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Lios amorosos 02: Despues de la pelicula)


Luis, el novio de Rosa, le daba clases al primo de ésta, pero uno de los días en los que estaban en clase, Sergio, el primo de la chica, se atrevió a decirle a Luis que quería hacerlo con él. Una vez lo hicieron, Luis comenzó a tener remordimientos, pero ya no lo podía arreglar*/

Sin creerse todavía lo que había pasado, Luis se apresuraba a llegar a casa de Rosa para luego ir al cine. No le había disgustado para nada aquella experiencia, pero, claro, teniendo en cuenta que tenía novia y que no era homosexual,… Prefirió no pensar.

Llegó a casa de la chica y ella le abrió. Se sentó un rato y cuando parecía que se iban a ir, se levantó. Pero Rosa, no le dejó salir:

Luis, ¿qué te pasa? Hoy................. estás raro.

¿Por qué lo dices? No me pasa nada.

No sé. Te veo un poco distinto. Todos los días cuando me ves, me besas y hoy no.

Pues… Se me habrá pasado. No le des más vueltas.

¿Qué se te ha pasado? Pues venga, dámelo ahora.

No sabía por qué, pero no le apetecía tanto como otras veces. Aún así, para que no sospechara, la besó. Parecía como si hubiera despertado de un largo sueño y dejó de pensar en Sergio, concentrándose totalmente en Rosa. La chica comenzó a besarle aún más apasionadamente y empezó a quitarle la camiseta. Luis hizo lo propio, pero antes de seguir se dio cuenta de que se había corrido hacía poco y no sabía si iba a ponerse a tono con ese pensamiento, así que lo dejó, dando la disculpa para la película.

Espera, Rosa. Vamos a llegar tarde al cine, ¿no crees?

Sí, tienes razón. Luego continuamos en el baño, que además me da más morbo.

Claro, di que sí.

¿Qué pasa? ¿No te gusta?

No sé. Nunca lo he probado. Espera, ¿tú sí?

No – dijo riéndose – pero siempre me ha puesto hacerlo en un sitio público.

Ah, mira que bien.

Luis no podía ser más sarcástico. No sabía si era por la situación o porque no sabía como reaccionar a tal petición. Hacerlo con su novia no le apetecía tanto como antes y menos en un sitio público. Antes de que pudiera decir nada más, Rosa salió por la puerta. Luis la siguió y se fueron al cine.

Sergio no dejaba de pensar en lo que acaba de hacer con Luis. Le había encantado, no dejaba de pensar en ello, pero dudaba que volviera a ocurrir, ya que Luis no estaba muy por la labor de que pasara otra vez. Entonces, pensó en ir al cine y ver como se desarrollaban los hechos quizá podía convencerla para que lo hicieran en el servicio. Solo la idea le había vuelto a levantar su polla. Pero justo cuando iba a salir, llegó su primo, el hermano de Rosa.

Hola, Sergio. ¿Dónde ibas con tanta prisa?

Pues a ningún sitio importante, Manuel. ¿Qué haces aquí?

Ya que mi hermana se ha ido con mi cuñado, he decidido venir a verte.

Me parece bien. Pasa, pasa no te quedes en la puerta.

Manuel, el hermano de Rosa, tenía 14 años. Era más bien bajo y moreno. No es que estuviera gordo, pero le sobraba algún kilo. Aún así, el chico estaba bastante bien, según pensaba Sergio. Aunque nadie lo supiera, Sergio había sido gay desde siempre. Manuel se sentó y miró a Sergio, que todavía estaba de pie.

¿Y en qué estabas pensando? – dijo señalando hacia su paquete.

¿Eh? Nada… Una peli que había en la tele – mintió Sergio.

Pues ha tenido que ser buena porque mira como te ha puesto.

Sergio intentó cortar la conversación porque sino, al final iba a salir toda la verdad. El caso es que, aunque quisiera, no podía bajar su polla. Y Manuel comenzó a notarlo. Pero es que, pasó algo que impresionó a Sergio: a Manuel se le estaba formando también un bulto.

Rosa y Luis llegaron al cine justo a tiempo. La película estaba empezando cuando se sentaron uno al lado del otro. Pero bendita (o maldita) coincidencia: cuando Luis miró a su derecha, se encontró con que Álvaro, su amigo, y su novia estaban en esa misma película y en esa misma fila. Parecía increíble que se fueran a sentar al lado.

No sabía que vinieras a esta película – dijo Álvaro.

Sí, vine con mi novia. No creas que me hace mucha gracia.

Mientras Rosa y Noelia, la novia de Álvaro, veían la película, Luis y Álvaro charlaban entre ellos, pero lo que no se imaginaban era la conversación que tenían las dos chicas:

Le he dicho a Luis que después podemos hacerlo en los baños.

¿Y qué te ha dicho?

Nada en especial. Pero lo tengo que hacer como sea.

Álvaro ni siquiera quiere hacerlo. Dice que no sabe si lo hará bien y no se atreve.

¿Es virgen?

Claro. Es un chico muy tímido. Espero hacerlo con él antes de que acabe el mes.

Bueno. ¿Se lo has propuesto? Ya sabes: año nuevo, vida nueva.

No. Sé lo que me va a decir. Esperaré a que él de el paso.

¿Y si no lo da?

Pues mala suerte.

El final de la película, de la cual ninguno de los cuatro consiguió enterarse del todo, había llegado. Salieron de la sala en cuanto pudieron y, entonces, Rosa buscó a Luis. Noelia le dijo a Álvaro que se fuera y éste, que no sabía nada del plan de los otros dos, se fue con ella.

Bueno, Luis. Es el momento. ¿Vamos al baño?

Pero Rosa, ¿no crees que….?

Venga, que no va a pasar nada. Vamos, tigre.

Luis, que no tenía muy claro aquel plan la siguió. No es que no le gustara hacerlo con Rosa, le encantaba, pero, además de que acababa de hacerlo con Sergio hacia unas tres o cuatro horas, no le hacía mucha gracia hacerlo en lugares públicos. Aún así, no dijo nada y se metió con ella al servicio de mujeres cuando no les veía nadie.

¡Vaya, que emocionante! – decía Rosa.

Sí, muchísimo.

No te preocupes, hombre. Nadie nos va a descubrir.

¿Cómo puedes estar tan segura?

Ah, pues… no sé. Y si nos descubren, que miren si quieren.

Ahora resulta que eres una exhibicionista.

Jaja. No es eso. Pero me pone hacerlo en sitios públicos.

Sin más demora, Rosa comenzó a besar a Luis, que, evidentemente, no pudo rechazarla, por lo que siguió con el beso. Cuando la chica parecía estar ya muy caliente, le empezó a quitar la camiseta. Luis hizo lo mismo con ella y comenzó a besarla por todo el cuerpo. Rosa estaba ya demasiado caliente como para seguir esperando, por lo que se agachó y le bajó los pantalones a Luis. Comenzó a tocarle por encima del bóxer y… sorpresa… a Luis no se le ponía dura.

Sergio se había fijado en que la polla de Manuel empezaba a cobrar vida. Éste, también se dio cuenta, pero intentó quitarle hierro al asunto. Sergio le interrumpió cuando iba a hablar.

Parece que a ti también se te ha puesto.

Sí… es que me acabo de acordar de lo que hice con Julia.

Ya, claro. ¿Qué es lo que hiciste con Julia?

Bueno… verás. El otro día… estuve con ella en su casa… esperando a que terminara de hacer sus deberes. Pero entonces, empezó a cambiarse delante de mí.

Ya. Continua – Sergio no se creía ni una palabra de las que decía Manuel, pero como estaba tan emocionado contando esa historia, le dejó continuar.

Pues verás: yo le dije que me salía de la habitación, pero ella me dijo que me quedara.

¿Y qué hiciste tú?

Pues quedarme, por supuesto. Luego, me preguntó que qué tal estaba. Yo supuse que se refería a si estaba buena o no. Y, evidentemente, le dije que estaba buena. Entonces, ella se dirigió a mí y me besó en la boca. Después, empezó a tocármela por debajo del pantalón.

Pero, ¿y te dejabas?

Claro que me dejaba. Luego me hizo una paja y me corrí en su mano. Luego, me volvió a besar.

Madre mía, que imaginación tienes, galán.

No ha colado, ¿verdad?

¿Cómo va a colar si es totalmente surrealista?

Bueno, es que en realidad, no sé por qué se me ha puesto así. Ya que estamos podíamos cascárnosla juntos.

¿Qué dices tío?

Pues eso. Además, podemos llamar a los demás.

Sergio se quedó pensativo durante un rato. Le dijo que sí, así veía las pollas de los demás, pero cuando luego se dio cuenta de que se acababa de correr en la boca de Luis, no sabía si le iba a resultar fácil hacerse una paja.

Rosa seguía intentando ponérsela dura a Luis, pero parecía que no lo conseguía. Entonces, pasó directamente a la acción y le bajó el bóxer. Aunque estaba flácida, Rosa pudo empezar a mamársela como podía. Aún así, no conseguía su propósito.

Luis no sabía que le pasaba. Le estaban haciendo una mamada y no se le ponía dura. Empezaba, incluso a preocuparse. Pero, más que nada, por si Rosa se cabreaba. Luis pensaba que Rosa ya no le ponía, pero eso era incierto, porque sí que le gustaba. Luego, calló en la cuenta: hacerlo en sitios públicos era lo que no le ponía.

Como no le iba a decir eso a Rosa, pensó que estaban en la casa de Rosa, como siempre que lo hacían. Intentó alejar de sí todos los ruidos que había por allí. Lo iba consiguiendo poco a poco. Rosa, intentaba ponérsela dura masajeándosela poco a poco. Entonces, comenzó a ponerse morcillona. \"Ya era hora\" pensó Rosa.

Mientras Luis seguía pensando que no estaban en el servicio, Rosa se la metió en la boca y notó como terminaba de crecer dentro de ella. Cuando, por fin, había crecido del todo, Rosa se levantó y se bajó los pantalones que llevaba. Luis seguía pensando en lo suyo, mientras Rosa le ponía un condón. Entonces, el chico dejó sus miedos y comenzó a metérsela. Rosa cerró los ojos y comenzó a disfrutar del momento.

Luis empezó a meterla poco a poco hasta que la metió del todo. En ese momento, Luis empezó a follarse a su novia de manera lenta, pero sin pausa, más que nada por si alguien les iba a oír. Rosa no quería que la cosa fuera tan lenta y empezó a moverse. Luis estaba disfrutando del momento. Ya no le importaba que lo estuvieran haciendo en los baños. El mete-saca lento con el que empezó Luis se convirtió en un mete-saca rápido. Ninguno de los dos aguantaba ir tan despacio. Entonces, casi sin quererlo, Rosa empezó a gemir poco a poco. Luis seguía metiéndosela. La velocidad aumentó muchísimo. Estaba a punto de terminar. Cuando ya no podía aumentar la velocidad por lo rápido que iba, hubo una pequeña interrupción:

¿Te pasa algo chica? – preguntó una mujer, al oír los gemidos de Rosa.

¿Eh? No… Es que no podía… abrir la cremallera… del pantalón. Ahora ya… lo he conseguido – contestó como pudo.

Sabía yo que esto no iba a salir bien – susurró Luis, aguantándose la risa.

Calla – dijo Rosa en bajo –. Vamos, métemela otra vez.

Vale. Tampoco hace falta que te pongas así. Era yo el que estaba a punto de correrme – a Luis había comenzado a gustarle aquella situación.

Pues, ¿a qué esperas?

Cuando todo peligro parecía haber pasado, Luis volvió a meterla poco a poco hasta que, de nuevo estuvo dentro. Otra vez empezó con un ritmo lento, pero pasó más deprisa a la acción. Rosa estaba disfrutando otra vez, al sentir la polla de Luis dentro de ella. A punto de correrse, Luis recordó lo que había hecho con Sergio hacía tres o cuatro horas y eso le cortó otra vez. \"Malditos remordimientos\" se dijo a sí mismo. Rosa lo notó y empezó ella a moverse, para que Luis se recuperara. Eso funcionó, pero otra cosa lo estropeó todo:

Chica, llevas ahí mucho tiempo. ¿Necesitas ayuda? – preguntó otra mujer.

¿Cómo sabe que llevo mucho tiempo? – preguntó Rosa, mientras Luis no paraba de reírse por lo bajo.

Porque estaba sentada fuera, al lado de los servicios, y no te he visto salir.

Eso es porque tengo un… pequeño problema.

¿Te puedo ayudar en algo?

No, no tranquila. Puedo yo sola.

Muy bien. Pues hasta luego.

Cuando la señora se fue, siguieron con lo suyo. Luis volvió a meterla por tercera vez (o cuarta, teniendo en cuenta la primera) en esa tarde. Rosa estaba empezando a cansarse de que les interrumpieran todo el rato y empezó a ser ella la que se movía con mucha velocidad. Tapándose la boca para no gemir, Rosa se movía, mientras tenía dentro la polla de su novio. Les habían cortado demasiadas veces el rollo y ahora no iba a parar por nada del mundo. La velocidad de Rosa hizo que Luis terminara por fin.

Joder. Por fin. ¿Salimos de aquí? – preguntó Luis.

¿Y si hay alguien?

Pues no nos vamos a quedar aquí.

Además, la mujer esa nos vigila.

¿Y qué hacemos?

Ya sé. Noelia estará cenando por ahí con Álvaro. Haré que se lleve a la señora y saldremos tranquilos.

Ante la mirada atónita de Luis, Rosa llevó a cabo el plan. Noelia consiguió llevarse de allí a la señora y Rosa y Luis salieron.

Sergio y Manuel llamaron a sus amigos para lo que ya tenían planeado. Antes de que llegaran, Sergio volvió a pensar en lo que pasó con Luis. Entonces, los amigos volvieron a llamar para decir que no podían. Así, Manuel decidió dejar aquello para otro día, cuanto todos pudieran.

Cuando Luis dejó a Rosa en su casa, éste se dirigió a la suya, cuando recibió una llamada en el móvil. Era Sergio. Luis lo cogió, a pesar de no tener ganas de hablar con él. Sergio le dijo algo que dejó a Luis sin palabras.

Dime, Sergio – contestó Luis.

Verás, es que necesito verte.

¿Ahora? Es que no tengo tiempo.

Bueno. Pues te lo digo por aquí.

Dime, entonces.

Luis, verás. Creo que me he enamorado de ti.

Sin dejar que Sergio dijera nada más, Luis colgó. ¿Sergio se había enamorado de él? Pero, ¿por qué le afectaba tanto? Él estaba muy bien con Rosa, pero por alguna razón, él también se había enamorado de Luis.

En cuanto recuperó la razón, se dirigió a casa de Sergio. Parecía que él le estaba esperando porque le abrió nada más llegar.

Sergio, tenemos que hablar.

¿De qué?

Pues de lo que me acabas de decir.

Es la verdad. ¿Tú no estás enamorado de mí?

Pues no – dijo apartando la vista.

Dímelo a los ojos.

Pues... pues… Bueno, no lo sé.

Sergio le dio un largo beso a Luis. Aquello pareció despejar las dudas de Luis, porque, cuando se despidieron (en el momento en que llegaban sus padres), Luis le besó cuando Sergio le acompañó a la puerta. ¿Estaba enamorado de Sergio? Estaba hecho un lío.



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