Poco a poco este almacén se va aclarando. Puedo adivinar que el día está próximo de llegar. Nada, apenas pude dormir de este postura, y es que la jaula es muy pequeña, y solo me permite agazaparme a los lados.
Desde el almacén se pueden oír pasos del personal del club, posiblemente dirigiendo algunos esclavos a la tarea de limpieza. Recuerdo la charla de Lorena al principio, sobretodo en la entrevista, en............. la que me hablaba sobre el Amazonas club....
El club es un complejo de apartamentos en la zona costera del sur de Gran Canaria. Desde afuera se ve casi amurallada, pero nada que ver con el OWK que muchos conocéis pillines!.
A pesar de las murallas, no da mucha impresión de castillo, mas bien desde afuera es muy discreto.
La entrada es solo por vehículos, vigilado por seguritas femeninas de una empresa externa que nada tienen que ver con el club. Esta empresa conoce el acometido del club, y les aporta vigilantes femeninas que solo están para vigilar las localidades y los pasos por vehículos para llevar un control. Cuando entras te vez envuelto en una vegetación exótica que apenas deja ver los apartamentos. Solo cuando llegas a los aparcamientos, vez la entrada amplia. Dentro ya se encuentra el personal de chicas que dirigen a los esclavos varones para cualquier labor. Los primerizos pasan una semana de enseñanza por la custodia de unas de las cuidadoras. Por suerte yo me la salté, gracias a que estuve al servicio de Laura en su casa.
Una vez que pasa esa semana de pruebas y modelos de conductas, ya eres oficialmente un esclavo del Amazonas. Todo el personal son tus dueñas, luego los clientes...
Los clientes son las mujeres que pasan sus vacaciones en los apartamentos. Por cada apartamento habitado tendrán siempre un esclavo. Un máximo de dos en caso de pagar una buena diferencia. Estas clientes a pesar de contar con un esclavo alquilado, también disponen de unas grandes piscinas, gimnasio, bar pub y mine golf. Lo normal de un complejo de apartamentos. Otra opción que tienen, es la de llevarse en alquiler a cualquier esclavo elegido de forma discreta, a su domicilio. Esto le trae muy buenos ingresos al club. La última opción, y mas complicada es la de comprar un esclavo. Esto se complica mas ya que hay que legalizar mucho papeleo. A parte de pagarse una gran cantidad de dinero al club, es compra debe ser legalizada con el consentimiento del esclavo por la ley, en la que el mismo pierde sus derechos constitucionales. Se trata de que la Dueña le permita tener un esclavo legalmente. Esto solo se puede hacer con un esclavo registrado en el club con mas de dos años.
En fin, soy consciente de que he dejado toda mi vida para hacer una fantasía eterna. La única posibilidad de salir de aquí, es ser expulsado. Si paso mas de tres meses en el club, hay un contrato que me obliga a cumplir, si no quiero pagar una gran indennisacion.
De todos modos, tal como me siento, después de una semana sin eyacular después de todas las torturas de excitación que he sufrido con Laura, en mi cabeza no cabe otra cosa, que la de salir de esta jaula y encontrarme con cualquier dama. Soy como un perro en su perrera. Deseoso de una dueña, que me haga sentir lo que me han hecho sentir esas dos hermanas.
Esta argolla en el pene, la mañana y pensar en mi situación, me tiene brutalmente erecto. No hago mas que mirar entre las rejas en dirección de donde oigo las risas de las supuestas cuidadoras.
Valla, derrepente se abre la puerta del almacén. Pronto todos los esclavos despiertos como yo, se incorporan a gatas. Yo también me incorporo y algo nervioso dejo la mirada perdida al vacío del pasillo. Noto como se acercan dos chicas risueñas del club. El uniforme del personal solo se rige con una blusa con las iniciales del club. No todas lo cumple, algunas solo llevan una tarjeta en el pecho como una de las dos. La otra si tiene la blusa del local puesta. Negra y con las iniciales de las letras blancas en la espalda. Enseguida las pude ver cuando pasan de largo por mi jaula. Una de ellas lleva por una correa al cuello un esclavo a gatas. Ambas llegan al final del pasillo e introduce al esclavo en una jaula como la mía. La Rubia de la tarjeta en pecho, busca un número grabado en las jaulas. Precisamente la mía. Abre mi jaula y me ordena a salir.
-Vamos nene, Me dice cariñosamente.
Yo le hago reverencia a su zapatilla, y se la beso una vez.
Su compañera termina de encerrar la jaula del esclavo que iba con ellas y pronto se acerca a nosotros.
Repito mi saludo y beso su zapatilla mas adelantada con mucho cuidado de no rozar el pie desnudo.
- Este es el esclavo que trajo Laura?. Dice la de la blusa.
- Si, este va estrenar en el apartamento 36, me temo. Dice la rubia, mientras ata una correa a mi collar.
No tardé en sentir el tirón de la rubia con la correa. Es el momento de seguirlas. Sin mediar palabra las sigo detrás y con la mirada entretenida en sus zapatillas, que por cada paso dejan ver su deliciosa planta. La rubia calza unas zapatillas marrones cerrado solo por los dedos. También va vestida con un vestido con colores hippies divertidos, ceñida por la cintura. El vestido le llega por las rodillas.
La morena aparte de la blusa corta, lleva unos pantalones vaqueros hasta un poco mas de las rodillas. Se deja ver los gemelos bien esculpidos y sus deliciosos tobillos dorados del sol y su pie calzado con unas zapatillas playeras de meter el dedo. Así me entretengo la vista hasta que llegamos a las piscina.
Es muy temprano, y no hay ninguna cliente. Pasamos de largo y a mi costado veo antes de entrar por unas escaleras, a la cuidadora Lidia fumándose un cigarrillo sentada sobre la mesa de un billar, y a sus pies hay un esclavo a gatas fregando el suelo con tan solo un paño y un cubo a su lado.
Pasamos de largo y sin detenerse mis dos cuidadoras, saludan a Lidia en la distancia. Subimos un par de escalones y nos postramos frente el ascensor.
No tarda nada en abrirse el ascensor y de una patadita de la morena me guía a entrar. Ambas llevaban todo el camino hablando de diversas cosas, y la verdad es que no puse mucho asunto. Y es que estoy contagiado de curiosidad de ver todo el club. Una vez dentro del ascensor veo como la rubia presiona el tres. Yo aún sigo atado a la correa que ella dirige, y casi no me preocupaba donde iba ir. Ya tenía deseos de salir de esa jaula.
Debido a la novedad de ser dirigido para alguna labor por las cuidadora, mi erección se controlaba por los nervios de recorrer lo desconocido. Solo cuando miro cabizbajo sus pies, mi erección vuelve. Y es que este aro testicular expone mas mi miembro, y al gatear rozo con los muslos. Y este juego de ser esclavo es toda una excitación. Bueno, ya no es un juego, es una realidad. Bendita realidad!
Se abre el ascensor y tirado Guasimara, (así es como la llama la morena), la sigo por un pasillo alfombrado de color rojo. Puedo adivinar que que me llevan a unas de las habitaciones que recorren el pasillo. Esta claro, habitación 36. Ahí nos detenemos y la morena tiene la llave cual pronto abre.
- Esclavo, esta es la habitación de tus nuevas dueñas. Ellas están aún en recepción, así que te colocarás de rodillas en el centro del salón con las manos en la nuca. Me dice Guasimara mientras entramos al apartamento.
Tal como Lorena me ha enseñado, me coloco en la posición de inspección, de rodillas con las piernas separadas y las manos en la nuca. Dunia, la morena, coge una flor del florero cerca de un mine bar en la cocina, y me la coloca entre los dientes.
- Perfecto. dice Dunia vacilando. Al mismo tiempo levanta su pie derecho y roza su zapatilla en mi miembro casi erecto. No tardé nada en completar mi erección.
- La verdad que no me extraña que no haya eyaculado con Lorena en una semana. Dice entre risa Guasimara.
- No se te ocurra moverte, ya cuando lleguen tus amas, ya ellas te dirán que hacer. Dice Dunia, después de darme suaves pataditas en el miembro.
Ambas se van y sierran la puerta.
Continuará....