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Fernando


Ayer salimos, por segunda vez, con Fernando y Dolores, el matrimonio que conocimos a través de Internet, que en nuestra primera salida me dejó agotada por el excepcional aguante de Fernando.

Quería comprobar si era capaz de hacer que Fernando aguantara menos que en nuestra primera salida, así que me vestí excepcionalmente sexy para calentarle desde el primer momento. Me puse la mini más corta que tengo, de la que mi marido dice que más que minifalda parece un cinturón ancho y un top azul claro completamente transparente que me había comprado a propósito con el cual es..................  igual que si no llevara nada sobre mis pechos, y prescindí de ropa interior para dejar mi coñito bien libre para que Fernando lo pudiera ver y tocar, desde el primer momento, sin nada que estorbara su vista y sus manos.

Comenté con mi marido cuales eran mis intenciones esa noche y que me iba a dedicar a follar con Fernando a solas durante toda la noche.

Reservé mesa en un restaurante que cuenta con reservados. Esta vez fue todo mucho más directo que la anterior. En el momento de hacer la reserva, ordené la cena, consistente en cuatro docenas de langostinos e indiqué que estuviera servida cuando llegáramos y que no entrara nadie en el reservado mientras no avisáramos.

"Fernando, hoy me voy a dedicar a ti toda entera, así que Dolores, tu y mi marido, hacer lo que queráis, pues Fernando es todo mío durante esta la noche"

Dicho esto me desnudé completamente y cogiendo uno de los langostinos lo pelé y me lo metí en el coñito.

"Fernando hoy vas a cenar de mi sexo, quiero que además del gusto de los langostinos tengas en tu boca el gusto de mi sexo, empapado como está de lo que deseo tu duradera polla".

Al decirle esto observé como en los pantalones de Fernando se formaba un atractivo bulto que me indicó que lo que acababa de decirle le excitaba.

Quité el plato del sitio de Fernando y en su lugar me senté yo con el langostino asomando por mi coño. Mientras sus manos agarraban mis caderas y me sostenían, su boca succionó el langostino.

Mientras lo comía, me incliné y abrí su bragueta, sacando su polla y testículos, me introduje otro langostino en el coño y comencé a acariciar su, ya duro y erecto, pene.

Fue cogiendo de mi coño uno a uno los doce langostinos y mi sexo se fue mojando más y más con el placer que iba sintiendo cada vez que la boca de Fernando sorbía un langostino al mismo tiempo que succionaba mi clítoris.

Cuando se comió el último de sus doce langostinos, abrí bien mis piernas.

"Ven, métemela, me muero por sentirla dentro de mí, quiero sentir algo gordo, los langostinos son muy pequeños para satisfacerme".

Se levantó de la silla y de un golpe me la introdujo hasta el fondo de mi sexo, que a esas alturas estaba tan empapado que el mantel debajo mío, ostentaba una mancha más que considerable.

Bombeó y bombeó en mi interior haciéndome explotar en sucesivos orgasmos. Entre orgasmo y orgasmo movía mi pelvis en un movimiento rotatorio y apretaba su polla con toda la fuerza de mis músculos pélvicos y lo único que conseguía era procurarme más y más orgasmos, cada uno más fuerte que el anterior.

Mi cuerpo estaba tendido todo lo largo que era encima de la mesa del restaurante y seguí sintiendo la polla de Fernando bombear en mi interior como un martillo pilón. Disfrutaba de procurarme un orgasmo tras otro.

"Para, para, por favor, no puedo más"

El agotador martilleo en mi coño paró por fin y me quedé completamente exhausta.

Parecía imposible. Durante más de un cuarto de hora Fernando no había dejado de follarme sin parar, yo había perdido la cuenta de los orgasmos que había tenido y él ni uno. A pesar de mis esfuerzos la polla de Fernando no había derramado su leche en mi interior. Era tan perfecto en ese sentido, el perfecto amante, que, incluso resultaba agobiante. Se convertía en una obsesión el hacerle correrse. No podía entender de que pasta estaba hecho, que era capaz de aguantar aquel frenético ritmo sin correrse.

Nos vestimos los cuatro, pues mi marido y Dolores también habían follado tumbados en la alfombra y después de abonar la cuenta nos dirigimos al club de intercambios al que habíamos acudido la primera vez.

Durante el trayecto, Fernando introdujo su dedo en mi coño mientras no dejó de besarme y acariciarme los pechos.

Una vez hubimos pedido las copas le pregunté a Fernando si tenía alguna fantasía que no hubiera realizado nunca.

"Pues mira, ya que me lo preguntas, te diré que desde el otro día después de que estuvieras una hora follándome sin parar y que tuvieras la cantidad de orgasmos que tuviste, me he preguntado cuántos hombres serías capaz de aguantar en una noche"

"Una noche, en este mismo sitio donde estamos mi marido me ofreció a todos los hombres que había en el club y me follaron 54, pero no tengo ganas de repetirlo, pues no te puedes ni imaginar como acabó de escocido mi coño"

"54, no, pero ¿serías capaz de follar con los quince que yo elija?"

"Bien, si son 15 sólo, de acuerdo, pero con la condición que el decimoquinto seas tú, y que me folles con más ganas de las que nunca has follado a una mujer, quiero sentir tu semen llenarme entera por dentro, si me prometes que el último en follarme serás tu y que te correrás en mi, estoy dispuesta a dejarme follar por todos los hombres a los que me ofrezcas".

"Si te puedo ofrecer a 14 hombres y ver cómo te follan, pero no que te los folles tu, sino que te follen ellos, que tú seas un pedazo de carne con el que hacen todo lo que quieran, te garantizo que en mi vida habré follado con más ganas de las que te follaré cuando terminen ellos y que tu coño rebosará de la leche que te voy a echar".

(Debe ser una especie de atavismo, pero hay que ver cómo les gusta a los hombres ofrecer a una mujer como una esclava, para uso y disfrute de otros hombres)

Me indicó que me fuese al cuarto de las camas y que esperara allí, desnuda, a que llegara él. Así lo hice y al cabo de poco tiempo entró Fernando con los 14 tíos detrás de él, se desnudaron, Fernando se colocó detrás mío, apoyó mi cabeza en su vientre y a continuación empezaron a follarme, uno detrás de otro, los hombres que habían entrado.

Mientras Fernando me acariciaba los pechos me fueron follando de uno en uno primero, teniendo yo un orgasmo con cada uno de ellos. Después de los cuatro primeros Fernando se levantó y se sentó al lado de donde yo estaba para poder observar tranquilamente lo que sucedió a continuación.

Los tres siguientes me poseyeron al mismo tiempo, metiéndome sus pollas en el coño, culo y boca al mismo tiempo, y cuando se corrieron en mis tres agujeros fueron sustituidos por los tres siguientes que hicieron lo mismo que los anteriores pero en lugar de correrse en mi interior derramaron todo su semen por mi cuerpo, con lo que quedé pringada de semen desde mi cabello hasta mis muslos. A esas alturas ya había perdido la cuenta de los orgasmos que llevaba.

Cuando, desmadejada en la cama, esperaba la polla del décimo cuarto, vi que Fernando me la metía de un solo empujón en el coño y levantándome me sentó encima del último clavándomela en el culo. Entraron ambas como si nada, de lo abierta y mojada que estaba. El semen de los anteriores que me habían follado empapaba tanto mi culo y coño como las pollas que me estaban follando. Sentí como el que follaba mi culo se corría y como su leche caliente y espesa se mezclaba en mi agujero trasero con la de los anteriores y como resbalaba por el canalillo hasta juntarse con la que salía de mi coño y con la polla de Fernando que siguió bombeando en el interior de mi sexo a un ritmo endiablado.

POR FIN, sentí su polla estremecerse y soltar la mayor corrida que he recibido nunca. Una enorme cantidad de semen que rebosó mi sexo y se escurrió por mis muslos junto con el semen de los demás y mis propios jugos hasta empapar todavía más la sábana.

Descansamos y nos fuimos a buscar a mi marido y a Dolores, quienes habían estado follando en el jakuzzi, después de estar observando, desde la puerta, (según me dijeron después) como me follaban los tres primeros hombres que Fernando había invitado.

Nos metimos en el jakuzzi con ellos. Me abracé a mi marido.

"Perdona, amor, que te haya tenido tan abandonado esta noche".

A pesar del escozor que sentía en el coño, me senté encima de él, dejando que su polla penetrara mi interior. Quería ofrecerle mi cuerpo para follar, que fuera el último que follara el cuerpo que había servido de solaz a quince tíos durante esa noche, aunque, en realidad, de lo que tenía ganas es de que me hiciera el amor suave y tiernamente, de sentir su amor y ternura. Con su habitual intuición o su conocimiento de mi persona, no lo sé, no me folló, sino que me hizo el amor, lenta y suavemente, abrazándome con amor y cariño. Cuando sintió el orgasmo, suave y placentero de mi cuerpo (tan distinto a los ortos que había sentido esa noche), permitió que el suyo llegara y me besó en la boca y me abrazó con una suavidad y amor tan inmenso, que mis ojos se inundaron de lágrimas, al sentir el amor y comprensión de mi marido, del hombre al que amo y adoro sobre todas las cosas de este mundo.



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