Tuve un desliz. Todo se acabó reduciendo eso, mi vida tal como la conocía acababa de cambiar para siempre por no ser capaz de mantener la bragueta cerrada.
Dejen que me presente, soy Rafa, tengo 27 años, hace 2 que estoy casado con una mujer maravillosa, Julia, ella es castaña, ojos marrones centelleantes, labios carnosos, nariz respingona (aunque no tanto como su perfecto culo), se le forman dos hoyitos en las................. mejillas al sonreir, cintura de avispa, pechos pequeños pero firmes, piernas rectas y fuertes y una tripita perfecta donde incluso se empiezan a dibujar sus abdominales, conseguidos después de las muchas horas que se pasa machacándose en el gimnasio... En resumen, parece sacada de una peli americana donde son todas perfectas. No sólo eso, sino que además es de una familia con mucho dinero. Gracias a eso, justo después de la boda, su padre me colocó como director ejecutivo en una sucursal de la empresa en Valencia.
Los primeros meses de matrimonio iban como la seda, nos complementábamos a la perfección, los dos éramos felices en nuestros respectivos trabajos y además ganábamos un buen sueldo, habíamos hecho amigos enseguida en la ciudad, nuestro piso era grande y luminoso y no nos cansábamos de hacer el amor, era algo constante, o, mejor dicho, salvaje, probábamos de poner nuestros cuerpos al límite intentado adivinar si nuestro cuerpo tenía una cantidad tope donde decía basta. Yo estaba como en una nube permanente dando gracias por toda la suerte que estaba teniendo en mi vida.
Al cabo de 1 año más o menos la secretaría con la que venía trabajando cogió la baja, nunca supe por qué, así que enviaron una sustituta, el día que la vi quedé anonadado, era rubia, esbelta, alta, ojos azules, cara de princesa de cuento de niños, pechos grandes al igual que su culo (lo más parecido en la vida real que he visto al culo de Jennifer López), medía 1,75 mas o menos. En fin, si mi mujer era de peli americana, mi secretaria parecía sacada de los vigilantes de la playa, el único posible defecto que podía tener eran sus manos, quizás excesivamente grandes.
Curiosamente al mes de estar trabajando con esta chica nueva (Ana) el ritmo frenético en cuestión de sexo que llevaba con mi mujer empezó a disminuir, primero pasamos a hacerlo solo una vez al día, pero la cosa cada vez iba a peor hasta que llegó un momento en que prácticamente nuestras sesiones de sexo se reducían a los sábados por la noche.
Cada vez estaba más salido, siempre he necesitado una gran dosis de sexo así que empecé a masturbarme con frecuencia, primero sólo pensando en mi mujer (ya que si lo hacía pensando en otra mi subconsciente me provocaba una sensación parecida a si estuviera siendo infiel) pero más tarde se unió a mis fantasías onanistas Ana, la secretaría.
A partir de ese momento empecé a verla diferente, no sólo como una obra de arte por su belleza, sino también como una fiera en potencia. Además creo que yo le atraía, siempre iba bien vestida aunque provocativa, las faldas siempre eran un pelín más cortas que lo marcado por la decencia, la blusa siempre tenía un botón desabrochado de más... No perdía la ocasión para soltarme algún piropo, aunque lo que más loco me volvía eran esos momentos donde se quedaba medio embobada mirándome de soslayo pensando que yo no me daba cuenta. De todas formas yo me debía a mi mujer y no podía caer en esas garras (maravillosas garras por cierto).
Un día se acumuló mucho trabajo en la empresa, de tal forma que me tenía que quedar trabajando hasta muy tarde. Lógicamente telefoneé a mi mujer y le avisé que esa noche no me esperara despierta, que se me había girado mucho trabajo y que llegaría pasada la medianoche, ella lo entendió aunque se hizo la remolona, me dijo que esa noche tenía ganas de fiesta... ¡¡¡pero si hacía un mes que me tenía a pan y agua!!! Por un momento pensé en dejar el curro e ir a mi casa para satisfacer mis ansias, pero ese trabajo exigía mucha responsabilidad y no podía quedar mal con mi suegro que siempre se había portado genial conmigo.
Sobre las 10 de la noche me entró gula y le dije a Ana que bajará al japonés de enfrente de las oficinas y trajese algo de comer... Ese fue el momento en el que brotó la chispa en mi cabeza, ver como se alejaba con sus vaqueros ceñidos, el tanga que se veía por encima de los mismos, y el top blanco escondiendo esos enormes pechos... ufff... me puse a mil solo de pensarlo. Tenía una erección de caballo así que nada más vi que se montaba en el ascensor saqué mi pene y empecé a masturbarme... Estaba tan ensimismado en mi labor que no me di cuenta que Ana había regresado hasta que abrió la puerta y soltó una exclamación:
Ah!! ¿pero que esta haciendo señor?
Yo rojo de vergüenza solo aclaré a decir que cerrase la puerta. Ella seguía firme en el quicio.
Es raro ver a un hombre tan apuesto como usted recurriendo a los trabajos manuales. Y más teniendo esa esposa preciosa que usted tiene.
En ese momento le confesé que hacía mas de un mes que no tenia contacto carnal con mi mujer, todo esto en un semiestado de shock y con mi polla en la mano.
Pues eso no está bien, el trabajo de toda mujer es atender a su marido. Si quiere.... si quiere.... si quiere yo le puedo ayudar con lo que está haciendo.
No me podía creer nada de lo que estaba pasando, era incapaz de articular palabra, lo que ella entendió que era un sí tácito. No lo dudó, se arrodilló delante de mi y empezó a jugar con mi polla entre sus manos. La visión desde mi sillón era espectacular, veía las manos de Ana subiendo y bajando por mi miembro y además también podía ver su escote con esos pechos enormes que hacía tiempo que me habían cautivado. Empecé a reaccionar y a disfrutar de ese momento, lentamente le cogí de su cabeza y la dirigí hacia mi glande, cosa que ella aceptó gustosa, simplemente sentir el aliento de su boca y nariz en él me corrí profusamente. Justo en ese momento...
¿Qué está pasando aquí?
No me lo podía creer, Alba estaba en el mismo sitio donde Ana me había pillado masturbándome, pero ahora la situación era mucho más comprometida. Ana se giró par ver quien le chillaba y mi mujer pudo observar su cara prácticamente llena con su corrida.
Fuera de aquí puta!! A ti no te da vergüenza, me apiado de ti y decido traerte la cena, y ¿qué es lo que encuentro? Una fulana chupándote el rabo!! A saber la de veces que me has corneado!!
Cariño... veras....
Ni cariño ni hostias. Ya verás cuando se lo cuente a mi padre... lo poco que vas a durar en esta empresa, casi tan poco como lo que va a tardar en llegar el divorcio.
En ese momento no sabía que hacer, mi única reacción fue ponerme de rodillas y abrazando sus pantorrillas pedirle perdón. Ella seguía lanzándome insultos desde arriba y además aprovechó mi postura para darme un rodillazo en toda la cara. Acto seguido caí al suelo.
Eres un perro, nunca pensé que me podrías hacer algo asi.
Si cariño, me he portado muy mal. Lo siento, es la primera vez que pasa...
No me lo creo, de hecho estoy segura que llevas tirandote a esa puta mucho tiempo.
Que no cariño, te lo juro, nunca me la he tirado.
No mientas gilipollas!- Tras lo cual me dio otra patada en la cara.
Desesperado me lancé a sus pies implorando de nuevo perdón, no sabía que hacer sólo se me ocurrió empezar a besarle los zapatos mientras imploraba su clemencia. Parece que ese gesto le gustó ya que dejó de insultarme y se relajó. Me hizo retirar un poco mi cabeza y se descalzó. Yo entendí la indirecta y empecé a saborear el aroma que desprendían sus pies. Fui besando poco a poco cada uno de sus dedos (con las uñas pintadas de rojo). Ella me dio una leve patada en la boca para que dejara de hacerlo y se dirigió a mi sillón (donde momentos antes había cometido mi falta) una vez allí volvió a extender su pie que yo devoré con locura, además ella iba forzando su pie en mi boca hasta el punto que consiguió que medió empeine suyo estuviera entero dentro de mi.
Perrito, si haces todo lo que te digo durante un tiempo olvidaremos tu falta. Sabes que te has portado mal y que por lo tanto mereces un castigo. Deja de chupar mis pies ahora mismo, apoya el pecho en la mesa y bájate los pantalones.
Dicho y hecho, no me atreví a dudar. Vi como cogía algo de la estantería...
Como te has portado mal y soy partidaria de la educación tradicional te voy a dar el correctivo que les daban a nuestros padres en el colegio. No sé como cuantificar el daño que me has hecho, pero eso tiene fácil solución, los días que has estado sin hacerme el amor, 28. (Pero como podía decir eso? Era ella la que llevaba rehuyéndome durante un mes!!) Quiero que cuentes.
En ese momento noté como algo frío y de plástico me golpeaba fuertemente las nalgas. Deduje que se trataba de una de las muchas reglas que tenía en el despacho. Lentamente empecé a contar. Los golpes caían con fuerza y mi cuerpo embestía hacia delante con cada uno de ellos, esto provocaba que mi miembro fuera rozando el vidrio de la mesa y empecé a tener una erección. Era una sensación extraña, por un lado el fuego que quemaba mis nalgas y por el otro el frío cristal en contacto con mi glande. Mis ojos lloraban por el dolor pero mi boca tenía una media sonrisa por el placer que me estaba proporcionando. Mientras seguía la catarva de golpes no lo pude evitar y me corrí sobre mi mesa al mismo tiempo que olvidé contar el reglazo. Mi mujer tiró con fuerza de mi pelo levantando mi cabeza y preguntándome por qué había dejado de contar, justo en ese momento se dio cuenta de mi corrida en la mesa. Puso una cara extraña, creo que no se esperaba que ese castigo físico me gustara.
Vaya, así que a la perrita le gusta que le den cachetes en el culo. Pues tú tranquilo, que te vas a hartar este tiempo de recibirlos. De todas formas si esto te gusta no puedo castigarte así, esto es lo que vamos a hacer, vas a ponerte un poco hacía detrás, justo para que tu nariz y tu boca estén sobre tu corrida, y te voy a atar las manos a las patas de la mesa. Te tendré en esa posición hasta que me canse e iré jugando un poco contigo.
Me dejé hacer, hacía ya mucho rato que había perdido mi fuerza de voluntad, era un mero pelele en manos de mi mujer. Anudó fuertemente mis manos e hizo lo mismo con los pies, los ató a cada lado de la mesa de forma que mis piernas dibujaban una V invertida. Se quedó pensativa un rato, mirándolo todo desde la lejanía. Noté como revolvía en su bolso... me inquieté. Sus manos empezaron a separar mis nalgas y me introdujo un objeto pequeño en mi ano, no debía ser más grande que un lápiz de labios. Yo estaba otra vez con esas sensaciones contradictorias, por un lado me dolía a pesar de su poco tamaño, por el otro me encantaba como atestiguaba mi polla otra vez en plena erección. Ella se volvió a separar riendo, y se sentó en el sillón justo enfrente de mi.
Vaya, eres mucho más puta de lo que creía, si con mi barra de labios estás gozando así un día te daré el placer de probar un consolador de verdad. No te pongas rojo cariño, es algo que le pasa a muchos hombres. Además tengo una sorpresa para ti. Mira.
Sacó una especie de mandito de su bolso, no sabía lo que era. Justo en el momento en que accionó el aparato el objeto que tenía dentro de mi se volvió loco. Vibró con muchísima fuerza, lo que me provocó dos reacciones. La primera correrme de nuevo, la segunda desmayarme por el placer que estaba sintiendo.
Se agradecen todo tipo de comentarios.
Autor: Rafa rafa_marqueze@hotmail.com