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Madre sumisa


Empezaré por contaros lo que está pasando actualmente y algunos antecedentes a modo de resumen, aunque prefiero dejar cierto episodio para futuros envíos si os gusta éste.

Mi nombre es J. Dejémoslo ahí. Tengo 19 años y pico y vivo con mi madre, de 39 años, que también es mi esclava. Aunque no quiero extenderme mucho, sí es bueno decir que desde hace un año más o menos, vivimos la más completa felicidad. A partir de aquí seguro que pensáis que se trata de un relato de ficción, pero no lo es, os aseguro que todo es cierto.

Ella siempre ha sido sumisa, empezando por mi padre (murió) y continuando con varios amos que la.................. usaron durante períodos relativamente cortos (hasta que se cansaban de ella). Ésto provocaba en mi madre bastante frustración, al no encontrar un Amo al que servir e, inconscientemente y aunque me quería mucho, me culpaba a mí de ello, ya que yo era una carga que le impedía pasar a servir permanentemente y en exclusiva bajo las órdenes de un Amo.

Yo supe de sus tendencias sumisas y masoquistas a eso de los 16 años, gracias a un programa espía que coloqué en el ordenador, y que me permitió averiguar todas sus contraseñas y leer sus correos y saber qué páginas visitaba y qué cosas escribía. Tengo que confesar que me produjo una mezcla entre reprobación y morbo, y me decidí a investigar más sobre el tema, visitando yo también páginas de bdsm e informándome de todo lo relativo a ese mundo.

Poco a poco descubrí que me iba gustando cada vez más, pero en mi caso, como dominante. No tardaron las masturbaciones pensando en sesiones con mi madre, en someterla a mi gusto y convertirla en mi esclava. Ella, por su cuenta, seguía con sus contactos y relaciones un tanto efímeras con diversos dominantes que se iba encontrando, pero sin dar con lo que realmente buscaba.

Así fueron pasando los meses hasta que, ya cumplidos los 18, decidí contactar con ella haciéndome pasar por un Amo mayor, vía correos electrónicos. Mantuvimos correspondencia durante unos tres meses, casi diaria, en la que, poco a poco fui picando su curiosidad por conocerme, ya que según me decía, parecía como si supiera sus más profundos anhelos. No los iba a saber...

Como el momento concreto en el que se entregó a mí es digno de mención en texto aparte, continuaré contándoos cómo empezó a ser nuestra vida tras él.

Como os decía, se convirtió en mi esclava, cumpliendo perfectamente sus labores de criada, durante las cuales, la someto a múltiples humillaciones o incluso sexo. Así, por ejemplo, es frecuente que, mientras friega el suelo a cuatro patas, me acerque por detrás para encularla, obligándola a que siga frotando el suelo mientras la penetro a placer.

Hay que decir que, aparte del carácter completamente sumiso, es bastante masoquista, por lo que disfruta enormemente a través del castigo físico y la humillación, tanto física como verbal. Tanto es así que, en más de una ocasión, me provoca y comete errores a drede para que la castigue, pidiéndome más en cada azote, en cada tirón de pelo...

Suele despertarse antes que yo, unas veces en mi cama, y otras, en una esterilla situada a los pies de la misma. Tras peinarse y maquillarse, se viste con su uniforme de criada, compuesto por los siempre presentes tacones, medias y liguero, y un conjunto negro y blanco típico de criada con minifalda y escote provocativo (tiene unos grandes pechos). De esa manera, desayuna y luego me despierta, a veces con una mamada, otras poniéndose directamente encima mía y siendo penetrada, aunque la mayoría empieza por lo primero y, si no me corro en su boca para que se lo trague, seguimos por lo segundo.

Luego me prepara el desayuno y me lo sirve, para irme luego a la facultad. Suelo ir en moto o en bus, ya que está a varios kms. (vivimos en una casa con parcela independiente, a las afueras de la ciudad). Mientras, ella se dedica a hacer las labores de la casa, ir de compras, etc. Durante ese período, tiene mi permiso para ponerse algo más cómodo y discreto, a sabiendas que para la hora en que suelo venir, tiene que estar otra vez perfectamente ataviada y presentable para su Amo.

Normalmente, suelo avisar con un toque de móvil de que estoy llegando, para que se prepare como a mí me gusta. Esto es, a cuatro patas, con el collar y la correa puesta y por supuesto, sin bragas (casi nunca las lleva). Una vez entro por la puerta, me recibe con alegría, sumisión, y rozándose conmigo, enteramente como una perrita feliz de volver a ver su Amo. Ésto, normalmente, me excita mucho y suelo incrementar mi excitación con algún gesto como escupir en su boca o en el suelo para que después lo lama. Habitualmente acabo follándomela, por alguno de sus agujeros.

Respecto a la forma de hacerlo, suele ser frecuente que alterne las bofetadas en la cara y los tirones de pelo con la penetración, que a veces es más suave y otras, más frenética. También suelo apretarla en el cuello y me encanta cuando ella me sostiene el brazo apretándolo aún más contra su cuello, como pidiendo que apriete más. Afortunadamente controlo bastante y nunca me paso en ese aspecto. El resto de la tarde me dedico a estudiar, eso sí, alternándolo con diversos usos sexuales que le doy a mi perra, así como con alguna partidita a la videoconsola, que no solo de sexo vive el hombre.

Por las noches, suelo someterla a alguna sesión con cuerdas, látigos, consoladores, pinzas, máscaras y demás complementos que le ordené comprar en su momento. Normalmente suele ser el momento del día en el que mejor lo pasamos.

Básicamente, así transcurren la mayoría de los días. Ella es muy feliz, porque al fin ha encontrado al Amo al que puede servir, amar y entregarse en cuerpo y alma de forma permanente, y sin miedo a quedarse otra vez sola. En este tiempo la he conseguido moldear prácticamente a mi gusto, por lo que también me hace muy feliz.

Si os interesa, otro día os seguiré contando como fue el momento en que se convirtió en mi esclava y cuales son las cosas que hemos hecho hasta ahora.



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