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Desquitando a Martha por detrás


Una nueva secretaria debe mostrar sus capacidades. Su jefe la prueba de varias formas, sobre todo por el trasero......................... Martha Gómez no era tan fina como las otras secretarias del diputado. De origen humilde, ella había escalado desde personal de limpieza en una oficina del Partido.

Ell sestacaba por su cuerpo, esbelto y curvilíneo. Al estrenar el traje sastre del uniforme secretarial, sus pechos y piernas mostraron ser muy llamativos y eso despertaba la envidia de las otras mecanógrafas.

-Mira qué vulgar se ve -criticaban-, es una zorrota.

Una mañana temprano, el diputado la vio yendo al despacho por la acera a oscuras. Se detuvo y ofreció llevarla. Cuando ella subió, el diputado se regodeó observando los llamativos muslos. Martha hizo como si no se hubiera dado cuenta. Situaciones como ésa las debía aguantar.

Sentada al lado del diputado, que conducía, Martha trataba de aparentar aplomo. Intimidada por la falda que llevaba, la jalaba entre sus muslos.

-Eres muy eficaz -dijo él-, por eso tengo muy buenos planes para ti.

-¿Sí, licenciado?

-Mucho dependerá de tus capacidades para conservar el puesto.

-Me esforzaré... lo verá...

-Bien, empecemos.

El tipo llevó una mano a las llamativas piernas de Martha.

-No, así no, licenciado -ella le apartó la mano-, pensé que decía algo diferente.

-¿Diferente? –rió él, paciente- Aquí es de te dejes a cambio de ser mi secretaria -el tipo le agarró una pierna y Martha le tomó la mano.

-¡No, licenciado...! ¡No me manosee!

-¿Quieres ser secretaria o volver a trapear?

-Usted vio mi expediente... soy buena mecanógrafa...

-Bah, no fue por eso, ingenua... ¡te hice mi secretaria por tus nalgotas!

-¡Licenciado...! –Martha se tapó la boca con ambas manos.

-Por tus nalgotas -repitió-, por eso nadamás. Te puse de secretaria para cogértelas.

Martha tomó la manija de la puerta haciendo ademán de bajar-.

-¡No soy una cualquiera...! -tomó la manija- ¡Viejo degenerado!

-Si bajas no vayas al despacho, te despediré sin compensación y no podrás ni volver a trapear los suelos.

Martha bajó la cabeza y cerró de nuevo, lentamente.

Conduciendo, el diputado habló por móvil al Departamento de Personal.

-Toma el expediente de la barrendera, ponla de mi secretaria, a prueba.

Martha subía y bajaba la cabeza, mamando el ancho miembro del diputado. “¡Mh, mh, es un canalla!”, pensaba. “¡Viejo desgraciado... pero necesito el puesto! ¡Me voy a tomar su leche...!”

-Dale el sueldo mínimo que ofrecemos, todavía debe mostrar sus aptitudes.

Para responder a eso, Martha intensificó la mamada, decidida a hacerlo gozar con la boca. Los pómulos se le marcaron por la fuerza de la succión.

-¡Mh! ¡Le voy a mostrar todo lo que sé hacer! ¡Mh! –gemía para convencerlo, agachada- ¡Todo en su palo!

Llevándola con la falda remangada, los muslos de Martha lucían mucho más. El diputado los sobó a lo largo, enterrándoles los dedos.

-¡Mh! ¡Mh! –ella soltó gemidos de desasosiego, succionando la erección.

-¡Cuando te llame para dictado harás esto! ¡Sin remilgos o te espera la escoba! -metió una mano entre los muslos de la secretaria.

-¡Mhh! -Martha separó las piernas, dejando la mano hurgar entre ellas.

-¡Eso... te gusta mamarla, cabrona!

-¡Mjm! ¡Mjm...! –ella asintió, aplicada a mamar la rígida erección con fuerza.

-Ahh... sabía que chupabas bien... mhh... con esa cara de puta...

Martha se metió el miembro en la boca hasta la base, dándole una fuerte mamada. El diputado estiró las piernas anunciando que iba a correrse. “¡Mh!”, suspiró Martha mentalmente,“¡debo hacerlo venir bien!, se dijo con la boca llena por el miembro. ¡Le sacaré toda la leche a este palote...!”

Preparándose para recibir la eyaculación en la boca, Martha apretó la raíz del miembro con los labios, mamándolo lo más fuerte que fue capaz. “¡Mh, que cosota!”, se dijo. “¡Me voy a tomar lo que le salga...!”

El miembro latió desaforadamente en la boca de Martha, expulsando grandes cantidades de semen, que la secretaria comenzó a pasrse por la garganta sin dejar de mamar. Le apretó la mano con las piernas. El diputado gritaba y Martha siguió las contorsiones del diputado y mamandole la erección entre gemidos.

-Ah... te tomaste la venida... –suspiró él volviendo a cerrarse la bragueta.

-¡Sí, licenciado... toda...!

-Lo hiciste medianamente, deberás mostrar más aptitudes.

Llegando a las oficinas con su nueva amante, el diputado la llamó varias veces en el día. En cada una, Martha salía despeinada del despacho y en el sanitario se enjuagaba la boca, escupiendo el semen del diputado en el lavadero. Su patrón la sometía a darle sexo oral de rodillas con él en su asiento de cuero. Al final de la jornada, humillación la turbaba a Martha. Se había visto forzada a beberse varias corridas. Apresurada por irse, al borde del colapso nervioso, el diputado la tomó del brazo para que se levantara.

-¡Licenciado...! –ella lo miró suplicante- ¡Mi marido va a llegar....!

-Me importa un carajo.

Mientras se iban otros empleados, el diputado cerró la puerta y se apretó a Martha, jalándola hacia él de las nalgas. Frotó la erección contra el pubis de la secretaria, lamiéndole el cuello.

-Licenciado... mi esposo... está esperando...

-Esperará más-

-¡Ahh, ahh...! -gimió ella cerrando los ojos, temerosa- ¡Qué me va a hacer...!-

-Te dije que te la iba a meter por el culo, será ahora.

-... ay, licenciado... ¡Me da miedo...!

-¿Ah, sí, por?

-¡... por qué será, licenciado...¡ ¡Por esto...!

Tomada del trasero, Martha llevó una mano a la bragueta, viéndola, movida por los manoseos del diputado en el trasero, que le remangaba la falda por detrás. El tipo sonrió al ver la vergüenza de la secretaria.

-Esto me da miedo, licenciado –susurró ella-... casi no puedo mamarla... me costó mucho hacerlo hoy... es muy gorda...

-Y qué con eso.

-... yo... no sé si me entre por donde quiere...

-¡Aunque no te entre, te la vas a comer!

Ella sujetó la erección con las dos manos, apretándolo reiteradamente. “¡Oh... tiene... buena la verga...! ¡Oh...!”

-¡Ponte en la mesa!

-¡Sí, licenciado...!

Martha quitó sillas de la mesa de juntas y en ella apoyó los codos. El tipo le remangó la falda, haciéndola mostrar unas bragas negras.

-Quítate los calzones.

-¡Lo que usted diga...! –vejada, se bajó las pantaletas descubriéndose las nalgas.

-¡Levanta más el culo!

Las bragas resbalaron a sus tobillos y ella terminó de quitárselas con los pies. La secretaria arqueó la espalda, alzando el trasero hacia el tipo detrás de ella.

-Abretelo, quiero ver ese agujero.

Turbada, Martha se clavó las uñas en las posaderas, separándoselas y mostrando el orificio del ano al libidinoso sujeto, obligada a ofrecérselo. “¡Es lo peor que me han hecho! ¡Qué vergüenza!”

Sonriendo torcidamente, el diputado observó la hendidura entre las nalgas, marcadas por las uñas de la secretaria. En medio lucía la estrecha entrada, sonrosada y rodeada de suaves rugosidades. Apoyó la punta de la erección en ella. Martha gimió.

-¡Métamela despacio...! –suplicó- ¡Sólo eso le pido...!

-Seré muy bueno -dijo él-. Esta vez sólo te meteré la punta.

-¡... sí, licenciado! –inclinó la cara, nerviosa- ¡Hágalo...!

El tipo empujó la punta del miembro entre las nalgas de la secretaria. Alzando el trasero y separándoselo con las uñas, la secretaria gimió cuando la cabeza del pene se le incrustó en el esfínter, abriéndolo.

-¡Ay... ay...!

-Ya te está entrando.

Dolorida por la ancha punta, los latidos del orificio engulleron la punta enrojecida del pene.

-¡Ayy... ayy... me abre demasiado...!

-Eso... -afianzándose en las caderas de la secretaria, el tipo empujó un poco más-... toma la verga, nalgona, así... mhh... - empujó más, viendo su miembro engrosar y hundirse en el estrecho orificio, forzándolo.

-¡Ahh, ahh...! -la secretaria se estiró, clavándose las uñas en las nalgas por el dolor- ¡Licenciado...! ¡Ahh..! ¡Dijo que nadamás la punta...!

-¡Todavía te falta!

-¡Ahh... ahh...!

Martha levantó las nalgas todo lo que pudo, resoplando mientras el diputado la encajaba todo el miembro en el ano con firmes embestidas. El ancho pene desapareció entre las robustas nalgas. Hundido en el ano de Martha, el diútado sentía la erección rodeada por anillos que palpitaban, oprimiéndole la erección, como si quisiera expulsarlo, pero comprimiéndolo y dejándoselo adentro. Gruñendo, el dputado le sacaba el miembro hasta la punta y se lo ensartaba de nuevo hasta la raíz. Las nalgas de Martha saltaban, chocando contra el diputado. Además del placer que le daba con el ano, las nalgas friccionaban el miembro al entrar y salir.

-¡Ayy, ayy... no me cabe... aahh...!

-¡Eso te iba a decir, para el culo, barrendera de segunda!

Sonó un conmutador en la mesa. Enardecido, el diputado se le encimó haciéndola voltear la cara, lamiendole la lengua y sacudiéndola cn penetraciones más fuertes.

-¡Ahh... ahh...! -gimió ella, oprimiendo más la erección.

-Responde, pon la bocina.

-¡Ahh... licenciado...! ¡Me la clavó toda!

-Eres la secretaria –empujó más fuerte-, responde.

p align=justify -¡Ohh...!

Agtada, la secretaria se acercó el aparato con manos temblorosas y apretó unn botón, inclinando la cabeza.

“¿Martha?”, dijo otra ayudante, “te llama tu marido”.

-... yo...

-Que te lo comuniquen.

-¡Pásamelo...! –jadeó ella.

Se oyó un chasquido y después al esposo de Martha, que se mordió los labios, sacudida por las embestidas.

“Estoy afuera de tu oficina. ¿Estás lista?”

-¡Querido... el licenciado...! -balbuceó Martha, saltando por las embestidas- ¡... me... está dictando unas cartas...! ¡Vas a tener qué esperar! ¡Me tiene ocupada...!

-Mucho -susurró el diputado, tomándola de las caderas. El miembro entraba y salía del ano de la secretaria.

“Te oigo rara, qué te pasa.”

-¡... el licenciado... es muy exigente! -el tipo le masajeaba las posaderas, enrojeciéndolas y moviéndolas al empujar- ¡Ya... ya no puedo! ¡Estoy exhausta...!

-Así, aprieta... -inmovilizándola por la estrecha cintura, el miembro entraba en medio de las nalgas en forma de pera, que se bamboleaban.

“Ten cuidado, esos políticos son unos patanes”.

-... no te preocupes... me cuidaré... no vuelvas con eso... ¡ya salgo...! –colgó.

Mientras su esposo aguardaba afuera, Martha apoyó la barbilla en la mesa, con la falda en las caderas y sacudida por las embestidas del diputado en su ano. Ruborizada abrió la boca, sofocada por la penetración.

-De quién es este culo, cabrona.

-¡Suyo, licenciado! –jadeó Martha, arrugando las cejas- ¡Mi culo es suyo, todo suyo!

-Nada sabes hacer, solamente esto...!

-¡Nada...! ¡Por eso me trajo, para poner las nalgas! ¡Voy a parar el culo, como ahora!

El diputado le enterró los dedos en las nalgas, embistiendo más fuerte en el ano. Martha se lo entregaba mordiéndose los labios, adolorida. “¡Es un desgraciado, pero... qué metidas me está dando en el culo...! ¡Mhh! ¡Me la hace comer toda...! ¡Ohh... si así me van a tener, sí se las pongo...!”

-Me corro... aprieta el culo porque me corro...

La secretaria juntó las nalgas oprimiendo la erección del diputado. Reteniendo el miembro por la hinchada base, Martha dio movimientos arriba y abajo, volteando a ver al excitado patrón.

-¡Así, licenciado, así! ¡Córrase! ¡Métamela toda! –invitó, moviéndose- ¡Haga que mi marido espere en la calle, mientras usted se viene en mi culo!

-Ah, ah –el diputado clavó el miembro completo entre las robustas nalgas-... toma mi corrida, tómala....

El miembro se hinchó y con una pausa, estalló expulsando chorros de semen dentro del ano de la secretaria, que levantó las nalgas y siguió sacudiéndolas, proporcionando un placer enorme al miembro, masajeándolo con fuerza. Acompañó con gritos los de su patrón, haciendo amplios círculos con el trasero.

p align=justify -¡... ahh, ahhh...! ¡Qué vergota! –gritó Martha- ¡Ahh! ¡Me llena el culo de leche!

El diputado la dejó irse con una palmada en las nalgas.

-¡Así me gusta, llévate mi corrida en el culo!

En el auto con su esposo, Martha trataba de no jadear.

-¿Cómo te fue? –preguntó él.

-Bien... espera... –sonó el celular de Martha.

Respondió con palabras breves.

-¿Licenciado, cómo...? ¿ahí...? ahora... sí –colgó y dijo a su marido-. Surgió un problema, vamos de vuelta.

-¿Subo contigo?

-Iré sola –se negó-, faltó un... asunto.

-Esperaré en el auto.

“¡Vas a tener qué esperar bastante!”, pensó Martha, suspirando exhausta. “¡Dejé las bragas en el despacho...!”



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mamomen
Con un buen polvo una pierde hasta el \"oremus\".
Cabrón de jefe!!!
panchocaliente
mmmhhh.......que maravilloso relato, la sumisiona la que sometes a la protagonista es magistral y morbosa, gracias
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Muy Zorritas
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