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Asi fue mi masturbacion pensandote


No he dejado en pensar en ti ni un segundo. Cuando tú te desconectaste y fuiste a tu dormitorio, tan lejos de mi presencia, te viniste a mi cama aunque nos separaba un océano y allí en mi soledad, estabas tú con toda esa luz que ilumina todas mis sensaciones, mis ganas de sentirme vivo y mis ya necesidades continuas de fundirme en ti.

Cuando llegué a mi cama, ya desnudo y tan acalorado que las sábanas me molestaban, quedé encima de ellas. Cerrando los ojos volví a verte en ese esplendor tan maravilloso que tienes cuando tu rostro está excitado, y llenó mi cuerpo........... de tantas ganas por ti que al llevar mis manos a mi polla, que estaba llena de esa sensación de excitación, experimentaba ríos que corrían por todo mi cuerpo inundando todos mis sentidos.

Con cada caricia que propiciaba a mi pene, percibía cómo tu mano me acariciaba, buscando todas aquellas zonas erógenas que sabías me harían estremecer, y experimentando en todo mi cuerpo para encontrar todo lugar donde tus roces me provocaran la sensación de querer entregarme a ti.

Seguía acariciando mi pene y seguía sintiéndote. Ahora con tu lengua que húmeda y caliente, recorrías cada centímetro de mi piel, regodeándote donde notabas que la estimulación era mayor. Así tu boca buscó mi boca y absorbías mi lengua. De esa manera en mi cuello transitabas su longitud mojándolo y adulándome además con tu aliento. Tomabas mis oídos y te introducías en ellos a la vez que mordías mis lóbulos.

No dejabas de acariciarme todo el cuerpo mientras mi mano manipulaba mi polla, mientras que con tu boca, lengua, labios seguías recorriendo mi entidad.

Seguías bajando poro a poro mi cuerpo. Sabes que me gusta la lentitud y que me abruma apreciarte en cada movimiento, por lo que mis ojos cerrados podían verte en cada uno de tus quehaceres para elevar mi sensibilidad a niveles que me indujeran a romper en éxtasis.

Cuando llegaste a mis pezones, pequeños pero erectos al ser manipulados con tanta suavidad por tus labios y masajeados por tu lengua, que incluso al sentir la presión de tus dientes al querer poseerlos, mi cuerpo se movía rítmicamente gritándote en su silencio que quería que siguieras caminando por mi pecho que también está lleno de la misma sensibilidad que asume el tuyo.

Poco a poco llegaste a mi falo y dándole besitos a todo lo largo de su rigidez, pudiste comprobar que estaba con tanta sensibilidad que cuando introdujiste el glande en tu boca, sentiste cómo me estremecía y lo succionaste con tanto amor que sentía cómo las puertas del goce se disponían a abrir todas sus cerraduras para dejarme entrar.

Aunque tú me pediste que no te estimulara porque estabas muy caliente y querías ser tú la que me hicieras llegar a todos los extremos del goce, necesitaba tener mucho más contacto contigo y según me acariciabas, me besabas, me lamías, te frotabas piel con piel, yo, con mis manos y mi boca te tomaba donde podía llegar, por lo que cuando tu boca tragaba mi verga, que se pronunciaba con cada escarceo.

Te pedí que te pusieras encima, con tu vulva frente a mis ojos y mi boca, y así sentirte con más profundidad, mientras proyectabas tu fuego, al recorrerme con ese deseo tan ardiente que manaba en cada gesto que me proporcionabas.

Fue sentir cerca tu vagina y las sensaciones se pronunciaron con tanta amplitud, que ver cómo estaba humedecido tu hueco vaginal, sentir el olor tan característico de tu flujo que manaba, gozar del sabor al llenar mi boca de esa fluidez de la que nunca me canso de saborear y sentir el tacto de tus paredes que palpitaban al notar que te acariciaba, todo mi cuerpo se ensalzó en una promulgada expansión de toda mi

Todo esto recorría mi mente. Mi mano acariciaba mi polla rítmicamente y sin forzar la salida del semen, pensándote, viviéndote en mi sueño despierto, recordándote, queriéndote, gozándote, deseándote, me masturbaba pero con esa sensación de no estar solo en mi intimidad y que con cada movimiento de mi mano sobre mi sexo, era transportarme en viaje astral hasta tu habitación donde los dos haríamos el amor.

Y sigue esa sensación. Sigo sintiendo como me encaminas al orgasmo a la vez que tú te dejas llevar por mis caricias que te llegan mientras tú me las haces para culminar.

Es tanta la excitación que tenemos, tanto lo que hemos jugado con nuestros cuerpos, tanto lo que hemos avivado en cada segundo, que el órgano más fuerte de nosotros, el cerebro, está tan lleno de pasión cada vez más incontrolada, que te llevó a subirte encima de mí, introduciendo mi polla en tu interior donde el calor hizo hervir todo mi interior y con movimientos que buscabas para que tu clítoris fuera arrullado, estuvimos bailando al son de la música de la fogosidad, hasta que sin poder evitarlo, te corriste sintiéndote convulsionada, transportada, donde tus gemidos saciaban el resto de mis ansias por ti. Fue entonces cuando mi semen corrió hacia tu vagina llenándote toda ella y mezclándose con tu flujo que inundaba tu interior.

En ese momento mi mano agitó con premura mi pene y llegando al éxtasis, a la vez que en mi pensamiento, toda la leche que fluyó se esparció a lo largo de mi cuerpo con el reflejo de mi pensamiento al sentir ese orgasmo tan fuerte, siendo realmente tú y no mi mano la que me llevó a tal satisfacción.

Cuando mi corazón dejo de palpitar como bomba a presión, no solo me quedó el regusto del orgasmo tan intenso que había tenido, sino que en mi mente aún quedaban fijas imágenes que me envolvían de ese momento tan entregado, sobre todo, del gesto, la expresión, esa imagen de tu cara que es tan bella cuando estás excitada y que se eleva a la máxima potencia, cuando tu vagina reacciona y no puede ya controlar el gozo en tu ansiada explosión.

Esa fue mi masturbación después de haber estado juntos en la distancia. Después de habernos sentido deseosos con nuestra característica necesidad de insinuación y provocación. Esa fue mi masturbación que me indujo a no dejar que te alejaras y de una manera tan especial me entregaba a ti porque tú eres ya mi necesidad, mi deseo y mi gran ilusión.



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