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LA POBRE SEÑORA GOMEZ – AYUDANDO AL BOXEADOR


Nora telefonea a su guapa hija Rita, diciéndole que la alcance en el gimnasio donde subirán a la báscula a su papá. Éste, boxeador, neesita perder 200 gramos para ser aceptado en su próxima pelea. Rita puede ayudarlo a eso..................... Rita, de 18 años, entró con ruido de tacones al gimnasio. Los ruidos mostraban una gran actividad. No era para menos, los boxeadores se pesaban en vistas de las próximas peleas.

-¿Para qué me llamaste, mamá? –preguntó Rita, exasperada llegando al pasillo del vestidor - ¡Estaba con mi novio en una fiesta!

Impaciente, la chica venía en zapatos blancos y una minifalda del mismo color, muy corta, que mostraba sus largas piernas sin medias. Una blusa ajustada le marcaba los senos. La chica había atraído en el gimnasio, las miradas de masajistas y entrenadores con sus pupilos.

-Tardaste... ¿viene contigo tu tonto noviecillo? –preguntó Nora indiferente, limándose las uñas, sentada en una vieja silla de plástico.

-Sí, mamá, está afuera –suspiró la chica, viendo al techo-, sé que no te cae.

-Es un pobre tonto, lo sabes.

-Es buena persona... ¿y bien? –exigió Rita con las manos en las anchas caderas, al ver que su mamá no respondía.

-Tu papá no da el peso para la pelea –explicó Nora, soplándose las uñas-, está excedido 200 gramos. Viene de una carrera donde perdió 100, no es suficiente. Él descansa en el vestidor.

-¿Y yo qué pinto en eso?

-¿Quieres que tu papá vaya a la pelea? –Nora se detuvo, mirándola, como si explicara algo elemental- Con 200 gramos de más no lo aceptan. ¿Quieres seguirte comprando esas falditas de puta, dándote caprichos de niña rica de fiesta en fiesta? Me vas a ayudar, buena para nada.

-¿Cómo te ayudaré? –Rita vio a la puerta del vestidor, dudosa.

-¿Piensas que soy tonta? –Nora se limó las uñas, rápido- Eres mañosa para ponerle las nalgas en la bragueta a tu papá. Sabes cómo hacer que te dé lo que quieres. Se te acomoda por detrás y lo dejas sobarse. Le haces mimos sentada en sus piernas, con las minifaldas arriba. Como si no te dieras cuenta dejas que te abrace y te apriete contra su verga. Te gusta parársela.

-Es mentira –Rita volteó la cara para ocultar su expresión-, ¡de nuevo hay qué oír tus idioteces! –bufó.

Nora se levantó enfrentándola, apuntándola con la lima de uñas.

-Debe perder esos malditos 200 gramos, tú lo conseguirás. ¿Te ríes, perra? En las mañanas te veo salir de su cuarto con una sonrisa socarrona... ya lo has hecho venir, no finjas. Lo calientas hasta que lo haces correrse. Seguro que te tomas sus venidas.

-Qué tonterías dices –sin embargo, entró al vestidor.

El boxeador estaba acostado en una mesa de masajes, de tenis y pantalón corto. Su resorte mostraba la leyenda EL CARNICERO. Nora tomó a su hija por un brazo, sacudiéndola.

-¡Mastúrbalo! ¡O mámasela, pronto! –ordenó con prisa- ¡Chúpasela hasta que se venga, rápido!

El boxeador las veía discutir, interesado.

-¿Qué? –rió Rita, burlona- ¿Quieres que me vuelva la puta de mi papá?

-¡Rápido, hazlo venir! –susurró Nora, que hasta entonces mostró preocupación- Yo puedo hacerlo, pero contigo se va a correr más. Él y yo... bah... ¡es para que dé el peso, idiota...! Le gustas. ¡Hazlo o se le acaba el contrato, tenemos unos minutos...!

El boxeador miraba a Rita con sonrisa especial.

Ella suspiró, agria, zafándose la mano de Nora.

-¿Eso quieres oír? Bien... papá me tiene mamándole la verga hace mucho –confesó Rita, mosqueada-. Se la chupo mejor que tú, sé qué le gusta y cómo. Conmigo se vuelve loco.

-Debes ser muy torpe –Nora se encogió de hombros, como decidiendo que su hija no servía -, eres de esas viles putas que paran el culo para que las follen y ya... perdí tiempo llamándote, ve con el inútil de tu novio.

Picada en su vanidad, Rita introdujo una mano en una pernera del pantalón corto, hasta la entrepierna. Al boxeador se le escapó un suspiro satisfecho. Nora disimuló una sonrisa al ver que había logrado su meta al hacer enojar a su hija.

-Papá, dile si no sé –replicó Rita-, dile papá, que te la mamo por las mañanas en tu cuarto. Te lo hacía de chica para que no me enviaras al colegio. Te gustó tanto que me lo sigues pidiendo. ¡Dile...!

Rita sacudía la mano dentro del pantalón corto, haciendo un promontorio debajo de EL CARNICERO. El boxeador, que parecía un carnicero, separó las piernas, sonriendo de placer y dejándolas pelear.

-Nada más entro a casa y se te para, así como te la estoy poniendo –insistió Rita-, te la mamo hasta te hago gritar, papá, dile.

-¡Ya, hija, hazlo! –susurró el boxeador- Me van a pesar otra vez... pronto, hazlo... sólo tú puedes... mh...

-Sé que sólo yo puedo –apresó el miembro encima de los pantalones cortos-.

Para vengarse de su mamá, Rita lo masturbó, sobando miembro con fuerza. El boxeador comenzó a gemir.

Rita bajó los pantalones cortos del boxeador, descubriendo el pene endurecido.

-Mh, Rita... –suspiró el boxeador.

-Enséñame cómo se lo haces –la retó Nora, divertida-, digo que no sabes.

-Ya verás, perra estúpida -la chica se agachó.

Rita recorrió lentamente con la lengua, la erección por un lado y en la enrojecida punta. El boxeador suspiró.

-Oh, Rita... me vuelves loco... oh...

Rita pasó la lengua húmeda a lo largo del miembro surcado de venas que latían. Se notaba que lo había preparado así infinidad de veces, con el mismo efecto de urgencia.

-Ya, Rita... mámala, mámala, empieza...

-Recuerda que es por dinero -susurró Nora -. Piensa en los vestidos, los móviles... ¡vamos, hazlo venir!

Poniéndose a un lado de la mesa, Rita abrió la boca introduciéndose la erección completa. Oprimiendo, empezó a succionar.

-Oh... así -el boxeador se agarró de la mesa-... has cómo te enseñé... así... ah... qué rico mamas.... ohh...

El CARNICERO jadeaba, mientras Rita le acariciaba el miembro con fuertes succiones.

- ...oh, oh –susurró él-... cada vez lo haces mejor... mejor que antes en el cine... mh, mama, mama... acábatela... mhh...

Rita sorbía la punta del miembro un rato, bajando hasta la raíz, mordisqueándolo, para subir y bajar de nuevo, sin dejar de sorber.

-Ahh, aah... sigue, Rita, sigue… así... como te dije... eso...

El boxeador estiró un brazo, palpando las piernas de su escultural hija. Subiendo la mano le apretujó los muslos, llegando a las redondas nalgas, que sobó bajo la minifalda.

Moviendo el miembro al succionarlo, Rita se dejaba tocar las nalgas. También eso lo habían hecho. Como por casualidad Rita se frotaba contra él, hasta que los abrazos se volvían manoseos debajo del vestido entallado.

-Ay, papá –jadeaba, con una mano metida en su pantalón y las manos del tipo bajo las bragas-... me agarras todo...

En la mesa de masajes, Rita hacía de nuevo el remate de las sesiones de manoseos, sorbiendo el miembro que había endurecido.

-¡Sí que lo tratas bien! –rió Nora- ¡Debes aplicarte más, puta!

El boxeador puso una mano entre las torneadas piernas de Rita, sobre las bragas, sobando. Nora tomó a su hija de la cabeza, haciéndola subir y bajar.

-¡Mh! ¡Mh! –protestó Rita.

-Chupa, chupa –dijo Nora-, sácale la venida, vamos.

-... así, así, ya sabes –dijo él-... ah... mh... qué piernotas...

-¡Mh!

-Eso, cómete esa verga, cómetela.

Rita se soltó, despeinada.

-Hagamos más –dijo lamiendo el miembro y bajándose las pantaletas por las largas piernas-, le daré a tu palo lo que tanto me has pedido.

Rita se subió a la mesa de masajes, abriendo las piernas a los costados del boxeador. La corta falda se le trepó a las caderas y con una mano se colocó el miembro entre los rojizos labios del sexo.

-¡Rita, sí...! –bufó el boxeador- ¡No te la habías dejado meter...!

La chica subía y bajaba rápidamente, haciendo que el miembro entrara y saliera de su vagina húmeda.

-¡Uhh! ¡Uhh! ¡Te gusta cogerme en tu gimnasio! –gimió- ¡Se te puso más gruesa!

-¡Rita, tu.. tu coño...! ¡Estás buenísima...!

Las nalgas de Rita saltaban entre los gemidos del boxeador. Nora lamió los testículos de su esposo.

-Lo repetiremos en casa –afirmó Nora, mordiendo las nalgas de Rita.

-¡Sí! ¡Sí! –jadeó Rita sacudiendo las caderas en corto- ¡Si ganas la pelea te lo doy otra vez! ¡Tu mujercilla nos verá follar!

Rita se puso a saltar de nuevo, haciendo rechinar la mesa.

-¡Me voy a venir! –gimió el boxeador apretándole las piernas desnudas- ¡Me...me voy a correr...!

-¡Vente en mi coño, vente!

Tomando los grandes senos de Rita, el boxeador elevó la pelvis, penetrándola por completo. El semen subió desde sus testículos, explotando en una larga eyaculación acompañada de gritos. El miembro se agitó expulsando el semen en espasmos dentro de la húmeda vagina.

Soltando el cuerpo para que su papá la moviera como quisiera, Rita dejaba caer la cabeza sonriendo lujuriosa.

p align=justify -¡Ahh, ahh! ¡Soy tuya, soy tuya! ¡Ahh! ¡Me matas con tu verga!

Sudando, el boxeador la dejó caer sobre él, suspirando. Rita movió lentamente las caderas, extrayendo el resto de la eyaculación.

-Ohh... qué puta... ohh...

Rita bajó de la mesa, sentándose en una banca luego de hacer venir a su papá, sin ponerse las bragas.

El boxeador con las piernas flojas, se acomodó el pantalón corto y salió. Ellas se pusieron a fumar.

-Lo hice venir como nunca –afirmó Rita, con las piernas- ¿Qué dices, dará el peso?

-Olvida el tema... tengo una idea, putilla –susurró Nora, sobándole una pierna-, te diré...

Tembloroso, el boxeador dio el peso en la báscula. Había perdido más de 200 gramos.

Noches más tarde ganó la pelea y se enfiló al campeonato en una arena vociferante, entre los aplausos de su esposa e hija, quien había terminado con su abatido novio. Al subir al Rolls-Royce, las dos le abrieron el cierre del pantalón.

Hallaron el modo de sacarle las ganancias de las peleas. Acostado en la alfombra de su casa, el boxeador veía a su esposa e hija desnudas, suspirando, pasándole la lengua por la erección y tomando la saliva de la otra, al turnarse para succionarle el rígido miembro.

-¡Ahh, ahh... par de putas... así, zorras... ahh... me están volviendo loco... ahh...!



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mamomen
Bonita manera de perder psso!.

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