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Cuatro amigos 13


Décimo tercera parte: ¡Vacaciones!!!... (Inicio con severa discusión).

Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, ahora de Danilo y Giovanni. Este capítulo se lo puede saltar si quiere, lo escribí porque estos chicos están madurando, y es bueno que eso ocurra, algo de autobiográfico hay en esto.

De nuevo la advertencia: esta es una historia de sexo homosexual entre púberes, en este capítulo se agregan relaciones incestuosas, si no tiene edad legal para leerla, o es ilegal en su............. localidad, no siga adelante.El uso de condón en estas descripciones se omite, pese a ello se recomienda fuertemente su uso en la realidad, máxime si sólo es sexo ocasional o no se conoce bien a la pareja. Igualmente los protagonistas hacen uso de drogas como aliciente, las que recomiendo usar en forma moderada, responsable y sólo bajo claras condiciones de seguridad. Jamás use drogas cuando maneja, de ninguna naturaleza. Los nombres y apellidos son pura ficción, las coincidencias son sólo eso.

Trate de editar este relato lo más que pude, si hay errores, bueno… lo lamento.

Vamos adelante.

Estábamos en un pequeño problema, grande en verdad, Gio se iba de vacaciones y yo también, Giovanni se iba a la isla Margarita y yo a Glasgow en Escocia, obviamente \"nuestros\" chicos no tenían muchas posibilidades ni de ir a Chillán, menos a islas caribeñas o al Reino Unido. La tristeza que experimentaban ellos era palpable, por mi parte estaba desolado de dejar a Camilo al que había empezado a amar profundamente, de igual manera Gio y Danilo se amaban intensamente. El abandono no era para nada algo agradable. Aunque hice sugerencias que Camilo podría ir conmigo, (pagado por nosotros) bastó una mirada de papito querido para dejar el tema, igual le fue a Gio con su papá. En todo caso la rebeldía crecía en mí y cada vez era más intensa la necesidad de resolver el problema, las cuentas LanPass de Gio y mía no alcanzaban ni para ir a Antofagasta, además eran intransferibles... mamá notaba mi creciente depresión, sólo movía la cabeza y miraba con paciencia y a veces un poquito de ira. Por allí tampoco iba a resolver nada.

Por otra parte, mis padres no parecían tener mucha disposición.

Sólo en mi habitación le daba vueltas al asunto, frente al cúmulo de problemas, la tristeza me fue embargando, hasta que resbalaron lágrimas amargas y leves sollozos se me escaparon de la garganta... mi padre escuchó mis ruidos y entró a la pieza (sin golpear, como siempre)... me abrazó amorosamente...

— What’s up, babe... my cutie babe... — me dijo amorosamente, mi padre podía ser una neurona sola o un dechado de ternura, comprensión y bondad. Yo podría jurar que era esquizofrénico, pero lo amaba intensamente y no hay mejor papá en el mundo que mi papá, el más valiente, el más bonito, el más inteligente, etc...

— May I... in Spanish? — contesté entre sollozos que me movían la trencita que mi padre acariciaba amorosamente.

— Si, por supuesto, te pido disculpas... —

— Papá, no quiero ir a Glasgow, quiero... quiero quedarme acá en Chile... — le dije mirándolo a sus azules ojos gringos. Yo me parecía más a mi madre, más latino, y mi hermana a mi padre, más anglosajona.— ¿Sólo? — respondió sin ira ni rabia, sólo preguntando.

— Tú sabes que no... — le dije dejando la frase inconclusa pero llena de significado.— El muchacho Pino, ¿verdad?... — me dijo, dejando la frase inconclusa, pero llena de significado. Moví la cabeza afirmativamente.

— Mmmh..., entiendo, pero no me gusta, quedarás sólo por casi 20 días, y aún eres algo más que un niño— dijo algo secamente, agregando... —con algunas conductas de adulto, y no las más apropiadas, querido hijo mío...— hacía abierta alusión a mi conducta de marica. Suspiré, lo miré de nuevo.— Papá, puedo cuidarme sólo, no necesito prometerte que me cuidaré y que me portaré bien, eso tú lo sabes... sólo te pido que me comprendas... y confíes en mi... está el condo de Villarrica, podría irme allá, hay gente alrededor... mmh? — Villarrica es al sur de Chile, un balneario en las orillas del lago Villarrica, que está a los pies del volcán Villarrica en la comuna de Villarrica y es de gente muy rica.— Si, es cierto, pero irás a un lugar en el que .. ejem... tus actividades con tu amigo.. serán... ejem... poco convencionales... no? — sabía a qué se refería... pero poco a poco se fue haciendo patente en mí que Bob Walsh estaba empezando a dejar correr el agua... — Me dio un fuerte y tierno apretón, me dio vueltas gruñendo y me puso en su falda boca abajo, me dio tres sonoras palmadas en el poto además de un masajeo rápido para sentir mi partidura, agregando que no sólo era un \"queer\" sino que tenía atributos para ello aludiendo a mi trasero, lo que nos hizo estallar en carcajadas a ambos. — Ya veremos— me dijo, y se fue. Quedé tirado preguntándome acerca de las caricias que me había dado mi padre y esperanzado... es más casi estaba seguro que las cosas se encaminaban a mi favor... ¿Mi padre?, ¿Mi trasero?... no, no, no... estupideces... lo mismo le hacía a mi hermana, dos años mayor que yo y muy frecuentemente a mi madre, lo que le arrancaba gritos de airada protesta por parte de ella que invocaba la \"decencia\" y nuestra presencia, la de Christine y mía.

Esa noche papá, mamá, Christine y yo comíamos en medio de charlas acerca de las vacaciones, yo algo decepcionado, pero me parecía que nada podría evitar que mi amiguito y yo nos separáramos por un rato que el sólo concebirlo, veinte días, era una eternidad. — Mónica, Marc, desea quedarse acá... — empezó mi padre, yo me puse expectante y nervioso mi madre puso cara de interrogación, — ¿Sólo?, ¿acá en la casa?, ni soñarlo, no— fue la contundente respuesta de mi mamacita...— No, no acá, en Villarrica... — dijo papá, con cara de negociador con mamá, que en realidad era suave como seda, pero sólo por encima, quien llevaba los pantalones en la casa no era precisamente papá, sino mi madre y después... mi hermana, quien no dejó de meter su cuchara en la sopa — ¿se quedará con su novio? — preguntó mi deliciosa hermanita. Me retraje como marisco al que le cae limón, me enrojecí hasta el punto de que la cara me quemaba... la miré con reconcentrado furia, la amaba, pero podía ser odiosa como piedra en el zapato. — Si, pues... — contestó mi padre con una indiferencia fresca e indiferente como si dijera que me iba a quedar a cuidar melones, lo que de igual manera hizo que sintiera que me caía más limón... sin que yo interviniera en ningún momento mi padre fue hablando con las mujeres matriarcales, fraternales y filiales hasta que se acordó que me podía quedar, en Villarrica, con Camilo, sin cuidado especial salvo el que yo mismo y mi buen criterio podía propinarme, que se me dejaría una tarjeta de crédito para mi uso, la que debía administrar adecuadamente, sin enloquecer ni sentirme nuevo rico, que debía cuidar el prestigio de la familia, lo que se traducía que no podía hacer guarradas con mi pololo delante de la gente, (subentendí, consecuentemente, que sólo en privado). Todo ello gracias a mis calificaciones en el colegio (me bendije de ser ¡TAANN BUEN ESTUDIANTE!) Varias recomendaciones más y yo salí de la sala de comedor a tres metros del suelo, radiante, dichoso, feliz, exultante... volé a mi habitación, llamé a Camilo para darle la gran noticia, empecé a marcar su número cuando se me produjo una alarma tremenda ¿y los papás de Camilo?, ¿le darían permiso para irse con su pololito? ¿solos?, ¿sin adultos? ¿por veinte o más días? ¿al sur de Chile?... la ansiedad se apoderó de mi de nuevo... ok... sólo podía saberlo preguntando.

Camilo estaba hecho un saco de alegría al saber que me quedaba en Chile, se desconcertó de saber que nos podíamos ir a Villarrica, se aterró ante la idea de pedir permiso, se desilusionó cuando le dije que no sabía si Danilo podía ir, pero que no creía que hubiera problema, sólo era cuestión de ampliar la visa otorgada por mis padres... me dijo que esperara su llamada.

Media hora después la recibí. Sus padres autorizaban en principio a que fuésemos al sur, pero que debía ser con Danilo, que ellos pagaban, que querían saber qué adulto estaría con nosotros y que necesitaban hablar con papá o con mamá... tragué saliva, si bien papá y don Tanilo habían hablado cordiales, nunca más habían vuelto a intercambiar palabra. Decidí que mamá era más adecuada para esta situación.

UNA HORA ESTUVIERON HABLANDO MÓNICA Y LA MAMA DE LOS HERMANOS PINO...UNA HORA!!!... lo nuestro se trató en 10 minutos, que éramos grandes, que yo era muy juicioso y que los niños se habían empezado a comportar tan bien (me reí para mis adentros y pensé que los adultos son faltos de imaginación) que gracias, que no era necesario que colaboraran con dinero, que no había problema... y lo demás fue una cháchara acerca de todo... desde el tiempo, hasta la juventud actual (lo que me alarmó un tanto), la seguridad en las ciudades... y un largo etcétera..Mi siguiente conversación fue con Camilo y me dijo que Danilo estaba contento, pero muy triste porque Giovanni se iba a la isla Conchecita o algo así ahí no había nada que hacer, le comenté que igual lo pasaríamos bien, y que tratara de consolarlo, que sin Giovanni (lo que era una pena y así lo sentía yo también) podría ser penoso para él... pero en fin... así quedaron las cosas... nos iríamos en cinco días...

Aunque desde que estaba pololeando mi frecuencia de pajas había disminuido casi a cero, esa noche no pude resistir y mi masturbación fue más de alegría que de deseo... me dormí como tronco con todos mis jugos sobre mi pecho... a las dos y media de la mañana sonó el teléfono. El mío. En mi casita cada uno tenía su propia línea.

— Do u try to get me off... dude?

— Gio?... — contesté somnoliento. Efectivamente era el idiota de Giovanni que me llamaba a las dos y media de la madrugada...

— What’s up, dummy... something’s wrong? (¿qué pasa muñeco?, ¿algo malo?). Ya hablaré algún día de por qué Gio era un maniquí.

— You are the problem, asshole!! — me gritó aunque no airado, sino excitado.

— Qué onda, Gio, qué pasa de verdad—— ¿Me invitarías a Villarrica? — me incorporé en la cama para tratar de darme cuenta de dónde iba esta cosa... me empezó a explicar que había hablado con Danilo, que le había explicado la situación de quedarme en Santiago, y el arreglo del condominio en el sur, que si iban tres por qué no cuatro... Gio estaba negociando conmigo, lo que no era necesario, me parecía incluso que eso allanaba algunas dudas que aún persistían en mis papás, en especial mi madre... todas materias que debía arreglar al otro día con mis papás... cortamos 10 minutos después, me volví a dormir...A las 10 de la mañana del día siguiente, papá, mamá, y hermana me escuchaban el panorama que se había producido desde la comida anterior hasta ahora, y que Gio ya no iba al Caribe sino al sur de Chile. Papá dijo que no hablaría sobre eso con Giorgio Giordano, que era materia de su hijo y que las responsabilidades quedaban en manos de cada adulto que tomaba la decisión. Las relaciones de Bob y Giorgio aunque cordiales, se habían enfriado un poco luego del episodio de accidente de Camilo, con la consiguiente pelea entre Giovanni y yo, y creo que mi papá era más culpable al pedirle a Giorgio que le hubiese contado acerca de lo que el médico se dio cuenta en el trasero de Camilo y que el médico no le quiso contar, situación que casi bordeó el escándalo considerando la niñería de Giovanni.

Cuatro días después con maletas y mochilas (más nosotros) partía el avión desde Tobalaba hasta el aeródromo de Villarrica (un potrero en verdad)... Camilo y Danilo se despidieron de sus padres y tiritaban de excitación y placer, era la primera que volaban (en avión, ellos se volaban), el piloto despegó hacia el norte, hizo una amplia vuelta hacia el Este pasando por sobre la cordillera, provocando ahes y ohes de admiración en los novatos llevaban las narices pegadas a los vidrios, y debo decir que tanto Gio como yo era apenas la segunda vez que volábamos en un biplano, de modo nuestros ahes y ohes era similares a los de nuestros amantes. Cerca de dos horas después llegamos a Villarrica, el aterrizaje fue ... como en un potrero... saltitos y sacudidas, pero nada grave. Una camioneta nos esperaba y nos llevó directamente al condominio. Estas casas eran muy lindas, amplias y cómodas, rodeadas de jardines muy bien cuidados, estaba seguro que el pasto lo cortaban midiéndolo con una regla... diez mil carteles que prohibían desde tener mascotas sueltas hasta jugar a la pelota, no dejar latas de cerveza, restos de cigarrillos y hasta otro que recomendaba \"conservar el decoro y la compostura\". La desilusión de los chicos iba en aumento, tanta restricción hacía de esto un campamento militar antes que casas de vacaciones. Pasamos todas estas casas, al fondo del lugar, pegado al lago estaba la cabaña de papá y mamá, solitaria, rodeada de barreras de cipreses extranjeros que cubrían una verja de 2,5 metros de alto, media hectárea sólo para nosotros, los pastos no estaban tan bien cuidados, pero no importaba, la casa tenía un \"garage de agua\" es decir, estaba pegada al lago mismo con un espacio para alojar a la \"Gaviota\", una lancha con motor Mercury de 80 caballos de fuerza, entera de fibra de vidrio de superficie tan lisa y suave como mi trasero (me dijo una vez mi mamá... ¿Mi madre?, ¿Mi trasero?... no, no, no... estupideces...). Gio miró por todos lados y aspiró hondamente, — aquí hay salmones— dijo, — los huelo—, de hecho Gio no fumaba más que marihuana, y tenía buen olfato el suizo-italiano y entonces le dije que esos no eran olores de salmones sino de truchas. Me miró escéptico, — conozco el olor a trucha como tus peos, estos son salmones— la alusión a mis peos no me pareció elegante, si bien no tenía yo problemas para largarlos con patente enfado del entorno a 10 metros a la redonda.

Entramos a la casa, olía a encierro, de modo que abrimos todas las ventanas cuidando de que los mosquiteros quedaran cerrados, zancudos y \"polcos\" (unas mosquitas de mierda que pinchaban dejando severas lesiones a veces) podían ser muy agresivos, la casa tenía cuatro dormitorios, dos hacia el frente a la casa y otros dos hacia el lado del lago, las discusiones entre mis amigos acerca de cual preferían no me afectaban puesto que yo ya estaba armando el dormitorio que daba hacia el lago, de modo que los reclamos de Camilo no tenían sentido si quería dormir conmigo, esto le provocó cierta molestia dado que le parecía que yo decidía todo entre él y yo y no le pedía nunca su opinión, lo que era una exageración, pero sólo lo miré y me reí guiñándole un ojo, esto lo dejó medio desconcertado, pero me pidió explicaciones. Me pareció medio pesado su tono, y se lo hice notar además de indicarle que los dormitorios del frente daban al oriente y que en esta época del año el sol se levantaba muy temprano, y que si quería que le diera en la cara a las 5 de la mañana pues podía dormir en el dormitorio del frente... sólo...

Danilo y Gio notaron el ambiente un poco tenso que se empezó a producir entre Camilo y yo... ambos trataron de echar todo a la broma, aceptando que tenía razón en lo de los dormitorios, pero que no tenía que ser tan tajante en mis opiniones y decisiones... me puse en guardia, esto estaba conspirando contra el buen inicio de las vacaciones...

— Marc, creo que Cami tiene razón— dijo Gio, me saqué los lentes de sol y me dispuse a escuchar — no sé si es casualidad o te las has arreglado para que siempre estemos en tu terreno, ya sea en tu casa de Santiago, en Santo Domingo, o ahora acá... eso te da un margen de autoridad que haces sentir, si bien no pesada, y poco podemos hacer los demás y si quieres que sea franco, aún en la casa de Camilo y Danilo tienes un cierto aire de dirigente que... como decirte... hace indiscutible tus opiniones que al final son las que siempre prevalecen— no esperaba que los chicos hicieran flanco con Giovanni, pero así fue. El silencio de ellos fue absolutamente elocuente. Se me vinieron encima las más confusas y contradictorias sensaciones. De enojarme, de echarme a reír. Ninguna de las dos tenía cabida, recoger el guante de Gio era peligroso, no me sentía desafiado, lo dijo todo como su fuera una opinión acerca del tiempo o del precio del pan... además la diplomacia de Gio era absolutamente profesional.

Los miré a los tres lo que dejó caer una pesada carga al quedarme sin respuesta. Me senté en la cama que estaba haciendo... debía decir algo, si seguía en mi silencio la situación se ahondaría más y más... Hice un gesto vago con las manos, todos estaban a la expectativa de mi respuesta.

— Es decir, ustedes me perciben como un sujeto que se hace del poder, sin que ninguno de ustedes pueda cuestionar \"mis\" decisiones, es decir, quieren decir que los coacciono? ¿ninguno de ustedes?, dicen que este alcance es incluso respecto de las pizzas, las bebidas o aún del sexo? — respondí lo más amable que pude.

— Marc, nadie dice que te haces del poder, pareces tenerlo siempre, nunca lo abandonas, parece que te es natural... — respondió Gio.— Pero, permítanme de nuevo... ustedes, ninguno de ustedes, puede cuestionar lo que digo, las pizzas, los lugares, el sexo?, ¿indico yo acerca de quién le hace el amor a quien?, ¿sólo soy yo el activo o no me he entregado a cada uno de ustedes? — Empecé a perder la paciencia— Cada vez que indico algo no lo impongo, sólo doy argumentos o los tengo para hacer o decir lo que hago o digo, ahora creo que esto de los dormitorios tenía buenas razones para decidir sobre esto y de esa manera... —

Me interrumpió Camilo, — Pero no nos los dijiste, tomaste una decisión que es buena, pero sin argumentos evidentes, cachai?, los adivinos están de vacaciones también... — dijo— es como si tus decisiones fueran para demostrar a todos que eres bueno en todo, incluso en la pizzas o dónde hacer un dormitorio, ¿te permites equivocarte alguna vez? — la ira se me hizo presente y estuve a punto de gritarle que esta venida era una equivocación, que me había equivocado al renunciar a mis vacaciones en la bella Inglaterra para venir a un ramplón lugar del sur de Chile, tan transitado como el mismo Cartagena, pero con gente con más dinero de plástico en los bolsillos sólo para traer a chiquillos malcriados incapaces de imponer su propia decisión... renuncié a responder así, aún poseído por algo de racionalidad... mi enrojecida cara delató el sentimiento que me había latigueado. Me incorporé, y salí rápidamente de la habitación, seguido por la mirada de Danilo que miraba asustado.

Salí al patio y prendí un cigarrillo, el hombre que hacía el jardín me saludó, me dijo si necesitaba algo yo ya fuere del jardín o del pueblo, pancito, lechecita o alguna otra cosita. Lo miré seriamente, pensé para mí ‘es la exageración de los tres chicos que estaban en mi casa’, medité sobre la frase: mi casa. Reflexioné sobre ello.—¿Marcelito?... — me dijo el hombre al ver que no le respondía — ¿se siente bien?, ¿esta enfermito? — me dijo con tono preocupado. Agité la cabeza como para despejarme de mi hondas reflexiones, — oh, disculpe don Esteban, es que estaba pensando, ¿sabe?, le puede decir a su señora que haga pan de ese tan rico que hace ella... ah, mi mamá le manda algunas cosas... se las paso luego, ya?

— Gracias caballero, le agradezco mucho— me respondió alejándose, era ya un anciano. ¿Gracias caballero?. ¿Caballero yo?, ¿un pendejo de 14 años?

Quizás, quizás... ok... tomarían las decisiones ellos, me quedaría callado, no opinaría, me transformaría en un subordinado. Entré a la casa de nuevo, grité en el tono más alegre que pude — OK!!! Qué hacemos ahora???... —

— ¡¡Que se te quite la rabia primero!!— fue la respuesta de Gio, me reí, pero no muy convencido. Subí a los dormitorios, Gio y Danilo arreglaban la cama de uno de los dormitorios que daban al lago, en la otra habitación estaba Camilo sentado en la cama con cara que se acercaba mucho a la pena. Sólo lo miré, cerré lentamente la puerta, supuse que esto requería que se conversara. Me senté al lado de él, que se corrió un poco, alejándose de mi, me acerqué y me volví a acercar a él, que repitió el alejarse, hasta que quedó arrinconado contra la pared, desde donde hizo una voltereta hacia atrás y quedó sentado en el otro lado de la cama.’Niño mal criado’ pensé para mí, me estiré hacia atrás y lo atrapé de las caderas, tirándolo de espaldas a la cama, lo aplasté y empecé a hacerle cosquillas lo que arrancó sonoras carcajadas del hace un par de minutos compungido amante mío. Pensé que lo mas lógico era que se resistiera y lo dejé que tomara su represalia, me tomó del pecho y me puso debajo de sí, me hizo cosquillas, me aplastó, me abrió las piernas y se puso entre ellas para apretarse sus genitales contra los míos... — ay, ay... me duele, me duele... — dije protestando porque me aplastaba las bolas contra su pubis. Sentí su dureza, lo que hizo que la mía se empinara. Me abrazó fuertemente y pegó su boca a la mía besándome con fuerza y violencia, lo dejé hacer, sus dientes se apretaban contra mis labios hasta hacerme doler, —ayyy... — se me salió medio ahogado por la presión que me ejercía sobre la boca, se estaba desquitando, junto con hacerme cariño me estaba castigando, me estaba haciendo sufrir, me apretó con todas sus fuerzas, tantas que de verdad me estaba dañando, — Camilo... me está doliendo... de verdad... Cami...— dije medio ahogado. Me apretó aún más — ayyy... — repliqué... lo sentí estallar en llanto, soltó la presión, para quedar relajado llorando con convulsiones del cuerpo, la puerta se abrió y entraron Danilo y Gio que nos miraron sorprendidos. Me dolía la boca, por supuesto, estaba sangrando, la presión que hizo Camilo sobre mi boca me había partido el labio ligeramente, se incorporó, puso cara de alarma con los ojos arrasados en lágrimas y me limpió la sangre con sus manos, — mira como te dejé, tonto... tonto mío... tonto mío— estallando de nuevo en sollozos espasmódicos. Esto estaba llegando a niveles poco claros para mí.

Camilo estalló. Saltó de mí liberándome, cayó de rodillas y echó afuera todo su rollo, el que se la había empezado a formar conmigo. Las relaciones con su padre que se habían deteriorado notablemente.— ¡Marcy, eres demasiado bueno en todo! — dijo casi gritando entre sollozos profundos, — eres buen estudiantes, te lavas los putos dientes cada dos por tres, eres buen hijo, inteligente, no te equivocas nunca, tienes bonita cara, sin una maldita espinilla, tenís un poto precioso, cocinai bien, besai mejor, eres rápido en pensar, en correr y nadar, tenis plata y la manejai bien, mis papás me dieron permiso pa venir porque venías tú, nunca confiaron en mí sólo, si no, no me daban permiso, tampoco al \"De\", mi mamá aprendió a cocinar con las cosas que nosotros le decíamos qué le ponías tú a la comida, ahora hace queques con cedrón, y le pone lavanda a los postres, toda tu familia es bonita, tu mamá es flaca y tu papá rubio de ojos verdes, eres elegante y correcto, astuto y te manejai bien con los adultos, mis papás te respetan como adulto y soy un pendejo igual que nosotros y te hacen caso y conversan de tus opiniones que yo a veces ni siquiera entiendo, ... — tomó aire— eris demasiado bueno en todo y todo lo que te rodea, y no dejai espacio a nadie más, eris un modelo demasiado difícil de copiar, me hacís aparecer como tonto. Leís, sabís matemática, historia, geometría y hablai inglés igual que el castellano... soy demasiado perfecto... — se calló mirándome.Lo miré medio atónito, — pe... pero... soy marica, soy homosexual... —

— Pero un homosexual perfecto, pos huevón!!... — dijo estallando en risas, de esas mismas que son una histeria pura en medio de la depresión. Lloraba y reía al mismo tiempo... también me reí... pero esto no estaba bien...

— Te quiero Marcy, te amo... pero de repente siento que no te merezco, cachai? — dijo llorando de nuevo. — Eris demasiado bueno para mí— remató llorando desconsoladamente.

Danilo y Gio se acercaron a él abrazándolo, yo estaba demasiado perturbado como para reaccionar, primera que alguien manifestaba tantos celos de mí, que sintiera que como yo era le produjera a otro, al que amaba, tanta inquietud y desagrado, era yo ahora el que estaba cayendo en depresión...— Yo soy, yo soy como soy, ven?, — les dije— me enseñaron así, nunca me dijeron que fuera perfecto, sólo a hacer las cosas bien... — mi voz era un pito— o lo mejor posible... aprendí a pensar de alguna manera, como mi papá... nunca quise humillar a nadie, menos a ti, Cami... tampoco a Gio, y nunca a Danilo... yo... yo no tengo la culpa... si leo es que me gusta, si sé matemáticas es sólo porque estudio... no puedo dejar de hace eso... es lo que debo hacer... lo lamento, nada puedo hacer... — mi voz la sentía triste... me levanté de la cama y me fui hasta la puerta de la habitación, desde ahí hablé — no pensé que el ser como soy puede herir a alguien, menos a quien amo... pero parece que sí... y yo no me considero perfecto para nada, en mi boca faltaban los dos premolares superiores que dejó espacio para mis dientes chuecos de infancia, tengo un cadera elevada medio centímetro más que la otra. Mi poto que ustedes tanto admiran es por una lordosis ligera en la parte baja de la espalda, si no tengo espinillas es porque mi sistema hormonal aún no está completamente desarrollado a los casi 14 años según tu papá Gio... si tu mamá Cami, hace queques con lavanda ahora, me alegro si he tenido que ver con eso, supongo que son más ricos, no me pidan que me arrepienta de los que soy... aprendí que es mejor hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse... yo no quiero ser líder a propósito... no me interesa mandarlos, ni dirigirlos, lo lamento, debo decirles, con mucha pena además, yo soy…—Guardé silencio, eso no lo podía decir, NO!, eso no!!... mi voz empezó a quebrarse y mis ojos me empezaron arder…— Tú eres qué, Marc…— preguntó Gio…Decidí guardar silencio, y buscar una puerta de escape. Agregué:— Que me siento rechazado... y lamento que haya sido así... o que haya terminado así... — mi melodrama estaba acabando, me dirigí a uno de los dormitorios de enfrente de la casa, me tendí en la cama, y me quedé pasmado, atónito, pensativo, confuso, analizando lo que soy... y sintiéndome culpable... eso era lo más terrible... me quedé dormido... cuando desperté, Camilo estaba a mi lado, mirándome.

— Hola... — me dijo

Lo miré y le respondí —hola...—Me quieres— susurró

— ¡No! —repliqué, puso cara de sorpresa y se echó un poco hacia atrás, sorprendido.

— En verdad... no te quiero Camilo… te amo, Camilo Pino Martínez.

— Te puedo abrazar, mmh?— dijo

— Tú, me quieres, Camilo Pino Martínez?— No...— ¿Por qué quieres abrazarme entonces?

— Porque te amo... mmmh... te iba a decir tonto, pero eso es lo menos que hay en ti.— Ni sigas con eso Camilo, me ha dolido de verdad lo que ha pasado hoy...

— Vale una disculpa? — entornó su preciosos ojos rasgados de color verde.

— No, no es necesaria, pero, de qué te quejas de mi papá rubio de ojos verdes, ¿te has mirado al espejo tú?

— Si, eso fue tonto... como casi todo lo mío... lo lamento.

— No eres tonto... ni debes lamentar nada... y si dices eso de ti, lo terminarás creyendo.

— Bueno, bueno... no tanta cháchara, ¿te puedo abrazar?

— No... — lo miré por unos momentos con cara neutra— ...quiero que nos abracemos— le dije finalmente.

Saltamos el uno contra el otro y nos abrazamos estrechándonos. Sentí su dureza contra mi vientre, lo miré con caritas. Me miró e hizo un gesto de azoro. —Lo lamento, ése se maneja solo— me reí... lo mío parece que tenía la misma independencia, lo empujé para que se diera cuenta que así era... nos largamos a reír... nuestro noviazgo parecía tener futuro aún.



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