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Buena suerte en el juego... (10)


-¿Alo?

-Alo, ¿señorita Juliette?

-Señora Martin, ¿cómo están usted y su esposo?

-Muy bien, gracias. Disculpe que la llame tan tarde. Queríamos saber cómo se encuentra Kyle. ¿Ya despertó?

-No, aún no. Criss dijo que lo haría maña a alguna hora de la mañana, tal vez cerca del mediodía, cuando los sedantes pierdan ............... del todo su efecto. No se preocupe, ¿sabe? Está recuperando el hermoso color de su piel y con Joe lo dejamos durmiendo como un angelito antes de que se fuera hace un rato. Apenas despierte le diré que la llame.

-Gracias… por todo.

Juliette dio una última vuelta por la terraza antes de ir a acostarse. La luna bañaba suavemente con su luz la playa y la casa. Miró por la ventana del cuarto de Kyle, más tranquila de ver como dormía con una sonrisa en los labios. La luz que se colaba dentro no llegaba a tocarlo, como si temiera perturbar su sueño. Criss le había dicho que aunque había descuidado bastante su salud, no debían temer. Con descanso y una buena alimentación, su querido Kyle se pondría perfectamente bien y podría durar muchísimo tiempo. No tenía palabras para expresar el alivio y la felicidad que sentía y todos los esfuerzos y \"trámites\" que había tenido que hacer y cosas que había tenido que decir valían la pena con tal de que él se recuperara, con mayor razón pudiendo estar a su lado.

-Buenas noches, mi amor.

La noche se le hizo sumamente corta. Estaba claro que no sólo Kyle necesitaba un buen descanso, pero no había despertado por casualidad. Había sentido ruidos por el pasillo. Tal vez Goliath, su enorme gran danés negro que los había acompañado quería salir al jardín. Se levantó, se puso la bata y salió al pasillo, viendo que la puerta de entrada estaba abierta.

-Goliath, ¿dónde estás, perrito?

Los ladridos del perro resonaban en el pórtico. Al salir se quedó sorprendida, porque sentado junto al perro estaba Kyle, a quien Goliath le lamía la mano.

-Kyle,- el se volteó, muy sorprendido de verla- ¡despertaste!

-Señorita Juliette, ¿qué sucede? ¿Dónde estamos?

-Has venido de vacaciones a mi casa de la playa a descansar. Sabía que estabas trabajando demasiado y comiendo mal, pero no pensé que fuera tanto como para ponerte así de enfermo. Nos diste un buen susto, ¿sabes? Sobre todo a tus abuelos que se lo pasaron muy mal todos estos días.

-¿Cómo sabe que mis abuelos…?

-Fuimos a tu casa con Joe para saber si estabas bien cuando no te presentaste a dar tu examen de literatura el Martes. Tenías mucha fiebre, incluso delirabas y temblabas como una hoja al viento. Sabía que tendrías una buena razón para no haberte presentado al examen y con lo del Sábado… pero nunca pensé que estarías así, temí muchísimo por ti.

-Me imagino que debo haber estado bastante mal, sin embargo esa no fue la única razón para no ir, ya lo había decidido… me siento muy avergonzado. Lo que más quería era que no supiera de mi trabajo en el casino.

-Pero Kyle, eso…

-Gracias.

-¿Por qué?

-Nunca había estado tan cerca de perder. No tenía que mentir por mí, desperdició mucho dinero…

Kyle la veía con una extraña mezcla de emociones asomando a sus pupilas doradas. Juliette sintió que si no dejaba de verla, si no podía apartar su mirada de la de él, se perdería irremediablemente en aquel bellísimo ocaso de sol encerrado en sus ojos.

-Yo, bueno… ¡Kyle, te quitaste el suero! Ven, debes permanecer en cama y recibir suero por toda esta semana.

-¿Esta semana? No, yo debo volver a trabajar. No puedo dejar sin ese dinero a mis abuelos.

-Tranquilo, tu jefe accedió a darte un mes de vacaciones sin quitarte tu sueldo. Dijo que lo importante era que te recuperaras bien, que te lo merecías y que volvieras como nuevo al trabajo. Quiere tenerte bien cuidado porque significas muchas ganancias, ya sabes, nunca has perdido. Yo me encargué de que tus abuelos ya recibieran el dinero y tú pasarás un mes aquí o en cualquier lugar que tú quieras, preocupado sólo de relajarte y reponerte. Criss, el médico que te atendió lo recomendó y yo le pregunté si te vendría bien la playa, así que…

-¿Por qué?

-¿Cómo por qué? No te entiendo.

-¿Por qué se preocupa por mí y siempre está ayudándome? No soy nadie…

-No digas eso. Eres un gran hombre, responsable y trabajador y tienes muchísimo talento. Además quiero que des tus exámenes a vuelta de vacaciones para que puedas graduarte. Tus abuelos me contaron que querías postular a una beca en la universidad y todo eso…

El se puso de pié frente a ella, sintiendo el roce de la piel desnuda de su brazo contra la suya. Nunca habían estado parados tan cerca uno del otro y hasta entonces no había dimensionado bien lo alto que él era, teniendo que ver bastante hacia arriba para encontrarse con su mirada. Podía sentir que en ese mismo momento Kyle la tomaría entre sus brazos y la besaría, pero él permaneció quieto, demorando el momento tanto como ella no se atrevía a ser quien lo apurara. La fresca brisa de la mañana costera revolvía su cabello haciéndolo parecer aún más guapo, con esos ojos increíbles y rasgos varoniles, pero con algo que no podía definir con precisión en ellos. Algo de niño.

-Señorita Juliette, tengo algo que decirle…- aquel era el momento. Temblaba de pies a cabeza y sentía el corazón desbocado, latiendo casi en su garganta. Kyle la veía a los ojos sin hacer el más mínimo movimiento, provocando que se sintiera incapaz de emitir siquiera el más leve sonido- Veo que no dirá nada para hacérmelo más fácil, ¿no?

-Pero, no entiendo…

-Vamos.- él la tomó de la mano y abrió con la otra la puerta- Veamos eso que dice del suero. Para… lo otro tal vez no sea el momento apropiado.

Entraron y Juliette lo condujo de vuelta a su habitación. Kyle se sentó sobre la cama, viendo como ella preparaba el suero en el gancho y cambiaba la aguja. No le sorprendió al mirar de reojo que él pareciera algo asustado. Los hombres no solían ser muy valientes ante la posibilidad del dolor físico y la inserción de aquella filosa punta metálica no era precisamente un paseo por el campo. Lamentaba tener que provocarle dolor, pero ambos sabían que era por su bien.

-Sólo será un segundo. Piensa en algo agradable y si no miras, mejor, ¿de acuerdo?- Kyle mantuvo los ojos cerrados hasta que Juliette conectó la manguera del suero y giró la perilla de paso- ¿Dolió mucho?

-Casi nada. Seguí su consejo y pensé en algo mucho más agradable…

-¿Y podría saber en qué?

-No, no puede… tal vez después se lo diga.

-Está bien, señor misterioso. ¡Casi lo olvido! Le prometí a tu abuela que la llamarías en cuanto despertaras.

-En casa no hay teléfono.

-Ya lo sé, pero les dejé un celular para que puedas hablar con ellos cuando quieras y que también puedan llamarte. Este es para ti. En el uno está automático el número de tu casa y en el 2 tienes el mío.

-Gracias…

Ella salió para que él pudiera hablar tranquilo a solas. Los Martin estaban convencidos sobre lo de las vacaciones con sueldo, al igual que Kyle, así que no habría ningún problema.

-Alo, ¿Tata? Sí, estoy muy bien…



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