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Divorciado con hijo (3: mi papa me mima)


La casa de papá está silenciosa. Bebo un vaso de agua en la cocina y miro hacia el jardín esperando encontrar a mi padre allí. No está. Subo las escaleras que llevan a la planta superior, allí donde se encuentran los únicos dos dormitorios que tiene la casa. El cuarto de baño está en el mismo pasillo. Me desnudo en mi habitación, tomo una de las toallas que me ha proporcionado papá para mi uso personal, y , pertrechado con champú , pasta de dientes y cepillo, me dirijo al aseo. La puerta del dormitorio de mi padre.............  está entornada, y, desde dentro, salen ruidos que me indican que es allí donde se encuentra él. Viene a mi mente la fugaz visión de papá desnudo, hermoso, atlético y virilmente dotado. Recuerdo el momento tan intenso que hemos estado tan cerca de consumar dentro de la balsa, y la mirada tan extraña que me lanzó mi padre al quedar roto el hechizo. Necesito que hablemos. Cubro someramente mi desnudez con la pequeña toalla, y, llenando de aire mis pulmones, me decido a empujar la puerta de su alcoba.

La habitación no es muy grande. Apenas caben en ella una amplia cama de matrimonio, un armario de puertas acristaladas y un par de mesillas de noche. Dentro de la alcoba solamente hay una persona, y está tumbada boca abajo -completamente desnuda, a excepción de unos calcetines blancos-encima de la colcha. No es mi padre. Sorprendido al no encontrar allí la persona que esperaba, doy un paso hacia atrás y salgo de allí. Al final del pasillo, en el cuarto de baño, se oye un canturreo masculino. Avanzo unos pasos, llego a la puerta y me asomo.

Envuelto en una nube de espuma, papá se está duchando. Lo espío con arrobo, notando como mi sexo se endurece al contemplar la desnudez paterna. Sus sobacos velludos, su tórax amplio, los bíceps que se le marcan en la postura que tiene en estos momentos, mientras frota el champú en su cabello...Tal y como está, de perfil, su miembro pende semi-erecto entre sus muslos musculosos y muy peludos. Me deleito mirándole. Soy uno más de los muchísimos hijos que alguna vez han espiado a su padre en el baño, mientras estaba desnudo, y han deseado lanzarse sobre él para besarle, para chuparle, para ser poseídos allí mismo, bajo el agua, y gozar con la servidumbre de ser utilizado por el autor de sus días.

Sin embargo, no me atrevo. Recuerdo la mirada de reproche que me ha lanzado en la piscina. No quiero tentar la suerte. Si tiene que ser, será...pero solamente cuando él quiera.

Vuelvo sobre mi pasos. Mi verga avanza, cimbreante, delante mía, como si fuese la vara de un zahorí en busca de agua. Pero no es agua lo que busco en estos momentos.

La luz de la tarde entra por las rendijas de la persiana. Por el suelo, tiradas de cualquier forma, hay unas prendas de vestir arrugadas y sucias. Algunas, incluso, parecen rasgadas, como si hubiesen sido arrancadas violentamente del cuerpo que vestían.

Sobre la cama, despatarrado boca abajo, sigue el mismo muchacho de antes. Porque es un muchacho, si. Es el jovencito al que he conocido hace un rato, en la piscina, y que los otros han llamado con el nombre de Tonto. Ahora está dormido plácidamente. La mejilla reposando sobre la almohada, el dedo pulgar metido en su boca, el cuerpo relajado...Me acerco lo suficiente para sentarme en la cama, junto a él. Su espalda sube y baja acompasadamente, al ritmo marcado por su respiración. Está patiabierto, con el agujero del ano anegado en un líquido viscoso y blancuzco que no puede ser más que semen. Semen de mi padre, estoy seguro. La rabia, los celos, me embargan. ¡Ese falso niñito me ha robado lo que me corresponde a mí, y solamente a mí! ¡Ese semen, ese esperma, esa lefa paterna tenía que estar ahora mismo en mi interior, llenando mi intestino, rebosando mi ano, dejándome preñado de amor por mi papá!

Reprimo un sollozo. Mi mano se posa sobre el trasero del durmiente. Hundo dos dedos en el culo ajeno, los mojo en el líquido espermático y los llevo hasta mi boca. Saboreo el semen que me dio el ser. Lo paladeo. Quiero más. Subo a la cama, me coloco entre las piernas del chico y me amorro a su culito, lamiendo más y más, hasta que noto como el orificio boquea, como pide otra ración de lo que hace unos minutos le acaban de dar.

Mi verga se yergue dura como una piedra. En la boca tengo el sabor de mi padre, su olor, su esencia viril. Ahora quiero algo más: necesito introducirme en las oscuras profundidades donde se encharca lo que él eyaculó, necesito deslizarme por el mismo conducto, que sus jugos se junten con los míos...

Apoyando mis manos en los cachetes de las nalgas de Tonto, los abro lo suficiente para que nada impida la trayectoria de mi pene hacia su objetivo. Con un golpe de caderas clavo mi estaca en el agujero embarrado con anterioridad, y la meneo con todas mis fuerzas, y follo al muchachito con ansia desesperada, porque la punta de mi falo resbala más y más profundamente gracias al lúbrico lubricante de la leche de mi padre.

Tonto ha despertado y no sabe si reír o llorar, o gemir o suspirar...Su culito termina meneándose al ritmo de mi enculada, abriéndose para mí, apretando mi verga con el anillo del esfinter , boqueando, relajándose y endureciéndose según lo requiere el momento. Este chico sabe lo que es ser follado. No creo que haya sido papá el que lo haya desvirgado hoy. Un misterio más de este pueblo tan peculiar.

Engarfio mis dedos en sus hombros. Chasqueo mi vientre contra sus nalgas. El chico, semi-incorporado, se masturba con el mismo ritmo que yo lo penetro. Comienzo a notar un placer exquisito. Su espalda pegada contra mi pecho. La curva de sus nalgas adaptada a mi abdomen. Y mi pene, duro como el hierro, latiendo en su interior.

Es tanto el gusto que siento, que hasta mi culo se está humedeciendo. Y las gotas de sudor chorrean por mi espalda. Y ...¡alto...! ¿qué está ocurriendo?

Tras de mí, con su cabello mojado, papá me está acariciando. Aprovechando mi culo en pompa, su lengua me trabaja delicadamente, aunque a traición. Necesita muy poco para notar que me estoy dilatando como una perra. Unos pocos segundos y lo tengo atenazando mis caderas, embadurnando mi raja con un salivazo, y metiéndome la polla en dos tiempos...que son los dos alaridos que suelto yo antes de caer medio desmayado sobre el cuerpo de Tonto. En la calle, los perros se han sobresaltado con mis dos chillidos de rata, y ahora están aullando por patios y corrales, armando una algarabía de locura canina. Tonto, aplastado contra el colchón, pugna por respirar. Al moverse espasmódicamente, hace que mi verga vuelva a la vida dentro de su reducto anal, y, con el nuevo gusto, parece que mi corazón vuelve a latir por triplicado: mi polla, mi corazón y mi intestino. Papá me susurra mil perdones junto a mi oreja, pero el muy cabroncete no me saca el vergajo de mi interior. Su pollón se ha dilatado de tal forma, que llena todo mi conducto trasero. Sus gruesas pelotas están prácticamene pegadas a mis nalgas, puesto que todo su pene, sin sobrar ni un milímetro, está albergado en mi palacete posterior. Cuando nota que yo me estoy moviendo, hace lo propio. Poco a poco, muy poco a poco, el dolor se va mitigando. Mi cerebro comienza a tomar cartas en el asunto. Mi libido va ganando terreno al dolor que sentía. Un ramalazo de morbo termina de suavizar la cosa, y pronto estoy gimiendo, y casi gritando (pero esta vez de gusto) al sentirme empalado, jodido, cogido, tomado, follado, enculado, y, sobre todo AMADO por mi padre.

Brota la leche del caño paterno. Es tal el gustazo que me da, que no aguanto más mi propio orgasmo, e inundo las alcantarillas traseras del chico que tengo entre mis brazos. Su lefa juvenil se derrama sobre la colcha de satén, y cae a plomo su cuerpo, seguido por el mio , que lo aplasta, a la vez que soy aplastado por el musculoso corpachón de mi padre. Quedo en medio, como una loncha de jamón serrano en un emparedado. Todos rebozados en nuestros propios jugos. Quedamos dormidos. Cuando despierto, Tonto ya no está. Papá me está mirando con ojos tiernos acostado junto a mí. Me arrimo a él. Necesito su calor, me obsesiona su olor. Nos besamos. Las yemas de nuestros dedos recorren cada milímetro de la piel ajena. Su falo, mi falo, están frente a frente. Empujo a papá, me aparto y me mira con extrañeza. Pero solo es durante unos instantes. Los imprescindibles para montarme a horcajadas sobre su cuerpo, para ponerle mi verga sobre sus labios, para sentir la delicada caricia de la punta de su lengua recorriendo mi sexo. Abarca mis nalgas con sus manazas de campesino, me atrae hacia él, abre la boca por completo y se transforma en cueva donde albergar mi verga. Cierro los ojos. El se ocupa de todo. Avanzo y retrocedo, meto y saco, empujo y me aparto, todo siguiendo sus instrucciones. Mama mi pene con ansia de lactante. Quiere mi leche. Quiere mi jugo de la vida. Y se lo doy.

Me deslizo sobre su cuerpo. Me arrastro hacia abajo, mientras busco su boca con mi boca. Y él me está esperando con su carga láctea, con mi propia leche, rebosando sus labios. Sellamos nuestro pacto con beso blanco. Nuestras pieles sudorosas transforman nuestros cuerpos en toboganes deslizantes. La punta de su verga sirve de tope para mi cuerpo. Breves segundos y su espetón está otra vez en mi interior. Me yergo, me hundo, me muevo, cabalgo, miro sus ojos, aprieto su falo, exprimo sus testículos...y tomo mi nueva ración de esperma, allá dentro, en lo más profundo de mi ser.

La alborada nos sorprende abrazados. Su ruiseñor ha pasado la noche cantando para mí, y mi alondra ha picoteado sus labios hasta caer exhausta. Hemos recuperado, en una jornada, muchos años de separación. Ahora ya se que soy de mi padre, y que mi padre me pertenece por completo, o, por lo menos, así quiero creerlo.

Le digo a papá que le quiero solo para mí, y que nadie se interpondrá entre nosotros jamás. El me pone un dedo sobre los labios, sonríe con dulzura y no dice nada. No quiero pensar, no quiero saber, no quiero descifrar lo que quiere decir con esa enigmática sonrisa.

En estos momentos, en esta madrugada, solamente me importa una cosa: soy feliz, muy feliz, porque mi papá me mima. Y yo, una vez más en esta larga noche, vuelvo a mimar -con mi boca y con todo mi ser- a mi papá.

Y caigo rendido finalmente. En mis sueños van y vienen mi papá y el Tonto, el Boca, Angel, su hermano Eduardo y otros personajes que pululan sin que yo sepa quienes son. Quizás, mañana, conozca algo más de sus historias, y , seguramente, tendremos nuevas aventuras.

Si. Mañana. Quizás.



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