Georgina sale del colegio en el uniforme de falda tableada y blusa blanca. Lleva dos coquetas coletas en el cabello castaño. A sus 15 años, con su cuerpo Georgina arranca suspiros en el colegio, con sus rosas labios llenos, sus facciones finas y sus curvas de mujer mayor. La noche que lleva la boleta de calificaciones, su papá la espera. No quiere que la acuse por los repruebes...................... Georgina, apesadumbrada, subió a la camioneta de su papá.
-Ya veo –amonestó él, analizando la boleta-... reprobaste tres materias.
La chica se estrujaba las manos, en tanto él golpeaba la boleta con un dedo.
-Química, Física y Matemáticas, las más sencillas. Eres una tonta.
-Son muy difíciles, papá –replicó ella-, no se me pega nada.
-En Educación Física te dieron excelente –se burló-. Ya sé como la apruebas, con los pantelones cortos seguro me muestras el culo al profesor.
-No, papá, no digas eso... no lo hago...
-¿Y repruebas tres aunque hago la tarea contigo?
-Cuando termino de leer, no sé qué leí, todo se me olvida.
-Vamos a casa –encendió el auto-, tu mamá te hará trizas.
-No, espera...
-Despídete de los permisos en tres meses.
El miedo a que su mamá la golpeara por reprobar la agobió.
-No, no me acuses, papá, por favor... me va a pegar de nuevo con el cinturón, no me acuses...
-Le diré en cuanto lleguemos.
Al punto del llanto, la chica le estrujó la pierna.
-¡Por favor, papá! –casi sollozaba- ¡No seas así!
-Va a tomar uno de mis cinturones hasta dejarte morada.
-¡Te lo estoy pidiendo, papá.
-Bastante hice con no recoger yo la boleta y avergonzarte delante de todos. ¿Quieres que volvamos al colegio!
-¡Eso sería terrible, no lo hagas!
-Y no contenta con eso me pides más –aceleró el vehículo-. Eso amerita que usted, jovencita, haga algo.
-¿Sí? –la ingenua chica vio una salida- ¡Dime qué, te lavo el auto, plancho!
-Eso no sirrve, ¿Qué harías si no le digo a tu mamá?
-¡No sé, lo que quieras!
-Hay una forma –dijo, tomando otra calle-, si lo haces, no te acuso que reprobaste.
-¡Cuál, dime!
-Súbete la falda –espetó dando un volantazo.
-¿Qué... cómo...? –Georgina empalideció.
-Lo que oíste. Súbete la falda y enséñame las piernas.
Tomándose la falda tableada, Georgina se la subió arriba de los muslos. El tipo observó sonriente las largas, curvadas y lisas piernas de Georgina.
-¿A... así?
-Más, hasta las bragas.
-¡Ay, papá!–reprochó remangándose más la falda, apenada- ¡me da tanta pena...!
Sin soltar el volante, con la otra mano él clavó los dedos en las desarropadas piernas, acariciándolas. Georgina tomó una nueva expresión, decidida a dejarse meter las manos con tal de que su papá no la acusara.
-Manoséame más –giró un poco hacia él, para facilitarle el sobeo-.
-Mh, cabrona...
-Agárrame de ahí –Georgina lo tomó del brazo, separando los muslos-. Hazlo, agárralo.
-Ah –el tipo llevó la mano entre los muslos de Georgina-... aquí está tu coño...
-¡Tócalo! ¡Así...!
-Mh... abres las piernas tú sola... quieres convencerme... oh, la luz roja –frenando, el tipo se le encimó, metiendo la mano bajo las bragas y cubriéndole el pubis vorazmente, plantándole un largo beso en la boca, provocando un gemido a Georgina-... mh, estás sabrosa...
Dejándose besar y separando las piernas con la mano bajo las pantaletas, la chica se apresuró a abrirle el cierre del pantalón. Metió una mano y la sacó, empuñando el dilatado miembro, recorrido de obesas venas. La suave mano de la chica apretó repetidamente la extensión, provocándole un gran placer, cumpliendo para él un deseo que tenía desde hace mucho.
-Continúa... así, no la sueltes... jálala, jálala... así... mh...
El semáforo les dio luz verde y él arrancó. Mirando el miembro con la barbilla en el hombro, obstinada, Georgina no soltaba la erección, con cara intranquila.
-Eso –indicó él-... mantén la verga apretada... más, así... dale apretones... rápido... eso... -estacionando la camioneta en una calle oscura.
-No le digas a mamá que reprobé... por favor, papá -Georgina lo masturbaba, viéndolo suplicante para convencerlo -... te hago pajas cuando quieras... e la jalo, pero no me acuses... por favor... te hago venir... no me acuses...
-Apriétala más, así –ordenó viendo por los vidrios polarizados, un buen escondite de noche-... jálala más rápido... así... aprieta y jala... eso –suspiró-... bien... te dejaré hacer algo más... mámame la verga.
-No, papá... no me pidas eso... –pidió temerosa, masturbándolo- Te la jalo, pero eso, no...
-Muy bien –él sacó su móvil-, llamaré a tu mamá ahora mismo.
-¡No, papá, espera! –sollozó- ¡Te la mamo, sí te la mamo...!
La cabeza de la chica se detuvo cuando metió la punta del miembro en su boca. Bajó más, hundiendo gran parte del miembro en la cálida y húmeda boca. Georgina gimoteó.
La chica sorbía fuertemente la erección para hacerlo eyacular cuando sonó el móvil. Temiendo quién era, Georgina chupó el miembro más rápido.
-Hable -respondió él-. Ah... ¡hola, querida!
-¡Mh! –gimiendo, Georgina oprimió la erección con los labios. Su cabeza subía y bajaba rápidamente.
-Sí, estoy esperando a tu hija –respondió él- ¿Qué cómo le fue de calificaciones?
Volteando a él pero sin verlo, Georgina le lamía la erección.
-No le digas... –susurro- te la sigo mamando, papá...no le digas...
-¡Te los vas a tomar! –tapó la bocina. Georgina asintió y él volvió- Te diré lo que tuvo de calificaciones.
-¡Mh...! -suspirando de aflicción, Georgina dio a la endurecida vara el chupetón más fuerte que pudo.
-No la voy a solapar –oyendo las exigencias de su esposa, el tipo sonrió. Desesperada por no recibir cintarazos en casa, Georgina le mamaba la verga. ¡Mhh, qué forma de mamar...! ¡La verdad es que lo hacía muy fuerte!
-Te llamo al rato –colgó- ¡Georgina... eres una puta! –rió falsamente sorpendido a la chica que le sorbía la punta del pene, tirando- Casi me convences... mh... ¿Quieres esto?
Le mostró la boleta de calificaciones con los REPROBADA en rojo y cuando Georgina iba a tomarla para ganarle, el apartó la boleta más rápidamente. Hizo bajar de nuevo a Georgina su miembro.
-¡Papá, eres un tramposo... mhh...!
-Así cabrona, mámala! -el tipo arrancó el auto hacia la avenida. Las coletas de Georgina se agitaban al succionar la gruesa erección.
-Casi me convences, pero te falta mucho para hacerme venir.
Llevó la camioneta al estacionamiento de un hotel. Subiendo las escaleras, puso una mano en las nalgas de Georgina, sobándolas circularmente.
-Ay, papá... hiciste que los señores de la recepción me vieran... –lo recrimnó- querías que se dieran cuenta... me exhibiste...
Entraron al cuarto. Una recamarera en el pasillo escuchó el quejido de Georgina cuando el tipo la besó de nuevo, agarrándole el pubis debajo de la falda.
Acostándola bocabajo, sin falda ni blusa, frotando el cuerpo semidesnudo de Georgina, le colocó una gran almohada bajo el vientre, levantándole las nalgas.
-Así es mejor... no te muevas –le bajó las pantaletas.
-Oh... qué me vas a hacer...
-No te muevas -el tipo le colocó el pulgar en el clítoris.
-Oh, oh -Georgina se estiró, alzando la cara. Las piernas le temblaron-, vas a hacerme eso otra vez, en mi...
El tipo hundió la cara entre las perfumadas nalgas, titilando el pequeño orificio trasero con la punta de la lengua. Las coletas de Georgina brincaron y soltó unos gemidos semejantes a berridos.
p align=justify -¡Ahh, ahh...! ¡Qué haces! ¡Ahh, ahh!
-No te habían lamido el coño –aseguró él, titilando el clítoris con la lengua.
-¡No, no! ¡Ahh! –el tipo la sujetó de las nalgas- ¡Nadie! ¡Ahh! ¡Me desmayo! ¡Ahh, vas a hacer que me desmaye...!
Georgina se removía con espasmos, aullando por los lametones en el clítoris.
-Ábrete más –ordenó él. Ella lo hizo y el tipo le encajó un dedo en el ano, revolviéndolo.
-¡Ahh, ahh...!
Goloso, el tipo aplicó la lengua en la vagina, pasándola completa por el clitoris y los encarnados labios, que se humedecían alarmentemente. El tipo lamía insertándole el índice en el ano. Temblorosa, Georgina arañaba las sabanas, enrojecida hasta las cejas.
-Uhh, uhh... qué haces... mh... tengo las piernas flojas...
La estimulación impuesta hizo efecto. El orgasmo asomó con brío en Georgina, que alzó las nalgas entregándolas al índice y a la lengua, agitándolas.
-¡Ohh, ooh... vas a hacer que lo tenga...! Me... me voy a... ahh... ¡Ahh...!
-Ajá –el tipo apretó el clítoris con la punta de la lengua.
Soltando un bramido, Georgina se corrió a ramalazos en la boca que la acariciaba, subiendo y bajando las nalgas con espasmos, colocando los fluidos de su orgasmo en la lengua del tipo, estimulada por el dedo incrustado en su ano.
-¡Ahh, ahh! –continuó atenazada por el orgasmo- ¡Ahh! ¡Me matas, papá, me matas! ¡Dios mío, me vuelvo loca... aah...!
Al terminar, roja hasta las orejas, Georgina jadeó agitadamente, medio desmayada. Los fluidos de su orgasmo forzado mojaban la almohada. También había saliva en la sábana.
El tipo colocó el miembro entre las apretadas nalgas.
-Qué más vas a hacerme –gimió ella-.. oh, pensé que ya... ay... oh...
-No puedo cogerte el coño –susurró-, es importante para tu carrera... jajá... ya pienso en ese tonto... te conseguiré un buen marido por ese coño... lo bueno es que... pon las rodillas en la cama.
Sudando, Georgina obedeció, mostrando más el trasero. Sólo llevaba las calcetas blancas y los zapatos negros del colegio.
-No quieres que te acuse, ¿cierto? –él metió la cabeza del pene entre las nalgas.
-¡No, papá, no! Oh, oh...
-Por el coño, no... pero tienes agujeros igual de ricos... ¿Te vas a portar bien, lo prometes?
-¡Lo prometo! –asintió ella, levantando más las nalgas- ¡Hazme lo que quieras!
-Así, quieta... ¡jmm!
El tipo dio un empujón largo en el ano de Georgina, que gritó cuando su recucido orificio se abrió con la entrada del grueso pene.
Con las nalgas alzadas, la chica escondía la cara en la otra almohada, lanzado quejidos ahogados conforme el miembro entraba en su ano.
La erección entraba y salía entre las redondas nalgas, proporcionando al tipo un enorme placer. La chica estaba apretada. El dolor la hacía juntar más las nalgas, dándole placer adicional sin querer. El tipo sentía el miembro en una funda estrecha que palpitaba, oprimiéndolo. Las nalgas le frotaban la erección.
-Así, páralas, páralas…
p align=justify -¡Mff, mff!
Tomándola de la cintura, el tipo removía a Georgina, que se quejaba y lamentaba. Las bien formadas posaderas rebotaban contra su pelvis, dejando ver y ocultando la erección alternadamente.
-Mh... paras bien el culo... déjate, así, así...
-Ayy, ayy... -las nalgas de Georgina saltaban por la penetración. Con la barbilla en la otra almohada, su roja cara parecía inflamada.
Con las nalgas y el cabello brincando, la chica agarró la almohada, volteando su abrir los ojos hacia tipo que tenía detrás.
-¡Vente...! ¡Ya vente, papá...!
-Me vendré en tu boca, te vas a tomar mi venida.
-¡Sí me la tomo...! - Georgina asintió, quejumbrosa, con tal de que el tipo le extrajera el miembro.
Sintiendo que lo rondaba la eyaculación, le ordenó que se pusiera boca arriba. No bien Georgina lo hizo cuando él le incrustó el miembro en la boca. Georgina lo succionó duramente con los ojos cerrados. Sonrojada, le daba un placer enorme al grueso miembro. Se preparaba para recibir la eyaculación en su boca. Su saliva mojaba el pene.
-¡Mama, mama, así! ¡Más fuerte, así! ¡Ohh, cómo aprietas y mamas! ¡Me los sacas, puta! ¡Chupa, chupa!
Con los ojos entreabiertos, su hija continuaba dándole fuertes succiones en la erección, llevándolo al orgasmo, sonrojada.
-¡Asi, aprieta! ¡Chupa, eso! ¡Los sabes sacar bien! ¡Ahí te van...!
Gritando, el sucio tipo estalló moviendo la pelvis desaforadamente, con su hija succionándolo aplicadamente.
-¡Tómatelos, tómatelos! ¡Ahh...!
Moviendo la cabeza, la chica se tomó los chorros de eyaculacion, lanzando gemidos.
-¡Ahh...! ¡Por eso te quiero, por cómo mamas!
Finalizó y sacó el miembro de la boca de Georgina. La chica exánimesdejó que le restregara el miembro en ella.
-Levanta tu ropa –ordenó él. Georgina obedeció, mareada-
Sentada en la cama, la despeinada y adolorida Georgina se abotonó la fruncida falda del colegio.
El tipo tomó su móvil y marcó un número. Abrochándose el sostén, Georgina lo miró extrañada, entendiendo hasta que respondieron del otro lado de la línea.
-Tu hija reprobó tres materias –rió él-, ya la llevo a casa. Prepara el cinturón –colgó.
-¡Dijiste que no me ibas a acusar! ¬-Georgina se enterró las uñas en las mejilla- ¡Me engañaste!
-¡Claro que te engañé! ¡Desde hoy vendremos a este hotel cuando salgas del colegio! -empujó a Georgina sobre la cama y le bajó la falda tableada brutalmente.
-¡Eres un maldito! ¡Hice lo que dijiste! -la chica suplicaba y sollozaba mientras la ponía bocabajo otra vez- ¡Te hice todo! ¡Me dejé coger por donde quisiste!
-Llegando a casa te espera lo mejor.
-¡No, no! ¡Mamá me va a golpear!
-Te va de nuevo, prepárate, zorra.
-¡Ya no me la metas! ¡Ayy, ayy...!
La recamarera pasó de nuevo frente a la puerta cerrada del cuarto, oyendo las quejas y sollozos de Georgina, forzada a aceptar de nuevo la penetración.
“Vaya”, pensó, “a esa chamaca la dejarán hecha un guiñapo”.