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Mari Carmen, una madre muy ardiente 8


Son las primeras horas de la tarde y la suave brisa acaricia la piel de una mujer sentada en un banco del parque. La mujer es una cuarentona no es hermosa al uso de una revista de modelos, pero no está mal. Lleva puesta una minifalda de color crema, que deja a la vista la práctica totalidad de sus piernas, gruesas, fuertes y enfundadas en unas medias blancas hasta algo más arriba de las rodillas. La mujer tiene las piernas cruzadas, forzando a la minifalda hacia arriba, con lo cual, sus muslos se muestran al completo a cualquiera que quiera mirar. Unos zapatos negros de tacón completan la imagen de aquellas bonitas piernas, mientras que por encima, una blusa blanca holgada disimula – aunque no del todo – la rotundidad de las tetas de la mujer, unas tetas grandes y gordas, aunque colgantes, coronadas..............  por un buen par de pezones que se dejan ver al trasluz a poco que uno mire con fijeza a la blusa. La mujer lleva además una chaquetilla roja, algo arrugada, y un bolso, que cuelga con descuido de su brazo.

Unas brillantes lágrimas se deslizan por las mejillas de la mujer. Llevaba puestas gafas de sol, pero se las ha quitado. Limpiándose las lágrimas con las manos, la mujer cierra los ojos y se deja impregnar por la brisa y por la luz decadente del sol tardío. No hay muchos transeúntes a estas horas, y la cuarentona está casi sola en el parque. De este modo, no se preocupa por que puedan verla llorar, y da rienda suelta a sus frustraciones. Así, las lágrimas afloran de nuevo con facilidad. Su rostro, ancho y con algunas arrugas ya bastante visibles, parece hermoso bajo la luz tenue del sol, como embellecido bajo la tristeza de las lágrimas. Se lleva las manos a la cara y susurra, para sí misma:

-Oh, no, no… ¿por qué me pasa esto a mí? ¿Qué ha pasado entre nosotros, qué ha salido mal, tan terriblemente mal?- y se deja envolver por la pesadumbre. Piensa en su marido, al que ha ido a buscar al aeropuerto. Lo ha estado esperando largo tiempo, hasta que ha recibido una llamada al móvil. Era él, diciéndole, con voz cortada, que no podía regresar a casa, todavía no, todavía había algo que tenía que hacer. Y Mari Carmen,- así se llama la mujer – le dijo que no importaba, que regresase cuándo pudiese, pero en realidad lo que quería decirle era que lo hiciese ya, que aquello que ocurría entre ambos y que los estaba destrozando tenía que resolverse ya, ya mismo. Pero no lo dijo. Su marido colgó. Y ahora ella, sentada en un parque, solloza desconsolada, sintiéndose triste y vacía. Sin saber lo que hace, sin pensar, Mari Carmen descruza las piernas y sitúa las piernas una al lado de la otra, aunque ligeramente separadas, sin darse cuenta de que, al hacerlo, proporciona una excelente panorámica de sus bragas a quien pudiese estar mirándola desde el otro lado del parque. Pero no hay nadie. O casi. Mari Carmen atisba una figura, medio oculta por unos árboles, sentada en un banco en perpendicular al suyo, de frente. Parece un hombre joven, vestido con ropa deportiva. Entonces, a la mujer de cuarenta y tantos años- cuarenta y cinco para ser exactos – se le ocurre por primera vez que aquel hombre tal vez esté observándola. Y que ella le ha proporcionado un motivo más que suficiente para continuar haciéndolo, al descruzar las piernas y mostrarle su entrepierna cubierta por la fina y casi transparente tela de sus braguitas negras , las que ha elegido por la mañana para salir, unas de encaje y tipo tanga, que tenía pensado serían un espectáculo irresistible para su marido. Al pensar en ello, Mari Carmen se imagina a sí misma en ropa interior, mostrándole las eróticas braguitas a su marido, pero su marido, en esta ensoñación, tiene un pene enorme, colosal, grueso y endurecido su marido, en su ensoñación, no es su marido: es su hijo Pablo, su hijo, con el cual, en estos días pasados sin la presencia de su marido, ha mantenido una tumultuosa e incestuosa relación. Asustada por la implicación de su ensoñación, Mari Carmen intenta apartarla de su mente, pero no puede. Su hijo Pablo, desnudo, con su enorme polla tiesa y anhelante, se instala en su cerebro y no quiere marcharse. Es más, su hijo, con una gran sonrisa, le dice, o eso le parece, en un susurro apenas audible: \"Ven aquí, mamá, eres mi mujer, vamos a divertirnos, vamos a follar un rato.\"

El hombre joven se ha levantado y se dirige hacia ella. Mari Carmen tiembla, pero no de miedo, sino de excitación, pues la imagen de su hijo desnudo reina en su cerebro, y no puede sacársela de encima. De forma automática, separa aún más las piernas. El hombre se detiene, evidentemente sorprendido, pues ahora las bragas negras de Mari Carmen son visibles sin ningún problema, asomando con timidez entre la profundidad de los muslos desnudos de la cuarentona. Mari Carmen mira sin ver al hombre, que ahora que está más cerca se nota que es muy joven, de aproximadamente unos veinte años, o tal vez menos. Mari Carmen entreabre los labios no puede contenerse, es horrible, pero el deseo sexual la domina y la imagen de Pablo desnudo y con la polla tiesa es más intensa que antes. Una parte de la mujer, una parte racional que todavía intenta pensar con independencia de las partes más bajas de su cuerpo, le sugiere que aquel deseo extraño e innatural está relacionado con los problemas que tiene con su marido, que en realidad, sin consiguiera resolver dichos problemas, tal vez dejaría de estar obsesionada con Pablo y su enorme polla, que dicha obsesión no es más que una especie de droga que adormece su mente para que no pueda pensar en la cruda realidad.

Pero es inútil. Con los ojos extraviados, Mari Carmen desliza una mano hacia la entrepierna. Allí mismo, delante de aquel desconocido que se acerca cada vez más, Mari Carmen está decidida a acariciarse la entrepierna, y que suceda lo que tenga que suceder. Y entonces, una voz conocida la saluda.

Tía Mari Carmen! ¿Qué haces aquí?- el joven sonríe, mirando de hito en hito a su tía, que parece haber descendido de una nave espacial. Poco a poco, el reconocimiento se abre paso a través de su recalentado cerebro y la cuarentona balbucea, sorprendida:

-¿Ber...Bernardo…? ¿Eres tú?- y luego, más dueña de sí, más lejos de la excitación que la doblegaba hasta hace un minuto- ¡Pues claro que eres tu, que grande estás!

-Te estaba mirando, tía Mari Carmen, desde aquel banco de allí- dice el chico- Al principio no estaba seguro, pero después si, después si que lo estaba, así que… ¿qué haces aquí, has venido al aeropuerto? ¿A buscar a alguien?

Mari Carmen se toma su tiempo para contestar. Aquel es su sobrino Bernardo, que tiene la edad de su hija Pili, o casi. Es el hijo mayor de su hermana, que, claro, vive cerca del aeropuerto. Así que él era el hombre que la estaba mirando con tanta atención. Así que él era el hombre que, con toda seguridad, le había visto las bragas. La idea penetra en su cerebro como un cuchillo acerado de profunda excitación: le ha enseñado las bragas a su sobrino. Sin querer, claro, no sabía que se trataba de su sobrino, pero lo ha hecho. Claro qué, después de haberse acostado varias veces con su propio hijo, enseñarle las bragas a su sobrino no es apenas nada comparable. Mira de nuevo, con interés, a su sobrino. Está alto, es guapo, es joven, y tiene un bulto muy destacado en la entrepierna, que la arrugada tela de la ropa deportiva no puede disimular.

-\"Se le ha puesto dura mirándome\"- piensa Mari Carmen, sonriendo para sí- \"Y estoy segura de que sí sabía que era yo, de que sí sabía que la mujer que le estaba enseñando las bragas era su tía, su querida tía, Mari Carmen, devoradora de pollas. Bueno, eso de devoradora de pollas no lo sabe, creo. Aún.\"

-Bernardo, me alegro tanto de verte. Pues sí, vine al aeropuerto, a buscar a mi marido, a tu tío, pero no ha podido venir, así que me he sentado aquí a descansar, antes de regresar a casa. ¡Pero ven aquí, dale un beso a tu tía!

Y el joven se inclina, ruborizándose, hacia la mujer de cuarenta y tantos años, que se incorpora un poco para recibirlo. Los labios del joven rozan las mejillas maquilladas y perfumadas de la mujer. Mari Carmen vuelve en ese momento la cara, justo lo necesario para que sus labios rocen los labios del joven, que se queda aturdido. Mari Carmen aprovecha ese momento de indecisión y le pasa una mano por la entrepierna, apenas tocando con sus dedos la evidente erección del muchacho. Luego, la mujer se sienta de nuevo. El joven piensa que todo ha sido un accidente, que por accidente ha rozado con sus labios los labios de su tía, y que por accidente, ésta le ha rozado la polla con una mano. Sin embargo, antes de sentarse junto a ella, antes de iniciar una conversación formal, de sobrino a tía, una nube de pensamientos obscenos cruza su mente. En ellos, aparece Mari Carmen. Pero no tiene ropa. En esos pensamientos, Bernardo disfruta del sexo con su tía, una tía Mari Carmen que siempre está desnuda y a punto para sus más bajas fantasías sexuales. Y es que Bernardo lleva años soñando con su tía. Lleva años imaginándosela desnuda, en las más obscenas y sucias posturas que su mente calenturienta puede concebir. Lleva años masturbándose con la imagen de su tía desnuda en su mente, y ahora, cuando hace mucho tiempo que no la ve, que no visita su casa, está allí, en el parque, y la besa en la mejilla, y sus labios rozan los suyos por error…

Bernardo está excitado. No se da cuenta de que su polla se pone más tiesa que antes, ni de que Mari Carmen le ha visto la erección y sonríe satisfecha. Despacio, se sienta junto a Mari Carmen y sacia su curiosidad acerca de los más nimios detalles familiares. Y mientras lo hace, mientras su boca habla y habla acerca de su madre, de sus hermanas, de su padre, de aquel barrio, etcétera etcétera, sus ojos se desvían hacia las grandes tetas de su tía, aquellos hermosos melones que tanto ha deseado sobar y lamer, y que ahora están allí, cubiertos apenas por una blusa holgada que deja atisbar el sujetador negro que los cubre. Locamente, sus ojos también se dirigen hacia las piernas de su tía, casi al descubierto, cubiertas por unas deliciosas medias blancas, que dejan los muslos a la vista.

-Entonces- dice su tía, sacándolo de la ensoñación- dices que estabas corriendo, entrenándote un poco por el parque. Eso es bueno. Y tu madre no está en casa. Una pena, quería visitarla, quería hablar con ella…en fin, otro día será.

Bernardo no dice nada, sabe que tiene que abrir la boca, pero no puede. Está mirándole el escote a su tía, un escote ahora más grande y más insinuante, puesto que Mari Carmen, sofocándose como asfixiada por el agobiante calor, se ha desabrochado un par de botones de la blusa y ahora sus pechos están bastante al descubierto. Bernardo traga saliva y reprime el impulso de desnudarse y ponerse a hacerse una paja allí mismo. Mari Carmen espera que el muchacho haga un comentario, el comentario que necesita. Pero Bernardo, es evidente, está hipnotizado mirándole las tetas, así que debe actuar. Simulando que el bolso se le cae al suelo, se levanta y se pone de espaldas al joven, para recogerlo. No dobla las rodillas, sino que inclina hacia adelante el cuerpo, doblándolo por la cintura. De ese modo, Bernardo puede verle no solo las piernas por detrás, sino también- y eso es lo que quería Mari Carmen- gran parte del culo, cubierto escasamente por las bragas tipo tanga, que le dejan las nalgas a la vista. Justo en ese momento, se levanta una ráfaga de viento. La minifalda se levanta del todo, y se arremolina en torno a la cintura de su propietaria. Ahora, el culo de Mari Carmen, protegido de miradas indiscretas tan solo por unas finas braguitas que dejan las nalgas a la vista, está del todo al descubierto.

-¡Oh, que viento hace!- dice Mari Carmen, todavía inclinada hacia adelante, todavía con el culo al aire, dejando que Bernardo se lo vea. Solo una tenue tira de tela negra, introducida del todo entre aquellas nalgas gruesas y lascivas, eso es todo lo que su tía Mari Carmen lleva encima, eso es todo lo que tapa su culo.

-\"Me está enseñando el culo. Lo tiene casi al aire, lo tiene casi del todo a la vista. Pero… ¿lo habrá hecho adrede, o solo será mi imaginación? Puede que tan solo sea una casualidad, el viento, el bolso…claro, seguro que ni piensa en mí como un hombre, solo me ve como su estúpido sobrino, no está intentando seducirme, no ha querido de ningún modo que le vea el culo, aunque eso es lo que estoy haciendo\"- piensa Bernardo en un segundo, mientras su tía aún tiene el culo al aire. Luego, con un gesto indiferente, Mari Carmen se incorpora, se arregla la falda y se queda frente a él, con el bolso en la mano.

-Hace tiempo que no voy a tu casa…me gustaría ver a tus hermanas, ya que tu madre no está- le dice como de pasada. Bernardo se recupera de la celestial visión de que acaba de ser testigo. Traga saliva e intenta parecer normal cuando dice:

No…ellas tampoco están, se han ido a un campamento…Estoy solo, aunque más tarde llegará mi madre. Sin embargo, si quieres, puedes venir a casa, tomar algo. Yo también tengo que irme ya, tengo que ducharme, estoy cansado y sudoroso y, en fin, si tú quieres.

-Oh, claro que si, Bernardo, me gustaría mucho ir a tu casa. Así que, vámonos ya, que está haciendo algo de frío.

Tía y sobrino se ponen en marcha, hacia la casa de éste, que no está lejos. Mari Carmen mira de reojo a Bernardo, y comprueba que la erección aún continúa, poderosa e indisimulable.

Ahora, nos encontramos en el interior de una casa confortable y luminosa, a pesar de la menguante luz del atardecer. Mari Carmen está sentada con las piernas cruzadas en un sillón ancho y cómodo, con una copa en la mano. El bolso y las gafas, así como la chaquetilla roja, están a un lado. Bernardo la mira, arrobado. Las preciosas piernas de su tía captan su atención, pero también lo hace el escote de ésta, que ahora es todavía más grande que en el parque, pues Mari Carmen se ha desabrochado otro botón como por descuido, de tal modo que ahora solo un botón resta para desabrochar por completo la blusa y los pechos de la mujer están prácticamente al descubierto, protegidos, eso si, por un sujetador escaso y de encaje negro.

-Bueno, tía, tengo que…ducharme, ya sabes, estoy sudado y, y,…- balbucea Bernardo, desarmado ante la extraña sonrisa que luce en la cara de su tía. Mari Carmen deja a un lado la copa que su sobrino le ha servido. Con un gesto, le indica que se siente a su lado. Bernardo lo hace, sin saber muy bien cuales son las intenciones de su tía.

-Bernardo, no he podido dejar de darme cuenta de que te has pasado la tarde mirándome. Mirándome los pechos, mirándome las piernas. Muchacho, eso no está nada, pero nada bien. Soy tu tía, ya sabes.

-Yo, yo…no quería molestarte, tía Mari Carmen, no se lo digas a mamá. Yo…no he podido evitarlo, eres tan…tan hermosa.- el chico enrojece al decir esas palabras. Se siente como un estúpido. Mari Carmen lo mira con indulgencia. Luego, le acaricia la entrepierna, deteniéndose con lujuria en el gran montículo que sobresale entre los muslos del chico.

-Mira, Bernardo, se te ha puesto muy dura. Y eso no está bien. No está bien que te empalmes mirando a traición a tu vieja tía. – la mano de Mari Carmen, con un suave impulso, empuja los pantalones de deporte del muchacho hacia abajo, dejándolo con los calzoncillos al aire. La polla del chico forma una gran protuberancia en los calzoncillos, una protuberancia con una sombra mojada en la punta.- Oh, has sido muy, muy malo, Bernardo, mira esto.

-Oh, tía Mari Carmen, qué haces…qué haces…mamá puede venir en cualquier momento…yo, yo- balbucea Bernardo, caliente a más no poder. Mari Carmen le baja los calzoncillos. Ahora, la polla del chico está al aire. Es grande, de buen tamaño y bastante gruesa, aunque no se puede comparar con la enormidad de su propio hijo Pablo. A pesar de todo, la vista de aquella joven polla excita a Mari Carmen más de lo que querría. Se siente mojada, mojada y cachonda. Nada puede detenerla ahora, ni siquiera la posible llegada de su hermana, que en realidad no hace más que añadir morbo a la situación.

-Bernardo, hay que hacer algo con esta polla tuya. No te puedes quedar así, hay que darle salida, no sé si me entiendes.

-Si, si, tía Mari Carmen, haz algo con ella, haz algo con mi polla, por favor, no puedo más, no puedo más- dice el joven, quitándose del todo los pantalones y los calzoncillos y despojándose también, de golpe, del calzado y de la camiseta que lleva puesta, quedándose, en pocos segundos, totalmente desnudo frente a su tía. Mari Carmen se relame de gusto al ver a su sobrino desnudo y dispuesto frente a ella.

-Voy a desnudarme, Bernardo. ¿Quieres que me desnude, quieres verme desnuda, quieres realmente ver desnuda a tu vieja tía, Bernardo?- pregunta Mari Carmen con malicia, mientras, despacio, sin ninguna prisa, se despoja de la blusa y empieza a desabrocharse el sujetador.

-Ooohh, si, sii, tía, desnúdate, desnúdate por favor, tía…No eres vieja, estás buenísima tía, estás buenísima.- dice Bernardo, masturbándose sin parar mientras Mari Carmen se desnuda. La cuarentona lo mira sonriente. Realmente, Bernardo tiene un buen cuerpo y una buena polla, y piensa que será divertido disfrutar de ambas cosas. El sujetador cae al suelo. Los grandes y bamboleantes melones de Mari Carmen, sus grandes tetas colgantes, quedan por completo a la vista de Bernardo.

-¡Oh, son preciosas, tía!- dice, apretándose la polla con una mano. Mari Carmen niega con la cabeza.

-Deja de pajearte, Bernardo, o no disfrutarás del espectáculo- le dice, mientras empieza a bajarse las bragas. – Si es que quieres que me quite las bragas.

-Si, si, por favor, quítate las bragas, tía Mari Carmen, me estaré quitecito, no me tocaré la polla, lo prometo- dice Bernardo, enrojecido de deseo- pero quítate las bragas, por favor.

Mari Carmen se quita las bragas. Bernardo se queda con la boca abierta, contemplando el matorral de la entrepierna de su tía. Luego, Mari Carmen se da la vuelta y le enseña el culo.

-¡Ooohh, que culo tan maravilloso!- exclama Bernardo, extasiado al contemplar el hermoso y amplio culo desnudo de su tía. Mari Carmen deja que se lo vea durante unos segundos. Luego, se da de nuevo la vuelta, quedando frente a él. La mujer contempla, excitada, a su sobrino desnudo, con el pene endurecido y tieso, duro y fibroso, con las venas palpitando por toda su superficie. La roja cabeza del miembro de Bernardo está coronada por una hermosa gota brillante y espumosa.

-¿Quieres que también me quite las medias y los zapatos, sobrino?- le pregunta, con lascivia en la mirada. Bernardo no puede evitarlo y vuelve a tocarse la polla.

-¡Si, si, por favor, quítatelo todo, todo! ¡Quiero verte desnuda! ¡Totalmente desnuda, por favor! Desnuda, desnuda, desnuda, desnuudaa…

Mari Carmen sonríe y se sienta frente a Bernardo. Se quita despacio los zapatos y luego las medias, quedándose con las piernas al aire, sus preciosas piernas desnudas. Ahora, la mujer de cuarenta y cinco años está completamente desnuda frente a su sobrino de apenas veinte. Sentada aún, Mari Carmen se abre de piernas y le muestra a su sobrino algo que seguramente nunca ha visto de cerca, el coño desnudo y mojado de una mujer.

-Ahora, Bernardo, dime una cosa: ¿quieres que te la chupe? ¿Quieres que tu tía preferida te haga una buena mamada? Se hacerlo muy bien, ya lo verás.- dice Mari Carmen, con un brillo salvaje en la mirada que intimida al muchacho. Bernardo, instintivamente, se arrebuja en el sillón, como queriendo ocultarse. Mari Carmen se pone a cuatro patas y se arrastra, lasciva, hacia su sobrino, hasta llegar a sus rodillas. Entonces, separa los muslos del chico, le agarra la verga con una mano y, sin dejar de mirarlo a los ojos, se lleva la polla a la boca y le da una sola chupada.

-¡Aahhh!- gime Bernardo, sintiendo un placer tan intenso que cree que va a correrse al momento. – Si, si por favor, chúpame la polla, tía Mari Carmen, chúpamela, por favor, te lo suplico, hazme una mamada. ¡Chúpame la polla, por favor!

-Lo haré, sobrino, todo por la familia, ya me conoces. Te haré una mamada que nunca olvidarás.- y sin más, Mari Carmen engulle de nuevo la verga enhiesta de Bernardo, se la pasa de un lado a otro de la boca y la llena de saliva. Luego, empieza a lamerla largamente, deslizando la lengua por toda la endurecida y caliente superficie de la polla. Al fin, la estruja con los labios y succiona con potencia, chupando y lamiendo a la vez, concentrándose en el glande mojado y gordo.

-¡Oooohh…ahhh…ahhh..no puedo más…no puedo más…ahhhh…me corroo…me corroo..ahh!!- gime Bernardo, empezando a correrse. Un estallido de semen inunda la boca de Mari Carmen, que traga todo lo que puede. Abre la boca y la polla de Bernardo continúa emitiendo semen, lanzando ahora un potente chorro que se estrella en plena cara de la desnuda y lasciva tía. Otro chorro, lanzado ya con menos potencia, penetra de nuevo en la boca de Mari Carmen, una boca ya babeante y chorreante de semen. Al fin, un tercer y último chorro moja la frente y la nariz de la mujer, que, cachonda, saca la lengua todo lo que puede y se pone a lamer y a limpiar la polla del muchacho.

Bernardo se desploma hacia atrás. El pecho le sube y le baja con fuerza, los jadeos que emite son entrecortados. Mari Carmen sigue lamiéndole la polla. El muchacho, al fin, reacciona.

-Lo…lo siento, tía Mari Carmen, te he puesto perdida. Te he dejado la cara toda llena de semen, lo siento, lo siento.- dice el muchacho, avergonzado, mientras acaricia el pelo largo y teñido de negro de su tía. Mari Carmen, por su parte, sigue lamiéndole la polla.

-Esto no tenía que haber pasado, tía Mari Carmen, soy despreciable, casi te he obligado a desnudarte y a…a…chuparme la polla. Es horrible, te he obligado a hacerme una mamada.¡He obligado a mi tía a hacerme una mamada, soy un monstruo!-

Mari Carmen deja de lamer la polla de su sobrino. Ahora, empieza a frotársela con una mano. Con la boca manchada de semen, con colgajos de semen pendientes de su barbilla y de sus mejillas, la cuarentona se dirige al muchacho como quien habla con un niño.

-Bernardo, no me has obligado a nada. Me he quitado la ropa porque he querido. Te he chupado la polla porque he querido. Me ha gustado hacerte una mamada, me ha gustado el sabor y el tacto de tu polla. Y ahora, te la estoy poniendo dura de nuevo. ¿Sabes por qué?

Bernardo no contesta. Mari Carmen tiene razón. La polla está reaccionando de nuevo, y la visión de su tía, totalmente desnuda, a sus pies, frotándole la verga con una mano, empieza a hacer mucho efecto en el muchacho.

-Quiero follar contigo, Bernardo- le dice Mari Carmen a su desconcertado sobrino- Quiero follar contigo, eso quiero. Ahora, en cuanto se te recupere un poco la polla.

-Follar…- repite Bernardo, soñador, excitado cada vez más gracias a las expertas manos de Mari Carmen, que no deja de manosearle la polla- Follar nunca he follado, tía, lo haré fatal, ya lo verás.

-No lo harás mal, Bernardo. ¿Qué mejor iniciación que follar con tu propia tía, con alguien de tu familia? Follarás conmigo, y te divertirás, y sentirás un gran placer. Ya lo verás. Vamos, alegra esa cara. Ya se está poniendo dura otra vez, tienes una buena polla. Te lo digo yo, que entiendo algo de pollas.

Bernardo está excitado, y estupefacto, también. Está viendo a su tía Mari Carmen, allí, a sus pies, totalmente desnuda, mirándolo con ojos lascivos y deseosos, con la cara toda manchada de semen -¡su semen! – y, sobre todo, la está oyendo hablar. Habla de pollas, habla de follar. Y en la mente del muchacho se forma una idea, una sentencia, subyacente y no formulable claramente, pero que viene a decir, más o menos, lo siguiente: \"Mi tía Mari Carmen es una puta. Es increíble, pero es toda una puta.\" Bernardo disfruta formulando en su cerebro esa sentencia, esa frase, esa definición. Su tía no es más que una puta calientapollas, una zorra chupapollas, una ramera desnuda y sin dignidad, una PUTA, con todas las letras. Pero no lo dice, no se atreve. Aún no. Poco a poco, el joven comprueba que , como dice su tía, se le está poniendo dura la verga. Una verga caliente, fibrosa, de venas palpitantes, con un buen grosor. Mari Carmen le acaricia la polla. Una vez más, la mujer se lleva a los labios la polla de su sobrino y empieza a lamerla, con suavidad. La polla reacciona y en pocos segundos se pone totalmente dura.

-Oh…tía Mari Carmen…se me está poniendo dura de verdad.- susurra el joven. Mari Carmen se saca la polla de la boca y responde, sonriendo:

-¿De verdad? No lo había notado. ¡Pues claro que se te está poniendo dura, por algo te la estoy chupando, Bernardo! Vamos, ahora verás lo que es bueno.-

-Tía Mari Carmen- la interrumpe Bernardo, que ha tenido una idea, o más bien, ha dado entrada a un viejo y oscuro deseo suyo- Tía Mari Carmen, yo, en fin, la verdad es que me he masturbado mucho imaginándote desnuda, imaginando que follabas conmigo, imaginando que me la chupabas, como has hecho ahora, pero…

-Pero…- dice Mari Carmen, que intuye lo que Bernardo va a decirle.

-Pero, cuándo más disfruto es cuándo me imagino que…ejem…que te la meto por el culo.

-Quieres darme por el culo- dice Mari Carmen, seria, mirándolo a los ojos. El joven, azorado, baja la vista , pensando que ha ido demasiado lejos. Su tía nunca consentirá en ser sodomizada, en ser penetrada por el ano, no, jamás lo hará, sería demasiado. No, no lo hará.

-No…yo…perdona, era solo una idea, yo…olvídalo, por favor.- balbucea el chico. Mari Carmen sonríe. Abandona su postura frente al muchacho, se pone a cuatro patas, de espaldas a él y alza el culo hacia arriba, separando los muslos. Asombrado, Bernardo puede ahora verle el agujero anal a su tía. Y eso lo pone tan cachondo que empieza a masturbarse.

-Pues si quieres darme por el culo, Bernardo, puedes hacerlo. Soy toda tuya. Puedes metérmela hasta el fondo por el culo, puedes destrozarme el culo con esa polla tuya, Bernardo, cariño. Pero hazlo ya.

Bernardo admira la obscena belleza de la imagen que compone su tía, totalmente desnuda, a cuatro patas, de espaldas a él, con las piernas abiertas del todo, enseñándole, no solo el agujero del culo – negro y oscuro, prometedor y lascivo – sino también el coño, sonrosado y abierto, mojado y brillante, enmarcado en una abundante mata de pelos negros y rizados. El joven se mira la polla. La tiene tiesa y dura, a punto. Piensa que en sus más brutales fantasías sexuales siempre salía su tía, y en ellas, siempre acababa dándole por el culo a su tía. Y ahora lo puede hacer. De verdad, es increíble, pero cierto. Puede darle por el culo a su tía, a la mujer que envenena sus sueños húmedos en lo más profundo de la noche. No importa nada que su tía Mari Carmen tenga un visible pliegue de grasa en el vientre, no importa nada que tenga arrugas en la cara, no importa nada que tenga las grandes tetas colgantes, y no importa nada que tenga el culo- ese culo tan deseado – grande y bastante fofo. No, no importa, porque todo eso no hace sino excitar aún más al muchacho. Así, sin pensarlo más, se incorpora y se dirige hacia su tía. Mari Carmen, ahora, ya no está estrictamente hablando a cuatro patas. Se ha puesto con la cara pegada al suelo, los brazos extendidos hacia adelante, y el culo respingón, saltando hacia lo más alto, para facilitarle las cosas a su inexperto sobrino. Y éste llega. Ya llega. Primero toca, como temeroso, las nalgas de su tía. Disfruta acariciando el culo de la hermana de su madre, sintiendo la cálida piel bajo la suya propia. Luego, separa un poco aquellas nalgas, haciendo presión con sus manos. Mari Carmen ayuda y se abre aún más de piernas. Luego, todo sucede muy rápido. Bernardo, excitado, decide no esperar más. Introduce lentamente su polla en el agujero del culo de Mari Carmen, que gime despacio y con voz profunda, hermosos gemidos de placer que aúllan en la mente del chico incitándole a más, a mucho más. La cuarentona, cachonda a más no poder, siente como el glande del muchacho traspasa , forzándolo, el anillo elástico y carnoso que rodea su ano. Luego, siente como aquella polla – dura, magnífica – sigue penetrándola sin encontrar resistencia. El chico gime de placer, agarrando con ambas manos las nalgas de su lasciva y cachonda tía desnuda. La polla continúa su camino, hundiéndose en las profundidades del culo de Mari Carmen, mientras Bernardo, presa de un placer inefable, gime y babea de gusto, perdido en un mar de deseo sin final.

-Oh, si, Bernardo, sigue, métemela hasta el fondo, si, así, así, asii….no te pares, sigue dándole por el culo a tu vieja tía Mari Carmen que te quiere tanto…ahhh…- balbucea la cuarentona, con los ojos semicerrados y la lengua fuera, gimiente y lasciva como una perra en celo. Bernardo, con la polla metida del todo en el culo de su tía, la sostiene allí durante unos segundos, disfrutando de la maravillosa sensación de tener empalada a aquella mujer, la mujer que puebla sus sueños sexuales. Luego, la saca despacio, aunque no del todo, y se la mete otra vez bien a fondo. Mari Carmen no para de gemir y de jadear, excitando aún más al chico, que se pregunta si podrá resistir una tercera penetración anal sin correrse. Lo intenta. Saca de nuevo la verga del culo de su tía y vuelve a metérsela bien adentro. El placer es intensísimo, y no puede aguantar más. Con un quejido de placer, Bernardo empieza a correrse. Primero eyacula dentro del culo de su cachonda tía después, saca con rapidez la polla de aquel delicioso agujero y continúa corriéndose, ahora sobre las nalgas de Mari Carmen, que pronto quedan llenas y cubiertas de cremosos regueros de semen caliente.

El muchacho se derrumba otra vez, cayendo sobre su sillón, desnudo y mojado, con la polla aún enhiesta y palpitante. Mari Carmen se da la vuelta y contempla, arrobada, la hermosura de aquel joven desnudo y con la polla tiesa que tiene delante. La mujer está cachonda, no se ha corrido y necesita hacerlo, necesita tener un orgasmo, sin no lo obtiene estallará allí mismo. Así pues, le da unos minutos de descanso a su sobrino. Luego, se yergue frente a él, desafiante, como una diosa poderosa, algo entrada en años, pero desnuda y lasciva.

-Bernardo, ahora quiero que hagas tú algo por mí, ya que te he dejado que me dieras por el culo y no te he puesto ninguna objeción, eso sin contar con que has podido verme desnuda y, además, te he hecho una buena mamada. Creo que es hora de que me devuelvas el favor.

Bernardo la contempla, estupidizado por la belleza decadente de su tía. Aquella cuarentona de tetas colgantes y de vientre grueso, largo pelo negro teñido y ojos brillantes y pícaros lo tiene subyugado. El joven, con la verga flácida volcada a un lado de su muslo, respira despacio, entrecortadamente. Mari Carmen se demora mirando los testículos hermosos de su sobrino, su polla lujuriosa y modada tumbada a un lado, cansada, pero latente de vida y de vigor.

-Si, tía, haré lo que quieras- concede Bernardo. Y , con una sonrisa, le responde Mari Carmen:

-Bien, pues quiero que vengas aquí, arrastrándote por el suelo a cuatro patas, y mientras lo haces, quiero también que alces lo más posible ese culito tuyo hacia arriba, para que pueda vértelo bien. Vamos, si vas a hacerlo, hazlo.- incita la mujer mayor al joven desnudo que la mira absorto.

Y el joven obedece. Baja al suelo, se pone a gatas, levanta el culo todo lo que puede y avanza hacia su tía despacio, para que ésta disfrute viéndolo desnudo y humillado, caminando hacia ella. Mari Carmen se relame de gusto. Cuándo Bernardo llega a su lado, le coge la cabeza con la mano, la impulsa hacia adelante y le dice, susurrante:

-Ahora, quiero que me chupes el coño lo mejor que sepas y puedas. Necesito correrme y quiero hacerlo dentro de tu boca, sobrinito mío. Y quédate siempre de rodillas, si, de rodillas, desnudo, a mis pies. Vamos, chúpame, Bernardo.-

Bernardo introduce su cabeza entre los muslos calientes de su tía. Muslos lechosos y blandos, olor a coño húmedo, olor a sal, a sexo ardiente. Con torpeza, saca la lengua y empieza a explorar aquel sexo abierto, rojo y mojado. Penetra con ella en el santuario del placer y nota que el olor lo envuelve, el olor a sexo y a deseo. Empieza a lamer. Mari Carmen gime, descontrolada, y arrastra a su sobrino hasta el sillón, dónde ella se sienta, despatarrada, para que él le chupe el coño con más facilidad. Bernardo chupa. Nunca había chupado un coño, y está tan excitado que pronto la polla se le pone dura, y la nota, batiente, como un palo endurecido entre las piernas, colgando a un lado y a otro. Mari Carmen sigue gimiendo de placer, mojándose cada vez más. Pronto se correrá , y lo sabe. Por eso empuja la cabeza de su sobrino, que a estas alturas ya está concentrado en lamer el clítoris de su tía, poniéndoselo totalmente duro y tembloroso.

-Si…sigue…chúpame…chúpame…ohh…siii…ahhhh…ya…me corro…ahh- gime Mari Carmen, corriéndose en la cara de su sobrino, que recibe la jugosa tromba impertérrito, sin atreverse a dejar de lamerle el sexo a su cachonda tía.

-Ya…ya basta, Bernardo, puedes dejar de chuparme, ya me he corrido lo has hecho muy bien- dice Mari Carmen, dejándose caer del todo en el sillón, abierta de piernas, como una puta desvergonzada. Bernardo continúa a cuatro patas, con la polla tiesa, los testículos enormes y palpitantes, el deseo a flor de piel, los ojos brillantes y la lengua fuera.

-Tía Mari Carmen, por favor, mira, se me ha puesto dura, muy dura, otra vez, haz algo, por favor, por favor- suplica Bernardo, levantándose y enseñándole la polla tiesa a su tía.

-Siéntate aquí, conmigo, y ya verás- dice Mari Carmen, sonriendo. Bernardo se sienta junto a su tía en el sillón, un sillón de sala de estar individual, con lo que ambos se quedan muy juntitos y apretaditos. Mari Carmen acaricia los hombros de su sobrino, luego todo su cuerpo y , al fin, le toca la verga con la mano. La polla reacciona y se pone aún más dura y más tiesa. Bernardo mira a su tía con cara de desesperación. Mari Carmen, solícita, estruja la polla de su sobrino con una mano. Luego, desliza la mano hacia arriba, sin disminuir la presión, hasta alcanzar el glande rojo y brillante. Allí, afloja un poco la fuerza que ejerce con su mano y dedica a la rojiza punta de la polla unas deliciosas caricias con el dedo pulgar e índice, haciendo que Bernardo se retuerza de placer, pegado a su desnuda tía.

-Ahh- gime el muchacho, entrecerrando los ojos, dejando que el placer más genuino y puro le embargue, mientras su tía, su tía Mari Carmen, totalmente desnuda, le manosea con habilidad la verga, haciéndole una deliciosa paja, un trabajo manual de envergadura. La cuarentona nota la dureza de la polla bajo sus dedos, nota las venas hinchadas del miembro masculino, nota el calor de la excitación que aumenta sin cesar en el pene del muchacho. Y mueve la mano, la mano que tiene enroscada en torno a la polla de Bernardo, la mueve arriba y abajo, arriba y abajo, cada vez con mayor rapidez, sin parar ni un segundo.

-Aaahhh- jadea Bernardo, sabiendo que no tardará en correrse. Y eso es lo que quiere, y eso es lo que sucede. Con un estertor de placer, el joven se corre, lanzando un hermoso chorro de semen al aire, como si su polla fuera una fontana lúbrica y obscena. A Mari Carmen le sorprende ese primer chorro, no lo esperaba tan rápido, así que no puede evitar que el pegajoso semen se le estrelle en la cara, en la frente para ser más exactos, y acabe descolgándose hacia abajo en un avance cremoso y lento. El chico , sin dejar de gemir, lanza otros dos chorros, ahora con menos fuerza. El primero de ellos se eleva un poco en el aire para luego caer , manchando la mano de Mari Carmen. El segundo casi no se despega de la polla y también contribuye a dejar la mano de Mari Carmen totalmente pringosa.

El joven , satisfecho, empieza a gemir con más regularidad. Tía y sobrino continúan aún durante un buen rato allí sentados, juntos, pegados el uno al otro. El chico contempla, mientras la polla le cae a un lado, mustia, los pliegues de grasa que rellenan el estómago de su tía, así como las grandes tetas de ésta, unas tetas colgantes y caídas hacia abajo, provistas de un precioso y hermoso par de pezones en erección. Husmea el aire, porque en el aire huele a sexo, a sexo de su tía, y a su propio y desbocado sexo. Se siente bien, muy bien, y la sonrisa que su tía le dedica aumenta más su bienestar. Pocos minutos después, Mari Carmen se levanta y empieza a recoger su ropa tirada por el suelo, no sin antes limpiarse como puede el semen derramado por su sobrino que le mancha la cara y partes de su cuerpo. Bernardo, anonadado por la excitación que le produce ver a su tía totalmente desnuda, mira como ésta se va poniendo las bragas, luego el sujetador, y finalmente el resto de ropa. No dice nada, siente que no debe hacerlo. Mari Carmen, ya vestida, con el bolso en una mano, se acerca a él.

-Bueno, Bernardo, debo irme ya.- dice la cuarentona. Y como el chico no contesta, continúa- No tengo que decirte que no hables de esto con nadie. No eres tonto.

-Claro que no lo diré a nadie, tía.- contesta al fin Bernardo, levantándose, desnudo y con la verga ligeramente hinchada- Pero…podríamos…¿volver a vernos? Me ha gustado mucho estar contigo, tía.

-Claro que sí, no lo dudes, a mí también me ha gustado mucho estar contigo, Bernardo. Pero por ahora, intenta no pensar mucho en mí y ya veremos, seguro que un día de estos vuelvo por aquí y nos divertimos otra vez.

La mujer se va. Definitivamente, se marcha. Bernardo la sigue hasta la puerta.

-Tía Mari Carmen…- la llama. Y Mari Carmen se vuelve hacia él y lo besa en la boca, moliéndole la lengua con su propia y experimentada lengua de cuarentona cachonda. El muchacho cree derretirse de gusto, pero aún tiene voluntad para meterle mano a su tía. Y lo hace. Introduce su mano derecha bajo la falda de Mari Carmen y, durante todo el largo rato que dura el beso, Bernardo está manoseándole el culo.

Al fin, las bocas se separan. Mari Carmen abre la puerta y Bernardo se esconde, no sea que alguien lo vea desnudo. La cuarentona sonríe una vez más antes de cerrar la puerta y cuando lo hace, susurra:

-Adiós, Bernardo, ahora tengo que volver a casa. Me has sido muy útil, porque ahora sé lo que tengo que hacer. Lo sé sin lugar a dudas.

Y la mujer de cuarenta y cinco años, con los bordes de su minifalda ondeando al viento del atardecer , se aleja de la casa, en busca de su coche. Su casa, su hijo y su hija, la esperan. En su mente derretida por el placer y por el vicio, una sola imagen, la de la enorme y poderosa polla de su hijo Pablo.

La tarde ha avanzado un poco. Nos encontramos en la casa de Mari Carmen, una bonita casa de clase media, rodeada de jardín. Nos introducimos, como ladrones invisibles, en la casa y nos detenemos en la habitación principal, en dónde podemos ver a dos jóvenes. Un chico y una chica. Ella es una jovencita de veinte años, de pelo corto y trigueño. Está desnuda. Su cintura no está muy marcada, sus tetas no son muy grandes, pero no está mal. Junto a ella, también desnudo, está el chico, menor que ella. Tiene un buen cuerpo y, sobre todo, una buena polla bueno, en realidad, tiene una polla enorme, increíble. Y en estos momentos, su increíble polla, endurecida y tiesa como un palo, está dentro de la boca de su hermana. Porque la chica es su hermana mayor.

-Hum- gime el chico- Sigue, Pili, sigue, así…ahh- las manos del joven mesan los cabellos de su hermana, que lo mira con los ojos muy abiertos, desde abajo. El chico está recostado en la gran cama de matrimonio, con la espalda pegada a la pared, y la joven está arrebujada a sus pies casi, metiéndose dentro de la boca la mayor parte de la enorme polla de su hermano.

Pili le chupa con pasión la polla a su hermano Pablo. La siente dura y gigantesca dentro de su boca y eso la pone muy, muy, pero que muy cachonda. Había tenido antes alguna experiencia sexual, pero no había visto nunca una polla del calibre de la enormidad de su hermano. Y pensar que la tenía junto a ella, a su disposición , y nunca antes la había aprovechado! Cachonda, eso es lo que piensa la joven universitaria, mientras chupa y chupa sin cesar ni un segundo, lamiendo y llenando de saliva la polla de Pablo, que jadea, satisfecho y contento, sintiendo un enorme placer mientras su hermana, su propia hermana mayor, le hace una estupenda mamada.

-Slurp, slurp, slurp…mmmmhh- chupa y chupa Pili, sin parar, paladeando con pasión la verga dura de su hermano. La joven universitaria, la estudiosa y modosita Pili, tiene la cara llena de semen. Su hermano se la ha follado durante largo rato y esta mamada de ahora no es más que un interludio porque la joven sabe que su hermano va a continuar follándosela, sin paliativos, sin piedad. Y eso le gusta. Su hermano la ha dominado, la ha doblegado, su mismísimo hermano menor. Y ella, subyugada por el deseo, por la belleza de aquella joven y poderosa polla, ha sucumbido y se ha dejado follar.

\"Me ha follado- piensa Pili, mientras chupa ruidosamente la polla de su hermano – Me ha follado, y yo me he dejado follar. Me he dejado follar por mi propio hermano menor. Me he dejado dominar por él, he dejado que hiciera conmigo lo que quisiese, y, como resultado, me ha follado. Una y otra vez. Por delante y por detrás. Por la boca. Tengo semen en la cara, tengo semen en el coño, tengo semen en el culo. Su semen. Me ha follado. Soy una puta. ¿Lo soy?¿Lo soy por no haberlo impedido, por dejarme llevar? Puede que sí, puede que si sea una puta. Lo que si se de seguro es que me ha gustado. Ha sido horrible descubrirlo, pero me ha gustado follar con mi hermano. O mejor dicho, dejarme follar por él, sentirme dominada, sentirme totalmente follada. Porque así me siento ahora. Follada. Muy follada. Total y absolutamente follada. Y es que tiene una polla tan grande, tan dura, tan potente. No se cansa nunca, siempre está endurecida y a punto para follarme. Es increíble, es maravilloso. Y no puedo detenerlo.\"

-Ahora, Pili, ponte a cuatro patas, delante de mí, así…si..muy bien…me gustaría darte por el culo…otra vez, si no te importa, claro.- le dice su hermano Pablo, empujándola casi para hacerla cumplir sus órdenes. Pili no se resiste lo mas mínimo y pronto se queda delante de su hermano, a cuatro patas, mostrándole el coño y el agujero del culo con lasciva impudicia. Pablo no pierde el tiempo. Se abalanza sobre su hermana mayor, y, de un solo y poderoso empujón, le introduce la polla por el agujero del culo, hincándola hasta lo más profundo, sodomizándola con brutalidad.

-¡Aaaggh!- jadea Pili, notando la dureza de la verga de su hermano en el recto. Pablo empieza a moverse, a buen ritmo, adelante y atrás, adelante y atrás, sin parar ni un instante, follándose a su hermanita mayor por el culo con total y absoluta impunidad, mientras ésta gime y babea de placer.

Y en tanto esto sucede, Mari Carmen ya ha llegado a la casa. No hace mucho ruido, aunque no está pensando nada malo, simplemente, va concentrada en sus propios pensamientos, y no es hasta que ya está dentro del salón, cuándo oye los gemidos. La cuarentona se despoja de la chaqueta y del bolso, intrigada. Y se dirige a la cocina. Allí, extrañada, vislumbra las gafas de su hija, sus queridas gafitas de diseño. La madre se acerca a ellas…y se mancha los dedos de la mano con la que pretende cogerlas. Estupefacta, comprueba que las gafas están cubiertas de semen, un semen cremoso y oloroso que la impulsa…

…-Semen- murmura Mari Carmen, oyendo los gemidos- Semen- vuelve a decir, y ahora, se lleva ese semen a la boca y se lo traga, chupándose los dedos una y otra vez, hasta limpiar las gafas.

-No- vuelve a murmurar- Pili no sería capaz…no con su propio hermano…Pili es muy modosita, es muy casta. Lo que pasó conmigo fue algo extraordinario, no tiene nada que ver. No, no puedo, no quiero creer que ahora mismo Pili está follando con su hermano. Eso seria horrible, horrible, no , no quiero ni pensarlo, mi Pili…no.

Pero se dirige hacia la fuente de los gemidos. Y esa fuente es su propio dormitorio de matrimonio. Allí, escorada en la puerta entreabierta, Mari Carmen, que se ha quedado de una pieza, contempla como Pablo le da por el culo a Pili. No puede creerlo. Sus dos hijos, desnudos, sudorosos, allí, en la cama, follando. Pili gime de placer, y Pablo casi grita de gusto. La verga de Pablo está hincada hasta el fondo en el culo de Pili. Es evidente que se lo están pasando de miedo. Y también es evidente que llevan algún tiempo follando, pues la cara de Pili está cubierta de restos de semen.

-Puta- murmura la madre, dejando de mirar y apoyándose de espaldas contra la pared. Los dos amantes están tan concentrados en su acto sexual que no se percatan de la presencia de Mari Carmen.- Puta, puta, puta, no es más que una puta. No, no lo es, no es ninguna puta, es mi hija y yo soy , yo soy…una puta, yo si que soy una puta.

Vuelve a mirar. Ahora, Pablo ha sacado su verga del culo de su hermana y se está corriendo a chorros, a borbotones, sobre la cara de ésta. Pili abre la boca para poder tragar todo lo que pueda. Y lo hace. Es evidente que consigue tragar bastante semen, y que disfruta saboreándolo. Mari Carmen deja de mirar.

-Si, es una puta- vuelve a murmurar entre dientes, con su voz apagada por los estentóreos gemidos de placer de sus dos hijos.- es una puta, y yo también soy una puta. Lo he estropeado todo. Todo es culpa mía. Si no hubiese sido tan débil, si no hubiese caído en la tentación, si no me sintiese tan atraída por la polla de mi propio hijo, Pablo nunca habría podido, nunca se habría atrevido a follarse a su propia hermana, pero yo le abrí la puerta, yo le di alas.

La habitación parece ahora en silencio. Mari Carmen aguza el oído. Nada. La cuarentona ahoga todos sus gemidos. Los grandes pechos le suben y le bajan con rapidez, está excitada, y enfadada, consigo misma y con Pablo. Piensa que debería entrar allí ahora mismo y ponerlos en evidencia, desenmascararlos, ponerlos rojos de vergüenza. Pero no lo hace. No se atreve. Entretanto, algo vuelve a oírse en la alcoba. Con precaución, mira de nuevo hacia adentro. Ahora, Pili está haciéndole una mamada a su hermano Pablo. La universitaria está de rodillas, en el suelo, y Pablo se ha levantado de la cama y está en pie, junto a ella. Mari Carmen siente como un rayo de voluptuosa excitación estalla en su entrepierna, y no puede evitar empezar a masturbarse, despacio, sin prisas. La escena es verdaderamente excitante. Pablo, el hermano menor, en pie, con su gran polla dentro de la boca de su hermana mayor, la cual, arrodillada y entregada, se la chupa con adoración. La madre se desabrocha la blusa, y se introduce una mano bajo el sujetador, para así poder acariciarse mejor los pechos desnudos. De vez en cuando retrocede y se apoya contra la pared de la alcoba. Luego, vuelve a mirar. La verga de Pablo ya está totalmente dura de nuevo. Pili se la chupa con fuerza, con los ojos desorbitados, sumisa, humillada frente a su hermano menor. Mari Carmen se baja las bragas y se saca una teta. El enfado que sentía ha dejado paso a una excitación total. Lo único que desea ahora es seguir observando, seguir espiando a sus hijos, seguir contemplando como Pili le hace una mamada a su hermano.

-\"¡Es increíble!- piensa la madre- Pablo me ha follado varias veces, y ahora, se está follando a su hermana. Y supongo que si no hago nada para detenerlo, seguirá follándome y seguirá también follándose a Pili, todos los días. Nos follará a las dos. Nos tendrá como a dos esclavas sexuales, las dos bien dispuestas a satisfacer sus deseos, gracias a esa gran polla que tiene. Y lo peor es que no se qué hacer. Me pone tan cachonda. No puedo hacer nada. No puedo. Y es que esto es tan excitante, estoy tan mojada que…ahh\"

Mari Carmen se mete un dedo en el coño. Se masturba con suavidad y habilidad, mientras Pili le chupa la polla a Pablo. La cuarentona se baja también la falda. Y se pone en cuclillas, para masturbarse mejor, con la espalda pegada a la pared. No está mirando, solo escucha los gemidos de placer de sus hijos, escucha el ruido obsceno que hace Pili al chupar la verga de su propio hermano menor. Caliente, Mari Carmen se saca la otra teta por encima del sujetador. Y se pone en pie y echa un último vistazo. Pablo se está corriendo nuevamente sobre la cara de su hermana, entre gemidos de placer.

-Puta-gime Pablo- Puta

\"La ha llamado puta. La ha llamado puta. Ha llamado puta a su hermana. Igual que a mí. Nos ha llamado putas a las dos. Y puede que lo seamos. Puedo que seamos realmente dos auténticas putas, sin haberlo sabido hasta ahora.\"

Sin ningún pudor, sin ningún miedo a ser descubierta, Mari Carmen se quita del todo las bragas y la falda, se quita el sujetador, se arranca la blusa y, desnuda, vestida solo con las medias blancas que cubren sus piernas hasta algo más arriba de las rodillas, se masturba frenética mientras Pablo sacude las últimas gotas de semen sobre la cara de su emputecida hermana, que lo mira con expresión vacía desde su sumisa postura. Mari Carmen se corre en silencio. Ahoga un gemido de placer y vuelve a esconderse tras la pared. El corazón le late a mil por hora, pero tiene que actuar rápido. Sus hijos parecen estar a punto de terminar y puede que se levanten de la cama y la descubran, allí desnuda, masturbándose como una loca.

Pero todavía tiene algún tiempo. Oye como crujen los muelles del colchón. Los dos hermanos e han subido de nuevo a la cama y ríen despreocupados. Se abrazan en la soledad de la tarde que declina, y se besan como amantes. La madre, haciendo acopio de atrevimiento, se inclina un poco hacia la alcoba y los mira, durante unos segundos, para evitar en lo posible que la vean. Pablo está abrazando a Pili. La escena es hermosa, los dos hermanos desnudos, abrazados, contentos, satisfechos. La mirada de Pili es de agradecimiento, de satisfacción, de placer maravilloso. Pablo besa en la frente a su hermana, luego le mesa los cabellos pajizos.

-Siento haberte llamado puta- le dice, con suavidad, sin dejar de abrazarla amorosamente.

-No te preocupes- contesta Pili- yo misma me he llamado …eso, durante estas maravillosas y extrañas horas.

\"¡Horas!- piensa Mari Carmen al oír hablar a su hija- ¡Se la ha estado follando durante horas!\"

La madre, desnuda, nota como sus pezones en erección rozan la pared. El contacto la pone tan cachonda, que se le nubla la vista y la mente y por un instante sopesa la posibilidad de entrar en la habitación y ponerse a follar con sus dos hijos. A la vez. Pero se controla. Y piensa. Tiene que salir de allí y hacer como qué acaba de llegar de la calle, si no, puede que la vean y la situación se descontrole del todo.

Así pues, Mari Carmen, aprovechando aquellos momentos de dulce abandono en que se encuentran sus hijos, desnudos y abrazados como amantes satisfechos sobre la cama, recoge toda su ropa y se va de allí despacio y en silencio. Ya en el salón, se viste con premura, sin dejar de ver a Pili en su imaginación, su dulce Pili, chupándole la verga a Pablo. Sale a la calle y vuelve a entrar, haciendo todo el ruido posible.

-¡Mamá ya está aquí!- exclama Pili, aterrada. Pablo y ella saltan de la cama como impulsados por resortes. En pocos segundos, consiguen vestirse- más o menos, Pili solo alcanza a ponerse encima una pequeña camiseta que la deja medio desnuda- y bajar al salón, no sin antes alisar y componer lo mejor que pueden la cama de sus padres.

-Hola, chicos- dice Mari Carmen, mirando de reojo a sus dos hijos. Pablo está bastante sereno, pero Pili es la imagen misma de la culpabilidad. Medio desnuda, con una camiseta encima que le cubre a duras penas lo indispensable, la joven universitaria, despeinada, roja de vergüenza, sonríe forzadamente a su madre, sin saber qué decir.

-Hola, mamá- dicen los dos hermanos al unísono. Pablo, ataviado solo con un pantalón vaquero, no puede ocultar del todo una polla poderosa que resalta como una montaña en una llanura.

-Pili- dice Mari Carmen, con picardía- Te veo …no sé, nerviosa, alterada…¿ha pasado algo extraordinario en mi ausencia?-

Pili traga saliva y mira a su hermano. Pablo se encoje de hombros y Pili contesta sin pensar.

-¿Pasar? Oh, no, nada de nada, ha sido un día tan, tan aburrido…je, je.

Mari Carmen no contesta a eso, pero se acerca a su hija. Pili, en su premura por vestirse y componerse de forma decente, ha olvidado limpiarse la cara. Tiene la cara llena de semen, y no solo la cara, también el pelo muestra abundantes restos de semen viscoso y pringoso.

-¿Qué…qué tienes en la cara? Es algo…pegajoso, me parece a mí- musita Mari Carmen , haciendo esfuerzos por no partirse de la risa viendo la desesperación en los ojos de su hija.

-¿Pegajoso?¿Pega…ahhggg?- la joven universitaria se lleva la mano a la cara y se la mancha de semen. Y de pronto recuerda que con las prisas, olvidó del todo lavarse la cara y el pelo. Está llena de semen por todas partes y su madre la está mirando.

-Oh, esto es…esto es…si…champú, eso. Me estaba lavando el pelo y al llegar tú, pues salí del baño a toda prisa y, ya ves, me he manchado toda…je, je,je…que tonta soy…¡pero ahora mismito me lavo y me lo quito todo!

-Tranquila- dice Mari Carmen- Es champú, así que lo mejor es que te lo rebañes todo con las manos, y te lo pongas en la cabeza. Así penetrará mejor en tu cuero cabelludo y tu pelo lucirá más limpio y brillante.

-Si, claro, claro- musita Pili. Pablo ríe por lo bajo. Y Pili, asustada, rebaña todo el semen que le cubre la cara con ambas manos y se lo pone directamente en el pelo. Luego, ante la mirada de su madre, que no le quita ojo de encima, empieza a mesarse los cabellos, dejándoselos totalmente pringosos, revueltos en aquel champú tan especial, un champú de semen recién derramado.

-Bueno- dice Pablo-¿Y papá? Creía que vendría contigo.

Mari Carmen deja de mirar a su hija.

-No. No ha podido venir. Me llamó diciendo que se retrasaba y que no sabía cuándo volvería a casa. Esos negocios deben ser muy importantes para que nos tenga así abandonados.

-No te preocupes- dice Pili, deseosa de cambiar de conversación, sin dejar de mesarse los cabellos con el semen de Pablo- tú no tienes la culpa de que no haya venido. Ya lo hará cuándo termine lo que quiera que esté haciendo.

-Si, claro- dice Mari Carmen- Bueno, en fin, ya es hora de cenar. Me cambiaré de ropa y comeremos en la cocina. Ah, Pili…

-¿Si?- contesta la joven, con un hilo de voz.

-Ponte algo más decente encima, estás prácticamente desnuda.

-Si, mamá- contesta Pili, poniéndose roja como un tomate y corriendo como un rayo a su habitación.

-Bueno- dice Mari Carmen-¿Me has echado de menos, Pablo?-

El joven no dice nada. Fascinado, contempla los brillantes y excitados ojos de su madre. \"Realmente- piensa el chico- parece que tiene ganas de polla, aunque con ella nunca puedo estar seguro. De todas formas, follar con Pili me ha dejado algo cansado. Veremos que pasa\"

-Hum, si, me has echado de menos- susurra Mari Carmen, sobando con una mano lasciva el sobresaliente montículo que se levanta en la entrepierna de su hijo. Pablo siente como la sangre empieza a hervirle, pero la sesión de sexo con su hermana, una sesión larga y completa, ha sido contundente.

-Oh…mamá…no creo que…en fin, Pili está arriba…estoy cansado…creo que…que-

Mari Carmen mira a Pablo con ojos encendidos de ira. ¿Cansado?¿Pili? Oh, por supuesto, el señorito está cansado, muuuy cansado, claro que si. No en balde se ha pasado la tarde entera follando con su hermana.¡ Follando con su hermana!¡Follándose a su propia hermana!¡A su hermana mayor!

Todo eso piensa Mari Carmen, enfadada, y por un momento está a punto de decirle a Pablo que los ha descubierto a los dos, en la cama, follando como perros. Pero no lo hace. Se calma. Un poco. Sin decirle nada, desabrocha el pantalón de su hijo. Como esperaba, no lleva nada debajo y la enorme polla salta hacia adelante, como impulsada por un resorte. Está algo arrugada, y un poco mojada. Es evidente que ha estado en acción hace poco, pero la cuarentona no dice nada, se hace la tonta, y, simplemente, saca aquella maravillosa verga hacia afuera y empieza a acariciarla.

-Ohhh- gime Pablo, mientras su madre le estruja la polla con fuerza. – No creo que…que…sea buena idea ponernos ahora a… a follar.

Mari Carmen le suelta la polla.

-¿Follar? Nada de eso. Voy a chupártela. Voy a hacerte una mamada.-

Y se la mete en la boca. Pablo siente la pastosa lengua de su madre enroscándose en torno a su pene. Luego, siente la poderosa succión de aquella lasciva boca, chupándole la polla a plena potencia.

-¡Aahh!- gime el chico- Pili…Pili puede…oh…regresar rápido y…y…ahhhh

-¿Regresar?¿Tan pronto?- pregunta Mari Carmen con sorna indisimulada, sacándose la polla de la boca- No lo creo, tu hermana seguro que se está lavando el pelo…¿recuerdas?...el champú ese tan cremoso y tan…lechoso.

-Oh, si, el champú, claro, entonces, supongo que…ahhh

Mari Carmen no le deja terminar y se mete de nuevo la polla de su hijo en la boca. Excitada , se baja las bragas y empieza a acariciarse el coño bajo la falda que aún no se ha quitado. Pablo retrocede, empujado por la pasión desbordada de su madre, hasta tropezar contra la cocina. Mari Carmen vuelve a sacarse la polla de la boca.

-Necesito desnudarme, lo necesito, y también quiero que tú te desnudes, Pablo.

El joven no rechista, algo en la mirada lasciva de su madre se lo impide. Así pues, la cuarentona cachonda empieza a despojarse dela ropa, mientras piensa, con una sonrisa mental, que últimamente se desnuda con demasiada frecuencia. Primero, se quita la blusa, dejando a la vista sus enormes melones, cubiertos de pobre manera por el sujetador negro. Pablo contempla los grandes pechos de su madre, y, aún medio tapados, son capaces de excitarlo y mucho. Pero Mari Carmen continúa y se quita el sujetador, con una sonrisa en los labios lascivos. Ahora, las lujuriosas y abundantes tetas de Mari Carmen están a la vista, coronadas por un hermoso y endurecido par de pezones. La cuarentona cachonda se estruja las tetas con ambas manos y ríe en silencio, sacando la lengua fuera y relamiéndose. A Pablo la polla se le endurece más y más, a pesar de su cansancio. Mari Carmen se da la vuelta, y Pablo puede ver como su madre se quita las bragas, que ya estaban casi en el suelo luego, con un gesto teatral y unos ojos brillantes, la hermosota y un poco rellenita cuarentona se quita la falda, quedándose con el culo al aire delante de su propio hijo.

Pablo no puede resistirse y se quita los pantalones, que son todo lo que lleva encima. Su polla, grande, gruesa, dura, mojada y vibrante, se endurece aún más a la vista de su madre, enteramente desnuda, a excepción de las medias blancas que cubren parte de sus piernas.

Mari Carmen se arrodilla delante de Pablo, le coge la verga con una mano y se la lleva a la boca. Aspira primero el penetrante aroma de la polla de su hijo y, luego, con ceremonia casi ritual, se la mete dentro de la boca y empieza a chuparla de nuevo, esta vez con una gran abundancia de saliva y de increíbles y retorcidos lametones.

-Aaahh- gime Pablo, apretando con sus manos la cabeza de Mari Carmen, que chupa y chupa sin parar, sin sacarse la polla de la boca ni una sola vez. Mari Carmen siente la gran dureza y grosor de la polla de Pablo, y se pone aún más cachonda. Sin poder evitarlo, se lleva una mano a la entrepierna y se mete un dedo en el coño, masturbándose así mientras chupa la polla de su hijo. La cuarentona se pone a mamar con todas sus fuerzas está tan excitada, tan cachonda, que pronto gruesos goterones de saliva resbalan de sus labios hacia afuera, mojando su barbilla, quedándose allí colgando. Se pasa la polla de un lado a otro de la boca, la aplasta, la muerde, la mastica casi, la lame y la chupa, sobre todo la chupa, sin parar, sin detenerse ni un solo instante.

Pablo no puede aguantar mucho más. Con un gemido apagado, el joven se corre dentro de la boca de su madre, llenándosela toda de semen caliente y viscoso. Mari Carmen traga algo de semen, saboreándolo a placer, pero sobre todo intenta conservar todo lo que puede dentro de su boca, sin tragárselo. Y así lo hace. Cuándo tiene la boca tan llena que ya no puede recibir más, suelta la polla de su hijo y deja que éste continúe corriéndose, ahora directamente sobre su cara. Mari Carmen agarra la enorme salchicha de Pablo y se la restriega por toda la cara, mientras el chico se corre entre gemidos de placer. Chorros y más chorros de semen van a parar a la cara de Mari Carmen, una cara que pronto se convierte en una máscara de semen chorreante y caliente enormes goterones de esperma penden de las mejillas y la barbilla de la mujer, que tiene en sus ojos una expresión de total abandono sexual.

-¡Ooohh! ¡Ooohhhh!- gime Pablo, sin dejar de pensar, con un rincón obsceno e irrespetuoso de su mente: \"¡Puta, puta, puta, eres una puta, puta…puuutaaa!\". Pero no dice nada, no llama puta a su madre, aunque su mente lo esté deseando. Simplemente, continúa eyaculando, cada vez con menos fuerza, llenando de semen la cara de Mari Carmen.



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