Creo que, a estas alturas, puedo decir que todo ha acabado bien. No es el final que esperaba para esta historia, pero en el fondo no podía aspirar a algo mejor. Encima me han llamado de una tienda de ropa para hacerme una entrevista, así que no me puedo quejar. A ver por donde empiezo...
La semana pasada decidí reunir a Álvaro y a Mario, pues pensé que sería mejor que hablar con ellos por separado. Además, tenía la intuición de que hablando no solucionaría el problema, así que decidí prepararles una encerrona. Dejarles solos y que lo arreglaran............. ellos tampoco funcionaría, así que debíamos estar los tres, pero sin que el uno supiera que iba a estar el otro.
Mi plan empezó con una llamada a Mario. Le cité en mi casa, no abría nadie y tendríamos toda la tarde para montárnoslo. Aceptó. Luego llamé a Álvaro y le cité media hora después. A ambos les dije que no le comentaran nada al otro, para que no hubiera problemas. Compré algo de beber para que Mario se desinhibiera con mayor facilidad y busqué unos cuantos pañuelos de tela para llevar a cabo lo que me proponía. No podía estar seguro de que me saldría bien, pero tenía que arriesgarme, no podía seguir con este triangulo que no lleva a ninguna parte.
Llamaron a la puerta un poco antes de lo esperado. Era Mario, vestido con un chándal Nike blanco y la gorra de Mclaren que llevaba el día del cine. Toda una declaración de intenciones. Cerré y me abalancé sobre él, descubriendo que debajo de la parte de arriba no llevaba camiseta, solo un colgante de un escorpión que me puso a mil. Le besé por el pecho, lamiendo sus pezones hasta que noté como su polla había formado un enorme bulto en sus pantalones. Se la palpé sobre la tela, y cuando le metí la mano dentro del pantalón, comprobé que tampoco llevaba ropa interior. El chaval sabía lo que quería.
Le llevé a mi cama casi a empujones, y le dejé hacer un poco. Me quitó la ropa con violencia, y empezó a chupármela haciendo casi daño de lo fuerte que lo hacía. Le dije que teníamos toda la tarde, pero él no tenía ganas de esperar. Me metió un par de dedos mojados en saliva en el culo sin dejar de chupármela, haciéndome gritar de gusto y de dolor. Cuando me metió un tercer dedo supuse que quería follarme, así que tuve que pararle los pies. Me apetecía, la verdad, pero no quería que se corriera antes de que llegara Álvaro.
Al final le convencí y me ofreció su culo. Le había convencido lo de que tenía preparada una sorpresa para él. Se sentó lentamente sobre mí, y comenzó a moverse despacio, intentando adaptarse a mi polla. No es que sea muy grande, pero el suyo es un culo inexperto y las primeras veces cuesta más. Y eso era precisamente lo que me gusta de él, que tiene la furia de alguien con mucha experiencia y un culito recién estrenado.
Con lo excitado que estaba no tardé mucho en correrme dentro de él. Verle moverse sobre mí hubiera sido suficiente, pero su forma de moverse me hizo estallar con muchas más ganas. El cabrón notó que me corría pero no paró, siguió moviéndose sobre mí hasta que terminó por salirse al quedarse flácida. Mario sabe lo que se hace en la cama, me cuesta incluso creer que no tenga experiencia.
Era casi la hora de la cita de Álvaro, así que tomé de nuevo la iniciativa. Vendé los ojos a Mario, até sus manos al cabecero de la cama procurando que no pudiera soltarse ni aunque quisiera y preparé un par de chupitos para que se animara aún más. Vertí un poco de vodka en su boca, besándole continuamente para probarlo yo también. Su polla estaba durísima, no quedaba duda que le gustaba mi juego, aunque desconociera la verdadera sorpresa. Comencé a besarle por el cuello, muy despacio, bajando por su pecho, su abdomen, sus muslos y sus testículos, pero sin tocarle el rabo en ningún momento. Tenía que ponerle a tope, pero debía dejarle el trabajo a Álvaro.
Cuando yo ya no sabía que más hacer (me moría de ganas por comérsela y él seguro que también, pero tenía que esperar) llamaron a la puerta. Le susurré a Mario que volvía enseguida, me puse el albornoz y abrí a Álvaro. Se sorprendió de mi poco vestuario, y más aún cuando le dije que tenía a Mario en mi cuarto. Casi en un susurro, le dije que era todo suyo, que les había preparado una encerrona y que yo me retiraba. Si funcionaba lo suyo bien, sino desaparecería de todos modos. Podríamos quedar alguna vez, pero aquello se había acabado. Entré con Álvaro en la habitación, y mientras él se acercaba a Mario sigilosamente y sin saber muy bien que hacer, yo me puse algo de ropa y salí a dar una vuelta. Yo allí ya no pintaba nada.
Mientras me tomaba una buena copa de helado en una cafetería que queda cerca de mi casa, no podía dejar de pensar en lo que estaría pasando con los dos chicos. Seguramente Álvaro se la estaría chupando sin revelar su identidad, después de todo el tiempo que llevaba deseándolo, o al menos eso era lo que yo esperaba que hiciera. Una vez se hubiera corrido no le quedaría más remedio que quitarle la venda y entonces se darían cuenta de que encajaban a la perfección. Aunque también cabía la posibilidad de que la cosa no saliera tan bien, que Álvaro desatara a Mario directamente o que éste no reaccionara bien al descubrir mi engaño. Pensándolo bien, había sido bastante irresponsable por mi parte el irme sin más, pero tampoco podía quedarme de mirón así por las buenas.
Estaba a punto de volver a mi casa discretamente y ver que estaba pasando cuando sonó mi móvil, era Mario. "La he cagado", pensé, me va a matar por lo que acabo de hacerle. Por teléfono fue un poco frío, diciéndome simplemente que subiera porque los dos querían hablar conmigo, y yo me temí lo peor. Solo había conseguido mosquearles a los dos y ahora me iba a llevar una merecida bronca. Me equivocaba.
En cuanto abrí la puerta, los dos se echaron sobre mí, reduciéndome y llevándome a mi cuarto casi en volandas. Me ataron a la cama, y después de la experiencia del otro día, me temí lo peor. No podía desatarme, así que estaba completamente en sus manos, y por si fuera poco también me vendaron los ojos. Estaba perdido.
De pronto sentí como mi polla se adentraba en un lugar caliente, al tiempo que otra polla trataba de abrirse paso en mi boca. Mario y Álvaro no iban a vengarse, iban a montárselo conmigo. Me dejé hacer. No sabía dónde estaba cada uno, pues evitaban emitir cualquier tipo de sonido que pudiera identificarles, con lo que el morbo era aún mayor. Estaba chupando y siendo chupado, pero sin saber quien era quien.
En cuanto me corrí en la boca de uno de ellos, ambos cambiaron de posición. Me levantaron las piernas y una polla se metió en mi culo sin grandes complicaciones. Dolía un poco, sobre todo ahora que yo acababa de correrme y no estaba tan excitado, y la manera de embestir parecía la de Mario, aunque no podía estar seguro. El caso es que lo estaba haciendo de puta madre, y yo había vuelto a empalmarme otra vez para cuando cambió de postura.
Me desataron y me pusieron boca abajo, y Álvaro (supongo, pues apenas tenía vello) se colocó debajo de mí, metiéndomela desde esa posición. Era una postura que no había probado nunca, pero lo mejor estaba por llegar. Una segunda polla se apoyó en mi ojete, y tras unas cuantas intentonas, entró. Se estaban vengando de mí follándome los dos a la vez. Me dolió más que mi primera vez. Me estaban rompiendo el culo y realmente pensé que iban a hacerme daño de verdad. Ahora ya no se cortaban y gemían, sin preocuparse de mis gritos.
Por suerte, puedo presumir de tener un culo que se adapta a casi todo. Cuando una mano comenzó a pajearme, mi polla volvió a responder, y poco a poco fui sintiendo algo de placer. Alguien se corrió dentro de mí, creo que Álvaro, pero no llegó a sacarla, aunque al perder su erección dio un respiro a mi maltrecho culo. Mario siguió empujando a toda leche, aprovechando el hueco que Álvaro había dejado y que con su corrida ahora entraba mejor. Era extraño sentir dos pollas dentro de mí, pero la sensación me estaba gustando.
Mario empezó a ir cada vez más deprisa, y supuse que se iba a correr. Pensé que lo haría dentro de mí, pero de pronto la sacó, y cuando me quise dar cuenta me estaba llenando la cara con su leche. Nunca me ha gustado que se corran en mi cara, pero no estaba en condiciones de pedirle cuentas. Para demostrar mi agrado, relamí los restos que quedaron cerca de mi boca.
Álvaro y Mario se pusieron uno a cada lado de mí, y de nuevo me colocaron boca arriba. Mi polla apuntaba al techo, y sentía que mis huevos iban a reventar si no descargaban una vez más. Los dos se apiadaron de mí, y comenzaron a chupármela muy despacio, poniéndome aún más a tope. Me pellizcaban los pezones, me mordían el escroto, me chupaban la oreja, me arañaban los muslos... No sé si querían torturarme o no, pero yo me lo estaba pasando de puta madre, aunque el dolor de huevos iba en aumento. No sé el tiempo que estuvieron pues seguía atado y con los ojos vendados, pero calculo unos quince o veinte minutos jugando conmigo, parando cuando me excitaba más de la cuenta, y diciéndome guarradas para que me excitara aún más.
Al final, uno de ellos (creo que Álvaro, pero no estoy seguro) se ha sentado sobre mi polla, y me ha cabalgado hasta que me he corrido dentro de su culo. Creo que ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido, y eso que tenía el culo dolorido del sobreesfuerzo al que me habían sometido. Ha sido un buen final para esta historia, mejor de lo que hubiera podido imaginar hace unos días. He conseguido montármelo con los dos, juntos y por separado, y por fin parece que Mario le va a dar una oportunidad a su amigo. Ha confesado que sigue un poco pillado por mí, pero entiende que no tenemos ningún futuro y que yo tampoco quiero meterme en problemas con su familia. Podremos vernos de vez en cuando, siempre y cuando ellos tengan claro lo que sienten el uno por el otro y yo no les cause ningún problema. Si estoy yo por medio la cosa tiene más posibilidades de fracasar. Estoy seguro de que les irá bien.