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La primera vez de Rosarito 2


Transcurrían los últimos días de aquel tórrido verano, eran las 12 horas del día martes cuando Mario entro a las coquetas oficinas de la inmobiliaria de Don Julio, necesitaba hablar urgentemente con el, se acercaba la fecha de las elecciones para elegir presidente en el exclusivo club y sociedad de beneficencia del pueblo, y Mario, que se iba a presentar como alternativa a la actual conducción, necesitaba el voto de ese hombre, todos sabían que el ya tenia su candidato, una persona allegada a su entorno que le permitiría seguir haciendo sus negociados dentro de la institución, la única alternativa era hacer algo como para tenerlo en las manos y obligarlo a cambiar su voto, con esa intención lo estaba visitando, la única forma que tenia en mente, conociendo sus gustos, era armarle un encuentro a escondidas con una mujer, siempre se prendía en ese tipo de cosas, pero no tenia que ser con cualquier mujer, si era alguna de esas que el conocía............... y que aceptaban gustosas ese tipo de reuniones non santas al viejo no le importaría que lo descubrieran, se reiría si alguien pensara asustarlo con mostrar imágenes de eso, a la edad de el se le perdonaban muchas cosas, en cambio si era con Rosarito, una niña tan jovencita al lado de el, hija de una familia muy conocida y respetada en todo el pueblo, seguramente que su reacción seria otra, preferiría mantenerlo bien, pero bien oculto, de saberse algo de esa magnitud, como que el se llego a acostar con una criatura tan joven, seria su perdición, registrando ese encuentro con una maquina fotográfica solo seria cuestión de que supiera de su existencia para conseguir de el lo que se quería.

El próximo fin de semana tenia la casa a su disposición, Mario ya sabia que su esposa y su hija Virginia se iban el día viernes a la ciudad y no regresaban hasta el día lunes, tenia que aprovechar esa circunstancia, solo le faltaba convencer a Don Julio para que fuera a visitarlo el día domingo por la tarde, le diría que lo invitaba porque quería darle una sorpresa y no le contaría nada más, no tenia que saber que la sorpresa era Rosarito, si el viejo se enterara podría asustarse y buscar una excusa para no ir, el la conocía muy bien y sabia que ella todavía era una niña muy jovencita, cuando la veía por la calle nunca dejaba de mirarle el trasero, pero lo hacia con mucho disimulo como para evitar las criticas de la gente.

Don Julio acepto enseguida la invitación, le brillaban los ojitos calculando que \"la sorpresa\", conociéndolo a Mario como lo conocía de hacia tantos años, seguramente seria pasar unos buenos momentos en compañía de alguna linda mujer aprovechando que su familia no estaba en la casa, esa era la diversión preferida del anciano y de muchos hombres de aquel pueblo, sobre todo los domingos por la tarde, lo que jamás podía llegar a imaginar era \"quien\" seria esa mujer, el destino le tenia reservada varias sorpresas para ese día.

Mario, después de haber conseguido que Don Julio le aceptara la invitación, llamo por teléfono a Rosarito, le pidió que por favor fuera por la empresa donde el trabajaba que necesitaban hablar, pero que fuera sola, que se desprendiera de la hija de el, Virginia, con quien andaba todo el día juntas en esa época de vacaciones.

Ella demoro solo 30 minutos en llegar, apenas entro y se anuncio en la recepción, Mario, que la estaba esperando impacientemente, la saco de la vista de las miradas indiscretas del resto de los empleados y la llevo a su oficina privada, no iba a ser fácil conseguir que la niña aceptara lo que el quería proponerle.

Trataba por todos los medios de convencerla, le decía que si realmente lo quería tenia que hacerle ese favor, y le recordaba lo que había prometido, que si el guardaba el secreto con respecto a lo que había pasado entre ellos y nadie se enteraba, ella estaba dispuesta a hacer todo lo que le pidiera, igualmente, y pese a todo, Rosarito no quería saber nada, le parecía terrorífico lo que le estaba proponiendo.

---\"No Mario, por favor, como me pides que me acueste con otro hombre y que haga cositas en la cama con el, yo pensé que me querías para ti solo, contigo hago lo que quieras, a eso me refería en mi promesa, ¿pero acostarme con otro?, como se te ocurre, esas cosas no me gustan, ni me entran en la cabeza, de solo pensarlo me dan nauseas, además ese hombre que tu dices esta tan gordo que apenas puede caminar, es horrible y ya esta muy grande, parece mi abuelo, además no te olvides que el conoce a toda mi familia, habla con mi padre todos los días por los negocios que tienen, y también mi madre los visita con frecuencia en su casa porque se hizo amiga de Doña Carmen, la esposa de el, que va a pensar cuando me vea en tu casa, ¿y si después se entera la gente de eso?, te imaginas, seria espantoso\".---

---\"Mi niña, nadie va a saber de esto, ¿o acaso alguien se entero de nuestro encuentro?, y este hombre tampoco va a pensar mal de ti, te va a desear tanto cuando te vea que va querer acostarse contigo sin importarle más nada, y en cuanto a que es muy mayor, mejor para ti, a esa edad apenas que te tocan y enseguida acaban, veras que la vas a pasar muy bien, no te equivocas al pensar que te quiero para mi sola, es así, de verdad, me va a dar muchos celos verte con el, yo también me voy a sacrificar, sabes lo que me va a costar ver como ese hombre va a tocar tu cuerpito sobre mi propia cama y en mi casa, pero necesito hacerlo porque no tengo alternativa, hay mucho en juego y necesito tu ayuda, cuando seas mas grande lo vas a entender, además ese día yo voy a estar ahí contigo, no te voy a dejar sola, y después que el se vaya podremos hacer todas esas cositas que a ti te gustan, sabré recompensarte, y sabes que yo cumplo con lo que digo\".---

Rosarito se acordaba bien de la promesa que había echo, y la verdad que Mario le había cumplido, nadie se entero del encuentro que habían tenido y donde ella le entrego a el su virginidad, además, a pesar de que el era el padre de su amiguita y un hombre mayor, a ella le gustaba y no quería perderlo.

---\"Esta bien Mario, no puedo negarme, yo también cumplo mis promesas y además te quiero, eso si, no me dejes sola con ese hombre, por favor, quiero que tu estés ahí a mi lado y me prometas que me cuidaras y que me harás muchos mimos, cerrando los ojos voy a pensar que estoy sola contigo haciendo el amor, así como lo hicimos mi primera vez, hace tan poquito, ¿te acuerdas, no?\".---

Mario sonrió sabiendo de antemano que por supuesto que iba a estar junto a ella, tenia que estar ahí para sacar las fotos que necesitaba y dejar registrado ese momento cuando el anciano le echara un polvo a la niña, la abrazo muy fuerte, y mientras le daba un beso en la boca con las dos manos le acariciaba el trasero por debajo de la mini.

Le dio todos los detalles de lo que quería que ella hiciera ese día, lo ultimo que le pidió antes de despedirse fue que el domingo estuviera temprano en la casa para ya estar ahí cuando llegara Don Julio a las 15 horas, y que se pusiera la mini mas cortita que tuviera en su guardarropa y un trajecito de baño bien sexy para impresionar al viejo.

Ese domingo amaneció algo nublado pero se fue despejando, con el sol a pleno la temperatura subió a tal punto que la mayor parte de la gente, aprovechando el feriado del día, se marcho buscando lugares de camping donde hubiera espejos de agua para refrescarse, a esa hora las calles estaban desiertas, nadie vio a esa escultural muñequita que, saltando y cantando bajo los rayos de sol que caían a pleno, se dirigía desde su casa a la casa de su amiguita Virginia, Rosarito llego a lo de Mario a las 14 horas después de haber almorzado en su casa, la excusa que dio para marcharse fue que pasaría el día en la casa de su amiga y en la pileta como lo hacia siempre, nadie en su familia lo puso en duda, no sabían que ese fin de semana Virginia y su madre se habían marchado a la ciudad y no regresaban hasta el día lunes, y si por las dudas pasaban a buscarla en algún momento ya habían quedado con Mario que el la cubriría diciendo que recién se habían ido las dos y que Rosarito ya se estaba marchando a su casa.

Mario la vio llegar, zapatillitas rosadas, mini de tela de jean, remerita blanca cortita y ajustada al talle, al instante tuvo una erección, la niña traía puesta una mini tan cortita que sus ojos no podían creer lo que veían, mirándola de espaldas se le veían nítidamente, allí arriba, donde terminaban sus torneadas piernitas, sus hermosas y paradas nalgas, que además quedaban al descubierto porque la parte de abajo de su malla, en la parte de atrás, tenia solo una tirita que se perdía entre esas carnes, era una criatura espectacular, realmente parecía una barbi de carne y hueso, con un rostro angelical, unos labios gruesos y bien carnosos, enormes ojos color miel, y con su cabellera rubia cayendo sobre una piel dorada que le cubría ese cuerpito perfecto, Mario no pudo resistirse, tomándola entre sus brazos comenzó a besarla en la boca, apoyo sus labios en los carnosos y húmedos labios de ella, mientras la besaba fue bajando las manos hasta apoyarlas sobre la suave y tibia piel de ese imponente y redondo trasero, para sentirlo mejor lo agarro de las nalgas con las dos manos bien abiertas, de paso la apretó contra el para refregar su pene en el pubis de ella.

Estaban impacientes aguardando la llegada de Don Julio, el viejo era un hombre de 72 años, cuentan que siempre llevo una muy buena vida producto de la herencia que le dejaron sus padres y del negocio de inmobiliaria que administraba desde que todos tienen memoria en el pueblo, su físico no era muy agraciado, tenia todavía mucho cabello, pero totalmente blanco de canas, bajito de estatura, apenas 1,68 metros de altura, tenia una tez blanca, pálida, su piel se veía porosa, siempre transpirando a causa de su notable gordura que se le notaba sobre todo en el enorme abdomen y en las piernas, que de tan gordas que eran siempre las llevaba abiertas al caminar, era muy respetado en el pueblo sobre todo porque muchos se tenían que financiar con el cuando el banco ya no les prestaba, lo que todos sabían, pero nadie decía, era que la debilidad de este hombre eran las mujeres, con la billetera llena, y haciendo que sus amigos lo cubrieran con su esposa, se las arreglaba para sacarse las ganas en una cama cuantas veces se lo proponía, y a juzgar por lo que se decía era bastante seguido, y eso era lo que iba a explotar Mario aquel día.

Don Julio llego puntual a las 15 horas, dejo su auto bajo la sombra de un árbol y se acerco a la puerta de la casa de Mario, hizo sonar el timbre y aguardo bajo los rayos del sol secándose la transpiración de la frente con su pañuelo blanco:

---\" Hola Don Julio, en usted si que se puede confiar, ni un minuto tarde, se nota la escuela que tiene, adelante, pase que lo estábamos esperando\".---

Mario lo hizo entrar por el amplio living y lo acompaño hasta el vestidor que daba a la pileta, mientras Don Julio se desnudaba completamente para ponerse su pantaloncito de baño, el aprovecho para observarlo, vio que el estomago del viejo era tan voluminoso que una parte caía hacia delante formando un enorme pliegue que llegaba hasta su bajo vientre, sus muslos, blandos y llenos de vellos, eran tan gordos que no le permitían cerrar bien las piernas, en su tórax tenia dos pechos casi como el de las mujeres producto también de su gordura, lo primero que le paso por su mente fue, \"pobre Rosarito, lo que va a tener que aguantar\".

Salieron caminando y se dirigieron hasta el jardín, allí el viejo Don Julio tuvo su primera sorpresa, parada al lado de unos canteros de flores estaba Rosarito, lucia espectacular y más sexy que nunca, su ropita le tapaba tan poco que todos sus encantos estaban a la vista.

---\"Rosarito, ¿que haces tu por aquí?\".---

---\"Hola Don Julio, vine a visitar a Virginia pero ella no estaba y Mario fue muy amable, me invito a pasar la tarde con ustedes\"---

Don Julio se puso nervioso al ver a la niña en ese lugar, no esperaba nada igual, jamás se le hubiera ocurrido pensar en un encuentro con esa criatura, el creyó que se iba a encontrar con algunas de esas mujeres que ya conocía y que siempre estaban dispuestas a participar de ese tipo de reunión, miro a Mario, al ver su sonrisa picara se imagino que este lo había planeado de ese modo, eso no era casualidad, pero no entendía cual era la relación entre ellos, porque si bien Mario era más joven que el, también era cierto que era bastante mas grande que Rosarito, además Virginia, su hija, era amiga de ella, andaban todo el día juntas, ¿Qué estaba pasando?, el viejo giro su cabeza y volvió a mirar a la criatura, con sus ojos recorrió toda la figura de la niña, realmente era espectacular, tan bella que podía hacerle perder la cabeza a cualquiera, sus pequeños, pero erguidos pechitos, formaban un bulto bien marcado debajo de la remera, sus piernas largas como dos columnas doradas eran perfectas, y al final se detuvo en el perfil del trasero, en toda su vida había visto algo igual, por algo era el comentario de todos los hombres del pueblo, redondo y paradito, sus carnosas nalgas sobresalían de su cuerpito y eran una verdadera tentación, esa criatura, al lado de el, todavía era una niña, un verdadero manjar prácticamente imposible de tocar para un hombre de su edad, dudaba entre irse o quedarse, pero al fin de cuentas también estaba Mario, entonces no había de que preocuparse, quien sabe, a lo mejor hasta podía llegar a tener algo con esa cosita tan rica, un cosquilleo le empezó a recorrer todo el cuerpo.

Mario se acerco a el y le hablo susurrándole en el oído ---\"No le dije que la sorpresa iba a ser inolvidable, vaya preparándose mi amigo\".---

El pobre viejo no reaccionaba, se había puesto nervioso, estaba acostumbrado a tratar con mujeres a escondidas, pero eran más afín a su generación, no sabia como tendría que tratar a esta criatura, trataría de seguirlo a Mario ya que el tenia una hija de la misma edad que Rosarito y seguramente sabría como comportarse con ella.

Los dos hombres se sentaron en unos silloncitos individuales y Mario le pidió, intencionalmente, a Rosarito, si podía ir hasta el refrigerador y traerles unas gaseosas, las generosas formas de la niña se paseaban ante la vista de los dos que no podían dejar de mirarla, entre otras cosas comentaban lo \"crecidita\" que estaba la criatura.

Cuando la niña se sentaba delante de ellos, acomodándose en su silloncito, desprejuiciadamente habría las piernas por el calor que estaba haciendo, los dos hombres, a pesar de ser más recatados por su edad, no podían dejar de observarla, sus muslos se veían duros y tersos, allá arriba, donde se juntaban, terminaban justo en una pequeña montañita que se destacaba entre las piernas y que parecía dividida en dos partes iguales, esa parte tan intima de Rosarito estaba cubierta solamente por la delgada tela de la entrepierna de la malla y ella, ese día, no se molestaba en ocultarla.

---\"Esta haciendo mucho calor y me parece que ya nos estamos aburriendo de tanto hablar, así que vamos a jugar un poco, Rosarito mi amor, a ver que tan lista eres, el juego es así, tu tienes que poner una de tus manos sobre una de las piernas de Don Julio, comienzas a tocarlo desde su rodilla y vas yendo hacia arriba, por supuesto que siempre por debajo de su pantaloncito, fíjate que tan arriba te animas a llegar, cuanto mas alto mas tesoros escondidos puedes hallar, según lo que descubras será el premio\".---

Don Julio lo miro a Mario como preguntándole si estaba loco, no entendía como le estaba pidiendo eso a la niña, se había quedado duro, Mario le guiño un ojo y le hizo un gesto como diciéndole que se quedara tranquilo.

Rosarito obedeció, dio unos pasos, miro al viejo y le sonrió, acomodo el silloncito para quedar sentada mirando al lado contrario al que estaba mirando el, se sentó cruzando las piernitas, Don Julio permanecía parado a su lado y estaba paralizado viendo como esa criatura tan angelical se disponía a meterle una mano en sus partes mas intimas, ella apoyo su pequeña mano en el medio de las dos piernas de el a la altura de la rodilla, comenzó a subirla por una de las piernas muy, pero muy despacio, podía sentir entre sus dedos la enorme cantidad de vellos que tenia esa parte, el viejo se tuvo que abrir bastante de piernas para permitir que la mano pudiera seguir subiendo.

Ella seguía palpando los muslos del viejo, al tocarlo con la palma de su mano sentía como la piel de el, en esa zona, estaba húmeda y notaba como sus carnes estaban flojas de tanta grasa, siguió subiendo entre el medio de las dos piernas y fue llegando a la parte de arriba, se quedo quieta un instante cuando sus dedos tocaron algo tibio y rugoso, sabiendo lo que Mario quería que hiciera, abrió los dedos de la mano y palpo lo que había tocado, una enorme bolsa de piel arrugada conteniendo los dos testículos, a Don Julio se le acelero los latidos del corazón y lo miro a Mario como buscando respuestas, le gustaba lo que estaba pasando pero le daba miedo, el contacto de la suave y tibia piel de la manito de esa niña en sus testículos lo estaba enloqueciendo de placer, ella se los acaricio un poco sosteniéndolos en la palma, luego los dejo y volvió a subir la mano hasta que encontró el pedazo de carne que colgaba entre las piernas de aquel hombre, era la verga de Don Julio, a Rosarito le causo un poco de impresión tener que agarrar el pene del anciano, lo tomo con su mano y comenzó a palparlo, lo sentía raro, era muy gordo, demasiado gordo, estaba frío y apenas cabía en su mano, mucho más grueso que el de Mario, aunque no tan largo, pero estaba blandito como una esponja.

Don Julio estaba colorado de vergüenza, esa niña que le estaba acariciando el pene era tan chica que podía ser su nieta, pero le gustaba lo que sentía, esa manito tan pequeña recorría delicadamente su verga tocándosela de punta a punta, el viejo daba unos pequeños gemidos de placer mientras acariciaba la cabeza de Rosarito metiendo sus dedos entre los dorados cabellos de ella.

Mario se arrimo, se sentó en el piso al lado del sillón donde estaba sentada Rosarito, comenzó a acariciarle las piernitas mientras ella seguía con el juego agarrándole la verga a Don Julio, el con su mano le recorrió los muslos hasta llegar a la parte de arriba, con toda la mano abierta, sobre la tela de su mallita, le agarro la montañita de carnes de su pubis, no aguanto y deslizo la mano por debajo de la tela y con sus dedos, subiendo y bajando, le tocaba la suave y tibia rajita, abriendo un poco los labios vaginales hundió dos de los dedos en las húmedas carnes de la cuevita y con otro dedo busco el clítoris para masajeárselo y masturbarla lo que hacia que la niña diera unos pequeños gemidos, la temperatura iba en aumento en aquella hermosa tarde de verano.

Rosarito dejo la verga del viejo, se levanto del silloncito y se paro al lado de Mario que permanecía en el piso, este lo primero que hizo fue sacarle la minifalda, la tomo con las dos manos del elástico de la cintura y la fue deslizando hacia abajo hasta dejarla en el suelo ---\"Igual te tapaba poco mi amor y así estas mas cómoda\"---

Los dos hombres se excitaron al ver el cuerpito de Rosarito solo cubierto por un diminuto traje de baño de dos piezas, el color verde de la prenda hacia resaltar mas el color dorado de su piel, la parte de arriba cubría sus pechitos, pero los pezones, duros y paraditos, se marcaban en la suave tela, la parte de abajo, bien cavada, permitía observar las curvas perfectas de ese cuerpo, y mirándola de atrás se podía apreciar la majestuosa belleza de ese par de nalgas que quedaban a la vista, ya que solamente una tirita, que se perdía entre esas carnes, era todo lo que la cubría, con la excusa de ver \"lo crecidita y hermosa que estaba\", le pidieron que girara el cuerpo como las modelos, ya no podían contenerse, Mario se paro adelante de Rosarito y Don Julio se ubico atrás de ella.

Mario la besaba en los labios, y tomándola de las caderas la atraía hacia el, frotaba el bulto de su verga parada contra el pubis de ella haciéndola suspirar, Don Julio no se animaba a tocarla, a pesar de que ella le había metido la mano en sus partes más intimas, a el le daba temor tocar a una niña tan pequeña, pero al final, viendo como Mario la apretaba y la manoseaba, no resistió más la tentación, lentamente acerco sus manos a las nalgas de ella, cuando la piel de las palmas de sus manos al fin se posaron sobre la piel aterciopelada y tibia de esas carnosas turgencias, exhalo un suspiro, y mientras cerraba los ojos dejo que sus dedos apretaran esas carnecitas, por fin tocaba ese trasero con el que tantas noches había soñado, acariciaba las majestuosas curvas de las nalgas con las dos manos, la piel rugosa y áspera de sus viejos dedos no recordaban haber tocado algo tan suave, tan delicado como la piel de esa criatura, las apretaba mientras refregaba su enorme abdomen y sus gordas piernas contra el cuerpito de la muchacha, animándose a más, apoyo sus labios, en el cuello y los hombros de la niña, dándole unos feroces besos que dejarían su marca en esa delicada piel.

A Rosarito le tembló todo el cuerpo cuando sintió la piel transpirada de las manos de ese anciano acariciando sus nalgas, resbalaban sobre ellas y se las apretaba cada vez más haciéndole doler el trasero, mucho no le gustaba, todavía para ella eso era como una falta de respeto, este era el segundo hombre que tocaba su culito, pero tenia que aguantar para cumplir con Mario, ella los dejaba hacer a los dos, vestida solamente con su mallita y las zapatillas, sentía que las manos de esos hombres, tocando por todas partes su cuerpito, la estaban comenzando a excitar, pero no tenia que olvidar los motivos por los cuales estaba allí.

Don Julio seguía sin sacar las manos del trasero de la niña como si hubiera encontrado un tesoro buscado por años, Mario se dio cuenta de que ya había que ir al segundo paso, sugirió pasar adentro de la casa, les dijo que era lo mejor como para que ningún vecino viera algo que los pudiera comprometer, entre risas los dos alzaron a la niña, pero fue Mario quien la tomo entre sus brazos y así entraron a la casa, subieron por la escalera hasta la habitación, ya en ella, Mario deposito a Rosarito sobre la enorme cama.

Acostada sobre esa cama la imagen que proyectaba Rosarito era de una belleza sin igual, los rayos del sol que penetraban a trabes de los amplios ventanales da la habitación caían sobre ella, el color dorado de la piel de su cuerpo resaltaba aun más sobre el color azul oscuro de las sabanas, los dos hombre en ese instante se habían quedado mudos observando ese cuadro, estaban como petrificados ante la belleza de esa ninfa.

El primero que reacciono fue Mario, se quito el pantalón de baño arrojándolo sobre la alfombra del piso, quedo totalmente desnudo y exhibiendo su miembro parado ante la sorpresa de Don Julio que no sabia que el ya tenia tanta confianza con la niña, luego, el mismo Mario le pidió Rosarito que le sacara el pantaloncito al viejo, ella no se hizo rogar, incorporándose un poco se acerco al hombre que todavía estaba parado al lado de la cama y agarrando la prenda con las dos manos, desde la cintura, se lo fue bajando de a poco, el anciano quedo paralizado viendo como esa niña se disponía a desnudarlo, mientras la prenda caía al suelo ella observaba la verga del viejo, ahora la veía bien, era un pedazo de carne blanca, colgando entre las piernas, muy gorda, aunque no tan larga, en ese momento se la notaba completamente blanda.

Mario subió a la cama, se acerco a Rosarito y le saco las zapatillas, le acaricio los dedos del pie sabiendo que eso le gustaba, ella agitaba las piernitas riéndose, luego, el se inclino sobre ella para quitarle la parte de abajo del traje de baño, lo agarro con las dos manos y lentamente le fue bajando la bombacha hasta sacársela del todo, Don Julio no podía creer lo que estaba viendo, la niña había quedado desnuda exhibiendo su partes más intimas a la vista de ellos, se podía ver su pubis sin vellos y su pequeña rajita entre dos montes de carnes gorditas y blancas, el mismo Don Julio, totalmente excitado, sentándose en la cama se encargo de sacarle la parte de arriba, dejo al descubierto dos pequeños pechos que contenían dos hermosos y paraditos pezones de color violáceo

Los hombres se acostaron en la cama dejando a la niña en el medio de los dos, sus cuerpos desnudos rozaban el cuerpo tibio de ella, le tomaban las manos llevándoselas a sus entrepiernas, Rosarito se encontró de repente con las dos vergas en sus manos, algo que hace un tiempo atrás ni lo hubiera soñado, la de Mario ya la había conocido, y sufrido, pero igual le gustaba, era bastante grande, lisa, dura como un mármol pero calentita, palpo la de Don Julio y la sintió gordísima, pero todavía fláccida como esponja.

Mario besaba a Rosarito metiendo su lengua en la boca de ella, mientras, con una mano le acariciaba los pechitos y jugaba con sus pezones.

Don Julio refregaba su enorme y grasiento cuerpo contra el cuerpito de la niña, totalmente excitado, con una mano bien abierta le agarro todo el pubis apretando esos montecitos de carnes blancas con sus gordos dedos, luego deslizo la mano entre las piernitas de ella, hurgueteaba un poco con sus dedos en la húmeda rajita palpando las carnes suaves y tibias de esas partes, metía y sacaba un dedo del agujerito de la vaginita de la niña buscándole el himen, no lo encontró y se dio cuenta de que esa criatura ya había tenido su debut.

Mario se preocupo cuando noto que al viejo, a pesar de todo lo que estaba haciendo, no se le terminaba de parar la verga, tenia que hacer algo, enseguida se le ocurrió un método que seguramente no iba a fallar ya que el mismo había probado su eficacia

---\"Rosarito quiero que le muestres a Don Julio lo que sabes hacer con esos hermosos y carnosos labios que tienes, y como sabes usar tu boquita, a ver dale una linda mamada\".---

Rosarito lo miro, y sin que lo viera el viejo, le mostró a Mario una carita de desagrado por lo que le había pedido, le hacia gestos haciéndole trompita con los labios, le costaba mamar una verga, le daba un poco de asco, ya le había costado con Mario pero con esta era peor, pero no tenia opción, muy despacio se arrodillo entre las piernas del viejo y fue bajando su cabeza hasta tener cerca de su boca todo ese pedazo de carne, salía de abajo del enorme y grasoso abdomen y caía entre sus piernas gordas y blancas, había mucho vello en esa parte, estaba totalmente blanda, la tomo con sus dos manos separándola de la bolsa de los testículos y lo fue acercando a su rostro, abrió los labios, cerro los ojos y lentamente lo fue introduciendo en su boca, era tan gorda que apenas entraba, su lengua entro en contacto con la piel del glande, lo sentía suave y frío, luego comenzó a deslizarse sobre la superficie del pene a medida que este iba entrando, al rato fue sintiendo el sabor que de allí se desprendía, un sabor agridulce, la piel se estaba humedeciendo por unas pequeñas gotas de un liquido viscoso que comenzaban a salir por la punta y que a Rosarito se le mezclaban con su saliva, se atragantaba mamando semejante pedazo de carne , pero no quería fallarle a Mario, siguió mamando esa verga hasta que sintió que ya se estaba parando, ese tronco de carne se estaba poniendo cada vez más duro, mientras tanto, sentía como Don Julio la tomaba con las dos manos de la cabeza y movía su cuerpo como cogiendola por la boca.

La verga de Don Julio al fin termino de pararse, no era tan larga como la de Mario, pero si era extremadamente gorda, haciendo juego con su cuerpo, era muy blanca y la recorrían, de punta a punta, varias venas que ahora sobresalían por haberse hinchado con la calentura, se veían gruesas, lo que le daba a todo el miembro un aspecto bastante feo.

Mientras Rosarito, de rodillas, le mamaba la verga al viejo que estaba acostado boca arriba, Mario se puso, también de rodillas, atrás de ella, con sus manos le abrió las nalgas y arrimo su cara, comenzó a meterle la lengua en el agujero del culito, a medida que esa suave y blanda carne iba entrando en el anillito del ano, Mario sentía como comenzaba a palpitar esa parte por la excitación que estaba teniendo la niña.

A Rosarito la calentaba tanto la lengua de Mario moviéndose en el agujero de su culito que le ponía más ganas a la mamada que le estaba haciendo a la verga del viejo, casi hasta le gustaba, empezó a saborear ese enorme pedazo de carne adentro de su boca y se lo metía hasta el fondo de su garganta dándole unas chupadas que hacían gemir a Don Julio.

Con un pedazo de carne moviéndose adentro de su boca, y al mismo tiempo, un pedazo de carne moviéndose en la entrada de su culito, Rosarito comenzó a tener espasmos de placer mientras retorcía su cuerpo por la excitación que estaba teniendo.

Mario dejo de chuparle el culito cuando sintió que Don Julio sacaba la verga totalmente parada de adentro de la boca de Rosarito y se incorporaba sobre la cama, el viejo había tomado la iniciativa, agarro de la cintura el frágil cuerpito de la niña y lo acomodo dejándolo acostado boca arriba, le abrió las piernas, y agachándose entre ellas metió su enorme lengua en la rajita entre los labios vaginales, con tantos años de experiencia el viejo sabia por donde tenia que moverla para motivar a esa criatura, comenzó a recorrer esa entrada bebiéndose los jugos que de allí emanaban, movía la lengua entre la viscosidad de esas carnes de tal forma que le empezó arrancar a Rosarito gemidos de placer, ella misma con sus manos le agarraba la cabeza empujándola contra su pubis mientras que sentía como la carne de la lengua de el se le metía cada vez más adentro del húmedo agujero de su cuevita.

En verdad Rosarito no habría los ojos porque no quería ver el cuerpo de ese hombre, esa verdadera montaña de grasa metida entre sus piernitas abiertas, pero esa enorme lengua moviéndose, primero en su rajita, y ahora adentro del agujero de la cuevita de su vagina, la estaba haciendo acabar, no podía creerlo pero era cierto, estaba teniendo un hermoso orgasmo.

Mario sintió celos al ver a esa criatura, que el consideraba suya, como gozaba y gemía con los movimientos de la lengua de otro hombre, este, con la cabeza entre las piernas de ella, la estaba haciendo acabar, se dio cuenta de que Rosarito estaba teniendo un orgasmo, y esta vez no había sido provocado por el, eso no estaba en sus cálculos, su idea era que el viejo se la cogiera sin que ella gozara.

Los dos hombres estaban con sus vergas paradas y listos para empezar a cogerse a esa hermosa criaturita, Rosarito se movía retozando sobre las sabanas y exhibiendo su cuerpito desnudo, un cuerpito hermoso, como esculpido a mano, piel suave como terciopelo, transparente, carne fresca y tierna como ellos no habían visto desde sus lejanos años juveniles, en realidad Mario no pensaba cogerse a Rosarito en esa oportunidad, se la quería dejar para el viejo y el solamente fotografiarlos, pero estaba tan caliente, y tan celoso, que sabia que no iba a poder dejar de metérsela a la niña por algún agujero, se pusieron de acuerdo en buscar una posición cómoda para poder clavársela los dos a la vez.

Don Julio se acostó boca arriba apoyando su cabeza en la almohada, hicieron subir a Rosarito sobre el sentándola a caballito arriba de su vientre, costo acomodarla por el enorme abdomen del viejo, a causa de eso, ella quedo con las piernitas muy abiertas, algo que le resultaba bastante incomodo ya que también le dejaba medio abierta su cuevita, en cambio, cuando se agachaba en esa posición su culito quedaba bien paradito, justo como le gustaba a Mario.

Don Julio la tomo con sus manos de las carnosas nalgas levantándola un poco para ir acomodando la cabeza de la verga, cuando sintió que el glande se acomodo en la rajita entre los labios de la vagina y justo en el agujero de esa tibia y húmeda cuevita, fue dejando bajar el cuerpo de ella para que el pene se fuera metiendo de a poco, como si fuera un palo enjabonado, adentro del vientre de Rosarito, por fin se estaba cogiendo esa mujercita que tanto deseaba, mientras, con sus sudorosas manos, acariciaba las nalgas de ese culo con el que tanto había soñado, entorno los ojos y suspiro sintiendo como la carne de su pene comenzaba a entrar en el cuerpo de esa niña deslizándose entre sus carnes tibias y lubricadas.

Rosarito sentía, a medida que su cuerpo bajaba, como la gorda verga del viejo se le iba enterrando en la vagina abriéndole el agujero de su rajita a más no poder, las manos de el la sostenían de las nalgas haciéndola cabalgar sobre su cuerpo, sintió uno de sus dedos rozándole el agujero de su culito lo que la hizo pegar un pequeño brinco pensando que se lo iba a meter, mientras el viejo suspiraba, ella sentía como ese pedazo de carne ya se movía en sus entrañas, cerraba los ojos para no ver esa mole de grasa cogiendosela como lo estaba haciendo, el anciano le estaba echando un polvo y ya no había marcha atrás.

Mario, arrodillado atrás de ella, espero unos instantes mientras aguardaba que el viejo terminara de enterrar su pedazo, cuando vio que este ya se la había metido del todo, empezó a querer meter su enorme pene por el agujero de ese bello culito, pero le costaba un poco porque el viejo ya la tenia ensartada por adelante y se la estaba moviendo, desde su posición podía ver como el miembro de Don Julio estaba totalmente metido adentro de Rosarito, solo la bolsa con sus testículos quedaban afuera, como pudo, apoyo la cabeza de la verga entre los pliegues de piel del anillito del ano de la niña, mientras que ella, al sentir eso en su culo no podía creer que Mario se la quería coger al mismo tiempo que el viejo, no entendía lo que le querían hacer, el no le había dicho nada sobre eso, ¿Cómo se la iban a meter los dos a la vez, podían hacer eso, y si la lastimaban?, mientras todas esas ideas le daban vuelta en la cabeza sentía como Mario empujaba en su trasero, sabiendo lo que le estaba por meter, pidió, por favor, que no fuera de un solo golpe sino que se la metiera despacito, el le hizo caso, lentamente fue empujando y viendo como el tronco de su pene abría ese agujero e iba desapareciendo adentro de ese gordito trasero.

Las dos vergas, bien lubricadas, ya se habían metido adentro de la niña, esos dos pedazos de carnes duras resbalando entre la húmeda viscosidad de los agujeros que estaban penetrando terminaron totalmente incrustadas en el cuerpo de Rosarito, ella estaba excitada, sintiendo por primera vez como se la cogian dos hombres al mismo tiempo, nunca imagino que algo así fuera posible, la carne de esos dos penes se movían entre sus carnes haciéndola gemir de placer.

Los dos hombres se estaban cogiendo a Rosarito bombeándole con todo, cada uno con la verga metida en un agujero diferente, pero sintiendo, a trabes de la delgada pared de carne y piel que los separaba, como se movía la verga del otro.

Mario separaba las hermosas nalgas de Rosarito con sus dos manos, gozaba viendo, como despacito, su verga serruchaba el orificio anal del culo de la niña, entraba y salía abriéndole cada vez más el agujero y enterrándosela hasta los testículos, llegaba con su glande hasta la tripa de los intestinos y sentía como ella gemía en el momento que se le clavaba allí adentro, cuando por un rato se la dejaba quieta, la rodeaba con un brazo y con la mano le acariciaba su gordito pubis, aprovechaba para tocarle el clítoris y la rajita, por allí podía sentir la dureza de la verga de Don Julio y como estaba la piel de ese tronco humedecida por los jugos que le salían a la criatura, producto de la calentura que tenia por la cogida que le estaban pegando.

Don Julio la hacia subir y bajar sobre su gordo pene que resbalaba entre las lubricadas paredes vaginales metiéndose hasta el fondo, con los labios de su boca se prendía de los pezones de los pechitos de la niña chupándolos hasta dejarlos estirados y duros, con las manos le acariciaba los suaves muslos y le habría las piernas cada vez mas para facilitar el camino y que todo el largo de su verga pudiera entrar en la cuevita, hasta la mata de vellos de su vientre ya rozaban en la rajita de ella, no quería dejar ni un centímetro afuera.

Los dos hombres gozaban de las carnes del cuerpo de Rosarito y ella también comenzaba a excitarse, aunque mucho no quería mirar, para no ver, como la suave piel de las partes mas intimas de su cuerpo desnudo eran refregadas por la piel de ese cuerpo, velludo y grasoso, de aquel obeso anciano que se la estaba cogiendo acostado debajo de ella, la verga de ese hombre era tremendamente gorda y la sentía moverse con dificultad entre sus carnes, estaba como apretada entre las paredes de su vagina, al mismo tiempo, también sentía como se movía la verga de Mario adentro de su culo, se la había metido tan adentro que sentía la punta metida en sus intestinos y sus testículos golpeando la entrada por donde tenia metida la verga Don Julio, a cada sacudida que le pegaban ella deseaba tenerlos cada vez más adentro, quería gozar y hacer gozar a esos dos hombres, pero a medida que ellos se calentaban, cada vez se la cogian con mas ardor, con mas fuerza, hasta hacerle sentir que entre las dos vergas le estaban partiendo el cuerpo, comenzó a dolerle, llego un momento en el que ya no aguantaba más esas dos pedazos de carnes duras moviéndose en sus entrañas, además le sucedió algo, empezó a sentir vergüenza por lo que estaba pasando, no podía creer que ella estuviera en una cama con dos hombres que se la estaban cogiendo al mismo tiempo haciéndole una doble penetración, pero ahí estaba, empalada por dos hombres mucho mas mayores que ella y a punto de echarse un polvo cada uno adentro de su cuerpo.

---\"Por favor no aguanto más, me esta doliendo todo, es demasiado para mi las dos juntas, si quieren podemos seguir pero de a uno\".---- La voz de Rosarito sonó débil y suplicante.

Mario se dio cuenta de que la niña realmente no podía tener los dos penes moviéndose adentro de su cuerpo, todavía era muy chica para eso, muy despacio saco su verga de adentro del culo, dejándole el hueco totalmente abierto, le dijo a Don Julio que siguiera solo, pero este también fue retirando su miembro de adentro de la vagina de Rosarito, el viejo la acaricio y la beso por todos lados, la bajo de arriba suyo y la tomo suavemente de la cintura, la hizo acostar boca arriba y levantar las piernitas flexionándolas hacia atrás dejándolas bien abiertas, el se incorporo y se arrodillo delante de ella apoyándose en sus suaves muslos, acomodo la cabezota de su verga entre los labios vaginales, la rajita de Rosarito estaba ardida por la cogida que le habían dado y su agujerito bien abierto y mojadito, el viejo estaba tan entusiasmado que aprovecho esa lubricación para enterrársela de nuevo, quería seguir cogiendose a la niña, no iba a parar hasta echarse un polvo.

Mario, todavía jadeando, se sentó en un sillón y se dispuso a ver el espectáculo, ese anciano, tan conocido y respetado por toda la gente del pueblo, se iba a coger a esa niña que era la criatura más bella y deseada del lugar, observaba como el enorme y obeso abdomen de ese hombre caía volcándose sobre el cuerpito de Rosarito que se veía indefensa debajo de el, las piernas gordas y llenas de vello del viejo se apoyaban contra la suave piel de las nalgas y los muslos de ella que habían quedado a la vista al tener las piernas levantadas y flexionadas hacia atrás, quedo perplejo cuando pudo ver como la verga del viejo, no muy larga, le calculaba unos 18 centímetros, pero tan gorda como no había visto jamás algo igual, se fue metiendo adentro del cuerpo de Rosarito abriéndole los labios vaginales de una manera que parecía que se le iban a romper, el viejo se la metió hasta el fondo y empezó a bombear, de tal forma, que la bolsa con sus testículos pegaban contra el agujero del culito de Rosarito que también había quedaba expuesto por la posición en que la habían colocado, mientras se masturbaba lentamente Mario pensaba que, con lo que estaba viendo, y que iba a dejar registrado con la polaroid, ya tenía asegurado el éxito en las elecciones, aunque la verdad, el costo que estaba pagando era mucho, ver ese ángel, que a el tanto le gustaba, en las manos de aquel anciano que se la estaba cogiendo con todo no le gustaba para nada.

Toda la carne de la verga de Don Julio se fue metiendo nuevamente en la cuevita de Rosarito, se habrían los labios de su pequeña vagina apretando entre ellos a ese tronco que empujaba las paredes haciéndose lugar para ir entrando, ella podía sentir como esa carne se escurría entre la viscosidad de su piel metiéndose cada vez más adentro de su cuerpo, Mario ya la había desvirgado, pero este enorme pedazo que estaba entrando de nuevo era tan grueso que terminaría por abrirla del todo.

Rosarito estaba incomoda debajo de aquel hombre, el resoplaba y jadeaba encima de ella bombeándole con todo mientras su verga entraba y salía de la vagina dejándole la rajita cada vez más ardida, el enorme abdomen del viejo golpeaba contra su cuerpito cada vez que se movía subiendo y bajando para hundirle el miembro bien adentro, ella podía sentir como latía adentro suyo ese gordo pedazo de carne dura, como se movía entre la viscosidad de sus entrañas, prefería seguir sin abrir los ojos para no ver a ese hombre arriba de ella, solamente con sus manos, apoyadas en el obeso abdomen de el, trataba de empujarlo un poco hacia arriba para que no la aplastara, le daba impresión tocar tanta carne floja y con grasas por todos lados, ya quería que ese hombre terminara de una vez.

Don Julio estaba en el paraíso, no podía creer que a su edad le estuviera echando un polvo a la niña más deseada de aquel pueblo, esa criatura que tantas veces lo hizo salir afuera de su local cuando la veía pasar por la vereda, luciéndose en minifalda, ahora estaba ahí con su verga metida hasta el fondo, pensar que cuando sus padres, hacia mucho años atrás, le compraron a el la casa donde vivían actualmente la llevaban en brazos de pequeña que era, estaba en el medio de esos pensamientos y acariciándola por todos lados cuando sintió que se venia, no se podía contener, dando un largo suspiro comenzó a largar leche adentro de la niña, toda la leche que tenia contenida desde hacia mucho tiempo.

Rosarito sintió nauseas al darse cuenta que esos líquidos, tibios y viscosos, que estaban bañando sus entrañas venían de muy adentro de ese enorme cuerpo lleno de grasas, fluían a chorros, salían disparados a través de los conductos de esa verga gorda que estaba metida adentro de su vagina, todo ese semen que estaba resbalando adentro suyo era el semen de ese hombre, que teniendo casi la edad de su abuelo, la terminaba de coger en aquel preciso instante mientras resoplaba de placer por el polvo que le había echado, la leche que había largado el viejo Don Julio resbalaba recorriendo sus carnes interiores, humedeciendo sus entrañas, no quería ni pensar en esos momentos en la posibilidad de quedar embarazada ya que ni ella ni el se habían cuidado.

Rosarito se levanto de la cama y fue al baño a higienizarse, se sentó en el bidet para lavarse, le dolía mucho el agujero del culo a pesar de que por allí no habían terminado de cogersela, Mario se lo había dejado totalmente abierto, aprovechando que ella tenia que cuidarse de la otra verga, el le había usado el culo como si fuera una vagina, enseguida vio como chorreando por su rajita, que se la habían dejado colorada, empezaba a salir el semen de ese anciano que la había cogido, era de un color beige oscuro y gelatinoso, se pegaba en su piel, no podía creer lo que veía, era tal la cantidad de leche que salía de adentro de su cuevita que hubiera podido llenar un pequeño pocillo con todo ese liquido, no entendía de donde sacaba un hombre tanto semen de una sola vez, por lo que ella sabia los hombres largaban unos chorritos de leche y nada más, tanta cantidad le hacia acordar la cantidad de yogurt que tenían los frasquitos que ella consumía en los desayunos, se levanto, no quería mirar más, costaba irse por el desagüe del bidet tanta cantidad de ese liquido gelatinoso, le daba asco lo que veía, se ducho y volvió al dormitorio deseando que terminara esa reunión

La habitación estaba totalmente iluminada por los rayos del sol, se veía calida, un aroma que se desprendía de las hermosas flores que había en los jarrones le daban al ambiente un toque exótico, Mario se acerco a la cama donde estaban el viejo y la niña, los dos relajándose por el momento vivido, y le dijo a Rosarito que se diera vuelta y se acostara boca abajo, ella lo obedeció, se dio vuelta y sabiendo que era lo que querían ver arqueo la cintura y dejo su culito parado y expuesto a la mirada de los dos hombres, Mario comenzó a tocarlo y a besarlo, mientras sus manos recorrían las nalgas de la niña y sus labios se posaban sobre ellas, espiaba de reojo a Don Julio, necesitaba que el viejo se volviera a calentar, Don Julio miraba esa obra de arte, jamás había visto algo igual en toda su vida, era de verdad hermoso, se lo veía redondito, carnoso, resplandecía sobre esa sabanas, Mario vio los ojos libidinosos de Don Julio brillando y supo que ese era el momento.

Lo invito a tocarlo, y le dijo que le parecería echarse un polvo por ese lugar, Don Julio le contesto que realmente ese trasero era espectacular, pero que el creía que la niña no aguantaría una cogida por ese agujerito tan pequeño, Mario insistió diciendo que la niña podía hacer maravillas si le gustaba lo que le estaban poniendo, el anciano ya con la verga parada no aguantaba mas tanta excitación, se arrimo y comenzó a acariciarlo, en ese instante se acordó de todo lo que comentaban con otros hombres cuando pasaba Rosarito, sobre lo que le harían a ese hermoso trasero si lo llegaban a tener en sus manos, y ahora, en ese preciso instante, lo tenia todo para el, redondo, carnoso, nalgas paradas y suaves como el terciopelo , un aroma a flores, a pétalos de rosas emanaba de esas dos montañas de carne y de todo ese cuerpito de esa niña que estaba ahí acostada boca abajo, abierta de piernas y ofreciéndole el trasero como regalo del cielo, agacho la cabeza sobre ella y apoyo sus labios en las nalgas, las besaba por todas partes y las acariciaba, le decía a Rosarito que deseaba su culito desde hacia mucho tiempo, quería que fuera suyo, que se lo quería coger ya mismo y que se lo quería llenar de leche, justo lo que quería escuchar Mario que ya tenia nuevamente preparada su cámara para obtener las ultimas fotos que necesitaba.

Don Julio recorrió con sus labios y con sus manos cada centímetro de piel de ese trasero, muy despacito le abrió las nalgas a la niña y después de besarle, y mamarle un poco, ese agujerito maravilloso que había aparecido ante sus ojos, lentamente fue metiendo su dedo índice por el anillito del ano de Rosarito que dio un pequeño brinco cuando lo sintió adentro, con movimientos circulares el viejo fue deslizando el dedo hasta que entro todo en ese profundo hoyito, mientras tanto, ella daba pequeños gemidos de dolor por ese extraño visitante que recorría su parte más intima y a la vez tan deseada por todos, en ese instante Mario le alcanzo a Don Julio un frasco con vaselina liquida y le dijo que lubricara bien ese agujerito para no lastimarlo.

El viejo después de lubricarle bien por dentro todo el conducto del ano y también todo el largo de su verga, tomo a Rosarito de la cintura y la levanto haciéndola poner de rodillas en cuatro patas, se ubico atrás de ella arrodillándose entre las piernas abiertas, con una mano le abrió una de las nalgas, con la otra levanto su pesada y gorda verga apoyando la cabeza en el agujero del culo, empujo un poco para que entre el glande y entonces con esa mano, ya libre, abrió la otra nalga dejando todo el culo a su disposición, disfrutaba de ese momento, lo hacia todo lento para que fuera interminable, comenzó a meterla, muy, pero muy despacio, no quería dejar de ver como la punta de su verga se iba abriendo paso entre los pliegues de piel del anillito del ano de la niña y a medida que este se abría como se iba metiendo el pene adentro del cuerpo de ella.

Rosarito, que había visto, y había sentido en su vagina, lo gruesa que era esa verga que le iban a meter intentaba, colocando un brazo hacia atrás, poner una mano en el abdomen del viejo para tratar de frenar un poco las embestidas de ese hombre, de que no se la fuera a meter de golpe ni muy adentro y tratar, en lo posible, de que fuera menos dolorosa la entrada de ese tronco de carne en su culo, no pudo ser, la verga de Don Julio de verdad era lo peor que le podía pasar a su trasero, gruesa, gorda por demás, apenas empezó a entrar le rompió los tejidos del músculo del esfínter que se deshilacharon como si fueran de algodón de tanto estirarse, Rosarito dio un largo y enorme gemido de dolor y varias lagrimas saltaron de sus ojos.

Mario, sentado en un silloncito, veía como el anciano le terminaba de romper el culo a esa niña, con un poco de celos y envidia, recordó que el pene de el había sido el primero en entrar por ese lugar y había dejado su huella, pero que, seguramente, esta verga del viejo dejaría un nuevo molde en el agujero del culo de Rosarito, un nuevo tamaño, sin duda más grande, no quería seguir con esos pensamientos y apunto la escena con su cámara polaroid para dejar registrado ese momento que le iba a servir para tener a su favor el voto de ese hombre el día de las elecciones.

La verga del viejo ya estaba incrustada en el culo de Rosarito, le estaba echando otro polvo, ese pedazo de carne gorda y dura no dejaba de moverse, entraba y salía continuamente de adentro de su cuerpito, el conducto del recto del culo de la niña, esa tripa de carne, roto el esfínter, se movía al compás de la verga, cuando lo empujaban hacia adentro desaparecía de la vista, y luego se volvía a ver, saliendo del cuerpo, cuando el pene lo arrastraba hacia afuera, Rosarito no aguantaba más, sentía su trasero hinchado, dolorido y lleno de carne, era tan grueso ese tronco que sentía su orificio anal totalmente abierto, tan dilatado que tenia miedo de hacerse encima como le había pasado con Mario.

Mientras se la cogia el viejo la manoseaba por todas partes, le sobaba las nalgas, le acariciaba el clítoris tratando de calentarla jugando con el entre los dedos, le apretaba los pequeños pezones y le agarraba los pechitos con las dos manos, uno de sus gustos preferidos, mientras le hacia el culo a una mujer, era meter uno de sus rollizos dedos adentro de la boca pidiéndole que se lo chupara, Rosarito abrió sus labios para permitirle que se lo metiera, chupándolo empezó a sentir en su paladar un sabor salado que emanaba de la piel de ese dedo que se movía dentro de su cavidad, era tan gordo y grueso que se parecía a un pene, su lengua forzadamente se restregaba contra el y en la suave piel de sus labios podía sentir la dureza de la piel de ese dedo mientras se lo tenia que chupar como si fuera un caramelo, en esos instantes sintió como el viejo le empezaba a bombear el culo cada vez con más fuerza, le enterraba la varga tan adentro que la bolsa con los testículos golpeaban contra su rajita.

Don Julio dio un enorme y largo suspiro cuando sintió que se venia, agarrándola con las dos manos de las caderas le bombeo el culo varias veces con toda su fuerza y le empujo la verga hasta el fondo del trasero, ese hermoso, tierno, y deseado culito, en ese instante termino de abrirse del todo, el diámetro de la verga del viejo en la parte de atrás tenia 6 centímetros, tan grueso era ese pedazo, que al no tener la resistencia del músculo del esfínter que ya estaba roto, le partió el agujero dejándole un hueco enorme, los chorros de leche, que salieron del cuerpo de ese hombre a trabes de su pene, fueron con tanta fuerza que la niña sintió como el semen le llegaba hasta los intestinos, esas tripas se le hincharon al llenarse con esos líquidos calientes y gelatinosos produciéndole una sensación incomoda, Rosarito se acordó de la cantidad de leche que le había salido de adentro de la vagina después de aquel primer polvo que le echo el viejo y se dio cuenta de que, seguramente, una cantidad igual seria la que ahora tenia metida ahí adentro, a su mente le vino un pensamiento desagradable, estaba segura que parte de los componentes de ese semen quedarían para siempre adentro de ella al ser absorbidos por el metabolismo de esa parte del cuerpo, igual como cuando le daban enemas para bajarle rápido la fiebre, su madre le explicaba que dándole el remedio por la cola la droga entraba más rápido en su organismo porque iban directo a la sangre, restos del organismo de ese anciano obeso iban a quedar para siempre dando vueltas por su cuerpo llevados por el flujo de su torrente sanguíneo, ante esa realidad sintió un poco de asco en aquel instante.

Don Julio se relajaba después del tremendo polvo que se había echado, le acariciaba las nalgas a la niña y sacudía, agarrándola con la mano, esa enorme manguera de carne que todavía reposaba adentro del trasero de la niña, se iba deshinchando, mientras que a cada espasmo seguía largando semen que salía a borbotones inundando las entrañas de esa hermosa criatura con la leche tibia y viscosa de aquel anciano.

Rosarito pensó que con este último polvo ya había cumplido, no sabía que todavía le faltaba lo más caliente de esa tarde.

Descansaron durante una hora, hora durante la cual los tres bebieron gaseosa y comieron unos sándwiches que preparo Mario, mientras conversaban, Rosarito que era la única sobre la cama, había cubierto su desnudez envuelta en una toalla, los dos hombres, que se habían puesto sus pantaloncitos de baño, permanecían sentados en unos coquetos silloncitos que hacían juego con el resto de los muebles, estaba cayendo la tarde y ya los rayos de el sol no iluminaba lo suficiente, decidieron encender un par de tenues luces de una lámpara de pie, el ambiente se volvía a llenar de una atmósfera sensual.

Mario, que estaba tan caliente por todas las escenas que había visto, y por los celos, no iba a dejar que Rosarito se fuera sin echarse un polvo, Don Julio ya se la había cogido dos veces y las dos veces la había llenado de leche, no podía ser que el no se la cogiera aunque sea una vez, ahora le tocaba al viejo mirar y sufrir, como le había pasado a el, igualmente estaba seguro que al anciano ya no le quedaba resto para otro polvo, ese fue el gran error de Mario en esa tarde.

Subió a la cama, se quito el pantaloncito y se acomodo al lado de Rosarito, le quito la toalla con la que se cubría dejándola totalmente desnuda y comenzó a besarla y acariciarla, sus manos no se detenían y la tocaban por todas partes, coloco una de ellas entre las piernitas de la niña, le puso dos dedos en el medio de su rajita y los subía y los bajaba, lentamente, tocándole esa parte tan suavecita y tan intima de la niña, luego esos mismos dedos los fue metiendo en el agujero de la cuevita, los metía y los sacaba de ese tibio hueco hasta sentir que esas partes se estaban mojando, Rosarito gemía de placer, Mario supo que ella estaba lista para recibir su verga, se acostó boca arriba y tomándola de la cintura la hizo subir sobre el, ella quedo con las piernas abiertas y sentada a caballito justo sobre su pelvis, sabiendo que por el agujero que la iba a meter ya había estado metido el grueso tronco del viejo, se cuido un poco previendo que a lo mejor Rosarito tenia ardida esa zona, acomodo la cabeza del pene entre los húmedos labios vaginales y justo en la entrada del agujero que llevaba a las entraña mas profundas de esa criatura, la sostenía levantada agarrándola de las nalgas, la fue bajando muy lentamente haciendo que el tronco de su verga fuera entrando bien despacio, casi resbalando entre esa carnes húmedas hasta entrar hasta el fondo de las entrañas de ese pequeño cuerpito.

Rosarito había pensado que después de los polvos que le echo el viejo ya no tendría que coger más, pero ahora, estimulada por las caricias de Mario, estaba tan caliente que deseaba que un pedazo de carne la volviera a penetrar cuanto antes, comenzó a cabalgar moviéndose con todo, subía y bajaba su cuerpo sobre la verga de Mario sintiendo como ese duro tronco iba entrando en sus carnes ya mojadas, en un instante la tuvo toda adentro de su cuerpo, gozaba lo que ese hombre le estaba haciendo, se volvía loca sintiendo ese pedazo de carne caliente de su amado moviéndose en sus entrañas, lo quería todo para ella y para demostrarle su amor se inclinaba sobre el para besarlo en los labios y meterle la lengua adentro de la boca.

Don Julio, que no podía creer como esa niña estaba cogiendo de nuevo después de los polvos que se había echado, observo cuando Rosarito se inclino sobre Mario para besarlo, al agacharse se le paro el culito y se le abrieron las nalgas, viendo esa escena el viejo sintió que su verga se volvía a parar, no podía creerlo, años que no le pasaba algo igual, no sabia que hacer porque ella ahora estaba cogiendo con Mario, pero no aguanto mas, se levanto del sillón y subió a la cama arrodillándose atrás del trasero de la niña y entre sus piernas, como Rosarito había vuelto a enderezar su cuerpo le apoyo una mano en el hombre empujándola para que se inclinara de nuevo, en realidad ella se había sentado cuando se dio cuenta de que el viejo se estaba acomodando atrás suyo, cuando el la empujo para que se volviera agachar sintió la verga parada del viejo apoyada en su culo y supo lo que se venia.

Ella lo miraba a Mario como para pedirle ayuda, que le dijera que hacer, pero este estaba tan caliente, tan concentrado cogiendola por la vagina que no se dio cuenta de lo que pasaba, ya no podía hacer nada, iba a tener que aguantar otra vez al viejo metiéndosela por el culo mientras Mario la tenia ensartada por adelante, las manos del viejo le abrieron las nalgas y nuevamente esa gruesa manguera de carne apoyo la cabeza en su sufrido y dolorido agujero anal, resbalando de a poco por la lubricación que todavía tenia ese lugar, se fue metiendo adentro del culo de Rosarito que ya recibía ese pedazo de carne sin oponer resistencia.

Nuevamente Rosarito estaba siendo empalada por dos penes al mismo tiempo, Mario, que no había calculado que el viejo podía querer echarse otro polvo, se dio cuenta de su equivocación cuando sintió que la niña daba un brinco y gemía en el mismo momento en que la verga del anciano se enterraba en su trasero.

Don Julio, sabiendo que a lo mejor nunca más tendría otra oportunidad como esa, no solo se la había metido hasta el fondo del culo a Rosarito, sino que tenia la verga mas parada que nunca, entre jadeos y gemidos de placer, los dos hombres se estaban cogiendo a la niña haciendo una doble penetración, pero esta vez, aunque no le gustaba lo que estaba pasando, también ella estaba gozando porque tenia ante su vista la imagen de un hombre a quien amaba con todo su corazoncito, eso le bastaba para creer que las dos vergas que tenia enterradas en su cuerpo eran de el.

Mario gozaba de esa hermosa niña moviendo su miembro entre las carnes mojaditas de las entrañas de ella, la besaba en los labios metiéndole la lengua adentro de la boca, le chupaba los pezones mientras le acariciaba los pechitos, mientras se la cogia por la vagina podía sentir como se movía en la cavidad del culo la verga de Don Julio, se daba cuenta de que el viejo la estaba bombeando con todo por como le sacudía el cuerpo y la hacia gemir a cada embestida que le pegaba por atrás, también podía sentir como la bolsa con los testículos de el pegaban contra los suyos, casi refregándose entre ellos, eso lo excitaba cada vez mas, nunca había tenido una experiencia como esa, estar con otro hombre haciéndole una doble penetración a una mujer y sabiendo que ella gozaba recibiendo los dos pedazos de carne adentro de su cuerpo al mismo tiempo, de repente, y en el medio de tanta excitación, puso sus manos sobre las carnosas nalgas de Rosarito, se las acaricio tocándole cada centímetro de piel, gozándolas como siempre, y sin darse cuenta de lo que hacia se las abrió del todo.

Don Julio, que estaba alerta viendo como Mario tocaba el culo que el se estaba cogiendo, aprovecho esa circunstancia, como el le bombeaba el trasero teniéndola agarrada con sus dos manos de las caderas no tenia forma de abrirle las nalgas, y como las nalgas de Rosarito eran tan gorditas y tan paradas que sobresalían del cuerpito no permitían que su verga entrara del todo, por eso lo que hizo Mario le vino bien y no perdió la oportunidad, apenas vio las nalgas abiertas de par en par empujo su verga hasta el fondo, metió hasta el ultimo centímetro de su miembro adentro de ese agujero haciéndole pegar un brinco y un grito a Rosarito.

A pesar de que su agujero ya estaba bien agrandado por las cogidas que le habían pegado durante esa tarde, ella igual gimió, le dolió terriblemente cuando sintió semejante pedazo de carne clavándose en el fondo de su trasero, esta vez el viejo se la había metido mas adentro que nunca, y fue en ese mismo instante que Don Julio no aguanto más, se vino con todo inundando nuevamente, por los enormes chorros de leche que llegaron hasta esas tripas, los intestinos de la niña que se volvieron a hinchar de tantos líquidos.

Mario sentía en su pene, que estaba moviéndose adentro de las tibias carnes de la vagina de Rosarito, como latía la verga del viejo que estaba metida adentro del agujero del culo de ella, se dio cuenta por los espasmos que ese tronco estaba teniendo, y por los gemidos de dolor que daba la niña, de que a Rosarito el viejo le había enterrado ese pedazo de carne, grueso y duro, hasta el fondo de su trasero y terminaba de llenarle el culo de leche, eso lo excito, dando un suspiro comenzó también a descargar todo su semen en las entrañas mas profundas de ella mientras la acariciaba y besaba apasionadamente.

Rosarito estaba excitada, por un lado sentía como ese anciano, arrodillado atrás suyo, gordo y con su piel transpirada, se había adueñado de su culo metiéndole la verga hasta el fondo del trasero, pero aunque se sentía humillada y le dolía bastante todo el agujero, no entendía bien porque pero en esos momentos hubiera querido tener todo ese tronco metido mas adentro, deseaba que ese pedazo de carne terriblemente grueso y duro le llegara hasta el estomago si fuera posible, cuando Mario le abrió las nalgas se agacho mas y apretó su trasero contra las piernas del viejo para que el se la metiera bien adentro y se le clavara en los intestinos para sentir como se los llenaba nuevamente de leche tibia y viscosa, en ese instante, como si el viejo hubiera escuchado sus deseos, sintió como la verga de el comenzaba a largar leche adentro de su culo llenándole las tripas, la verga de Mario, que estaba acostado debajo suyo, se hinchaba y se movía clavada en el fondo de su vagina, en ese mismo momento, como si se hubieran puesto de acuerdo, el también largo en sus entrañas toda la leche que tenia, todo ese semen, ese liquido tibio y gelatinoso que había producido el cuerpo de su amado ahora mojaban y bañaban sus



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