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Despues de la discoteca


Como cada sábado me fui a la discoteca con mis amigos. Estaba cabreado porque me habían quedado cuatro y la novia me había dejado. En la discoteca lo estábamos pasamos bien, como siempre, pero de pronto vi una cosa que me heló la sangre: un tío que media dos metros le estaba pegando a una chica. Ella no dejaba de llorar y el tío cada vez le pegaba más fuerte. No soy muy grande pero cuando vi aquellos no pude evitar lanzarme encima de aquella mole. Solo le pude dar un puñetazo en la............. garganta porque después vinieron tres porteros y nos apartaron, se me salvó de una paliza.

Así que le dije a la chica:

¿Cómo estás?

Bien, solo me duele un poco la cara.

Tenía un moratón en la mejilla.

¿Quién era ese?

Mi novio, que cuando bebe un poco se descontrola.

En seguida nos echaron de la discoteca y dije que la acompañaba a casa por si acaso volvía el novio. Fue en el rellano de su casa donde me di cuenta de que era muy guapa. Ella todavía lloraba un poco, le di un pañuelo y decidí que no era bueno que sus padres la vieran así. Le dije:

Ven a mi casa o tus padres te matarán.

La verdad es que tienes razón pero no se si fiarme de ti.

Entonces tendrás que entrar en tu casa con ese moratón y explicar como te lo has hecho.

Tienes razón –pero lo dijo con una sonrisa y una mirada picarona-, iré a tu casa.

En el camino estuvimos hablando y me sorprendió lo atractiva que era, no podía dejar de mirarle la falda que llevaba. Ella se dio cuenta dos veces pero no dijo nada, incluso una vez se agachó para recoger mi pañuelo. Cuando hizo eso, su culo se apretó contra la falda y pude observar que llevaba el tanga más pequeño que he visto en mi vida. Yo cada vez estaba más nervioso y noté que me estaba empalmando. Quedaban dos minutos para llegar a mi casa y se puso a llover. Llegamos a la puerta de mi casa empapados y de pronto recordé que mis padres se habían ido de viaje, casi me corro de la ilusión. Saqué precipitadamente las llaves del pantalón y entramos.

La ropa se nos pegaba al cuerpo y casi me desmayo al ver debajo de la blusa no llevaba sujetador. Además, el tanga negro se le marcaba en la falda blanca y tenía una erección de caballo. Ella fue la primera en hablar:

Será mejor que nos sequemos, si no queremos coger una pulmonía –tenía una mirada extraña. Empezó a desabrocharse los botones de su blusa, uno a uno y muy lentamente. Cuando se quitó el último vi dos pechos redondos y mojados cuyos pezones me observaban.

¿Qué te pasa? – me dijo- ¿nunca habías visto unos pechos?

Nunca tan bonitos –le respondí.

¿Te gustaría tocarlos?

Yo me moría de ganas pero de vergüenza, así que supe que decir. Entonces me dijo que me sentara en el sofá y sentó a mi lado. Cogió mi mano y se la pasó por un pecho. Mi polla se endureció tanto que casi me explota del dolor. Me bajó los pantalones mientras yo le tocaba los dos pechos y me quedé en calzoncillos. Me los bajó y cogió mi polla que estaba tiesa como un palo de madera. Me masturbó de tal manera que cuando llevaba cinco minutos estaba a punto de correrme, ella lo notó y se metió la polla en la boca para que no manchara nada. Me corrí en su boca y ella se tragó litros de mi semen. Al cabo de cinco minutos ya la volvía a tener dura y me la seguía chupando, pero paró de pronto y dijo:

Ahora te toca a ti, chúpame el coño.

Yo nunca había chupado un coño antes y lo hice lo mejor que pude. Ella no dejaba de gemir cada vez que le rozaba los labios con la lengua. Entonces le metí la lengua y el dedo a la vez, soltó un grito mientras le acariciaba el clítoris. Sus jugos me chorreaban por las comisuras de la boca. Eran dulces pero no me los podía tragar todos y algunos se derramaron en mi camiseta. Noté enseguida como se corría, su espalda se arqueó y chilló como un animal en celo. Cuando acabó me dio un beso en la boca para limpiármela de sus líquidos.

Se arrodilló en el suelo y se metió mi polla entre sus pechos, mientras ella se metía el dedo en coño. Mi polla cogió un tamaño impresionante, tanto que hasta ella se la quedó mirando diez segundos antes de decirme:

Joder, que polla, ¿me pregunto si me dolería que me la metieras en el coño?

Solo hay una manera de saberlo.

Se estiró en el suelo y se abrió de piernas. Su coño chorreaba líquidos y mi polla estaba muy mojada, así que no hizo falta lubricar mi polla con nada. Se la metí hasta el fondo, ella gritó como no lo había hecho antes y yo casi me desmayo del placer. Gritábamos como animales y no dejé de acariciarle los pechos. Sus pezones se endurecían cada vez que la sacaba y la metía. Lo hicimos con un ritmo bastante lento, hasta no empezamos a acercar a los orgasmos, entonces el ritmo aumentó. Ella lo notó y para que disfrutáramos más dijo:

Espera, antes de que nos corramos quiero que me la metas por el culo mientras me metes el dedo por el coño.

Yo acepté encantado. Se dio la vuelta y se puso a cuatro patas con todo el ano abierto. Le puse las manos en las nalgas y la penetré con todas mis fuerzas. Ella gimió pero todavía faltaba lo mejor, le metí un dedo en el coño. Eso la excitó todavía más, pero me pregunté cuantos le podrían caber. Así que mientras la penetraba por detrás, le fui metiendo dos dedos primero, tres después y al final cuatro. Cuando tenía los cuatro dedos en el coño y la polla en su culo, ella se corrió y noté como le temblaba todo el cuerpo. Se le escaparon algunas lágrimas y después yo me corrí dentro de su ano. Fue el mejor momento de mi vida, todos lo nervios de mi cuerpo estaban excitados y mi polla soltó tanto semen que no le cabía en el culo y se le salió cuando saque la polla del ano. Ella se dio la vuelta y me besó:

Joder, que bueno eres.

Los dos estábamos empapados de sudor y mojados por el semen y sus líquidos.

Vamos a ducharnos, que estoy pegajoso.

Subimos al piso de arriba y no bañamos juntos. Mientras se llenaba la bañera nos estuvimos besado en la boca y yo le acariciaba los pechos. Mi bañera no es pequeña pero tampoco gigantesca, así solo podíamos caber si ella se ponía encima mío. Se sentó encima de mi, dándome la espalda y yo le se la lavé. Después ella me cogió la esponja, se levantó y se lavó el culo.

¿Puedo lavarte el coño?

Claro.

Le pasé la esponja por los labios y le metí dedos llenos de jabón líquido. Ella puso cara de placer y me susurró al oído:

Házmelo con la polla llena de jabón.

En cuanto acabó la frase, mi polla creció en cinco segundos y le heché un chorreón de jabón encima del capullo. Ella se sentó mirándome, con sus pechos a la altura de mi cara. Me cogió la polla y se la introdujo en el coño muy suavemente. Ella subía y bajaba encima de mi polla mientras yo le lamía los pezones, que estaban muy duros. Cada vez íbamos más rápidos y de pronto a los dos nos cogió un escalofrío por la espalda y nos corrimos. Esta vez no gritamos.

Nos acabamos de limpiar y nos fuimos a dormir a la cama de mis padres. Yo quería otro polvo pero estábamos tan cansados que nos dormimos abrazados. Esa noche soñé que ella me la chupaba y después hacíamos un 69. Por la mañana me desperté y noté que me pasaba algo a mi polla. Levanté la sábana y la vi chupándomela. Lo hacía muy bien.

¿Ya te has despertado? –me preguntó.

Si, esto… ¿sabes que he soñado?

No lo sé.

Pues, que me la chupabas y después hacíamos un 69. pero era solo un sueño.

Podemos hacerlo.

Se dio la vuelta y se puso boca abajo. Abrió las piernas, colocó su coño en mi boca y mi polla en la suya. Me la chupó de tal manera que casi me olvido de chupárselo. Los dos íbamos al mismo ritmo y nos fuimos acercando al orgasmo. Su coño rebosaba líquidos y mi polla estaba a punto de eyacular. Entonces paró y me dijo que se la metiera por el coño pero por detrás. Así que se estiró en la cama boca abajo, yo le cogí las piernas como si fuera una carretilla y se las abrí. La penetré suavemente y con un ritmo lento. A medida se la metía y la sacaba ella gemía y chillaba de placer. Me corrí en su coño y ella lo apretó para que el semen no saliera. Yo había acabado pero ella no, así que le metí los cuatro dedos de mi mano hasta que no pudo más y se corrió. Para acabar me cogió la polla y me la limpió.

Se vistió, me besó y se largó. Nunca más la he visto pero nunca la podré olvidar.



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