Éramos amigas y nos vimos en la necesidad de compartir al mismo hombre............................ Carla era una de mis tantas amigas. Tal vez no íntma pero sí muy allegada. A ella se le dio la posibilidad de irse a trabajar a Estados Unidos y allá se fue.
Al mes de haberse ido nos contactamos a través del messenger y me dijo que había una chance de trabajo para mí. De inmediato arreglé mis papeles y me fui al norte.
Ella, que era muy buena persona, me ofreció quedarme en un pequeño apartamento que le prestaban unos amigos en pleno Manhatan.
Las dos trabajábamos en un restaurante y teníamos la suerte de poder ahorrar bastante ya que no pagábamos alquiler.
Pero estábamos solas.
Durante las noches y en los días libres, luego de hacer algunas compras, mirar televisión y lavar los platos no teníamos nada más para hacer.
De esa forma, como le debe pasar a la gente que está en esa situación, comienzan a sentirse algunas \"necesidades\".
Hablábamos entre nosotras de lo que nos pasaba. Ambas pensábamos igual.
De esa forma hicimos un pacto: si cualquiera de las dos salía con alguien se lo prestaría a la otra.
Un buen día Carla vino con la noticia.
La había invitado a salir un chico brasileño según ella encantador.
Lo invitó a venir a casa y él aceptó.
Cuando lo vi no me pareció gran cosa pero, en esas circunstancias, todo nos venía bien.
Luego de la cena Carla y él, que se llamaba Mauro, se metieron en el cuarto de mi amiga.
Al rato se sentían unos leves quejidos de ella.
Me quedé mirando televisión.
Una hora más tarde vuelve Carla, envuelta en una bata roja, y me dice:
_\"Ya tengo todo arreglado vení con nosotros\".
Al principio no le entendí y debió explicarme que yo tendría que entrar a la habitación y estar con Mauro y con ella.
No era exactamente lo que habíamos planeado.
Yo había entendido que habría una presentación y que el chico saldría una vez con una y otra vez con la otra.
Me quedé perpleja pero como dice el dicho \"la necesidad tiene cara de hereje\".
Entré a la habitación escoltada por Carla y vi a Mauro tendido sobre la cama completamente desnudo.
Tenía un lindo físico. Era alto, delgado y se le marcaban los músculos.
Les pedí que me dieran tiempo ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de encuentros.
Ellos fueron pacientes.
Ayudada por Carla, que estaba ansiosa, me fui quitando la ropa hasta que quedé en piel. De esa forma comenzó \"mi\" relación con Mauro.
Primero me pidió que le hiciera el sexo oral.
Reitero que me parecía un disparate lo que hacía ya nunca se me había pasado por la mente hacer algo así.
Pero complací a Mauro y ante la mirada de Carla, desbordante de libido, lo hice. Le succioné suavemente el pene al tiempo que le acariciaba el escroto y los testículos. Él daba muestras de satisfacción.
y Acto seguido se colocó un condón y me pidió que subiera a su cintura. Lo hice y de esa manera me introdujo su miembro hasta el fondo de mi vagina.
Fue Mauro quien marcó el ritmo. Mientras me copulaba llevó sus manos hasta mis senos y no dejó de acariciarlos durante todo el tiempo.
Me gustó. No lo puedo negar. Estuve a punto de llegar al clímax pero no lo conseguí.
LLegó así a su primer orgasmo conmigo.
Fue algo tan raro para mi que, aunque no lo crean, aún después del goce del brasileño, no me daba cuenta de lo que estaba haciendo.
Nos quedamos los tres sobre la cama charlando de cualquier cosa. Esa conversación distendió los ánimos y nuestro hombre comenzó a tocarnos nuevamente. Ahora sí sentí que empezaba a disfrutar.
Nos pidió que le chupáramos la pija entre las dos.
Nos miramos y nos mandamos a la carga.
Quince segundos Carla. Quince segundos yo. Luego las dos juntas haciendo correr nuestras lenguas a lo largo de la verga de Mauro y concentrándonos en la parte superior.
¿Qué creen que pasó?
Sí...claro que sí.
Mauro eyectó un torrente de esperma que se coló por nuestras bocas. Me excitó hacerlo. Con cierta vergüenza sorbí algunas gotas de semen.
Carla estaba enloquecida y se tragaba todo cuanto podía.
Más tarde Mauro y Carla volvieron a copular ante mi mirada.
Esa primera noche me dejó marcada. Al día siguiente no quería ni hablar sobre el tema. Mi amiga se reía.
Mauro continuó llendo al apartamento y de a poco comencé a deleitarme con aquellos encuentros. Perdí el temor.
Y, como no puede ser de otra forma, en varias ocasiones se dio la oportunidad para que Carla y yo nos acariciáramos y nos besáramos.
Fue idea de Mauro. A ella le costó bastante ya que no quería saber nada de las relaciones mujer mujer. Sin embargo a mi eso no me costó casi ya siempre había tenido ese tipo de fantasías que afloraron en esos momentos.
¡Qué lindo era chuparle las tetas a mi amiga! Ella permanecía moviéndose con la verga del brasileño adentro al tiempo que yo le lamía los pezones.
¡Qué bien que lo hacía ella!
Al principio no le gustaba pero luego se dio cuenta que no se podía perder la oportunidad.
¡Y que hermoso fue cuando nos chupamos la vulva!
Un rato yo a ella. Un rato ella a mi. Siempre con la intervención de Mauro haciendo caricias o penetrando a una de las dos.
Meses más tarde me llamaron desde mi casa para decirme que un familiar muy cercano y querido estaba enfermo. Tenía unos días libres y volví a casa. Lamentablemente el enfermo no se pudo recuperar y me quedé un mes con mi familia.
Cuando vuelvo al país del norte me encuentro con que mi amiga Carla se había casado con Mauro ¿Pueden creerlo\". Ellos se habían puesto de novios formales durante mi ausencia y me dieron la noticia al regreso.
No pude menos que feliciarlos.
Carla y Mauro se fueron a vivir a Miami.
Me invitan siempre a ir a su casa y cuando estamos los tres recuerdan los días de soltería.