Quién me iba a decir a mí que mi vida iba a cambiar tanto en sólo un mes?
Era mi primer año en la Universidad. Había llegado a la ciudad sin conocerla ni conocer a nadie, tímida, virgen empezando una carrera que no sabía que fuese a resultarme tan difícil.
Soy una chica no muy alta, 1’65 aproximadamente, delgada, con el pelo liso y largo hasta la cintura mis tetas no son demasiado grandes pero están bien puestas, y mi culo… mi culo es............ realmente hermoso, es la parte de mi cuerpo de la que estoy realmente orgullosa.
En fin, el primer día en la ciudad fue espantoso. Me alojaba en unos apartamentos de estudiantes, en los que seríamos aproximadamente unos 400, y ni siquiera conocía a mi compañera. Estaba aburrida, y no tenía con quien curar mi aburrimiento, así que decidí irme a acostar a la mañana siguiente empezarían las clases y tenía que estar en buenas condiciones.
Al día siguiente, mientras estaba en clase, me llegó un folio en el que alguien había apuntado \"BOTELLÓN OBLIGATORIO, 7’5 CRÉDITOS. APUNTAD VUESTRO NOMBRE DETRÁS\". Mientras me reía para mis adentros de las ocurrencias del personal, apunté sin dudarlo mi nombre y el de las tres chicas de al lado. Quién me iba a decir a mí que en ese momento estaba preparando la mayor jarana de mi vida…
Llegó la hora del botellón, y resultó que estábamos las cuatro chicas a las que yo había apuntado… y el resto eran chicos de segundo año, de los que estaban repitiendo primero. Estuvimos jugando a la pirámide, un juego de cartas con el que te emborrachas tremendamente, y aquello comenzó a notarse en mi modo de actuar.
Había un chaval, Jorge, que me resultaba muy atractivo. En cuanto me vio llegar se presentó y se sentó a mi lado, y estuvimos toda la tarde tonteando. Era moreno, alto, los ojos verdes y con un culo que cortaba el aliento, además de ser el que más asignaturas había aprobado de todos los que estábamos allí. Según estábamos hablando, sentía cómo se iba acercando más hacia mí, y notaba cómo se me comía con los ojos. No sé si sería el alcohol o la atención de aquel muchacho, pero a mí me estaban saliendo unos coloretes que para qué.
En determinado momento, llegué al punto en el que no podía beber ni una gota más. Sentía un mareo tremendo, y estaba empezando a perder el control, así que me despedí de la gente no quería desinhibirme más delante de aquellos extraños que serían durante todo el año mis compañeros. Entonces fue cuando Jorge se levantó y se vino detrás de mí.
Oye, Nerea, ¿Te importaría que te acompañase? Vas demasiado pedo como para encontrar tu casa sin conocerte el barrio.
Naturalmente, le dije que sí.
Y… ¿dónde vives?
En los apartamentos estos,…-Conseguí balbucear.
Resultó que él también vivía en esos apartamentos. Aquello fue una sensación de euforia total para mí, ya conocía gente de clase, y además vecino…y con ese cuerpo…
Llegamos al edificio media hora más tarde. Yo estaba bastante borracha, y le había estado diciendo burradas al pobre chaval durante todo el camino. Nos metimos en el ascensor y le pedí perdón por haberme pasado, estaba tan borracha, lo sentía, de verdad…justo en ese momento se subió la señora de la limpieza con el carrito en el ascensor, y tuvimos que aplastarnos un poco. Fue entonces cuando noté que su polla estaba comenzando a hincharse, así que le miré a la cara con una sonrisilla pícara, y, tras notar que estaba poniéndose rojo como un tomate, le restregué discretamente mi culo contra su paquete. Aquello terminó de hincharse, ¡Menudo pollón!, pensé para mí… me estaba poniendo muy cachonda. Sólo una vez había hecho algo más que masturbar a un chico, se la había comido, pero estaba segura de que eso iba a cambiar sin demasiada tardanza.
Por fin llegamos al piso. Cogí a Jorge de la mano y le arrastré por los pasillos, mientras él no oponía ninguna resistencia. Llegamos a mi apartamento, le metí dentro y cerré la puerta. Él se quedó en medio del salón con cara de asombro y una erección tremenda. Me acerqué lentamente, contoneándome, el alcohol me había desinhibido totalmente y pasándole la mano por la nuca, le besé rápidamente en los labios. Me fui a separar, y él me besó profundamente, mientras con una mano me agarraba fuerte de las nalgas y me empujaba contra él, haciéndome sentir su polla dura como una roca bajo sus pantalones. Me retiré de él y le comencé a desnudar, tenía unas ganas locas de sentir la polla que había sentido a través de su ropa metida en mi cuerpo.
Una vez le tuve desnudo del todo, le tiré en mi cama. Era todo un espectáculo verle empalmado esperándome tumbado...
¿Qué quieres que te haga?-, pregunté – hoy quiero que lo pases bien.
Cómemela, por favor, Nerea… - respondió agitado.
Ni corta ni perezosa, me senté a su lado y cogí su pene. Lamí con la punta de la lengua toda su longitud, me detuve en su glande y lo rodeé con mi lengua, buscando el frenillo y así le torturé unos instantes, hasta que ni él ni yo aguantábamos más y me la metí entera en la boca. Aquello era increíble, me llegaba hasta la campanilla y aún no me había entrado entera. Comencé un lento sube y baja, apretando con los labios, succionando, chupando, lubricando, y sin darme cuenta fui subiendo el ritmo de mi mamada a la vez que iba subiendo el ritmo de su respiración. Yo ya estaba encharcadita, mi coño estaba totalmente mojado, cuando noté uno de sus dedos tratando de entrar por mi virginal orificio.
Jorge, niño, mira a ver, que soy virgen.- Le dije, parando.
Tranquila Nerea que a eso si quieres le pongo remedio.- Me contestó.
Seguí mamándosela cada vez a un ritmo más salvaje, mientras sentía cómo primero un dedo, luego dos y luego tres iban abriéndose paso por mi coñito, que ya estaba deseando tener un buen pedazo de carne dentro.
De repente paré, y me quedé mirándole a los ojos. Me di la vuelta y me coloqué sobre él, con su cabeza entre mis piernas, y su polla en mi boca. Entonces sentí su lengua ávida moviéndose en mi coñito, buscando mi clítoris y afanándose en chuparlo cada vez más rápido, lamiendo toda mi rajita, introduciéndose en mi vagina… tuve un orgasmo intenso y maravilloso, y le llené toda la cara con mis jugos al notar esto, él no se pudo controlar y se corrió en mi boca llenándomela de una considerable cantidad de semen que no pude tragarme entera y que resbaló por entre mis labios. Me desplacé a un lado, me coloqué en su posición y le di un beso apasionado, de esos en los que parece que hay más que lenguas, labios y saliva, notando cómo a pesar de la inmensa corrida, no iba a tardar demasiado en empalmarse de nuevo.
Quedamos tumbados de lado, en posición casi fetal, él abrazándome por detrás mientras yo sentía su polla calentita en mis nalgas… Noté cómo comenzaba a recorrerme la espalda a besos, me encanta que me hagan eso… sentía cómo me iban recorriendo estremecimientos de placer mientras se me aceleraba la respiración,… y cuando le rocé un poco, pude comprobar que tenía la polla como si fuera de madera otra vez. Se la cogí con la mano y comencé a masturbarle, pero él me puso a cuatro patas y comenzó a rozar mi conejito con su polla… me estaba desbocando, necesitaba sentirla dentro, pero… el miedo es libre, y yo era virgen. Jorge intentó metérmela, pero aquello era imposible estaba totalmente cerrada, y, ante el temor de que me doliera, le pedí que parase.
Por favor, Nerea, por favor… déjame sólo una vez. Sólo una vez… - Dijo, con la respiración agitada.
Comenzó a empujar, despacito, suavemente yo me iba relajando por momentos, y comencé a disfrutar al sentir cómo ese pedazo de polla iba introduciéndose milímetro a milímetro en mí,… sin encontrar ningún obstáculo, extraño, sí, pero cierto. Cuando por fin consiguió enterrarla hasta los huevos, la sacó, y la volvió a meter algo más rápido. Aumentaba progresivamente el ritmo de sus embestidas, me estaba volviendo loca de placer, necesitaba más… Llegó un punto en el que el ritmo se hizo frenético, un metesaca infernalmente gustoso… me sobrevino un orgasmo tremendamente placentero sin ni siquiera poderlo evitar.
Entonces la sacó, yo estaba reventada, pero él seguía con ganas. Noté su glande en mi ano, empujando suavemente… me repugnaba la idea, pero lo estaba sintiendo con un placer inimaginable, así que le dejé hacer. Enterró todo su aparato en mi ano sin demasiada dificultad, me ardía el culo, pero se sentía tan rico… comencé a moverme suavemente, sintiendo esa sensación tan extrañamente placentera, y tocándome el clítoris yo sola, mientras oía agitarse de nuevo la respiración de aquel chaval que me estaba llevando a la gloria. Cada vez íbamos más rápido, plas-plas-plas-plas-plas… Sentía sus huevos chocar contra mi culo y eso me estaba poniendo a mil, pero, de repente, noté cómo Jorge paraba y su leche comenzaba a inundar mi culo…aquello me encantó y volví a tener un orgasmo brutal mientras me la sacaba despacito, medio flácida, recién ordeñada. Se quedó dormido a mi lado tras darme un beso.
Así comencé mi universidad… espero poder contaros más experiencias como ésta y que os haya gustado mi primer relato.
Un beso a todos los lectores.