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La prueba (1: La llegada)


Y pasó el tiempo. La relación con mis compañeros era satisfactoria en líneas generales, aunque de vez en cuando caía algún que otro castigo. Pero, como nunca era inmerecido, lo aceptaba y lo resistía lo mejor que sabía.

Ellos me habían advertido que querían que pasase una prueba, para demostrarles que realmente quería ser su sumisa sin ningún tipo de dudas. Como es lógico, yo dije que me expondría a cualquier............  cosa. Lo que no sabía es que no iba a tratarse de nada parecido hasta el momento...

Había follado con gente desconocida, en sitios normales, en sitios públicos y por todos mis agujeros hasta la saciedad. Había sido castigada, vejada y humillada a placer, privada de orgasmos y de privilegios y, por supuesto, recompensada en muchos aspectos. Pero nunca, nunca jamás hasta entonces, había sido cedida a terceras personas durante más de dos o tres horas sin estar alguno de ellos delante. Y mucho menos durante días.

En eso consistía la prueba. Un fin de semana lejos de mis compañeros, sometida a placer a unos desconocidos (desconocidos, para mí. Suponía que ellos sabían bien a quienes me cedían). Y esos mismos que iban a usarme serían quienes dieran el veredicto final: si había superado con éxito el fin de semana, sería la puta de mis compañeros sin ningún tipo de duda. Si no, habría servido para demostrar que no valía para ello y empezaríamos a vivir separados. Si el resultado era negativo, ya podía despedirme para siempre.

Salíamos el viernes por la noche. No tenía que llevar equipaje, ni siquiera ir vestida. Únicamente llevaba una camisa, una gabardina que me llegaba por debajo del culo, y unas sandalias negras de mucho tacón. Por supuesto, ni bragas ni sujetador.

Llegamos a una gasolinera cercana, ya para coger la autopista. ¿Teníamos que salir de la ciudad? No pregunté nada. Jorge se bajó y me abrió la puerta.

- Sal – me ordenó.

Obedecí, situándome junto a él. Había poca gente. Miré con curiosidad, buscando alguien conocido con la mirada.

- ¿Me vas a dejar aquí?

No contestó. Un coche oscuro se detuvo en las inmediaciones, pero no me dio tiempo a ver nada. Jorge se situó delante de mí y me tapó los ojos con un pañuelo. Oí pasos. Voces desconocidas. Una risilla. Susurros. Más pasos que se me acercaban. Me puse tensa.

Jorge se pegó a mí por detrás, sobándome. Me desabrochó el cinturón de la gabardina. Tuve miedo de que me la quitase ahí, en medio. Por lo que había visto antes de taparme había poca gente, pero, ¿quedarme sin ropa de cintura para abajo? Ni yo me quejé ni él me la quitó.

- Aquí te quedas, putita. Haz que nos sintamos orgullosos.

- Lo haré.

Deseé que me besara, pero no lo hizo. Sólo oí un susurro, una puerta cerrarse y el sonido del motor alejándose. El desconocido se situó detrás de mí. Oí otra puerta abrirse. Me quitó la gabardina, ahí en la calle, pero enseguida me hizo entrar en el coche. Esperaba que nadie me hubiese visto. Quienquiera que fuese el que iba conmigo, no hablaba. Oía su respiración, y su olor y su brusquedad me revelaban que era un hombre. Me abrió la camisa. Sobó mis tetas, pellizcando mis pezones, y me puso el cinturón de seguridad.

La portezuela sonó al otro lado y arrancó el motor. Pudo haber fácil una hora de camino, y en todo el trayecto no despegó los labios. Ni siquiera cogió el móvil cuando sonó. Aunque es evidente que no debe cogerlo conduciendo, yo sabía que había otra razón: no quería que le oyese hablar. Durante todo el trayecto me ignoró. Sólo me pellizcaba las tetas y me tocaba la entrepierna de vez en cuando para asegurarse de que iba con ellas abiertas.

En un momento dado aparcó. Me quitó el cinturón, abrió mi puerta y me agarró del brazo con brusquedad para hacerme salir. Me quitó la camisa. Bajé la cabeza, avergonzada. Estaba en la calle desnuda. ¿Sería un jardín? ¿O podía verme gente?

Sentí algo alrededor del cuello, parecía una cuerda vieja. Y unas manos rudas en mis hombros haciendo presión hacia abajo. ¿Quería que me arrodillara? Lo hice, notando el césped en mis rodillas. Tiró de la cuerda y adiviné que quería que anduviese a cuatro patas. Esperaba entrar en una casa, pararnos en alguna parte, pero tuve la sensación de que me hacía dar vueltas en redondo. Entonces fue cuando oí por primera vez su voz contrariada:

- ¿Quieres mear ya?

Di un respingo. Efectivamente, esa voz dura, autoritaria, rasposa, no era de nadie conocido. Sólo había dicho tres palabras, pero eran suficientes. Parecía un hombre bastante mayor que yo, seguramente pasados los cuarenta.

No tenía ganas de hacer pis y además estaba nerviosa, pero de uno u otro modo conseguí hacerlo, porque adiviné que sería la única oportunidad en, por lo menos, unas horas.

Cuando se dio por satisfecho entramos en la casa, o lo que fuera. Lo primero que noté fue el suelo cálido de madera, y después el tacto de una alfombra, suave. Claro que no duró mucho, porque sentía los tirones de la cuerda, impacientes.

Ya estaba segura de que no conocía a ese hombre. Entonces, ¿por qué no hablaba, si no tenía que ocultarme su voz? ¿Para ponerme nerviosa?

Empezaba a cansarme y él se ponía nervioso, tirando más de la cuerda.

- Más deprisa, puta.

Desde luego hablaba poco, pero cuando lo hacía me sobresaltaba. Continué moviéndome, intentando complacerle. Menos mal que llegamos pronto a una habitación. Lo supe porque abrió una puerta, y el tacto del suelo volvía a ser cálido, aunque áspero.

Me cogió de las axilas para ponerme de pie. Éramos más o menos de la misma altura, así que empezó a frotar compulsivamente su entrepierna contra mi culo. Llevó las manos a mi cabeza y me deshizo del pañuelo que me tapaba la cara.

Di un respingo. Delante de mí había otros dos hombres, desnudos y con la cara tapada. Se acercaron a sobarme a base de bien. Uno se dedicaba a las tetas, pellizcándolas con fuerza y mordiéndolas, y el otro buscó mi coño con los dedos.

El hombre que me había llevado hasta allí se puso delante de mí. No me atreví a mirarle, bien sabía yo que debía tener siempre la mirada baja, pero no le conocía de nada, estaba segura. Se desnudó lo más deprisa que pudo.

Había, pegada a la pared, una cama pequeña. Me hicieron caminar hasta allí y me obligaron a ponerme a cuatro patas. Oía sus respiraciones jadeantes, y uno de ellos, el mismo que me había chupado y mordisqueado las tetas y los pezones, me tiraba del pelo hacia atrás y me mordía el cuello mientras yo me dejaba hacer. Intentaba no dar muestras de dolor ni de placer, pero el cuello era uno de mis puntos débiles y se me escapó un gemido. Ellos se sonrieron.

El que me había llevado hasta allí, el \"líder\", por así llamarle, jadeándome en el oído me puso a cuatro patas. No tardó mucho en empezar a sobarme el coño. Me metía dedos y los sacaba con rapidez, hasta el fondo, pringándome de mis jugos todo el culo. Empezó a meter un dedito por el culo. No solía gustarme que me penetraran por ahí así, sin haber por lo menos follado primero, pero empezaba a estar muy cachonda. Además, se suponía que, si quería pasar la prueba, tenía que estar en silencio.

Tampoco me habría dado tiempo a quejarme porque enseguida se me clavó una segunda polla en el fondo de la garganta. El susodicho me agarraba del pelo y me la metía hasta casi ahogarme. No es que fuera excesivamente grande, no era nada del otro mundo, pero se empeñaba en metérmela entera y me dejaba ahí unos cuantos segundos, sin poder respirar. Di una arcada.

- Dicen que eres buena mamadora así que no hagas tonterías.

Enseguida cogí su ritmo. Me tiraba del pelo con las dos manos, y cuanto más jadeaba más daño me hacía. Empecé a succionar un poco y a pasarle la lengua lentamente alrededor del glande, tragando con avidez todo lo que iba saliendo.

Entonces lo noté. La polla del que estaba detrás de mí sustituyó al dedo que me metía con cuidado por el culo. Me asió de las caderas y empezó a penetrar. No podía evitar ponerme un poco tensa, pero hice todo lo posible para relajarme.

- Hummmm, qué culito, aún está estrechita, chicos.

- Ya nos ocuparemos de dárselo de sí.

Se reían. El que faltaba por penetrarme se estaba masturbando delante de mi cara, al lado de su compañero.

- ¿No te la follas?

El aludido asintió con la cabeza.

- Luego, cuando terminéis, me gusta disfrutar del espectáculo. Quiero que me cabalgue ella.

Justo cuando volví a alojarme la polla del segundo en lo más profundo de la garganta, noté una embestida por detrás, rompiéndome el culo, y clavándomela del todo. Intenté gritar pero me ahogaba.

- Mira, quiere gritar pero tiene la boca demasiado llena – dijo el que me la follaba, riéndose.

Pasaron un buen rato así, follándome por los dos lados. No sé ni cómo se me ocurrió, pero de pronto me encontré llevando una mano a mi coño empapado. El que se pajeaba me la quitó.

- De eso nada zorrita, eso lo tengo que catar yo.

- Lo.. lo siento.

El hombre que tenía detrás empezó a gemir con fuerza y a palmearme el culo, azotándolo con saña. Me asía de las caderas y me la clavaba hasta los huevos. Claro que a mí ya no me dolía. A pesar de la polla que me llenaba la boca, se oían mis gemidos ahogados. Cuando los azotes se volvieron más fuertes e incluso me arañó, noté un chorro de semen.

- Ahí va zorra, ya estaba yo deseando probar un culito tragón, que no se escape... ¡Aaaaah síííí, eso es ordeñar un rabo, joder!

Cuando me la sacó me apretó el culo, una nalga contra otra.

- Que no se salga, te lo advierto.

Apreté el culo con todas mis fuerzas, y al poco tiempo noté los espasmos de la polla que me llenaba la boca.

- La segunda ración de leche de la noche, traga, no dejes ni rastro.

Cuando terminó de correrse sacudió la polla en mi cara. Muchas pollas me habían hecho comer en los últimos meses como para no saber lo que significaba, así que me afané en dejársela reluciente, en usar la lengua para lamer cualquier resto de semen.

El primer hombre volvía a estar en mi culo.

- Puedes parar – dijo.

Sentí su mano tocándome el culo. Cuando lo relajé su leche empezó a salir abundantemente y la recogió con la mano. Vino hasta mi boca.

- A ver como lame la perrita.

Me puso la mano delante de la cara, pringada y me tocó las mejillas y la frente, manchándome. Cada vez que sacaba la lengua me alejaba la mano.

- Pero zorra cógela.

- Lo siento.

Los tres se reían, y por fin me acercó la mano para que pudiera lamerla a conciencia.

- Bueno, ya me toca, ¿no? – dijo el tercero, que lo único que había hecho era sobarme.

Estaba sentado en una silla y vi que tenía una regla de madera en la mano. Yo continuaba quieta, esperando que llegara hasta mí.

- Venga coño, quieres venir – espetó él, impaciente.

Fui corriendo, avergonzada, y me quedé delante de él.

- ¡Vamos! Móntala, quiero que me cabalgues tú.

Era la más grande de las tres, y sobre todo bastante gorda. Me dejé caer en ella y entró de un golpe seco. Gemí.

- Cabálgala, yegua, que dicen que eso de follar es lo mejor que sabes hacer.

Empecé a dar botes con su polla dentro, mirando la regla, temerosa.

- No si al final de lo mojada que está la muy zorra se le va a salir el rabo – dijo el chico, riéndose. Me dio un reglazo en el pezón derecho – ¿no te da vergüenza ser tan puta? Seguro que es ver un nabo y espatarrarte, ¿eh? ¿A que sí? ¿A qué te pasarías la vida siendo jodida a placer, zorrón?

- Sí, me pondría muy caliente.

- Cachonda perdida es lo que te pones tú... ¡Vamos, potra, cabalga!

Me marcaba el ritmo con reglazos en las tetas, haciendo especial hincapié en los pezones. Era una sensación extraña, me dolía muchísimo al cabo de unos diez golpes pero sentía placer. Dejó de darme golpes y me pellizqué los pezones doloridos. Él se echó a reír.

- Si quieres dejo de maltratarte las tetas, me corro y me voy ya.

- ¡No! Por favor, no.

- ¿Qué quieres, golfa?

- Que me sigas... azotando... y follando...

- ¿Y correrte?

- Solo si me dais permiso para... aahhhh... para ello.

- Pero miradla tíos que no sabe hablar sin gemir.

Cuanto más me humillaban, más se reían y más continuados eran los golpes en mis pezones mas cachonda me ponía. Empecé a frotarme el coño hacia delante y hacia atrás, excitándome como una loca.

- Por favor... necesito correrme...

- No hasta que reconozcas que eres una zorra.

- Sí, sí, claro que lo soy, soy una zorra, soy vuestra puta y me encantará que me uséis como os dé la gana, que me use quien quiera, sólo pienso en correrme...

Los dos que observaban se reían haciendo comentarios grotescos sobre mí. El que me follaba me agarró un pezón con cada mano estrujándolos a lo bestia. Me dolían mucho, estaban rojos y me palpitaban, pero irremediablemente seguía mojándome.

- Córrete cabalgándome, perra. Que se te oiga bien.

Empecé a dar botes, arriba y abajo, mientras él tiraba de mis pezones hacia abajo, sádico, y a gritar escandalosamente. No solía gritar tanto, pero estaba tan cachonda – también debía influir que me habían tenido dos días follándome y excitándome sin dejar que me corriera, hasta el punto de que la noche anterior hasta me dolía de aguantarme – que sólo sabía pedir que me follaran más y más.

- ¡Toma polla, puta! – gritaba el que me tenía ensartada, rebotando sus huevos en mi culo.

- Sí, destrózame, soy toda vuestra, ¡dame mááááááás, sí!

Fue tal el orgasmo que, cuando me soltó los pezones, que era prácticamente lo único que me sujetaba, me caí al suelo, exhausta. Me agarró del pelo para levantarme y allí, sentada en el suelo con la cabeza apoyada en la cama, lo único que pude hacer fue abrir la boca para recibir su leche en la garganta. Después se la lamí, como hiciera un rato antes para limpiársela. Correrme tan brutalmente me había dejado agotada.

Me dejaron ahí tirada en el suelo, no sin antes hacerme una advertencia.

- Hasta mañana zorra, te vendremos a buscar tempranito. Por cierto, como dentro de un ratito ya estarás recuperada, te lo aviso: si se te ocurre aunque sea pensar en sobarte el coño sola, lo sabremos, y el castigo será apoteósico, por no hablar de que te vemos mudándote de casa.

Cuando cerraban la puerta tras de sí y oí que echaban la llave, vi una cámara encima de la puerta, enfocándome directamente. Me pregunté si habría más, pero no me dio tiempo a mirar. Estaba tan agotada que caí rendida.

Ya habría más sorpresas durante los próximos dos días...

CONTINUARÁ

Para cualquier duda, comentario, etc... s4ndy88@hotmail.com

Podéis agregarme al msn pero abstenerse gente que pide cam, no la pongo.



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