Me tocó acompañar a una prima cuando ésta estaba enferma y sin embargo se dio con ella algo inesperado.............................. De niña viví algunos años en el campo y siempre que puedo me refugio en la tranquilidad de una casa que allí tiene mi familia.
Cuando comencé a ir al liceo me mudé a la ciudad y en los primeros años me costó adaptarme al ritmo urbano.
Por fortuna conservo una gran cantidad de afectos de aquellos días y me encanta estar en contacto con la gente de esos lugares.
Pero hubo un tiempo, desde que nos vinimos a la ciudad hasta que pude volver a mi lar natal, en el que me fue imposible viajar hasta ahí.
A veces por razones de trabajo, otras por el estudio cuando cursé la Universidad, otras porque mis vacaciones siempre eran en algún balneario, la cuestión fue que estuve varios años sin ir al campo.
Ahora, por suerte, puedo ir más seguido.
Un día recibí el llamado de una señora, que aún vive en el establecimiento en el que crecí, que me decía que Norma, una de mis primas, se encontraba enferma.
Los padres de Norma habían fallecido y ella hacía años se había separado de su esposo. Vivía sola con su hijo de veinte años quién, pese a su voluntad, no podía ocuparse plenamente de su madre.
Me conmovió el problema de mi prima y me ofrecí para ir a cuidarla.
Me extrañó que no me hubiese dicho nada de su enfermedad ya que nos habíamos visto hacía muy poco tiempo atrás.
Al llegar a la casa la encontré en cama, algo desmejorada, y al verme se emocionó.
Nos dimos un abrazo y estuvimos hablando durante dos horas en las que nos pusimos al día con los temas de la familia.
Luego, no sin pesar, ella me contó sobre su enfermedad.
Le dije que podía contar conmigo y que pensaba quedarme varios días con ella. Se alegró al escucharlo.
No era demasiado lo que tenía que hacer allí. Sólo debía estar con Norma, suministrarle los medicamentos y, si se ponía mal, llamar a la emergencia.
Durante las extensas charlas que teníamos me contaba que, más allá de vivir con su hijo, se sentía sola.
Me contó que era afortunada porque su marido la había dejado pero muchas veces la soledad le jugaba malas pasadas.
_\"Todavía quiero\", expresó.
_\"Ah, bandida. Estás algo enferma pero no perdés las ganas. ¡No quiero imaginarme lo que harás una vez que te mejores porque es seguro que te vas a mejorar!\" le respondía yo para darle aliento.
Muchas de nuestras charlas las teníamos tomadas de las manos.
Las de Norma estaban algo delgadas pero no habían perdido su frescura.
Siempre había sido una mujer muy interesante.
Tenía un hermoso cabello negro casi hasta los hombros. Su piel era blanca y sus ojos marrones. Su rostro era atractivo y su físico no demasiado exhuberante. Podría definirse como de complexión normal.
Sin dudas era hermosa. Siempre había concitado la atención de los hombres de los alrdedroes y en la ciudad era el centro de las miradas.
Claro que con su problema de salud había perdido peso aunque no le quedaba mal.
Norma, en forma constante, me acariciaba la cara y el cabello lo cual no me molestaba.
Estábamos solas casi todo el día.
De a poco, las manos de mi prima empezaron a recorrer mis brazos y mi cuello provocándome cosquillas.
Muy seguido me decía: \"acércate que te quiero dar un beso\".
Y de esa forma me besaba en las mejillas una, dos, tres y más veces. Yo se lo admitía retribuyéndole de la misma manera y a Norma le encantaba que la mimara. En esos momentos cualquier enfermo necesita el cariño de sus seres queridos.
Pero los besos de mi prima empezaron a tener otro destino.
Poco a poco de la mejilla se iban acercando a los labios. Cuando yo la besaba seguía haciéndolo en su cara.
Una mañana en la que le arreglaba la ropa se incorporó para besarme y esa vez me besó en la boca.
Confieso que en un primer momento me pareció que se debió a la posición en la que estaba ya que ella se incorporaba justo cuando yo giré mi cuello.
Pero minutos después volvió a hacerlo.
Me quedé sin palabras porque comprendí que el beso anterior había sido buscado.
Norma advirtió mi sorpresa y me preguntó:
_\"¿Te molestó lo que hice?\"
No supe que contestar y me encogí de hombros.
_\"No quiero molestarte\", me dijo y le expresé:
_\"Es que, a decir verdad, me tomaste por sorpresa. Nunca me imaginé que te gustara ese tipo de besos\".
Me pidió que no me lo tomara a mal y entendí que era sólo un juego o, de pronto, una forma que pueden llegar a tener dos personas cuando tienen que matar el tiempo.
Los besos de norma se sucedieron. Ella continuaba buscándome para dármelos.
Me pedía que me sentara a su lado en la cama y continuaba con sus caricias y besos de todo tipo.
A esa altura ya recibía la lengua de mi prima dentro de mi boca.
Con mucha suavidad le dije que la entendía pero que no era correcto que entre familiares nos besáramos así.
No quise insistir demasiado ya que no había un diagnóstico exacto de su dolencia y ella podría llegar a morirse.
Entonces, si ése iba a ser el destino, no podía negarle a un ser tan querido algo que estaba a mi alcance.
Tomaba los besos de Norma con esa mentalidad. No me había puesto a pensar si me gustaban o no.
Ella avanzó.
Poco a poco comenzó a acariciarme más de la cuenta y sus manos comenzaron a colarse por debajo de mi ropa.
Lo hacía con mucha suavidad.
Pero lo hacía.
Con mucha suavidad intenté pararla.
Pero ella siempre insistía hasta que yo me daba por vencida.
Esas caricias que al principio me hacía por encima de mi sostén comenzó a hacerlas por debajo del mismo.
Muy seguido Norma, desde la cama o desde el sillón, introducía su mano por debajo de mis camisas o blusas y, tras tocarme el vientre y jugar en mi ombligo, subía hasta describir algunos círculos en mis senos por sobre mi prenda íntima.
Luego, suave como siempre, ingresaba a mi piel por debajo del sostén hasta acariciar mis pezones.
Lo hacía con los ojos cerrados demostrando que le placía hacerlo. Yo se lo permitía siempre pensando en que le estaba haciendo un bien. Tal vez el último.
Un día me senté a su lado a mirar televisión. Yo usaba una pollera y Norma miraba el informativo con su mano derecha apoyada en mi rodilla izquierda.
Sentí que su mano subía hasta mi muslo prendiéndose de mis aductores y ahí sí salté.
_\"Pará un poquito. Pará. Un poco está bien. Te he permitido varias cosas. Pero tu te vas demasiado lejos\".
_\"Tu bien sabes que puede ser lo último que haga en mi vida. ¿Me lo negarías en este momento?\"
No supe qué decir y me quedé quieta mirando cómo me tocaba ambas piernas.
Al otro día, luego de los besos del desayuno, me hizo un pedido violento.
_\"Hazme el favor. Quítate toda la ropa\".
_\"¿Cómo?\"
_\"Que te quites todo\".
Yo podría haberme dado cuenta que algo de eso podía llegar a ocurrir.
No sabía que hacer.
Norma y yo nos habíamos criado como hermanas.
Mi madre y yo le debíamos mucho a los padres de ella.
Estaba enferma.
No se sabía cuál podría ser su destino.
¡Cuántas cosas en juego, por favor!
Lo hice despacio ante su mirada.
Me quedé desnuda frente a mi prima.
Ella se hizo a un costado de la cama y levantó las sábanas mirándome fijo.
Sin pensar en lo que hacía me acosté a su lado.
Me pidió que la ayudara a desnudarse y así lo hice.
Comenzó a besarme con total desenfreno.
Me chupaba las tetas con el mismo placer que lo haría cualquier hombre o cualquier mujer lesbiana.
Sentía su lengua dando vueltas y vueltas alrededor de mis pezones.
Volvía a besarme en la boca como lo hacía a diario.
Y si le di permiso para todo eso, por lógica, siguió hasta mi vulva y la succionó un largo rato.
Le encantaba lo que hacía.
Estaba viviendo \"su\" momento tan esperado con el que de seguro había soñado.
Yo sentía una especie de denso placer.
Inconcientemente comencé a lubricarme.
Norma chupaba con fuerza mi clítoris e introducía su lengua lo más hondo que podía en mi vagina mientras yo permancecía inmóvil.
Ella volvía a subir para chuparme las tetas y de nuevo volvía a mi concha.
Aunque no lo quise sentí placer y ella lo notó.
_\"Ahora tú\", me dijo.
No se podía parar.
Empecé a besarla. Primero en la boca.
Lo hacía con mi boca abierta penetrando con mi lengua en la suya y dejando que su lengua acariciara la mía.
Seguí por su cuello y en ese momento la escuché gemir.
Llegué a sus senos y comprobé que tenía los pezones duros.
Se los besé.
Se los lamí.
Y luego comencé a chuparlos al principio en forma lenta y, poco a poco, con más intensidad.
A esa altura los gemidos de norma eran fuertes y con su lubricación me empapaba al tocarla.
Llegué a su vagina.
Lamí su clítoris e introduje un dedo en su canal que era una laguna.
Empecé a hacerle el movimiento de entrada y salida al tiempo que le chupaba la parte superior.
Tenía un gusto que no pude definir.
De pronto Norma comenzó a gritar y lanzó desde su cavidad un fuerte chorro de lubricación y otros varios sucesivos con menos fuerza.
Me abrazó contra ella y me dijo que era divina.
Y tengo que reconocer que todo eso había logrado excitarme.
Alcancé un orgasmo múltiple y sin que me lo pidiera seguí besándola suavemente en los labios, en el mentón, en el cuello y en los senos.
De pronto, cuando pensé que sus ansias se habían calmado, me hizo otro pedido.
_\"Dame por atrás\".
A decir verdad no imaginaba que podría querer eso también.
Pero ¿Podía decir que no?
Claro que no.
Se dio vuelta, dándome la espalda, y me subí sobre ella apoyando mi vagina sobre sus gluteos. Cabalgué durante un rato mientras ella gemía y muy de a poco comencé a meterle un dedo en la cavidad anal.
Lo hacía despacio pues no quería lastimarla pero ella me dijo:
_\"Dale con fuerza\".
Volví a obedecerle.
Y así en ese movimiento conseguí que gozara otra vez.
Estuve con Norma un rato más en la cama hasta que me vestí y le puse un camisón limpio.
_\"¿Estás conforme?\" Le pregunté.
_\"Es lo más hermoso que he hecho\", contestó.
Entonces, a partir de allí, en vista de las circunstancias Norma y yo seguimos teniendo ese juego. Yo, que llegué a su casa para cuidarla, me había convertido en su amante.
Todo eso había pasado en quince días.
Una mañana ella se sintió mal.
Llamé a la emergencia y un médico vino a la casa.
Tenían que internarla.
Su salud se había desmejorado.
Me fui con ella en la ambulancia hasta la clínica.
Durante el trayecto me tomaba las manos y me decía con voz tenue que no me preocupara de nada.
_\"Gracias por todo gracias\".
Se quitó una medalla que llevaba puesta y me la regaló.
Una semana más tarde falleció.