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La despedida de Mario


Eran las seis de la tarde cuando son el telefono, lo cogio y era la voz de mi amigo Mario. Que me invitaba a una fiesta que habia organizado su novia en un bonito parador de Guadalajara. Ni inventandome miles de excusas me pude escapar de aquella invitacion. Debido a no soportar a Mar, la novia de Mario, no porque fuera muy pesada. Si no que yo ya me habia pasado de la raya en un par de ocasiones. Y, la chica, de muy malas maneras me habia puesto en mi lugar. Creo sinceramente que no era para tanto. Solo eran chiquilladas de juventud y pecado veniales que cometemos de vez en cuando. De malas ganas acepte la invitacion y no acaba de comprender el interes que mostraba. Me vesti de una manera informal y cogi el primer taxi al parador. Tarde una infinidad hasta que llegue al condenado parador. Parecia que estaba en el fin del mundo y daremos gracias que estaba cerca. Si no creo que no habria llegado nunca. Me baje y me encamine hacia el parador. No tenia muy mala pinta por el exterior. Era un edificio.............. de piedra rustica de tres plantas. La entrada estaba al final de un tramo de tres escaleras y era de apertura por infrarrojos. Al entrar en la recepci�n un botones muy amable me pidi� el nombre y al dec�rmelo. Me condujo a los bajos del parador. Al llegar abajo, justo en la entrada, estaba la parejita haci�ndose arrumacos. Le di las gracias al botones y les dije con iron�a.

-�Ya esta bien pavitos que os vais a romper! �No podr�ais separaos un momento? Mar, cari�o, no me mires as� que lo hago por t� bien.

Mar se volvi� con rapidez y si las miradas matasen yo ya estaba enterrado. Sin embargo, la cara de Mario era candor y alegr�a de verme all� y d�ndome un gran abrazo me dijo.

-Si�ntete como en tu casa. Ya que esto es para conmemorar...

No pudiendo seguir por el puntapi� que le dio Mar en las espinillas. La muy canalla se las gastaba muy feas. Pero, de esta manera, no iba a poder conmigo. La mire desafiante y lanz�ndole un beso la dije.

-Guapetona, no te preocupes que no os voy a avergonzar. Por que creo que la pocilga esta en otro sitio. Y, creo que t� casa esta m�s cerca de ella.

Con odio mas que simpat�a me replico d�ndome un pu�etazo en el hombro. �Ni lo estar�s pero sinceramente no creo que te sientas a gusto all�. Porque gente como t� sobra en cualquier parte.

Haci�ndola una reverencia y bes�ndola la mano argumente, -seguro, milady, que hay un sitio mejor para nosotros. Pero, me lo reservo para que no se moleste su sensibilidad. Ya que la tiene tan a flor de piel.

Mario no paraba de re�r por la cantidad de majader�as que est�bamos diciendo. As� que en un alarde de caballerosidad y lanzando un capote nos dijo. -�Basta ya de tonter�as! Mar a que hemos venido a pasarlo bien. Pues, entonces, deja de pelearte con Astolfi. No me dices miles de veces que no merece la pena. Para de una vez. Y, t� siervo de la gleba. Deja de vacilar y comp�rtate que estamos delante de la gente.

-�C�mo usted mande milord!

Entre risas intento seguir pero no pod�a por la memez que acababa de decir. Tardo un rato hasta que se sereno y prosigui� con su charla.

-Te he llamado porque estamos celebrando nuestra despedida de solteros.

-�Qu� dices, eso no puede ser! T� despedida te la tengo que organizar yo.

-Y un cuerno, para que env�es a mi marido por ah� medio bolinga. �Vete al cuerno un rato!

-Mar tampoco es eso. Que Astolfi la har�a con la mejor intenci�n. �A qu� s�?

Me gui�o un ojo mientras yo la respond�a, -claro, Mar, preciosa. Solo iba a ser una peque�a fiesta entre los colegas y punto. Nada m�s

Con los brazos en jarra y con una cara que le llegaba a los pies me replico, -ya me conozco vuestra fiesta de colegas. Juergas salvajes e incontroladas que siempre acaban bien. Como la de pablo que se fue de viaje a Pamplona en tren tres horas antes de casarse. A s� la de Juan que le encadenasteis a la puerta del cuartel de la guardia civil borracho y con un pasamonta�as puesto. Y, la mejor de todas, la de H�ctor que le encerrasteis en su casa durante tres d�as. �Jolin!, que divertido.

-Mar, por favor no seas tan severa. Fueron cosas inocentes, tonter�as de juventud. Ahora hemos madurado y no creo que me hicieran esas cosas.

-�Ya, ya! Pero de este ser no me f�o, -con cara de pocos amigos.

En mi rostro se debi� de reflejar la maldad porque ninguno de los dos se crey� los argumentos que esgrim�, -A ver si lo entiendo. Tem�is que os haga alguna putadilla. Como pod�is pensar eso de m�. Si soy la persona m�s buena del mundo. �Al mirarlos y verles la cara que pon�an cambie de argumento y prosegu�. �Bueno lo confieso ten�a preparado algo. Pero, me lo hab�is fastidiado. Solo os iba a vestir de terroristas suicidas y os iba a dejar en medio de la plaza Mayor de Madrid dormidos. Para que cuando os despertarais estuvierais rodeados de polic�a y os llevaseis un buen susto. Nada m�s y creo que no tiene importancia.

La cara de ambos era un poema al escuchar lo que le hab�a decido. Mario ten�a que sujetar a Mar porque se lanzaba contra m� para sacarme los ojos. Mario con un gesto me dijo que me alejara de all� y con decisi�n me escabull� entre la gente.

La fiesta estaba muy animada. El sal�n estaba lleno y me di una vuelta a ver si ve�a alguien conocido. Pero, para mi sorpresa, no hab�a nadie conocido. Era de esperar la muy bruja no le hab�a dejado que invitara a sus amigos. Pero, si hab�a tenido tiempo de invitar a las estiradas de sus amigas. Que eran insufribles y era mejor estar alejado de ellas. Aunque para mi no me resulto muy dif�cil. Porque las muy guarras ten�an el mismo concepto de m� que Mar. No en vano eran sus amigas. Por suerte, me tope con la familia de Mario que salude con efusividad. Ya que los conoc�a desde el jard�n de infancia y hab�amos coincidido en todos los a�os de colegio y dos de instituto. Al llegar a tercero cogimos ramas distintas y carreras distintas. De esta manera, conocimos a personas distintas y mujeres distintas. De ah� apareci� esa estirada de Mar de la facultad de periodismo. La muy estirada y sabihonda, lleva a�os intent�ndonos separar. Pero nuestro v�nculo es m�s fuerte que el acero y ella no tiene el calor necesario para separarnos. Charlaba amigablemente con su hermano mayor cuando vi que un �ngel recorr�a el sal�n. Casi no me fije en ella porque no me dio tiempo de verla bien. Al escurrirse entre un grupo y desaparecer de inmediato. Me disculpe y sal� en su persecuci�n. Fue en vano porque al no ver por donde se hab�a ido hab�a perdido su rastro. Me recorr� el sal�n varias veces. Pero, no hab�a rastro de ella. Parec�a como si se la hubiese tragado la tierra. Me desilusiones y me dirig� hacia la mesa donde serv�an las bebidas. Cog� una cerveza y la di un gran trago. Entro como mano de santo para calmar la sed que me hab�a entrado al verla. En ese momento nos llamaron para cenar. La gente sali� disparada hacia el sal�n contiguo y se vaci� poco a poco. Cual fue mi sorpresa que la vi que se dirig�a al sal�n. Una ola de calor invadi� mi cuerpo al verla camina. Tan gr�cil y armonioso. Su cuerpo iba envuelto en un traje de noche negro con tirantes muy escotado tanto de delante como de detr�s. Y su figura quedaba realzada por los tacones que llevaba. Sin pens�rmelo dos veces, sal� disparada hacia donde se encontraba la mujer. Pero, la volv� a perder al meterse dentro de la multitud. Cuando intente recorrerme el sal�n para encontrarla un camarero muy simp�tico me indico que las mesas estaban adjudicas y si era tan amable que �l mismo me acompa�aba hasta mi mesa. Fue horrible la decepci�n que me lleve, no solo por el desgraciado del camarero si no por la gente con la que me hab�a sentado la muy canalla. Estaba sentada con toda la chavaler�a que no superaba los setenta a�os. All� estaba solo frente al peligro con un bellezon recorriendo el sal�n y yo sentado con el quinteto de la muerte. Hablando de sus batallitas y de los muertos conocidos que ten�an. Una de las ancianas se dirigi� a m� para preguntarme de parte de qui�n ven�a. La conteste muy amable y me ignoraron toda la noche. Eso fue fabuloso porque pude comer a gusto, al no tener que meter baza. Pero era un fastidio al escucharles como relataban los achaques que ten�an y discut�an sobres las enfermedades de sus familiares y como siempre sacaban los muertos a relucir. Era el infierno dentro del sal�n. Fue aterrador y, a la vez, muy frustante el estar sentado y no poder buscarla. Al acabar la cena, fue un alivio porque nos dijeron que pod�amos pasar a la discoteca que ten�an en el s�tano. La gente se levanto poco a poco y se fueron bajando a la discoteca. Por suerte, mis queridos ancianos, fueron los primeros en desaparecer y encaminarse a la discoteca. Eso me permiti� tomarme una copa a mis anchas mientras oteaba el horizonte. Al momento, note unas manos sobre mis hombros, alce la cabeza y vi que era Mario solo. Sonre� y charlamos hasta que la volv� a ver. Esta vez estaba hablando con un grupo de gente que no conoc�a mire a Mario y le pregunte.

-�Qui�n es aquella mujer del vestido negro que esta hablando con esa gente?

-Es Francesca, una amiga del trabajo de Mar. No la conozco mucho s� que son muy buenas amigas. Pero, nada m�s.

-Ya esta, no sabes nada m�s. Pues, vaya, cre�a que me ibas a dar su tel�fono.

-�Carb�n! �Siempre igual! Si tienes tanto inter�s ac�rcate a ella y p�deselo.

-Ahora mismo. �D�nde se ha metido?

Se�alando con el dedo Mario me respondi�, -muy f�cil bajando las escaleras hacia la disco. �Tontaina!

Ten�a raz�n sal� como un cohete disparado pero al llegar a la escalera. Ya no se la ve�a. Baje con lentitud para poder ver el paisaje pero no hab�a rastro de mi dama. La desilusi�n se apodero de m� y con paso cariacontecido me aproxime al bar ped� una copa y me la tome con tranquilidad mirando hacia la pista de baile. Todo el mundo se lo estaba pasando de miedo menos yo. El tonto que estaba buscando a la dama del amanecer. Me quede pensativo hasta que una voz me saco del enso�amiento.

-�Buenas noches, mi dulce amigo! �Me buscaba, aqu� me tienes para lo que gustes?

Al darme la vuelta casi se me cae la copa de la mano, al verla delante de m�. Era preciosa, mas aun que de lejos. Su mirada desprend�a un calor y una simpat�a sin precedente, su sonrisa te desarmaba y su palabra te conquistaba. El solo mirarla me produjo un vaci� inmenso. Me quede petrificado, no pod�a mover ni un m�sculo. Solo la pod�a contemplar su cara. Sal� del enso�amiento cuando ella chasca los dedos y me acaricio la mejilla. Con una amplia sonrisa me comento.

-Si no te importa vente conmigo a sentarte mientras tomamos algo.

Me cogi� de la mano y me llevo a una esquina de la discoteca. La iluminaci�n era un foco que daba justo encima de la mesa peque�a de cristal. Flanqueando a esta hab�a un sof� y una rinconera. Me sent� en la rinconera mientras observaba como se sentaba en el sof�. Al ser un vestido vaporoso y acabado en picos. Se lo estiro pas�ndose las manos por el trasero hasta que se sent�, cruzo las piernas y se me quedo mirando mientras oscilaba el pie de arriba abajo. Ese movimiento me hipnotizo d� tal manera que no note cuando dos mujeres se sentaron al lado m�o. Me di cuenta cuando me besaron. Sal� del trance, la mire y cuando mire hacia Francesca estaba retirando la mesa y acercando el sof� todo lo que pod�a. El sof� quedo situado encima de foco de luz y Francesca al sentarse repiti� la misma acci�n. Salvo que esta vez se subi� la parte delantera de la falda hasta las rodillas. Se quito el zapato que llevaba cogido al tobillo por una correa y lo apoyo sobre el m�o. No pod�a de dejar de mirar su cuerpo sumido entre luces y sombras. Mi adrenalina se disparo y la excitaci�n tomo el control de la situaci�n. Mi cuerpo reaccion� como un misil a las caricias que me daban las dos mujeres que me flanqueaban. Sus bocas jugueteaban con mi cara. Bes�ndome y mordisque�ndome tanto por el cuello como por las orejas. Mi boca se fund�a entre las de ellas y sus manos recorr�an mi cuerpo a su antojo. Era tan fuerte el deseo que perd� el control sobre mis sentidos. Me deje llevar a los valles de la lujuria y del desenfreno. Estaba a su merced y sometido al influjo de las tres mujeres. Ambas pararon de inmediato y me sujetaron las manos por las mu�ecas. Las mire, pero ellas solo miraban hacia Francesca. La mire y vi la lujuria en su cara. Note como su pie ascend�a por mi pierna y se acomodaba entre mis piernas. Lo poso sobre el paquete haciendo fuerza mientras se acomodaba en la butaca. Mi miembro la dio la bienvenida creciendo de tama�o e intentando escapar de mis pantalones. Su pie, por su parte, no cedi� en el empe�o y sigui� con fuerza acarici�ndomelo. De arriba para abajo a un ritmo constante. Mi placer aumentaba pero no era pleno. Mi mayor satisfacci�n hubiera sido el haber atrapado ese pie con mis manos. Hubiera sido la cima del �xtasis pero las dos mujeres no me dejaban. Trate de escapar, fue en vano porque sus fuerzas no flaquearon ni un instante. Me deje ir al comprobar que el intento fue bald�o. Y, cuando estaba llegando a un estadio superior Francesca disminuy� el ritmo y mi calor corporal descendi�. Me relaje y recost� mi cabeza contra el sof� para recuperarme un poco. Hasta que mi pulso y mi respiraci�n fueron constantes. Entonces levante la cabeza y vi que las tres segu�an a mi vera. Esto me envalentono y con gran coraje y fuerza de voluntad pose mi mano en la pierna de cada una de las mujeres que ten�a a mi lado. Y con mucha delicadeza la fui deslizando hasta la cara interna del muslo. En lugar de cerrarlas se fueron abriendo para permitir con mayor facilidad mi ascensi�n. Fui subiendo con lentitud hasta que llegue al final de la media. Note como sus cuerpos se estremec�an al pasar mi mano del delicado nailon al calor de sus pieles. Se les puso la piel de gallina y un gran escalofri� les debi� recorrer el cuerpo. Al llegar a la ingle tantee para tocar la braga. La toque y busque la goma para colarme dentro. Sin oposici�n la levante y me introduje como un ladr�n. Me sorprend� al comprobar que ambas iban depiladas. Una de ellas iba rasurada por completo, la otra sin embargo se hab�a dejado una l�nea muy delgada de pelos. Descend� y con suma destreza le separe los labios vaginales y empec� a masturbarlas. Mis dedos recorr�an su vulva con toda confianza, unas veces entraban en la cueva sin llamar y otras solo se dedicaban a tocar a la puerta. Ten�a en mis manos a las dos mujeres que se retorc�an de placer seg�n el ritmo que yo tocara. Pero, mis ojos no se pod�a desviar de la mirada de Francesca. Esta por su parte segu�a inm�vil con su pie en mi paquete. Contemplaba la situaci�n con tranquilidad y serenidad. Y, en un momento dado, saco el pie de mi entrepierna. Se echo hacia delante con una sonrisa mal�vola, las golpeo en las pantorrillas y las mujeres reaccionaron cerrando las piernas y se sacaron mis manos de sus co�os. Se levantaron y se perdieron entre la muchedumbre. Me quede confuso y contrariado por la situaci�n. Francesca volv�a a tomar el control de la situaci�n y se sentaba con toda tranquilidad en el sof�. El triunfo se reflejaba tanto en la cara como en su sonrisa y esta situaci�n la hacia m�s grande. Yo, sin embargo, estaba muy contrariado y enfadado. Estaba llegando a la cima cuando por dos veces la muy zorra de Francesca me lo chafa. Pero, esto no iba a quedar as�. No pod�a permitir que se salieran con la suya. Una se me iba y otra se me ven�a cuando me arme de valor y me lance a por ella. Con rapidez me abalance sobre ella, Introduciendo uno de mis brazos entre sus rodillas y el otro entre los ri�ones y el respaldo del sof�. La cog� en volandas y la pose sobre el tresillo. Sin dejarla respirar, la abr� de piernas y me introduje entre ella cogiendo la por los brazos y llev�ndoselos por encima de la cabeza. Mi cuerpo recorr�a toda la superficie del suyo salvo ambos troncos que se separaban progresivamente. De esta manera nuestras miradas se entre cruzaban y as� yo pod�a dominar la situaci�n para decirle mi opini�n como as� hice.

-�Te cre�as muy lista! Cre�as que me ten�as bajo tu control. Pues, no y vas a saber lo que es bueno. Por no dejarme disfrutar de tus amigas. Te voy a poseer aqu� mismo delante de todos y si quieres puedes chillar todo lo que quieras para que te vean como te poseo.

A Francesca se le ilumino la cara y con sarcasmo me replico. �Vamos, gran macho, emp�lame como una puta. Me da igual. Pero, ten segura una cosa que si me domas aqu� mismo. En la vida poseer�s a mis amigas.

Mi semblante cambio, mis fuerzas disminuyeron bajo m�nimo. La solt� y con cara de pocos amigos me la quede mirando. Se incorporo y se me acerco a cuatro patas como una gata en celo. Bes�ndome en la mejilla me dijo mientras su mano descend�a por mi pecho y me masajeaba mis partes por encima de los pantalones.

-Me gustan los hombres decididos y a los que les gusta jugar. S�gueme y jam�s me podr�s olvidar.

Se levanto y me cogi� de la mano para que me levantara. Acced� de muy buena gana poni�ndome en pie, al llegar a su altura me rodeo el cuello con su brazo y me dijo al o�do.

-Quiero que sigas siendo t� mismo y que aproveches la situaci�n todo lo que puedas. Mi cuerpo Serra tu goce como el tuyo del m�o. Rel�jate y d�jate llevar por el camino del placer. Para poseer lo dones que dios nos ha dado.

Paro de hablar al notar como mis manos se quedaban pegadas en su trasero y jugueteaban con �l. Su mirada se hizo m�s en�rgica y una sonrisa picarona afloro en su rostro. Me gui�o el ojo y me beso apasionadamente. Al principio mis labios estaban semi cerrados y se fueron abriendo a medida que su lengua se introduc�a en mi boca. Cada vez era un poco m�s hasta que por fin entro hasta la cocina. Fue algo maravilloso el tener su cuerpo junto al m�o. Notar el oscilar de sus pechos contra mi pecho, la turgencia de sus gl�teos contra mis manos y el rozar de su vientre contra mi miembro. Me hizo enloquecer y estuve en un tris de tumbarla sobre el sof�. Pero, en el momento que lo iba a hacer ella se despego y me dijo.

-Creo que no es el sitio apropiado para dejarnos llevar. S�gueme y disfrutaremos el uno del otro.

Me cogi� de la mano y salimos de la sala en un abrir y cerrar de ojos. Llegamos al ascensor, lo llamo y mientras los esper�bamos mi brazo la atrajo contra mi cuerpo y mi mano volvi� a perderse entre sus nalgas. Ella me sonri�, se pego todo lo que pudo y se dejo llevar hasta que llega el ascensor. Entramos en �l y al cerrarse las puertas la lujuria se apodero de nosotros. Francesca me arrincono contra una de las esquinas y se lanzo a comerme la boca con mucho ardor. Sus manos me sujetaban la cabeza mientras su lengua y su saliva se hac�an due�as de mi boca. Mis manos iban por libre recorriendo todo su cuerpo hasta que llegaron a su cintura. Estas a medida que segu�an su descenso comenzaron a traer su cuerpo hacia el m�o. Adem�s, de que la iba subiendo el vestido para introducirla en su interior. Francesca, en lugar de alejarse, se iba pegando m�s y se dejaba hacer. Mis manos traspasaron la frontera y recorrieron los gl�teos de principio a fin. Hasta que son� el timbre del ascensor. Nos separamos, nos colocamos la ropa y nos apeamos como una pareja normal. Aunque nuestra calentura fuese mayor. Escrutamos el pasillo para comprobar que no hab�a nadie y al haber comprobado que no lo hab�a. Francesca y yo nos entrelazamos y fuimos caminando hasta la puerta del dormitorio. Al llegar, Francesca se adelanto y meti� la tarjeta para abrir la puerta. Momento que aproveche para cogerla por la cintura, ac�rcame todo lo que pude y comentarle mientras mis manos sub�an y la atrapaban sus pechos.

-Espero que este preparada para lo que te viene encima. Luego no protestes menina.

La llave hizo un ruido met�lico que indicaba que estaba abierta. Francesca retiro la tarjeta, abri� la puerta y la lanzo hacia el interior. Avanzo hacia el interior de la habitaci�n conmigo pegado a ella, tan pegado que pod�a sentir su respiraci�n. Cerr� la puerta al pasar y retrocedi� hasta que mi espalda queda apoyada contra ella. Me retiro con sus manos las m�as de sus pechos, se dio la vuelta y me dio un beso corto pero intenso. Me miro y me dijo susurr�ndome al o�do.

-Bienvenido caballero a mi habitaci�n y espero que disfrute el espect�culo que va a vivir.

Encend� la luz y vi a las dos mujeres que nos hab�an abandonado en la discoteca tumbadas en la cama. Una al lado de la otra. Francesca se adelanto y ambas chicas fueron al encuentro de ella. Las tres se saludaron con sendos besos en la boca. Se pusieron delante de m� y me las presento.

La primera que me presento fue a Carol, una rubia de media melena y lisa, media uno setenta. Iba vestida con un camis�n de tirantes que dejaba vislumbrar la escasez de pecho. Adem�s que apenas le tapaba el culito prieto y respingon que tapaba con la braga. Las piernas iban enfundadas en una medias negras que le llegaban a la mitad del muslo e iban sujetas mediante la goma el�stica de estas. La segunda fue Ana que era morena de pelo largo y rizado, media uno sesenta e iba vestida con un body transparente que le dejaba al descubierto todos sus encantos. Tania unos pechos grandes y turgentes que bamboleaban a medida que se mov�a y el co�o lo ten�a rasurado. Cada una de las mujeres se colocaron halado de Francesca. Esta, por su parte, deslizo sus brazos por la cadera de estas y reposo sus manos al final de cada una. Me quede boquiabierto al contemplar la situaci�n. Si Francesca estaba buena, las mujeres que la flanqueaban igual o mejor aun. Y, para colmo, las tres estaban en la misma habitaci�n que yo. Mi cara deb�a de ser un poema porque las tres mujeres ten�an una sonrisa de satisfacci�n en sus caras. Las tres mujeres se dieron la vuelta y vi como Francesca descend�a su mano por el culo de ambas e introduc�a el dedo entre los gl�teos de ambas. Ninguna de las dos mujeres rechist�, ni hicieron el amago de retirarlo, se dejaron hacer hasta que el dedo se introdujo por completo dentro de sus gl�teos. Al llegar a la cama, Francesca las coloco a cuatro patas, se dio la vuelta mientras me dec�a.

-Est�n colocadas para su disfrut�. Espero que las hagas gozar como yo lo har�a. Son tuyas.

Francesca se fue retirando a medida que yo me aproximaba a las dos mujeres. Era un espect�culo maravilloso. El ver a dos mujeres con el culo en pompa para ti y tapado en cierta medida por un tanga de menos de cinco cent�metros. Al llegar a la altura de Francesca, la bese en los labios y me quede mirando a las dos mujeres. Para m� era imposible decidirme por alguna. Porque ambos culos estaban de muerte. As� que lo primero que hice fue acariciarlos a los dos a la vez. Los recorr� por completo pero sin llegar a profundiza y llegue a la conclusi�n que era una perdida de tiempo y de goce porque no las pod�a satisfacer a la vez. As� que tome la decisi�n de ir una por una. Me decid� por Ana porque era la que m�s porci�n de cuerpo la hab�a visto. Adem�s de haberme gustado los melones que ten�a y quer�a poseerlos de inmediato. Al estar de pie mi primera reacci�n fue sac�rmela para penetrarla sin dilaci�n pero Francesca amarr�ndome de la mano y moviendo la cabeza me dijo que no. Me dio rabia que Francesca me cortara el rollo y sin darme cuenta la golpee en el culo. Me quede sorprendido al ver que Ana no se mov�a ni un mil�metro. Si no que mantuvo la posici�n y solt� un gemido de gusto. Repet� el golpe y no solo respondi� de la misma manera sino que el gemido fue m�s fuerte. Esto disparo mi adrenalina y me encendi� el chip de la bravuconer�a. En lugar de acariciarla con mimo me lance a estilo salvaje. Mis manos le agarraban, le apretaban, le pellizcaban como autenticas posesas. Me dedicaba a escupir en el tanga tanto por delante como por detr�s sin contemplaciones. Y esparc�a la saliva con mis manos por toda la entre pierna. Ana disfrutaba como una enferma y no me daba tregua ninguna. Su culo cada vez iba mas para atr�s y era m�s sensible a mis caricias. Llego a la cima de la excitaci�n cuando la enganche del tanga y tire de el para arriba con delicadeza. Entonces, la parte delantera del tanga se fue transformando en un hilo que desapareci� a trav�s de los labios vaginales. Parec�a que no llevase nada puesto. Al estirar del tanga, me permiti� separarlo de su piel y poderlo apartar hacia un lado. De esta manera, pude juguetear con su ano. Escup� varias veces sobre para lubricarlo y esparc� la saliva con los dedos d�ndole un suave majase. Al notar que perd�a humedad me lance a humedecer la superficie con mi lengua que recorri� toda la superficie con total impunidad. Al principio me dio un cierto resquemor el chuparla o besarla el culo pero al notar la rugosidad de su esf�nter sobre mi lengua me excito de tal manera que me hizo enloquecer de placer. Una corriente de lujuria se apodero de m� y me transformo en una persona diferente. Ya no solo quer�a parparlo con la lengua sino que quer�a penetrarlo con la misma. Y, sin pens�rmelo dos veces, la abrir los gl�teos todo lo que pude y la introduje la lengua. La primera vez solo met� la punta de la lengua pero despu�s la introduje todo lo que pude. Fue indescriptible la sensaci�n que me recorr�a todo el cuerpo y el sabor que pose�a en mi boca. Eso me hizo enloquecer y disfrutar del ano en todas sus dimensiones. Estaba pose�do y para m� ya no hab�a otra cosa en este mundo nada m�s que disfrutar de ese ano. Hasta que una mano me adujo de aquel mundo paradisiaco. Al mirar hacia donde ven�a la mano me di cuenta que era la de Francesca que me dec�a.

-Venga campe�n que ya he visto muy bien como has hecho disfrutar a Ana. Ahora quiero ver como lo haces con Carolina.

Al mirar hacia las dos mujeres vi como el ano de Ana rezumaba mi salpica y se deslizaba hacia su co�o. Me acerque a ambas, le di dos cachetes en el culo de Ana y repart� la saliva por su culo y la que se deslizaba hacia su co�o la aproveche para repartirla sobre los labios vaginales. Mi mano recorri� de arriba para abajo toda su superficie y sin darme cuenta fui introduci�ndome cada vez m�s. Al principio, solo le abr�a los labios y con sus propios jugos le acariciaba el cl�toris. Pero, al final, acabe por penetrarla. Mis dedos se deslizaron hasta donde los nudillos permitieron. Mantuve mi mano en su interior hasta que Ana comenz� a moverse. Como una ni�a t�mida pero con decisi�n, se aparto hasta que casi tuvo fuera la u�a y se lo introdujo de sopet�n. Fue el sonido m�s agradable que he escuchado el golpear de mi carne contra la suya. Repiti� el movimiento varias veces hasta que aumento su calor y sus jugos inundaron mi mano. Ah� aumento su frecuencia y bombeo se hizo m�s intenso. Mis dedos aparec�an y desaparec�an a una gran velocidad y sus gemidos se hicieron constantes. Yo, no hice nada en absoluto. Solo saque la mano de su co�o cuando acabaron los espasmos de su orgasmo. Mi mano estaba anegada por sus jugos, la limpie con mi lengua y ataque sobre mi otra presa

Carolina por su parte era otra cosa. Al llevar puesto esa especie de camis�n de tirantes dejaba solo descubierto el culo por su parte frontal. Al ponerme frente a ella, la levante el camis�n y pude ver su culo en toda su expresi�n. Enga�aba mucho al verlo cubierto por el camis�n. Pero, pose�a un algo especial, al estar semi tapado. El morbo de percibirlo y no poderlo ver. Mis manos se posaron sobre sus bragas y el tacto del nailon me hizo enloquecer. La acaricie toda su superficie con suavidad, poniendo mas esmero sobre la raja de los dos gl�teos y su co�o. Mi sed de sexo fue en aumento y sin pens�rmelo dos veces la agarre por la cintura y simule como la penetraba. La embest� y frote mi paquete hasta que Francesca me volvi� a dar otro toque de atenci�n. Entonces me apoye el tronco contra su espalda, deslice mis manos por el suyo hasta que acaricie sus peras. Y volv� a restregarme como un animal desoyendo la advertencia de Francesca. Esta me agarro por el pelo y d�ndome un estir�n fuerte me levanto de la cama y me obligo a que me arrodillara delante de ella. Hizo el adem�n de golpearme la cara pero en el �ltimo momento se freno dici�ndome.

-S� un ni�o bueno y acata las �rdenes. Solo t� ser�s capaz para librarte del castigo. Y �yeme bien antes de seguir, solo har� contigo lo que t� hagas con los dem�s.

Me acaricio la cara y me dejo proseguir. Levante la vista y vi como se alejaba de donde estaba. Como un rayo concentre toda mi atenci�n sobre Carolina como un animal en celo me lance sobre ella y comenc� mi asedio. La verdad era que la visi�n que ten�a desde arriba era magnifica pero la que ten�a ahora era sublime. Y fue mejorando a medida que fui introduciendo mi cabeza entre las piernas de esta. Al tumbarme sobre la cama vi de otra manera la situaci�n. No solo que el culo dominaba el entorno sino que el co�o, el vientre e incluso si me apuras hasta los pechos. De esta forma la limpieza de bajos iba a ser mayor. Mis ojos no sab�an d�nde posarse porque donde mirasen siempre descubr�an algo nuevo. Sin embargo, mis manos estaban en su salsa al anda a su libre albedr�o. Tan pronto estaban encaramadas en sus pechos como se perd�an entre los confines de sus piernas. Mi excitaci�n era may�scula y mi pene estaba dentro de una prisi�n luchando por liberarse. Pero, esto no lo pod�a cambiar al tenerme que someter a sus reglas. As� que como un loco, me lance a comerme sus pechos. Mi boca y mi lengua recorr�an largas distancia para poder probar el delicioso n�ctar de sus pezones. Primero, a trav�s de su ropa. Pero, al final, sac�ndolos del envoltorio. Sus pechos eran dos peras maduras que colgaban del �rbol para que yo la disfrutase. Una vez que me sacie de este manjar fui descendiendo por su vientre hasta que llegue al ombligo. El oasis m�s bonito que un viajero se pudiera encontrar en medio del desierto. Me colmo m�s de deseo que otros lugares que alguna vez hayamos visitado. Le regale todas mis atenciones y este se hizo deliciosamente escurridizo. Se reblandec�a o se endurec�a al ritmo que le daba mis caricias. Me hubiera quedado toda la vida si no hubiese estado tan cerca del monte de venus que apareci� de improviso. Solo basto una mirada furtiva para verle aparecer all�. Dibujado sobre el horizonte mis manos volaron hacia �l y se fundieron en �l. Pronto la humedad hizo presencia en �l y mi boca se lanzo a fundirse con ella. Mi lengua recorr�a toda su extensi�n dejando un surco tras de si. Llego un momento que no se sab�a que eran jugos y que era saliva. Solo se ve�a una tremenda humedad. Sal� de la cueva, la abr� las piernas y la quite las bragas. Y casi me caigo al suelo redondo al ver lo que estaba viendo. Carolina ten�a uno de los mejores culos y el co�o m�s bonito que hab�a visto. Esto volvi� a aumentar mi lujuria y al tener en las manos las bragas. Me dedique a frotarle el co�o y el culo con ellas. Cuando acabe las ol�, las lam�, se las tire a Francesca para se quedara con ellas y me volv� a introducir entre las piernas de Carolina. Me dedique en cuerpo y alma a lamerla el co�o y a penetr�rselo. Primero un dedo, luego dos y acabe metiendole tres hasta el fondo. Carolina disfrutaba de lo lindo cada vez que le introduc�a los dedos dentro de la vagina. Su cadera oscilaba de arriba para abajo y sus gemidos eran audibles. De vez en cuando paraba cuando llegaba al estadio m�ximo, le sacaba los dedos y me dedicaba a masajearle el ano. Su disfrute fue m�ximo hasta que note que mi picha quedaba libre. Salto como un resorte al quitarme los pantalones y los calzoncillos. Segu� con mi trabajo hasta que note que entraba en algo c�lido y h�medo. Al principio, la cabeza se me fue y fui dominado por la lujuria. Pero, despu�s, se me despeja la cabeza y comprend� que me las estaban mamando. Note el suave deslizar de la lengua sobre el pene y como la saliva se deslizaba a trav�s de �l y se perd�a por entre los huevos. Me abrace a Carolina y la mordisquee los labios mientras la boca sub�a y bajaba como una posesa. Le dije que se quitara y cual fue mi sorpresa al ver que la que me estaba mamando la polla era la propia Francesca. Se la saco de la boca teni�ndola firmemente agarrada por los huevos. Esta quedaba en perpendicular no solo por la tremenda erecci�n sino por que sobresal�a entre el dedo coraz�n y anular. De esta manera, la pod�a mamar, chupar y escupir con toda facilidad. La polla estuvo de esta manera hasta que se canso. Luego la cogi� como si fuera un micro por encima de los huevos. Recorri� toda la extensi�n de la misma con la lengua, aprisiono el capullo entre los dientes y con ella en la cara mientras me dec�a.

-Posees la polla m�s rica del mundo. Pero, aun no esta preparada para mis mejores deseos. Haz disfrutar a mis amigas como unas perras y follatelas a tu antojo. Y demu�strame que eres digno de entrar en mi harem.

Se levanto y se quedo apoyada en la pared mirando hacia la cama. Me puse en pie para seguirla pero ella me lo neg� moviendo las manos. Me di la vuelta y vi que las dos mujeres estaban tumbadas sobre la cama y seg�n me iba acercando se levantaron y se acercaron al borde de la cama. Me quede de pie en medio de ambas ense��ndolas mi pene erecto. Ambas mujeres se fueron acercando paulatinamente mientras me ve�an como me pajeaban. Estuvieron as� hasta que conclu� de pajearme y deje el pene erecto en medio de ellas. Ninguna de ellas daba el primer paso hasta que las ayude con mis manos sobre sus cabezas. No opusieron resistencia, ni las obligue, si no que al sentir la presi�n de mis manos se lanzaron sobre ella. Sus bocas llegaron a la vez y siguieron el mismo recorrido. Desde los huevos hasta el glande y luego se besaron con mi glande en medio. Fue maravilloso notar el intercambio de saliva y de las lenguas luchando por entrar en la boca de la contraria. Mi erecci�n aumenta al ser participe de este intercambio. Nada mas finalizar, se fueron turnando para introduc�rsela en la boca. Mi polla era como una peonza que iba de boca en boca perfor�ndolas hasta la campanilla. Todo sigui� igual hasta que me centre en Ana. La sujete de la cabeza y comenc� a follarme su boca sin compasi�n. No iba a un ritmo constante si no que lo variaba de vez en cuando. Lo mismo que la profundidad de penetraci�n que oscilaba unas veces m�s dentro que otras. Una de las veces cuando ten�a la polla dentro de su boca. Carolina aprovecha el momento para chuparme el culo. Esto me enloqueci� el notar como sus labios y su lengua jugueteaban con mi recto y como su saliva era esparcida por su mano hasta los huevos. Sent� tanto placer que casi me corro en la boca de Ana. As� que tuve que parar y retirar a Carolina de mi recto. Esto hizo que mi excitaci�n remitiera un poco y me recuperara un poco. Me levante de la cama, observe a las dos mujeres y volv� a la faena. Cog� a Ana por las piernas, la arrastre hacia m� y abri�ndola todo lo que pude. Se la clave hasta el fondo. Sus ojos se abrieron como platos, la cara se le empez� a poner roja y un leve gemido se le escapo entre dientes. La fui dando embestidas duras y lentas mientras la iba levantando las piernas hasta que sus rodillas quedaron a la altura de mi pecho. Se la met� hasta el fondo y me fui echando sobre ella hasta que mis labios se fundieron con los de ella. Al irme retirando sus ojos desprend�an un brillo especial y su cara era el fiel retrato de la lujuria. Nuestros ojos se fundieron en uno solo mientras me la follaba. MiI polla entraba y sal�a de su cueva como un martillo neum�tico golpeando con una precisi�n milim�trica. Mi autoestima y mi frenes� iban en aumento en la medida que aumentaban sus gemidos. A Ana le era imposible el mantener los ojos abiertos, de mantener las manos quietas y de mordisquearse el labio. Casi estuve a punto de correrme al notar los espasmos del orgasmo. Note como oscilaba su cadera y se le contra�an los m�sculos p�lvicos. Fue maravilloso el mantenerla dentro. Al concluir se la saque, la acarici� los pechos, la bese y me fui contra Carolina. Que estaba sentada a los pies de la cama observando la situaci�n y masturb�ndose. Al verme se tumbo boca arriba y fue al encuentro de mi polla. Yo me deje hacer y Carolina tomo el control de la situaci�n. Paseo su lengua por mi pene sin dejar un solo rinc�n, fue descendiendo por los huevos hasta que llego al ano. All� me volvi� a aplicar el masaje que me hab�a hecho con anterioridad pero esta vez con m�s calma. Su lengua se afano en humedecerlo, en acariciarlo y hasta en penetrarlo. Una sensaci�n nueva me abordo y me desestabilizo. En lugar de perder firmeza en el miembro este reacciono como si tal cosa poni�ndose mas dura que de costumbre. Perd� la noci�n del tiempo mientras me lo estuvo chupando y solo fui consciente de la situaci�n cuando volv� a sentir mi polla en su boca. Carolina se agarraba a mi culo y se tragaba mi polla hasta los huevos levantando la cabeza. Aproveche una de las veces que descend�a para tumbarme sobre ella y follarle la boca. Carolina la abri� todo lo que pudo y me sigui� el juego. Se la saque de la boca, la golpee con ella y se la restregu� por toda la cara. Su cara reflejaba satisfacci�n de ser golpeada con un miembro. Me fui apartando para admirarla m�s detenidamente y ahora me daba m�s morbo que antes. Al verla con toda la cara cubierta de saliva y la sonrisa picarona que ten�a. La puse boca abajo abri�ndola las piernas todo lo que pude. Vi como se abr�a su co�o y el culo. La escup� entre los gl�teos y esparc� la saliva con la mano. Tanto el culo como el co�o desprend�an un calor muy especial y me ordenaban que los tomase. Mi primera impresi�n fue la de meterla en el co�o pero en el �ltimo momento cambie de opini�n y se la met� por el culo. La fui acercando a la entrada de su ano con lentitud. Pose mi glande contra su esf�nter sin hacer fuerza. Luego empec� a hacer un poco de fuerza. Al principio el esf�nter se resisti� pero poco a poco fue cediendo y cada vez me dejaba llegar m�s lejos. Primero la punta, el glande, un poco mas del glande, media polla, tres cuartos de polla y por �ltimo la polla entera. Al tenerla dentro me tumbe sobre ella y apoye mi cara en su hombro. Su cuerpo estaba totalmente empapado y su respiraci�n era entrecortada. La cara estaba roja y gem�a con debilidad. La bese en el cuello y la empec� a follar con delicadeza sin movimientos bruscos y sin sac�rsela del culo. A partir de ah� sus gemidos se hicieron m�s fuertes y constante, y a la vez m�s rico para m�. Que reforzaban mi posici�n. Al cansarme de estar en esa posici�n, me fui levantando con la polla metida en su recto. La ayude a levantarse deslizando mis brazos por sus caderas. Cuando estaba a mi altura la agarre del pelo y la fui levantando la cabeza hasta la altura de la cadera. As� es como la volv� a sodomizar pero esta vez sin compasi�n. Mis embestidas eran m�s fuertes y constantes, y de vez en cuando, se me sal� de su culo y se la ten�a que volver a meter. Ya no gem�a si no que gritaba en una mezcla de placer y dolor. Entre gritos fui apoyando mi vientre contra su espalda, deslice mis manos sobre sus pechos y la levante con migo hasta que quedamos derechos. Segu� as� hasta que una mano me golpeo el culo, gire la cabeza y vi que Francesca estaba al lado m�o dici�ndome.

-�Ya esta bien! Deja a un lado de estas mariconadas porque ha llegado el momento de la traca final. Chicas, gracias.

Sin darme cuenta Carolina ya se hab�a sacado mi polla de su culo y se hab�a alejado de la cama junto con Ana. Ambas mujeres estaban apoyadas contra la pared mirando la situaci�n. Volv� a mirar a Francesca y esta me beso apasionadamente mientras me hacia caer junto con ella a la cama. Trate de zafarme de ella para follarmela a gusto. Pero, ella no me deja neg�ndolo con la cabeza. Me deje llevar y sin recomendarse a Dios, ni al diablo se introdujo mi polla en su vagina. Cabalgo sobre m� como una autentica posesa mientras sus u�as aprisionaban mis pectorales. No s� que me dio pero perd� la cordura de tal manera que solo recuerdo que me despert� sobre la cama yo solo. La habitaci�n estaba desierta y no hab�a rastro de las mujeres de la noche anterior. Fue, algo descorazonador, el darse cuenta de que has pasado una buena noche pero ha sido todo ficticio. La registre de arriba para abajo por si hab�a alg�n rastro de ellas pero no hab�a ninguno. Me vest� y con a�oranza abandone la habitaci�n con cierta nostalgia, a la vez, que melancol�a. No por la situaci�n vivida sino por no recordar nada. Eso solo pod�a ser debido por una cosa los efectos del alcohol. Pero, mi cuerpo no albergaba ning�n tipo de resaca. Del mismo modo que entre sal� de la habitaci�n y me dirig� al ascensor. Por el camino iba enfrascado en mis pensamientos cuando una voz me saco de mi ensimismamiento. Me di la vuelta al reconocer ese timbre de voz y cual fue mi sorpresa al ver all� parados y con una sonrisa de oreja a oreja a Mar y a Mario. Mi semblante pasa de la alegr�a al fracaso y casi sin mirarlos les pregunte.

-�Qu� dec�s? Iba metido en mi mundo y no s� lo que me estabais diciendo �Me lo pod�is repetir?

-�Qu� tal has pasado la noche, campe�n? Te veo algo p�lido como si no hubieras dormido.

-D�jame en paz, Mario. Y, adem�s, a vosotros que os importa si he dormido o no

-S�, s�. A otro tonto con ese cuento. Si hubieras dormido no nos contestar�as de esta manera.

-Vale, Mar. �Vete a la mierda con tu novio!

-Astolfi no es necesario que seas borde. Solo queremos saber si triunfantes anoche. Solo eso.

-Os lo dir� vuestras altezas. �No me acuerdo! �Vale! �Y tampoco s� si he dormido! Si me disculp�is tengo que volver a la habitaci�n.

-A coger la memoria que la tienes ida.

Me contesto Mar ri�ndose al igual que el imbecil de Mario mientras me volv�a hacia la habitaci�n. Fue la excusa perfecta para deshacerme de ellos. Los muy pelmazos no tendr�an otra cosa que hacer que joderme la ma�ana. Con lo bien que me hab�a levantado. Me los tengo que encontrar por el pasillo para darme la brasa. Menos mal que uno tiene escuela y sal� airoso de los atolladeros. Al pararme delante de la puerta de la habitaci�n rebusque por entre lo bolsillo para buscar la llave. Y, por m�s, que miraba no aparec�a. En cambio, ten�a un sobre en el bolsillo del pantal�n. Me extra�o tenerlo por que no recordaba haberme guardado ninguno y estaba seguro que hay deber�a de estar la cartera. Lo saque, lo abr� y cual fue mi sorpresa que en su interior hab�a dinero y una nota. Un recuerdo apareci� en mi mente y fue la cara de Francesca. Me emocione y con premura le� el contenido de la nota que dec�a as�:

\"Lo siento mucho por no esperar a que te despertaras. Pero, tengo negocios que atender. Aqu� te dejo el dinero para que vayas a reunirte conmigo a la direcci�n abajo indicada. Espero verte hoy. Anoche lo pase de miedo. P.D. Por si cambias de idea, tengo tu cartera.\"

No me importo lo mas m�nimo que me hubiera cogido la cartera para obligarme a ir. Hubiera ido de todas formas para saber que fue lo que la hice. Lo que m�s me gusto fue la forma tan sutil para obligarme a ir. Me sent�a halagado y, a la vez, un poco contrariado. Por no saber el juego que se tra�a entre manos Francesca. Y, sin aguardar un instante m�s, sal� del hotel y me encamine hacia la direcci�n que me indicaba.

Al motarme en el taxi el trayecto se me hizo inmenso. Pero, a la vez, llevadero por no quitarme de la cabeza a Francesca. Estaba muy ilusionado con volverla a ver. No me di cuenta ni por donde iba, ni el d�a que hacia hasta que me apee del taxi. Al poner el pie en la calle un sol radiante y caluroso me golpeo en la cara devolvi�ndome a la realidad. Le pague al taxista y cuando se marcho vi que estaba delante de un chalet. Pero, era el �nico chalet que hab�a en la calle. Exceptuando el que hab�a al final de la calle que casi no se le distingu�a. Me quede maravillado al verlo. Un chalet de cuatro plantas de paredes rusticas y un jard�n inmenso. La primera impresi�n fue tocar al telefonillo pero al apoyarme en la puerta esta cedi� y se abri� de par en par. Con tranquilidad y un poco de nervios entre en el jard�n cerrando la puerta. La casa por fuera se ve�a inmensa pero por dentro tendr�a que ser aun mayor. Toda la finca estaba vallada y ten�a una barrera de alizonica que la bordeaban por completo. Estas no permit�an que ninguna mirada indiscreta penetrase en la casa. Rodee la casa por el jard�n que pose�a un manto verde de c�sped que desprend�a el frescor de estar reci�n cortado. Seg�n me iba internando en la propiedad empec� a vislumbra el reflejo del agua en la piscina que no era muy grande. Solo serv�a para refrescarse en este tiempo. Mis ojos me dol�an mucho al no saber donde deb�a de mirar porque los pusiera donde los pusiera siempre me quedaba extasiado. Al bordearla casi por completo, pude ver que el jard�n trasero era inmenso. Estaba sin palabras de tanta belleza que hab�a all� dentro. Solo me saco del enso�amiento una voz que no sab�a donde estaba. Hasta que me di cuenta de la mujer que estaba tumbada al sol. Con tranquilidad me acerque a ella y me puse mir�ndola tap�ndola el sol. Ella no me quitaba ojo a trav�s de sus gafas de sol y al estar tumbada boca abajo sobre la hamaca. Al llegar a su altura me pregunto.

-�Eres el amigo de Francesca? �respondi�ndola con un movimiento de cabeza. �En cantada, soy Zoraida. �A�adi� mientras se levantaba.

Me quede sin palabras al ver el cuerpo que ten�a esa mujer. Llevaba puesto un bikini de dos piezas en azul claro. La parte de arriba le tapaba en parte su abultado pecho pero al ser transparente la parte delantera. Dejaba a la vista sus pezones. Sin embargo la parte de abajo era grande y bastante ce�ida. Lo que le marcaba sus labios vaginales. El color del bikini le acentuaba el moreno que ten�a en la piel. Me parec�a mentira que Francesca solo tuviera amigas de ese estilo. Y no hubiera ninguna fea dentro de la colecci�n. En el fondo me ca�a bien la muy jodida. Zoraida me sonri� al ver la cara que hab�a puesto seg�n se levantaba, se levanto las gafas dejado al descubiertos esos ojos azules gris�ceo que pose�a y me dio dos besos. Se dio la vuelta y se volvi� a tumbar boca abajo. Casi me desmayo al verla los cuartos traseros. Si lo de delante estaba bueno lo de atr�s era mejor. Me tuve que calmar y sentarme para que no se me notara mucho. Aunque creo que Zoraida se dio cuenta que mi mirada se hab�a centrado en el culo tan bonito que ten�a y por la poca tela que lo tapaba. Y, sin dejarme respirar me dijo.

-Siento tener que decirte que Francesca se ha tenido que ir a realizar una serie de gestiones. Pero, me ha dejado a m� para que te haga compa��a, para disculparme en su nombre y para servirte en lo que mandes. Y, tambi�n, me ha dicho que esta noche os reunir�is en su casa de Madrid a la que te llevare.

-De acuerdo, Zoraida. �Pero, se puede saber que haremos hasta entonces?

-No s� t� pero yo voy a tomar el sol todo el d�a.

-Pues mira que bien. Que d�a m�s bonito me espera. Pero, en fin, si no hay otra cosa me tumbare a tu lado.

Me levante, me sent� en la hamaca de al lado y cuando me iba a tumbar Zoraida me interrumpi� dici�ndome lo siguiente.

-Guapet�n, antes de que te sientes puedes ser tan amable de darme un poco de crema para que no me queme.

-Con mucho gusto, pero en lugar de llamarme guapet�n. Ll�mame por mi nombre que es Astolfi.

La cog� el bote de crema protector de su mano y me puse se rodillas al lado de su tumbona. Mis ojos hac�an chiripitas al verla el cuerpazo que ten�a delante de m�. El calor era insoportable no solo por la solana que me estaba dando sino por la temperatura corporal que se disparaba por momentos. Todo concluyo con un empalme de campeonato al ver como se limpiaba las manos acarici�ndose los gl�teos, se desabrochando la parte de arriba del bikini y coloca los brazo como almohada para apoyar la cabeza. Todo era perfecto salvo un detalle que Zoraida no hab�a retirado lo que un�a la parte superior del bikini. Con sumo cuidado retire la primera parte y cuando iba a retirar la segunda. La que ya hab�a retirado volvi� a su sitio. Esto me contrario un poco hasta que lo cog� y se lo introduje entre el sujetador y el pecho. Zoraida ni rechisto al notar como introduje mi mano y le toque el pecho sin reparo. Esto me altero un poco m�s y mi adrenalina se disparo hacia cotas insospechadas. Despu�s de haber despejado la espalda comenc� la operaci�n. Disparando un chorro de crema por su espalda. Zoraida dio un respingo al notar el frescor de la crema al chozar contra su espalda. Y, de inmediato, me puse a extenderla masaje�ndola la espalda y haciendo breves incursiones por los hombros, el cuello y, de vez en cuando, los laterales incluyendo los pechos. Zoraida ni rechisto sigui� tumbada, dej�ndose hacer y esto me permiti� ir mas all�. Volv� a coger el tubo de crema y esta vez se lo aplique sobre los gl�teos y las piernas. Le fui extendiendo la crema sobre sus gl�teos sin profundizar y bajando la pierna hasta que llegaba a los pies. Repet� varias veces la correr�a para que me dejara hacer. Pero, una de la veces que sub�a la mano la deslice entre la pierna y la fui subiendo entre sus gl�teos hasta que acabaron. Hay me detuve y se los masajee de nuevo pero esta vez mis manos se introduc�an entre sus gl�teos. Pare cuando Zoraida se dio la vuelta dici�ndome.

-Ya esta bien de darme crema en la parte trasera. Creo que tengo m�s piel en la parte delantera.

Zoraida se tumbo boca arriba a poyando su cabeza sobre sus brazos y dejando las piernas semi abiertas. No sab�a que hacer si seguir o darme la vuelta y largarme a mi casa. Pero, como ella me hab�a invitado a darle crema no la iba a hacer ese feo. As� que me aproxime e iba a darla crema cuando me paso lo mismo. Pero esta vez lo que me molestaba era toda la parte de arriba. As� que con tranquilidad y algo de colaboraci�n por su parte se lo retire, dejando al aire sus pechos. Dos enormes pechos que se escapan por entre mis dedos y que ser�an perfectos para hacer una cubana. Lance un chorro de crema en el canalillo y fue como una bomba de relojer�a. Porque su pecho se endurecieron y sus pezones salieron disparados a recibirme. Fue un placer y un grato honor el poder aplicarle la crema sobre sus pechos. Enloquec� solo al notar la firmeza y la suave textura de ambos senos. Y la facilidad con la que mis manos pod�an recorrerlos por la lubricaci�n de la crema. Con lentitud le fui extendiendo la crema por todo el vientre hasta que llegue al principio de la braga del bikini. Hay me retuve un poco al no querer despedirme con tanta facilidad del mejor manjar que son los pechos. Me desped� de ellos dici�ndoles hasta luego y con un leve apret�n. De ah� descend� hasta la braga. Me pare y me entretuve extendiendo la crema sobre su vientre como si tal cosa. Pero, de improviso, hice una peque�a incursi�n sobre terreno enemigo. Deslice mi mano con premura sobre la braga acarici�ndola toda su extensi�n hasta que le dibuje los labios vaginales sobre ella. De all� volv� a subir con rapidez. Espere un poco y vi que Zoraida no me dec�a nada. Eso me indico que las hostilidades aun no hab�an comenzado. Me envalentone y mande un grueso de mis efectivos sobre territorio enemigos. Pero, esta vez, no para hacer una breve parada. Si no para tratar de tomar posesi�n del monte. Mi mano volvi� a discurrir sobre su braga pero esta vez se centro en el co�o. Se lo sobe hasta la saciedad, recorri�ndolo de punta a punta, introduciendo mis dedos tanto en su interior como entre sus gl�teos lo que me permit�a su fina tela. Zoraida casi no reaccionaba. Solo aumento su frecuencia respiratoria y comenz� a entreabrir las piernas. Mi mente fue relegada a un segundo plano y mi polla tomo el control de la situaci�n. Marco el principio y el fin de mi estado y me dio las fuerzas necesarias para cruzar la frontera de introducir mi mano entre su braga. Fue chocante el tocar su co�o rasurado y suave. Eso me excito sobre manera y provoco que aumentara mi temperatura corporal hasta m�ximos aun no descritos. El sudor me recorr�a toda la espalda y me empapaba tanto la camisa como los pantalones. Mi pulso se acelero y se mantuvo m�s firme que de costumbre lo que me concedi� aun m�s precisi�n en mis trabajos manuales. Mi mano tomo posesi�n del terreno con una facilidad espasmosa y lo reconoci� de arriba para abajo y viceversa. Dando libertad a los dedos para explorar cualquier oquedad. Fue un disfrute mutuo al permitirme Zoraida que mis dedos entrasen en su raja con total libertad, que los frotase contra su cl�toris y que la masajeara el ano. Todo concluyo al llegar Zoraida al orgasmo que fue acojonante el sentir como sus m�sculos se contra�an con mis dedos en su interior. Zoraida se incorporo cerrando las piernas con la respiraci�n alterada y gimiendo como una loca. Me saco la mano de su conejito y se tiro de cabeza a la piscina. Yo me quedo sentado observando como se refrescaba en la piscina mientras recog�a sus fluidos con la lengua de mi mano. Cre�a que al chuparme la mano la excitaci�n disminuir�a pero fue casi al contrario me la aumento mas todav�a. Y fue peor cuando la vi salir de la piscina con solo la parte de abajo del bikini, con sus domingas al aire y como las gotas de agua recorr�an toda su figura. Era la sensaci�n mas agradable y placentera que hab�a tenido desde hacia tiempo. No s� que cara tendr�a o por lo empalmado que estaba que al acercase Zoraida me dijo.

-Astolfi creo que te convendr�a que te duchases antes de salir a comer porque tienes una pinta horrible.

-No creo que necesite una ducha precisamente ahora, �no crees?

La conteste mientras me pon�a en pie, dejando al descubierto mi gran empalme. La cara de Zoraida cambio de la satisfacci�n al asombro, sin poder controlar su mirada que se centraba en el bulto que ten�a dentro de mis pantalones y con una voz entre cortada me repiti�.

-Insisto Astolfi y ahora mas que nunca que necesitas una ducha bien fr�a, para bajarte el calor.

Sin hacerle caso a sus palabras me fui acercando a ella. Rode�ndola para poder captar como sus ojos me persegu�an como un alma en pena hasta que me coloque a su espalda. Ah� volv� avanzar hacia ella hasta que nuestros cuerpos se fundieron en uno solo, Mi mano se posaron en su cuerpo acarici�ndola los se�or, el vientre hasta que se hundieron raja mientras mis labios se comieron su pescuezo. Zoraida al principio se sobresalto pero al notar la suavidad de mis caricias se dejo llevar presa del desenfreno. Con suma destreza me hice con el control de la situaci�n u consegu� llevar a Zoraida al terreno donde yo quer�a. Como un gran bailar�n la fui aproximando hasta la hamaca donde la tumbe y me aleje para poderla verla mejor. Su cuerpo desprend�a un vigor y una fuerza especial que te llamaba para que lo poseyeras sin control. Su mirada pose�a un brillo especial que traspasaba cualquier tipo de pasi�n llegando a la lujuria. Me fui desnudando a medida que me iba acercando hasta que solo me deje el b�xer que me reten�a la tremenda hinchaz�n que ten�a. Zoraida por su parte se fue ahuecando y cruzando las piernas a medida que me iba acercando a la hamaca. Su mirada paso de recorrerme todo el cuerpo a solo centrarse en mi paquete. Desprendiendo un calor inusual. Adem�s de poderme traspasar el cuerpo por completo. Su boca no paraba se abr�a y se cerraba, se mojaba los labios, se los mordisqueaba incluso se chupaba los dedos. Sus manos ten�an vida propia tan pronto se estaban mesando el cabello, como se chupaba los dedos, como se acariciaba los pechos o se masturbaba como una posesa. La visi�n era muy excitante, a la vez, que enfermiza. El ver como esa diosa se toquetea al verte. Cuando llegue a su altura Zoraida se lanzo como una loca para quitarme el b�xer. Pero, la retuve con mis manos y con palabras amistosa.

-No seas impaciente mi reina que vas a disfrutar de tu manjar. Pero, si lo quieres liberar con la boca el b�xer has de bajar.

Zoraida me sorprendi�, al dar por hecho que iba a desistir. En lugar de eso, su mirada se volvi� m�s lujuriosa y ard�a en deseos por ver mi polla en libertad. Y una sonrisa picarona afloro en su rostro cuando sus manos se posaron sobre mi paquete y comenzaron a acariciarlo. R�pidamente intente atrapar sus manos pero fue en vano. Porque el rostro de Zoraida se hab�a interpuesto en mi camino. Lo ten�a todo calculado para impedirme que la quitara las manos, al empezar sus trabajos de succi�n. Mi cuerpo se estremeci� al notar la suave presi�n de sus labios sobre mi miembro. Como su lengua y su boca recorr�an toda su extensi�n mojando el b�xer de saliva. Sus manos masajeaban los huevos y escabull�ndose para acariciarme el culo. Sus dedos se introduc�an entre mis gl�teos recorri�ndolo de arriba para abajo. Notando como sus dientes mordisqueaban el glande y daban suaves tirones del b�xer para soltarlo a cierta distancia. Era algo indescriptible el poder dominar tanto placer que estaba recibiendo. Mi cabeza ya no regia ni una sola idea solo quer�a poseerla como un animal. Estaba llegando al culmen cuando ella se alejo la cabeza y comenz� a escupirme sobe el b�xer. Los primeros acertaron en la polla pero los �ltimos fueron a para al ombligo. Con tranquilidad Zoraida fue esparciendo los salivazos del b�xer par que se fundieran por el. Y, despu�s, subi� para quit�rmelos del vientre d�ndome un suave masaje. Por encima y por debajo del ombligo, por encima y por debajo de la goma de los b�xer. Hasta que con un r�pido y suave movimiento de manos me bajo el b�xer hasta los tobillos dejando libre mi miembro. Se quedo petrificada al ver como mi polla se ergu�a al quedar libre de su prisi�n. Qued�ndose parada a un cent�metro de su voz. Ella no supo reaccionar pero yo me aproveche de la situaci�n abalanz�ndome sobre ella mientras la dec�a.

-Zoraida, querida, has roto las reglas y te voy a tener que castigar.

Zoraida intento responderme pero no la deje al introducirle mi miembro en la boca mientras la abr�a. Al principio opuso resistencia golpe�ndome con su mano abierta en los gl�teos. Pero, luego, fue cediendo a medida que se la iba sacando de la boca. Sus golpes se volvieron caricias y al tener su boca libre con una mirada de lasciva me grito.

-�Follame como la puta que soy! �T�pame todos mis agujeros con tu picha y rell�nalos con tu leche rica! �Quiero sentirme sucia, que me destroces el cuerpo y sentir como tu polla me desgarra el interior! �Cabronazo, soy tu perra m�s fiel!

-Como t� desees mi gatita.

Y sin darle tiempo a reaccionar le met� la picha hasta la garganta comenzando mi obra de sometimiento. Su respiraci�n se hizo forzada al tenerla que alternar con el entrar y salir de mi polla en su boca. La fricci�n era m�nima porque su saliva rebosaba por su boca, mi polla y por los huevos. Mi placer fue mayor al sentir como sus manos me acariciaban los huevos y el culo. Podr�a haberme pasado toda la vida follandome esa boca. Pero, se la saque de improviso retir�ndosela de su alcance para poder visitar lugares m�s ex�ticos. Y, seg�n me iba retirando mas morbo me iba dando Zoraida. Al ver como la saliva descend�a por las barbilla y colgaba de esta hasta que se precipitaba contra el pecho. Ella el lugar de retir�rsela me miro pidi�ndome con la mirada que no se la quitara su premio. Y yo de muy buenas maneras le dec�a.

-Preciosa, no cojas ansias que aun no ha llegado la traca final.

Zoraida me miro extra�ada mientras me iba alejando de ella y no me hab�a alejado ni un metro. Cuando Zoraida se levanto y se lanzo en persecuci�n de mi polla. Menos mal que estuve r�pida para retener su acometida sujet�ndola por los hombros, levant�ndola en volandas mientras la llevaba hacia la hamaca. Zoraida rodeo mi cuello con sus brazos y me dirigi� la mirada m�s tierna y complaciente que hab�a recibido en mi vida. Sus ojos me enternecieron de tal manera que estuve en un tris de dejarme convencer y dejar que ella cumpliera su objetivo. Pero, esta vez mantuve la cabeza fr�a y la tumbe con delicadeza sobre la hamaca. Su cara se reflejaba la satisfacci�n al creer que la iba a follar otra vez por su boca. Su expresi�n fue cambiando a medida que descend� hacia sus pies. Al sentarme junto a sus pies, Zoraida en cogi� las piernas y las cerro para no permitirme llegar hasta su preciado bot�n. En lugar de ceder en mi empe�o por su oposici�n. Me dio mas fuerzas y ganas de poseerla y en lugar de intentar forzar la situaci�n. Tome el mejor camino que es la sutileza y la amabilidad. Porque lo �nico que ten�a a mano eran su delicados pies. As� que comenc� acariciando sus pies. Zoraida, en vez de aflojar en mis caricias. Se hizo m�s fuerte y menos compasiva. Hasta que mis besos, mis caricias y mi lametones se hicieron mas intensos. No solo en sus pies, en sus espinillas, en sus rodillas, si no en todos los sitios que mi boca o lengua pod�an pasar. Esto desestabilizo sus fuerzas y me permiti� estirarle las piernas y abrirse las para ver el tesoro que guardaba entre sus piernas. La visi�n fue lo mejor del mundo el ver como se dibujaban sus labios sobre la tela y me llamaban para que se los comiera. Como un alma en pena me lance como un loco sobre ellos y sin importarme la tela que hab�a entre nosotros se los chupe como si la vida me fuera en ello. Fue maravilloso al notar como sus manos me reten�an la cabeza para que no me escapase, como sus piernas se cerraban y se abr�an sobre mi cabeza y como su cadera oscilaba al notar mis caricias. No aguante mucho la presión sobre mi cabeza y el solo darle el placer con mis labios. As� que en un descuido me zafe de sus manos y me tumbe sobre ella mientras la dec�a.

Cari�o acabas de comprar todos los n�meros para ser la espectadora principal para ver la traca final.

La cara se le ilumino cuando las quite la parte de abajo del bikini y la lance a la piscina. Sus ojos se abrieron como platos y solt� un suave gemido al notar como mi polla entraba hasta el fondo de su vagina. As� la tuve durante unos segundos, hasta que comenc� la faena primero suave y despu�s mas energ�a. Estuve someti�ndola tumbada hasta que su cara se puso como un tomate. Ah� fue cuando se la saque la puse a cuatro patas y se la volv� a clavar sin miramientos. Empec� a bombear teni�ndola sujeta por las caderas. Despu�s mis manos la engancharon del pelo y la fui levantando hasta que su espalda descanso sobre mi pecho. As� mis manos ten�an la libertad para acariciarla todas las partes de su cuerpo. En ese momento me tuve que parar y sac�rsela porque me iba a correr en su interior. Pero, yo no quer�a correrme en su co�o. Mi leche si que iba a quedar en su interior pero no en el de su vagina, si no en el interior de su boca. As� que sin miramientos la arrodill� y la folle la boca como un loco. Mi polla entraba y sal� como un objeto pose�do y mis huevos rebotaban sobre su barbilla. En el mejor momento mi m�sculos se contrajeron y mi leche inundo toda su boca escap�ndosele entre la comisura de su boca. No se la saque hasta que la erecci�n hab�a remitido. Entonces Zoraida se escupi� en los pechos y se la restreg� por los mismos. Nos besemos y abrazados entremos en la casa para asearnos. Zoraida me dejo el ba�o de abajo para que m



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sammy
Que bueno eres escribiendo. Es una pasada leerlo. Me has puesto muy caliente.
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