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La familia del placer II


Norma era una gordita insaciable. Y sus hijas heredaron su forma de ser................ Como les conté en mi relato anterior Norma me proporcionaba un enorme placer. Hicimos cierta familiaridad. Por la actividad política iba seguido a su casa y hasta tuve buena relación con el compañero de Norma.

Ella me lo dijo por lo claro:

_\"Hace años me casé y tuve tres hijos. Después de separarme me quedé desamparada hasta que apareció este hombre con el que comencé a convivir. Con él tuve a las dos chicas. El tiene dos hijos más por su lado. Las cosas entre nosotros son claras. Ninguno de los dos le dice nada al otro y ambos salimos cuando se nos da la gana\".

No le hice preguntas porque no valía la pena.

Norma me presentó a sus hijas a las que yo ya había visto la primera vez que fui a su casa.

Lorena de quince y Manuela de catorce. Las dos habían heredado los ojos lindos de la madre y el color de piel algo trigueño del padre. Cualquiera de las dos estaba divina y ambas, pese a su corta edad, sabían cómo provocar.

Si bien la madre no les había dicho nada sobre el tipo de relación que tenía conmigo las dos se lo imaginaban. Se reían y lo festejaban.

Más tarde me presentaron a una de las hijas mayores de Norma: Doris. También era súper sensual pero algo más seria. Ésta le había dado dos nietos a Norma. La chica tenía una mirada bastante agresiva. Era como si desconfiara de todo y de todos.

Y también me presentaron a varias amigas más del barrio. La mayoría de ellas eran mujeres bonitas. Sin demasiado nivel ni distinción, no olvidemos que estaban en un barrio humilde, pero con el encanto del sexo a flor de piel en todas ellas.

Norma iba a la ciudad casi todos los días y siempre nos encontrábamos para ir a mi casa, cuando no había nadie, o a un motel. Nunca me reclamó nada ni me pidió fidelidad ni exclusividad. Ella quería sexo y nada más. No puedo decir que ella tuviese encuentros con otros hombres nunca me constó. Yo sí tenía salidas con otras mujeres de las que podía hablar con Norma con total naturalidad sin que ella me dijese nada. Norma asumía ser una más en una lista y aprovechaba cada minuto que estábamos entre las sábanas.

Así pasabamos las tardes cogiendo como animales y haciendo todo lo que se nos venía a la mente.

Un buen día Norma me invitó a ir de viaje con su familia a una playa de Brasil.

A costa de muchos sacrificios habían hecho reparar una casa rodante y tomaron la desición de hacer ese viaje. El compañero de Norma no iría e iba a ser ella quien condujese el vehículo. Se integrarían al viaje Lorena y Manuela, Pablo un hijo que Norma había tenido entre la relación con el padre de su hija mayor y el compañero actual, Doris con sus dos hijos pequeños. Sandra, una de las amigas negras de Norma que viajaba con su sobrino Lucas, Norma y yo.

Salimos a las cinco de la mañana con la idea de estar en Brasil a la noche del otro día. En el viaje la música sonaba a todo volúmen y todos bailaban.

Las mujeres me miraban pero Sandra y las hijas menores de Norma lo hacían más intensamente que Doris.

Norma presentía que en ese viaje no iba a tener la exclusividad. Ella conocía a su gente y sabía de sobra que cualquiera de las mujeres que iban en esa casa rodante, tanto sus hijas como sus amigas, terminarían seduciéndome. No le gustaba pero lo aceptaba porque esa era la ley de esa gente.

Aún en territorio uruguayo paramos en varios lugares para descansar y las mujeres se me acercaban y me tocaban con cualquier excusa.

A la noche de ese primer día paramos unas horas cerca de la frontera y nos tiramos en las cuchetas.

Yo estaba semi dormido cuando Lorena me toca el hombro y me dice:

_\"Sandra y yo tenemos algo que preguntarte\".

_\"¿Qué?\" Dije entredormido.

_\"Nos dejarías tocarte\".

_\"¿¡Cómo?!

_\"Es que nos gustás a las dos y no sabemos cómo hacer para estar contigo. ¿Te animarías a acariciarnos a las dos?\"

Sí mis amigos. Así como lo están leyendo.

Una de las hijas de Norma y la amiga me pedían que las tocara.

Al principio no supe que hacer. Yo sabía que Norma iba a aceptar cualquier cosa pero esto me parecía demasiado. Todos allí dormían. Sólo estábamos despiertos Sandra, Lorena y yo.

Continuará. No lo duden.



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