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El crucero 2


Cuando desperté Jeremy limpiaba su semen de mi ano. Fue una sensación agradable.

-No te quise despertar.

Me dijo, entre divertido y apenado.

-No es nada, ojala me despertaras así siempre.

Le dije, mientras me incorporaba con un sonrisa y le plantaba un calido beso en la boca. La cosa podría haber evolucionado a una nueva sesión de agradable sexo, pero una voz comenzó a sonar en el pasillo afuera de nuestra habitación. A través de la puerta era difícil de distinguir las palabras pronunciadas, por lo que............... Jeremy se levantó rápidamente. También me levanté y me vestí sin mucho cuidado. Él abrió la puerta y nos dimos cuenta que la voz precedía de unos altavoces ubicados a lo largo del pasillo.

-…les doy la bienvenida al San Francisco Spirit.

Decía la voz.

- En 20 minutos zarparemos, por lo que si tienen alguna urgencia o cualquier inconveniencia, tienen todavía algo de tiempo para solucionarla. Los que estén listos relájense y les recomendó pasar a cubierta para despedir a San Francisco. A todos les deseo un agradable y memorable viaje.

Con estas palabras se cerró la comunicación de los altavoces, y una suave y discreta melodía la substituyó. Ya estaba parado junto a Jeremy en el marco de la puerta. Mira alrededor y varios pasajeros también se habían detenido a escuchar el mensaje, y ya recomenzaban su andar frente a su puerta, como nosotros, la pareja que habíamos conocido en la tarde escuchó el mensaje y en ese momento miraba hacía nosotros. Los saludé con un gesto y me acerque hasta donde estaban. Había olvidado presentarlo, el pasivo se llamaba Carlos y su pareja Daniel. Cuando ya estaba a una distancia a la que ellos me podrían oír sin tener que gritarles, les pregunté:

-¿Qué dijo al principio? No lo alcanzamos a escuchar.

- Pues yo tampoco entendí, pero Carlos dice, que se presentó, la persona que hablaba era el Capitán.

Dijo Daniel sin mirar a Carlos, quien asentía.

-Si dijo que era el capitán Jenkins y que nos daba la bienvenida al barco, pero creo que eso ya lo escucharon.

-Si eso ya.

Les decía, en ese momento Jeremy se me acercaba y me abraso por la cintura. Le comenté lo del capitán y dijo:

- Vamos a cubierta quiero ver el barco zarpar.

-Si

Contesté, pero reparé como estaba vestido y ciertamente lucía como un hombre recién cojido.

-Sólo dame un segundo.

Le dije a Jeremy. Entonces noté algo que no había observado al principio. Carlos tenía la misma pinta que yo, como un macho cojido y Daniel me miraba con unos ojos que me recordaron al Jeremy de hace muchos años. Mientras caminaba hacía nuestro camarote sentía deseos de girar la cabeza y ver hacia donde miraba Daniel, pero era demasiado así que sólo deseé que estuviese mirando mis nalgas e hice el movimiento un poco más exagerado para ver si conseguía algo.

Ya me estaba vistiendo, cuando Jeremy entró al cuarto.

-Daniel y Carlos nos van a acompañar en cubierta, ¿Qué te parece?

Bien le dije, intentando mantener una voz neutra mientras mi interior estallaba de excitación. Ya había olvidado lo divertido que era el cortejo y el juego de si o no. Lo peor de todo es que quizá Carlos ni siquiera me hubiese puesto atención y todo fuesen imaginaciones mías, pero de todas maneras no se puede evitar sentir lo que se siente.

Una vez que estuve listo, salimos al pasillo y esperamos a Daniel y Carlos. No tardaron más de dos minutos, pero mientras esperábamos apareció Andrés. Andrés era el pasivo de closet que conocimos en la tarde. Parecía algo incomodo, supuse que se sentía fuera del lugar, por lo que le esboce una sonrisa abierta, invitándolo a acompañarnos. Se acercó y entonces salieron Carlos y Daniel. Juntos los cinco salimos a cubierta. El lugar estaba abarrotado, nuevamente los grupos estaban definidos, pero ahora el ambiente se sentía un poco más pesado como si las hormonas que flotaban en el ambiente hicieran denso el aire.

En fin, Daniel abrazó a Carlos y Jeremy a mí, mientras Andrés caminaba entre las dos parejas. Nos acercamos a la barandilla, pero había poco que ver, al menos hasta que el barco zarpara realmente. Así que miramos el espectáculo del lugar. Un grupo de osos hablaba alegremente mientras las parejas se definían. Todavía no zarpaba el barco y el ambiente estaba a tope sobre él. Un grupo de transexuales disfrutaban riendo y gritando los piropos del grupo de activos militares que antes había comentado.

El grave silbato del barco sonó dos veces, y con un movimiento lento, dio los primeros tumbos fuera del muelle. Nos quedamos los cinco en la barandilla, viendo como el primero metro se convirtió en cinco y luego los cinco en diez y los diez en cien. Luego de un rato, Carlos dijo que tenía hambre y nuevamente los cincos fuimos a un comedor. El barco tenía, luego nos dimos cuenta, dos cafeterías con buffet, que iba incluido en el boleto y dos restaurantes donde tenías que pagar el consumo.

Alcanzamos una mesa para cuatro personas, pero acercamos una silla para Andrés. Sin embargo de los cinco él era el más silencioso y entonces se excusó:

-Bueno muchachos, creo que mejor me voy, como que aquí sobro.

Aunque Carlos y yo intentamos disuadirlo, Andrés, quien estaba visiblemente incomodo prefirió marcharse. Comimos ligero, y entre plática y plática, y mordida y mordida, fui teniendo la certeza de que Daniel me estaba echando los perros. Por supuesto aunque Jeremy y yo habíamos acordado apertura, ligar en frente de él se me hacía una grosería por lo que intenté darle el cortón a Daniel. Sin embargo no parecía entender y con los ojos me insinuó que nos alejáramos un momento de la mesa.

-Un momento, voy al baño.

Dijo mientras se levantaba. Di un momento de discreción y justo cuando yo iba a anunciar que también iba al baño, Carlos se me adelantó. Mierda pensé, pero ya no podía hacer nada. Y apenas estaba digiriendo la situación cuando escuche a Jeremy reír. Al mirarlo, había una expresión burlona en su rostro y sin abandonar dicha expresión me dijo:

-Oye cabrón, que puto me saliste.

Quizá la sorpresa que me golpeó el pecho se manifestó en mi cara, porque continuó:

-Ayy, ¿a poco pensaste que no me iba a dar cuenta? Si se te está haciendo agua la cola por Daniel.

Iba a hablar, pero me interrumpió:

-No te preocupes, para eso vinimos, además Daniel no está nada mal. Y si para eso andamos, Carlos tampoco está nada mal.

Eso si me tomó completamente por sorpresa. Nuevamente Jeremy rió ante mi mirada incrédula:

-Pues si, si no anduvieras de nalgas prontas, quizá te hubieras dado cuenta de Carlos, pero es mucho pedir, ¿no?

Antes de que pudiera responder nada, Carlos y Daniel aparecieron:

-¿Qué paso? ¿Por qué el silencio?

Pregunto Daniel con aire divertido.

-No, nada. ¿Cómo les fue?

Respondió Jeremy con el mismo aire divertido.

-Bien, todo bien. Oigan que les parece si vamos a nuestro camarote a ver un par de películas que traemos, así nos da tiempo de conocernos mejor.

Dijo nuevamente Daniel sin perder la sonrisa.

4

El camarote de Carlos y Daniel era igual al nuestro, se respiraba la misma calidez y cercanía. Carlos sacó de una de las mochilas que estaban sobre la cama, un pequeño y delgado reproductor de DVD. Y Carlos se acercó a la televisión preguntando:

-¿Qué quieren ver? Tenemos de todo, desde Secreto en la Montaña, hasta Full Monty. Pero…

Se interrumpió ya que cuando encendió la televisión, el culo blanco de un muchacho estaba siendo taladrado por un riatón negro de campeonato. Luego de unos segundos, Daniel dijo:

-O esto, está mejor ¿no?

Carlos y yo nos miramos, creo que algo incomodos, pero Jeremy y Daniel parecían contentos:

-Si, eso está muy bien.

Dijo Jeremy zanjando la cuestión.

En la pantalla, el negro penetraba al blanco que estaba a cuatro patas. A ninguno de los dos se les veía el rostro completamente, pero por los gemidos del muchacho, debían ser rostros de éxtasis.

-Pónganse cómodos.

Dijo Daniel mientras se desnudaba, hasta quedar sólo en boxers. Al quedar descubierto su torso y piernas me recordó a Freddy Mercury en sus mejores días, blanco, velludo, fibroso. Quizá lo miraba hipnotizado porque Jeremy me dio un beso en la mejilla y acercando su boca a mi oído me susurró:

-Se te van a salir los ojos.

Pude notar la sonrisa en su voz, y al mirarlo, noté que también estaba en ropa interior. Y en un rápido movimiento, pasó mi camisa sobre mi cabeza y desabrocho mis pantalones:

-Venga a la cama.

Dijo Daniel, mientras se recostaba boca arriba en una mitad de la cama. Arrastró a Carlos, a quién también había desnudado, pero lo colocó entre sus piernas igualmente boca arriba para mirar la televisión y dejarnos suficiente espacio. Nos acomodamos en la misma posición. Nuestras cabezas descansaban en los miembros de nuestros hombres. Y me concentré en la película.

Los actores habían cambiado de posición, el blanco había extendido sus piernas, de tal forma que quedó completamente recostado en la cama, sólo levantando levemente las caderas, para que el negro pudiera penetrarlo un poco más cómodamente. Igualmente fui sintiendo como el miembro de Jeremy crecía, apoyó sus manos sobre mi cabeza y comenzó a restregarse la verga con mi nuca. Eso comenzó a excitarme. Al girar la cabeza, pude ver que Carlos estaba recibiendo el mismo tratamiento y fue igualmente agradable.

Jeremy siguió restregando su verga con mi cabeza por un minuto más y luego dejó de hacerlo. Sólo una de sus manos descansaba sobre mi cabeza, pero ahora completamente inmóvil. Al mirar hacía Carlos, vi que estaba igual y mira hacía Jeremy. La escena fue espectacular. Jeremy y Daniel se daban un apasionado beso mientras con su mano libre se acariciaban el torso.

Aunque soy pasivo, se gozar de un buen beso con cualquiera, así que me giré sobre Carlos y comencé a besarlo. Estaba sobre él, boca abajo, así que aproveche mis manos libres y las extendí para sujetar las vergas de Daniel y Jeremy. Al sentirlas estaban como piedras. Y las empecé a masajear sobre los boxers.

Luego de un minuto, Daniel y Jeremy se quitaron la ropa interior, yo hice lo mismo y Carlos también. Por cierto Carlos era un gran besador, y mientras yo masajeaba las vergas el me manoseaba las nalgas con maestría. Para hacerlo Carlos y yo nos incorporamos, pero Jeremy y Daniel se quedaron recostados, luego apoyaron su brazos detrás de su cabeza, sonriendo como si esperaran un espectáculo. No los hicimos esperar. Carlos y yo nos abrazamos y queriendo darle placer a nuestros hombres, gemíamos quizá exagerando un poco. Pero los dos mástiles apuntando al techo eran la prueba de que estábamos haciéndolo bien.

De improviso, Carlos se movió y ubicó su culo en mi cara. Comenzó a darle una mamada monumental a Daniel y me suplicaba, que le comiera el culo. Sinceramente comer culo nunca me ha gustado mucho, pero en ese momento estaba a cien, y me hubiera comido un culo embarrado de mierda y se me ofrecían (no sabía, cuan cerca estaba de hacerlo realmente). Así que acerque la lengua al culo de Carlos y comencé a lamer. El sabor fuerte-amargo de culo me embriagó la boca. Seguí chupando con toda la fuerza y concentración que fui capaz. Estaba haciendo muy bien, cuando escuché un gemido de Jeremy.

Jeremy tiene una forma peculiar de gemir, y entre 100 gemidos, de 100 hombres distintos soy capaz de reconocer el del mío. Levanté el rostro y observé que Carlos había cambiado de mamila, ahora mamaba a Jeremy, quién con los ojos cerrados tenía una expresión de placer. Una flecha de traición atravesó mi corazón. Había sido muy fácil hablar de libertad y sexo libre, pero ver a tu hombre gozando con la boca de otro no fue para nada sencillo. Pero me tragué el dolor y reparé en Daniel, quién me miraba con lujuria. Me acerqué gateando por la cama, como una perra en celo y tomé con fuerza la verga de Daniel.

Estaba como piedra, pero casi del mismo tamaño que la de Jeremy, y comencé a mamar. Sabía diferente, hacía años que no mamaba una riata que no fuera de la Jeremy, pero el contacto fue familiar. Ya estaba que me derretía por ser penetrado, así que apenas duré unos segundo mamando, cuando le dije con una voz cargada de deseo:

-Métemela ya, papito.

Daniel sonrió y me preguntó:

-¿Cómo la quieres?

-Yo abajo.

Le dije, y me recosté, boca arriba levantando las piernas para que mi ano quedara libre. Pero como no había mucho espacio con Jeremy y Carlos en la otra mitad de la cama, me tomó del tobillo y me giro para que mis nalgas quedaran en la orilla de la cama. Luego se levantó y sujetando mis dos piernas con una mano precedió a masajearme el culo. Pero como hacía apenas un par de horas Jeremy me había cojido, mi ano estaba a punto.

Se escupió en la mano y froto mi raja, sólo para eliminar cualquier fricción. Luego abriéndome de piernas, apoyó su glande en mi ano y aplicando una leve presión venció mi esfínter. Avanzó lentamente, hasta que sentí sus huevos golpear las nalgas, entonces se recostó sobre mí. Yo lo abrace, tanto con mis piernas, a la altura de la cintura, como con las brazos en el cuello. Él igualmente cerró sus brazos en torno a mi cuello y mientras me besaba comenzó sus embestidas.

Jeremy y yo tenemos años de conocernos, y en el sexo nos movemos como uno, pero con Daniel, al principio no encontraba la frecuencia adecuada, pero lentamente nos fuimos acoplando. Mientras besaba a Daniel y recibía su verga, tenía una leve conciencia de que Jeremy y Carlos también estaban cojiendo, pero era incapaz de ver con claridad que sucedía.

Una vez que encontramos el ritmo, Daniel se levantó sin perder el ritmo, lo cual requiere una destreza considerable. En ese momento, pude ver que hacían Jeremy y Carlos. Mi hombre estaba hincado, sobre la cama, mientras que Carlos estaba de perrito recibiendo todo el mástil de Jeremy. Ver gozar a Jeremy con otro hombre esta vez tuvo un efecto diferente, me excitó más pero de una forma extraña, sucia como una puta. Y me dieron ganas de besar a Carlos para sentirme más puta. Lo besé pues su cara estaba apenas a unos centímetros de la mía.

Entonces sin aviso, Daniel salió de mí. Lo miré y con fuerza me jaló para voltearme boca abajo. Me sujeto de la cadera, levantándola y me apoyó en una orilla de la cama. Apoyé una rodilla en la cama, y la otra pierna la dejé extendida hasta el suelo, apoyé las manos sobre la cama y sentía la carne de Daniel abrirse paso en mis entrañas. Esa posición me hacía sentir más sucio aún. Daniel sujetaba firmemente mi cintura y cada envestida sentía sus huevos golpear contra los míos. Giraba la cara, para verlo y sus pectorales, brazos y hombros eran pistones agitándose al compás de sus embestidas y su cara era una feroz mezcla de lujuria, placer y diversión. Comencé a besar nuevamente a Carlos, aunque el ritmo creciente de las embestidas de nuestros machos hacía difícil el contacto.

Daniel hizo que subiera la otra rodilla a la cama y quedé completamente a cuatro patas. Intentaba besar a Carlos cuando Daniel me jaló con fuerza por el cabello. El tirón fue tan fuerte, que mis manos dejaron de apoyarse en la cama y quedé mirando el techo. El miembro de Daniel comenzó a vibrar con fuerza, pero aún no era el orgasmo. Incrementó sus embestidas, al hacerlo un espasmo recorrió mi cuerpo y mi verga escupió un poco de semen, que aunque poco si voló bastante. Al sentir mi orgasmo, Daniel empujó fuerte mi cabeza hasta que ésta sin el apoyo de mis manos descansaba en la cama. Mi culo estaba a su disposición, y mientras aumentaba el ritmo de sus movimientos, sentí en mi mejilla cerca de la boca una humedad salada. Saqué la lengua y saboreé mi propio semen. Seguí chupando mi néctar, mientras Daniel comenzó a apretarme las nalgas con sus manos y a moverse cada vez más deprisa. Luego con un gemido sordo, sentí mis entrañas bañarse con su calido semen. Siguió moviéndose, cada vez más lentamente, mientras yo estaba en la gloria de un segundo orgasmo. Hasta que se detuvo por completo. No la sacó de inmediato, por lo que me gire a verlo. Su rostro estaba empapado de sudor y una sonrisa satisfecha cruzaba su boca. Sacó lentamente su verga, y entonces me di cuenta que Jeremy me esperaba, con la verga ya medianamente flácida, manchada de semen y mierda. Sin dudarlo me la metí a la boca para limpiarla. En cuanto salió completamente de mí, Carlos hizo lo propio con su hombre. Ya una vez hechas las limpiezas, los cuatro nos recostamos juntos, apretaditos y dormimos luego de una maravillosa sesión de sexo grupal.



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