Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, de Danilo y Giovanni. De nuevo la advertencia: esta es esencialmente una historia de sexo homosexual entre púberes. En este capítulo hay relaciones homosexuales incestuosas. Si no tiene edad legal para leer este tipo de relatos, o es ilegal en su localidad, no siga adelante. Otra advertencia, si no le agradan las relaciones homosexuales no lo lea tampoco.
El uso de condón en estas descripciones se omite, pese a ello se recomienda fuertemente su uso en la realidad, máxime si sólo es sexo.............. ocasional o no se conoce bien a la pareja. Igualmente los protagonistas hacen uso de drogas como aliciente, las que recomiendo usar en forma moderada, responsable y sólo bajo claras condiciones de seguridad. Jamás use drogas cuando maneja, de ninguna naturaleza. Los nombres y apellidos son pura ficción, las coincidencias son sólo eso. Vamos adelante.
En ese momento sentimos unos discretos golpes en la puerta de mi dormitorio, era una de las dos personas del servicio que le decían a papá que se retiraban ofreciendo si deseábamos algo más.
Papá fue hasta la puerta, la abrió. — Pueden irse, no hay problema, gracias...
— Hasta otro día don Roberto, chao Marcelito— dijo la persona, despidiéndose.
Papá volvió a mi lado, me abrazó, — mi niño, mi niño, estaba muy preocupado, pero ya está bien, y estás acá— me dijo tiernamente, casi susurrando.
— Qué soñaste hijo, me ibas contar de eso, ¿si?
— Estaba cerca de la cabaña, en la planicie, sólo que era un poco distinta, era menos empinada, y había luz, mucha luz, — papá me miró interesado— montaba en Pipa, con su tusa larga, y montaba sin silla, de pronto me vi desnudo, cabalgando hacia la luz, en medio de ella estabas tú, serio y esperándome, me bajé del caballo, me abrazaste y me tocaste como en esa oportunidad, me tomaste en brazos, como a un niño, y caminaste hacia la luz conmigo en brazos, tenía la idea que allí nos esperaba algo así como ... no sé... la felicidad, como... no puedo decirte bien, algo como la falta de culpa, ¿me doy a entender? — Papá me besó en la frente, me acurruqué en él, apretándolo.
— Creo que es un hermoso sueño, hijo, ¿te lo pareció a ti? —
— Sin duda, — respondí — que me tomaras en tus brazos y me miraras tan profundamente, fue algo estremecedor. Es decir, no de miedo, me llené de amor por ti. — Mi padre sonrió y me volvió a besar, esta vez en la mejilla. Me atrajo hacia sí, estrechándome más aún. Mi erección, que yo trataba de alejar de él, fue a dar directamente contra su pierna izquierda, no protestó, no dijo nada, se quedó allí sintiéndome, me tocó los labios con sus dedos, me abrió la boca y tocó mis dientes con uno de ellos. Me erotizó hasta el límite, di un pequeño salto para apuñalearlo de nuevo con mi pene como palo contra su pierna. — Disculpa papá— susurré jadeando un poco y lleno de vergüenza.
— No te preocupes— respondió — a todos nos pasa, de no ser así sería anormal. Me estrujó un poco más haciendo que me frotara contra su cuerpo. — oh— se me escapó muy calladamente, pero estaba al lado de su oído, era imposible que no me escuchara.
— A mí pasa también, ¿ves? — y se tocó entre las piernas, el bulto que había allí era el de un hombre, unos veinte centímetros y evidentemente grueso. Nunca se lo había visto parado, sólo en las duchas del club de tenis y siempre fláccido. Miré sorprendido el tamaño de su pene.
— Hay más sueños, papá— le susurré, sin poder separar mi mirada de increíble pene de papá, erecto y que se destacaba en sus pantalones.
— ¿Si?, ¿quieres contar?
— Esta vez yo estaba vestido con mis ropas de montar, me llevabas en tus brazos, hacia la luz, me empezaste a desnudar, de pronto creciste mucho, te hiciste muy alto, hasta que yo quedaba con mi cabeza a la altura de tu... tu entrepiernas. Alargué mi mano y te toqué allí, lo tenías parado, y quería... yo quería... eehhh... — titubeé.
— ¿Si? — Me presionó mi papá— ¿Qué querías?
— Quería, chupártelo... — dije precipitadamente, escondí mi cara en su cuello para ocultar mi vergüenza.
Mi papa se agitó levemente, aspiró aire audiblemente. Tomó mi mano libre y entrelazó mis dedos con los suyos, — ¿estiraste tu mano y me tocaste en medio de las piernas? — moví la cabeza afirmando, soltó mis dedos, dejándome la mano libre. Luché, pero fui vencido, estiré mi mano y la puse directamente sobre su verga, la sentí dura, rígida como acero, palpitaba, aún por sobre la ropa sentía el calor que emanaba de allí. Se lo apreté arrancando gemidos de papá. El cierre de su pantalón se había abierto debido a la presión de su erección, aunque muy inhibido por lo prohibido, fui capaz de bajárselo, liberando de su prisión, y adentré mi mano entre su pantalón para tocárselo por sobre sus calzoncillos fue increíble, el calor era excitante. Mi mano no lo alcanzaba a abarcar en todo su rededor, empecé a movérselo de arriba abajo miré, y en sus calzoncillos había una gran mancha de humedad. Papá tiritaba — Hijo..., hijo— su voz llamándome ‘hijo’ me excitó más, fui hasta la banda elástica de su boxer y se lo empecé a bajar, despegó su cuerpo de la cama para permitirme bajarle incluso su pantalón, hasta las rodillas, lo pude ver, no me bastaba, lo tomé de nuevo, era grueso, largo tanto como un palmo, de gran cabeza que brillaba por los líquidos que se escurrían desde la pequeña abertura de su glande. Con piel estirada que dejaba a la vista la cabeza como una callampa, a través de la piel sentí los bordes de su glande, ¡necesitaba verlo!, estiré la piel, apareció el grueso hongo, de bordes afilados, delineados, pasé mi dedo pulgar por la cabeza de ese precioso pene, — ¡Gasp! — se sacudió papá. Me salí de sus brazos, me incliné hacia delante, estiré mi lengua y lo lamí en sus jugos, el sabor invadió mi boca, fuerte, no me amilanó, atrapé la cabeza entre mis labios y presioné con ellos, abrí mi boca cuanto pude y lo deslicé dentro de mi cálida, húmeda, y ansiosa boca, lamí y chupé, se lo acaricié con mi lengua, pasándosela por donde alcanzara, papá sólo se retorcía, su respiración era agitada y ruidosa, apoyó sus manos en mis espalda, sin sacarme su pene de mi boca, me saqué la camisa de mi pijama y luego los pantalones, para quedar desnudo, me volví a concentrar en chupárselo, había llegado el momento de llevarlo a los cielos, tomé la cabeza entre mis labios y empecé a deslizarlo hacia dentro apretando cuanto podía a lo largo de toda su vara, la cabeza del pene de papá era de unos cuatro centímetros de diámetro, nada parecido a lo que hubiera chupado antes, penes de adolescentes, llegué hasta mis amígdalas y empujé más allá, la cabeza era tan grande que se detuvo allí, un arcada me sobrevino, eso era demasiado grueso. Retrocedí, recién papá se quejó — ooohhhhh, Marc!!! — Lei Kwon-tu, el coreano. Llegué hasta su cabeza de nuevo, presioné mis labios, y volví a meterlo en mi boca, esta vez llegó al fondo de mi boca, la abrí y la cabeza entró en mi garganta, — ¡Marc, Marc, no, no, no, no, nooo... para, para... no...! — aún quedaban unos tres centímetros más, me los hundí en la garganta y sentí sus pelos en mi nariz, haciéndome cosquillas, moví mi esófago enviando oleadas a su pene. Empecé a mover la cabeza de arriba a abajo, —¡Marc, Marc, no, no, no, no, nooo... para, para... no... nnn... ! — trató de retirarme mi cara ensartada por su pene, no lo dejé,
— ¡¡¡¡MAAAAAAAAAAAAARRRCCCCCCCCC....! — rugió.
Se empezó a sacudir mientras sus caderas me atacaban involuntariamente. Se movía como epiléptico y sus piernas saltaban. Sentí que cada chorro de sus semillas iban a dar a mi estómago, su verga se engrosaba, hasta que se fue calmando, yo necesitaba respirar, me lo fui sacando, se lo lamí, un último estertor y me envió un chorro pequeño a mi lengua, el fuerte sabor invadió mi boca, lo saboreé para tragarlo luego. Mi papá estaba rígido, jadeaba como atacado. Se incorporó tomándome de los brazos y me apretó a él, aún jadeando. Lo abracé, — ¿Te gustó, papá? —le pregunté con la voz más inocente que pude. Sólo movió la cabeza lentamente afirmando y respirando aún fuerte y profundo.
— Tengo en mi estómago las semillas con que me hiciste, y puse en mi boca lo que usaste para ponerlas dentro de mamá— dije.
Papá me miró, estampó un beso en mi boca. Me apretó, mi pene estaba bajo.
— Es el mejor orgasmo que he tenido jamás hijo,… gracias, pero no sé si de ahora en adelante seré capaz de volver a mirarte a los ojos de nuevo.
— Si podrás papá, no me obligaste a nada que yo no haya querido hacer, y me gustó hacerlo y me gustó que te gustara— Afirmé. Asegurándolo. — Y nadie, absolutamente nadie, lo sabrá jamás. No me sedujiste, no te seduje, nos sedujimos el uno al otro, y yo no siento culpa, y por último esto ya había empezado hace tiempo. Y no creo que haya terminado.
Me miró algo sorprendido, — no es lo que deben hacer padres e hijos—
— Quizás...— concedí— pero lo hemos hecho ya y no estoy dispuesto a arrepentirme, y espero que tú tampoco, te ha gustado y me ha gustado. Y me gustaría volver a hacerlo.
Entonces ahora tenía a mi novio oficial, permitido por mi familia, sabido por mis compañeros de colegio e incluso mis profesores, y a un amante oculto, mi papá. El acercamiento con él se estaba haciendo muy fuerte y ahora éramos francamente amigos, aunque no debía descuidar mis deberes, cosa que no era necesaria advertirla, cumplía mis tareas en el colegio, en la casa y mi comportamiento no se hizo desfachatado con mi padre, por el contrario, mi respeto por él se acrecentaba conforme me señalaba sus problemas, sus angustias y miedos (¡sí!, mi padre me confesó, para mi gran sorpresa, que tenía miedos y angustias y estaba ansioso a veces), el gran Bob era en verdad un actor fascinante y se le daba la asertividad de manera sorprendente, pero a veces las decisiones que tomaba lo aterraban hasta casi vomitar de miedo, (ya sea por millones de dólares o permitir que su hijo le practicara sexo oral) viéndolo como un ser humano y no como un cerebro con dos patas (bueno, tres me decía para mí). No habían acercamiento sexuales entre nosotros, ninguno, ni explícito ni sugerido era una suerte de pacto no consensuado. Las cosas se darían cuando se presentase la oportunidad.
Una de las conversaciones largas fue acerca de la situación de conflicto físico entre Camilo y yo, en que nos abofeteamos y eso, según mi opinión, no había sido resuelto entre nosotros, papá escuchó atentamente los detalles, concluyó que quizás todo se había desatado por el estrés del encierro, de cuatro jóvenes inmaduros, y además maricones, que quizás el error más grave fue entregar el mando al inexperto Danilo, que no supo manejarlo y terminó desafiándome, que Camilo haya dicho que mi papá mandaba como \"dándole de comer a los perros\" no pareció importarle y nuevamente lo adjudicó al estrés. Acerca del concurso que nos había llevado al conflicto, le pareció interesante, pero en su opinión la botella de vino había provocado efectos indeseable en gente que ya estaba aburrida unos de otros y de estar encerrados, pareció muy interesado, (e incluso ansioso) cuando le conté que Camilo me había hecho el amor justo la noche anterior que él pareciera por la cabaña a rescatarnos, pero yo ya estaba despechado y lo dejé sólo para imaginar que era él, mi papá, que me tomaba, concluimos que yo necesitaba mucho de la seguridad que me daba su presencia, y eso me alejó de Camilo, dado que no sentía que alguien me reforzara en las cosas que debía hacer. Y que en la cópula se había producido un reflejo, en Camilo, de la imagen de mi papá. Rebuscado, pero al menos daba sustrato para entender qué había pasado. Una mala explicación siempre es mejor que ninguna.
Me dijo que lo mejor que podía hacer era hablar con Camilo abiertamente acerca de la situación. Y que aclarara, antes de hablar con Camilo, mis verdaderos sentimientos hacia mi joven amante. Que si me sentía alejado, entonces debiera ser franco conmigo primero y con Camilo después.
¡Amaba a este hombre!
Preparé mi prueba de historia que tenía al día siguiente. Obtuve una calificación excelente para los estándares que yo tenía en esa materia, que eran mediocres, de hecho fui la mejor calificación, lo que me llevó a ser el primero del curso en ese trimestre. ¿Premio?, Camilo podía venirse a mi casa el fin de semana (si sus padres los autorizaban) y dormir conmigo. Mi hermana protestó violentamente y pedía los mismos derechos y por iguales razones para quedarse con su novio en casa. (Era excelente alumna la muy puta…) y dormir con él... Mamá puso los ojos como plato, ‘¿duermes con él, Christine?’, mi padre rió por lo bajo de la ingenuidad de mi madre.
— ¡Por supuesto que duermo con él!, ¿me reprocharías mamá? —
— ¡Christine, debemos hablar de inmediato, A SOLAS— dijo mamá, papa movió la cabeza. Yo me tapé la boca para no reírme. — Fag! — masculló mi hermana en voz baja casi inaudible, a la pasada, yo le enseñé disimuladamente el dedo medio de mi mano derecha. Mi madre me retó violentamente por mi grosería a mi hermana, y mi padre reprendió severamente a Chris por su falta de tino. Nos miramos con mi hermana, simultáneamente nos paramos y nos abrazamos, le di muchísimos besos en la cara y ella me dio otros tantos. Nuestros padres nos miraron asombrados, nos habían retado y nosotros, pese a los insultos que nos propinábamos, nos amábamos y la grosería abierta o explícita era ese extraño amor entre hermanos de distinto sexo, que se odiaban y se amaban, compitiendo por el amor de los padres. (Yo le llevaba ventajas). Pese a todo, Mónica de Quiroga debía hablar con su hija Christine Walsh, acerca ‘de esta situación tan, tan... bueno... tan singular’. Debo decir que amaba a mamá también. Se estaba haciendo vieja. Tenía ya 40 años y no lo estaba llevando muy bien, pese a ser francamente una mujer hermosa. De gran porte y bella figura. Le dolía mirarse al espejo todos los días y descubrir una cana nueva una arruga más acentuada, preocupándose hasta la depresión.
Christine y yo no éramos particularmente apegados y las manifestaciones de afecto eran alejadas, pese a ello nos profesábamos un intenso cariño fraternal. Chris sabía del cuerpo masculino luego de examinarme detenidamente en incontables sesiones cuando éramos niños, yo tenía seis años y ella ocho, me llevaba a su dormitorio con dulces, allí me desnudaba y empezaba su exploración de cada parte y orificio de mi cuerpo, desde las orejas, pasando por los hoyuelos de las narices, mi boca, que le llevaba mucho tiempo, incluso usaba una linterna como los médicos, mi cuello, mis tetillas de niño, mis axilas le eran particularmente interesante por las cosquillas que me producía el que me las oliera, mi ombligo, (con menos interés), luego mi \"pirula\" y cada una de mis bolas, las que acariciaba una por vez, y luego las examinaba a cada una, le encantaban los resultados de su exploración a esas áreas, yo aún tenía prepucio (me operaron a los siete años) y mi \"pirula\" se empezaba a estirar y ponerse dura como un tarugo, más de una vez lo olió y estoy seguro que me lo chupó (cuando se lo pregunté, lo negó terminantemente, pero se puso muy colorada y cambió el tema rápidamente) mi trasero no podía escapar a su exploración, me daba vueltas sin mucha consideración, me abría de piernas y luego las mejillas para observar mi agujero en una de estas sesiones trajo una lupa, observó bajo ella mis tetillas, mi ‘pirula’ erecta, tratando de echar atrás mi piel para observar mi cabeza peniana, lo que me trajo mucho dolor, (mi maldita fimosis) y llegó a mi trasero, gastó mucho tiempo observando detenidamente cada arruga de mi agujero, incluso me quedé dormido.
De hecho, ella fue la primerísima persona que se metió dentro de mi orificio. En esas sesiones (tras de la cuales me amenazaba con pegarme si le decía a papá o mamá) luego de mirarme detenidamente mi orificio posterior, (lupa en mano), insertó su dedo índice sin consideración alguna, llegando hasta la segunda coyuntura, me hizo gritar de dolor, la empleada corrió a ver qué \"le pasaba al niño\", Chris no había cerrado la puerta, nos descubrió en plena exploración, yo bocabajo, y ella, arrodillada entre mis piernas con un dedo inserto en mi hoyo, Chris la miró, le dijo \"si le dices a mamá, yo le cuento de ti y el jardinero en su habitación\" la mujer se fue dejándonos solos, afortunadamente para mí, Chris se había asustado, me sacó su dedo, me ordenó vestirme, entendí que lo que hacía Chris no era correcto, bueno si se entiende qué quiero decir, me vestí y le señalé, \"yo quiero verte ahora\" se negó y me amenazó con pegarme. Le dije que si no se dejaba verla, le diría a papá y a mamá que ella me miraba ‘la pirula’ y el poto, y que le sacaba la lupa a papá de su escritorio. Pareció resignarse a mi chantaje desleal, se levantó la falda de colegio y la vi con sus calzones infantiles puestos. ‘No, así no, sácate toda la ropa’ le dije amenazante, ‘o le digo a papá y a mamá’ Chris, muy azorada, se desnudó y se tendió en su cama, con su pecho plano y sin ningún pelo en su pubis. La examiné en las orejas, pero no me importaban, de modo que fui hasta su vulva, que sí me importaba, le abrí las piernas y la toqué examinándola, luego su agujero, usé la lupa y fue excitante mirarla allí.
Esa fue la última de las sesiones exploratorias, luego de esos acontecimientos, Chris nunca más volvió a \"examinarme\", me cambió por sus compañeritos de escuela con los que \"venía a estudiar\", encerrándose en el dormitorio, siempre me pareció que los chicos salían sudorosos y colorados, despidiéndose rápidamente, y caminando un poco raro. A más de alguno vi irse tocándose en medio de su partidura, sobándose.
Luego de la conversación de mamá y Chris acerca de la relación de ella con Tomás, un estudiante de ingeniería física de la Universidad de Chile, (seis años mayor), se acordó que \"Chris\" se cuidaría, que si estaba mi novio Camilo en casa, no estaría \"Tom\", y que... bueno, que le vamos a hacer... podía quedarse en casa con Tom...
Camilo fue autorizado por sus papás para quedarse el fin de semana en mi casa.. Danilo no vendría dado que su calificación en Lenguaje había sido un 4,8 y estaba castigado, Gio no vendría dado que no se sentía bien de la \"barriga\" y su papá le había dado una dieta muy estricta de fin de semana. Que no incluía pizzas, ni fideos con salsas grasosas, ni crema. Estaríamos mis papás, Camilo y yo, Chris iría a Viña del Mar a prepararse para las olimpiadas nacionales de matemática y física. A nadie le cabía duda que Chris iba a ser una física, de hecho Tomas estudiaba esa carrera.
Había pensado mucho acerca de mis sentimientos acerca de Camilo. Sin duda que lo amaba, pero como toda relación de adolescentes, sean heterosexuales u homosexuales, experimentaba altibajos, pese a la naturaleza de nuestro vínculo. Concluí que lo amaba profundamente, pero necesitaba decirle y que me dijera, acerca de los sentimientos que se habían producido en la cabaña cuando lo abofeteé y luego él a mí y acerca de su elección del \"mejor pico\", insistió en que quería que su hermano ganara, le repliqué que eso no era correcto y que en cosas así no debieran forzarse se molestó, me dijo que era mi opinión, pero que creía que Danilo necesitaba reasegurarse, le manifesté que Gio lo había \"reafirmado\" bastante ya y que Danilo me había insultado gravemente, me dijo que no podía pedir disculpas por su hermano que, sin embargo, le había reconocido que había metido las patas. Le dije que había hablado con papá acerca de lo que habíamos vivido y de la manera que se había expresado de él, se enfureció, me trató de traidor y que se quería ir de inmediato, que no se atrevía a mirar a mi papá a la cara, lo tranquilicé diciéndole que papá entendía que se debía al estrés del encierro. Nuestra conversación muy larga mientras caminábamos por los bosques de la precordillera santiaguina. Terminamos abrazados y besándonos, nuestras erecciones, una contra la otra. Quería tener sexo allí, pero hacía demasiado frío para estar desnudos.
Llegamos a casa. Camilo, espontáneamente, pidió hablar con papá a solas. Luego de quince minutos en el escritorio de papá, salieron Camilo colorado como un tomate, mi papá apoyando su brazo en el hombro de mi novio. Sonriendo. Los celos se apoderaron de mí, no sabía si porque Camilo venía colorado, o porque papá lo abrazaba, estaba celoso de los dos. Se rieron en mi cara. Ambos. Sentí vergüenza de mi estupidez. Sólo les devolví sus gestos cariñosos a ambos, moví mi cabeza y besé a Camilo y a papá en las mejillas.
Camilo debía hacer sus deberes, igual yo, a las ocho nos detuvimos para cenar, a las nueve estábamos estudiando, yo ciencias naturales, algo con ecología, y el nicho ecológico y Camilo trataba de entender los electrones en distintos niveles de energía. Papá acudió en su ayuda, le explicó tan didácticamente como pudo, cuando Camilo pudo explicar perfectamente cada uno de los fenómenos, papá lo besó en la frente y le hizo cariño en el rostro, Camilo bajó el rostro poniéndose colorado, ardí de furia por dentro, pensé que Camilo era un putazo y que papá era un pederasta asqueroso.
Era demasiado evidente mi ira y celos, papá y Camilo se me vinieron encima y me sujetaron fuertemente para doblarme hacia delante dejando mi trasero expuesto, ‘¿Bonito eh?’ dijo Camilo, ‘Si, muy bonito’ respondió papá. No podía creer lo que estaba escuchando. Camilo fue el primero en darme una palmada nada de fuerte pero sonora — ¡oucch!— chillé. Papá me dio la otra — ¡ayyy! — se rieron, soltándome, me enderecé indignado, mis ojos brillantes, con ira, humillado, con despecho, me estaba comportando como un niño mal criado, Camilo se acercó a mí y me besó en los labios, ‘tontito’ me dijo, papá me abrazó.
— Hijo, este chico te ama, no arruines ese amor con celos infundados— dijo. — No hay nada más amargo que creer lo que no es verdad. Tranquilo. Supongo que te preguntarás que conversamos, te lo diré, no es secreto, Camilo quería darme disculpas por hablar como habló de mí en la cabaña, eso es muy valiente de su parte, y si salió colorado es algo que deberá responder él, yo no lo sé, y si lo abracé al salir, fue espontáneo, este chico me cae bien.
Camilo se puso colorado de nuevo, lo miramos para asegurarle que nos dijera su azoro al salir de hablar con papá. — Es que yo, tenía una tremenda vergüenza, pero don Robert fue comprensivo y me explicó él todo lo que yo no fui capaz de decir... eso me avergonzó más... por eso... — Aceptamos la explicaciones, pero...
…algo dentro de mí no estaba convencido, conocía a Camilo cuando enrojecía de vergüenza, y ése no era el rubor con que salió del estudio de papá. Ese rubor, era brillante, con sudor... era... deseo... y yo lo conocía…
A las diez y media de la noche di el primer bostezo, el nicho ecológico de los renos en Alaska podía ser muy interesante, pero... la cama resultaba más atractiva, sobretodo con Camilo a mi lado. Nos metimos juntos a la tina de baño. Lo jaboné por todos lados, en su erección le puse el doble de jabón, hasta hacer una enorme cantidad de espuma, ocultándole toda su masculinidad en ella, a su turno, me lavó el pelo, se dedicó especialmente a mi trasero, y aún me insertó un dedo, luego dos — oh, dioooosss— exclamé. Sabía quien iría abajo esa noche.
Al meternos a la cama, nos sacamos los pijamas, nuestra sesión de caricias y besos fue muy larga. Las principales protagonistas de esta parte fueron las manos, que exploraron mi cuerpo y el suyo, con su boca fue hasta mi erección y lo engulló llevándome casi al extremo. Le retribuí, pero me dijo que quería culearme. Si Camilo me prefería en cuatro, a mí me gustaba yacer en la cama y que me montara, su peso sobre mí, sentir todo su cuerpo acariciándome era algo incomparable, con mis piernas abiertas, me encantaba que me lamiera con su lengua en el hoyo y dejara tanta saliva que escurriera por mi piel, que me mordisqueara las mejillas, buscara mi agujero en varias partes de mi culo, con su pene atrapado en su mano, hasta que lo encontraba, adentraba la cabeza, y se hundía en mí. Haciéndome gemir, esta vez lo hizo muy lento, sus puñaladas eran profundas, casi se salía de mí y me hundía vigorosamente su ariete. Cada entrada me enloquecía de placer, cada salida me desesperaba. Aceleró su ritmo, Camilo se hundió tres veces más en mí (las conté) apreté mi túnel y lo despaché, me inundó, su líquido quedó en mis entrañas, y cuando salió, expulsado por el ofendido esfínter (era tan porfiado mi esfínter), lo acompañó parte de sus líquidos que corrieron por mi periné, mi saco, para caer a la cama.
— Lámeme el hoyo, Camilo, por favor— esta práctica ya era recurrente, luego de acabar, el activo lamía el agujero del pasivo, engullendo los líquidos dejados allí, no ocurría cuando salía algo más que el semen del compañero, en cuyo caso había que partir al baño a lavarse el agujero uno, y el pene el otro.
Yo me había agarrado una uretritis una vez y Giorgio Giordano, (en consulta secreta) había recetado antibióticos, y recomendado lavados intestinales antes de... ejem... este... hacer uso del recto del compañero. Cuento que fue a dar a oídos de Danilo y Gio, que adquirieron una lavativa, que compartían con nosotros, la verdad es que Camilo estaba encantado con la idea de meterme esa cosa en el poto y luego verme cagar, pero prontamente impuse mi criterio de que me dejara cagar tranquilo, que mi mierda era mía, desilusión de Camilo, pero habían ciertas cosas que debimos transar. Si a él le gustaba esa práctica a mí me era desagradable. Y el acuerdo básico era que si a alguno no le gustaba algo, el otro debía reprimirse, por más atractivo que le pareciera. Camilo nunca más insistió en verme evacuar.
Estábamos iniciando otro coloquio amoroso en que era yo el activo, tenía ya dos dedos en su recto, cuando Camilo se detuvo y puso atención, — ¡sshhh!— mamá parecía llorar, me salí de Camilo rápidamente — mmggghjjj— se quejó Camilo al salir rápidamente pese a lo lubricado de mis dedos. Me puse el pijama, lo mismo hizo camilo, le dije que se quedara allí, que si algo le pasaba a mamá y lloraba, era asunto de la familia, comprendió.
Salí rápidamente al pasillo a pie desnudo. Llegué a las puertas de roble del dormitorio de papá y mamá, iba a entrar corriendo pero escuché algo muy distinto de un llanto... eso no era llanto...
— Bob, oh, bob... ooohh... AaAAAAAAgghhhh Bob, me matas... Bobb. Booooobbb... para, para, me duele un poco... Boooooobbbbb... detente por favor... diossss, me duele, suave, suave... así, así... sí, sí, sí... suave... es mi primera vez por atrás... oh, oh, oh... Boobbb... me corro... me corrroooo... que rico... Bob... acabo... acaaaaaaaaboooooo— Mi papá rugía. Me di vuelta tremendamente abochornado, había escuchado a mis papás desarrollando sexo, pero no de esa manera, se me había parado increíblemente, a un metro detrás de mí estaba Danilo, con los ojos muy abiertos, con una tremenda erección, lo miré con sorpresa primero y luego con ira, le hice un vehemente gesto de irnos, papá gritaba en ese momento — Lad, Ladd... Mónicaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!—
Me detuve en seco. Miré a la puerta sorprendido. ¿LAD?, mi papá había dicho... \"LAD\" (¿¿¿¿¿????).
Miré a Camilo, sacudí la cabeza, le hice gesto de que nos fuéramos. Al llegar a mi dormitorio quedé estático, pero mi falo saltaba de deseo, sabía que ellos tenían sexo pero era para mí una intelectualidad (ahora era una realidad) y apasionado, y salvaje, y evidentemente sexo anal, y ahora por primera vez (eso dijo mamá, me estremecí al pensar en esa palabra). Nunca concebimos que nuestros padres debieron copular para tenernos, cuando nos damos cuenta, tendemos a rechazarlo. No estaba para pensar más. Tomé a Camilo arrastrándolo a la cama, le arranqué prácticamente la ropa, lo puse bocabajo, me metí entre las mejillas de su trasero con mi boca, el sabor grasoso del KY que ya tenía me inundó la boca, igual le dejé saliva allí, lo penetré y empecé a copular fuerte, rápido, en mi febril deseo veía a papá entrando a mamá por el culo. Camilo se quejaba a cada empujón rápido y ansioso. En tres minutos acabé, le llené el culo de semen, colapsé sobre él, le apreté el trasero hasta hacerle doler, lo besé en la boca. Me quedé dormido sobre él, Camilo se durmió también conmigo dentro, sin que lo molestara mi peso.
Lo último que pensé antes de desaparecer en mi sueño, fue que papa había dicho \"LAD\".