Isabel acababa de tomar café con Marta y Carmen, sus dos mejores amigas, como hacía todos los jueves por la tarde. Se reunían y charlaban un buen rato. Mientras se despedía de sus amigas pensaba que era una mujer que se sentía feliz en la vida, tenía un marido que la quería, con un empleo estable que les permitía salir de vacaciones una o dos veces al año. Tenían una bonita casa que ella se encargaba de decorar, dos coches y disfrutaban de un nivel de vida medio acomodado. A sus cuarenta............. y dos años, Isabel se veía joven y con ganas de vivir, de educar a sus hijos y de compartir su vida con su fiel marido Pedro.
Isabel se dirigía a casa, no tenía una tarde especialmente atareada, recoger a los niños del colegio, darles la merienda y después tendría un rato libre hasta que se pusiera con la cena. Había pensado en leer un poco, pero algo ligero o corto, ya que acababa de terminar de leerse los pilares de la tierra, un libro muy largo, de modo que prefería algo ligero, no tenía ganas de empezar a leer una novela.
Se acordó que Pedro tenía en su despacho un libro de cuentos cortos y en su descanso fue a buscarlo. Cuando llegó al despacho se dio cuenta que el ordenador de su marido estaba enchufado, pensó que él se debía haber olvidado apagarlo, pero le resultaba extraño ya que él solía ser muy cuidadoso con esas cosas.
Movió el ratón para quitar el protector de pantalla y apagar el ordenador cuando Isabel se sobresaltó repentinamente al ver lo que mostraba aquella pantalla, algo así como una página de relatos pornográficos. No podía entender qué era aquello, pero su sorpresa fue mayor cuando se dio cuenta que la página estaba abierta con un perfil de usuario: \"pollaloca63\". Isabel no daba crédito a sus ojos, su marido leía esas guarradas y obscenidades y a saber que más podía hacer. Pero la cosa se torció más todavía cuando vio un enlace que decía \"mis relatos publicados\". Pensó que sería imposible que su marido escribiera relatos en una página web, aquello debía tener una explicación, o simplemente que aquel enlace estuviera vacío. Su marido, el hombre bueno y agradable que amaba estaba a punto de defraudar a la pobre Isabel que se sentía completamente avergonzada.
Después de pinchar en el enlace, Isabel cerró los ojos y suspiró: -por favor no. Cuando volvió a abrirlos no se lo podía creer, aquel desgraciado tenía cuatro relatos publicados y el primero de ellos se titulaba \"Las amigas de mi mujer\"...
Isabel sintió una punzada en el estómago, aquello no era lo que quería leer esa mañana. La ira empezó a apoderarse de sí misma. Pinchó en el primer relato y empezó a leer. No tardó en darse cuenta de que su marido estaba relatando un fin de semana que fueron de vacaciones a Mallorca con Carmen y Marta y sus respectivos maridos. Según el relato Carmen era una mujer esbelta, alta y delgada, de piel blanca cuya cabeza portaba unos briosos rizos pelirrojos. Era una tierna fruta que Pedro, su marido, se merendaba mientras el resto del grupo estaba en la playa.
Un arrebato de celos y de angustia empezó a sofocar a Isabel, pero quería seguir leyendo y saber lo que aquel cerdo había escrito. Su marido escribía que Carmen tenía los mejores senos que había visto nunca. Isabel se sentía humillada, estaba a punto de explotar, pero no podía parar de leer. Continuaba Pedro: ...perfectos pechos redondos y duros de piel blanca como la leche de almendras y pezones marrones y duros que chupaba y mordisqueaba. Pedro enloquecía cuando desde aquellos pechos se dirigía a comerse el dulce manjar que Carmen guardaba entre sus largas piernas, hundía su cara en su liso vientre -¡¡¡hijo de puta, pero si tiene más barriga que yo, aunque ella no haya tenido hijos!!!- se deslizaba poco a poco hasta que sentía su rizado y suave, y también pelirrojo vello púbico al mismo tiempo que aspiraba profundo para captar el perfume de Carmen. Empezó a pasar su lengua por los contornos vaginales de aquella hermosa mujer, primero chupaba a un lado, luego a otro, hasta que se introducía en lo más profundo de su flor. Entonces su lengua empezaba a jugar con el clítoris, Carmen se estiraba y de vez en cuando su cuerpo palpitaba ante los quehaceres de Pedro...
Isabel no podía continuar leyendo, estaba acalorada, nerviosa e irritada. Fue a por un poco de agua fresca y empezó a pensar en aquel viaje a Mallorca, pero no recordaba que en ningún momento su marido y Carmen pudieran quedarse a solas tanto tiempo para que ocurriera aquello que allí estaba escrito. Empezó a pensar en las noches del viaje, en que se podían haber encontrado mientras ella dormía pero no le cuadraba. -vientre liso, vientre liso, hijo de puta lo voy a matar-. Pero llegó a la conclusión de que aquello no podía haber ocurrido en Mallorca. Los gritos de los niños la devolvieron a la realidad, apagó el ordenador, después de cerciorarse de la dirección web y se dispuso a hacer la cena.
Se encontraba en un estado de shock, estaba deseando que llegara su marido para montarle tal espectáculo y pedirles tales explicaciones que pensaba que aquello podía ser el fin de su matrimonio. Así que por fin llegó el esperado momento, se escuchó la puerta de la entrada, los niños corrieron a saludar a su padre. Isabel estaba a punto de desmayarse, un sudor frio le recorría el cuerpo, tuvo que calmarse y respirar hondo. Cuando su marido entró por la cocina con dos monigotes de hijos colgando de su cuerpo..., no podía ser el mismo que escribía aquellas barabaridades. Pedro era un hombre sencillo, con aspecto humilde y bonachón. Cualquiera lo declararía inocente.
Isabel pensó que todo había sido una pesadilla, que aquello no podía haberlo escrito aquel hombre, el padre de sus hijos, aquel que le regalaba flores en su cumpleaños y le preparaba el desayuno los domingos. -¡¡¡Pero, joder, la puta del vientre liso tenía que ser Carmen!!!-. Él se acercó a besarla, casi no se sostenía en pie, pero no tuvo valor para decir una palabra, se negó a sí misma que aquello había sucedido y decició esperar al día siguiente y comprobar si aquello continuaba allí. Llegó el momento de ir a dormir pero Isabel no podía pegar ojo pensando en que su marido podía tener una doble vida. Mientras Pedro dormía empezó a pensar en la vida de sexual de ambos. Se sentía satisfecha con sus relaciones sexuales en el fin de semana, pero cayó en la cuenta de que su marido no le comía \"la tierna flor que había entre sus piernas\" desde hacía años. El sentimiento de fustración reapareció, pensó que algo no hacía bien, que no sería suficiente para Pedro, hasta que la angustia la condujo al sueño.
El siguiente día empezó como todos, desayunos, llevar los niños al cole, así hasta que las tareas la dejaron de nuevo libre. Fue corriendo a casa a enchufar el ordenador deseando que aquella página no existiera y que pollaloca63 fuera fruto de una pesadilla. Sin embargo, aquella página existía y pollaloca63 seguía teniendo cuatro relatos publicados. Isabel continuó leyendo el relato que dejó a medias. Ahora Pedro coqueteaba con su amiga Marta la cual poseía el mejor culo que Pedro hubiese conocido. Marta, todo lo contrario que la tierna fruta de Carmen, era una yegua desbocada. Flamenca mujer morena de tez oscura cuyos ojos negros enmudecían. Pedro y ella habían logrado deshacerse del grupo en Mallorca durante unas horas y se escaparon a la habitación de Marta en el hotel. Entraron en la habitación besándose locamente y tocándose por todo el cuerpo, se besaban fuerte, rápido y apasionadamente. Cayeron sobre la cama sin cesar un instante. Bruscamente Pedro la colocó a cuatro patas e insertó su polla en aquella indomable potranca, la follaba con grandes embestidas y Marta gemía con cada una de ellas. Pedro la agarraba del culo y le empujaba fuerte una y otra vez. Repentinamente aquella detuvo los movimientos de su culo, miró desafiante a Pedro y le espetó -métemela por el culo- Aquél, como esclavo a su amo, obedeció la petición de Marta e insertó su verga en el prieto ano de su amante. La mujer empezó a chillar hasta que ambos llegaron al orgasmo y rendidos desvanecieron en la cama.
Isabel se quedó paralizada, no sabía que pensar, quién era su marido. Apagó el ordenador y salió de casa, automáticamente sus piernas la llevaron al mercado, compró algunas cosas y volvió a preparar la comida. Seguía negando lo que sus ojos veían. Hoy venía su madre a comer y a pasar la tarde con sus nietos. Así que durante el resto del día no pudo continuar con su investigación y terminar de leer lo que su marido escribía.
Pasó el día y llegó la hora de acostarse a dormir, tampoco había encontrado valor para enfrentarse a su marido, al fin al cabo su ejemplar y feliz vida familiar estaba en riesgo. Así que prefirió leer todo lo que Pedro había escrito antes, para saber a qué se enfrentaba.
Isabel se acostó al lado de Pedro, éste de nuevo cogió el sueño y pronto estaba durmiendo pero Isabel no dejaba de pensar en cómo su marido se follaba a sus amigas, aunque fuera en su imaginación. Empezó a sentir envidia de la yegua de Marta y no podía parar de imaginar a su marido embistiéndola salvajemente hasta dejarla exhausta. En esos momentos Isabel se dio cuenta de que estaba mojando sus bragas, se tocó y se percató de que estaba toda mojada. Estaba desorientada, puso su mano en su vagina y se apretó fuerte cerrando las piernas fuertemente. Sentía odio y estaba excitada. Las imágenes de su marido follando con sus dos mejores amigas la perturbaban, hasta que el propio cansancio psicológico la durmió y pudo dejar de pensar en ello.
Al día siguiente se propuso leer el segundo relato \"Mi primer intercambio\". Isabel no tenía muy claro que era lo que Pedro se disponía a intercambiar pero seguía negando lo que había descubierto, como si al pinchar se encontráse con que su marido intercambiaba coches o mascotas. Pero Isabel abrió la boca sorprendida cuando se dio cuenta que ella misma iba a ser intercambiada por su propia hermana. No lo podía creer, aquello era demasiado, no sólo debía ser pecado sino que iba en contra de la naturaleza. Empezó a leer el relato, el cual ocurría en su propia casa una noche que invitaron a su hermana Luisa y a su novio a cenar.
Después de la cena y de estar todos desenvueltos con la bebida empezaron a jugar y la cosa empezó a calentarse hasta que el juego se convirtió en un \"a que no te atreves a...\" Pronto la hermana de Isabel tenía en la boca la pollaloca63. Según Pedro, Luisa, la hermana menor de Isabel era una especie de Isabel pero en pequeña, con lo cual se ponía cachondo con sólo mirarla y desde siempre había deseado tener sexo con ella. En esos momentos Luisa era la primera que tenía que actuar en el juego y le había tocado hacerle una mamada a Pedro mientras el resto observaba. Luisa se acercó al sillón de su cuñado, se arrodilló delante de él y le bajó los pantalones. Una prominente verga se erigió hacia el cielo y Luisa sacó su lengua y desde el tronco hasta la punta pasó su húmeda lengua para acto seguido introducírsela de un movimiento toda entera en la boca. Acariciaba sus huevos mientras su cabeza se movía de arriba abajo. Después de un rato succionando le preguntó a Pedro donde quería correrse a lo que éste le respondió que en su boca. Aquella pequeña Isabel sin más dilación chupó hasta extraer el esperma de Pedro mientras éste gemía de placer.
Isabel sacó la vista del ordenador y respiró profundo, cerró los puños sobre la mesa, estaba toda empapada. No sabía que le estaba pasando, pero se sentía muy excitada. Continuó leyendo cuando cayó en la cuenta que ella también estaba en el relato. Se puso nerviosa, se acomodó el pelo, como si alguien fuera a ver lo que iba a hacer en el relato. Nerviosa y excitada siguió leyendo.
Le tocó el turno de jugar a Isabel en la cena familiar. El novio de Luisa dijo que se volvía loco por follársela a cuatro patas mientras ella se comía la polla de su marido. Y que aún más le excitaba que su novia viera todo aquello. Isabel, según había escrito Pedro, era una mujer decidida a la que nunca le temblaba el pulso, que a sus cuarenta y dos años se conservaba como una de treinta, que sus amigas la envidiaban por el tipo que tenía y que su cuñado estaba loco por follársela.
A Isabel, la lectora, se le escapó una sonrisa mientras no podía dejar de leer, no se lo podía creer, iba a estar con dos hombres al mismo tiempo. Se encontraba muy acalorada y se desabotonó un poco la camisa y continuó leyendo.
Una vez se había establecido lo que tenía que hacer Isabel en el juego, su cuñado se acercó al asiento de ella, pero ésta levantó una pierna y puso un tacón sobre el paquete de su cuñado deteniéndolo. Mientras lo miraba pícaramente, le mostraba su entrepierna a través de la minifalda. -La lectora dio un respingo en su asiento y continuó leyendo- Isabel se quitó la camisa dejando su sujetador negro, mostrando sus portentosas tetas, se quitó seductoramente sus bragas sin quitarse la minifalda. Se acomodó a cuatro patas, levantó la falda y mostró su vulva palpitante, ardiente y depilada a su cuñado.
La lectora casi no podía respirar ante la Isabel que describía su marido y empezó a tocarse, estaba ardiendo como la vulva de su yo en el relato y mientras leía se masturbaba. El cuñado la penetró mientras Isabel buscaba la polla del semental de su marido para tragársela toda. Puesto que su hermana ya había pasado por allí tendría más tiempo para disfrutar de la verga insaciable de su querido esposo. Así que mientras era follada por su cuñado chupaba fuerte y succionaba a su marido.
Nuestra lectora estaba volviéndose loca, se puso cachonda imaginando al joven fornido de su cuñado embistiéndola por detrás mientras se la comía a su marido. Empezó a tocarse más deprisa con un mano, mientras con la otra se metía un par de dedos. Dejó de leer, cerró sus ojos mientras su propia imaginación la transportaba. Ahora le decía a su cuñado que se la metiera por el culo y así fue como Isabel llegó a un increible orgasmo.
Una vez pasó la tempestad durmió un rato, al despertarse se dio una ducha y se dirigió a leer los dos relatos que le faltaban \"Isabel y el mulato\" y \"El cocido de mi suegra\". Así fue cómo Isabel empezó a tener una doble vida, convirtiéndose en la mejor lectora de su propio marido. Llegando a orgasmos antes inalcanzables con historias en las que a veces ella misma era la protagonista. Su matrimonio siguió siendo modélicamente igual pero ahora Isabel tenía un secreto.