótico vivido en mis 15 años.
Eran unas braguitas blancas normales, pero a mí me parecieron las más sexis del mundo. Me quede allí mirando con cara de tonto, me fije sobre todo en su entrepierna, algún pelito le sobresalía por los costados, puede que parezca poca cosa, pero a mí m apareció de lo más excitante.
-Pedro por favor, deja de mirarme de esa forma- dijo Veronika con un tono de voz que no conseguí saber si estaba enfadada o divertida.
-Lo siento Vero, no ir mi intención molestarte- conteste con la cara colorada.
-No me molestas- reconoció divertida y se tumbó boca arriba en la cama sin taparse.
No perdí ningún detalle de su anatomía, sus lindos pies, sus preciosas piernas, la entrepierna con el coñito debajo de la tela, sus pechos ocultos tras una camiseta ajustada, sus carnosos labios, sus ojos. Sus ojos me miraban, sabía que la estaba observando.
-Tato, ¿que te pasa?, desde el día que te sorprendí, bueno ya sabes…no haces más que mirarme- preguntó con una sonrisa
-Es que…- comencé abochornado.
-No pasa nada, ya eres un hombrecito y empiezan a gustarte las mujeres, ¿verdad?-
Asentí sintiéndome un estúpido, no me gustaban las mujeres, me gustaba ella.
-Y yo soy lo más cercano que tienes a una mujer, es normal-
Mire sorprendido ante tanta comprensión.
-Si yo te contara lo que hace el hermano de mi amiga Marta- dijo con una risita.
-¿Qué hace?- pregunte interesado.
-Me da un poco de vergüenza decírtelo-
-No más que a mí que me hayas pillado el otro día masturbándome-
-bueno, se toca mientras huele las bragas de Marta-
Mi cara debió de cambiar tanto anta la noticia que Vero se dio cuenta de que algo no iba bien.
-Tato- me llamó mosqueada- ¿No habrás hecho tu lo mismo?-
No necesite contestar, mi expresión lo dijo todo.
-¡Vaya con el niño!- exclamó levantándose de la cama- te tocas con mis bragas- no fue una pregunta, su cara parecía enfadada.
-Vero yo…-
-Tú que… comprendo que tus hormonas están revolucionadas y por eso permito que te quedes mirando con esa cara de tonto. Lo que no me parece bien es que uses mi ropa para meneártela- su enojo era evidente.
-Tata, de verdad que no se lo que me pasa- dije compungido.
-Lo que te pasa es que eres un cochino-
Baje la cabeza abochornado, di media vuelta y salí de la habitación, no quería aseguir escuchando como me ponía verde. A pesar del enfado de mi hermana yo seguía excitado por lo que había visto. Me fui al cuarto de baño a masturbarme.
La puerta se abrió en el momento que eyaculé entre jadeos. Mire a al entrada del baño y allí estaba Veronika contemplando mi corrida.
-Por favor Pedro, ¿es que no puedes parar?- preguntó dando un portazo. Las cosas iban de mal en peor, mi hermana pensaba, quizás con razón, que yo era un cerdo que solo pensaba en el sexo.
Durante el resto del día no nos dirigimos la palabra, eso si, yo seguía observando todos sus movimientos. El calor hacía que fuese ligerita de ropa, lo que conseguía que parte de sus numerosos encantos quedasen a mi lujuriosa vista. Cuando se agachaba sus senos libres del sujetador se percibían claramente. Mi entrepierna reaccionaba de forma instantánea, convirtiendo la experiencia de espionaje en una pequeña tortura.
Por fin llego la noche y como era natural tras lo sucedido Veronika se cambió en el baño, llegó a la habitación con cara de pocos amigos y se metió en la cama.
El trayecto hasta acostarse fue un momento único, su pijamita de verano dejaba poco a la imaginación, los pantaloncitos eran tan pequeños que parecían unas bragas y la parte de arriba muy holgada dejaban que en cada movimiento sus tetas bailasen de forma ostensible ante mis ojos.
- Tato- me miro con sus preciosos ojos verdes desde la cama -¿Cómo estas?- dijo relajando el semblante.
-Un poco avergonzado- conteste con un hilo de voz
-Me imagino, no tiene que ser nada agradable que te pillen masturbándote, si me pasara a mi…- se calló al darse cuenta de lo que acababa de decir.
Abrí l aboca sorprendido ante lo que acaba de oír, como si de una revelación se tratara acaba de comprender que mi hermana también se masturbaba.
-¿Tú también lo haces?- pregunté intentando que mis palabras no dejasen constancia de mi excitación.
-Esa es una pregunta impertinente e indiscreta-
-Vero, ya sabes que no hay preguntas indiscretas, lo indiscreto es la respuesta- conteste en un intento de ser gracioso.
-Eres muy listo a la vez que un salido- dijo con una sonrisa – claro que lo hago, como todo el mundo- contesto poniéndose muy colorada.
Yo que acaba de sentarme en la cama sentí como aquel reconocimiento conseguía que mi polla creciese hasta resultar doloroso.
-Parece que tu cosa se alegra de que yo también me haga masturbe- apuntó Vero sacándome la lengua en un gesto de burla.
Asentí con una sonrisa, me estaba gustando la conversación.
-Tata, puedo hacerte una pregunta-
-¿Otra más?, de acuerdo dispara-
- ¿Cada cuanto lo haces?- vi en su cara que la pregunta no le hacía gracia –lo digo porque estoy preocupado, yo lo hago todos los días y a veces varias veces y no se si es bueno-
Veronika me observó un instante, movió la cabeza resignada, estaba visto que tendría que hablar con su hermano pequeño de sexo.
-Sé que los chicos a tu edad son muchos más activos que nosotras, tenéis las hormonas más alteradas, lo que no sé es cuanto es normal, pero no te preocupes, masturbarte no es malo- dijo empezando a perder la vergüenza de hablar conmigo de sexo.
-No me has contestado a la pregunta- comente con terquedad.
-Está bien, pesado. Depende de la época, hay veces que pueden pasar semanas sin que lo haga y otras veces que es todos los días o casi-
No lo podía creer, mi hermana, la sexi, la mujer mas hermosa del mundo acaba de decir que en ocasiones no podía evitar tocarse.
-¿Y ahora en que época estás?- me atreví a preguntar.
-¡A ti que te importa!- exclamó tapándose la cara con la sabana.
-Venga tata, tu me has visto a mi en plena, contesta porfa- dije con vocecilla inocente.
-Ufff...… hermanito, esa es información muy delicada…es verano y ya sabes el calor, la humedad…- se volvió a meter bajo las sabanas.
Me alegré de veras de lo que acaba de decir Vero, no era yo el único de la casa con ganas de sexo.
-Bueno, tato- comenzó a decir sacando su hermosa cara repleta de pecas por encima de las sabanas –será mejor que lo dejemos y durmamos-
Inútil intentar dormir después de la conversación, sentía mi miembro palpitar de excitación, necesitaba masturbarme. Me di media vuelta dando la espalda a la cama de Vero. Comencé a tocarme con lentitud, no quería que mi hermana se diese cuenta.
-Tato, ya que lo haces hazlo bien, en esa postura no vas a conseguir terminar- su voz me sobresaltó, deje de tocarme.
-No estaba haciendo nada- dije con el corazón en la garganta.
-Será mejor que te vayas al cuarto de baño- durante un segundo pareció pensar lo que iba a decir- cuando termines iré yo-
Inaudito, no era posible lo que acaba de oír, mi hermana se iba a masturbar después de que lo hiciera yo. Salte de la cama a toda velocidad con una gran erección y me fui al baño. Fue la paja más bestial de mi vida, no tardé nada en correrme. Salí del baño sin hacer ruido y allí delante de mí, esperando ansiosa, se encontraba Vero
-Ahora me toca a mí- dijo guiñándome un ojo.
No volví a la cama, me quede de pie junto a la puerta en un intento de escuchar a Vero masturbándose. Puse la oreja pegada a la madera, mi entrepierna reaccionó al oír un gemido, a pesar de haberme corrido hacía un minuto comencé a pajearme de nuevo con cuidado de no despertar al resto de la casa. De repente la puerta se abrió. Mi hermana de nuevo me había pillado.
-Eres de lo que no hay- dijo con una pequeña risa –venga entra-
Con la polla aún en la mano entré en el cuarto de baño. Vero cerró la puerta tras de si.
La miré cohibido, lo que contemplaron mis ojos se me quedó grabado para siempre. ¡De cintura para abajo mi hermana estaba desnuda! Me pellizqué para cerciorarme de que no era un sueño.
Vero me observó burlona y se vistió con suma lentitud. Me comí con los ojos su coñito. Mi hermana no era de las que se depilaban la vagina al cero, ella tenía el bello bien cuidado pero con abundante pelo. Cuando se subió las braguitas pude ver por un momento sus labios vaginales. Casi me caigo al suelo de la impresión. Mi polla, todavía en mi mano, pedía a gritos sexo.
-Bueno Tato, ahora me voy, espero que disfrutes de una buena paja- me dijo dándome un beso en la mejilla.
Claro que la disfrute, con la imagen de su coño en mi cabeza, me hice la mejor paja.
Cuando llegué a la habitación Vero dormía, un poco de luz entraba por la ventana iluminado su rostro. Era la mujer más hermosa del mundo, hipnotizado me acerque hasta colocar mi cara cerca de la suya. Vero abrió los ojos y me sonrió.
-Un beso tato- y poso sus labios en los míos dándome un pico –buenas noches- dijo dándose media vuelta.
Me quede paralizado, me lleve una mano a los labios. Mi hermana me había dado un beso.
Vero se giro de nuevo.
-¿Qué ocurre te ha parecido poco?-
Acercó sus labios y volvió a besarme, esta vez abrió un poco los labios, dándome un beso increíble.
-Ya está bien por hoy- se dio media vuelta y se durmió.
Apenas pude dormir esa noche, por mi cabeza pasaban las escenas vividas aquel día, sobre todo la visión de su cochito peludo y el beso.
Me desperté bastante tarde, voltee la cabeza en dirección a la cama de Vero y allí estaba, aún en pijama, mirándome.
-Buenos días- se acercó y me beso de nuevo en los labios, parecía que se iba a convertir en costumbre- ¿Qué tal has dormido?- preguntó con voz suave.
-Regular, no he dormido mucho- dije sorprendido por el beso.
Se sentó en la cama y me cogió de la mano.
-¿Quieres ir hoy a la playa?- preguntó
Una nueva situación, ella nunca me había invitado a ir a la playa.
-¿Y tus amigas?-
-Aún no han llegado, de todas formas me apetece ir con mi hermanito a bañarme- dijo apretando con dulzura mi mano.
Una nueva sensación se apoderó de mí, un cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo.
-Vamos a desayunar y luego nos cambiamos- comentó levantándose de la cama.
Durante todo el desayuno la observe con otros ojos, seguían llenos de lujuria, pero había algo más, un cariño especial, algo nuevo, que en ese momento no supe explicar.
Continuara…