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Martha con dos traileros


Martha salía del pueblo de Estévez huyendo del tendero. No soportaba un día más de sus abusos. Deberá pagar el auto-stop de forma algo brusca.................. Martha hacía auto-stop en la carretera, con premura.

Martha había huido sin un céntimo pues el tendero era tan avaro que nada dejaba en casa. Aunque hacía mucho calor y no necesitaba abrigo, ella llevaba puesto su único vestido, que le quedaba muy ajustado y corto. Hizo auto-stop pidiendo “aventón” a los autos durante una hora, sin resultados.

Pasado un rato, se detuvo un desconocido en un auto.

-Dónde va señora -preguntó bajando el vidrio.

-A la ciudad, a Ricavilla –explicó algo nerviosa.

-No llego hasta ahí, la dejo en el cruce para que tome el camión.

-De acuerdo.

Ella subió al auto y al acomodarse, la falda se le subió un poco, lo que permitió al desconocido dar una mirada apreciativa a las piernas de Martha.

-¿La siguen, señora? No quiero meterme en problemas.

-Nadie me sigue, pero -Martha miró atrás-... necesito salir de aquí.

Viendo a la carretera, la orilla de su vestido quedaba más arriba, mostrando buena parte de sus piernas bronceadas.

-¡Por favor, vámonos! –pidió ella- ¡Es urgente que me aleje!

-Bueno, señora –susurró el desconocido-, si es tan importante...

Mirando a Martha con una sonrisilla torcida, el desconocido se abrió el zíper despacioso.

-... debe estar dispuesta...

desconocido se extrajo el miembro del pantalón, enseñándolo a Martha. Era bastante ancho y rígido, esperando las caricias de ella. Martha observó la erección sin decir nada. Ella necesitaba poner gran distancia con el abusivo tendero. Si demoraba mucho en alejarse, él podía alcanzarla y la haría regresar, haciéndoselo pagar muy caro.

-Favor con favor –aseguró el desconocido-, el suyo ya ve dónde hacerlo.

Sin aviso, Martha se agachó y pesar del gran tamaño de la erección, la enterró en su boca húmeda, llenándosela con el grueso pene. Las mejillas se le hundieron al succionar el ancho tronco.

-Ajá... así -asintió él, poniendo el auto en marcha-, haz lo que sabes.

Cuando el desconocido aceleró, Martha agitó la cabeza de arriba abajo, prestándole vigorosas mamadas.

-Sigue, sácame bien la venida y te daré para el billete del camión.

El desconocido condujo un largo trecho llevando a Martha agachada, devorándole la erección a chupetones. Con una mano en el volante, con la otra la tomó de la nuca, dándole indicaciones que Martha seguía para hacérselo más satisfactorio.

-... mámala más fuerte... más... más fuerte... eso, mámala así de duro, así... más rápido... eso, así de rápido... no dejes de mamar ni un momento... cómetela bien, eso, así... lame la punta... lámela... ahí, lame ahí... eso, lame y chupa... mh... mamas bien...

Llegando al cruce, el desconocido detuvo el auto tras una cabaña vacía en una zona de recreo. Unos excursionistas vieron de lejos el vehículo sacudirse. De haber estado más cerca habrían oído el rítmico chirriar del asiento y los quejidos ahogados de Martha.

Dentro del vehículo, Martha era apretada contra el asiento por los empujones del desconocido. Abriendo las piernas, ella se dejaba penetrar, abriendo la boca y con los ojos en blanco, sometida por el enorme miembro de su abusador.

-¡Ohh! ¡Ohh! –gemía Martha mientras el miembro desaparecía entre sus muslos.

-Así, ábrete bien, así.

-¡Ohh! -Martha apretó con dos dedos el miembro que se hundía en su vagina- ¡Ohh...!¡No me habían metido una tan gorda!

-Eso, paga el auto-stop, págalo.

Saltando debajo de él, Martha, se le entregaba cerrando los ojos. La boca se le entreabrió por una sonrisa. “¡Oh... oh! ¡Es bueno...!”, pensaba ella.

-Hagamos un cambio -el desconocido le extrajo el miembro de un jalón.

-¡Ohh!

-Tómala aquí –se le encimó y le enterró la erección en la boca.

-¡Mhh...! –gimió Martha succionando el pene mojado de fluidos vaginales.

El sujeto se empujó rápidamente en la cara de Martha, moviéndole la nuca por las fuertes penetraciones bucales. Apretada contra el respaldo y con el esfuerzo marcado en la cara, ella le sorbía la erección laboriosamente.

Mamándole la erección, Martha le pedía con los ojos que se corriera, aunque él continuaba mirando atrás.

-Eso, mámala, así...

Entregando la boca a las fuertes salidas y entradas del miembro, Martha resopló de vergüenza y ansia al saber que él la haría tomarse el semen. “¡Mh, sí me paso su leche! ¡Mh, toda la que le salga a esta vergota!”, pensó sin ver a ningún lado, El desconocido sonrió al ver a Martha mamándole activamente el ancho pene, desencajada.

-... ahí te van -él penetraba rápidamente la boca de Martha-, ahí te van... siento que... me...

Al sentir el pene ensanchándose en su boca, Martha puso los ojos en blanco.

-¡Mjmm! –asintió sin dejar de mamar el pene- ¡Mjmm!

El tipo soltó un alarido empujando todo el miembro y su erección arrojó el semen en la boca de Martha a grandes contorsiones y sacudidas. Con la mirada extraviada Martha adelantó la cara, tomando al sujeto de las piernas y sorbiendo el palpitante miembro con brío, recibió la cuantiosa eyaculación en la boca.

-¡Globbs! –Martha bebía la eyaculación a grandes pasadas- ¡Gloobss...!

El desconocido se sentó cerrándose el zíper, lo que Martha aprovechó para bajar del auto. Él le lanzó antes unos billetes en el vestido, Martha no respondió y se alejó con las piernas flojas, en tanto el sujeto arrancaba y se marchaba. No volvió a encontrárselo. Ocupó los billetes en un baño público, donde se duchó y se enjuagó la boca para quitarse los restos de semen. Tratando de reponerse se desarrugó el vestido lo mejor que pudo y se peinó con las manos.

Cuando se calmó volvió a hacer auto-stop. Ella ignoraba que le faltaba lo peor.

Un largo camión de carga pesada de seis ruedas, un tráiler, se detuvo al lado de Martha. Desde la elevada ventanilla, el copiloto le preguntó a dónde iba con un movimiento de la cabeza.

-A Ricavilla –respondió ella.

-Aquí pasan los autobuses, señora, ¿no tiene para el boleto?

-Me salí así.

-No trae –dijo el copiloto al conductor y volvió a ella-... Suba.

La cabina era un largo asiento estrecho, con fotos de mujeres en traje de baño y un calendario, colgando junto a otras curiosidades. Martha se sentó entre los dos traileros.

-¿Tuvo algún problema, señora? –le preguntó el conductor

-Estoy huyendo de un sujeto.

-¿La golpeaba?

-Sí –mintió, para no decir los abusos sexuales que sufría.

-Qué canalla, ¿en qué pueblo fue? Si quiere, mi amigo y yo iremos a ponerlo en su sitio.

-No es necesario, con que me lleven...

-De veras, usted nos dice y vamos.

-No... no se molesten por eso.

El conductor giró hacia Ricavilla.

-Se salió, con lo que tenía. Debió irse con mucha prisa, señora.

-No traigo nada... por eso les pedí aventón.

-¡Bueno! –sonrió él, sobándose la barbilla- ¡Una linda señora como usted tiene modos de pagarlo! ¿verdad colega?

Con tal de alejarse del tendero, Martha no lo impidió, sino que se prestó a que la tocaran bajo el tablero del auto. El copiloto le tomó el borde de la falda jalándola hacia arriba, dejando a la vista los impresionantes muslos de Martha.

-Ya ve –dijo el conductor-, aquí el amigo piensa como yo.

Martha ya había entendido, pensando que iba a mitad del camino y que necesitaba llegar a Ricavilla. Como si nada, vio por el parabrisas dejando que las manos se introdujeran entre sus muslos. Un brazo del conductor alzó por en medio a falda de Martha, mientas el otro le palpaba los muslos. Los traileros le palparon las piernas descubiertas. Varios dedos y palmas se las sobaron por fuera y por dentro.

-Quiero sentir esas nalgas -afirmó el copiloto-, siéntate en mi bragueta.

En la reducida cabina, Martha se levantó a medias, mostrando la forma de jarra de sus nalgas a los traileros. Se acomodó en las piernas del copiloto y le posó las nalgas en el cierre del pantalón.

-Eso, señora –susurró-... ahí, ahí... eso...

El peso de las nalgas de Martha hizo efecto. Oprimido por las posaderas, el miembro se alargó agrandándose bajo las firmes prominencias.

-Así, así está bien... siga sentada, señora...

Martha continuó sentada en la bragueta, moviendo las nalgas atrás y adelante y después a los lados. Tomándola de la estrecha cintura, el copiloto gozaba las posaderas que le amasaban la erección deleitosamente.

-Es un buen par de nalgas.. tiene para pagarnos su pasaje...

Se sacó el miembro y volvió a sentar a Martha, esta vez con la falda subida por detrás. No llevaba bragas. Martha empezó a saltar repetidamente, arrancando una sonrisa al trailero. Las voluminosas nalgas de Martha subían y bajaban gratificándole el miembro, mostrándose dispuesta a hacer lo mismo con los dos.

-Bien señora, con éstas pagará el aventón... –gruñó- ¡mh... no trae calzones!

-Ahí está la primera caseta –advirtió el conductor.

La sentaron de nuevo entre los dos, remangándole la falda a tirones hasta que Martha mostró las pantaletas, dejándose mover y que le pasaran las manos por los duros pechos. El conductor se detuvo en una de las casetas en hilera por donde cruzaban otros autos. Asomó por la ventanilla para pagar y el copiloto apresó con una mano los senos de Martha. Ella volteó hacia él, dándole la lengua y empuñándole el miembro.

-Díganme qué quieren que haga –le susurró Martha, gimiendo-. ¡Les hago todo en la verga, todo..!

-Pagarás el aventón con las nalgas.

-¡Sí, les pago con las nalgas! -Martha le frotaba el miembro intercambiando besuqueos- ¡Me pongo como quieran, aquí, en el tráiler!

-Sin condón.

-¡Sin condón...! –aceptó ella- ¡Hagan que me entre la verga...!

Al arrancar el trailer, el conductor la tomó de la cabeza, haciéndola bajar a su erección. Agitada, Martha le succionó el miembro, acariciándolo con los labios para pagar el aventón.

-¡Ahh! –sonrió él con el ceño fruncido- ¡Qué rico mamas...! ¡Ahh!

Cuando pasaron la caseta de cobro, Martha seguía agachada entre los dos traileros, mamándoles el miembro en la cabina con la falda remangada. Para que no la bajaran del camión, participaba en el abuso de que era objeto, chupando vigorosamente las erecciones y lanzando gemidos.

-¡Te va a entrar la verga por todos lados! –afirmó el conductor, que esperaba su turno sobandole los pechos- ¡O te bajamos a la carretera!

-¡Mjm, mjm...!

-¡Vas a mamar todo el camino! –dijo el copiloto, reteniéndole la cara en la erección.

-¡Mjm... mjm...!

La cambiaron de lugar y suspirando mientras mamaba al conductor, las manos del copiloto fueron al vestido de Martha, remangándolo por detrás.

-Mh... qué culo...

-Chupa, chupa –dijo el otro trailero-, no te distraigas.

-.. mh, mh...

Inclinada en la bragueta abierta del conductor, Martha le succionaba el pene, levantando las caderas para que el copiloto pudiera levantarle el vestido. Con ambas manos, él palpó el redondo trasero de Martha.

-Mhh... qué par de nalgas...

-Chupa, más... así...

p align=justify -Mf, mff...

-Levanta el culo -le ordenó el copiloto.

Martha alzó las nalgas lo más que pudo y el trailero le metió un índice entre las posaderas. Martha soltó un quejido, sin dejar de sorber. El trailero le clavó el dedo en el ano hasta la uña. Martha suspiró por esa intromisión. Con expresión pérfida, él le introdujo el índice completo en el orificio trasero, moviéndolo.

-.. mh... mh...

Cuando la levantaron, Martha intranquila se limpió el semen de una comusira de la boca. Cada uno de los traileros la tomó de una rodilla, jalándola a los lados y abriendo a Martha de las piernas.

-¡Ohh! ¡Ohh! –Martha se arqueó en el asiento.

-¡Yo primero! –dijo el conductor- ¡Pásate hasta atrás, vamos al dormitorio!

El copiloto tomó el volante y el otro trailero jaló a Martha a la parte trasera del camión. La hizo entras el dormitorio, que era un camarote apenas separado del tráiler por una cortina raída, donde cabían dos personas en un duro camastro. Martha se bajó el vestido, quedando completamente desnuda en el camarote, excepto por los zapatos.

-Voltéate.

Todavía ruborizada por el sexo oral, Martha apoyó los codos en el camastro, alzando el trasero desnudo hacia el trailero.

-¡Qué buenas nalgas! ¡Acomódate mi verga, para que te la meta!

Martha metió un brazo entre sus piernas, tomando el grueso miembro y dirigiéndola ella misma hacia el orificio de su ano.

-¡Eso! ¡Ya sabes por dónde te toca!

Conduciendo, el otro asomó al domitorio por la cortina alzada. Martha continuaba pagando el auto-stop, soportando los empujones que le daba el trailero en el ano, soltando quejidos lastimeros. Ella tenía los codos en el camastro, sólo con los zapatos puestos. Sus nalgas saltaban por las embestidas en su estrecho ano. Sus pechos se bamboleaban por la penetracion anal que le daba el trailero, enterrándole los dedos en las nalgas. El miembro entraba y salía en medio de las posaderas de Martha, que rebotan contra el trailero.

-Páralas, páralas, así...

-¡Mhh, Mhh!

-Mh, sí que pones bien el culo.

-¡Cóbrate...! -Martha lo espoleaba con la cara inclinada- ¡Ohh... así, cóbrate! ¡Haz que te pague, así... ooh! ¡Metemela toda en el culo, así!

Martha puso las manos en el camastro, ofreciendo resistencia para dar mayor frote al ancho miembro clavado entre sus posaderas.

-Asi, asi –gimió Martha alzando, las nalgas-... ¡pónme la leche en el culo...!

-..¡aah, aah! –al trailero jadeó- ¡Toma, toma la venida... aah...!

El conductor vio a Martha compleyamente ruborizada, llevando una mano entre las piernas y apretando con los dedos los testículos del trailero a su espakda. Ella saltaba por la fuerza de las penetraciones del miembro que eyaculaba en su ano,

-¡Ahh! -gritó corriéndose mientras Martha le refregaba los testículos.

El camión se detuvo y el que conducía entró al dormitorio.

-Ya pasamos la segunda caseta, ahora follarás con los dos.

El otro trailero se colocó debajo de Martha y rápidemente la penetró por la vagina. Martha se quejó, lastimera. El recién llegado la tomó por la estrecha cintura, introduciendo la punta del miembro entre las nalgas. Continuó empujando, clavando el tronco en el estrecho orificio. Martha jadeó, penetrada por ambos lados.

-Ohh, ohh...

-¡Mantén el culo parado! ¡Quiero que te entre bien!

Ruborizada, Martha alzó el trasero, cerrando los ojos. El trailero la sujetó de las caderas, empujando más rápidamente. El otro la hacía brincar al clavarla el pene en la vagina.

Los sonrientes traileros arriba y abajo de Martha la sacudían con las penetraciones. Las nalgas de Martha se agitaban recibiendo las erecciones en el esfínter y la vagina. Entre sus muslos, el miembro entraba y salía repetidamente de la vagina. Más arriba, el otro pene le abría el apretado orificio trasero. La penetraban con fuerza para hacerla sufrir.

-¡Ahh! ¡Ahh! ¡Ya no puedo...! ¡Ahh...!

-¡Aprieta el culo! ¡Aprieta estas nalgas de puta! ¡Muévelas, hazlo!

La adolorida mujer hizo lo que se le ordenaba. Presionó la erección con las nalgas, moviéndolas de lado a lado, refregando el miembro de su penetrador y de paso masajeando el largo miembro clavado en su vagina.

Los dos traileros gritaron, eyaculando el mismo tiempo dentro de Martha, por delante y detrás.

Poco más tarde, Martha iba de nalgas en la cabina, bocabajo en el respaldo del asiento echado todo hacia atrás, con el copiloto empujándole por detrás y el conductor observándola, conduciendo el camión.

-Mira dónde estamos –dijo a Martha.

Ella, exhausta, voltó a la ventanilla como pudo.

-¡Oh...! ¡Esto es...!

El trailero la tomó de la cintura, recargándose encima de ella aplastándola contra el asiento.

-Regresamos –dijo él-, ¡estamos de vuelta en el cruce, donde te subimos!

-¡No, noo! ¡Ohh!

Ambos traileros soltaron una carcajada.

Prensada por el trailero, Martha estaba imposibilitada de moverse ni de sacarse el miembro que le frotaba la vagina por dentro.

-¡Ohh, ohh! ¡Me engañaron!

-Haremos el viaje otra vez.

-¡Mhh, no! ¡Me entregué en las dos casetas! ¡Mhh!

-¡Es una, la otra fue la misma, de regreso!

-O quieres bajar del trailer.

-No.. no...

-Entonces prepárate –el copiloto embistió más fuerte-, te faltan cogidas.

Las nalgas de Martha se comprimían por el peso del trailero en ellas, empujando y haciéndole brincar el cabello. Martha enterró las uñas en el asiento, cerrando los ojos. \"¡Mhh! ¡Cómo me cogen estos dos!”, pensó. “¡Mhh! ¡Nunca me la habían metido tanto!”

-Te va a tocar todo de nuevo.

Las nalgas de Martha saltaban.

-Uff... uff...

-¿Cómo la ves, quiere? –preguntó el conductor.

-¡Pienso que sí! –dijo el copiloto, moviéndose sobre ella.

Martha pasó una mano entre las piernas y apretó el miembro por debajo, dándole sobeo a lo largo, al entrar y salir de su mojada vagina.

-Sí, sí... sigan, sigan... -susurró Martha.

-Ahh... quieres que me corra...

-Sí, hazlo hazlo...

-¿Ya le gustó la verga, cierto?

-¡Aja, ajá, sí, sí! –Martha gemía- ¡Vamos, para que sigan cogiéndome! ¡Ohh, no me la saquen!

-¡Cambiemos de lugar! ¡Ahora será por el culo y por la boca!

p align=justify -¡Ohh, síí...! ¡Métanme la verga por todos lados! ¡Aunque me duela! ¡Ohh...!

Cuando el tráiler llegaba a Ricavilla, Martha continuaba desnuda en la cabina, penetrada por los dos traileros y lanzando profundos gemidos de placer.



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