Siempre lo había imaginado, pero nunca me atreví a decírselo a alguien, tal vez por pena o tal vez por temor a que se volviera realidad...tenía tantas ganas de ser la sumisa................... Todo comenzó cuando casi por error conocí a Alex, un hombre joven, tez blanca, cuerpo atlético, en fin lo que cualquiera podría desear. Rápidamente nuestra relación amistosa se tornó sexual: nos citábamos para ir a hacer el amor como locos en alguna parte y luego cada quien a su casa.
El sexo era maravilloso y también su enorme pene pero yo aún quería algo más. Supongo que lo intuyó porque una vez me dijo \"mañana nos veremos a esta misma hora pero quiero que tengas ese coñito bien depilado\", me dio una nalgadita y se fue.
Claro que lo hice, no podía esperar más, estaba tan húmeda... Cuando llegó y entramos a la habitación lo primero que hizo fue entregarme una bolsa y pedirme que me pusiera lo que había dentro. La tomé y me dirigí a la otra habitación para cambiarme sin que me viera. Era una tanga diminuta, sólo eso.
Salí más exitada dispuesta a arrancarle la ropa pero no me dejó, con una sonrisa lujuriosa me enseñó un par de pequeñas pinzas con unas piedritas colgando. Se acercó y comenzó a lamer y morder mis pezones hasta dejarlos bien duros, después tomó el par de pinzas y puso una en cada pezón regulando la presión sobre ellos. La sensación era dolor combinado con un placer que no conocía. Ya quería que me penetrara pero aún seguía con ropa.
- No quiero que hables si no te lo pido y harás sólo lo que te ordene. Sólo podrás decirme amo o señor, entendido?
- Sí, mi amo.
- Te gusta zorra?
- Mucho, amo, ya quiero que me penetres.
- Sólo te pregunté si te gustaba, no loque querías. Creo que tendré que castigarte por desobedecerme.
Se acercó más y puso más presión en las pinzas que tenía en los pezones, después me puso a cuatro patas en la cama y me dio primero una nalgada leve me empezaba a gustar. Después sacó de otra bolsa una raqueta de ping pong y comenzó a nalguearme con ella una y otra vez mientras mis nalgas se enrojecían y yo me ponía más cachonda cada vez.
Aún no había terminado mi castigo, se quitó la ropa y me ordenó que mamara su pene el cual ya estaba completamente erecto. Podía sentir cuánto le gustaba lo que le hacía y la forma en que me tenía sometida. Gemía de placer cada vez que pasaba mi lengua por su pene y los testículos mientras él manoseaba mis pechos.
- Terminó tu castigo. Regresa mañana.
Llegué a la cita, ya me estaba esperando con otra bolsa en la mano. Esta vez sinmás preámbulos se fue directamente a mi vajina y comenzó a cojerme con tal fuerza que yo estuve apunto de llegar a un orgasmo, pero justo en ese momento paró, así nada más.
- Todavía no te voy a dejar llegar, primero voy yo y si lo haces bien tal vez tú.
- Sí mi señor.
De nuevo se corrió en mi boca. Me levantó y de nuevo me propinó una serie de nalgadas mientras me retorcía de dolor y de placer. Después comenzó a frotar mi clítoris mientras pelliscaba mis pezones otra vez se detuvo.
-Ahora quiero que te empieces a masturbar con esto -lo dijo mientras sacaba un dildo de la bolsa- y si no me gusta te voy a castigar.
Me comencé a masturbar con el dildo, pasándolo por mi clítoris y metiéndolo una y otra vez a mi vagina húmeda hasta alcanzar el orgasmo.
-No me gustó, te castigaré.
-Pero...
-No debes hablar si no te lo pido ahora tu castigo será más grande.....