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Me gustó esa rubiecita y me acosté con ella


Mi marido se distrajo y cuando tuve la oportunidad me fui a la cama con una nena de dieciséis años........................... Si bien en la sociedad soy una mujer distinguida, por lo menos es lo que dicen, a mis casi cuarenta años no tengo definido lo que soy.

Me gustan los hombres y he engañado a mi marido incontables veces en mis quince años de matrimonio.

Pero también me gustan las chicas y una cara de adolescente bonita me puede.

Aquel verano habíamos alquilado una casa en el balneario uruguayo Costa Azul. Era un lindo lugar frente a la costa.

Nuestras dos hijas se habían ido con sus abuelos a Punta del Este y todo era tranquilidad.

No teníamos que cumplir horarios y comíamos a la hora que se nos daba la gana.

Cerca de la casa había un supermercado en el que solíamos hacer las compras y una de las cajeras me llamó la atención.

Era una chica morena, de piel bien oscura y cabello negro lacio.

Sus facciones eran algo parecidas a las de la cantante norteamericana Beyonce ¿La conocen?

Tenía un par de senos hermosos y la pollera corta del uniforme le dejaba ver unas piernas bien delineadas.

Se llamaba Sorangel.

Yo sabía que si la encontraba en su puesto de mañana era porque había entrado a las siete y cumplía el horario hasta las tres de la tarde.

Ella siempre me atendía muy amablemente y cada vez que la veía sonreir sentía un ardor en el estómago.

Entonces una tarde, con la excusa de comprar unos refrescos, me fui al súper a la hora que debía salir.

Di vueltas por la puerta de entrada pero no alcancé a verla y pensé que esa tarde ya no podría hacer nada.

Sin embargo, a dos cuadras de mi casa, la encontré.

Me saludó con la misma amabilidad que lo hacía en el trabajo.

Comenzamos a charlar sobre todo tipo de cosas y me dijo que estaba trabajando por el verano en el súper y se quedaba en casa de una amiga.

Ella no vivía en Costa Azul.

Le dije que de todas las chicas que allí trabajaban ella era sin duda la más simpática y...también la más linda.

Me agradeció el cumplido y la acompañé hasta la casa de su amiga.

Entre las dos, en ese corto lapso, había surgido algo de confianza.

Al otro día no fue al súper. Al siguiente tampoco.

Pensé que podía haberle pasado algo, lo que también me servía de excusa, y fui hasta la casa.

La encontré sola. Ella se extrañó al verme y le dije que me había preocupado por no haberla visto en el súper.

Se había enfermado del estómago y tenía licencia médica por tres días. Se la veía demacrada y justo en ese momento se sentía mal.

Me ofrecí para cuidarla mientras la amiga no estaba y si bien al principio declinó luego aceptó.

Le dije que se recostara que le haría unos masajes en el estómago y me agradeció.

Cuando se levantó la blusa de algodón pude apreciar un vientre tirante con un ombligo hermoso.

\"Sana sana\" le decía mientras le pasaba la mano en forma circular por su vientre en tanto sostenía una de las suyas con la mía libre.

A esa altura mi ansiedad estaba a mil.

Mi vagina chorreaba fluídos y se me contracturaban los pezones.

Sorangel estaba inmóvil con los brazos al costado del cuerpo y dos o tres veces le escuché susurrar \"Qué lindo\".

Le dije que tenía un cabello hermoso y que me parecía muy bonito su rostro.

Me acerqué y le dí un beso en la mejilla derecha.

\"Este beso es para que te mejores pronto\".

Seguidamente le besé la mejilla izquierda.

\"Este es para que se te pase el dolor\".

\"Entonces tendría que darte uno beso yo por lo que haces por mi\" dijo Sorangel.

Acerqué mi cara y ella me besó.

\"Un momento yo te di dos ¿Vas a darme sólo uno?

Volví a acercarme y cuando ella se aprestaba a besarme el otro cachete giré y su beso terminó en mis labios.

\"¿Por qué hiciste eso?\"

\"Porque sos linda?

\"No te dí permiso\".

\"Si te pidiera permiso ¿Me dejarías besarte?

p align=justify \"Y...si\".

Fue suficiente.

Comencé a besar en la boca a Sorangel. Tenía unos labios muy delicados y hermosos. Me encantó tomar contacto con su lengua.

Besaba muy bien y le gustaba hacerlo.

Le confesé que me había gustado desde que la vi por primera vez. Me contestó que había experimentado lo mismo.

Fue suficiente para que yo me quitara la poca ropa que tenía y empezara a ayudar a Sorangel a sacarse la suya.

Las dos completamente desnudas en aquella cama continuamos besándonos un poco con pasión, otro poco con ternura.

Ella me daba su lengua y yo se la lamía con suavidad.

Luego yo le daba la mía y ella la chupaba despacito.

Después nos dábamos dos o tres piquitos con las bocas cerradas.

Al final, como una verdadera pareja, nos dábamos un enorme beso con las bocas bien abiertas.

Empecé a descender por su cuello y los gemidos de Sorangel no se hicieron esperar.

Creí enloquecerme cuando llegué a sus senos bien redondos y con los pezones en punta.

Bajé por su vientre hasta llegar a su vagina.

Ahí sí me quedé todo el tiempo que quise.

\"Ay, ay, ay, mi amor\" me decía Sorangel.

Me contó que necesitaba mucho de eso porque varias veces se lo había propuesto a su amiga y aquélla no había querido hacerlo.

Decía que estaba deseando que yo la abordara.

Sorangel llegó a un orgasmo múltiple en mi boca y me regaló toda su acabada que me tomé hasta la última gota.

Con su propio sabor volví a besarla en los labios y me puse boca arriba.

\"Si te sientes mal no lo hagas puedo esperar\"

\"¿Y quién se va a sentir mal con una hembra como vos?\" Dijo ella.

Empezó a mamarme la concha y no paró hasta que gemí de placer.

Quedamos exhaustas sobre la cama y luego nos dimos una ducha juntas.

A partir de esa tarde empezamos a encontrarnos a diario. Cada día era para gozar más y mejor.

Me volvía loca el cuerpo de aquella lesbiana de supermercado.

Me encantaba cuando me poseía y me metía hasta el fondo sus dedos en mi ano.

Hacíamos el sesenta y nueve y casi siempre llegábamos al placer juntas.

Veinte días después terminaron mis vacaciones y debía volver a casa.

Mi marido ni se enteró del asunto.

Sorangel tenía que trabajar en el súper un mes más.

Cada tanto nos encontramos en Montevideo para irnos juntas a algún motel.



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