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La terapia


Soy Abogado desde hace más de veinte años, conocí desde que era estudiante a Carmen, mi esposa, con la que estoy casado ya cinco años; nuestra vida ha sido de tensa actividad, yo por mi lado trabajando muy duro para mejorar siempre en mi profesión, de lo que no me arrepiento, pues.......... he alcanzado metas que me han costado mucho esfuerzo y Carmen como esposa, que fue hasta hace poco, mi verdadero problema.

Por motivos de mi profesión, no había podido brindar a mi esposa toda la atención que ella, como mujer y amante merece; ella, se dedicaba a hacer gimnasia, lo que mantenía su figura, realmente espectacular, y es que Carmen es realmente bella, tuve suerte cuando nos casamos, al menos eso creí hasta hace un año, en que descubrí, que mi mujer, me engañaba con otro hombre, un hombre alto y atlético; cuando le reclamé en casa, pues “los trapos sucios se lavan en casa”, mi mujer se puso furiosa conmigo y me dijo que era mi culpa ser cachudo, por que yo la desatendía y que ella merecía tanta o más atención de la que yo le daba a mi trabajo y que ella necesitaba que estuviera a su lado, al verme acorralado por los argumentos de mi mujer, agaché la cabeza, pues ciertamente, si tenía relaciones sexuales con ella, una o dos veces por mes, era mucho, pero todo era debido a mi trabajo, cuando traté de reaccionar, mi mujer me amenazó con irse de la casa, hizo maletas para irse, esto me partió el corazón, ya que realmente la amaba desde que la conocí, por lo que, le rogué que no se fuera y que se quedara a mi lado, ella me dijo que todo iba a cambiar y que estaría conmigo, pero que olvidáramos lo del amante, le dije que bueno y todo siguió su curso, cuando a las dos semanas reincidí en dejarla sola, ella regresó con su amante, total que era yo un verdadero cachudo.

Le reclamé nuevamente a mi mujer y ahora envalentonada conmigo me dijo que ella tenía no solo ese amante, sino otros más y que si quería que ella estuviera conmigo, tenía que aceptarlos, si no, que me fuera a la mierda; estúpidamente acepté y al poco tiempo, mi mujer, no solo que se iba de juerga con los amantes, si no que me invitaba para salir con ellos mientras se iban a moteles de la ciudad a culear, yo me quedaba solo en casa, eso me llevó al papel de pendejo y hasta ser un gusano.

Empecé a desatender mi profesión, perdía casos y trataba de complacer a mi mujer con regalos, para recuperarla; pero todo empeoró, luego ella empezó a traer a casa a sus amantes, quienes se burlaban de mí y hasta me invitaban a ver como se tiraban a mi mujer, cosa que parecía satisfacerle al punto que el verme en la misma habitación nuestra, desencajado y sin fuerza de voluntad, mientras su amante se la tiraba, a Carmen le provocaban orgasmos increíbles, mientras su amante se cagaba de la risa viéndome estúpido en una esquina de la habitación masturbarme con el espectáculo que ellos daban; realmente me había convertido en un gusano sin voluntad propia, no era más que una rata a la que podían patear y yo agradecía, con tal de tener a la puta de mi mujer conmigo.

Una vez le dije a mi mujer que quería hacer el amor con ella y me dijo – Tienes que esperar a que Humberto culée conmigo y luego vos, cuando acepté, se estableció la regla, solo podía tirar con mi mujer, si Humberto, el amante preferido de mi mujer, había tirado primero con ella, cosa que sucedía unas tres veces por semana.

Me iba muy mal en mi trabajo, mis colegas no sabían que era, pero todos sospechaban que era por mi mujer; el Jefe de la firma para la que trabajo, un Abogado de esos ya viejos, me llevó donde una Psicóloga amiga suya, y me dijo que hablara con ella y le contara mi problema, pues la firma estaba ya perdiendo conmigo.

Se llamaba Dra. Mariana, era una mujer muy hermosa, casada, de bonita figura, de cabello castaño, ojos negros y piel muy blanca, de pechos grandes y bien paraditos, lindas piernas y siempre andaba muy bien arreglada, como si quisiera conquistar a alguien. Estuve en terapia durante unos dos meses y luego de ello, y de los consejos que Mariana me había dado, empecé a cambiar para mis adentros, algo que Carmen no notaba y ni le preocupaba, pues lo de ella era solo burlarse de mi y seguir con su vida de puta con su amante preferido, Humberto, para quien eran su atención entera y su cuerpo, pues los demás, como yo, solo éramos para cuando quería tirarse una paja al aire o para desestresarse, antes que llegara Humberto.

Comencé, siguiendo las rutas que me había dado Mariana, a hacer ciertas cosas sin que se diera cuenta mi mujer; averigüé quien era el tal Humberto, donde vivía y cual era su número de teléfono, sus cuentas (cosa sencilla para mí, como Abogado), tarjetas de créditos y cortes de estados de cuentas con copias de cheques incluida; empecé a comprar juguetes sexuales y a planificar “una noche de amor” en mi casa, con el tal Humberto y mi mujer, Carmen me gritaba siempre, mientras estaba culeando con Humberto en nuestra habitación, y eso me denigraba aún más, pero las cosas iban a cambiar radicalmente desde esa noche.

Cuando ya me sentí, suficientemente preparado para enfrentar tanto a mi mujer como a Humberto, llegué el día en que sabía que Humberto iba a llegar, mi mujer como siempre, venía de la peluquería haciéndose atender para Humberto, pero en el camino, venía tirando con otro de sus amantes, cosa que se le notaba siempre, debido al olor a semen que traía en el aliento.

Cuando abrió la puerta, y al verme me gritó, que preparara todo, que ya mismo llegaba su culeón y quería atenderlo bien, así que le fuera a preparar bocadillos; me acerqué donde ella y mirándola fijamente, le metí una cachetada en la cara, recién tratada en la peluquería y posteriormente bañada en semen de otro hombre.

– ¿Que te pasa hija de puta?, con quien quién crees que estas tratando, puta de mierda, desde el día de hoy, perra sucia, vas a aprender a tratar a tu marido y quizá hasta más.

Se puso de pie, pues había caído al suelo de la tremenda cachetada que le había propinado y me replicó envalentonada.

- Que te pasa gusano, como te atreves a dañarme el rostro, no vez que ahora tendré un moretón, quieres que te abandone ahora mismo?; le dije que me valía verga si quería quedarse o largarse, pero que eso, no sería esta noche, que esta noche, sería especial; ella al principio trató de reaccionar, pero sus neuronas bañadas solo en deseo sexual, no entendían, se me acercó con ánimo de golpearme y le metí un tremendo golpe en la cara que le partió la nariz, la que empezó a sangrar profusamente.

- Me has roto la nariz gusano de mierda, me gritó,

- Me acerqué a ella que estaba arrimada contra la pared y le di otro golpe en la chucha que la hizo doblarse de rodilla frente a mí.

- Mira puta asquerosa, yo ya no soy aquel Jorge al que vos tratabas como gusano, soy tu marido, aún, y tendrás que hacer lo que te diga y respetarme, ¿me entendiste?; ella soltó una carcajada y me acerqué donde Carmen, mientras con una servilleta trataba de secarse la sangre que aún tenía en el rostro; me aproximé a una de las gavetas de la cocina y tomé de entre los cubiertos una pistola con cargador de 8 tiros, lo saqué y di un disparo al aire, gracias a Dios el techo es de hormigón, le acerqué la pistola al rostro y le dije:

- Mira puta de mierda, quiero que te pongas la mejor lencería que tengas, la más sexy, para cuando tengas que culear con Humberto esta noche; ella parecía desubicada, pero al ver mi actitud, obedeció,

- Si perra, por que vas a culear con tu Humberto, que de eso no te quepa la menor duda, pero ahora será diferente, te lo aseguro yo, tu marido.

Como siempre Humberto llegó a la hora señalada y perfumado para la ocasión, le abrí la puerta y al verme me dijo; - Que hubo gusano, ¿donde esta mi puta?; le hice señas que en el dormitorio y que la estaba esperando; Humberto me miró con cara de asco y se encaminó al dormitorio, donde, obedeciéndome, la puta de mi mujer, estaba lo mejor arreglada posible, luego de los golpes que le había propinado, en penumbras, y con la lencería más sexy que tenía, al verla Humberto le dijo en seguida, déjame llamar al gusano de tu marido, quiero que vea como te meto esta noche la verga, por que estoy arrechísimo rica puta. Carmen lo miraba como asustada sin saber que decirle, pero, viéndome en el claroscuro de la habitación, asintió con la cabeza, cuando Humberto me vio a sus espaldas, me dijo:

- Justo te iba a llamar gusano, quiero que me veas tirarme a tu mujer que esta como para satisfacer con su chucha a todos los hombres de la ciudad, ya puedes masturbarte gusano; lo quedé viendo y le dije, que muchas gracias, así que me quité los pantalones, como siempre hacía cuando los veía tirar y empecé a jugar con mi pene, mientras que mi mujer, que seguía sin saber que hacer le decía a Humberto;

- No Humberto, esta noche no; y me miraba;

-¿Como que no puta de mierda?, sabías que vendría hoy y estas exquisita con esta lencería; - Mi mujer le insistió a Humberto y este se excitó más, ya tenía la verga tiesa cuando en eso sintió el rastrilleo de un arma a sus espaldas, se dio vuelta mientras preguntaba que era ese ruido y al verme me dijo, riéndose; - ¿Piensas matarte mientras me culeo a tu mujer gusano?; - Coloqué el arma en dirección a sus testículos y jalé el martillo;

- No Humberto, pero si sigues hablando, puedes quedarte de tío; mi mujer que salio del claroscuro, le gritó a Humberto,

- Habla en serio, Humberto, mira lo que me hizo, y le mostró la cara que estaba aún ensangrentada; - Hazle caso Humberto; Humberto se rió y le dijo; - ¿Y de donde saca ínfulas este gusano para ordenarme a mí? Crees que a mí me vas a asustar con tu pistolita; levanté la pistola y disparé al tumbado, que como digo, gracias a Dios es de Hormigón y de inmediato a punté a los testículos de Humberto; Humberto se quedó estático y frío;

- Vamos macho, le dije, que tienes que tirarte a mi mujer, ella es bien puta, y necesita de tu verga para sentirse mujer, así que dale gusto a la zorra esta.

Humberto estaba como desencajado y no sabía que hacer, le dije que ya que no podía tirarse a mi mujer por el miedo, mejor tomara el teléfono que le iba a dar un número y que llamara, le dicté y mientras timbraba, le dije que era el de su casa, que le dijera a su mujer que viniera lo más pronto posible y que se vistiera bien, que era algo muy importante para los dos; quiso gritarme, alzarme la mano o ambas, pero al ver que tenía rastrillada la pistola, se echó para atrás y empezó a decirme,

- ¿Que piensas hacer?, ¿Quieres acabar con mi matrimonio?, no es mi culpa que tu mujer sea una autentica puta y que no hayas sido capas de darle la atención que ella necesitaba, que él solo había aprovechado esa oportunidad, como lo haría cualquier hombre.

Sus palabras me golpeaban el cerebro, pues en parte eran verdad, me quedé callado y le dije, quédate quieto, mientras enciendo un cigarrillo, no quiero que por descuido, te deje maricón para toda la vida.

- Tienes razón en algunas cosas hombre, he descuido a mi mujer por darle todo lo que ella merecía como mí mujer y esposa; trabajaba muy duro y hasta altas horas de la noche, es por eso, esta casa, el auto, el dinero en su cuenta, la tarjeta de crédito, etc; pero tu aprovechaste que esta puta estaba descuidada para acostarte con ella y en quien también has invertido, así que le empecé a detallar los gastos que él había hecho en mi mujer en desmedro de la suya.

- ¿Y que?, ¿piensas desquitarte? ¿Es eso?; era mi dinero y lo gasto como me da la gana;

- También es mi mujer y le doy el mantenimiento que me da la gana, le dije.

En eso sonó el timbre de la puerta, le hice señas al cabrón de Humberto para que vaya a abrir, mientras lo seguía, habiendo dejado previamente esposada a mi mujer a la cama.

Cuando abrió la puerta, Mariana, mi Psicóloga vio a Humberto desnudo y le gritó; qué le pasaba, que por que estaba así desnudo; al muy estúpido, asustado solo se le ocurrió decirle que lo habían secuestrado y que había un hombre con un arma queriendo matarlo; su mujer se asustó al verme y me dijo; - Abogado, ¿que sucede?; muy tranquilo le respondí que para mí era una sorpresa inesperada ver que era ella, así que la invité a pasar y le dije,

- Venga Dra. Mariana, venga a participar del espectáculo que le había estado contando en nuestras sesiones de terapia y que he venido soportando hasta que usted. me ha dado suficiente fuerza para esto que voy a hacer.

- No tratará usted de matarme, ¿verdad?, baje esa arma y conversemos, me dijo; le dije que esta no era su consulta y que esto era la vida real; así que con el arma le insistí que pasara hasta la habitación donde estaba mi mujer en la cama, desnuda, con las tetas al aire y la vagina totalmente expuesta para que se la culeara Humberto; esposada, estaba llorando y a medio culear; el marido que venía desnudo delante nuestro, le empezó a decir a su mujer:

-Marianita, no es lo que parece, te lo puedo explicar;

Mande callar a todos y le dije a Humberto,

- Ok perro de mierda, sigue, te dije que tenías, como otras veces, que culearte a mi mujer;

- ¿Ves Marianita?, soy inocente, yo no se quienes son estos degenerados; de pronto se encendió la TV de la habitación y empezó a verse y oírse lo que había sucedido, hace solo unos momentos, cuando había llegado Humberto a la habitación; la Dra. Trató de golpear a su marido y se lo impedí,

- Ok Humberto, la Dra. Mariana y yo, queremos ver como le das verga a mi mujer; - Pero es que no estoy excitado ahora;

- ¿No estas excitado con la perra, puta de mi mujer?, ¿la que te tiras tres veces por semana en esta misma habitación?, ¡vamos Humberto! Que mi mujer gastó el dinero que sacaste ayer de tu cuenta del Banco…….., para irse hoy a la peluquería y ponerse bella y sexy para que le metieras la verga esta noche, claro, eso fue luego de pasar por lo de Carlos, su otro amante, que ya te dejó la chucha de mi mujer, amansadita para ti.

- Eso es mentira Marianita, no es cierto, a esta señora, apenas la conozco hoy.

Le mostré en un sobre a la Dra., una serie de fotos de mi mujer y Humberto en diferentes fechas en las veces que se habían ido los dos solos a tirar a otras partes del país; ordenadas y con fechas en el reverso, la mujer le empezó a gritar,

- ¡Eres un perro, hijo de puta!, ¡Creí que estabas en vacaciones de negocios!, maricón de mierda…, viendo otras fotos leía las fechas, - Me dijiste que ibas a visitar a un amigo enfermo…, y en estas ibas a ver a tu madre maricón hijo de puta…, y así siguió; cuando la señora se hubo calmado, le dije,

- Ok. Humberto, vos que atiendes bien a tu mujer y a la de otros les das mejor atención, como a la perra puta de la mía, ahora tienes que cumplir con el deber que tú mismo te impusiste con ella; y tú, dirigiéndome a mi mujer.

- Puta de mierda, abre bien las patas perra, que tu amante preferido, Humberto, te va a culear, así que gózalo como me has hecho ver que gozas, durante todo este tiempo, mientras me humillabas.

Humberto intentaba tirarse a Carmen, pero, como era de esperar, el pene no se le erectaba, así que me miró y me dijo que no estaba excitado, bien, le dije, te vamos ayudar, dije a mi mujer, que se incorporara de la cama y le empezara a mamar la verga al hijo de puta de Humberto, cosa que temerosa, furibunda, pero obediente, hizo mi mujer; lo empezó a masturbar y a lamerle la verga desde las bolas hasta la cabeza del pene, el maricón de Humberto por mucho esfuerzo que hacía no se le paraba con la sola presencia de Mariana y mi arma a su espalda apuntándole, así que al darme cuenta le dije a la Dra. Que por favor se quitara la ropa que al parecer su marido quería excitarse con algo mejor, que la re-puta de mi mujer, Mariana sintió algo de pudor y se negó, rastrillé el arma y le dije que mejor lo hiciera, que todo esto era solo fruto de sus consejos como profesional, y que el desquite, estaba entre sus propias sesiones, como parte de mi recuperación.

Mariana solo había llevado un vestido tipo batona, que se cogía a un extremo del hombro con un hermoso lazo, al soltar el lazo, el vestido cayó a sus pies que estaban con unas zapatillas abiertas de taco medio, dejando ver sus hermosos y grandes senos, bien paraditos, por la escena morbosa que presenciaba; eran rosaditos y de pezones color carmesí.

- ¡Que ricura Mariana!, exclamé, sabía que usted era algo exquisito desde que entre a su consulta.

Tenía hermosa figura la Dra., con piernas hermosas y bien torneadas, su culo no se quedaba atrás, paradito y redondo, ni muy grande ni muy pequeño, lo justo para mi verga, aunque tras el tipo de lencería de algodón, se perdía mucho su hermosa vagina, le dije a Mariana que se quitara el calzón para disfrutar de la vista y ella se negó, pero amenazándola le explique que no me dañara la noche, que además todo era para excitar a su marido que estaba cohibido.

Mariana se bajó los calzones y dejando ver un pubis hermoso, pero tapado por una mata de pelos, horrorizado le dije, que sobre el buró de mi esposa había una crema depiladora instantánea, que Carmen usaba para dejarse la vagina, como le gustaba a su amante preferido, a Humberto; al oír esto la mujer empezó a llorar y de inmediato se dio vuelta y empezó a echarse la crema alrededor de la vagina, el químico hizo efecto de inmediato y me dijo…, que hacía ahora, le mostré una de las toallitas húmedas que usaba Carmen y le dije que se quitara el bello hasta que le quedara totalmente limpia, al terminar mostró una vagina digna de una reina, hermosa y rosadita, le dije que se aplicara otra crema para suavizar el efecto depilatorio; se veía que Mariana, estaba poniéndose caliente y se estaba arrechando de tanto sobarse.

- Ok Humberto, ahora tienes a tu esposa bien mantenida por ti, dale verga a la puta de mi mujer; Humberto no avanzaba, mi mujer lo había estado masturbando pero la verga no le obedecía a todo cañón como al principio, hacía lo imposible, así que le dije a las Dra. - Vamos a tener que ayudarle Mariana; saqué una caja donde tenía los juguetes sexuales que había comprado y le dije a Mariana que tomara uno especial que le estaba dando, al verlo me preguntó que era, le dije úselo, ella se colocó el juguete, era un arnés terminado en una verga muy grande, que dejaba ver su hermoso culo por donde podía bien meterle la verga sin problemas; le entregué una crema y le dije, caminando al lado de la cama, póngale esta crema en el ano a su marido y métale la verga por el culo, tuve que insistir, pues Humberto se me sublevaba y Mariana tenía miedo.

- Tranquilo, le dije a Humberto apuntándole la pistola a la verga a solo un metro, a esta distancia no fallo.

Humberto se echó hacia delante mientras Marianita le aplicaba la crema en el ano y empezó a meterle la verga, al principio se escuchó un grito de dolor de Humberto, Mariana no tenía la firmeza ni la medida que tenemos los hombres para meter verga, pero luego de que le entró y Mariana lo escuchó gritar ella le dijo.

- No es que era muy rico, maricón hijo de puta, ahora trágate esta verga.

Casi de inmediato, seguramente por acción del pene plástico que le rozaba la próstata a Humberto, se le paró de manera terrible la verga y empezó a culearse a Carmen, que estaba excitadísima, ella tampoco había visto a un hombre siendo culeado y menos por su propia mujer, eso le hizo venir, en oleadas el orgasmo, escuchaba a mi mujer gritar,

- Vamos maricón méteme la verga ya, marica vamos, que se ve riquíiiiisima, más grande que nunca, ahora si la tienes inmensa quiero que me llenes toda, vamos, marica, métela, así, me estas llenando enterita.

La mujer de Humberto por su parte, estaba excitadísima así que me puse tras de ella, pues ya tenía parada la verga y tan tiesa como un madero, le hice levantar la colita y le metí la verga por la chucha mientras le masajeaba una de las tetas y la besaba, le decía,

- ¿Que le parece mi venganza Dra.?

- Esta rica Abogado, déme más de esa rica venganza que tiene entre las piernas…, que rica su verga Jorge, hace tiempo que no culeo y en sus sesiones terminaba toda mojada al oír lo que su mujer y su amante, -este maricón- hacían en su casa.

Como si otra vez Humberto quisiera sublevarse, mientras le daba verga a Mariana y este a mi puta mujer, le pasé la pistola por debajo de la Dra. y le puse el cañón en los testículos de Humberto; - Tranquilo Humbertita, tú, sigue gusano, que luego de esto, si quedas vivo, será la última culeada de tu vida como hombre, así que aprovecha a la perra puta de mi mujer y sigue dándole verga; mi mujer se venía en oleadas de orgasmos, junto con Mariana, cuando en eso sentí que iba a acabar, de pronto la Dra., trató de safarse y me dijo, es que estoy en mis días fértiles y solo me cuido con preservativo dado que el maricón de mi marido, casi no me culea; pues mejor Mariana, yo estaba excitadísimo y me corrí dentro de la chucha de la Dra., algo similar le ocurrió a Humberto que terminó gritando él y mi mujer,

- Mira lo que me has hecho puta de mierda, por tu culpa me han hecho maricón, mientras se deslechaba y le mamaba las tetas a la puta de mi mujer que gozaba con todo el espectáculo.

Mariana, empezó a gritar, con la verga de plástico metida en el culo de su marido,

- ¡Está riquísimo Abogado!, vamos lléname la chucha, hace mucho que este maricón hijo de puta, no me culea, si quiera unos seis meses, lléneme, lléneme, vamos, más leche, más, quiero toda, toda, toda, maasssssssssssssss; y se corrió en un orgasmo increíble la Dra. Le dejé todo el coño llenito de semen y la poca que me quedaba, ella mismo se arrodillo y me la sacó de la verga mamándola.

Carmen se cagaba de risa y me decía,

- Bien, esposo mío ahora que ya te has vengado, ¿quieres dejarnos en paz culear?

Me acerqué a la cama, levanté la mano y le metí otro golpe más en la chucha de mi mujer, que se retorcía de dolor en la cama y le dije boqueando:

- Te dije perra que te callaras, que esta noche iba a ser muy especial, puta de mierda, así que cállate y espera.

Habiendo terminado Mariana, le dije que se hiciera a un lado, me retiré a la pared y le entregué de la caja una cinta especial para embalaje, pero antes le di un juguete nuevo, le dije que estos los íbamos a necesitar en un rato, Mientras Humberto, echado en la cama, lloraba por el dolor y el placer que le había supuesto el pene de juguete en el ano, nunca había tenido esta sensación y la estaba, con dolor, disfrutando, lo peor era que no lo podía disimular y mi mujer, con sus complejos machistas, lo trataba como maricón; - Ahora te echas a llorar, maricón de mierda, pero mientras me lo metías, y te lo metían, bien que gozabas.

Le dije a Humberto que tenía que seguir culeando con mi mujer y que si no lo hacía, sin responsabilidad alguna, lo dejaba de tío, la perra de mi mujer saltaba de gusto, mientras Mariana y yo sentados en el sillón del dormitorio, empezamos un riquísimo “mameluco”, la puse a Marianita cabeza abajo, con sus piernas sobre mis hombros, como si se tratara de una mochila escolar, mientras ella en esa posición me mamaba la verga que la tenía a medio impulso y le ordené a la zorra de mi mujer que le empezara lamer el ano a Humberto que ya no quería tirar, claro con el arma siempre en la mano y apuntando a la cabeza del pene de Humberto, al principio Carmen se resistía, cuando le dije,

- Querida puta, a ti no te puedo matar y no quiero, pero la salpicadura que te vas a llevar en cuanto le dispare a Humberto, te harán ver como sospechosa, y recuerda, le dije en tono amenazador, que yo soy tu Abogado, y tendría que defenderte. Eso la dejó convencida y empezó a pasarle la lengua por el ano a Humberto que temblaba como hoja, mientras Mariana seguía mamándome la verga y me tenía cada vez más arrecho; pero como pasa en la vida, Humberto trató de echarse encima mío, así que disparé una bala que le rozó el muslo, me asusté y le dije;

- ¿Seguro quieres quedarte de tío? ¿O es que ya no se te para la verga, para culearte a mi mujer? ¿Puedes o no culear como antes?

Al sentirse herido en su amor propio, Humberto se fue al ataque, con la rozadura de la bala, que no la sentía por las hormonas que circulaban por sus venas; cuando ya estaba otra vez arrecho, se echo sobre la puta de mi mujer y empezó a mamarle las tetas, lo que puso arrecha a la perra de Carmen, que empezó a gemir mientras yo me corría en la boca de Mariana;

- Que rico mamas Mariana, eres una profesional en todos los aspectos, mama, ricura, que tienes unos labios hambrientos de amor y sexo, vamos, chúpame la verga, chúpamela, chúpala, chúpala, carajo, que me deslechooooooo; Marianita tenía la verga entera en la boca y creo que adivinando, se la dejó dentro y se tomó todo mi semen, se lamía los labios hasta que me dejó limpita la verga; mi mujer por su parte sentía ya las ganas de ser culeada y me miraba como solicitando aprobación para que Humberto ya se la clave, fue entonces que le dije a Mariana,

- Pásale este juguete a tu marido cariño; se lo entregó y le dije a Humberto, - Tienes que metérselo a la puta de mi mujer, cada vez que la veas o sientas gozando, la muy perra creyó que era un bibrador y me dijo.

- Siempre tan atento conmigo, pendejo, por eso te puse los cachos; me reí y cuando la puta de Carmen gozaba, Humberto prendió el juguete y le dije, méteselo por la chucha y Carmen de pronto sintió una descarga en su vagina que la hizo maldecir a Humberto; no era un bibrador, era un descargador eléctrico con forma de verga; - Cada vez que ella este gozando, le ordené a Humberto,

Mientras, sigue masturbándola; Humberto obedecía y Mariana, que ya se había pasado definitivamente a mi lado, me dijo,

- Eres un hijo de puta, Jorge, pero este par se lo merecen.

- Tu no sabes nada Mariana y escuchaba gemir de placer a mí mujer y Humberto que le daba una descarga con la verga eléctrica; cada vez era peor, pues ya no saltaba, si no que empezó a llorar, ya no le gustaba y comenzó entre lágrimas a decir;

- Te juro amor, que no seré más puta en mi vida, te voy a obedecer y ser fiel siempre, y Humberto le metía, la electro verga en la vagina.

- Esto es “Terapia para putas” como tu, le dije, pero aún falta más perra, le dije a Humberto que la diera vuelta y le metiera los dedos por el culo, Carmen empezó a sentir los dedos de Humberto que tantas veces la habían calentado y hecho gozar, para luego meterle la verga y la muy puta, enseguida se calentó.

- Dame verga papito, ya tengo el culo listo, vamos Humberto, métemela todita que me haces mujer, vamos Humbertooooooo,

Le gritaba, le dije a Humberto, que ya adivinaba mis deseos, con una señal, que le metiera el juguete por el ano, comenzó a jadear y Humberto le metió la electro verga y jiiiiiiiiizzzzzzzzz, la descarga en el culo, se lo metió de un solo golpe y lo encendió dentro varias veces; Carmen dio un grito horroroso que nos hizo saltar a Mariana y a mí; así estuvimos cerca de media hora.

- Hijo de puta, mal parido, yo que te he dado tanto placer con este mismo culo, ¿ahora me traicionas con este pendejo de mi marido al que siempre mandaste a la casa de la verga y del que te reías por cachudo? ahora tu también eres cachudo y maricón…; y Humberto le metía otra vez el juguetito en el culo y la puta de Carmen seguía saltando de dolor; luego de unos minutos, cuando vi que Carmen realmente estaba temblando en la cama de dolor y con espasmos, le dije a Humberto, que tenía la verga paradísima por la excitación, ahora culeate a tu mujer, y quiero que acabes dentro de ella. Mariana me quedó mirando sin saber que decirme y Humberto la tomó de la cintura, le alzó las piernas, para no tropezarse con el arnés y se la tiró, Humberto estaba muy arrecho, pero era más el miedo que el placer. Se deslechó dentro de Mariana y le dije,

- Ahora maricón, no podrás negar al hijo que le hice a Mariana hace un momento, pues hay semen tuyo también y deberás esperar al nacimiento de la criatura.

- Eres un cachudo de mierda hijo de puta, me gritó Humberto. Le dije que se callara y mientras tenía a su mujer metiéndole la verga, le dije a Humberto, te toca mamarme la verga, cachudo maricón.

Carmen, quien pensé que estaba desmallada, empezó a reírse y dijo,

- Esto es venganza papito, has que este marica te mame la verga, para que aprenda a ser honesto con las putas que se culea;

Humberto con el arma en la cabeza, empezó a cogerme la verga mientras se me paraba y la empezó a mamar despacito a mi orden hasta que la tuve bien tiesa;

- Ahora Humbertita, agarra la verga eléctrica y te la pasas por lo huevos de marica que tienes, mientras me culeo otra vez a tu mujer, que por cierto es mejor que la mía y está riquísima; hice que Mariana se quitara el arnés, la hice poner en cuatro y le hice poner la crema en el culo, Mariana que estaba súper arrecha de ver todo mi plan y de cómo había ella influido en mí, rehaciéndome de un pelele a un hombre capaz de todo, se abrió de patas y me entregó el culo,

- A Humberto, siempre se lo niego, pues es muy bruto el maricón este y me duele…, a ver Abogado que tal te portas conmigo; le fui metiendo muy lentamente la verga por el ano esperando con paciencia mientras el esfínter se le dilataba, - Despacio Mariana y la Dra. Iba gozando la verga que con cariño y sin fuerza bruto le iba rompiendo su casi virgen culito mientras me la bombeaba, hasta que la tuvo toda dentro y dio un grito.

- ¡Que rico!, aprende marica, le dijo a Humberto, esto es culearse a tu mujer, que verga tan rica Jorge, me estas haciendo tuya y me vas a hacer terminar y muy rápido, dame verga, sentía que los orgasmos se le venían a Mariana en seguidilla, mientras me seguía gritando, - dame, que quiero gozarla…, más que me estas haciendo volver loca, que rica verga, ancha y rica, me llena todo el ano, dame más verga, Jorge, dame más, papito, dame más; y Mariana se vino en un fuerte orgasmo que de un grito profundo lleno de sensualidad y pasión, me llegó hasta las sienes,

- Que ricoooo, me vengo Mariana, me vengoooooo,

- Dame la leche gritaba ella, dámela, dámela; pero giré el cuerpo y le grité a Humberto, abre la boca maricón sucio, abre que te la tienes que tragar, abre…; la leche la tenía aguantada con la mano, y le dejé toda la leche en la boca a Humberto que se la tuvo que tragar.

Terminé exhausto y Mariana con más ganas de tirar, le dije – Espera Mariana, toma la cinta de embalaje y ata a este par de cabrones con la cinta en el suelo, átale las manos a las espaldas y las piernas al maricón de tu marido y espera que me quiero culear a mi mujer antes que la ates; - Como ordenes Jorge, - ¡Ah! y quiero que me hagas un favor, toma la crema depiladora de mi mujer y quítate los pelos del culo; eres una señora muy hermosa con un cuerpo de envidia y este maricón sucio de Humberto te ha tenido oculta, en lugar de dejar que luzcas tu belleza; Mariana, como nunca, bañada en su propia vanidad de mujer hermosa y seductora, moviendo el culo obedeció, maniató a su marido, dejó sobre la cama a mi mujer que temblaba y se fue al baño, donde terminó de depilarse, la raja del ano y las piernas. Mi mujer temblaba sobre la cama cuando empecé a enterrarle la verga,

- A ver puta, ahora te voy a pasar la cuenta de todos estos años de infidelidades. Cada vez que le entraba la verga, sea por la chucha o por el culo, Carmen saltaba y no quería, se negaba, - Me duele y gritaba; - Pero zorra de mierda, no es que te gustaba culear y que te atiendan bien, ahora te estoy atendiendo; - No Jorge, no seas así, no seas malo, perdóname lo puta que he sido, me lloraba y casi sin poder hablar seguía, - No, que me duele y llorando la eché de nuestra cama mientras Mariana, salía del cuarto de baño, duchada, con aroma a perfume y bien depilada; ató a mi mujer, desnuda como estaba, en el suelo junto a Humberto, donde los dos temblaban como hojas y el resto de la noche, la Dra. Mariana y yo, nos pasamos tirando y haciéndonos felices el uno al otro.

Al siguiente día, que mi mujer ya se había repuesto, un poco de toda la noche anterior, me había ido con Mariana a vivir juntos; mi mujer recibió una Demanda de Divorcio por Adulterio (para eso era el video grabado) y una orden de desahucio de mi casa, por que la propiedad, había llegado a mí, como herencia y no era parte de la Sociedad Conyugal. Mariana se divorció de Humberto y al poco tiempo quedó embarazada de mí; yo era un hombre sumamente feliz, tenía una esposa inteligente, profesional, tan ocupada como yo, y a la que, de todas maneras, no descuidaba de darle verga y amor, todos los días, como auténticos amantes.

Mi mujer se curó de ser puta, pero al no tener profesión, ni oficio, al tiempo me enteré, que para no morir de hambre, estaba ejerciendo de puta en Quito. Humberto se ahorcó en prisión cuando otros reos trataron de culearselo, fue a dar allá, por ladrón, pues no tenía dinero y era Mariana quien lo había estado manteniendo.

LEXO



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