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el estreno!!


Cuando llegamos al edificio, la muy cabrona de mi mujer me hizo tomarla del brazo para subir ella y yo juntos, quedándose Carlos al pie de la escalera, evidentemente para ver lo que Lulú le ofrecía: una excelente visión de sus piernas, nalgas, culo y rajita, todo ello adornado por encajes negros y rojos. Después de 4 pisos, sobra decir cómo llegó Carlos al departamento (y yo también, de imaginar el espectáculo): con las vergas paradas y calientes a más no poder. A estas alturas, ya estaba más que seguro que por fin Lulú se había decidido a formar un trío……………………………. Ella y yo, formamos una pareja desde hace varios años que aunque en lo general nos ha ido bien, como en cualquier relación no faltan circunstancias que de repente nos alejan. El año pasado se dio una de ellas, en la cual como yo no pude irme con ella de viaje, tal como habíamos planeado, se tuvo que ir sola más de un mes, lo que aunado al disgusto anterior y posterior reconciliación, nos llevó a estar casi 3 meses sin sexo.

Cabe mencionar que mi mujer rebasa los 40 años y, si bien no es una playmate, con sus piernas largas, pechos firmes y buena nalga sí llama mucho la atención, sobre todo cuando usa sus minifaldas y sus tanguitas, ya que le gusta lucirse – y a mí me encanta que lo haga- por lo que no dejan de verle las piernas (y algo más). Como le encanta bailar, ya se imaginarán lo que se luce y lo que se le ve... en fin es muy caliente y muy cachonda, por lo que cuando tenemos sexo es muy complaciente en todo y, como le fascina coger, hay veces que tengo que usar un consolador (para llenarla o para darle a la vez por su culito y por su bizcochito) que, aunque dice que no, a la mera hora no deja de disfrutarlo.

Durante algún tiempo le había yo insinuado y dicho que sería bueno que en lugar de consolador estuviera otro hombre, que por mí no había problema – suponen bien que así como me gusta que se luzca y enseñe, así me gustaría verla cogiendo y gozando con otra verga – pero ella no había accedido, hasta que...

Hasta que, después del viaje que les comenté, invité a Lulú (que así se llama mi mujer) a un restaurant-bar a comer y donde se puede también bailar, tratando de fomentar nuestra reconciliación. Ella se puso una minifalda de cuero roja y una blusa semitransparente que dejaba ver sus hermosos pechos, realzados por un brassiere negro y rojo de encajes –después vería que su tanguita de hilo dental le hacía juego –. Luego de comer se inició el baile y después de unas 2 o 3 piezas que bailamos ¡sorpresa!, se acerca a la mesa un amigo mío, Carlos, con quien en algunas ocasiones ya nos habíamos reunido y quien nunca ha dejado de admirar a mi mujer, tanto, que ya alguna vez se le había insinuado él a ella. Nos comentó que estaba con unos amigos quienes estaban admirando a mi mujer, por lo que ¡claro! él prefirió pasarse a nuestra mesa.

Después de otras pocas piezas que bailamos Lulú y yo, Carlos la sacó a bailar primero una o dos piezas seguidas, y ya para la noche, Carlos no dejaba de bailar con Lulú, que a cada giro del baile enseñaba sus bien torneadas piernas el muy cabrón de mi amigo, dándose cuenta de eso, la hacía dar vueltas con los brazos arriba, por lo que se le veía a mi mujer casi hasta el inicio de la nalga y sus dos pechos como queriendo salirse de su blusa. Como ya nos habíamos acabado una botella, estábamos muy animados y cuando empezó una ronda de música romántica, al parejo Carlos y yo quisimos sacar a Lulú, por lo que ella escogió a Carlos, lo que me hizo fijarme bien cómo bailaban y me dí cuenta que lo hacían muy apretados uno junto a otro, él entremetiendo su pierna entre las de ella sin dejar de besarle el cuello y de apretar su pecho contra los senos de Lulú. Al principio ella se resistió, pero después de unas piezas de sentir el calor, ya permitió que Carlos actuara libremente, y lo que es más, también ella le respondía besándolo en la oreja y en las mejillas.

Al principio me sorprendí y me encelé, pero también sentí cierto placer de ver cómo se estaban cachondeando a mi mujer, y a la vez, también sentía satisfacción por saber que mi mujer se estaba poniendo más caliente y complaciente, a tal grado, que al rato Carlos ya sin rubor le agarraba las nalgas y ella se le repegaba como queriendo montarse en su pierna. Después de otras copas más, les propuse que fuéramos a nuestro departamento a seguir el baile, lo que aceptaron gustosos. En el carro, yo iba manejado, Lulú en el asiento derecho y Carlos atrás él empezó a acariciar a Lulú en los hombros y el cuello, bajo el pretexto de que estaba muy tensa y al rato por entre la puerta y el asiento vi cómo le estaba agarrando su pecho. Ella evidentemente lo estaba gozando por lo que empecé a acariciarle la pierna a la orilla de su minifalda, es decir, bastante arriba, de tal manera que con mi dedo extendido le rozaba su bizcochito –aquí fue donde me di cuenta de su tanguita de hilo dental - lo que la puso a gemir muy suave pero cada vez más profundamente.

Cuando llegamos al edificio, la muy cabrona de mi mujer me hizo tomarla del brazo para subir ella y yo juntos, quedándose Carlos al pie de la escalera, evidentemente para ver lo que Lulú le ofrecía: una excelente visión de sus piernas, nalgas, culo y rajita, todo ello adornado por encajes negros y rojos. Después de 4 pisos, sobra decir cómo llegó Carlos al departamento (y yo también, de imaginar el espectáculo): con las vergas paradas y calientes a más no poder. A estas alturas, ya estaba más que seguro que por fin Lulú se había decidido a formar un trío.

En lo que yo preparaba unas copas, mi mujer me preguntó si no me enojaría si ella se ponía algo muy fresco porque tenía mucho calor. En lo que Lulú regresaba, Carlos me preguntó que hasta dónde llegaríamos a lo que yo le dije que hasta donde cada quien quisiera, sin forzar nada. Pasó él al baño a lavarse y después lo hice yo. Cuando salí quedé boquiabierto: mi mujer tenía puesto un negligé color lila, con su liguero y medias negras le estaba modelando a Carlos que estaba igual que yo, pasmado ante la imagen por demás voluptuosa y sensual.

- Pero qué buenota estás, mi reina! - dije yo, a lo que Carlos se animó y dijo, -Eso es poco, mamacita, estás buenísima-. Ya desinhibidos y en plena ebullición, propuse que brindáramos por Lulú, por esta noche y por que ella nos bailara un poco -¿Estás seguro? - dijo ella, con una sonrisa lujuriosa en su cara, -¡Claro!-, contestamos Carlos y yo al mismo tiempo.

Pusimos un poco de jazz y Lulú se lució como si fuera una profesional, moviéndose, descubriendo lo poco que cubría el negligé, volviéndolo a tapar, mandándonos besos o chupándose los labios se acercaba o alejaba de nosotros agachándose de frente o de espaldas para ver sus pechos o sus nalgas, se abría la tela para enseñarnos sus pezones parados, su rajita peluda o su culo caliente, bebía un poco de la copa de Carlos o de la mía, lo que cada vez la ponía más caliente y con más lujuria bailaba. Carlos y yo ya no podíamos, sentíamos la vergas explotar pero no decíamos nada, cuando de repente, mi “virtuosa” mujercita empezó a hacernos streap-tease, dándole a Carlos una pierna para que le desabrochara una media, mientras yo le acariciaba sus pechos, y luego al contrario, así hasta que poco a poco sin dejar de moverse, quedó sólo con su tanga lila por la que salían sus vellos del pubis y con sus pezones duros y parados ante nuestros atónitos ojos y ante nuestras vergas calientes y ya babeando (nosotros ya nos habíamos desvestidos también).

Seguía ella moviéndose con cachondería y lascivia cuando la muy cabrona nos dijo: -¡ Quien tenga la verga más grande bailará primero conmigo ..! y digo que muy cabrona, porque a simple vista se notaba que el pito de Carlos era más grande, cabezón y grueso que el mío. Lulú se paró detrás de él, abrazándolo de la cintura con una mano y manipulando su verga y sus huevos con la otra, mientras abría sus piernas para restregar sus pelos contra las nalgas de él y le mordía sensualmente el oído. Carlos la volteó de frente mientras yo sentía algo muy contradictorio: un estremecimiento de celos y por otra parte una oleada de excitación al verlos bailar así, Carlos tallando su gran verga entre los pelos y piernas de mi mujer, agarrándole las nalgas y besándole los pechos mientras Lulú echaba la cabeza para atrás para tallarse más al cuerpo de Carlos, los dos jadeaban y ella abría las piernas para tratar de apretar entre ellas la gran verga.

Al ver tanta putez en Lulú, ya no me aguanté y me levanté a bailar parándome atrás de mi mujer poniéndole mi dura verga entre sus nalgas, tallándosela por su culo mientras con una mano le sobaba el pezón que Carlos no le besaba. Otra vez Lulú muy cabrona volteó y me dijo - ¡Mira mi amor, ahora sí me vas a ver cogiendo como tú querías, voy a hacer realidad tu fantasía ¿te gusta verme así papito? - yo sólo respondí - ¡ Qué hermosa puta eres, qué bella te ves, me encantas! -.

Ya sin poder aguantar más la excitación, Lulú se hincó y estirando su mano, tomó la gran verga de Carlos para acercarla a su boca, y lo mismo hizo con la mía. Ella estaba como enloquecida, con ternura se pasaba las dos vergas por su cara, deteniéndose a besarlas suavemente sin mamarlas, besaba los huevos de uno mientras acariciaba los del otro, pasaba su lengua a lo largo de un pito y luego lo envolvía en su mano mientras le hacía lo mismo al otro o bien, chupando suavemente daba pequeños jaloncitos en los huevos. Carlos se sentó en el piso recargado en un sillón, con las piernas abiertas le dijo a Lulú -¡Chúpamela!!- mientras le señalaba su gran cabezona roja apuntando hacia el techo.

Lulú no se hizo del rogar, empinada y con el culo levantado abrió la boca y él empezó a metérsela despacio hasta que su gran cabezona estuvo toda adentro, ella empezó a mamarlo con tantas ganas y con tal ansiedad que parecía que se lo iba a acabar a chupadas. Se la metía hasta el fondo de la garganta y después, se la sacaba chorreando saliva y la volvía a meter. Lulú estaba en éxtasis, con los ojos cerrados, recorriendo el tronco con su lengua, lamiéndole la verga parecía que se ahogaba pero ella no cesaba de tragársela, hasta tener la nariz pegada a su vello púbico y nuevamente sacársela para pasársela por todo el rostro y luego hundir éste entre los pelos de aquel hombre que prácticamente acababa de conocer, acariciando con sus labios los huevos. Mientras tanto, yo estaba atónito porque nunca creí que mi mujercita fuera capaz de transformarse en toda una puta que ansiaba verga.

Yo ya no sentía celos, solo una lujuria tan grande como nunca en la vida la había sentido, tenía mi verga hinchadísima y casi a punto de venirse por lo que empecé a lenguetear el hermoso culo que mi mujer tenía al aire y a dedeárselo, mientras me acosté en el suelo entre sus piernas para darle yo a ella una rica mamada y comerme su panocha. Al sentir mis chupetones en su vulva y mi lengua en su rajita, mi mujer se sacó el pito de la boca y le dijo a Carlos: -¡Cógeme, cógeme ya!. Yo quedé apendejado por tanta calentura y lascivia de Lulú, no lo podía creer, y como si yo no hubiera entendido bien, le pregunté -¿Quieres que Carlos te coja?, - Sí -, respondió ella. Yo, para ver su putez, insistí -¿De veras quieres coger con él? ¿No quieres mejor coger conmigo? A lo que ella, desesperada dijo –¡No, quiero una verga grande, quiero sentirme cogida como nunca, SÍ, que Carlos me la meta todita!!! -.

Carlos, satisfecho de que al fin se le iba a cumplir su deseo de cogerse a mi mujer, le dijo -Sí mamacita, ahorita vas a ver hasta las estrellas, pero ponme un condón-. Mi mujer tomó un sobre, lo abrió y, como si el gran pito de mi amigo fuera de cristal, con una delicadeza que me enloqueció le puso el preservativo luego se acostó boca arriba, acomodándose para que ella quedara entre las piernas de él e impaciente lo agarró de las nalgas para jalarlo hacia ella, mientras lo envolvía con sus piernas. Él le puso su gran tranca entre los labios de su caliente bizcocho y empujando con fuerza y girando a la vez, se la dejó ir toda sin detenerse, arrancándole a Lulú un grito de placer a la vez que alzaba las piernas para abrirse lo más que podía a fin de que aquella gran verga recién conocida, le entrara lo más posible cuando los huevos le tocaron el culo, empezó a gemir provocadora y escandalosamente.

Yo estaba fuera de mí. Escuchar sus gemidos, ver los pelos de su panocha enredados en los pelos de él, ver cómo se entrelazaban mientras Carlos le mordía los pezones y la alzaba de las nalgas en tanto que ella lo besaba, le mordía el cuello abriendo tamaños ojotes cuando él le llegaba hasta el fondo, otras cerrándolos mientras gritaba y sollozaba como nunca lo había hecho conmigo. No podía yo creer que el gran cabrón de mi amigo, con un movimiento rítmico estaba metiendo y sacando su verga de la lujuriosa panocha de mi “dulce e inocente esposa”, que, más que mi mujer, parecía una gran puta.

Yo también quería saborear aquel bizcocho que, por la putería que mostraba se me hacía desconocido cuando les dije que me tocaba, ella sólo dijo - ¡No! ¡No!. ¡Déjalo! ¡Deja que me chingue, que me joda!, ¡Quiero más! - en tanto que él se hacía cómplice aumentando el ritmo, acunándose entre las piernas de ella mientras Lulú le decía - Así, cógeme papacito, así, dame verga, me tienes bien cogida, dámela toda, que tus huevos choquen en mi culo -hasta que casi al mismo tiempo empezaron a gritar y ella lo jalaba de las nalgas y luego se abría de piernas todo lo que podía para recibir la gran venida de Carlos. Tan desenfrenada exhibición de putez hizo que me sintiera enormemente feliz pero también, exageradamente desesperado por coger.

La gran venida terminó con un enorme suspiro de ellos, él sudoroso y ella besándolo en la boca como colegiala. Luego ella me dijo -Te toca- y después de que Carlos se retiró de entre sus piernas, me sentó en una silla y se montó en mi verga. Yo tenía el pitote hinchadísimo pero ella estaba tan mojada que entró con la mayor facilidad y me empezó a cabalgar sentir cómo mi verga le entraba hasta que con su culo me aplastaba los huevos y recordando con cuánta avidez se cogió a Carlos le dije - Cabrona, no te lo querías quitar de encima -. - Eso querías, ¿no? Ver cómo me cogían con una gran verga- me contestó. Tanta putez era demasiada y le solté la leche en medio de mis gritos, mientras ella me acariciaba el pelo con ternura.

Ya medio repuestos y como se sentía frío, Lulú dijo que nos fuéramos a la cama para descansar un poco naturalmente, ella se acostó entre nosotros dos. Después de dormitar un rato, me desperté cuando sentí cómo Lulú me besaba el cuello bajando por mi pecho, lamiéndome con gran sensualidad en tanto con su mano me sobaba mi alicaída verga. Carlos ya la tenía agarrada por la cintura acomodándose en las nalgas de ella y al rato, ella se hincó entre los dos y empezó a chaquetearme el pito con una mano y a acariciarme el culo con la otra, hasta que se me paró, acción que repitió con Carlos. Cuando los dos estábamos otra vez listos para coger, Lulú volteó a verme y como disculpándose conmigo dijo – Tú ya me has cogido por el culo, pero ahora quiero sentir una verga grande metida en mi culito ¿no te enojas?- Cómo me iba a enojar nada más imaginarme ver a mi vieja ensartada por el culo, le dije –No mi reina, Gózala..., ¡qué mejor que tengas dos vergas para coger...! -.

Tal pareció que necesitaba mi permiso, le pidió a Carlos que se recostara en la cabecera y le dijo - Me la vas a meter despacito, la tienes muy grande y nadie me la ha metido por ahí, nada más mi viejo- Carlos, socarronamente dijo -Pues dame el lubricante, para que tu marido vea como me voy a culear a su vieja- .Carlos se acostó boca arriba y Lulú le puso mucho lubricante hasta dejarle chorreando la verga, después se montó sobre él dándole la espalda, y apoyándose en pies y manos le dijo – Deténme, que yo sola me la voy a meter-, así que se puso la gran cabeza en la entrada de su culo e hizo presión, se notaba que no podía entrar, estaba muy gruesa, hizo más presión y ¡plufff! se le fue toda la verga de mi amigo en medio de un grito de dolor, Lulú decía que se había abierto su culo al máximo, quedándose unos momentos así, sin moverse para que pasara el dolor. Después, cuando poco a poco se empezó a mover, mi mujer me dijo - Mira mi amor, ya me la metió toda, mira como me tiene tu amigo Carlos bien ensartada por el culo, ¿así es como me querías ver papacito?- y continuó - Culéame Carlos, así, para que mi marido vea como me culeas con tu vergota, a él le gusta verme así, bien cogida, siempre me lo ha dicho- y entonces, Carlos le dijo -pues ahora va a ver cómo mueves este rico culito, así mamacita, así muévelo sabroso, cógase solita, que entre y salga- agarrándola por la cintura para darle unos empujonzotes hasta sacarle el aire.

Carlos le preguntó -¿quieres más verga?- y Lulú, con los ojos entrecerrados y una voz llena de lujuria respondió – Sí mi rey- , entonces la recostó en su pecho y así, con su verga metida, le abrió las piernas y me dijo – ¿Qué esperas? Llégale a tu vieja por la panocha, vamos a cogerla entre los dos-, me acomodé entre las piernas de Lulú y poniéndole mi verga en la entrada de su bien lubricado y caliente bizcocho me dijo -¡Qué rico, dame papito, así, así, así, dámela toda! -. Se la dejé ir de un solo empujón, la teníamos bien ensartada uno entraba y otro salía, Lulú se movía y gemía como loca, quería que le diéramos verga, estaba tan caliente que pedía a gritos –Cóganme cabrones, así, denme verga hasta llenar, así, así papacitos, qué rico me cogen, asííííííííí !!!.

Carlos y yo sentíamos nuestros pitos enfundados por la carne de Lulú, y yo sentía cómo ella apretaba el culo para exprimirle la verga a Carlos mientras su panocha chocaba con mis huevos ya sin poderse aguantar, mi vieja gritó - Me vengo, me vengo...!!!-, sentir sus jugos en mi pito hizo que con fuertes pulsaciones me viniera y Carlos, sintiendo en su verga las contracciones de mi pito, exhaló un gran suspiro para darse una gran venida...



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investigador005
qwue rico relato me encantó pero falto mas tiempo de cogidas felicidades James
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