Vigésima parte: ...la tarde de piscina... + Vigésimo primera parte: ... Mientras fumábamos nuestros cigarrillos de marihuana.
Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, de Danilo y Giovanni. De nuevo la advertencia: esta es una historia de sexo homosexual entre púberes, en esta historia se agregan relaciones incestuosas. También hay relaciones heterosexuales. Si no tiene edad............ legal para leer este tipo de relatos, o es ilegal en su localidad, no siga adelante.
El uso de condón en estas descripciones se omite, pese a ello se recomienda fuertemente su uso en la realidad, máxime si sólo es sexo ocasional o no se conoce bien a la pareja. Igualmente los protagonistas hacen uso de drogas como aliciente, las que recomiendo usar en forma moderada, responsable y sólo bajo claras condiciones de seguridad. Jamás use drogas cuando maneja, de ninguna naturaleza. Los nombres y apellidos son pura ficción, las coincidencias son sólo eso. Vamos adelante.
A las siete de la mañana del viernes estábamos todos levantados, ordenamos las cosas básicas y el resto don Esteban y su señora lo arreglarían lavamos nosotros las sábanas (por decencia), a las nueve estábamos en la terminal de buses, las comidas y bebidas para el viaje las compraron los hermanos, el bus era amplio, cómodo y perfumado (nunca terminaban tan aromáticos). Los comentarios que nos hacíamos eran básicamente de lo buenas que habían sido las vacaciones, que lástima que se acabaran, detalles de cosas no tan buenas. Poco a poco nos fuimos calmando y mientras Gio caía en un pesado sueño, Danilo leía una revista, poco a poco se fue durmiendo, yo empecé a leer una novela de Michael Crichton, Camilo miraba por la ventana el paisaje sureño, tan repleto de verde.
Varias horas después llegamos a la terminal Los Héroes en la calle Alameda, muy cerca de donde vivían los chicos, los padres los estaban esperando, también estaban los de Gio nos saludamos todos, Giorgio Giordano nos palmoteó afectuosamente, había saludado cortésmente a los padres de nuestros pololos, subimos todos al amplio auto del médico, cupimos bien, estrecho, pero bien, ayudamos a los chicos a sacar las cosas del auto, abrazos entre todos, vimos a los muchachos como condenado al patíbulo y debo confesar que me sentí muy triste de no estar con ellos y con Camilo en particular a quien adoraba. Gio debía sentir lo mismo. El silencio cayó pesadamente sobre nosotros, Giordano padre me instó a quedarme en la casa de ellos dado que estaba sólo, mis papas llegarían en la mañana del domingo, (había retraso en los aviones) es decir pasado mañana, y prefería ir a mi casa, que les agradecía mucho pero mire usted, que sí… que no... Gio insistió, pero me mantuve en mi decisión aún, quedaba una semana para iniciar el colegio y pretendía limpiar la piscina.
Entré a mi casita, estaba sólo efectivamente, los perros estaban en un \"hotel canino\" de modo que mi arribo fue sereno. Las once y media de la noche, muy tarde para llamar a Camilo. Una ducha, una ansiada ducha, sentía la ropa pegada a mi cuerpo, en especial mi ropa interior. Me desnudé en el baño y me vi en los espejos. Si, no estaba nada de mal, buenmocito el joven, tostado el rostro igual el cuerpo excepto la zona de los pantalones que era más clara, y mi poto reflejado en los contraespejos, ¿mmh?, sí bonito, usado y abusado, hice algo obsceno, me abrí y me miré. Parecía normal mi agujero, arrugadito, ligeramente más oscuro, apretado. ¡Oh, me acordé!, me arrodillé frente a la tina, saqué las mariposas que sujetaban la tapa del respiradero, metí mi mano y busqué en un rincón, allí estaban, envuelto en un plástico sujeto con cinta adhesiva. Lo desprendí cuidadosamente, saqué uno de los porros, rearmé el paquete, busqué cinta adhesiva nueva, y la volví a pegar, cerré el cubículo, dejando las tuercas mariposas en su misma posición original (¡maestro! Me dije). Prendí el cigarrillo de marihuana en el calefón. Aspiré profundamente. Despegué de inmediato, me senté en el baño y dejé que mi cuerpo evacuara, alivio en la vejiga, alivio en mi intestino. El agua de la ducha me hizo sumirme en un sopor alucinante, la dejé correr por mucho rato sobre mí, y no me preocupaba la cosa energética y la sequía que tenía preocupados a los políticos, el agua era de pozo y la energía eléctrica provenía de paneles solares. El agua tibia era sensual. Me sentí erecto, pero no me toqué, me jaboné, canté... y una canción vieja, pero muy vieja, más vieja que la que tarareaba mi mamá que llegaba a los Beatles a lo más y se había quedado con Queen. Canté un tango o bolero, no sé. \"Acaricia mi ensueño el suave murmullo de tu suspirar...\" se la canté a Camilo. \"Queer\", \"Faggot\" cosas que se me salieron.
Prendí la televisión, ubiqué MTV... a las tres de la mañana desperté con una erección tremenda... \"puros meados\" dije para mí. Fui al baño ¿han tratado de mear con una erección furiosa? Luché para que saliera el primer chorro, ¡la puta!, no le apunté a la taza del baño, debí doblármelo para seguir orinando, tratando de apuntarle al pozo de agua, finalmente descargué, pero mi porfiado hermano pequeño decidió que la posición firme era la más adecuada a su edad. Limpié mis meados que chorreaban por los cristales.
Ya en la cama apagué la televisión... las imágenes sensuales se me atravesaban en la cabeza, se chocaban los acontecimientos vividos recientemente con todos los de las vacaciones. Lo lamento Camilo, pero te engañaré con la Señorita Palma y sus cinco hermanas dije para mí tratando de ser casual. Me masturbé suavemente primero, al final era un frenesí rememorando todo el sexo que había tenido en mis vacaciones. El primer chorro de semen fue a dar a mi pecho y de ahí me bañé en mis jugos, me los esparcí y me dormí de nuevo. Mi último pensamiento fue para el único beso que me dio el carabinero Martínez.
Al día siguiente vacié la piscina del agua ya verdosa y la dirigí a los prados, (quedaban un poco hediondos por un par de días) llamé a la veterinaria para que trajeran a mis perritos. La máquina para lavar la piscina estaba un poquito agripada, pero algo de lubricación fue suficiente, (¡lubricación! la palabra me resultó excitante) sacudí la cabeza para espantar los \"malos\" pensamientos. Dos horas después, sudando, había terminado de limpiar las últimas baldosas, puse las pastillas de cloro en el fondo. Eche a andar el motor y el agua empezó a caer en la piscina. Tomaría unas doce horas que se llenara, pero dentro de poco tendría suficiente agua coma para tenderse en ella. Me trajeron mis perritos, Marlon y Brando, ¡perros de mierda! Casi me matan, me babosearon entero, me rasguñaron y me botaron al suelo. Marlo traía una fea herida en una oreja, iba a reclamar pero me dijeron que mejor que no, que el atacante, un doberman, bueno, habían tenido que pagarlo ellos, que mis perritos \"se lo habían cocinado\".
En Internet abrí el correo electrónico, 560 mensajes, 500 eran basura, los otros de muchos amigos, y unos 10 era de NB_56@gmail.com. No me pareció conocido, pero no era spam, ni propaganda, ni virus encriptados que hacía cosas terribles, hasta te afectaban físicamente. Abrí el más antiguo. ¡¡Natalia Birthway!! (¿Camino de Nacimiento?, ¿Nacimiento del camino?, ¡puta el nombre pa raro!). Natalia me comentaba de las vacaciones y de cuando nos conocimos, el segundo hablaba del viaje que habían hecho de vuelta, ¡Un desastre!, su madre había manejado pésimo, muy alterada, en Chillán, al almuerzo, se había tomado una copa de más y había alcanzado 150 km por hora, lo que motivó una discusión con los pasajeros. El tercero era más relajado, estaba en Viña del Mar, \"lo estaba pasando chancho\" es decir muy bien. Los demás eran convencionales, que me echaba de menos, (¡ay dios!, dije para mí). El último de hace tres días era francamente preocupante.
\"Querido Marc, no sé que le pasa a mi mamá, se puso a tomar de nuevo, anda irritable, y me reta por cualquier wevá, me interrogó respecto de nosotros en Villarrica, le dije que nos gustábamos y tuve que decirle que habíamos ‘atinado’ (es decir que habíamos tenido una relación afectiva ella y yo). Se puso furiosa, creí que iba a pegarme. Creo que hasta me dijo puta, pero no estoy segura. Me prohibió meterme contigo, y que no te escribiera ni te viera más, no sé qué le pasa, cuando le dije por qué, me dijo simplemente que porque no, y porque ella me lo prohibía, y era suficiente. Ahora le dio por el trago y eso que se le había quitado, se llega a caer casi todas las noches.\"
\"Puchas, amor mío, [¿¿¿¿¿??????, los signos de interrogación son míos, los que se produjeron en mi cara al leer eso de ‘amor mío’] no sé qué decirte, estoy muy preocupada por ella y también por mí, cada día que pasa te echo más de menos y ella dice que no eres confiable. Por favor, escríbeme, no anoté tu celular, por eso no te he llamado.\"
\"te quiero,\"
\"Natalia\"
Me levanté muy agitado, primero por la situación de Natalia con su madre (que pensé que era su problema y que no tenía derecho a traspasármelo) lo otro fueron sus declaraciones de amor, ¿es que acaso unos besos ardientes con una chica hacía que ésta se enamorara? Yo soy gay, ¡soy marica!, me gusta un hombre, ¡bueno un chico!, ¡y su cuerpo!
Me fui a la piscina, tenía cinco centímetros de agua, no servía para nada. Me senté al teclado de nuevo, redacté una diez respuestas, de comprensión absoluta y que contara conmigo si podía ayudarla, (¡que se fuera a la mierda!!), le dije que era gay y que no tenía futuro conmigo (no, no, no… eso no), que era gay pero que le trataría de ayudar (no, no, no.. eso menos), otras respuestas fueron agresivas (no, no, no, no era pertinente), que se fuera a la mierda... ninguna envié, cerré el correo sin contestarle. Pero se me agitaba el corazón. Natalia no me había sido indiferente. Más allá que la tocara, había algo en ella que me atraía, no era su belleza de pelo casi rubio y fino, no era su nariz pequeña y afilada, era algo indefinible, una corriente que saltaba de la sensualidad absoluta (calentura definitiva) hasta la ternura de abrazarla (Camilo se me aparecía retándome y recriminándome que pensara en Natalia como \"cosita rica\").
Los bocinazos me llamaron la atención, salí a mirar, Gio ¡manejando! un auto pequeño, el de su hermano, y Camilo y Danilo, este último gritaba en un inglés precario \"Queer, queer, open up the fucking gate, harry up, asshole!!!! (obviamente Gio le había dicho la frase) me estalló el corazón de alegría, apagué el computador rápidamente. Presioné la tecla del portón. Se abrió y llegaron al estacionamiento, el Audi de papá se vio amenazado por el pequeño Volkswagen. Traían dos paquetes de cerveza, comida chatarra a destajo, un café colombiano era el regalo que me enviaban \"mis suegros\" y canela en varas era el regalo de mi pololo, además un enorme bouquet de flores para mamá de parte de \"mi suegra\", eso lo pusimos en un florero, Gio había comprado chocolates y todos me retaron por no contestar el celular, efectivamente lo tenía apagado con la pila totalmente agotada aburridos de esperar, habían decidido venir igual, si yo no estaba harían un picnic y lanzarían todas las cosas, flores y regalos por encima de la reja. Se vistieron con sus trajes de baño, lo que significó que se desnudaran de sus ropas primero, y luego los pantalones de baño, los potos y genitales (que Danilo llamaba \"gemitales\", \"por que hacían gemir\" agregaba) se mostraron sin tapujos. Los conminé a sentarse, repartimos las bebidas, me hice mi café con canela y ellos tomaron bebidas comerciales como cocacolas. Las cervezas ni se miraron. Gio y Danilo se pusieron debajo del chorro que llenaba la piscina.
Camilo y yo conversamos un rato abrazados besándonos de vez en cuando, nos metimos debajo del chorro de agua, comimos todo el montón de chatarra, Gio y Danilo se perdieron en mi habitación, les grité que no mancharan mis sábanas, sólo se rieron. Camilo se pegó a mí, lo toqué y me tocó, pero la cama que podríamos haber ocupado estaba usurpada por Danilo y Gio. En el suave trébol, me lamió primero, succionó después, me tragó entero y aún un poco más, lo seguí yo, le hice lo mismo, me puse de espaldas, acomodé mis pantorrillas sobre sus hombros, entró en mí sin mucho esfuerzo, con sus semillas dentro de mí, lo puse bocabajo (no tenía muchas fuerzas, pero sí las suficientes para abrirse de piernas, ‘spreadeagle, man!’), lamer su orificio fue algo sensacional, se quejó de placer, la entrada fue fácil, su gemido sensual y tierno, lo bañé en su túnel, luego de unos momentos, nos tendimos uno al lado del otro, mirándonos a los ojos, sin decirnos nada, sólo gozando de mirarnos, y enamorarnos mutuamente cada vez más, hasta emocionarnos de sentir la presencia del otro.
Aparecieron Gio y Danilo sumamente graves aunque fingiendo claramente, cada uno envuelto en las sendas sábanas de mi cama, se metieron a la piscina y empezaron a lavarlas restregando los restos de amor que habían dejado allí. Los miré disgustado \"oh, goshhh fucking hell\" dije. Danilo me retó por hablar en inglés, lo miré \"ya estaban manchadas contigo, Marc Camilo, y tú estuviste \"ano\"-che\", me dije acentuando la clara la separación de la palabra.
\"Tú también dormiste conmigo ‘ano’-che. Y tres veces...\" le respondí. Besé a Camilo en los labios, le di una palmada en el poto \"¡Te amo\", le dije. Me dio vuelta y me dio una fuerte palmada en el poto. \"Te amo\", me dijo.
Si esta historia le ha gustado, aliénteme a seguirla o que la deje escriba a dap_cl@yahoo.com...
Vigésima primera parte: ... Mientras fumábamos nuestros cigarrillos de marihuana.
Las advertencias ya están hechas arriba…
A las ocho de la noche se fueron todos los críos, los hermanos querían quedarse en mi casa, pero les expliqué que mis papás llegaban en la mañana y se complicaba que se quedaran lo que entendieron perfectamente, Gio los llevaría hasta la plaza San Enrique, en la subida a Farellones, y de ahí tomarían un taxi a su casa.
Mis papás y mi hermana llegaron temprano en la mañana en dos taxis, uno para ellos y otro para las cosas, venían paliduchos (invierno en Europa), alegres, felices, con decenas de cosas que compraron en UK y quizás donde más, mi hermana y papá se lanzaron a la piscina (mi madre se fue a dormir). Con papá y mi hermana conversamos de las cosas que hicimos cada uno en vacaciones (todo en inglés, qué rápido se pega el acento a los chilenos, mi hermana, en particular, al estar en las \"Uropas\", se ponen enredados, se les olvida la gramática y los artículos). Había ido a Suiza (chocolates), Holanda (quesos), Francia (vinos y champaña), Rusia (caviar y vodka), Dinamarca (más vodka), Praga (cristales con 24% de plomo), Grecia (atún en aceite de oliva y aceite de oliva), y ¡puf!... casi aburrido.
Villarrica, bueno, que me perdí en los faldeos del volcán, expliqué la ligera cicatriz de mi vientre, mucho salmón, asados, etc. Omití el capítulo amoroso con el carabinero y todo el sexo que tuvimos. Pero narré lo de las chicas (omitiendo todo detalle de los acercamientos un tantillo audaces) y hablé de Natalie Birthway, y su hija Natalia Birthway. Papá me miró sorprendido, pero escuchó mi historia, y sí, conocía a la atractiva mujer, colegas en empresa de telecomunicaciones. Muy simpática ella \"je, je, je,...\"Debí haber notado que papá entró en un singular estado emocional, lo entendería más tarde.
Me acordé que no le había contestado los correos a Natalia, algunos con cierto grado de angustia, abrí mi casilla electrónica y sólo le envié mi número celular como cosa importante, además de unas frasecitas convencionales.
Las siguientes ocupaciones tuvieron que ver con el colegio, tras una larga negociación mis papás me permitieron llevar el pelo hasta los hombros, pero debía rebajar el pelo que caía en mi cara, mi madre abogó por dejármelo (¡¡se te ve tan hermoso!!) pero papá se negó a que tuviera el aspecto de miembro de alguna tribu urbana mal avenida.
Si bien el uniforme oficial de los escolares en Chile tiene reglamentación para todos los colegios en el mío tales reglas eran bastante relajado. Las zapatillas como parte esencial de Marcelo no fueron transadas, pero debían ser negras (¿Si, Marc?... ¿alguna duda?... preguntó papá en ese tonillo inútil, dado que no admitía réplica... ¡no, papá!, ¡ninguna duda...! respondió el obediente hijo...) Algunas cosillas respecto de mi querida hermanita, tal como su piercing en la lengua y otro en la oreja que debían mantenerse bajo cierta discreción. Digamos que se los sacara ¡ahora ya!
Arreglé todas mis cosas, el lunes empezaba el colegio, a las 7:30 de la mañana, hasta las cinco y media de la tarde, doce horas de estar en el colegio, de las cuales las clases duraban hasta las 14, el resto era estudio, clases de alguna disciplina y los clubes que se desgajaban en gimnasia, karate, literarios, científicos, filosóficos, religiosos, excepto políticos, o de gays, o lesbianas, y aún algunos de cocina, papirografía.
Iniciado el colegio nos veíamos poco con Camilo, salvo los fines de semana, pero básicamente eran sesiones de estudio. Lo que Camilo encontraba aburrido, pero aún así, se aplicaba bien y tenía excelente disposición. Danilo no le iba en zaga, y ambos estudiaban como parece que no lo hacían antes. Nos juntábamos en la casa de Gio que estaba más cercana de la mía y la del centro de Santiago de ellos.
A las nueve de la noche de un día cualquiera sonó mi celular. Era Natalia, me recriminó ácidamente mi falta de respuestas a sus correos, ¡je, je, je! Fue mi astuta respuesta conversamos por mucho rato, del colegio y trivialidades, le pregunté cómo le iba con su madre, me comentó que estaba en un proyecto muy importante y que so la había vuelto a la casi normalidad es decir, bebía, pero nada que la sacara de control. Pese a ello parecía irritable, pero todo soportable. Le comenté que a veces papá se ponía igual cuando hacía grandes proyectos (que en verdad el no vendía, sino que planificaba las cuestiones técnicas e ingenieriles que, básicamente consistían en pasarle el trabajo a otro para que hiciera lo que él y su equipo habían planificado, después el sólo supervisaba y cobraba, mucho, pero mucho, pero muy mucho...)
Natalia continuó conversando tratando de reeditar los momentos que habíamos vivido, no me escabullía, pero en verdad mi entusiasmo por esa línea de conversación me tenía en ascuas. Pareció comprender que yo era casi neutro a sus avances (si se pueden calificar así) y me preguntó — ¿no te gusto Marcelo— sentí que se me apretaba el estómago.
— No, no, no es eso, no seas tonta..., debemos conversar de estas cosas en algún momento, tú, me gustas... es que mira... je, je... —
— Entiendo— me interrumpió—, te llamaré algún día de estos— y cortó. Me sentí mal, (¡idiota, más bien!) tenía su celular ya en memoria, estuve tentado por mucho rato de devolver el llamado, no lo hice, era tarde, y esa disciplina inglesa me llevó a bañarme, acostarme, y dormirme. Ese era sólo un intento, en mí se debatían la imagen de Camilo y Natalia, y me sentía mal por ambos. Finalmente me dormí, no recuerdo haber soñado,
Camilo dio su primera prueba de álgebra le fue bien, de ser un sujeto un tantillo nulo para la matemática, su nota 6 (a un punto de la máxima) tenía eufóricos no sólo a él, sino a sus papás, la rutina de estudiar en la casa de Gio nos estaba haciendo bien a todos, la materia débil para mí era definitivamente historia de Chile, ¡una sola guerra! Lo demás eran sólo hechos políticos, la historia era un constante problema social, afortunadamente Camilo tenía claros algunos hechos y me los explicaba, interesante, los gobiernos del Señor Pedro Aguirre Cerda, un poco más la historia del Señor Allende, en todo caso si bien sabía los hechos, la profesora esperaba que lo interpretáramos, y mi ridículo más espantoso es que puse al Señor Allende en competencia política con el Señor Gustavo Ross Santa María, es decir corriendo por la presidencia a Napoleón y Cleopatra en elecciones en Irak. Mi queridísimo padre me mandó a limpiar caballerizas, pintar la piscina y a leer toda la historia de Don Gustavo Ross Santa María contra don Pedro Aguirre Cerda, hasta me aprendí el slogan de don Pedro Aguirre Cerda: \"Gobernar es educar\". No reclamé, errores de esa magnitud no se las podía permitir el señor Marcelo Milstead Walsh de Quiroga
¿No lo había dicho antes?, oh, disculpen, Marcelo es mi abuelo materno un español cascarrabias, y Milstead era mi abuelo paterno, al que no conocí, mi hermanito galés se llama Milstead también.
Estaba sacando mierda de caballo para ponerla a secar para las rosas de mamá repitiendo \"Gobernar es educar, Gobernar es educar, Gobernar es educar, Gobernar es educar\"... cuando sonó mi teléfono celular.
— ¿Marc?... — Titubeé, no reconocí la voz.
— Si... ¿quién?
— Here’s Natalia— Contestó entre sollozos.
— Nat, ... hey, candy... what’s up?...
— Mon slapped me... ‘coz she saw your picture in my camera…— y empezó a llorar…
— Where are you, candy? — pregunté un poco fastidiado.
— Marc, Marc... I need... I need… to see you.
Me pareció un truco, pero si su madre la había abofeteado, algo andaba mal. Y la torpe solidaridad adolescente me hizo reaccionar... solidariamente. Le dije que la llamaba luego de consultar a mis papás si me daban permiso para ir a verla, que estaba \"castigado\" por culpa del Presidente Pedro Aguirre Cerda, pero si les explicaba, quizás me dieran permiso.
Más de diez minutos de argumentaciones fueron necesarios, incluida la noticia que Natalia había sido abofeteada por su madre algo de alarma creció en mamá e indignación franca e desusada en papá.
La llamé a su celular, la consabida plaza San Enrique sería el punto de encuentro. Mi moto sonaba como avispa para llegar 25 minutos después a la plaza. Natalia estaba sentada en los banquitos de la pequeña plaza. Tenía una cara de profunda tristeza. Al llegar me reconoció de inmediato, pese a mi casco. Nada más verme se abalanzó a mis brazos y dio rienda suelta a sus sollozos. Efectivamente tenía la cara colorada y aún su labio estaba hinchado y un ligero corte en el borde tenía algo de sangre oscura. La miré, me pareció feo lo que había pasado y pasé a la indignación. Hablamos por mucho rato, yo tratando de convencerla de ir a Carabineros y denunciar a la madre por violencia intrafamiliar (que en Chile es un delito grave) Natalia se opuso tenazmente a hacerlo, el resultado de una cosa así podría que Natalia fuera a quedar bajo la custodia de un organismo estatal, y en verdad eso sería desastroso, de modo que ya no fue tan buena idea. Después de mucho hablar, quizás una hora o más, decidimos caminar, tomados de la mano, se apegó a mí. La chica me era atractiva y no pasó mucho rato que nos besamos, primero suavemente, para luego ir aumentando la pasión. Bendita juventud que puede enterrar las penas y angustias en los instintos. Natalia y yo ya habíamos tenido escarceos sexuales, incluso me había tocado entre las piernas llevándome casi a dejarle su mano toda pegajosa.
— ¡Te amo Marcelo! — susurró. La miré con algo de premura, sin duda sentía gran aprecio por Natalia, incluso la quería, pero la idea de amarla me era distante y no la deseaba, bueno siííí´!!, pero no en ese momento. Pese a todo su cuerpo era algo que me atraía como imán y, en las circunstancias que estaba Natalia, era extraordinariamente vulnerable, y no quería hacer uso de esa ventaja para tomarla.
— Ya sé que no me amas, Marc, pero trata de quererme un poquito—
Quise responderle diciéndole que estaba enamorado de Camilo, que lo amaba y que le pertenecía a él y él me pertenecía a mí, pero no tuve valor, no podía delatar tan fácil que éramos gays, que ... fui cayendo en depresión. Y me debatía entre tomarla o dejarla allí y salir corriendo. No hice nada de eso. Simplemente dije sólo trivialidades, lugares comunes de respuestas consoladoras y una racionalidad que, definitivamente, Natalia no necesitaba, la veía perder la paciencia, llorar de nuevo, no era explicable fácilmente la conducta de su madre, el sólo ver mi fotografía no tenía mérito suficiente para desatar en ella una sobre reacción abiertamente irracional. Si no había elementos para entender la conducta, resultaba más inexplicable que no hubiese tenido esa reacción al ver la foto de otros chicos, aún mayores que yo y que habían sido pololos de Natalia.
La fui a dejar a su casa, nos pareció prudente que la dejase a una cuadra, dado que si Natalie la veía conmigo (motivo de sus iras evidentemente) agravaría la situación. Quizás debiese conversar la situación con papá o mamá, aunque tenía claro que los conflictos de una familia no podían ser motivo para la intervención de otra. Pero quizás mis papás pudieran dar algunas luces, al fin y al cabo, al menos papá, conocía a Natalie, por su trabajo común.
Llegué a casa, me aseé para comer, se comentó algo de mi encuentro con Natalia, nos sentamos a la mesa, la conversación viró paulatinamente al emocionante viaje de mi gente a Europa, afortunadamente no se habló de mis vacaciones, bueno no mucho, todas la vicisitudes ya habían sido comentadas y no había necesidad de forzar otros aspectos de mi período de descanso. Mi madre estaba demasiado entusiasmada con South Kensington, la Iglesia de Canterbury y de Saint Paul, y además Saint Martin in the Fields, y el Bristish Museum como para dar espacio a Pucón y Villarrica en Chile
Luego de comer le pedí a papá que conversáramos un poco. Me miró sorprendido, pero accedió luego del agrio comentario de mi hermana acerca de qué capricho se me había ocurrido como para pedírselo a papá en privado. Le saqué la lengua, y me miró levantando el dedo medio de su mano derecha, lo que provocó que mamá le diera una fuerte bofetada en la mano ofensora, diciéndole dulcemente \"Estúpida grosera\". Chris se recogió como anémona, lo suficiente como para pedir disculpas a mamá a ¡¡¡A MI!!! Papá le dirigió esas dulces miradas que suele dar él y Chris sintió que los ojitos le ardían.
— Papá, — empecé — ¿tú conoces a esa señora Natalia?
— Si, la conozco— se encogió de hombros y su tono se hizo algo incómodo. Se acercó a un esquinero y se sirvió un vaso de whisky. Lo miré diciéndole — May I?— corrigió mi pronunciación, puso un poco, menos de la mitad, del fuerte brebaje en otro vaso y me lo pasó. Le narré lo que me había contado Natalia, enfatizándole que yo no comprendía que mi imagen la hiciera reaccionar de manera tan extraña y fuera de lógica. Le di un beso al trago, lo que me hizo tiritar el bebió más de la mitad de un sólo sorbo, se achispó un poco, sus respuestas fueron convencionales.
— Verás hijo, los humanos tienen conductas extrañas a veces, motivadas por situaciones internas que nos son desconocidas a los demás y que no tenemos derecho a hurgar en ellas... — Mi padre se alejó por el camino intelectual del análisis de la conductas humanas luego de dos whiskys Bob estaba colorado y me pareció ver algo de emoción en su discurso, este hombre estaba eludiendo las necesidades de precisión que yo necesitaba y derivaba todas mis preguntas directas a un ámbito difuso e insignificante: Cuando perdí la paciencia por su esquive melodramático, le dije que estaba como ciervo eludiendo flechas, se molestó francamente acorralándome en su autoridad me ordenó que dejara de lado la situación que vivía Natalia y su madre Natalie, que no me convenía, que no era mi asunto, y que incluso era una falta de respeto e incomprensión el pedirle explicaciones a él acerca de situaciones que le eran ajenas. Yo tenía mi trago encima y eso me hizo ponerme insolente.
— Tú NO eres el hombre que me has mostrado siempre papá: directo, franco y abierto, ahora has huido, tú sabes qué ocurre y has derivado a intelectualizar para dejare conforme como si yo fuera un idiota... no es lo que quiero, no es lo que me merezco y TE exijo ser directo y abierto, como SOMOS los Walsh…— lo dije de un tirón y en un tono francamente desafiante e insolente.
Vi la cara de papá, enrojecido por el alcohol, en medio de sus ojos se hizo una raya tan profunda y sus ojos se hicieron tan terribles que me aterré al extremo de guardar silencio intimidado por un violento ataque de ira a punto de estallar, papá se había enfurecido, me arrebató el vaso de whisky mirándome como una esfinge a punto de echar su maldición y condena, dijo lentamente:
— TE PROHÍBO TERMINANTEMENTE VOLVER A VER A ESA MUCHACHA, TE PROHÍBO VOLVER A HABLARLA, TE PROHÍBO QUE ME VUELVAS A HABLAR DE ELLA Y DE SU MADRE, TE PROHÍBO QUE PIENSES EN ELLA... — pronunció cada palabra con los dientes apretados… pero…
… lo que papá ya había olvidado es que no hay nada tan estimulante para un adolescente que le prohíban algo, no hay nada tan provocador, tan desafiante, como el que lo obstaculicen, y eso fue exactamente lo que hizo mi padre sembró la semilla de la rebeldía en mí, la arbitrariedad podía ser tan seductora para un adolescente, y si siembras buen ajo, tendrás mal aliento. Mi padre generó en mí aún más curiosidad, y acepté el desafío (con graves consecuencias como verán). Marcelo Milstead se había desatado.
— Tú eludes algo, Señor Walsh, hay una muchacha a la que maltratan Y YO SOY EL MOTIVO, no puedo vivir con eso, y no lo viviré... Eso lo aprendí de usted Señor Walsh— dije casi gritando. Grave error. Mío y de mi padre. Me vi sujeto por los hombros, sacudido como un muñeco, para terminar en las faldas de mi padre, doblado, mis pantalones abajo, mi trasero expuesto cubierto sólo por mis calzoncillos cinco fuertes palmadas me hicieron gritar de dolor, a cada una se disparó de mi padre, \"insolente, insolente, insolente, insolente, insolente de mierdaaaaa….\" Era segunda vez que me golpeaba y nunca me había pegado tan fuerte. Lloré de dolor y mis auch, auch, llenaron la casa. Apareció mi madre y mi hermana. Mi padre se levantó violentamente, gritando \"GET OUT HERE, YOU TWO!!!!!!\" lanzándome lejos ridículamente tirado con los pantalones abajo, sin poder ver a causa de la lágrimas, mi querido padre se me vino encima, me cogió de mi ropa, me sacudió de nuevo, violentamente, como se sacudiría a un sujeto que no fuera su hijo, —¿Te han quedado claras mi órdenes, niño???? — mamá reaccionó en mi favor, se fue encima de su esposo y trató de de arrebatarme de sus hostiles brazos...
No podía hablar, pero las órdenes de papá estaban claras, y yo no estaba dispuesto a seguirlas... por el contrario, vería a Natalia, y me las arreglaría para que todo se aclarara. Su conducta era como la de la madre de Natalia. Papá me soltó, caí como una saco de cebollas, (con los pantalones abajo, la mejillas del poto me ardían), tomando a mamá de un brazo le dio un violento empujón, lanzándola lejos, haciéndola trastabillar, hasta quedar debajo del escritorio, la indignación me hizo sacudirme, me subí los pantalones tan rápido como pude, me puse de pie, corrí hacia papá, salté en el aire con mi pierna derecha recta a golpearlo en el pecho. Si yo era cinturón azul en karate, mi padre era cinturón negro, segundo Dan, su brazo izquierdo se adelantó, golpeó mi pantorrilla haciéndome chillar de dolor, su mano derecha se adelantó y me golpeó en las costillas dejándome casi sin aliento, caí desmadejado al suelo, (ese hombre se hizo irracional) de un salto papá estuvo sobre mí, su pierna derecha se adelantó y me iba a aplastar la cara, Christine, mi hermana, se interpuso...
...apoyó su mano izquierda en el pecho de papá, su mano estaba a la altura de su sien derecha, recogida como una garra, rectos los dedos índice y el medio rectos, anular y meñique recogidos, su golpe iría directo a la garganta de papá, su voz fue siniestra — Do it, bastard!!, and I’ll kill u!!!! — esto desarmó a papá, su hija lo amenazaba de muerte lo llamaba bastardo...e iba en serio. Papá había enloquecido, mi hermana había enloquecido, yo había enloquecido. Papá cayó de rodillas llorando como un niño. Mamá se acercó a su esposo y lo abrazó mi hermana Christine me abrazó a mí, llorando, todos, menos yo. Chistine me miró y me sentenció, — Haz alguna tontería, Marcelito, hazlo, dame ese placer y ese hermoso trasero tuyo será un guiñapo… y yo seré la responsable—.
Mister Hide había salido… algo se operó en mí… el hielo cayó sobre mí y mi alma se congeló. Una dulce serenidad se apoderó de mí, una serenidad de pensamiento, pero de acciones rápidas, decididas y peligrosas…
Salí corriendo, a la pasada agarré mi casco, mis lentes de motorista, la tarjeta de crédito la que me eché al bolsillo, apreté el timbre del portón que se empezó a abrir, salté sobre la moto, una sola patada a la palanca de arranque y salí disparado hacia la noche de La Dehesa, el barrio más elegante de Santiago, mi hermana gritaba tras de mí, lo último que escuché fue el motor del auto que mi hermana echaba a andar para alcanzarme, antes de llegar al portón ya alcanzaba 100 kilómetros por hora, me salí del camino, emprendí una loca carrera por los cerros, hasta llegar a la carretera de nuevo, mi hermana no me alcanzaría. La vi pasar en el auto, sentía que me llamaba… pasó a veinte metros mío, yo estaba agazapado entre los arbustos, si me descubría, Chris moriría…
Mister Hide se había desatado. Era un ser peligroso e irresponsable.
Llegué a la elegante y cara casa de Natalia, detuve la moto, salté de ella, vi las defensas de la casa, era imposible saltarlas, llamé por teléfono celular a Natalia.
Su somnolienta voz me contestó, — Alo?—
— Soy Marcelo, sal de ahí, necesito verte, ahora…— mi voz era autoritaria.
— Que pasa…— me preguntó.
— Sal de una puta vez, algo anda muy mal…— dije imperativamente— Natalia salió a la ventana, la vi que me buscaba, hasta que me vio, sostuvimos un diálogo que la obligaba a venir a verme y su negativa a aceptar. Mi tono era de \"ya de una buena vez\" al suyo \"estás loco, qué te pasa\"... pude imponerme, Natalia se vistió, mientras yo fumaba abajo de su casa, bajó, sin palabra alguna la senté en la moto algo rudamente, fuimos a un supermercado y compré cinco kilos de la mejor carne, tres botellas de whisky, cinco kilos de verduras, una docena de huevos. En un cajero automático saqué 50 mil pesos más, me dirigí al barrio Franklin con Natalia a mi espalda, me bajé de la moto, golpeé una puerta, luego de una transacción dificultosa que me pedía que le chupara su verga lo mandé a la mierda acordando finalmente que por 30 mil pesos me vendieran 800 gramos de marihuana (sin chupárselo), lo puse todo en las alforjas de mi moto, salí a la Carretera del Sol, apreté los dientes y alcancé 180 kilómetros por hora, Natalia gritó de terror, bajé a 100 kilómetros, en la Copec del kilómetro 32 compré un casco y lentes para Natalia, saqué 100 mil pesos más en efectivo, en Melipilla tiré cinco mil pesos a la mujer del peaje sin recibir el cambio y seguí hacia la costa, Natalia ya no se asustó cuando a la altura de Puangue yo movía la moto a 190 kilómetros por hora, el Leyda doblé al sur, hacia Santo Domingo, a las dos de la mañana no había control alguno en las carreteras, llegamos a la \"casa de la playa\", (me arrepentí de no haber ido a la \"casa de la cordillera\", pero ya era tarde). Abrí la casa, Natalia tenía una cara de susto que no dejaba lugar al diálogo, sólo obedecía como cordero. Yo había salido de mí. Marcelo Walsh era una sola neurona.
Puse a Händel y su Mesías, a 500 watts de potencia, la música barroca me sacaba de quicio. Armé un fuego en la chimenea, a la luz del hogar le narré todos los acontecimientos, mi conclusión era que algo había en algún momento que hacía que Natalie y Bob se comportaran como estúpidos. Natalia sólo me escuchaba. No opinaba nada, lo que me exasperaba, mi carácter compulsivo e irracional me dominaba, abrí una botella de whishy, bebimos de la botella directamente. Armé un cigarrillo de marihuana. Lo fumamos.
El que papá me pegara fue centro de la conversación, me dolía el trasero, las palmadas habían sido violentas, Natalia se acercó para abrazarme y ese fue el primer abrazo que nos dimos.
— ¿Te … ehhh… te duele, Marcelo? — me preguntó.
— Si, me duele— le respondí.
— Si te … ehhh… te sobo… te... ehhhh... te molestaría?
— Te gusta mi poto, ¿verdad Natalia? —le pregunté casi agriamente, (sabía que sí), pitando el cigarrillo y luego pasándoselo. Los aspiró hasta casi perder el aliento y luego lo envió a sus pulmones. No había sentimientos en mí, sólo me dominaba la imperiosa necesidad de una respuesta clara y precisa. Natalia no la tenía. Y derivó por mi pregunta inicial. Natalia suspiró tres veces antes de responderme:
— Sí, definitivamente..., me gusta tu trasero— su voz fue cándida, pero llena de clara resolución. Me pasó el cigarrillo, lo aspiré, hice llegar el humo picante a mis pulmones. Lo retuve cuanto pude, cuando lo expiré, me acerqué a Natalia y lo arrojé dentro de su boca, que los aspiró ansiosa... — mmmmmhhhh! — fue su reacción... en mí se dispararon todas las alarmas...
De manera idiota volví a preguntarle — Te gusta mi trasero, ¿verdad Natalia? —
Me miró con paciencia, (siempre he pensado que las mujeres son más astutas que los hombres) — Si, Marcelo, tu trasero ME FASCINA! —
En la cola del cigarrillo de marihuana prendí el otro, los aspiré tosiendo y se lo pasé, Natalia hizo un espacio en sus manos, metió el cigarrillo entre ellas, juntó el humo y lo aspiró hasta quedar sin aliento. Sus ojos enrojecieron, se hicieron más brillantes y se fue de espaldas, truco que yo ya conocía, Danilo era experto en el \"lanzamiento\": juntas humo entre las manos, chupas el cigarrillo y te haces de toda la esencia de la droga.
Hice lo mismo, me puse boca abajo para recibir el impacto de la potencia de la marihuana, me estrelló como una ola, me lanzó hasta casi las arcadas, y lo siguiente fueron sólo luces, sensaciones. ¡¡¡DIOS!!!! \"The Trunpets Shall Sound\" de Händel en la voz de Teddy Tahu Rodhes fue brutal, se disparó en mi la imagen del barítono casi maníaco, las variaciones de su voz me atraparon, y oí que Natalia cantaba, repetía cada nota, seguía al barítono, su voz aguda, femenina, electrizante seguí a Natalia, empecé a cantar con ella, seguimos al barítono, las lagrimas rodaban por nuestras mejillas mientras cantábamos que sonarían las trompetas. El versículo bíblico se hizo mágico y tronamos ambos gritando más que cantando.
Teddy Tahu Rodhes cantó luego \"Why do the nations so furiously rage together...\" saqué mi voz más potente, Natalia con voz de soprano, llorando, cantó con intensidad… so furiously rage together… lloramos juntos cantando \"so furiosuly rage together\" pusimos unas treinta veces el mismo segmento. Siempre llorando.
Leímos \"Palomita Blaca\" del infraidiota de Enrique Lafoucade, y eso nos inspiró, a las siete de la mañana, totalmente desnudos ella y yo, sacamos la primera corvina de las playas de Santo Domingo, desnudos ambos, lanzándonos al mar, nos abalanzamos contra el animal, luchamos contra él, lo matamos juntos a golpes de puño (pobre animal) mientras gritábamos … so furiously rage together…, ella fue más hábil que yo, atrapó al pez entre sus brazos, apoyando su mano en el espinazo, con la otra empujó brutalmente la cabeza hacia atrás, hasta quebrarle la espina dorsal, las espinas del animal la hirieron a ella y a mí, sangramos ambos, si el animal de debatió hasta el final yo lo vencí golpeándolo ferozmente contra el cráneo hasta que quedó inmóvil.
Lo destripamos en casa luego de caminar completamente desnudos por el bosque arrastrando el cadáver de siete kilos, lo aliñamos con sal, pimienta y marihuana, comimos el pez que sabía a mantequilla y hierbas.
Mientras fumábamos nuestros cigarrillos de marihuana.
Si esta historia le ha gustado, aliénteme a seguirla escriba a dap_cl@yahoo.com. Si no desea seguir sufriendo con lo mal escritor que soy, no me lea más... no hay problemas.