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El morbo de mi marido


Él creía que estaba siendo un súper héroe. Pero quien lo engañaba era yo............. Alguna vez he comentado que no tengo esperanzas en mi matrimonio. Si bien con Javier tenemos dos hijas más allá de algo de simpatía no siento por él.

Esa es la razón por la que tantas veces lo he engañado tanto con hombres como con mujeres.

Dicho sea de paso les digo que las mujeres me gustan más que los hombres.

No se imaginan lo que puedo llegar a gozar con unas lindas tetitas y una conchita sabrosa.

Para qué decirles cuánto me enloquece abrirme de piernas y que una nena juegue con su lengua en mi clítoris.

Y bien que se imaginan lo que me gusta chupar una buena pija hasta sacarle las últimas gotitas de semen.

Entre todos lo tipos que tuve hubo uno que me gustaba en forma especial.

¿Lo quería? Claro que no.

Me encantaba por lo divino que era en la cama.

Se llamaba Osvaldo y ha sido uno de los mejores amantes que he tenido.

Javier y él se conocían ya que Osvaldo era Abogado de una empresa que trabajaba con la de aquél.

Ambos habían participado juntos en varias reuniones de trabajo y se encontraron en varias cenas y recepciones.

Mi relación con Osvaldo empezó un día que de casualidad nos encontramos en el Shopping. El tipo me gustaba y se lo di a entender con miradas, palabras etc, hasta que se olvidó que conocía a Javier y me propuso ir a un Motel.

Con Osvaldo era yo quien dirigía las acciones. Una vez en la cama se quedaba quieto y me permitía recorrer su cuerpo cuantas veces yo quisiera sin que él se moviese.

Me dejaba ingresar a sus zonas más íntimas.

Yo podía desde chuparle el pene y hacerlo eyacular hasta ingresar con mis dedos en su cola.

En la cama Osvaldo me obedecía.

Con otros hombres siempre íbamos mitad y mitad.

Un poco yo un poco ellos.

A algunos les gustó dominarme y así se los permití.

A Osvaldo, en la cama claro está, lo dominaba yo.

Mi marido, que nunca proponía ninguna clase de juego sexual que me calentara, un día me dijo algo inesperado.

Me planteó la idea de ir a la cama conmigo y con otro hombre.

Javier no era gay ni nada por el estilo. Por tanto quería excitarse al ver que otro tipo me cogía al tiempo que él también lo hacía.

En un principio, para quedar bien, le dije que no que me parecía una locura.

Pero en el fondo aplaudía su iniciativa y estaba dispuesta a darle el gusto.

Finalmente le dije que si quería eso por considerar que se iba a sentir más feliz que lo hiciera.

La pregunta que me hacía era a quién podría llegar a elegir Javier para compartirme en una cama.

Unos días después, cuando pensé que todo se había olvidado ya que Javier no me decía nada, fuimos invitados a una cena íntima en la casa de otro empresario.

Era algo organizado para pocas personas y allí estaba Osvaldo.

Habíamos hecho el trato de no hablar demasiado cuando estábamos en público para no levantar sospechas.

El alcohol comenzó a correr en la reunión y, dos horas más tarde, los pocos invitados reían a carcajadas.

Todos menos Osvaldo que, por su sana costumbre, jamás bebe otra cosa que no sean refrescos.

Algunos de ellos comenzaron a hablar en forma más \"amistosa\" con las mozas que servían y con otras mujeres que allí estaban.

Mi marido, que estaba bastante ebrio, se acercó a Osvaldo y le preguntó si yo le gustaba.

Aquél se vio sorprendido y le dijo que yo era una mujer muy bonita pero en la que nunca se fijaría ya que sabía que estaba casada con él.

Javier, con el falso valor que proporciona el alcohol, le dijo a Osvaldo que quería hacer una cama de a tres con éste y conmmigo.

Mi amante quedó perplejo y me preguntó si yo sabía de la propuesta.

Fue ahí que le conté la fantasía de Javier.

Osvaldo se hizo el difícil por un rato para despistar y luego dijo que sí.

Con la anuencia del dueño de casa nos fuimos a una de las habitaciones del piso superior.

Javier me quitó el vestido, ante la mirada de Osvaldo, y le preguntó \"¿te gusta mi mujercita?\".

Mi amante respondió: \"Sí es muy linda.\"

\"Vamos a cogerla\", dijo Javier.

Debo decir que entre Osvaldo y yo segregábamos adrenalina a raudales.

Entre los dos me quitaron la ropa que me quedaba y empezaron a chuparme una teta cada uno.

Los empecé a comparar.

Javier me mordisqueaba el pezón al tiempo que me acariciaba con fuerza.

Osvaldo me hacía una succión más pareja.

Me tocó mamar a los dos.

Me senté sobre la cama y ambos se colocaron a uno de mis lados.

La verga de Osvaldo era algo más grande que la de Javier y cuando se la chupaba me tomaba por la cabeza como si quisiera hacérmela tragar.

Osvaldo, cuando llegaba su turno, llevaba una mano hasta mis tetas y acariciaba mis pezones.

A la hora de ser penetrada Osvaldo tuvo la intención de sentarme sobre sus caderas.

Pero Javier se adelantó y le dijo \"Eso lo hago primero yo. Tu hazlo por atrás.\"

La situación era por demás rara.

Por primera vez mi amante tenía que recibir el permiso de mi marido para cogerme.

Osvaldo y yo sonreíamos en forma cómplice.

Y como tantas veces lo hacíamos en los distintos moteles, fuera de la vista de Javier, Osvaldo comenzó a penetrarme por detrás.

Me brindaba mucho más placer la verga de mi amante en el culo que la de mi marido en la vagina.

Ambos comenzaron a agitarse con fuerza.

Los dos querían acabar dentro mío.

Era como si estuviesen jugando una carrera para saber quién podía hacerlo primero.

Los dos llegaron a la meta casi al mismo tiempo.

Tengo que admitir que Javier jugó un buen papel.

Aunque el centro de mis emociones estaba en mi culo con la verga de Osvaldo adentro.

El agite y la bebida hicieron que Javier se quedara profundamente dormido.

Y ese momento fue propicio para que Osvaldo y yo le diéramos rienda suelta a las fantasías de siempre.

Con mi marido durmiendo en la mitad de la cama Osvaldo y yo nos pasamos a un cómodo sillón, en la misma habitación, y seguimos gozando.

Allí sí. Le chupé esa verga maravillosa, que tanto placer me causaba casi a diario en nuestras escapadas, le lamí los testículos como a él le gustaba hasta que soltó un rio de leche en mi boca.

Otra vez lo tenía a mi merced y debo ser sincera y confesar que la presencia de mi marido dormido me calentaba mucho más aún.

Después de unos minutos nos volvimos a besar y a acariciar y ahora sí Osvaldo me colocó sobre sus caderas.

Cabalgué con su verga dentro de mi concha durante un rato mientras él me chupaba las tetas y me metía despacito un dedo en la cola.

Me volvió loca de placer como solía hacerlo.

Luego los dos nos quedamos sentados en el sillón, yo sobre Osvaldo, y éste, mirando a mi marido, me dijo \"Mirá como duerme el angelito\".



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