Inicio | Favoritos | Contacto
 
Recuperar Contraseña REGISTRARSE



Ranking de Autores
sexofotos España
131 -62
bangabandu C.Verde
23 0
gali Mexico
15 0
48peter Argentina
12 0
chantajista Mexico
11 -1



Amor-Filial Masturbacion Confesiones Dominacion Fantasias Gays Hetero Intercambios Lesbicos No-Consentido Orgias Sadomaso Maduras Cibersexo Voyeur

Como llegue a hacerlo con mi hermano


Mi hermano y yo siempre hemos tenido una relación muy cordial. Muchas de mis amigas venían siempre contándome lo estúpidas que eran sus hermanas mayores, lo repelentes que eran sus hermanitos, o que habían discutido con ellos por cualquier tontería. A mí con Javi nunca me pasó eso.

Él nació cuando yo tenía tres años, y aunque sea difícil de creer, nunca sentí celos de él. Quizá fue porque mis padres supieron demostrarnos el mismo cariño a los dos, pero yo desde el principio le vi como un muñeco de juguete más al que cuidar y hacer mimos. Con el tiempo fuimos creciendo, y nuestra relación se hizo más profunda. Tampoco había mucho que contarnos cuando éramos pequeños, pero solíamos charlar un buen rato por las tardes para contarnos como nos había ido en el cole. Empezamos a contarnos cosas que............... no nos atrevíamos a contar a nuestros padres, forjando una amistad que nunca hemos perdido. Si alguna vez alguien me ofendía, Javi acudía para tratar de defenderme, y si era al revés, yo hacía lo mismo.

Con el tiempo fuimos creciendo, y al llegar yo a la pubertad nos distanciamos parcialmente, sin perder nuestra buena amistad pero siendo un poco más reservados. Yo al menos había dejado de contarle a Javi mis cosas más íntimas: mi primera regla, mis primeros besos inocentes con chicos de clase, y en general, todas esas cosas que van implícitas con la adolescencia y que él era demasiado niño para comprender. Él, puede que en parte por mis reticencias a confiarle mis secretos, también dejó de desahogarse conmigo, y salvo lo más importante, apenas conocía ya con quien se movía, sus inquietudes, que hacía cuando salía de casa...

Poco después de que Javi cumpliera los trece, descubrí algo que me hizo ver definitivamente lo poco que conocía a mi hermano. Nos seguíamos llevando perfectamente, y gracias a eso, nos habíamos repartido las tareas de casa que papá y mamá delegaban en nosotros. Yo me encargaba de la plancha, la cocina y de la lavadora, y él se encargaba de poner la mesa, hacer las camas y limpiar el polvo de nuestras habitaciones. Habíamos acordado hacerlo así puesto que yo tengo un poco de alergia al polvo, y a Javi se le quemaban constantemente las comidas y la ropa que planchaba.

Una tarde que Javi había salido, me dispuse a hacer la colada con bastante desgana. El cesto de mimbre donde echábamos la ropa sucia estaba hasta arriba, así que tendría que pasarme un buen rato separando ropa blanca y de color antes de poner la lavadora. Casi estaba terminando cuando reparé en algo extraño en uno de mis tangas. Una extraña mancha blanca cubría un buen trozo de la parte delantera. Estaba claro que mis fluidos no eran, puesto que estaban en su mayoría por la zona exterior, pero desconocía por completo que podía ser. No le di mayor importancia hasta que días después descubrí otra mancha similar en unas braguitas que apenas había llevado un rato puestas. No quería sospechar de Javi, pero pocas opciones más había.

Así, decidí espiarle para ver si en verdad esas manchas eran culpa suya. Muchas tardes se encerraba en su dormitorio con la puerta casi cerrada, y empecé a observarle tras ella para ver si hacía algo raro. Las primeras semanas no obtuve nada, o bien estudiaba o bien jugaba a la videoconsola, pero las manchas seguían apareciendo. Así no iba a conseguir nada, así que traté de dejarle mi ropa interior usada a mano para poder descubrirle con mayor facilidad. Solía dejarme los tangas en el baño después de ducharme, a la espera de que él los encontrara. Aún así tampoco llegué a pillarle. Tenía que ser aún más directa.

Una mañana, aprovechando que yo había salido una hora antes que él de clase, dejé una de mis braguitas usadas en la silla de su habitación. Si él me preguntaba algo, podría fingir que se me habían caído por el camino mientras recogía la ropa sucia suya y mía para llevarla a lavar. Cuando llegó a casa y se metió en su cuarto, decidí espiarle una vez más. Esta vez hubo suerte, por fin. Se desvistió para quitarse el uniforme del colegio, y no tardó en descubrir mi lencería. Estaba desconcertado por haber encontrado eso precisamente allí, pero no se cortó un pelo y se puso a masturbarse mientras las olía.

Yo por supuesto dejé de mirar, ya no porque me descubriera, sino porque era algo asqueroso, mi hermano tocándose como cualquier niñato salido. Estaba claro que yo le atraía sexualmente, pero yo no sabía muy bien que hacer para no dar pie a sus deseos. Empecé a tener más cuidado con mi ropa interior, pero solía seguir apareciendo con manchas. Dejé de espiarle, pues ya tenía la prueba que quería, pero ahora no podía evitar sentirme observada por él cuando me desvestía en mi cuarto, o incluso cuando estaba en la ducha. Javi estaba obsesionado conmigo, y yo tenía que hacer que dejara de pensar en mí y se buscara a otras chicas de su edad.

Tras varias semanas de angustia, dándole vueltas a como hacerle ver que lo que hacía estaba mal, comprendí que lo mejor era dejarle que satisficiera su necesidad y así me dejara en paz. Era una locura, y por supuesto a mí no me excitaba para nada la idea, pero era lo mejor para Javi. Le quiero mucho y no podía dejar que se obsesionara definitivamente conmigo.

Me costó muchísimo encontrar el momento, pero finalmente lo he encontrado. Mis padres han salido esta mañana a comprar, y me han dicho que tardarían en volver porque luego iban a ver a un pariente de mi madre o algo así. Javi aún dormía, pero yo llevaba levantada desde que mis padres se habían ido. Desayuné algo rápido, y volví a mi habitación para reflexionar una vez más sobre lo que iba a hacer. Me convencí a mi misma de que era lo mejor para los dos, que él dejaría de espiarme y yo de sentirme espiada. Éramos hermanos y no estaba bien, pero también lo eran los faraones egipcios, o Calígula y sus hermanas, o Lucrecia y César Borgia y no había pasado nada. Lo importante es que yo lo hacía por ayudarle a él, no porque a mí me apeteciera hacerlo.

Me metí silenciosamente en el dormitorio de Javi, y comencé a besarle la cara tratando de despertarlo. Tardé en conseguirlo, pues estaba profundamente dormido, pero enseguida noté que sus calzoncillos se habían abultado considerablemente. No había duda de que yo le atraía sexualmente. Sin decirle nada para no asustarle, empecé a palpar su pene, comprobando que mi hermano pequeño ya no era un niño, sino que la tenía como un adulto. Javi puso cara de no saber lo que estaba pasando, por fin su sueño se iba a hacer realidad.

Me desvestí, él seguía sin saber que hacer. Le desnudé a él, y poco a poco fue aprovechando la oportunidad que yo le daba. Me senté a su lado y comenzó a acariciar mi cuerpo muy tímidamente, mientras yo tocaba el suyo con mucho pudor. Yo no quería hacer aquello, pero no había tenido otra opción. Besé sus labios con un beso más de hermana que otra cosa, pero él lo correspondió de una forma muy efusiva. Debo reconocer, siendo sincera, que me excité en parte con sus besos, pero fue porque nunca había besado a un chico y cerré los ojos y pensé en un chico que conocía.

Javi no podía saber hasta donde estaba yo dispuesta a llegar, así que fui yo quien se colocó sobre él para hacer el amor. Me sentí mal por hacer algo así, pero si quería que Javi se olvidara de mi no había otra forma que aquella. Su pene entró en mí haciéndome algo de daño, pues yo no estaba lo suficientemente excitada y además era mi primera vez. Por suerte no sangré, y pudimos hacerlo con más normalidad.

Al principio era yo quien marcaba el ritmo, pues se notaba que Javi era inexperto, pero al cabo de un rato me pidió que cambiáramos de postura, que me pusiera yo debajo. Yo estaba cansada ya de estar arriba, porque era todo el rato igual y yo no sentía nada de placer, pero como él sí, le dejé que lo hiciera él. Se notaba que no lo había hecho nunca, porque hasta que no coges práctica está todo el tiempo saliéndose, y eso es lo que le pasaba a él.

Por suerte ha tardado pocos minutos en correrse, y no he tenido que estar mucho tiempo desnuda delante de él, pues me daba vergüenza que me viera. Me sentía muy rara después de lo que había hecho, era por su bien, pero es mi hermano pequeño y no está bien lo que le he dejado hacer. No le he dicho que iba a ser sólo una vez todavía, pero no creo que haga falta, ahora que ha conseguido lo quería no tardará en olvidar su obsesión conmigo. Hay que entenderlo, es un adolescente con las hormonas alteradas, y su cuerpo no sabe distinguir muy bien lo correcto y lo incorrecto.



Para votar y poner comentarios de los relatos debes estar registrado


Registrate Aqui!
romantico
buena la historia
Páginas amigas
Sexo En España
Muy Zorritas
Jovencitas Indecentes
Relatos Eroticos
Jovencitas Follando
Jovencitas Putas
Fotos De Sexo
Sin Sujetador
Tangas Y Culos
Contactos Gratis
Relatos

Top relatos
Simplemente tu tia

Primera Infidelidad

me cogi A MI CUÑADA Y A SU hermana

La novia de mi amigo es una puta

Sonia cumple las fantasías sexuales de su hijo

De hijo a amante

Madre solo hay una

MI SOBRINA, LA SEDUCTORA

Mari Carmen una madre muy ardiente

Mi primera infidelidad. parte 1

Más webs amigas
Tangas De Pita
Sexo Xxx


Añade tu Web
Copyright © RelatosEroticos.biz | Inicio | Contacto | Registro | Enviar relato | Información Legal